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INDICE
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7-
|Antioquia.
Los autores coinciden en atribuír, si no la introducción, sí el
estímulo para la siembra del cacao en Antioquia ( entendiéndose por
tal el territorio al norte del río arma), al oidor José Antonio Mon
y Velarde, gobernador en el período 1785- 1788. Desde 1776
Francisco de Silvestre decía que "se coge alguno en esta
capital [Santa Fe de Antioquia], donde se consume"
(Silvestre, 1950, 219). En las ordenanzas de buen gobierno que
dictó Mon para la gobernación ( 1785), se estipula que cada vecino
siembre por lo menos diez palos de cacao. En las ordenanzas sobre
tratamiento a los indios, de 20 de noviembre de 1788, impone:
"Que los indios planten árboles, y en donde el terreno lo
permita se introducirá la planta del cacao...poniendo en cada un
año el número de diez". En la descripción de Antioquia
(1788), el mismo "regenerador" señala plantíos
expresamente en los siguientes lugares: Santa Fe de Antioquia:
"algún cacao, porque no se dedican a su cultivo".
Anzá: "se cosecha algún cacao y pudiera ser mucho más si
sus habitantes se dedicaran a su cultivo como ya se van aplicando
en estos últimos años". Sopetrán: "con escasez
por la poca curia de sus habitantes". San Jerónimo:
"...se coge algún cacao, y los árboles que hay producen en
más abundancia que en el río de la Magdalena, pero nada basta a
excitar estos hombres, adormecidos en su inacción; y ha sido
preciso amenazar con el rigor para despertarlos, sin que alcanzasen
los premios ofrecidos a los que más se adelantasen a sembrar
cacao". Santa Bárbara: "los vecinos...ultimamente
se van dedicando a la siembra de cacao que produce admirablemente
en todas las orillas del Cauca"; y Arma, donde casi todas
las trescientas treinta y dos personas que constituían la población
se dedicaban a cultivar cacao, "que se va
propagando". En Nechí, aunque se daba bien, no lo
cultivaban (Robledo, E., 1954, I, 65; II, 184, 275, 300, 302, 303,
304, 309, 310, 315; Ospina, T.: RHA, 1918, 423; Restrepo Sáenz,
1944, I, 232). Se hace notar que mientras a los indios se les
imponía coercitivamente la obligación de plantar hasta diez pies de
cacao cada año, a los vecinos de San Jerónimo se les otorgaba
veinticinco 'Pesos de premio por cada cien árboles y doce pesos por
cada cincuenta que plantasen.
A pesar de lo anterior, no parece que las medidas de Mon y
Velarde hubieran logrado el fin propuesto. Autores antioqueños
están de acuerdo en que el cultivo del cacao sólo empezó en firme a
principios del siglo XIX (Restrepo, J. M.: Caldas, 1942, I,
268-209, 280; Parsons, 1949, 120-121; Restrepo Sáenz, op. cit., I,
306; Ospina Rodríguez: RHA, 1913, 472- 473). El apogeo del cultivo
en las vecindades de Santa Fe de Antioquiac, se alcanzó en la
década 1830-1840, por el estímulo que para el progreso agrícola,
industrial y minero tuvo la intervención de algunos extranjeros
(Restrepo Euse, 1903, 159). A mediados del siglo XIX una
enfermedad, conocida con el nombre de "mancha",
asoló los cacaotales y ocasionó la declinación del cultivo. Los
datos relacionados con ella se estudiarán en otra obra. Sólo en
1869 la Asamblea de Antioquia eximió al cacao de impuestos, y
nuevas providencias protectoras fueron dictadas en 1877 (Parsons,
1949, 110, 110-111).
Pocos datos se han podido consultar sobre el bajo Cauca. Había
algún cacao cuando el geógrafo Striffler hizo su entrada al río San
Jorge (Striffler, 1958, Mont., 145). También se cultivaba en
pequeña escala en la Junta del caño Sejebe (Ibid., 151 ).
En la actualidad los chocoes del alto Sinú cultivan un poco
(Gordon, 1957, 16).
8-
|Hoya del Magdalena.
Si fuera verdad que de Mérida y Trujillo vía Maracaibo se
exportaba cacao a Cartagena desde 1579 (Arcila Farías, 1946, 69),
ello querría decir que no se producía entonces en el Magdalena. No
figura el cacao a ningún título en la "Relación de los
pueblos que hay en el Nuevo Reino de Granada y las cosas
particulares que en cada uno de los dichos pueblos hay
etc.", de 1584 (Ibot León, 1933, 239-243;-----, 1952,
323-326) , ni en las de Tamalameque y de La Palma de los Muzos, de
1579 y 1581; respectivamente. Ninguna noticia fidedigna va más allá
de principios del siglo XVII. Se cultivaba algo en la región de
Muzo para 1626 (Simón, 1953, IV, 203). Francisco Romero, quien
escribía en 1693, dice que entonces había cultivos de cacao en la
parte sureste de la Sierra Nevada, y que los negros cimarrones de
Palenque vivían de las "montañas de cacao"
(Romero, 1955, 94). Zamora (1701) habla de cacao en Santa Marta y
en Ocaña, y de plantajes en puntos no especificados de las riberas
del río (Zamora, 1930, 40;-----, 1945, 1, 149; II, 254).
Los demás datos acopiados hasta ahora se refieren al siglo
XVIII. Excelente información es la de Jorge Juan y, Antonio Ulloa:
"Prodúcese también mucho cacao en las orillas del Río de
la Magdalena, y en otros sitios adecuados para él: el de esta
jurisdicción goza del privilegio de la primacía en la bondad entre
todos los que se conocen, así por ser el grano mayor que el de
Caracas, Maracaybo, Guayaquil y otras partes, como por ser mucho
más mantecoso que aquellos. No está muy conocido en España porque
sólo se conduce por regalo respecto de que excediendo a los otros
eh la calidad" se consume quasi todo en la misma
jurisdicción y otras par- tes de las Indias a donde se hace tráfico
con él: y aunque también se llevan allí algunas porciones de el de
Caracas y se conduce parte a lo interior del país, esto proviene de
que ni bastaría el de la Magdalena para el crecido consumo, que se
hace de él en aquellas partes; ni deja de ser conveniente mezclar
el de la Magdalena con el de Caracas para que no quede el chocolate
tan mantecoso, como labrándolo sólo. Este cacao a distinción de el
que se cría en las demás partes, se vende por [millares] en
Cartagena, y su peso es de quatro libras, siendo así que el de
Caracas se despacha por fanegas y consta cada una de ciento diez
libras; y el de Maracaybo de noventa y seis" (Juan y
Ulloa, 1748, I, 97). En la memoria de gobierno del apoderado de
Sebastián de Eslava, se dice que el 23 de junio de 1749 salieron de
Cartagena cuatro navíos para España, conduciendo, entre otros
productos preciosos (metales, perlas, piedras), más de 1.500
zurrones de cacao (Posada e Ibáñez, 1910, 54-55).
Para la provincia de Santa Marta, dice de la Rosa ( 1741) que
cerca de la ciudad, en los pasos de Rodrigo y Río de Piedras, se
hallaba una arboleda de cacao "que fructifica sin cultivo,
habiendo más de cien años que se despoblaron las gruesas haciendas
que en unos y otros [ montes ] hubo". Este autor menciona
cacaotales en jurisdicción de Ocaña, en la hacienda de Tamacá y en
otros lugares (Rosa, 1945, 170, 199, 204, 242, 290). Según Antonio
Narváez y de la Torre (1758), se cultivaba poco en Santa Marta y
orillas del Magdalena, a pesar de las buenas condiciones naturales
(Cuervo, 1892, II, 177-178). En Guajira sólo se plantaba Con fines
de exportación e intercambio (1761) (Ibid., 330). Antonio Julián (
1787) dice que hay más cacao en la orilla izquierda del Magdalena
que en la derecha; habla de una hacienda cerca de Chiriguaná con
cien mil árboles, que se perdieron entre el monte, y de otra en el
camino real de Tamalameque a Ocaña, a dos jornadas del río, donde
por el derrumbe de un cerro causado por un terremoto en 1749 se
aniquilaron treinta mil árboles que fueron replantados después. Se
cultivaba también en los ríos Samaná y La Miel; el grano producido
en este último se tenía Como el de mejor calidad. En cambio, en las
propias márgenes del Magdalena sólo había pocos cultivos, y el
autor sugiere medidas para que las gentes "se
acaloren" a plantar cacao (Julián, 1787, 84-85, 89, 261,
262).
Basilio de Oviedo menciona concretamente (1763) a Tocaima,
Honda, Mariquita, MUZO; Neiva, lbagué y Remedios como loS focos
principales del cultivo en la hoya del Magdalena (Oviedo, 1930,
46-47, 240, 249, 261), datos que repite después Alcedo (Alcedo,
1786, I, 120, 468, 608). El misionero Serra, quien subió por el
Magdalena en 1752, dice que había cacaotales de indios en las
riberas, arriba de Mompós, y describe cómo se ejercitaba esta
actividad en lo que es hoy el departamento del Tolima (Serra, 1956,
I, 77, 90).
