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INDICE
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CAPITULO VI
FRUTOS Y SEMILLAS
(JUGLANDACEAS A SAPINDACEAS)
DICOTILEDONEAS.
JUGLANDACEAS.
11-
|Juglands neotropica Diels.
|Juglands spp..
TOCTE, del panzaleo según unos (Jijón y Caamaño, 1940, I, 328;
1941, II; 32); del quechua según otros (Lira, 1945, 979).
NOGAL.
CEDRO GRANDE, CEDRO NEGRO (Pérez Arbeláez, 1956, 750).
No hay evidencias, aunque sí sospechas, de que esta especie se
cultivara en los Andes ecuatoriales en la época prehispánica. Los
datos sobre ella en documentos coloniales, que se estudian en otro
volumen, se refieren al nogal como a árbol silvestre.
La única mención sobre el particular es tardía. En los
alrededores de Lima, y más como árbol maderable que por el fruto,
se empezaba a cultivar el nogal, traído de las montañas andinas,
hacia mediados del siglo XVIII (Ruiz, 1952, 1, 8).
Durante el presente siglo se ha propagado con fines de
reforestación en Venezuela, Colombia y Ecuador; pero no se ha hecho
ninguna selección por el fruto.
12-
|Carya pecan Engler & Graeb. .
C.
|ovata Koch.
PACAN, PECAN.
El pecán es nativo de la región sur-central de los Estados
Unidos y la norteña de Méjico. No lo cultivaban, pero sí
aprovechaban el fruto, las tribus de dicho sector (Mauricio, 1932,
210). Las primeras referencias que los europeos obtuvieron sobre
él, datan de la época de las exploraciones de los españoles, como
Cabeza de Vaca, Hemando de Soto y Vázquez de Coronado. Antonio de
Ulloa, hablando de la vegetación arbórea de Luisiana, señala como
notables el árbol o laurel de cera (Myrica) y los PACANOS:
"es un género de nogal de más corpulencia que ellos, pero
en madera y hoja muy semejante: el fruto es en el gusto parecido al
de la nuez, más delicado y fino, con menos partes aceitosas: en la
figura es diferente, y se parece a los dátiles, siendo en el tamaño
casi el mismo, o poco menoz:: la cáscara es muy delgada y lisa, sin
las escabrosidades que tiene la nuez" (Ulloa, 1772,
116-117;-----, 1944,97-98).
El "nogal blanco o pacana" se introdujo de
Luisiana a España y se cultivó en el Jardín Real de Aranjuez, cerca
de Madrid, a fines del siglo XVIII (Herrera, G. A., 1818, II, nota
325). Parece que en los Estados Unidos las tentativas de cultivo
datan de la segunda mitad del siglo XIX. Es especie cultivada en
San Luis Potosí, Méjico (Bukasov, 1930,481).
Variedades mejoradas, de las que han sido seleccionadas en
Estados Unidos, se introdujeron en la década 1940- 1950 a la
Estación Agrícola de Palmira, en Colombia. No se adaptaron.
ANONACEAS.
13-
|Annona muricata L. .
GUANÁBANA, nombre taíno de las grandes Antillas (Tejera, 1951,
214; Henríquez Ureña, 1938, 103), del cual se registran adelante
algunas variantes.
CATUCHA, en la región habitada por los indios caracas
(véase).
Una de las primeras descripciones de la guanábana se debe a
Oviedo en 1526. Abundaba el árbol así en las Antillas como en la
Tierra Firme; se conocían frutos de más de cuatro libras (Oviedo y
Valdés: Vedia, 1946, 1, 500;-----, 1950, 205-206). Pero los compara
a melones, y los asimila por su forma y apariencia a los anones,
hasta el punto de dar la misma figura para una y otra especie
(Ibid., 1851, 1, 304, lám. 3, fig. 7). Las Casas dice que había
guanábanas en la isla Española; pero que no se cultivaban (Casas,
1909, 32). Quizá lo fueron más tarde, pues para 1699 aparecen como
plantas hortenses (Rodríguez-Demorizi, 1942,1, 301).
En la isla de Bastimentos, costa norte del istmo panameño, había
guanábanas a fines del siglo XVI (López de Velasco, 1894, 353).
También en Portobelo a principios del siglo siguiente (Torres de
Mendoza, 1868, IX, 115). GUANAVANAS figuran entre las frutas de
Panamá en 1609 y poco después (Torres de Mendoza, op. cit., 97;
Serrano y Sanz, 1908, 147,75).
