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INDICE
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CAPITULO VII
FRUTOS Y SEMILLAS
BOMBACACEAS Y
ESTERCULIACEAS
BOMBACACEAS.
49-
|Pachira aquatica Aubl. .
P.
|insignis Savigny.
CASTAÑO, en Venezuela.
SALERO, en el golfo de Urabá.
ZAPOTÓN, ZAPOTOLONGO son nombres regionales en la costa
occidental colombiana.
PISCANDE, en el río Mira; especie al parecer no descrita.
Quizá sea a una especie de este género a lo que se refiere la
relación de Portobelo de 1609: "Los árboles de sus montes
son...castaño(...) Por la fruta que dan estos parecida a la de
España, les han puesto estos nombres" (Torres de Mendoza,
1868, IX, 112).
En la Guayana francesa le llamaban los colonos a
|P.
aquatica "cacao silvestre". Los indios
galibis comían la almendra, tostada bajo las brasas (Aublet, 1775,
II, 728; IV, lám. 291, 92). Este uso es desconocido en el occidente
de Sur América, no obstante abundar
|Pachira en los esteros,
de los cuales constituye elemento característico en la zona de
encuentro de aguas dulce y salada.
Durante los últimos años algunas especies de este género se han
empezado a usar como ornamentales en varias ciudades de Colombia
(Neiva, Medellín, Cali).
El castaño
|P. insignis Savigny es relativamente común en
algunas partes de Venezuela.
En la relación de 1754 sobre la presidencia de Quito,
Juan Pío Montúfar, marqués de Selva-Alegre, menciona entre los
productos naturales de Esmeraldas, "el Arbol
«Piscanguinol», comparable al Arbol Pan por sus frutos, del tamaño,
y figura de un Melon pequeño, que contiene unas havas, las quales
reducidas a Arina hacen un Pan de buen gusto". En otro
pasaje del mismo documento repite los datos, pero esta vez le llama
PUCAQUINOL, a menos que se trate de un error de copia (Rumazo,
1949, VI, 298-299; 340). Quizá sea el mismo árbol de semillas
comestibles que en el río Güisa se llama PISCANDE.
50-
|Matisia cordata H.B.K..
CHICXI, en una de las lenguas del oriente ecuatoriano (rabona,
bolona?). Merece conservarse. ZAPOTE, ZAPOTE-CHUPA.
Varias plantas americanas han sido desafortunadas en la
imposición de nombres por los europeos, ya se hayan adoptado para
ellas palabras españolas, ya se les hayan aplicado vocablos
indígenas de áreas "distintas a la propia. Un ejemplo es
|Matisia cordata. ZAPOTE ( así y no con s) es palabra del
náhuatl, de radícales desconocidos, que parece debe tomarse en el
sentido genérico de "fruta", puesto que se
acompaña en cada caso con un especificativo (Robelo, 3a ed.,
286-291 ). Como ocurrió otras veces, esta palabra, acarreada por
los españoles, suplantó a los nombres nativos, de los cuales apenas
se ha conservado el que figura arriba. A propósito del nombre
ZAPQTE; que se pronuncia siempre con s en Sur América, se dirá algo
más en otras ocasiones (véanse numerales 36, 91, 99, 102). .
En algunas partes de Antioquia llaman a esta fruta CHUPA o
ZAPOTE-CHUPA, quizá por la forma de consumir la pulpa es- casa y
fibrosa que rodea las grandes semillas, chupándola. Pero CHUPA se
aplica en el Tolima a un fruto de la familia de las Lecitidáceas,
|Gustavia speciosa (H.B.K.) D. C. (vease numeral 76).
Guillén Chaparro vio ZAPOTES en Cali en 1583; es el dato más
antiguo referente a la cuenca del Cauca (Guillén Chaparro: AIP,
1889, XV, 151). Al finalizar el siglo XVIII se daban en Cartago
ZAPOTES (Campo y Rivas, 1803, 29). Era uno de los frutales
cultivados en la tinca del doctor Soto, cerca a Palmira, a fines de
la guerra de independencia ( Hamilton, 1955, II, 81). Holton,
hablando de los de la Victoria, Valle (1854), juzga los frutos más
aceptos al paladar norteamericano que los del níspero
|Achras. Sin embargo, hay un error de apreciación, pues
confunde
|Matisia con
|Calocarpum, género este último
que no se ha cultivado en la planicie vallecaucana. Holton empieza
la descripción bien y la termina mal (Holton, 1857, 390).
Dice Ospina Rodríguez que en Antioquia el SAPOTE apenas se
empezaba a cultivar en huertos en el siglo XIX (Ospina Rodríguez:
RHA, 1913, 474).
Se vendían en el mercado de Bogotá al finalizar la guerra de
independencia (Hamilton, 1955, 1, 89).
SAPOTES figuran entre las frutas mansas de la tierra en Puerto
Viejo, en una relación geográfica de principios del siglo XVII
(Torres de Mendoza, 1868, IX, 279). Alcedo dice que había ZAPOTES
en Daule en la primera mitad del siglo siguiente (Alcedo y Herrera,
1946, 76). Hasta el día, los que se venden en el mercado de la
ciudad de Puerto Viejo, Manabí, Ecuador, se pueden considerar entre
los mejores. Igual puede decirse de los del río Mira y otros de la
costa occidental colombiana.
Era fruta vernácula en jurisdicción de Loja (Jiménez de la
Espada, 1897, III, 202; Jaramillo Alvarado, 1955, 92). De las
cuatro clases de zapotes que enumera Velasco para el Ecuador, como
propios de los climas calientes, el que puede corresponder a
|Matisia ( aunque las descripciones de ese autor son muy
confusas) , es lo que llama ZAPOTE AMARILLO : "De árbol
bastante grande, [ fruto] redondo, con diámetro hasta de cinco
dedos: la corteza pajiza algo correosa: la carne amarilla algo
parecida a la del durazno: la pepita grande cubierta de una piel
correosa dura, que sirve como una caja de polvos sacándole la
almendra" (Velasco, 1927, 1. 78). El último detalle parece
corresponder más bien a
|Calocarpum.
Las referencias más copiosas sobre este frutal corresponden a la
vertiente y piedemonte orientales de los Andes ecuatoriales ya la
porción aledaña de la cuenca amazónica. En el valle del río
Chinchipe aparecen mencionados en la relación de Chuquimayo de
Diego de Palomino ( 1549?) como ZAPOTES (Jiménez de la Espada,
1897, IV, xlviii). Juan de Salinas Loyola, en su relación de Zamora
de los Alcaides, de 1582, incluye el zapote entre las frutas de la
tierra. En Nambija y Yaguarzongo, de la misma jurisdicción, se
llamaba CHICXI en la lengua de los naturales (Ibid., op. cit., 20,
25). ZAPOTES se registran tres veces entre las frutas de la tierra
en Jaén de Bracamoros, según la relación de 1606 (Torres de
Mendoza; 1868, IX, 350). La de Maynas de 1619-1620 habla de
SAPOTES, "que hay en cantidad", entre los
frutales que cultivaban las tribus del Marañón (Jiménez de la
Espada, op. cit., cxlvii).
Los integrantes de la expedición Ursúa-Aguirre, cuando se
detuvieron a reponerse varias semanas en Cararo, pudieron observar
entre otras frutas los SAPOTES (Vázquez de Espinosa, 1948,
384).