En 1765 doña Clemencia de Caicedo cedió, con destino a un
monasterio para enseñanza de mujeres en Santa Fe, la hacienda
"Inarco" de Chaparral, que incluía vacunos y
plantío de cacaos; la oferta fue aceptada por las autoridades
eclesiásticas en 1770 (Groot,1890, II, 130-131).
Según Gilii, en Villavieja el cultivo había empezado antes de
1780 (Gilii, 1955,117).
En 1789 Francisco de Silvestre enumera como localidades
productoras a Mompós, Morales y Retiro; Ocaña, Girón y Mariquita,
de la cual dice: "pero a lo que más se dedican [los
habitantes] y abunda es a la siembra de cacao; que es el mejor que
se coge en las Haziendas que desde que se pasa la Angostura de
Carare, ocupan arribas orillas del río de la Magdalena, hasta la
Villa de Honda; pues el que se coge en su jurisdicción más arriba
es agrio" (Silvestre, 1950, 66, 59, 56, 69). Antioquia se
abastecía del Magdalena, por la vía de Nare, en cuya bodega a veces
solían perderse los cargamentos por la pobreza de las instalaciones
(Ibid., 147).
A todo lo largo del río era común en tiempos de la misión
hidrográfica de Fidalgo (Cuervo, 1891, 1, 83).
Gabino Charry atribuye al fundador de la actual Neiva, Diego de
Ospina y Medinilla, el fomento de este cultivo en el alto Magdalena
(Charry, 1922, 132?; García Borrero, 1935, 55). La fundación de
dicha ciudad tuvo lugar el 12 de mayo de 1612 (BHA, 1955, 489-490:
483), o sea en una época en que debió empezar el cultivo en la
región de Muzo ( véase atrás). Pero no hay prueba alguna de que el
cacao haya representado actividad de algún valor arriba del Saldaña
antes de mediados del siglo XVII. Un siglo después, Neiva producía
cacao en abundancia, y para el tercer cuarto del XVIII, se
cultivaba también en Ataco, Chaparral y Coyaima ( Oviedo, 1930,
240; Alcedo, 1786, I, 170, 468, 608).
En el valle de Timaná abundaban los cacaotales de plantación en
1782 (López Ruiz: AIP, 1883, V, 507). Al segregarse Garzón de La
Jagua en 1788, aunque esta sufrió mucho, quedaron en su
jurisdicción grandes cacaotales. La magnitud de los cultivos en
esta área puede apreciarse teniendo en cuenta que 830.000 árboles
se perdieron por el terremoto de Gigante en 1827, y casi 104.000
por el desbordamiento del río Suaza en 1828 (Charry, op. cit., 88,
197?). En cambio, en algunos sectores de la misma área, como en El
Pital, jurisdicción de Timaná, el cultivo empezó más tarde. Así se
deduce de los autos seguidos en 1805 ante la Junta Central de
Diezmos de Popayán, por los vecinos del citado lugar, contra los
diezmeros que exigían una parte de cacao de cada diez a los
plantadores. Estos alegaban que el costo de producción de ese
género era mayor que el del azúcar, y que el cultivo del cacao era
incipiente en la región, pues los cacaotales más antiguos sólo
databan de unos cuarenta y cinco años ( véase apéndice).
En 1810 Ignacio de Pombo hace un resumen de la situación del
cultivo en la cuenca del Magdalena. Había antes plantaciones desde
Purificación y Timaná, hasta Loba y Bajo Cauca; pero los impuestos,
la competencia de la Compañía Guipuzcoana que tenía privilegios, y
las inundaciones acabaron con ellas. Cartagena, pues, en los
albores de la independencia, se surtía a medias de Girón y Cúcuta y
de las provincias interiores de Timaná. Pombo recomendaba la
promoción del cultivo en Simití y Urabá (Pombo, 1810, 54-56). Desde
fines del siglo anterior, en las memorias de gobierno de algunos
virreyes se había destacado la importancia del cacao magdalenés,
que había llegado a convertirse en el segundo renglón de
exportación (Posada e Ibáñez, 1910, 354, 508-509). Esto continuó
durante la primera década del siglo XIX (Ibid., 608). Caldas, por
la misma época, equiparaba a Timaná como centro productor con
Guayaquil y Cúcuta. La mayor altura sobre el mar en que lo vio
cultivado era de 475 toesas (925 m.) (Caldas, 1912, 93). Pero
durante el siglo XVIII se traía de modo regular a Cartagena cacao
de Matina, Costa Rica (Fernández, 1907, X, 237-254).
La declaración de independencia y la guerra subsiguiente,
afectaron a este como a otros productos. Pero no llevaron el
cultivo hasta la postración, pues cuando en 1824 el coronel inglés
Hamilton viajó por el río para establecer relaciones diplomáticas
con el gobierno republicano, fue señalando los puntos donde se
cultivaba cacao, desde las vecindades de Barranquilla, pasando por
Mompós, Morales, San Pablo, Natagaima, Neiva, El Hobo y La Plata
(Hamilton, 1955, 1, 39, 53, 61, 64, 139, 146-147, 152, 160, 166,
172; II, 5, 8). Otro viajero a mediados del siglo da cuenta de que
había poco en la confluencia del Cauca, y da detalles sobre el
cultivo y Cosecha en la porción media del Magdalena (Holton, 1857,
60, 89).
9-
|Cuenca del lago de Maracaibo.
a) Sector occidental.
La relación geográfica de Maracaibo, debida a Rodrigo de
Argüelles y Gaspar de Párraga (1579), se expresa así:
"...corriendo por los puntos desta traza Norte al Sur,
está otro río llamado Nuestra Señora de la Candelaria; es un río
muy caudal y muy grande navegable; baja de la ciudad de Pamplona;
podría venir muy gran provecho a S. M. si se navegase, porque las
ciudades arriba dichas [Pamplona, San Cristóbal y Espíritu Santo de
la Grita] están en la comarca desta laguna, no tienen sacas de los
frutos de la tierra y sus granjerías, y navegándose esta laguna y
río de Pamplona podíanse sacar muchas harinas y bizcocho, y jamones
y tocinos, y mucha ropa de algodón, y corambre y azúcar, y cacaos y
otras muchas granjerías de que podría venir gran provecho a S. M,
fuera destos..." (Arellano Moreno, 1950, 161 ). El texto
transcrito lo único que consagra es el hecho de que había cacao en
la cuenca del Zulia, sin indicar si espontáneo o cultivado. La
ocupación española del área databa de la fundación de Pamplona
(1549) , San Cristóbal (1560-1561) y La Grita (1576), o sea más o
menos un cuarto de siglo.
También para esta área las noticias seguras corresponden a los
principios del siglo XVII, Cuando en 1623 hizo su primera visita
pastoral el arzobispo Arias de Ugarte a Cúcuta, apenas había una
que otra plantación de cacao ( Groot, 1890, II. xlii-xliii; Febres
Cordero, L., 1950, 54).
El cultivo se fue incrementando, a pesar de los ataques de los
indios motilones y otros de la culata del golfo; pero no tomó auge
como producto exportable hasta más tarde. Según Rodríguez Freile (
1636) , Maracaibo absorbía el cacao de la Cordillera (Rodríguez
Freile, 1935, 218). Una atestación de 1683, demuestra que en las
haciendas de Maracaibo se producían entonces 30.000 fanegas de
grano. En 1778 ya se había experimentado un retroceso en las
exportaciones, y sólo se sacaba el que se producía cerca de Cúcuta
(Cuervo, 1892, II, 166). Salía mucho de San Faustino, desde fines
del siglo XVII (Zamora, 1930, 40;-----, 1945, IV, 52, 55). El cura
Basilio Vicente de Oviedo, conocedor por ejercicio de su ministerio
de gran parte de la Nueva Granada, dice que para la primera mitad
del siglo XVIII se cultivaba mucho cacao en Guasimal y en Cúcuta,
donde más de cien indios tenían cacaotales (Oviedo, 1930, 187,
190). El cura de Salazar de las Palmas poseía una hacienda de cacao
(Ibid., 195). Por la margen derecha del Táchira, eran lugares de
producción San Cristóbal; Capacho, sede de una hacienda opulenta de
cacao; y La Grita (Ibid., 196, 197, 202-203).
Refiriéndose un misionero capuchino (1740) a las infructuosas
tentativas catequizadoras entre los aratomos y maquaes de la Sierra
de Perijá, dice: "Los ríos son muy capaces para
fructificar mucho cacao...como lo ha demostrado la experiencia en
las cortas porciones que los primeros pobladores
sembraron" (Anguiamo: Serrano y Sanz, 1928, 92). Grandes
proventos obtenían de sus haciendas cacaoteras de Maracaibo los
jesuítas en el período 1657-1664 (Besson, 1943, I. 580-583).