Era fruta conocida en Cartagena a mediados del siglo XVI
(Castellanos, 1955, III, 22; López de Velasco, 1894, 386;-----:
Jiménez de la Espada, 1881, I, xci).
El médico Castañeda le envió de Sevilla en 1600 a Clusius
"guadábana", y en carta de 13 de marzo de 1602 le
remite de nuevo "guanábana de Santa Marta"
(Alvarez López: RI, 1945, VI, 275, 277). A mediados del siglo XVIII
el alférez de la Rosa describe las de esa ciudad con su
acostumbrada ampulosidad: "La llaman los prudentes
«algodones en vinagre»" (Rosa, 1945, 292).
En documentos del siglo XVI se da como existente la guanábana en
la isla de Margarita (Castellanos, 1955, I, 593) y en algunos
lugares interioranos de Venezuela. Así en Caracas, donde el nombre
vernáculo (preservado en uno de los ríos que bañan la ciudad) era
CATUCHA (Latorre, 1919, 70, 84; Arellano Moreno, 1950, 70, 84), y
en Tocuyo, eh cuya relación de 1579 figura con el nombre de
GUANANAS (Arellano Moreno, op. cit., 149). Aquí perseveraban dos
siglos después (Altolaguirre y Duvale, 1908, 152).
Una mata de guanábana se consideraba como hito divisorio de
Venezuela y Colombia sobre el Meta, hacia mediados del siglo XIX,
cuando no estaban delimitadas las fronteras de los dos países
(Michelenai 1867, 286).
Esta especie o alguna afín se encontraba también en los valles
del Magdalena y del Cauca a la llegada de los europeos. La relación
de La Palma de los Muzos puntualiza las diferencias de la guanábana
con el anón ( véase); mientras los mayores de éstos no pasan de dos
libras, hay guanábanas que pueden pesar cinco o seis (Latorre,
1919, 123). En la descripción de Trinidad de los Muzos, de 1582, se
incluyen las GUANAUANAS entre las frutas silvestres (Morales
Padrón: A EA, 1958, XV, 606). Un autor que escribía a mediados del
siglo XVIII sobre las producciones del Nuevo Reino de Granada, trae
los siguientes datos, indicativos de que el nombre guanábana se
aplicaba entonces a frutas diversas: "La fruta que llaman
guanábana y el árbol del mismo nombre, hay de tres calidades: la
blanca es entre dulce y agria, muy gustosa; la guanábana amarilla
por dentro y por fuera entre morada [así], muy olorosa, que por
otro nombre llaman «tucuragua»: son grandes y espinosas y los
árboles grandes como el anón; se producen en tierras cálidas; en la
jurisdicción de Muzo se crían con suma abundancia. Otra que también
es amarilla, muy olorosa, es de poco gusto; a estas llaman
guanábanas cimarronas; se dan en grande copia en Capitanejo de tal
suerte que allí los montes son de guanábanas y espinos"
(Oviedo, 1930, 44). En La Plata vio este árbol un viajero a fines
de la guerra de independencia (Hamilton, 1955, II, 7).
Para principios del siglo XVII las guanábanas se conocían en
Cáceres, sitio minero del bajo Cauca (Vázquez de Espinosa, 1948,
317).
Se daban guanábanas en la primitiva Cartago en 1583; Guillén
Chaparro las describe así: "fruta grande de hechura del
pan de azúcar [,] por defuera verdes y partido lo de dentro que se
come, es muy blanco, como algodón, el sabor es acedo a manera de
leche vinagre, tiene muchas pepitas largas y delgadas moradas e
pardas" (Guillén Chaparro: AIP, 1889, XV, 147). Es de
observar que esta descripción, aunque más breve, es más exacta que
la de Oviedo. A fines del período colonial, cuando ya la ciudad
aludida estaba en su asiento actual, se mencionan en su
jurisdicción como guanábana o "cabeza de negro"
(Campo y Rivas, 1803, 29).
En Cali había esta fruta a la llegada de los europeos (Cieza,
1924, 92; Guillén Chaparro, op. cit., 151), y se continuó
cultivando durante el dominio de éstos (Arboleda, 1928, 629).
En 1824 un viajero dice haberlas encontrado silvestres, con
frutas de hasta una arroba de peso, cerca de Buga (Hamilton, 1955,
I, 93). En el mismo sector central del Valle las observó un
naturalista treinta años después (Holton, 1857, 502).