Los jesuítas al dar cuenta de esta fruta hablan de SAPOTES
(Maroni: Jiménez de la Espada, op. cit, 115), o de ZAPOTES (Magnin:
RI, 1940, I, 156). La "mita" o cosecha constituía
uno de los atractivos mayores para las tribus del sector que
aquellos misionaban (Figueroa, 19041 62-63; Jiménez de la Espada,
1889, Mar., 219-220). Figuraba en los mitos locales ( véase la
trascripción de uno en la parte pertinente del capítulo I de esta
obra).
También era común en el alto Caquetá a mediados del siglo XVIII
(Serra, 1956, I, 201-202). No se sabe si el nombre ZAPUTI de la
lengua general siona (Jiménez de la Espada, 19041 43), sea
autóctono o un préstamo y corrupción de la palabra introducida por
los españoles, pues se vio que CHICXI era el nombre local.
Las informaciones relativas a la aventura Ursúa-Aguirre,
confinan la dispersión a mediados del siglo XVI, a límites
sensiblemente semejantes a los actuales: según un conocedor, sólo
se encuentra
|Matísía cordata desde Teffé hacia el occidente
(Ducke: IAN, 1946, 19).
Se ignora si son del mismo, género los ZAPOTES que menciona
Alvarez Maldonado en su viaje por el río Madre de Dios (Alvarez
Maldonado, 1899, 51), aunque la localidad parece muy
meridional.
51-
|Patinoa almirajo Cuatr..
MlRAJÓ, ALMlRAJÓ, nombres de la lengua chocó, La partícula «jo»
corresponde a "árbol, planta".
El ALMITARAJÓ ( quizá por un error de trascripción al copiar los
datos de Agustín Codazzi), lo incluye Felipe Pérez entre los frutos
de la provincia del Chocó, antiguo Estado del Cauca (Pérez, F.,
1862, 186). Tal nombre es desconocido hoy día en el área geográfica
donde vive la especie, y parece ser uno de los muchos errores de
copia de que adolece la obra de ese autor, ALMIRAJÓ, como
|Matisia alchornaefolia Tr. Et Pl" lo enumera Archer
entre los frutos del río Atrato (Archer, 1937, 4-5). Con el mismo
nombre lo menciona la Geografía Económica del Chocó en 1943 como
especie vernácula del río San Juan (CGR, 1943, (Chocó), 457). La
descripción botánica es reciente (Cuatrecasas: RIBA, 1953, 369-370:
306-312).
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Fig. 6.-|
Patinoa almirajo Cuatr.. Almirajó o
mirajó, árbol frutal endémico del Chocó. De izquierda a derecha:
Germinación de la semilla. Corte de una semilla con el indumento
lanuginoso típico del género. Ramilla florífera. Dibujos de Yolanda
Sánchez P. sobre esbozos del autor hechos en el río Nauca, afluente
derecho del Baudó el 28 de enero de 1955. Tamaño natural.
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El almirajó es notable entre otras cosas porque permite estudiar
un interesante aspecto de la domesticación de los frutales. Dos
años después de colectar el material botánico del tipo quien
escribe tuvo oportunidad de observar ejemplares de este frutal en
la selva que cubre el sector Nauca- Nuquí de la Cordillera de la
Costa, que separa la cuenca del Baudó del Océano Pacífico. Aunque
el fruto no difiere en nada del que producen los ejemplares
cultivados en espacio abierto en las terrazas de los ríos Atrato,
San Juan, Baudó y Valle, la facies del árbol sí, como se comprende
por la competencia de las demás especies del bosque; en busca de
luz, la copa se localiza en la parte superior del tronco, quedando
éste casi completamente desnudo hasta gran altura, mientras que en
los ejemplares cultivados las ramas están bellamente dispuestas en
verticilos estratiformes, el inferior al alcance de la mano.
Surge la duda si los árboles selváticos son relictos de cultivos
antiguos abandonados por los indios después de la extinción de las
tribus chocoanas. El almirajó se propaga con mucha facilidad en
condiciones naturales, y también en lugares habitados la semilla es
transportada por varios animales, entre ellos el
"cuzumbí", que gustan del fruto. (Véase numeral
111).
|ESTERCULIACEAS.
52-
|Theobroma leiocarpum Bem. .
53-
|T. cacao L. .
CACAO, palabra de origen náhuatl, contraída de CACAHUAQUAUITL o
CACAHUACUAHUITL, "árbol del cacao" (Robelo, 3a
ed., 184, 186-187; Martínez, 1936, 72; Henríquez Ureña, 1938,
103).
SIRÚ, TSIRÚ, en cabécar (Femández, 1883, III, 414, 421,464).
KAU (tiribi); KAO (brunca) (Femández, op. cit., 464).
KO, KÓH, en térraba (Fernández, loc. cit.; Pittier y Gagini,
1892, 27).
SHIA (Berenguera, 1934, 29); SIA, en cuna (Wassén, 1949,
57).
CHIRÉ, en mirripú (Febres Cordero, T., 1892, 60) y en torondoy
(Jahn, 1927, cuadro final).
SPITI, en mucuchí (Febres Cordero, loc. cit.) y en mugurí (Jahn,
loc. cit.).
TIMHEU, en timote (Jahn, loc. cit.).
KIU-TIMHEÚ ( «kiu» es el artículo singular ) , en gua
jiro-paraujano (Jahn, op. cit., 402).
OCONTA, en muzo (véase).
MUSELLE, en huitoto (Hardenburg, 1913?, 151).
CONOCÁHUA ( «cono» = bebida en común), en siona? (Jiménez de la
Espada, 1904,26; Ortiz, S. E.,1954, 432).
La importancia y complejidad del tema justifica su división en
los siguientes acápites: A) Planteamiento; B) Cacao espontáneo; C)
Cacao extractivo; D) Cacao cultivado; E) Varios. Asuntos como
técnicas y modalidades de cultivo; comercio, exportación y valor
económico; plagas y enfermedades; beneficio, consumo y aspectos
sociales de éste, no encajan dentro del marco de la presente obra y
se tratarán en otras.
A) PLANTEAMIENTO.
Es probable, como sostiene Krickeberg, que hayan sido los mayas
quienes domesticaron el cacao (T. cacao L.) (Krickeberg, 1946, 271,
326). También, aunque parece haberse exagerado la importancia
económica que el cacao tuvo entre mayas y aztecas, es
incuestionable que la única región de América donde, a la llegada
de los europeos, se cultiva- ba cacao, era la comprendida en las
partes calientes desde Colima y Papaloapan, en Méjico, hasta
Nicaragua y Costa Rica (Nicoya). A pesar de eso, en la América
ístmica solamente se han descrito el cacao (
|T. cacao L.), el
pataste (
|T. bicolor H.B.K.), especies ambas cultivadas, y
las espontáneas
|T. angustifolium D. C. y
|T. simiarum
Don. Smith, y quizá otras dos. En cambio, no hubo cultivo de la
planta ni uso de la almendra para bebida en Sur América, donde los
géneros
|Theobroma y
|Herrania adquieren su mayor
complejidad varietal y riqueza de formas, cada uno con cerca de dos
docenas de especies descritas. En la región equinoccial ambos
géneros parecen alcanzar la mayor difusión en tres regiones o
núcleos geográficos: 1 ) la parte de América ístmica más cercana a
Sur América, Chocó y costa occidental hacia" el sur hasta
cerca del río Guayas; 2) Orinoco-Guayanas; 3) Hoya del Amazonas. La
cuenca del lago de Maracaibo parece ser más bien un centro
secundario.