El virrey Messía de la Zerda en la memoria de gobierno dirigida
a su sucesor Guirior (1772), dice que los únicos cacaos del Nuevo
Reino que tenían salida al exterior (Veracruz) lo hacían por
Maracaibo. Al entregar Guirior a Flores (1776) repite lo mismo,
aclarando que el cacao así, exportado procedía del valle de Cúcuta
(Posada e Ibáñez, 1910, l08; 171- 172, 185). Según Francisco de
Silvestre (1776), en Cúcuta y Pamplona "se coge mucho
cacao que se saca para lo interior del Reyno, Cartagena y
Maracaibo, aunque en esta por falta de embarcaciones está hecho un
monopolio entre dos o tres que perjudica y atrasa a los
cosecheros" (Silvestre, 1950, 73). Ese y otros
inconvenientes lo indujeron a proponer que la exportación del cacao
cucuteño se hiciese por la vía Meta-Orinoco (Ibid., 55). El virrey
Mendinueta en su memoria de gobierno de 1796, sostiene que se
estaba abandonando el cultivo en Cúcuta para sustituirlo por el
añil, al tiempo que el cacao de Girón empezaba a predominar (Posada
e Ibáñez, op. Cit., 354).
Pero no se abandonó del todo, pues durante la guerra de
independencia, tanto realistas como patriotas se apoderaron de
algunos cargamentos. Coriea tomó 5.000 cargas en Táchira en 1812
(Groot, 1891, III, 171; Febres Cordero, L., 1950, 140). Hizo lo
mismo Bolívar, para pagar las tropas, disponiendo del cacao
producido en las haciendas embargadas a los adictos de la causa
realista (Febres Cordero, L., op. cit., 161). Nariño tenía negocios
de este grano, que despachaba a Veracruz (Ibid., 102). Como en
Antioquia, para mediados del siglo XIX la
"mancha" diezmó las plantaciones de este sector
(Ibid., 167-169). Pese a estos inconvenientes, todavía en 1880 se
exportaba cacao por Cúcuta (Samper, 1925, 1, 232).
b) Sector oriental.
Como tal se considera arbitrariamente para los fines de esta
exposición, el comprendido del río Chama al oriente.
De la gobernación de Mérida, cuya capital había sido fundada
hacia 1558-1559, decía López de Velasco (1574?) que era muy
abundante de todo género de comida y cacao, "como en la
Nueva España" (López de Velasco, 1894,371).
Tampoco aquí el cultivo regularizado parece haber sido anterior
a la última década del siglo XVI o primera del siguiente. Cuenta
fray Alonso de Zamora que en 1619 los indios gyriaros o gyros
(jiraharas?) asaltaron y quemaron el pueblo de Aricagua:
"Passaron a los plantajes de cacao, y quemaron los
aposentos de Mucuchay, encomienda de Gaviria; los de Diego Salas,
Gabriel Gonzales, y los de Juan Sanchez". El doctrinero
José Solís se retiró huyendo de la persecución, con unos indios de
paz, "para que estos, y las haziendas de cacao que havia
por las orillas del río de Chama llamado el Assiento de los
Guriries, servidas de quadrillas de Negros, y algunos Indios.
.." tuvieran quien les prestara los auxilios espirituales
(Zamora, 1945, II, 212-213). Ese cacao salía por la vía de
Maracaibo (Zamora, 1930, 40;-----, 1945, II, 209-210).
En las ordenanzas sobre el trabajo de los indígenas de la
jurisdicción de Mérida, promulgadas por el oidor Vázquez de
Cisneros en esa ciudad el 19 de agosto de 1620, se prohibió que se
sacasen indios de los tres pueblos recién fundados de Tucani,
Torondoy y Valle de la Sal, para trabajar en las plantaciones de
cacao que algunos anos antes hablan empezado los encomenderos a
hacer en las vertientes y llanos de la laguna de Maracaibo, en los
términos y jurisdicción de las ciudades de Mérida y Gibraltar, con
indios de los repartimientos de Torondoy, Mocamamo, Tucani,
Mocatapo, Mocaho y Valle de la Sal (Gutiérrez de Arce: AEA,
1946, III, 1202-1204; Arcila Farías, 1957, 269-271).
Casi contemporáneos (1626) son los datos del cronista Simón,
relativos a la producción de cacao en Mérida (Simón, 1953, IV,
189).
Los cacaotales más extensos e importantes estaban en la cuenca
del río Chama, en lugares como Mérida, Lagunillas y Estanques
(Oviedo, 1930, 207, 209, 212). La hacienda del último nombre
perteneció en un tiempo a los jesuítas, aunque según Febres Cordero
era de propiedad de ausentistas santafereños (Febres Cordero, T.,
1892, 69-70). El cacao procedente de Mérida y Trujillo se exportaba
de preferencia a Cartagena ya Veracruz (Arcila Farías, 1946, 69).
Sólo a partir de 1757 la Compañía Guipuzcoana empezó a hacer
embarques directos para la península española (Ibid., 258).
En 1784 Francisco de Arce, gobernador de Maracaibo, informó al
Secretario de Estado español que "a mediados del siglo
pasado, y aun hasta el año de 1675 era esta provincia una de las
más ricas de la Tierra Firme, pues sólo en las haciendas de las
márgenes de esta Laguna se cogían de 25.000 a 30.000 fanegas de
cacao, y de 8.000 a 9.000 en las riberas del río Chama, y en el día
en todas las Provincias se acopian para extraer 3.000 fanegas, poco
más o menos, y las demás que se navegan se conducen de las que se
cultivan en la jurisdicción de Trujillo, provincia de Caracas, y en
las contiguas del Reino de Santa Fe, por los ríos navegables desde
las inmediaciones de la ciudad de Pamplona". Esa
decadencia la atribuía el gobernador Arce a los asaltos de los
filibusteros Lannois (El Olonés) y Morgan, y principalmente, a las
hostilidades de los indios motilones que comenzaron desde el año de
1713, "apareciéndose por primera vez en las márgenes de la
Laguna cuyas haciendas se fueron abandonando hasta el año de 63,
que las suspendieron" (Arcila Farías, 1950, 49).
Los datos del documento anterior están confirmados por otras
fuentes. El pirata Exquemelin relata la captura de Maracaibo y la
importancia que el cacao tenía para esa plaza (Exquemelin, 1945,
100, 101). El cacao que El Olonés capturó allí en 1665, lo compró
el gobernador de la isla Tortuga, guarida de piratas (Besson, 1943,
I, 129).
En cuanto a los ataques de indígenas, están sobradamente
comprobados, y tuvieron más extensión y más antigüedad de las que
les atribuye el gobernador Arce. Recuérdese que fueron los giriaras
o giros los que asaltaron, al decir del cronista Zamora, los cacao
tales de Chama en 1619. Los chinatos y lobateras, de la margen
derecha del Táchira, incursionaban hasta el Zulia; en 1648 entró
contra ellos el capitán Antonio Ríos Jimeno y no logró someterlos
sino después de ocho años de lucha (Zamora, 1945, IV, 51). Los
chinatos destruyeron hacia 1662 los establecimientos de Lucalias en
Arauca (Rivero, 1956, 143).
Pero los ataques más devastadores y perseverantes se debieron a
los motilones. Quizá con ese término se designe, no al grupo étnico
que ahora se conoce como tal, sino a varias tribus que ocupaban
ambos flancos de la Serranía de Perijá, especialmente el oriental,
y se extendieron en una época por las planicies occidentales y
meridionales del lago de Maracaibo. Jahn transcribe parte del
informe del misionero capuchino Fr. Andrés de los Arcos, del siglo
XVIII, en que se da cuenta de los ataques a haciendas de cacao por
motilones en Zulia y Catatumbo (Jahn, 1927, 63). Este misionero
pedía auxilio armado para entrar (Ibid., 64-66), sin acordarse de
que no podía esperarse que sus cofrades fueran aceptos a los
indios, a quienes explotaban (Besson, 1943, I, 420). En la primera
mitad del siglo XVIII los motilones llevaron sus ataques al otro
lado del Táchira, a Capacho y La Grita (Oviedo, 1930, 197, 202,
203). El citado fray Andrés dice que llegaron hasta Gibraltar,
Santa María y Chama (Besson; op. cit., 235, 274). Para 1789? se
calculaba que habían despoblado 83 haciendas de cacao en la región
del lago (Ibid., 429).
La persistencia de esos ataques indujo a las autoridades
españolas a crear un impuesto especial, para allegar fondos con qué
sufragar la sujeción de los motilones. Se cobraba con ese fin medio
real por cada millar de cacaos, sin hacer distinción entre
propietarios laicos o eclesiásticos ( Ots y Capdequí, 1946, Bog.,
196). En la relación de mando del apoderado de Sebastián de Eslava,
se dice que los motilones tenían en su poder haciendas
cacaotaleras, y que se habían introducido armas, pólvora y
municiones para desalojarlos (mediados del siglo XVIII) (Posada e
Ibáñez, 1910, 39). A su vez, Messía de la Zerda en su informe a
Guirior (1772), habla de esto como de un mal crónico: "La
provincia de Maracaibo padece por los motilones y otras naciones
infieles que habitan y ocupan las fértiles tierras abundantes de
cacaos, e impiden el tránsito causando gastos e incomodidades al
comercio y viandantes" (Ibid., 114).
c) Trujillo.