Varios datos hablan de guanábanas en la vertiente occidental de
los Andes y en la costa del Pacífico hasta la línea ecuatorial. No
se sabe si eran de la misma especie que encabeza este numeral. Hay
varias Anonáceas no suficientemente conocidas ni clasificadas en
esa región. El autor ha colectado entre los ríos Docampadó y Baudó
una cultivada, de carne amarilla y muy fragante. En la primitiva
Toro, que quedaba sobre uno de los altos tributarios del San Juan,
hay una mención de 1583 (Guillén Chaparro, op. cit., 150). A
principios del siglo XIX se daban silvestres en el valle de El
salado, al occidente de Cali, en la cuenca del río Dagua
(Villaquirán: BHV, 1939, 245). En Puerto Viejo, costa ecuatoriana,
en la primera década del siglo XVII había GUANAVANOS (Torres de
Mendoza, 1868, IX, 278).
Al sur de la línea ecuatorial, Cieza registra la presencia de
guanábanas a mediados del siglo XVI en el sector septentrional de
la costa peruana (Cieza, 1924, 210). Por eso hay que tomar con
reservas la afirmación de Feyjoo, quien dice que a Trujillo, donde
se cultivaban en su tiempo, habían sido traídas de Méjico (Feyjoo,
1763, 13). Esta fruta se encuentra reproducida en los ceramios
negros de los chimúes, lo que prueba que su dispersión hasta la
costa peruana es muy antigua (Yacovleff y Herrera: RMNL, 1934,
275-276). Según Hipólito Ruiz, era planta cultivada en las chacras
de los alrededores de Lima para la segunda mitad del siglo XVIII
(Ruiz, 1952, I, 8). En Chile las había sólo en la parte norte
costera, vecina al Perú (Molina, G. I., 1776, 50).
En el reino de Quito, ya bien avanzada la dominación española,
se mencionan guanábanas: " ...la medula y las pepitas, se
asemejan a las de la «chirimoya» en el color, mas no en la
delicadeza, ni menos en el gusto que es ácido, y sólo bueno para
conservas: la figura es irregular, aunque comúnmente prolongada, y
en el tamaño es monstruosa de grande" (Velasco, 1927, I,
70).
GUANAVANES había en jurisdicción de Jaén de los Bracamoros hacia
1606 (Torres de Mendoza, 1868, IX, 350).
No han consignado los cronistas en qué grado de aprecio tenían a
la fruta de que se trata, los indígenas americanos del área
circuncaribe y de los Andes al norte del nudo de los Pastos. Los
europeos fueron controversiales sobre el particular. Oviedo decía
" ...aunque se coma un hombre una guanábana entera, no le
hará daño...esta comida o manjar se deshace luego en la boca, como
agua, con un dulzor bueno..." (Oviedo y Valdés, 1959, I.
258). Un siglo después Cobo opinaba lo contrario: "Es
fruta silvestre, grosera y malsanal no de agradable gusto ni
olor" (Cobo, 1891, II, 15;-----, 1956, I, 239-240).
La semilla se considera insecticida (Posada Aranqo, 1909,
402).
Los datos anteriores parecen corresponder, con razonable
seguridad y con las salvedades hechas en cada caso, a
|Annona
murlcata L.. Pero otros relativos a la región amazónica, tanto
podrían aplicarse a dicha especie, como
|A. montana, llamada
ARATICÚ (véase numeral 18), o a otras Anonáceas. La costumbre común
en los cronistas de ir aplicando los nombres ya conocidos a frutos
similares de comarcas nuevas, hace muy arriesgado extender el área
de origen de una especie apoyándose apenas en esa clase de
informes. En tales casos sólo la escrupulosa colección y
clasificación de material botánico en cada lugar, ayudaría a
averiguar cuáles especies son endémicas y cuáles transportadas.
14
|-Annona squamosa L..
ANÓN, HANÓN, otra palabra taína (Tejera, 1952, 21- 22; Henríquez
Ureña, 1939, 108), que Las Casas escribe ANNONA (Casas, 1909,
32).
Mocuyo (Tejera; 1935, 21-22;-----, 1951, loc. cit.).
Aquél nombre parece haberse aplicado a varias especies de
Anonáceas, no sólo del género
|Annona sino de
|Rollinia
(véase).
Oviedo no menciona el anón en el Sumario de 1526. En la edición
definitiva de su Historia dice que los indios ( aunque no
especifica región, parece referirse a las Antillas) lo estimaban
mucho y lo consideraban como una de sus mejores frutas; él es quien
trae la variante HANÓN. Se diferenciaba de la guanábana en ser
amarillo y ella verde (Oviedo y Valdés, 1851, I, 304, lám. 3, fig.
7).