El doble carácter del cacao, de planta silvestre en Sur América
en la época prehispánica y cultivada allí sólo a partir de la
dominación española, obliga q tratar por separado cada uno de ambos
aspectos. Los datos del primer caso se refieren a
|T.
leiocarpum y los del segundo principalmente a
|T. cacao o
a ambas especies. Ello contraviene el plan de la presente obra,
dedicada sólo a plantas sativas; pero no se puede entender bien la
historia del cacao como planta cultivada en Sur América, si no se
estudia primero en su condición de fruto espontáneo y
extractivo.
Dispersión por animales.
Lo que se dijo en general en el capítulo primero de esta obra
sobre el papel de algunos animales en la dispersión de los frutos
edibles, conviene muy bien a
|Theobroma, y explica en parte
la gran difusión que tiene este género en las regiones boscosas de
América intertropical. Decía Cobo en 1652 que como las ardillas
perseguían los frutos de las almendras de Chachapoyas (Caryocar),
"así el cacao tiene a los monos que se crían en los
árboles grandes que le hacen abrigo, y comen del cuanto
pueden" (Cobo, 1891, II, 63-64;-----, 1956, I, 259). Para
la región de los afluentes noroccidentales del Orinoco, Gumilla
(1741) apunta: "A este recurren innumerables especies de
monos, arditas y papagayos, que logran por entero la cosecha, sin
que haya quien se lo impida. ..II (Gumilla, 1944, I, 281, 328-329).
En relación con la parte oriental de los Llanos y el bajo Orinoco,
otro autor dice lo mismo: ". ..sirve para pasto de los
monos, arditas y otros animalejos y aves, que con particular
instinto los buscan [los frutos] para su alimento"
(Caulín, 1779, 17;-----, 1841, 16, 38). Lo mismo se observó en el
Putumayo (Serra, 1956, I, 208). Hamilton cuenta que en La Plata,
sobre el río de su nombre, tributario del Magdalena, al amanecer
podían verse los venados que venían a comerse las mazorcas de cacao
(Hamilton, 1955, II, 8).
Un resumen de los datos históricos sobre enemigos naturales del
cacao y las consecuencias económicas de sus ataques, se hace en
otra obra. Aquí sólo se quiere destacar el hecho de que los mismos
animales destructores propician la dispersión de la semilla.
Además, que la observación de los hábitos animales debió llevar al
aborigen a usar el cacao en la forma que se verá en seguida.
Consumo por los indígenas.
No se sabe hasta ahora de ninguna tribu suramericana que en la
época prehispánica usara una bebida semejante al chocolate,.
preparada con la parte cotiledonar de las semillas de árboles
pertenecientes a los géneros
|Theobroma o
|Herrania. El
aserto de Tulio Febres Cordero, sobre el uso del
"chorote" en las provincias norteñas limítrofes
de Venezuela y Colombia, antes de la llegada de los españoles
(Febres Cordero, T., 1892, 57), no está confirmado, sino más bien
contradicho, por los documentos disponibles ( véase adelante ).
Lo único realmente comprobado es la absorción del mucílago que
rodea las semillas. Menos documentado, aunque probable, es el uso
de la grasa o manteca de los granos, para fines rituales o
religiosos y quizá medicinales, en un área restringida de
América.
a) Varias especies de los géneros
|Theobroma y
|Herrania se usaron en Sur América por el arilo o sustancia
mucilaginosa que reviste los granos y los aglutina dentro del
fruto. Este indumento, de color blanquecino o violáceo, es casi
siempre agridulce y perfumado, con aroma cuyos matices e intensidad
varían en las diferentes especies. Después de chupada esa sustancia
el indígena arrojaba o escupía las almendras amargas o
insaboras.
El misionero mallorquín Juan de Santa Gertrudis Serra, quien
convivió varios años ( 1755-1760) con las tribus de la parte alta
de los ríos Caquetá y Putumayo, da cuenta de que ellos sólo
chupaban el mucílago de los granos. Con esa sustancia se hacía una
bebida fermentada y aun vinagre. Para limpiar los granos, él usó el
mismo tipití o manga de fibras en que se exprime la pulpa de yuca
con que se fabrica el cazabe (Serra, 1956, 1, 208-210). El uso
perduraba en el Caquetá a principios del siglo XIX: el cacao
silvestre que había allí se desperdiciaba porque -según un testigo-
"los indios apenas lo chupan y lo botan" (Friede,
1953, 266).
En los Llanos de Casanare (Medina) parece que los indígenas
preparaban con el mucílago del cacao silvestre en las galerías
forestales, una a modo de chicha ( Oviedo, 1930, 235).
Las tribus de las márgenes del Orinoco y sus tributarios, arriba
de los raudales de Atures y Maipures, sólo chupaban la semilla y
luego la botaban. Humboldt dice que en cada vivac de indígenas en
épocas de cosecha, se encontraban montones de granos, que los
misioneros aprovechaban, mandándolos recoger para secarlos y
venderlos (Humboldt, 1941, III, 178; 1942, IV, 301). Un científico
concienzudo y conocedor del área amazónica, asevera que en ella los
indígenas sólo chupaban la pulpa (Huber: BMG, 1904, 394).
Este uso justifica la inclusión del cacao entre los
frutales.
En otras ocasiones las fuentes omiten indicar el mencionado
procedimiento, pero dan a entender que los indígenas desconocían o
subestimaban el chocolate, bebida difundida en Sur América por los
españoles. Por ejemplo, la relación de Trinidad de los Muzos de
1582 afirma que había cacao (véase adelante), pero que los
naturales no se aprovechaban de él (Morales Padrón: A EA, 1958, XV,
606). En el relato de su viaje a los Andaquíes en 1782-1783,
Sebastián López Ruiz dice del cacao silvestre: "Los indios
no lo usan y por esto tampoco lo estiman" (López Ruiz:
AIP, 1883, V, 507). El jesuíta Rivero relata cómo su cofrade Julián
de Vergara, a ciertos caribes que pretendían asaltar una de las
misiones del Orinoco ( 1684), les ofreció chocolate, bebida que
para ellos era cosa rara (Rivero, 1956, 265). Los indígenas del
Chinchipe hacían caso omiso del cacao de su provincia (La
Condamine, 1778, 30).
b) Las relaciones geográficas de Barquisimeto, Tocuyo y Trujillo
de principios del último cuarto del siglo XVI no mencionan el cacao
como fruto utilizado por los indígenas. El historiador Aguado, sin
embargo, trae un pasaje oscuro que podría interpretarse en sentido
afirmativo. Dice de los cuicas, que "usan estos indios
comer ceibas, que son ciertas almendras de la Nueva España,
contratación principal" (Aguado, 1957, III, 265). Ningún
español residente en América en los tiempos en que Aguado escribía
( 1582), ignoraba la que eran el cacao y el chocolate. A menos que
se trate de un error de trascripción, ¿esas
"ceibas" no serían más bien un
|Pachira,
por ejemplo
|P. insignis Sav., que es endémico en
Venezuela?