Los límites entre Mérida y Trujillo fueron también hasta 1777
los de la capitanía general de Venezuela con la Nueva Granada, Por
artificial que sea esto, el proceso histórico de la conquista y
colonización de ambas provincias limítrofes, les imprimió carácter
distintivo, desde mediados del siglo XVI. Con esta advertencia, en
vez de estudiar lo relativo al cacao en Trujillo, incorporándolo en
el mismo grupo geográfico anterior al cual lógicamente pertenece,
se considerará aparte.
Los datos disponibles señalan a Trujillo como el foco principal
del uso del cacao por los aborígenes timoto-cuicas (Aguado, 1918,
I, 398; Simón, 1882, I, 240, 242). Al hablar del cacao espontáneo
se discutieron algunas referencias antiguas y modernas sobre la
cuestión. Para fines del primer cuarto del siglo XVII --como en
todas partes en Sur América-- se señala ya que el cacao se
cultivaba, y que era el fruto principal de Trujillo (Simón, op.
cit., I. 358). "Cógese cantidad de cacao...que todo lo
sacan a la laguna de Maracaibo para navegarlo" (Vázquez de
Espinosa, 1948, 92). Las principales plantaciones estaban en la
cuenca del río Pocó, cuyos desbordamientos acabaron por arruinar la
industria para principios del siglo XVIII (Oviedo y Baños, 1885, I,
248).
d) Coro.
El cultivo en jurisdicción de esa provincia fue tardío, como lo
dice Pedro José Olavarriaga en su informe de 1720 sobre la economía
venezolana (Arcila Farías, 1946, 174-175). De acuerdo con la
relación de Coro de 1768, en Borojó, río de la parte occidental
vecina al lago, se producían por esa época unas 200 hanegas de
cacao (Altolaguirre y Duvale, 1908, 206).
10-
|Tocuyo.
Pero sin duda otras regiones tomaron ventaja como productoras,
especialmente las cercanas a la costa, de donde la exportación era
más fácil, pues a mediados del siglo XVIII, según la relación de
Tocuyo, en los valles de Quibor, Curarigua y Chabasquen sólo se
habla de cacao, "de vnas cortas arboledas que al
(Altolaguirre y Duvale, 1908, 159), algunas tenidas como silvestres
y que quizá sólo serían abandonadas ( véase acápite A) ).
Probablemente en el mismo caso se encontraran los pedazos de cacao
silvestre de Agua de Obispos, en Carora (Ibid., 173). En esta
última jurisdicción había 30.000 árboles para el consumo local
(Ibid., 171).
El cultivo se había desplazado al oriente. San Felipe el Fuerte
producía en más de cuatrocientas haciendas de cacao, por encima de
15.000 fanegas (Ibid., 98). Aroa era también fértil de cacaos por
la misma época (Ibid., 121 ).
11-
|Caracas.
Decía de esta capital Antonio Vázquez de Espinosa:
"Tiene en su distrito por la costa del mar, que es de
temple caliente, fértiles valles y vegas por espacio de mas de
cuarenta leguas, donde se han sembrado desde el año de 615 grandes
guertas y arboledas de Cacaguatales, en los quales se da y coge el
cacao en grande abundancia, traxeron el cacao de las sierras y
montañas de la tierra adentro, donde auia grandes montes y
arboledas de cacaos siluestres donde se criaban, subían, y se
descollauan sobre los demas arboles buscando el Sol; dellos se
hizieron grandes almasigos, de que plantaron y pusieron las guertas
y haziendas destas arboledas y frutales, con que han enriquecido la
tierra y vezinos della; no son tan delicados estos arboles de criar
como los de la Nueua España y Honduras" (Vázquez de
Espinosa, 1948, 89-90). Según otras fuentes, la primera exportación
de dicho grano tuvo lugar por el puerto de La Guaira en 1607,
cuando se registraron 4 ½ fanegas ( de 110 libras) a 96 reales cada
una, o sea un total de 432 reales (Arcila Farías, 1946, 68). Eso
quiere decir que el cultivo empezó antes del año indicado por
Vázquez de Espinosa.
Una estadística de las exportaciones entre 1620 y 1700 (Ibid.,
96-98), así como datos muy interesantes sobre la evolución del
cultivo en Caracas han sido publicadas por Arcila Farías (op. cit.,
87-98; 174; 178; 195-198; 200-209; 256-257; 261). El carácter de
monocultivo está bien destacado en una gestión del factor de la
Compañía Guipuzcoana, de que la gente sólo se dedicaba a sembrar
cacao, sin preocuparse por otros renglones de riqueza (Ibid., 269).
El valor de la producción de cacao se reflejaba en los diezmos
(Gilii, 1955, 301).
El cultivo en Caracas se concentró en la costa, entre el Yaracuy
y el Tuy (Dampier, 1927, 50-52), y también en varios lugares del
interior. En Ocumare del Tuy en 1761 había 1.152.000 árboles de
cacao en producción (Altolaguirre y Duvale, 1908, nota 24).
La importancia del cultivo a fines del siglo XVIII en Caracas
había declinado, por causa de las sequías prolongadas y frecuentes
y por otras razones expuestas por Humboldt, que habían traído como
consecuencia el desplazamiento del cultivo hacia el oriente y hacia
el sur, donde la humedad era más propicia (Humboldt, 1941, II,
145-147; III, 169- 180; 1942, V, 160-161).
Para la última década del siglo XVIII y primera del XIX, la
exportación de cacao de Venezuela fue decreciendo, y el café se fue
perfilando como el producto exportable más importante (Restrepo, J.
M., 1943, III, 285).
12-
|Nueva Andalucía.
En la parte oriental de Venezuela la iniciación del cultivo del
cacao parece haber sido un poco más tardía que en la parte
occidental, pero siempre en el siglo XVII. Constituía una actividad
apenas modesta, en la cuenca del río Unare y en Cumaná, para 1690
(Ruiz Blanco, 1892, 27). A principios del siglo siguiente tuvo
lugar el proceso de desplazamiento del cultivo de Caracas a Cumaná.
Pero también aquí diversas circunstancias, entre otras la constante
oscilación de los precios y la imposibilidad de guardar el grano
por mucho tiempo, indujeron a los agricultores a dedicarse a
renglones menos aleatorios y más precoces, como el algodón y el
azúcar. El cultivo del cacao se fue desplazando hacia el oriente,
al valle del río Caribe ya las tierras más lluviosas que miran al
golfo de Paria (Humboldt, 1941, II, 144-147), Fue en esta región
donde empezó a cultivarse el tipo de cacao llamado
"trinitario" (véase adelante lo relativo a
variedades).
13-
|Llanos.
Pedraza, villa de los llanos meridionales de Venezuela, que
perteneció, como partido de Barinas, a la Nueva Granada, parece que
fue el lugar de esa región donde se dio principio al cultivo del
Cacao, juntamente con el del tabaco. Dicha población fue fundada en
1591. Para 1615 el cultivo estaba en proceso avanzado (Zamora,
1945? 111, 44, y nota 310-311), En Barinas, con diversas
alternativas mantuvo su importancia hasta mediados del siglo
siguiente (Oviedo, 1930, 214).
También hay constancia de cultivo, aunque tardío, en
jurisdicción de Nirgua. La relación de esta villa, de 1765, da
cuenta de "peujales de cacao" en los Valles
Escondido y Alpargatón; en Urama, donde se contaban treinta y tres
haciendas de cacao, que en el año precedente habían producido algo
más de 600 fanegas de grano; y el valle de Taria (Altolaguirre y
Duvale, 1908, 65, 66, 71-72, 72).
En el río Arauca el cultivo empezó hacia mediados del siglo XVII
(Rivero, 1956, 143).
La producción de cacao en los Llanos no podía ser muy copiosa, a
causa de las dificultades para el transporte hasta los lugares de
embarque, y de las trabas que ponían las autoridades españolas a
las actividades económicas de las regiones en contacto con las
potencias rivales, Inglaterra, Holanda y Francia. Esto se demuestra
elocuentemente con el siguiente pasaje de la memoria que Antonio
Berástegui, apoderado del virrey Eslava, hizo al entregar el mando
(1751): " ...sabiendo S. E. que los vecinos de aquella
jurisdicción [Barinas] intentaban cambiar sus efectos de tabaco,
cacao y mulas en las colonias holandesas de Essequibo y Surinam, y
que para facilitar su conducción por los ríos de Apure y Masparro,
que se incorporan en el del Orinoco, estaban construyendo unos
barcos en astillero formado más arriba del sitio de La Horqueta, al
instante dio orden al Gobor. de dicha provincia para que enviase
persona de satisfacción con el auxilio correspondiente que
necesitasen dichos ríos y embarcaderos, quemase los barcos en el
estado en que estuviesen y procediese contra las personas y los
bienes de los culpados..." (Posada e Ibáñez, 1910,
45).