En la relación de Puerto Rico de 1582 se coloca entre las frutas
de esa isla: "la carne es a manera de natas muy
fresca" (Latorre, 1919, 46-47).
Anones eran conocidos en Panamá a principios del siglo XVII
(Torres de Mendoza, 1868, IX, 97; Serrano y Sanz, 1908, 147,
75).
En Cartagena se señalan desde mediados del XVI ( Castellanos,
1955, III, 22), y en Santa Marta dos siglos después (Rosa, 1945,
292). Era una fruta común en la isla de Margarita (Castellanos,
1955, I, 593). Para principios del siglo XVII es mencionada en
Trinidad y en parte de Tierra Firme (Vázquez de Espinosa, 1948,
78).
No se alude al anón en la cuenca del Cauca, hasta las
postrimerías de la dominación española, cuando se hace figurar en
Cartago (Campo y Rivas, 1803, 29) y en Cali (Arboleda, 1928, 629).
Otras noticias sobre la parte central de la artesa vallecaucana son
de mediados del siglo XIX (Holton, 1857, 502).
En cambio, se menciona desde muy temprano en la cuenca del
Magdalena. He aquí la descripción que se da en la relación de la
Palma de los Muzos de 1581: "anones [,] que son unos
árboles llamados por este nombre [,] los quales son montañeses y
aylos tanbien de cultura [; ] de medianos cuerpos [;] su madera es
ynhutil por ser delgada y tierna [ .] llevan una fruta a manera de
corazones de vaca y alguna de aquel grandor [,] de cuero delgado y
senbrado por la superficie de vnas puas tiernas a manera de abrojos
[.], la carne es blanca [,] xugosa y muy azucarada y suave
(Latorre, 1919, 123). Es notable, sin embargo, que en la
descripción de la vecina villa de Trinidad de los Muzos, hecha
pocos meses después que la anterior, no se hable del anón como de
espécie nativa sino introducida de fuera (sin especificar
procedencia), "y es fruta que se da muy bien"
(Morales Padrón: AEA, 1958, XV, 608). Fuentes más tardías ubican
los anones en Mariquita (Simón, 1953, IV, 60) y en Tocaima
(Fernández de Piedrahita, 1942, III; 203), En el siglo XVIII
abundaban en las tierras calientes del Nuevo Reino de Granada
(Oviedo, 1930, 44).
Respecto á Venezuela, hacia la segunda mitad del siglo XVI eran
frutas comunes en Caracas (Latorre, 1919, 85; Arellano Moreno,
1950, 85), y en Tocuyo (Arellano, op, cit., 149). Para la última
provincia hay también datos posteriores (Altoláguirre y Duvale,
1908, 152). Que el nombre se había hecho extensivo o traslaticio a
varias especies del género, se deduce del pasaje de Caulín, en que,
refiriéndose a la parte oriental de Venezuela, habla de anones
verrugosos, de riñón y lisos (Caulín, 1779, 21, 22).
La misma duda ocurre para los datos sobre anonas de la costa
occidental, pues en este sector se llama también así a Rollínía. En
Coaques, cerca de la línea ecuatorial, vio un Viajero anonas en
1617 (Herrera y Montemayor: Vargas Ugarte, 1947,70). Asimismo
figuran entre los productos de Guayaquil a mediados del siglo XIX
(Baleato, 1887,54).
Quizá las anonas de que habla Acosta en Méjico, deban
adscribirse a la especie
|A. diversifolia Safford ( véase
numeral 16).
Tampoco se sabe a qué anona quizo referirse Garcilaso en el
Perú, pues aunque la asimila al "manjar blanco de
españoles", dice que tiene corteza dura (Garcilaso, 1945,
II, 186).
Cobo describe una anona con sincarpo de cáscara verde, pero no
le señala localidad, por lo cual no se sabe si para mediados del
siglo XVII ya la verdadera
|A.
|squamosa se conocía en
la costa del Perú (Cobo, 1891, II, 16;-----, 1956, 1, 240).
Llevadas de Méjico asegura un autor que eran las cultivadas en
Trujillo hacia la mitad del siglo XVIII (Feijoo, 1763, 13). En la
misma época se cultivaban también en Lima y en Huacho (Ruiz, 1~52,
1, 8, 44).
La anona de la provincia peruana de los Huamalíes a la cual se
refiere el botánico Ruiz como especie cultivada allí y silvestre en
los Andes (Ibid, 200), más bien podría ser Rollinia ( véase ) .
15-
|Annona reticulata L..