Según Simón, los cuicas empleaban la grasa de la semilla como
ofrenda religiosa (Simón, 1882, 1, 240; Femández de Piedrahlta,
1942, IV, 177-178). Un historiador dice que los indígenas de
Maracaibo extraían del cacao una manteca que usaban para las
quemaduras (Besson, 1943,1, 105), pero no produce prueba alguna de
su aserto. Podría pensarse en un acarreo temprano del uso
centroamericano de la grasa del cacao, conocido a través de la
difundida obra del primer cronista de las Indias, tan ponderativo
de las virtudes de ese unto, que se sacaba tan al sur como Tabaraba
y Chiriquí (Oviedo y Valdés; 1851, 1, 319-321). Se puede pensar que
a algún uso ceremonial o religioso y no alimenticio, podría estar
asociado el hallazgo de remanentes arqueológicos en la laguna de
Valencia, de acuerdo con un estudioso que ha hecho aportes
decisivos a la historia del cacao en Venezuela: "A pesar
de que no existen noticias concretas sobre el cultivo del cacao por
los indígenas de la parte central de Venezuela, un indicio muy
valioso de que por lo menos, tampoco les era desconocido este
fruto, lo constituyen los cacharros descubiertos en los alrededores
de la laguna de Tacarigua. En algunos de esos cacharros se ven
mazorcas de cacao, lo que viene a demostrar el aprecio en que éste
era tenido, si bien no es posible hacer mayores conjeturas sobre
tal descubrimiento" (Arcila Farías, 1946, 88), Los
arqueólogos tienen la palabra.
c) Hay oscuridad sobre la forma como utilizaban el cacao los
indígenas de Costa Rica, Doris Stone sostiene que la moltura del
cacao se hacía en un tipo de metate o piedra de moler, provisto de
reborde. Estos adminículos parecen ser más abundantes en la parte
sur, que es donde se señaló a la llegada de los españoles el cacao
(Stone, 1958, 18, 25). Es también en esta zona geográfica,
concretamente en la cuenca del río Sixaola, donde había en 1540 una
colonia de indígenas mejicanos. No hablan, sin embargo, las
fuentes, si se usaba o no el cacao en este sector por los
aborígenes. Los datos seguros sobre el chocolate son más tardíos, y
se refieren a los dorases y zuríes de la bahía del Almirante,
aunque el consumo entre ellos era de carácter restringido (Rocha,
A.: Meléndez, 1682, III, 357, 359-360, 370).
A fines del siglo XVIII los indígenas de Nueva Guatemala
(Talamanca) en las fiestas religiosas de las misiones ofrendaban
plátanos, pejibayes, cacao y aun animales domésticos (Fernández,
1907, X, 259). Es imposible saber si estas ofrendas constituían un
rasgo cultural antiguo sincretizado, o eran producto de manejos
habilidosos de los misioneros.
Como entre los mayas y nicaragüenses (Fernández, 1881, 1, 15-16;
Krickeberg, 1946, 271; Oviedo y Valdés, 1851; I 316- 317, 318),
entre los tiribis, bribrís y cabécares de Talamanoa, en la séptima
década del siglo XIX el chocolate estaba reservado a los caciques,
y el resto de la población tomaba chicha; sólo participaba de él
toda la comunidad con ocasión de funerales (Gabb: Femández, 1883;
III, 330, 350, 352). El fuego mortuorio se apagaba con una
calabazada de chocolate (Ibid" 346, 353). Se creía que el
espíritu del muerto se alimentaba durante el primer año con cacao
silvestre y otras frutas (Ibid., 355). En la vida diaria, se
chupaba la pulpa de los granos y éstos se tostaban (Ibid.,
383).
d) Como se verá en la parte pertinente, no aparece constancia de
que el cacao existiera espontáneo, ni mucho menos que se cultivara
y aprovechara en forma alguna por las tribus del golfo de Urabá a
la llegada de los europeos, Aunque el cultivo del cacao por
indígenas ha tenido esta zona como uno de sus principales centros,
los datos disponibles demuestran que este proceso de adaptación fue
muy tardío, no anterior a la primera mitad del siglo XVIII. Tampoco
parece ser muy antiguo, el uso, señalado a mediados del siglo XIX,
de alimentos tales como la «chucula», hecha de harina de maíz,
plátano maduro y cacao molido, y el «cuatirre», mezcla de harina de
maíz y cacao (Restrepo Tirado: Wafer, 1888, 125), pues implica la
asimilación de un alimento importado por los europeos, como es el
plátano. Como si esto fuera poco, la «chucula» actual incluye un
ingrediente más reciente, el café (Puig, s. f., 14),
Observadores tan concienzudos como Oviedo y Valdés y Wafer, no
señalan el uso del cacao bajo ninguna forma por los indios darienes
a mediados del siglo XVI y a fines del XVII, respectivamente, entre
otras razones, porque el árbol era prácticamente desconocido. En
cambio, Restrepo Tirado observó en la octava década del siglo XIX
que los cunas, en la ceremonia de la pubertad femenina, ponían en
el suelo de la habitación dos semillas de cacao ardiendo, los
varones asistentes, así como los músicos que participaban en la
ceremonia, aspiraban el humo despedido (En Wafer, 1888, 122).
e) El cronista Simón sostiene que los timoto-cuicas de
Mérida-Trujillo usaban el cacao bajo dos formas: granos para
ofrenda religiosa, y para preparar "chorote",
bebida semejante al chocolate. He aquí el uso citado en primer
lugar: "Hay muchos Jeques y hechiceros que hablan con el
diablo, a quienes les mandan ofrezcan quemado en braserillo de
tierra las grasas del cacao; para lo cual lo muelen y cuecen (que
los españoles llaman chorote) y dejándole enfriar se cuaja encima
la manteca, muy blanca, la cual cogen y le ofrecen como se lo
mandan, por ser la cosa mejor que tienen los indios"
(Simón, 1882, I, 240). En otro pasaje el mismo autor sostiene que
los indígenas de la mencionada región el chocolate "lo
bebían y lo beben mejor que la chicha", y agrega:
" ...en la ciudad de Trujillo y casi toda la gobernación
de Caracas y Mérida y hasta la ciudad de Pamplona lo beben hecho
chorote, que es los granos de cacao molidos y hechos masa sin
ningunas especias, de la cual echan la que quieren en un vaso
pequeño de barro, ya fuego manso, con poca agua va cociendo y
subiendo el graso arriba (que es como manteca), de la cual sacan si
es mucha, y después de cocido le echan el agua caliente que basta,
y las especias y azúcar o miel, y así lo beben, nadando la manteca
encima, en lo que se diferencia del chocolate, a quien antes que se
cueza en masa, echan las especias, y al cocer el azúcar no echa
aquel graso encima..." (Simón, 1892, IV, 327-328;-----,
1953, VI. 304; Zamora, 1945, II, 209-210; Febres Cordero. T., 1892,
59, 58 nota) [Véanse más datos en el inciso g) del acápite E)].
Ya el mismo nombre «chorote» suscita dudas sobre el autoctonismo
de tal bebida en Venezuela. Febres Cordero lo define así:
"es una ollita de boca muy abierta en que se cuece el
cacao, después de molido, para sacarle el aceite" (Febres
Cordero, op. cit., 60). Relatando Grest la captura del pueblo de
Tinjacá por Quesada y sus hombres, dice que lo bautizaron como
Pueblo de los Olleros, por las ollas, «chorotes» y múcuras que
fabricaban allí (Grest, 1889, I, 74). La vasija dio nombre a la
bebida o a la inversa? En el occidente colombiano «chorote» es
provincialismo para indicar el estado de cocción imperfecta de
algunos alimentos.