No obstante, por razones ecológicas, para fines de la dominación
española el cultivo parecía estarse desplazando hacia las regiones
más húmedas del sur (Humboldt, 1941, III, 179-180).
En el Meta, en 1869 sólo había pequeñas plantaciones a orillas
del Guatiquía. Un viajero proponía que se cambiara la semilla local
y se sustituyera por la del Tolima (Restrepo, E., 1870, 59-60),
proyecto que realizó, llevando a Villavicencio semillas de Cunday y
del alto Tolima (Huila actual) (Ibid., 211 ).
14-
|Orinoco.
Vázquez de Espinosa dice (1626) que en San Tomé de Guayana
"el cacao comienzan a sembrar y se da mui bien"
(Vázquez de Espinosa, 1948, 55). Parece que esto no llegó a
mayores, y la ganadería vacuna se convirtió, a partir de mediados
del siglo XVIII, mediante la acción de los capuchinos catalanes, en
la principal actividad económica, especialmente en la región del
río Caroní. No obstante, para fines del período colonial, se
cosechaba alguno en la provincia de Guayana (Bueno, 1933, 6,
96).
El cultivo arriba de los raudales fue mucho más tardío, y en
todo tiempo reducido a la mínima expresión. Se prefirió aprovechar
de modo extractivo los cacaguales silvestres (véanse los dos
incisos anteriores). Con todo, para fines del siglo XVIII había por
lo menos una pequeña plantación en el caño Pimichín. En San
Fernando de Atabapo, fundado desde 1758, cada indio tenía su
pequeño cacaotal (Humboldt, 1942, IV, 196-197; 150).
15-
|Guayanas.
No parece haber tenido mucha importancia el cultivo del cacao en
las Guayanas, entre otras razones porque el que se producía era de
calidad inferior. Las naciones europeas con posesiones allí
preferían obtener por contrabando el cacao de más aprecio
procedente de Caracas y de Barinas.
Se dice que el hijo del gobernador Chatillon de Surinam fue el
primero que en 1634 ensayó cultivar cacao, cuya cosecha bastaba
para el consumo de la metrópoli ( Gallais, 1827, 41 ). Se cultivaba
pero poco en la colonia del Esequibo y en la de Demerara (Ramos
Pérez, 1946, 149, 150). Afirma fray Ramón Bueno que a principios
del siglo XIX Esequibo, Temeraria (Demerara) y Berviza producían
cacao del mismo gusto que el del Río Negro (Bueno, op. cit.,
99).
Según Gallais, en la Guayana francesa el cacao sólo se cultivó
desde 1734. En esta época se descubrió, más allá de las sierras del
Oyapock, sobre un brazo del Yarí, un monte de cacaos, de donde se
sacaron semillas. Con ellas se hicieron algunas plantaciones en la
isla de Cayena. La primera cosecha sólo produjo tres barricas de
cacao, cuyo arribo a Francia causó mucho placer. El cultivo se
extendió a lo largo de la costa; pero nunca produjo resultados
brillantes ( Gallais, 1827, 41-42). Nada especial dice Aublet sobre
el particular (Aublet, 1775, II, 689), ni tampoco un conterráneo y
contemporáneo suyo (Bajon, 1778, II, 41-42).
16-
|Amazonas.
Ya se produjeron las referencias que demuestran el carácter
meramente extractivo del cacao en la región de los Andaquíes y
otras del Caquetá-Putumayo hasta el Napo. Lo único que parece
corresponder a cultivo más o menos organizado, es el dato de fray
Juan Matud, quien en su informe de 1770 sobre San Javier de los
Andaquíes dice que se cosechaba algún cacao y caña de azúcar
(Zawadzky, 1947, 137).
A principios del siglo XX se hicieron las primeras tentativas de
cultivo, en el período republicano. En las agencias caucheras
cercanas al alto Magdalena, sobre el río Caguán y sus tributarios,
había algunos cacaotales, implantados con semilla procedente del
Tolima (Rocha, J., 1905, 85).
En la porción del Amazonas perteneciente a Portugal y hoy al
Brasil, el cultivo del cacao empezó tan tarde como en las Guayanas.
Sostiene Le Cointe que ello tuvo lugar en Pará desde 1678, y que en
1687 un francés fabricó por la primera vez chocolate en Belem (Le
Cointe, 1934, I). En un documento de 1684 citado por Huber, se
confirma que para entonces ya se cultivaba: "mostrou ja a
esperiencia que...se melhoram com a cultura, o cacau tornando se
mais doce, do que se cria no mato" (Huber: BMG, 1904,393).
En 1749 había plantados en las márgenes del Amazonas más de 700.000
árboles. Los jesuítas consiguieron establecer antes de ser
expulsados, un cacaotal de 40.000 pies abajo de Obidos, llamado
Cacaual Imperial, que fue rematado por el gobierno federal en 1905
(Le Cointe, op. cit., I, 8). Una de las mayores islas del Amazonas
se llama Cacahual Grande. Cuando Michelena remontó dicho río en
1859, observó que cerca de Obidos y Santarem se cultivaba algo,
pero que gran parte del grano del comercio no era obtenido por
cultivo, sino extraído por los indígenas. Inclusive de regiones tan
remotas como el río Marvaca, tributario del Orinoco, los indios lo
vendían a comerciantes brasileños (Michelena, 1867, 203, 354). De
la misma época son las observaciones de Spruce sobre el cultivo en
la región de Obidos y Trombetas (Spruce, 1941, 101).
Resumen.
Una ojeada retrospectiva sobre el cultivo posthispánico del
cacao en América tropical, revela que para fines del siglo XVI, las
únicas regiones donde esa actividad se ejercía con carácter
incipiente, eran la gobernación de Mérida, en Venezuela ( 1574?);
la cuenca del río Reventazón, en Costa Rica (1576), y la isla de
Jamaica, que exportaba pequeñas cantidades del grano q Tierra Firme
y ala Habana ( 1597).
Las dos principales zonas de producción de las mejores calidades
de cacao en la época colonial en Sur América, la de Caracas (
entendiéndose por tal toda la parte septentrional de Venezuela) y
la de Guayaquil, sólo dieron impulso al cultivo en el primer cuarto
del siglo XVII. Simultáneamente empezó en los valles del Magdalena
y del Cauca; en el bajo Orinoco; en los Llanos (Barinas, Pedraza);
en Surinam, y en algunos sectores de Costa Rica (Esparza,
Talamanca, Sarapiquí).
En el siguiente cuadro se colocan para cada lugar el año de la
referencia más antigua que se ha podido encontrar, lo que quiere
decir que deben restarse siquiera cinco años, que es lo que
normalmente tarda el cacao criollo en fructificar en las
condiciones de clima cálido. El cultivo pudo empezar unos diez años
y quizá más, antes de las fechas indicadas.
|
|
|
MAPA 6.-Desarrollo geográfico y cronológico del cultivo del
cacao en América tropical, excluida la región donde esa actividad
era prehispánica.
|
E) VARIOS
Tipos y variedades.
El protomédico de las Indias Francisco Hernández habla de cuatro
variedades o tipos de cacao conocidos en la Nueva España, incluídas
las provincias de Guatemala, a fines del siglo XVI ( Hernández,
1946, III, 911-912) En 1615 el comentador Jiménez apunta:
"Hallase en quanto yo he podido enbestigar quatro
diferencias deste arbol, la primera se llama cacahuaquahuitl, que
es la mayor de todas y la que mas fruto lleua; llamase la 2
cacahuaquahuitl [sic] , que es de mediana grandeza y que produze
las ojas y la fruta algo menores que las sobredichas; la 3 se llama
xuchicacahuaquahuitl, menor y menor, la fruta tira por defuera la
simiente algun tanto a rroja y por dentro de la misma color que lo
demas. La quarta es la menor planta de todas las de su género y por
tanto la llaman tlalcacahuaquahuitl, que quiere dezir cacao
humilde, produce la fruta menor que todas las otras aunque no
difiere nada en el color, todas las quales diferencias tienen vna
misma virtud y valen para los mismos efectos aunque la postrera
sirve mas para la beuida, y las otras tres son mas acomodadas para
los tratos y contrataciones. .." (Ximénez, 1888, Mor.,
50). Ni las descripciones de Hernández ni las de Jiménez permiten
identificar las presuntas variedades, aunque señalan ya un
principio de especialización para distintos propósitos.
Fernández de Oviedo vio en Nicaragua "mazorcas verdes e
alumbradas, en parte, de una color de rojo" ( Oviedo y
Valdés, 1959, I, 268).