MAMÓN, nombre de la lengua iaína (Tejera, 1951, 359). Con el
mismo vocablo se conoce en la costa de Sur América otro frutal de
distinta familia ( véase numeral 47).
Dice la relación de Puerto Rico de 1582: ". ..ay otra
fruta que llaman mamon y corazon [;] lo de dentro como maxar (sic)
blanco [,] tira a dulce [;] es fruta sana y fresca" (La
torre, 1919, 47). Cobo se refiere a ella como especie propia de la
isla Española: "En lo exterior es blanca y colorada, y en
lo interior tiene la carne blanca y muy parecida a la de la
«anona», y llena también de pepitas negras como las de la «anona»;
pero es muy inferior a ella en el gusto y estimación, porque es el
«mamón» fruta silvestre y malsana. Las hojas deste árbol tienen un
olor enfadoso que provoca bascas, del cual participa algún tanto la
fruta" (Cobo, 1891, II, 16-17;-----, 1956, 1, 240). Otro
informe de 1699 confirma la existencia de mamones en dicha isla
(Rodríguez-Demorizi, 1942, 1, 301 ).
Al mamón parece corresponder el dato que para el ANÓN de Santa
Marta trae un autor del siglo XVIII: "Su tamaño el de dos
puños, y su cáscara gruesa y color rosado, con unas cortaduras
naturales, que si la materia fuera diáfana, podría duplicar los
objetos...carne tan blanca, blanda y flexible, como la mantequilla,
y sembrada en buena proporción de unas semillas negras"
(Rosa, 1945, 292). Porque el verdadero anón (
|A. squamosa) no
tiene cáscara roja, y en él lo más característico son las papilas
que corresponden a frutos dentro del sincarpo.
Mamonas había en Cartago para fines del período colonial (Campo
y Rivas, 1803, 29). La relación de Cali de 1808 dice:
"hay...guanábanas, chirimoyas, anón y mamón..."
(Arboleda, 1928, 629).
16-
|Annona diversifolia Safford.
ANNONA BLANCA, en El Salvador; PAPANCE, en Tapachula; ILAMA en
Méjico, al norte del istmo de Tehuantepec (Popenoe (1920), 1939,
190;-----: CEIBA, 1953, 3: 265).
Las anonas a que se refiere Acosta en 1590 como las mejores que
probó en América, las de Méjico, podrían corresponder a
|A.
diversifolia, aunque la vaga descripción que hace se puede
aplicar también a otras especies. Para mayor confusión, da ANONA O
MANJAR BLANCO como sinónimo de guanábana, aunque claramente no se
trata de
|A. muricata, pues dice que es del tamaño de una
pera grande (Acosta, 1940, 295;-----, 1954, 119). Correspondería la
especie de Acosta a la que Hernández llama ILLAMATZAPOTL o
"fruto de las viejas" (Hernández, 1942, I,
268-269; Ximénez, 1888, Mor., 61), y al "manjar
blanco" de semilla negra de Guatemala (Gage, 1946,
82).
Quien escribe introdujo al Valle del Cauca semillas de esta
especie, obtenidas en Taxco, Méjico, en 1957.
17-
|Annona cherimolia MilI..
CHIRIMOYA.
Aunque se ha sostenido que esta palabra es de origen quechua, no
figura en los vocabularios de esa lengua hechos por Domingo de
Santo Tomás Navarrete y Diego González Holguín. Según Lira, la
forma correcta es CHIRIMUYA (Lira, 1945, 131). La semántica que se
da a esa palabra no es con- vincente.
Los datos sobre esta especie son contradictorios. Dice González
Suárez que en el territorio ecuatoriano se cultivaba en la época
prehispánica, dondequiera que el clima lo permitía (González
Suárez, 1890, 1, 158). Otro autor de la misma nacionalidad sugiere
que la chirimoya podría haber sido nativa del valle de Loja
(Jaramillo Alvarado, 1955, 23-24). Pero las relaciones geográficas
de la parte interandina ecuatoriana al sur de Otavalo, ni mencionan
esa fruta, ni en general Anonáceas. Las referencias seguras son de
época más tardía ( véase adelante).
Cobo describe la chirimoya y destaca las diferencias entre ella
y la anona (anón): "No tiene tantas pepitas como la
«anona» y son algo diferentes y que se despiden más fácilmente de
la pulpa, y su cáscara también es más lisa que la de la «anona».