Solamente un estudio cuidadoso de los ceramios del área andina
de Venezuela y del contenido que pudiera analizarse
microscópicamente, pueden confirmar los datos anteriores, que no
figuran en las fuentes escritas conocidas para esa área,
correspondientes a la época de la conquista. Simón, de quien
derivan las informaciones, escribió más de medio siglo después de
la ocupación española; habíase operado ya intensa transculturación,
y el cacao empezaba a convertirse en producto económico valioso.
Así se le pudo atribuír retrospectivamente una importancia que
quizá no tuvo en la época prehispánica.
Cosecha.
A lo dicho en el capítulo I de esta obra acerca del ritmo de las
cosechas en las regiones equinocciales, conviene agregar otros
datos relativos al cacao, que corroboran el carácter de
|Theobroma como planta ecuatorial. con respuesta a las
influencias climáticas.
Procediendo de sur a norte, en la principal zona cacaotera de la
costa ecuatoriana, la de Guayaquil, situada grosso modo entre los
3° S y la línea ecuatorial. la cosecha principal corresponde a los
meses de marzo y abril. y la secundaria a noviembre y diciembre
(Wolf, 1892, 434).
El misionero Serra hizo recolectar cacao para extraer a Pasto,
cerca del antiguo puesto misionero de La Concepción (Putumayo?), a
la altura de la línea equinoccial o un poco al norte, región donde
el fruto empezaba a madurar en marzo (Serra, 1956, II, 234, 268).
Coincidiendo con esto, los misioneros franciscanos de más al
oriente, pero todavía entre la línea y los 2° N, señalan los meses
de marzo y abril como los de la madurez del cacao, con la
advertencia de que el rendimiento variaba de un año para otro
(Cuervo, 1894, IV, 272).
En la ausencia de otros datos, para el alto Orinoco (unos 4° N),
se pueden deducir las épocas de cosecha examinando los relatos de
mediados del siglo XVIII. El 1o de febrero de 1760, Apolinar Diez
de la Fuente recorrió, junto con el cacique Guarena, los cacaguales
espontáneos de los ríos Padamo y Ocamo, encontrando apenas unos
pocos frutos viejos y secos pegados a los árboles. Interrogó a los
indígenas sobre la época de la cosecha, "y me respondieron
que pasadas siete lunas que el Rio estuviese grande, por entonces
avía mucho cacao" (Altolaguirre y Duvale, 1908, 315, 322;
Ramos Pérez, 1946, 392). Siete lunas son 196 días, que se
completaban a mediados de agosto siguiente.
En las cuencas del Magdalena y del Cauca, como en todo el sector
andino al norte del nudo de los Pastos, las cosechas ocurren en
junio y en diciembre (Caldas, 1917, 345). Igual acontece en la
costa de Venezuela. Dampier indica que la de mediados era mejor que
la de fines de año (Dampier, 1927, 51). Estas son las cosechas de
San Juan y de Navidad a que se refieren los documentos españoles
(Arcila Farías, 1946, 442).
Observa Oviedo que en Nicaragua la cosecha es de
"hebrero en adelante hasta fin de abril" (Oviedo
y Valdés, 1851, L 318).
Según Hughes, en Jamaica se cosechaba desde fines de enero y
todo febrero, y desde fines de mayo hasta mediados de junio
(Hughes, 1672, 106, 108, 114).
B) CACAO ESPONTANEO.
a)
|América Ístmica.
Oviedo y Valdés no delimita con exactitud el área en que se
cultivaba cacao en la época prehispánica; pero habla de Nicoya, de
Chira, "e dende alli adelante donde lo alcanzan"
(Oviedo y Valdés, 1851,1, 318)., La única noticia un tanto vaga
sobre los confines meridionales de esa planta, pues no aclara si
era espontánea o cultivada, corresponde a la región de Quepos, en
Costa Rica, sobre el Pacífico. Aparece dicha noticia en una carta
fechada el 15 de febrero de 1563, dirigida por Juan Vázquez de
Coronado a Juan Martínez Landecho, presidente de la Audiencia de
los Confines, y en una probanza de méritos de Coronado, del mismo
año (Peralta, 1883, 228; Fernández, 1886, IV, 228).
En la cuenca del río Sixaola hallaron cacao los hombres de las
expediciones de Hernán Sánchez de Badajoz y de Rodrigo de
Contreras, en 1540-1541, mencionadas a propósito de
|Guilielma en los capítulos pertinentes (Fernández, 1907, VI,
178, 238, 287), Cristóbal Cancino declarando en la probanza hecha
por el doctor Robles en 1541, dice: "...este testigo a
visto el dicho valle [de Coaza] é que tiene cacao é oyó dezir que
lo avía descubierto el dicho Hernán Sánchez con mucho trabajo, é
que havía en él mucho..." (Ibid" 186), En
parecidos términos se expresa el testigo Pero Rodríguez en 1546
(Ibid" 305), Contreras es acusado de talar palmas y
árboles frutales y los "cacaotales"
(Ibid" 98), Este es el único pasaje que parece aludir a
cacao cultivado; pues en los demás los testigos hablan de la
existencia del árbol, pero no dan detalles sobre el valor económico
que pudiera haber tenido para los indígenas, En un memorial enviado
al rey desde Granada, Nicaragua, a l0 de marzo de 1610, hablando de
la costa entre Tarire y el Escudo de Veraguas, por más de 70
leguas, se afirma: "abunda de cacao, y de lo mejor del
Reyno" (Peralta, 1883, 699; Fernández, 1886, V, 157), Como
se verá en el acápite D), en 1610 ya había empezado el cultivo más
o menos regular bajo la dirección de españoles,
La presencia de una colonia mejicana infiltrada en este sector
chibcha, quizá pudo ser responsable de alguna actividad relacionada
con el cultivo, por lo menos incipiente del cacao en Talamanca,
Esta infiltración tal vez no tendría mucha antigüedad a la llegada
de Hernán Sánchez de Badajoz. Queda, pues, la duda si el
|Theobroma hallado en dicha área era realmente espontáneo, o
traído del norte, Igualmente hipotético es pensar que el cacao no
existía espontáneo en Centro América al norte del lago de
Nicaragua, y que al penetrar hacia el suroeste los pueblos
mejicanos y mayas lo encontraron en Costa Rica, llevándolo de
vuelta a sus territorios y sometiéndolo a cultivo. La lingüística,
aunque no ayuda mucho en este caso, plantea dudas dignas de
investigación, Los vocablos KAU, KAO, KO de los idiomas de
Talamanca, de filiación chibcha, son deturpaciones de CACAO, o por
el contrario, esta palabra se deriva de aquéllas?
Que no fue costumbre usual el cultivo entre las tribus de
Talamanca, sino actividad impuesta por los españoles, se deduce de
que, escaseando ya en sus montes hacía 1875, los bribrís, cabécares
y tiribis, por no tomarse el trabajo de cultivar cacao, preferían
salir a Matina a obtenerlo, llevando como medio de pago
zarzaparrilla y caucho, productos extractivos (Gabb: Femández,
1883, III, 386-387).