El cacao que conoció el naturalista Cobo a mediados del siglo
XVII era de mazorca surcada, con cáscara de color rojo oscuro y
granos rojos o morados (Cobo, 1891, II, 53;-----, 1956, I. 258).
Aunque no indica la localidad, parece haberlo visto en
Guatemala.
Se habla de frutos como cohombros y otros de forma amelonada en
las plantaciones de Jamaica a mediados del siglo XVII (Hughes,
1672, 105).
El cronista Simón describe el cacao espontáneo de la región
donde existió el primitivo sitio de San Juan de los Llanos (Ariari)
como menudo, morado, graso (Simón, 1953, IV, 171). También era
morado el cacao del Caguán (Ibid., 290). Los misioneros
franciscanos del Putumayo y del Caquetá sugieren que allá los
frutos tienen la cáscara amarilla (Cuervo, 1894, IV, 272).
Hamilton vio en el medio Magdalena en 1824 cacao de mazorca
roja, y de forma amelonada (Hamilton, 1955, I. 64).
Alcedo y Herrera, así como Juan y Ulloa, se refieren a dos
variedades de Guayaquil (Alcedo y Herrera, 1946, 73-74; Juan y
Ulloa, 1748, I, 251-254).
En el último cuarto del siglo XVIII se dan como existentes en
Cartago, Nueva Granada, "dos especies, que llaman de vaina
amarilla y morada" (Alcedo, 1786, I, 406). Se trata apenas
de dos formas del tipo criollo, que fue el cultivado en la cuenca
del Cauca durante el período colonial.
Palau, después de describir el tipo que se cultivaba en el valle
del Cauca a fines del siglo pasado, habla del "árbol que
da una mazorca más pequeña que las de las otras variedades, que
vulgarmente se llama "cacao pajarito", ya porque
sus almendras sean de menor tamaño o porque es más perseguida por
las aves por su jugo exquisito. Esta última variedad abunda más que
las otras en sustancias oleosas, por lo cual son muy solicitados
sus granos por los que tienen la especulación de preparar la
llamada "manteca de cacao", la que desempeña su
papel importante en la fabricación de un delicioso jabón, que
conocimos en Quito, del que basta una pequeña pasta para mantener
perfumada una pieza de habitación. Un viajero francés, Mr. Goudot,
habla también de otra variedad de cacao que existe, según dice, en
Colombia, conocida en Muzo con el nombre de CACAO MONTARAZ, que
produce granos amargos, muy renombrados por la propiedad febrífuga
que poseen en alto grado" (Palau, 1889, 28-29). Este
último es un
|Herrania.
Probablemente al "pajarito" se refiere Zuleta
en este pasaje: "La semilla del cacao nuevo la introdujo a
la ciudad de Antioquia don Carlos Patin. Este cacao produce con
mucha rapidez. El señor Patin era un caballero belga muy ilustrado
en agricultura. .." (Zuleta: RHA, 1919, V, 2: 759).
En 1913 Tulio Ospina reseñó los tipos «morado», que asimila al
de Soconusco; «verde» o «hartón», que asimila al de Caracas; y el
que llama «de indio» o «de Tierra Firme», de mazorcas pequeñas,
amarillas, con granos chicos, al cual considera exclusivamente
colombiano (Ospina, T., 1913, 70-71).
Decía en 1912 el médico y naturalista vallecaucano Evaristo
García sobre este particular: "Opinan algunos comerciantes
que debieran cultivarse en el Valle del Cauca especies de cacao
menudo como el calabacillo de Trinidad, árbol robusto y prolífico,
de fácil cultivo, con granos cuadrados, amargos y abundantes. Sería
artículo de exportación en mayor cantidad ya precios menores que el
criollo de nuestro país. No sé hasta qué punto pueden tener razón
estos cálculos comerciales. El cacao calabacillo de Trinidad y
Martinica es en mucho inferior al nuestro. Es más amargo que el
nuestro, y mientras 1 libra del nuestro necesita 1¼ libra de
azúcar, una de calabacillo necesita 4 para tener la misma dulzura.
Tiene un sabor a madera no agradable, y su aspecto, después de
hecho el chocolate, es demasiado morado en vez de canelo. Mientras
que 10 mazorcas del nuestro dan una libra, del calabacillo se
necesitan de 30 a 40. Sin poner en cuenta que los cacaos menudos se
cotizan en lo general con un 40% menos que las clases superiores
del Cauca y de Venezuela, si la calidad del alimento y del buen
gusto no entran para nada en las comodidades de la vida, siempre
sería sensible ver suplantar el theobroma, verdadero manjar de los
dioses, por ese otro grano amargo que el comercio mezcla con tres
veces su peso de azúcar inferior para expenderlo en
confituras" (García, E., 1945, 267).
Se señalan como existentes en nuestros días en los cacaotales
del occidente colombiano las siguientes variedades: Tipos finos
(criollos) : caucano blanco, morado, verde, lacre; hartón de
Antioquia; cacao de Pueblorrico ( Caldas) , y en general, los
conocidos como "común",
"nacional" o dominico. Tipos
fotasteros nobles: el impropiamente llamado
"injerto". Tipos calabacillos:
"pajarito". Poco antes de 1947 el Dr. F. J. Pound
envió a la Estación Agrícola de Palmira material de propagación de
una variedad de cacao, al parecer inmune a la moniliasis, que
encontró en Iquitos, Amazonas peruano (Llano Gómez, 1947, 37, 38,
33). Vale recordar que la fundación de Pueblo Rico y la
colonización en esa zona sólo empezaron a principios del último
cuarto del siglo pasado (Brisson, 1895, 249, 250), por inmigrantes
de origen antioqueño, quienes debieron obtener la semilla en la
cuenca del Cauca.
Bajo el simple nombre de "semilla de Trinidad"
se menciona desde 1831 en publicaciones de Venezuela, un cacao cuya
introducción en 1825 al valle del río Guapo por un señor Juan
Maimó, que tenía 4.000 árboles en su hacienda "La
Casualidad", causó gran alarma entre ¡os cultivadores, por
el demérito de la calidad que entrañaba. Por ese tiempo decía un
agricultor: "Aunque conocemos en este país [Venezuela]
diferentes colores en lo exterior de la mazorca, como rosado
encendido, encarnado que tira a morado, que llaman «angoleta»,
blanco y aun amarillo, todo es de la misma especie y calidad en
cuanto al gusto, aroma y aceite" (Pittier: CCCB, 1924,
131: 5, II, 10;-----, 1948, 128-131 ).
Mano de obra.
Conviene llamar la atención hacia el papel desempeñado por los
indígenas americanos en la localización de los cacahuales
silvestres; en la valorización de las formaciones espontáneas, y en
el cultivo por sí mismos o para los dominadores blancos.
1) Fueron los mariquitares quienes revelaron a los miembros de
la Comisión de Límites la existencia de formaciones, espontáneas
del precioso grano en el alto Orinoco (Ramos, Pérez, 1946, 320,
325).
En todas partes el indígena, en su calidad de conocedor de la
selva, estuvo encargado de la recolección del producto, así como de
todo género extractivo. Unas veces lo hizo compulsoriamente, para
los misioneros o para sus encomenderos o amos europeos; otras veces
por su cuenta, cuando se percató de que con ese grano que él botaba
después de chuparlo, podía obtener machetes y otras herramientas,
telas, bujerías. También con el podía pagar el tributo.
Los urinamas de Talamanca, a fines del siglo XVII entregaban
cacao a los térrabas, quienes les daban en trueque herramientas que
obtenían en la costa (Fernández, 1886, V, 370). Este cacao debía
provenir de las plantaciones hechas a principios de ese siglo y
luego abandonadas con la expulsión de los españoles.
Los chocoes establecidos en el alto Sinú a mediados del siglo
XIX sacaban a Cartagena, para cambiarlo por sal y anzuelos, el
cacao de ese sector, en el cual es difícil hablar de cultivo
propiamente dicho (Striffler, 1958, Cer., 25, 34).
Una parte del que se exportaba por Belem del Pará a mediados del
siglo XVIII procedía de los indios que se internaban en los bosques
a extraerlo (Huber, 1904, 393). Alguno, como se ha visto, venía de
tan lejos como la región piedemonteña del Caquetá y del Putumayo
(Cuervo, 1894, IV, 262), y aun del alto Orinoco (Michelena, op.
cit., 354).
Los indígenas de Pampahermosa y Lamas, entre el Huallaga y el
Ucayali, sacaban cacao a Huánuco y otros puntos habitados de la
Cordillera (Ruiz, 1952, I, 156).
Otros ejemplos pueden verse en la parte dedicada al cacao
extractivo.