Tiene la carne blanca y suavísima, con un agridulce apetitoso, de
suerte que, a juicio de muchos, es la fruta mejor y más regalada de
todas las naturales de Indias. Ha pocos años que se da en este
reino del Perú la [[chirimoya]], la cual, donde yo primero la vi
fue en la ciudad de Guatimala el año de 1629, caminando para
México; y parecióme fruta tan regalada, que sentí careciese della
este reino; y así, envié desde allí una buena cantidad de sus
pepitas a un conocido, para que las repartiese entre los amigos,
como lo hizo. De manera que, cuando volví yo de México a cabo de
trece años, hallé que ya habían nacido muchos destos árboles y
llevaban fruto; pero era tan caro, que se vendían las
((chirimoyas)) a ocho ya doce reales cada una; pero ya se dan con
más abundancia, por las muchas que se han plantado y plantan cada
día. .." (Cobo, 1891, II, 17-18;-----, 1956, L
240-241).
Aunque Safford en 1917 afirma que halló en Ancón remanentes de
hasta tres variedades de chirimoyas (Yacovleff y Herrera, 1934,
276), no hay motivos para dudar del aserto de Cobo sobre su
intervención personal para llevar esta especie desde Guatemala al
Perú. Pero ello no significa ( a pesar de la ausencia de datos) que
la chirimoya no sea una planta de origen andino, aunque de regiones
que no fueron familiares al naturalista Cobo. Esto corrobora lo
dicho en la introducción de esta obra sobre lo hipotético y
deleznable que es echar cábalas sobre el origen de plantas
americanas, habiendo todavía tantos hechos y circunstancias por
investigar. Es preferible concretarse a presentar los datos seguros
o probables sobre la distribución geográfica.
Son casi siempre confusas las notas del naturalista Francisco
Hernández para las plantas de las provincias mejicanas. El nombre
náhuatl de QUAUHZAPOTL que se le asigna a la chirimoya significa,
según los comentadores, "zapote silvestre"; y la
afirmación de que "nace en regiones cálidas como la isla
de Haití y la provincia quauhnahuacense [Cuernavaca] de Nueva
España" (Hernández, 1942, L 274-275), no se compadece con
los requerimientos climáticos de
|A. cherimolia. El nombre
chirimoya se aplica en Méjico, tanto a esa especie, como a
|A.
squamosa, a
|A. reticulata y aun a algunas Anonáceas
silvestres (Martínez, 1937, 157).
También es muy improbable que sea
|A. cherimolia la
chirimoya que dice Caulín se daba en el oriente de Venezuela a
mediados del siglo XVIII (Caulín, 1779,22). Pero sí pudo serlo la
de Tocuyo, según la relación de 30 de julio de 1766 (Altolaguirre y
Duvale, 1908, 152).
Correspondiente al Nuevo Reino de Granada es la información que
sigue: "La fruta que llaman chirimoya es muy apreciable, y
se cría en tierras templadas y cálidas. En la parroquia del Socorro
se dan con bastante abundancia; es del tamaño del anón, por fuera
verde y por dentro blanca, como la guanábana. Se produce en árbol y
es tardía, pues [ no] se da hasta los cinco años en
adelante" (Oviedo, 1930, 43-44). Era fruta común en el
mercado de Bogotá para fines de la guerra de independencia, y en La
Plata (Hamilton, 1955, I, 89; II. 7).
En cierta época estuvo generalizada la creencia de que las
chirimoyas de Popayán eran las mejores; un autor dice que allí a
veces se cosechaban del tamaño de la cabeza de un hombre, con pocas
pepitas (Alcedo, 1789, V, Voc. 57-58). Se cultivaban en Cartago
para fines del período colonial (Campó y Rivas, 1803; 29). También
--como se vio en el pasaje transcrito a propósito del mamón-- en
Cali a principios del siglo XIX (Arboleda, loc. cit.). Hamilton las
observó cerca de Palmira y en Popayán en 1824 (Hamilton, 1955, 11,
81, 25). Del sector entre San Pedro y Buga hay datos posteriores
(Holton, 1857, 502).
En San José, alto Caquetá, había chirimoyas para mediados del
siglo XVIII (Serra, 1956, I, 162).
Las chirimoyas eran frutas conocidas en el Ecuador in- terandino
en la primera mitad del siglo que se acaba de mencionar (Juan y
Ulloa, 1748, I, 392). En Cuenca las vio un misionero hacia 1760
(Serra, 1956, 11, 327). Poco más tarde Velasco, con su peculiar
vaguedad, dice que en el reino de Quito había gran variabilidad en
el tamaño y en el gusto de las chirimoyás, no sólo en diversas
regiones, sino en una misma, de acuerdo con las condiciones
locales. Alaba como óptimas las que se daban en Loja y en Popayán;
califica de regulares las de Ibarra, Ambato, Riobamba y Cuenca, y
de mediocres las quiteñas (Velasco, 1927, 1, 68-69). También
aparecen mencionadas como frutás comunes en Daule, jurisdicción de
Guayaquil (Alcedo y Herrera, 1946, 76), aunque el clima es allí muy
diferente que en la parte serrana.