En Tierra Firme (Panamá) no se menciona el cacao a ningún título
durante el siglo XVI. Inútilmente se buscará alusión a él en las
cartas de Balboa, en las de Pedrarias y sus colaboradores, y en las
relaciones de Gaspar de Espinosa sobre sus expediciones a lo largo
del istmo. Así tenía que ser, pues, aunque desde principios del
siglo XVI Cristóbal Colón hubiera tenido las primeras noticias
sobre esa almendra (Colón, H., 1947, 275), el cacao sólo reveló su
importancia como planta "pecuniaria" con la toma
de Tenochtitlan por los españoles en 1519-1521. Una vez conocido su
valor, el nombre náhuatl se difundió rápidamente por toda América,
y se sobrepuso a las denominaciones indígenas que
|Theobroma
debió tener en otras áreas ( véanse al principio de este numeral
algunas de ellas). Todavía en la primera década del siglo XVII, la
Audiencia de Panamá apenas incluye el cacao entre los árboles que
sólo servían para leña, con "fruta silvestre, comida de
monos y de diversos pájaros y animales" (Torres de
Mendoza, 1868, IX, 112; Serrano y Sanz, 1908, 146). Todo el cacao
que se consumía entonces en el istmo procedía de otras áreas (
véase la parte pertinente del acápite D ) sobre cacao
cultivado).
b)
|Costa occidental.
Sólo se conoce un testimonio directo sobre la existencia de
cacao en la costa occidental suramericana a la llegada de los
españoles. Es la relación de Diego de Trujillo, soldado de la
expedición conquistadora del Perú en 1531, al mando de Francisco
Pizarro. Dicho documento fue escrito cuarenta años después de los
sucesos, cuando su autor era ya muy anciano. Cuenta que una vez que
llegaron a Coaza (Coaques, Picoazá?) los refuerzos que trajo
Belalcázar, éste capitán incursionó desde Puerto Viejo con algunos
soldados, entre ellos Trujillo, a un lugar adelante de Tocagua o
Tosagua (?), donde ". ..es tierra seca que con el sol se
habren unas grietas en la tierra y por algunas partes es tierra de
montaña y hay cacao de lo de México aunque poco"
(Trujillo, 1948, 49). No dice Trujillo si era cultivado, aunque por
el contexto y por estar la región deshabitada, más bien sería
espontáneo. Ese poco cacao lo convierten los historiadores en
grandes huertas cultivadas allí y en Puná (González Suárez, 1891,
II, 25, 44). Evidentemente derivados del vocablo colorado
MURRIKUMBA (Jijón y Caamaño, 1942, II, 259), son los nombres
regionales de Esmeraldas MARACUMBO o MARASCUMBO, para una o quizá
varias especies de cacaos silvestres o tenidos como tales; allá se
emplean las semillas como remedio de enfermedades infantiles
(Acosta Solís, 1944, 494). Como se verá después, en la costa
ecuatoriana al sur de Puerto Viejo, el cultivo con fines
comerciales durante la dominación española empezó en las
postrimerías del siglo XVI y con más seguridad a principios del
siguiente. En Esmeraldas esta actividad fue aun mucho más tardía
que en Guayaquil.
A partir de 1944 se han encontrado en la vertiente occidental
colombiana cuatro especies nuevas de
|Theobroma, y una más en
la cuenca del río Mira, limítrofe de Colombia y Ecuador
(Cuatrecasas, 1944, VI 5-10; VIII, 547-548;-----: FIELDIANA, 1950,
27: 84-87;-----: RIBA, 1953, 373-374: 562- 565 ). Ninguna de ellas
debe ser el "cacao silvestre" a que se refiere el
geógrafo Pérez como existente en el Chocó a mediados del siglo XIX
(Pérez, 1862, 186). Se entendía por Chocó entonces toda la costa
occidental, y no solamente la porción que ahora conserva el nombre.
Las cinco especies nativas tienen rasgos diferenciales muy
marcados, que las separan de
|T. cacao o de
|T.
leiocarpum. Además, estos
|Theobroma espontáneos no se
hallan en grandes formaciones, ni siquiera en colonias pequeñas,
sino representados en ejemplares dispersos aquí y allá, lo que
explica la dificultad para colectar material botánico que han
tenido los especialistas en los últimos años. En cambio,
|T.
cacao o
|T. leiocarpum, sólo se encuentran en formaciones
más o menos extensas.
c)
|Urabá.
El historiador Acosta dice que el bachiller Enciso encontró en
el lugar donde se fundó a Santa María la Antigua del Darién,
"suficiente provisión de maíz, yucas y granos de
cacao" (Acosta, 1848, 32;-----, 1942, 42). Ninguno de los
documentos contemporáneos de la ocupación española en ese sector
que se han podido consultar hablan de tal cosa. Es más, todavía en
1626 el cronista Simón afirma que el chocolate era bebida
desconocida de los catíos, que sólo tomaban chicha de maíz (Simón,
1891, II, 327.,328;-----, 1953, VI, 304). Debe recordarse lo que se
dijo a propósito del uso por los indígenas en este sector. Tampoco
merece fe en este sentido atribuír carácter silvestre al cacao del
Darién como lo hace Antonio Arévalo en 1761 (Cuervo, 1892, II, 252,
262), pues para esta época ya se habían hecho algunas tentativas de
cultivo, tanto por los franceses como por los mismos indigenas,
estimulados por el intercambio con las Antillas inglesas y
francesas (véase la parte pertinente en el acápite D)).
d)
|Sinú.
Striffler menciona una clase silvestre de cacao en el Cerro
Higuerón, alto Sinú (Striffler, 1958? Cer., 63). Se ignora si es un
verdadero
|Theobroma o un
|Herrania. El cacique chocó
Cachichí cambiaba cacao por sal y anzuelos traídos de Cartagena;
pero no indica el autor si los granos los obtenía de plantas
cultivadas o de árboles silvestres (Ibid., 25, 34).
e)
|Cauca.
Los datos históricos disponibles tampoco respaldan la creencia
de algunos autores de que el cacao comercial pu~ diera ser nativo
en el valle del Cauca y en la costa del Pacífico (Holton, 1857;
488, 423), y mucho menos la afirmación de que era este cultivo
practicado por los indígenas vallecaucanos (Palau, 1889, 19). Esto
se podrá ver mejor cuando se estudie la historia del cultivo.
f)
|Magdalena.
Aunque las condiciones ecológicas son favorables para que
|Theobroma pueda vivir en estado espontáneo en el valle del
Magdalena, no aparece mencionado como tal en el siglo XVI sino en
la relación de Trinidad de los Muzos; "...el árbol del
cacao, ay en esta tierra [;] no se aprouechan dél loS naturales [;]
llamanle «oconta»" (Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 606;
Simón, 1953, IV, 200, 203). Se debe tener en cuenta que en esta
zona existe nativo
|Herrania albiflora Goudot, que pudo
haberse confundido con
|Theobroma.
g
|) Hoya de Maracaibo.