La extracción y beneficio requirió, sin embargo, una enseñanza
previa por parte de los españoles, conocedores ya del proceso de
cura, el mismo que habían aprendido en Méjico y Guatemala y que se
encargaron de difundir por el resto del continente, adaptándolo
como es natural, a las condiciones de cada localidad. Así se dice,
por ejemplo, en el caso de los cacaguales del alto Orinoco:
Apolinar Diez de la Fuente, cuando en 1758 subió a reconocer las
formaciones del Padamo y del Ocamo, recomendó a los mariquitares
del cacique Guarena que le alistaran 60 mapires o cestos grandes de
grano cuando viniera la siguiente cosecha, y que lo beneficia tan
de acuerdo con las instrucciones que les dejó (Altolaguirre y
Duvale, 1908, 315-316). Francisco de Bobadilla ordenó a los mismos
mariquitares en 1764 que limpiaran los cacaguales y plantaran más
(Ibid., 325).
2) Pero también el aborigen en algunas partes se convirtió en
cultivador por su cuenta. Unas veces pudo ser bajo la compulsión de
las autoridades, como en el citado caso de los indígenas de
Antioquia, a quienes Mon y Velarde mandó a que plantaran por lo
menos diez árboles cada año (Robledo, E., 1945, II, 275). Otras
veces quizá fue por propia iniciativa.
En el golfo de Urabá pudo ser obra de europeos el primer impulso
para el cultivo del cacao; pero desde mediados del siglo XVIII esa
fue actividad casi exclusiva de los indígenas. Los llamados
caimanes, por vivir en el pequeño río Caimán de la parte oriental
del golfo, han sido cultivadores durante más de dos centurias
(Montúfar y Frasco: Humazo, 1949, VI, 391; Cuervo, 1891, I,
493-494, 496; Wavrin, 1937, 70). En el lado occidental o Darién
propiamente dicho, los cunas han monopolizado el cultivo y comercio
de ese fruto desde la época mencionada. Los mejores cacaotales del
golfo de Urabá eran de indígenas (Cuervo, 1892, II, 261-272; 321;
265). .Sin embargo, parece que a veces cruzaban el golfo e
incursionaban en la ribera opuesta, para robar cacao por la costa
adelante hasta cerca del Sinú (Pombo, 1810, 100-101). También se
debía a ellos en gran parte el cultivo en el Darién,occidental,
según los informes de Andrés de Ariza citados en su lugar.
Indios con cacaotales en el Magdalena vio el misionero Serra en
1756 (Serra, 1956, I, 77). Los indígenas de San Miguel del Paso,
alto Magdalena, cultivaban cacao en 1752, cuando por orden del
virrey Solís fueron trasladados a El Robo, con cuyo motivo se les
avaluaron sus sementeras para compensarles el valor (Charry, 1922,
76).
En la región de Cúcuta para la primera mitad del siglo XVIII,
más de cien indios tenían cacaotales (Oviedo, 1930, 190).
En un señalamiento de tierras cedidas a los indígenas en
Venezuela en 1649, se fijan como marcas o mojones, arboledas viejas
de cacao "que hicieron sus antepasados" (Arcila
Farías, 1957, 363-367; 366).
En San Fernando de Atabapo en la época de la visita de Humboldt,
cada indio tenía su pequeño cacaotal (Humboldt, 1942, IV, 150).
3) En cuanto al servicio en plantaciones de españoles, se
tratará en conjunto con distintos aspectos de la mano de obra
indígena en otro libro. Lo mismo se dice del trabajo de los
negros.
54-
|Theobroma subincanum Mart. .
CACAO-RANA. Este nombre se aplica en el área amazónica a varias
especies espontáneas de
|Theobroma, a varias de
|Herrania, y aun al cultivado
|T. bicolor (Le Cointe,
1934, 75-76; Ducke: IAN, 1946, 6). Por la localidad geográfica, se
adscribe con mayor probabilidad a la especie indicada. «Rana» (con
r suave), deturpado en «arana», es del tupí-guaraní, y equivale a
"semejante", "parecido". La
presencia de esa palabra en el alto Orinoco en 1760, indica que los
portugueses habían visitado la región antes que los españoles.
Apolinar Diez de la Fuente, el mismo descubridor de los
cacaguales comunes del alto Orinoco, el 7 de abril de 1760, al
llegar a la Sierra de Mapumajaras, halló otra especie de cacao, que
los indios urumanabis llamaban ARANA, "cuyo grano es mayor
que el otro, el fruto es blanco, y labrado exteriormente como un
melón cuyo sabor tiene. Este Arbol de Cacao, es distinto del otro
en todo por ser más alto, y más grueso, y de diverso color, la
fruta la hecha solo en las ramas, a distinción del otro que hasta
en las raíces hecha Mazorcas si están descubiertas, y por el
tronco, la mazorca, aunque es del mismo tamaño tiene más gruesos
los granos [;] la flor es lo mismo que la del otro solo, que es
encarnada, las hojas son dos veces más grandes, que las del otro,
el verde más claro y por la espalda cenizosas. dixeron los
Urumanavis que este cacao se estimaba mucho en Portugal".
El 14 de abril, abajo del raudal de los guaharibos, volvió a
encontrar gran cantidad de cacao de esta especie, "aunque
destruído por la mayor parte de monos y Puercos que son
innumerables. .." (Altolaguirre y Duvale, 1908, 322; Ramos
Pérez, 1946, 399-400; 407).
A pesar de no ser esta una especie cultivada sino espontánea, se
coloca aquí para reforzar lo dicho en el acápite A).
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|
|
MAPA 7.-Localización de formaciones espontáneas de cacao-arana
(|
Theobroma subincanum) y de yuvia
(|
Bertholetia excelsa) en el alto Orinoco, según
diseño del curso del río entre los cerros Maririme y Mapumajaras,
atribuído a Apolinar Díez de la Fuente (1759-1760) (En Ramos Pérez,
1946. 455).
|
55-
|Theobroma bicolor H.B.K. .
PATASTE, del náhuatl PATACHTLI, en Centro América.
BACAO, en el occidente suramericano.
MACAMBO, en el Perú amazónico (Loreto ).
CACAU DO PERÚ, en el Amazonas brasileño.
Dice el protomédico Hernández, refiriéndose a las diversas
clases de cacaos conocidas en su tiempo en Nueva España:
"Podría también considerarse dentro del mismo género de
árboles el «quauhpatachtli», pero es un árbol más grande, con
mayores hojas, frutos y semillas, las cuales son más dulces que las
otras y pueden comerse como almendras, tostadas o con azúcar,
aunque son menos propias para preparar la bebida". Más
adelante, al describir las diversas clases de bebidas que se hacían
con los distintos cacaos, agrega: "Otro género de bebida
se hace con veinticinco granos de «cacahoa- patlachtli», del que se
habla en su lugar, otros tantos de cacahoatl, y un puñago de grano
indio. .." (Hernández, 1946, III, 912-913). Aunque en la
descripción está de acuerdo con su modelo, discrepa de él en cuanto
a la utilidad de esta especie el comentador y seguidor de
Hernández, el fraile Francisco Jiménez, a quien pertenece la
siguiente cita: "Puedese reduzir al genero destos arboles
[cacao] aquel que llaman «quauhzapatlatli», pero es mayor árbol, y
de mayores ojas, la fruta y simiente la qual es mas dura que las
otras, y se puede comer por almendras y golosina, y se puede
tostandolo primero vn poco hazer. muy buena confitura, aunque para
la beuida es ynutil este genero de cacao. .." (Ximénez,
1888, Mor., 50). Juan de Pineda, en su descripción de Guatemala de
1594, enumera el PATACHITLE entre los productos típicos de San Luis
de Zapotitlán (Serrano y Sanz, 1908, 437).
También hablando de Guatemala dice Vázquez de Espinosa el
primero en llamar la atención hacia el carácter reticulado de la
superficie del fruto: "Ay en estas prouincias vn arbol
llamado Pataste, que es al modo del Cacao, aunque mas alto, derecho
y acopado, la oja es menor que del cacao, y redonda, echa tambien
masorcas, como pequeños melones, la corteza muy dura, escrita y
labrada de hoyos, dentro tie- ne la fruta, que es como almendras
muy dulces de buen sabor quando están secas, que también se echan
en el Chocolate, avnque quando verdes tienen vn olor
enfadoso" (Vázquez de Espinosa, 1948, 220-221). Según
Gage, quien residió muchos años en esa gobernación, el PATLAGE sólo
lo usaba la gente más pobre, por creerse que tomarlo producía
insomnio (Gage, 1946, 154).
Cobo, después de describir el árbol, al que llama PATASTE,
agrega: "Produce en mazorcas unos granos como los del
cacao, pero dos veces mayores y no amargos ni morados como los del
cacao, sino dulces y blancos. Suelen mezclar estas pepitas con las
del cacao en el chocolate, y las llaman "madre del
cacao". Nace y se vende en las mismas partes que el cacao,
particularmente en la provincia de Soconusco, adonde yo vi este
árbol y su fruto" (Cobo, 1891, II, 64-65;-----,
1956,1,259).
Las descripciones anteriores revelan variabilidad de la especie
en los distintos lugares de Centro América donde se cultivaba.