Dice Feyjoo que en Trujillo se daban las chirimoyas más
sazonadas del Perú, y que tanto ellas como el anón y el guanábano
habían sido llevados de Méjico (Feyjoo, 1763, 13). Se cultivaban
cerca de Lima, según el botánico Ruiz (Ruiz, 1952, 1, 8); pero
después se refiere a la chirimoya como a
|A. reticulata.
Afirma que en Huánuco probó la primera, que tenía 14 libras, y
después vio otras menores (Ibid., 325-326). Esto indicaría que bajo
el nombre de chirimoya se conocían entonces varias Anonáceas en el
Perú.
Al decir del jesuíta Molina, en Chile se cultivaban sólo en la
parte septentrional, vecina al Perú (Molina, G. I., 1776, 50).
Había chirimoyas en los yungas del partido de Larecaja, según
una relación del doctor Boso, conocido de autos, sobre un viaje que
realizó en 1824. Señala allí ecl nombre regional CUTICUTI, y para
Sorata el de CHINCHICHINCHI (Boso: Valdizán y Maldonado, 1922, III,
334-335).
18
|-Annona montana Mac..
ARATICÚ, GRAVIOLA, GUANÁBANA en el Brasil.
Lo más probable es que sea a esta especie a la que se refieren
bajo el nombre de guanábana los relatos de viajes por el Amazonas
en el siglo XVI. Un conocedor del área dice que es común en los
rastrojos ya veces cultivada por algunos indígenas; pero que en
general es fruta poco apreciada (Ducke: IAN, 1946, 4). Otro
científico anota que A. squamosa (fruta de conde),
|A.
retículata (corazao de boi) y
|A. murícata ( araticú o
guanábana) fueron introducidas al Pará desde las Antillas, la
primera en 1626, y las otras dos en fecha no indicada (Huber: BMG,
1904, 380). Bajo el nombre general de araticú con diversos
calificativos describe Marcgrave varias Anonáceas de la parte
oriental del Brasil (Marcqrave, 1942, 93, xli).
En la planicie amazónica, mencionan guanábanas el reo lator del
viaje de Francisco de Orellana en 1542, abajo del pueblo de los
Bobos (Carvajal, G., 1942, Quito, 38), y algunos de los que han
contado la expedición Ursúa-Aguirre, cerca del pueblo de los
Bergantines (Vázquez, 1945, 63; Ortiguera, 1909,376,347). Pablo
Maroni cita la guanábana como fruta existente en la región siuada
arriba del Putumayo (Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 115). Otro
observador las vio en el sector Caquetá-Putumayo (Serra, 1956, 1,
201).
19-
|Rollinia spp..
ANONA.
BIRIBÁ.
Varios documentos que mencionan ANONAS en la costa ecuatoriana a
partir del siglo XVII, incluyéndolas entre las frutas nativas de
Puerto Viejo y de Coaques (Torres de Mendoza, 1868, IX, 279;
Herrera y Montemayor: Vargas Ugdrte, 1947, 70) y quizá Guayaquil
(Alcedo y Herrera, 1946, 76; Baleato, 1887, 54), con toda
probabilidad se refieran a
|Rollinia y no a
|Annona.
Especies del primer género existen en algunos lugares del occidente
colombiano; el autor ha colectado semillas de una en el río
Iscuandé.
Una anona debió ser común en jurisdicción de Quito a mediados
del siglo XVIII, pues a esas frutas se aplica, por lo menos en
parte, la noticia de Velasco, de que tienen "la cor- teza
amarilla oscura? muy delicada" (Velasco, 1927, I, 66).
Pero donde más seguramente las referencias sobre ANONA
correspondan a
|Rollinia, es en la vertiente oriental de los
Andes y en la cuenca amazónica. Había anonas en Valladolid, sitio
minero del oriente ecuatoriano, a unas 20 leguas de Loja, según la
relación de Juan de Salinas Loyola de 1571 (Jiménez de la Espada,
1897, IV, lxxviii). En la doctrina de Nambija y Yaguarzongo, del
corregimiento de Zamora de los Alcaides, en un vocabulario de los
nombres regionales de algunas frutas, se pone "[singux]
guayabas, digo anonas" (Ibid., 25).