Los antropólogos se muestran cada vez más inclinados a admitir
la existencia de contactos prehispánicos entre grupos de
Mesoamérica y la costa venezolana (Febres Cordero T., 1892, 57;
Jahn, 1927, 305, 306; Acosta Saignes, 1961, 93-120), contactos que
se habrían traducido en influencias y rasgos culturales. Sin
embargo, si con motivo de esos contactos se le dio categoría al uso
del cacao, no debió ser bajo la forma tradicional en Centro
América, de preparar un líquido ceremonial para beber o para
untarse en la cara. Además, es dudoso que la semilla hubiese sido
llevada de Centro América en la época prehispánica. La presencia de
cacao espontáneo en la cuenca del Orinoco y de sus afluentes, más
bien induce a pensar que --si
|Theobroma no era también
nativo en las selvas de los ríos que desaguan en el lago de
Maracaibo-- pudo haber emigrado de las llanuras orinoquesas por la
vía natural más lógica: la depresión cordillerana que aloja al río
Zulia y sus afluentes derechos, y al Sarare; o alguno de los pasos
de la Cordillera, más al oriente.
No aparece mencionado el cacao en los relatos de las
expediciones de los alemanes en el sector venezolano comprendido
entre el río Yaracuy y el valle del Magdalena. Uno de los
integrantes de la dispersada hueste de Alfinger, Francisco Martín,
convivió varios meses con los indios pemenos y aun aprendió a usar
el hayo; pero no se habla del cacao entre las cosas consumidas por
esos naturales.
Las relaciones geográficas de Tocuyo, Trujillo y Barquisimeto
callan sobre el particular. Sólo la de Maracaibo, escrita por
Rodrigo de Argüelles y Gaspar de Párraga, en 1579, al hablar del
río Candelaria, que baja de Pamplona (Zulia), pondera los
beneficios que se derivarían si se regularizara su navegación, pues
se podrían sacar a la costa cacao, azúcar, cueros, harinas etc.
(Arellano Moreno, 1950, 161). No dice la relación si el cacao era
cultivado ya, pero el hecho de que figure al lado de otros
productos introducidos por los españoles, indica que para esa época
se consideraba como un artículo de valor económico.
Relatando el cronista Simón los encuentros de Juan Maldonado y
Francisco Ruiz ( 1559) , y las contestaciones posteriores por
límites entre Mérida y Trujillo, dice que la línea que separaba a
los timotes de los cuicas fue adoptada como divisoria de las
Audiencias de Santa Fe y Santo Domingo, "si bien hoy no
está acabada de determinar cierta diferencia que se levantó los
años pasados, acerca de la jurisdicción por aquí de ambas
Audiencias sobre cierto bosque de cacao que se halló arrimado a la
laguna de Maracaibo, en el Ancón de Maruma, si cae en términos de
las dos, o a cuál de ellas pertenezca" (Simón, 1882, 1,
242; Febres Cordero, T., 1892, 61; Jahn, 1927, 318). Al decir
"los años pasados", bien se comprende que fue en
época no muy alejada del año 1626 en que Simón terminó de escribir
su obra. Con esa información es imposible decir si el
"bosque de cacao" era espontáneo, o si se trataba
de una plantación abandonada por la acción de los indígenas
rebeldes y aguerridos de la región. Un contemporáneo de Simón,
Antonio Vázquez de Espinosa, tratando de la provincia de Caracas,
donde para 1615 se empezaba a cultivar el grano, dice que la
semilla la trajeron "de las sierras y montañas de la
tierra adentro", donde eran silvestres (Vázquez de
Espinosa, 1948, 90). Una relación de Trujillo de 1766 enumerando
los principales productos de los valles de Quibor, Curarigua y
Chabasquen, sostiene que en el último hay " ...cacao de
vnas cortas Arboledas que ai en donde se han hallado muchos pedazos
de dicho cacao silvestre" (Altolaguirre y Duvale, 1908,
159). De la misma época es una relación de Carora, en la cual se
lee: "En las montañas de Agua de Obispos, ai pedazos de
arboledas de Cacao silvestre, de buen grano, y en sus cosechas
abunda en mazorcas, es gustoso" (Ibid., 173). Como hacía
siglo y medio por lo menos que se había empezado a promover el
cultivo del cacao en las colonias españolas, es difícil decir si
tales arboledas eran en realidad formaciones espontáneas o relictos
de plantaciones de principios del siglo XVII. Una inspección en el
terreno quizá permitiría sacar datos menos inseguros.
h)
|Trinidad.
Asevera Vázquez de Espinosa (1626) : "Tiene la isla por
los montes arboles de Cacao, que lo dan con abundancia, y si los
sembraran y cultiuaran fuera grande riqueza" (Vázquez de
Espinosa, 1948, 53).
i)
|Orinoco.
No aparece mencionado el cacao en las crónicas del siglo XVI
sobre las expediciones en la cuenca del Orinoco y sus tributarios,
ya sea las de los alemanes a la porción de los Llanos cercana a la
Cordillera Oriental, ya las de Sedeño, Ordaz, Ortal, Delgado y
otros, en la parte baja.
Las informaciones de Gumilla ( 1739-1741 ) se refieren al sector
de la margen izquierda, al que se confinó la actividad de su orden,
la jesuítica. Del Apure y sus tributarios hasta Casanare dice que
el cacao silvestre cargaba allí dos veces al año, siendo
aprovechado principalmente por los animales (véase al principio).
En otro pasaje habla como testigo ocular de cacaguales en Apure y
en Tame (Gumilla, 1944, I, 328-329). Caulín no fija localidades
para el cacao silvestre; pero su actividad la desarrolló al oriente
del Guárico ( Caulín, 1841, 16).
Según Simón, en la región donde estuvo la antigua población de
San Juan de los Llanos (Ariari), había cacao menudo, morado, graso
(Simón, 1891, II, 193;-----, 1953, lVl 171). Un autor del siglo
XVIII es más exagerado: "Dicen que en las montañas de los
Llanos, que son dilatadísimas, allí se producen muchísimos
cacahuales", que ubica en Barinas y en Medina (Oviedo,
1930, 46-47, 214, 235). Los patriotas del ejército libertador que
durante 1818-1819 estuvo organizándose en el Macaguane, se
alimentaron con el cacao dizque silvestre que allí había (Morales
Puerta, 1857, 282). También habla de "cacao
silvestre" en el Meta ( aunque se refiere concretamente a
un
|Herrania), el botánico Balderrama, quien hizo una
exploración científica en ese territorio hacia 1869 (Balderrama,
1955, 286-287). Por esa misma época otro viajero consigna que las
vegas del Ariari estaban pobladas de cacao silvestre, cuyo fruto
solían recoger, para su limitado consumo, los vecinos de San Martín
(Restrepo, E., 1870; 146).
Las primeras noticias sobre cacao arriba de los raudales de
Atures y Maypures son de la época ( mediados del siglo XVIII ) en
que operó la Comisión de Límites de las posesiones españolas y
portuguesas. Uno de los objetivos reservados de los comisionados,
consistía en comprobar varias informaciones antiguas sobre la
existencia de grandes cacaguales silvestres (Ramos Pérez, 1946,
75).
En febrero de 1758 llegó a establecerse en Maroa, o Maracoa (San
Fernando de Atabapo) un núcleo de expedicionarios de la Comisión de
Iturriaga y Solano, al mando de éste último, quien dispuso la
exploración del Orinoco superior y sus tributarios principales
(Ramos Pérez, 1946, 297-299). Pocos meses después bajaron de la
parte alta del Orinoco a San Fernando unos indios mariquitares,
trayendo noticias sobre la existencia de cacaguales silvestres en
la región donde habitaban. Solano envió a uno de sus auxiliares,
Francisco Bobadilla, para que certificase la exactitud de tales
informaciones. En una carta del segundo al primero le dice:
"...el año de 58 me embió V. S. a ber y reconocer si era
cierto lo qué informaban los indios de que había mucho cacao en el
alto Orinoco, Padamo y sus riberas...llegué al primero arriba de
Padamo, cogi lo que pude para muestra. ..y me volví"
(Ibid., 320, 321; 323-324).