Se conoce un río Pataste, afluente del Río Frío, en la región
ocupada por los guatusos, o sea en los afluentes del bajo San Juan
o Desaguadero (Thiel: Fernández, 1883, III, 312). En Costa Rica ese
árbol era escaso a principios del siglo actual (Pittier, 1908,
73;-----, 1957, 73).
Bonpland, en una carta escrita a Mutis desde Popayán el 26 de
noviembre de 1801, le comunica que ha colectado material de BACAO
DEL CHOCÓ (Gredilla, 1911, 286). Humboldt dice que esta especie es
originaria del Chocó, y que se cultivaba en la región de Cartago
(Humboldt, 1808, 1, 94, lám. 30a, 30b ). A pesar de lo aseverado
por los ilustres botánicos, nunca se ha encontrado el BACAO
espontáneo en el occidente colombiano, y aun cultivado es muy raro.
En el litoral Pacífico se acostumbra mantener unos pocos pies junto
a las vividas en las terrazas fluviales; pero nunca se halla en
monte alto, donde sí se han descubierto en los últimos quince años
cuatro nuevas especies de
|Theobroma. En la fosa del Cauca
constituye actualmente casi una curiosidad.
El jesuíta Juan Magnin, quien suministró a La Condamine la mayor
parte de los datos sobre plantas útiles del Amazonas que éste
menciona en su "Relación", incluye los MACAMBOS
entre los frutales comunes del área que fue escenario de la
actividad proselitista de la orden jesuítica (Magnin: RI, 1940, I,
156). Huber dice haber visto el árbol cultivado por los indios
canchahuayas del bajo Ucayali (Huber: BMG, 1904, 394). Ducke afirma
que en el Amazonas se encuentra: sólo bajo cultivo, principalmente
hacia la parte occidental y por los grupos indígenas, que apenas
consumen la pulpa (Ducke: IAN, 1946, 8: 6-7).
El autor ha visto cerca de Iquitos los frutos más grandes de
esta especie.
56-
|Theobroma grandiflorum (Spreng.) Schum. .
CUPUASSÚ, COPUASSÚ, de la lengua tupí-guaraní. «Assú» quiere
decir grande.
Esta especie, cuya pulpa se utiliza mucho en el Amazonas
brasileño para preparar sorbetes, se ha ido difundiendo por los
tributarios superiores del gran río, siguiendo el paso de la
colonización cultural brasileña en los países limítrofes. En 1943
el autor envió semillas desde Manaos a la Secretaría de Agricultura
del Valle en Colombia; pero las condiciones de transporte no eran
propicias en esa época, cuando la segunda guerra mundial estaba en
su apogeo. También lo ha visto cultivado cerca de Manaos.
Nuevamente se obtuvo semilla en un solar de Brasilea, territorio
del Acre, río de por medio de la población boliviana de Cobija;
traída a Cali en noviembre de 1954, no germinó.
El CUPUASSÚ se cultiva en el trapecio amazónico y en otras zonas
limítrofes colombianas. Huber dice haberlo hallado espontáneo
solamente en las selvas entre Braganza y Ourem, Pará (Huber: BMG,
1904, 394). Ducke, por su parte, sostiene que el cultivo es más
común eh el bajo Amazonas y en el Esatado de Maranhao, que arriba
del Solimoes. Espontáneo se halla al oriente y al sur del Pará, al
nordeste de Maranhao, del medio Tapajoz al Guamá, y en la parte
alta de los ríos Pindaré y Turiassú (citando a Froes). Agrega que
las plantas cultivadas casi no se distinguen de las espontáneas, a
no ser por el menor porte (Ducke: IAN, 1946, 11 ). Recuérdese a
este propósito lo dicho antes sobré
|Patinoa almirajo Cuatr
..
57-
|Sterculia apetala (Jacq.) Karst.
CAPERA, en cuna-cueva (Lehmann, 1920, I, 114).
KUPPU (WALA), en cuna (Wassén, 1949, 76).
PANAMÁ, en el istmo de su nombre.
CAMAJÓN, CAMAJONDURO, en la región caribe-magdalenesa.
CAMAJURÚ, CAMAJORÚ, en la costa atlántica (Revollo, 1942,
41,46).
PIÑÓN, en el bajo Magdalena.
CACAHUITO, CACAÍTO, en la Guajira (Romero Castañeda, 1961,
157).
CAMAJORÚ, CAMAJURÚ, CAMORUCO, CUMARUCO, en Venezuela.
Las primeras y más exactas noticias sobre esta especie 'se deben
a Oviedo y Valdés, quien conoció bien el árbol y sus frutos durante
Su permanencia de varios años en Castilla del Oro y en Panamá.
Helas aquí: "Capera llaman los indios de la lengua de
Cueva, en la Tierra Firme, a unos árboles poderosos e muy altos e
gruesos. E en lo bajo, algunos dellos están huecos e parescen
olmos; mas la fructa que llevan son unas almendras grandes, las
cuales se les caen cuando están maduras, e aun curadas, que es en
el tiempo que Cesan las aguas, desde mediado noviembre, adelante en
diciembre e enero e hebrero, que es todo esto tiempo sin agua en
Castilla del Oro. E estas almendras se caen e se despegan por el
pezón, e son tan grandes como aquésta que se debuja aquí, por una
dellas, al proprio tamaño [ el grabado no corresponde a lo
ofrecido]. E son ni más ni menos que el almendra nueva de Castilla,
en la tez, antes que despida la corteza que las almendras nuestras
tienen sobre el cuesco, e ábrese esta almendra, de sí misma, desde
la punta hasta el pezón, por medio, por la parte combada o
enarcada. Y esta almendra no es de comer más que un palo, sino
cuatro cosicas que hay dentro della del tamaño de aceitunas, no
mayores que aquí se pintan y de la misma fación desta. y cada una
dellas está cubierta de una cáscara delgada e negra, e tostadas
pierden aquella cáscara e quedan tan blancas como avellanas
mondadas, y en el sabor son mejores que avellanas. Fructa es
salvaje que no se siembra, aunque también he oído que los indios,
en el tiempo pasado ponían estos árboles en sus asientos e los
estimaban. La madera no es buena: que es fofa. En la cibdad de
Panamá, dentro en el pueblo, cerca de las casas o buhíos de los
pescadores, yendo al monesterio de Nuestra Señora de la Merced, hay
algunos destos árboles, o a lo menos los hobo hasta el año de mil e
quinientos e veinte y nueve, de los cuales yo comí algunas veces
desta fructa, la cual ningund daño hace, aunque se coma cantidad
della, antes ayuda a la digistión común, en cualquier tiempo que la
coman, antes o después del pasto" (Oviedo y Valdés, 1851,
I, 355, lám. 3a., fig, 16a.;-----, 1959, I. 298-299). Con esta
almendra se alimentaron los compañeros de Diego de Nicuesa durante
su forzada permanencia en la costa septentrional del istmo, antes
de regresar a Urabá (Ibid., 1852, II, 470;-----: 1944, VII,
25-26).
Del transcrito pasaje de Oviedo apenas quedará duda de que en la
lengua cueva, dentro de cuya área quedaba comprendido el sitio
donde se fundó la ciudad de Panamá, el árbol en cuestión se llamaba
CAPERA. No obstante, el nombre PANAMÁ es también antiguo, pues
aunque Las Casas dice que significa "pescado" o
alude a los pueblos pescadores que vivían en el lugar donde después
se erigió la ciudad (Casas, 1951, III, 59), la relación hecha por
la Audiencia en 1607 menciona el panamá entre los árboles
silvestres (Torres de Mendoza, 1868, IX, 92; Serrano y Sanz, 1908,
139). Seemann, a quien sigue Pittier, usa el nombre PANAMÁ
(Seemann, 1857, 69). En Nicoya, Costa Rica, se utiliza a veces el
aceite de la semilla en culinaria; allá se llama también PANAMÁ
(Pittier, 1957, 173; Wagner, P. L., 1958,244).
Es especie endémica en toda la costa caribe. Son los PIÑONES que
cultivaban los indígenas del valle de Caldera, en la Sierra Nevada
de Santa Marta (Simón, 1953, VIII, 114). Decía de la Rosa al
incluírlo entre los árboles maderables: "El árbol del
«piñón» es a distinción del medicinal [
|Jatropha curcas L.].
Da sus piñas como las de Europa, con sus piñones, que aunque no
como aquellos, son de buen gusto, mas poco usuales". En
otro lugar incluye los CACAHUITOS, con otras frutas, como alimento
temporal de los guajiros (Rosa, 1945, 321; 282).
El CAMORUCO es común en la costa de Venezuela (Karsten, H.,
1862-1869, II, 35; Pittier, 1926, 156). Hay hermosos ejemplares a
orillas de la carretera entre Maracay y Mariara.
58-
|Guazuma ulmifolia Lam. .
Véase el capítulo sobre frutales espontáneos en otro
volumen.
|