El 3 de diciembre de 1759 salió de San Fernando, Orinoco arriba,
Apolinar Diez de la Fuente, para cumplir la orden de hacer un
reconocimiento en regla. Como resultado escribía el 4 de abril de
dicho año: ". ..he hallado en la orilla septentrional del
Alto Orinoco, cinco días de navegación arriva de la despedida del
Casiquiare, y en las bocas de los ríos Paddamu y Ucamo que le
entran por la misma parte, dilatadas selvas de cacao silvestre, de
mejor calidad que el de Marañón y algunos Yndios Mariquitaris, que
han ofrecido poblarse en aquellas cercanías, y han servido para el
descubrimiento, aseguran que en lo interior del Pays, es la mazorca
mayor y más grueso el grano" (Ibid., 381, 391;
Altolaguirre y Duvale, 1908, 306, 307, 311). El 19 de febrero de
1760, acompañado del cacique Guarena, "...al quarto de
legua de la casa de este capitán, haciendo punto en ella, y tomando
el rumbo NE ¼ al N dijeron que por diez días continuos ay
cacahuales, y tomando desde este mismo punto al rumbo S/sueste
hasta Orinoco, todo es cacahuales pero que la mayor fuerza era en
los ríos Unitamoni, Guatamo y Mariguané" (Altolaguirre y
Duvale, op. ctt., 315-316; Ramos Pérez, op. cit., 391-393). A Diez
de la Fuente le informaron los naturales, "que se interna
[el cacagual] hasta ellas [Sierras Purumas] por el Septentrión y
Oriente, sesenta leguas, y veinte por el medio día hasta las
Sierras Tubas, cuyas vertientes meridionales corren al
Amazonas" (Cuervo, 1893, III, 229-231; Altolaguirre y
Duvale, op. cit." 320). Una observación merece
consignarse, porque se ha tratado de sostener que los cacaguales
que actualmente existen en el Guaviare y en el Orinoco fueron
plantados por misioneros o a su instigación: "Registré
bien el terreno -dice Diez de la Fuente- y no hallo indicios de que
haia sido sembrado, pues no se ve simetría en los árboles, ni
tampoco monte limpio; porque es lo mismo que las demás montañas,
con la diferencia que como en aquellas hai diferentes árboles, en
estas son todos de cacao. .." (Altolaguirre y Duvale, op.
cit., 315; Ramos Pérez, op. cit., 3-92).
Dice Eugenio de Alvarado, otro de los miembros de la Comisión
mencionada, en un informe descriptivo sobre el Orinoco, de 1760:
"En las sesenta leguas que corre Orinoco desde su origen
al frente de la boca del Paddamu, y dos leguas arriba de la del
Ucamu, y de estos puntos internándose al Mediodía hasta las sierras
Tubos, y al septentrión, hasta las sierras Purumas, apartándose del
Paddamu cuatro o cinco leguas al Oriente, se hallan fertilísimos
cacahuales silvestres, cuyo grano es poco menor que el cultivado en
la Provincia de Caracas; pero de mucho peso; el chocolate que se ha
hecho de él, lavado, sin el beneficio que se le debe hacer, con
igual peso de azúcar, y proporcional peso de canela, le hemos
hallado de esquisito gusto" (Cuervo, 1893; III, 324).
Disuelta la Comisión de Límites, el alférez Bobadilla hizo un
nuevo reconocimiento de los cacaguales de que se ha hecho mención.
Esto ocurrió en 1764 (Michelena, 1867, 168, 169, 170; Ramos Pérez,
1946, 323).
|
|
|
MAPA 5.-Localización de los cacaguales espontáneos del alto
Orinoco. Según un diseño del curso del río entre los afluentes
Ventuari y Ocamo; atribuido a Apolinar Diez de la Fuente
(1759-1760). (Reproducido de Ramos Pérez. 1946. 452).
|
Diez de la Fuente solicitó el privilegio de explotar los
cacaguales del Orinoco; en pago de sus servicios. En 1762 se dio
dictamen favorable, y se le nombró capitán poblador de Esmeralda
(Cuervo, 1893, III, 232; 238-239). En 1766 se dedicó a extraer el
cacao silvestre de la región de los raudales. Una quinta
exploración se hizo en ese año Orinoco arriba y por el Casiquiare a
salir al Río Negro; el relator, fray José Antonio de Jerez,
escribe: "Desde dicho sitio [Esmeralda] subimos por el mes
de Noviembre a la exploración de la tierra y riberas del río
Orinoco, hasta sus cabeceras al Este, navegando catorce días, en
los que observamos y reconocimos más por extenso las citadas
naciones [se viene refiriendo a los mariquitares o mariguiritares,
catarapenes, guayuabis, macos, guajaribas y goatapayanes] y los
muchos cacaotales que allí ha producido, sin otro cultivo ni
beneficio que la misma naturaleza. Ciertamente señor que no sé como
exagerar a Vuestra Señoría los innumerables árboles de cacao, el
arreglado plantío que en algunas manchas vimos y la abundancia de
fruto, pues en la larga distancia de más de cien leguas, no se pasó
día en que no advirtiese a uno lado y otro del río dicha
abundancia. .." (Ibid., 246; Altolaguirre y Duvale, op.
cit., 342).
En datos suministrados por algunos miembros de la Comisión
mencionada, especialmente de José Solano, basó el jesuíta Gilii sus
lucubraciones sobre el origen del cacao en el alto Orinoco (Gil ii,
1780, I, 175-176).
Humboldt asegura que cacao silvestre sobre el curso del Orinoco
sólo había al sur de los raudales de Atures y Maipures (Humboldt.,
1941, III, 178). Lo señala de modo especial cerca del cerro
Unturán, que constituye un punto de derivación de las aguas que se
reparten al Orinoco, al Casiquiare y al Río Negro (Ibid., 1942, IV,
255-256). Para la época de su viaje (1800), los misioneros tenían
entablada la saca de cacao silvestre, por intermedio de los
indígenas, pues al científico alemán le fue mostrado sobre el
Casiquiare lo que ya se llamaba el Puerto del Cacao (Ibid., IV, 301
).
El conocimiento del cacao silvestre del Casiquiare debió ser más
antiguo entre los portugueses que entre los españoles. Quizá el
cacao extractivo bajaba por el Río Negro al Amazonas, y reuniéndose
con el procedente de Solimoes (San Pablo de Olivenza), era
exportado por Belem a Europa (La Condamine, 1.778, 66, 174). La
circunstancia de que otra de las especies espontáneas de
|Theobroma del alto Orinoco se conociera a la llegada de Diez
de la Fuente en 1758, con el nombre de CACAO-ARANA (véase numeral
54), demuestra que gente tupihablante había impuesto ese nombre en
una región donde se hablaban otras lenguas indígenas ( arawak y
caribe ). Aunque la ocupación portuguesa del Río Negro arriba del
Vaupés no fue muy efectiva, sí fue más perseverante que la española
en el Casiquiare.
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