En el mismo caso están las anonas que había en San José del
Caquetá a mediados del siglo XVIII (Serra, 1956, 1, 162), y las que
para el sector Marañón-Napo mencionan los jesuítas Juan Magnin como
ANONES (Magnin: RI, 1940, I, 156) y Pablo Maroni como ANONA
(Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 115).
No se sabe si era
|Annona o
|Rollinia la que había
cultivada en Huamalíes y silvestre en la selva según el botánico
Ruiz; pero sin duda pertenecía al último género la que él bautizó
como Annona lutea o amarilla, de la cual dice que era silvestre,
aunque algunos pies de ella se entremezclaban en los plantíos de
coca abajo de Huánuco (Ruiz, 1952, I, 326). Quien escribe colectó
cerca de Tingo María en 1952, semillas que fueron sembradas en el
Valle del Cauca.
Este género se conoce con el nombre de BIRIBÁ en el Amazonas
brasileño. Según una relación de viaje, de 1662, en Belem del Pará
había entonces muchos BERIBASES (Huber: BMG, 1904, IV, 377,
392).
Para aumentar la confusión, parece que en la parte oriental de
Bolivia el araticú, en vez de ser
|Annona como en el
Amazonas, es
|Rollinia emarginata Schlecht (Parodi, 1935,
156). Serían estas las GUANAVANAS que encontró Juan Alvarez
Maldonado en la región del bajo Madre de Dios o Manu en la sexta
década del siglo XVI? (Alvarez Maldonado, 1899, 51 ). En el sector
de Santa Cruz de la Sierra, el doctor Boso menciona las siguientes
Anonáceas: PITIRO, especie de chirimoya de carne morada (el río
Pitiruta se llama por ellas); MACUYO, otra de carne blanca sin
fragancia; y CALAVE, llamada en Santa Cruz SININI, manera de
guanábana de carne blanca y semilla amarilla (Boso: Valdizán y
Maldonado, 1922, III, 354; Cárdenas, 1950, III, 21-22).
MORACEAS.
20-
|Pourouma cecropíaefolía Mart..
|Pourouma aff. sapída Aublet.
PURUMA, en caribe de la Guayana (Aublet, 1775, II, 892).
CAMUIRRO, entre algunas tribus de los Llanos orientales de
Colombia.
SIRPE, CAIMA, CAIMARÓN (o CAMAIRÓN), UVA CAIMARONA (Pérez
Arbeláez, 1956, 524).
CUCÚRA (Río NeGro), MAPATÍ (Solimoes), PURUMÁ (Solimoes) y
UVILLA (Loreto, Perú) (Ducke: IAN, 1946, l0).
HIYE, JOYAHIYE, en la lengua general del sector Caquetá-Putumayo
(Jiménez de la Espada, 1904, 29, 32).
En el área equinoccial hay muchas especies de
|Pourouma
que producen frutos comestibles. Algunas de las espontáneas se
estudiarán en otra obra. Aquí sólo se discuten los datos aplicables
a
|P. cecropiaefolia o a
|P. sapida (Aublet) Karst.,
que han sido objeto de cultivo, la primera desde la época
prehispánica.
UVEROS hallaron Felipe de Huten y su gente (1541?) al llegar al
río Montoa, en la porción meridional de los Llanos orientales,
según los informes que le dio Arteaga, uno de los hombres de esa
expedición, al cronista Juan de Castellanos (Castellanos, 1955, II,
187).
Por la misma vía que utilizó en 1569 Gonzalo Jiménez de Quesada
para su larga y desafortunada expedición a los Llanos orientales,
habían ido pocos años antes Pedro de Silva y su adalid Diego
Soleto, quienes descubrieron una tierra
|
"donde los naturales se preciaban
de ser agricultores curiosos,
porque tenían huertas bien labradas
de preciadas legumbres y de plantas
fructíferas de especies diferentes,
entre las cuales hay los que se llaman
en aquel idioma camayrones,
árboles semejantes a higueras
en la traza de ramas y de hojas
y en el tronco y corteza, pues herida,
también despiden leche como ellas,
ya cada cual juntó naturaleza
con otra planta de su misma casta
a quien llamamos macho comúnmente
por ser estéril y algo más cubierto
que la que lleva fruto, cuyas ramas
ocupan más lugar, y dellas penden
racimos grandes de pomillas negras
tan grandes como nueces, más y menos,
a manera de dátiles digestas,
el hollejo sutil y delicado
y mucho más doncel que mollar uva,
un cuesquecito dentro no muy duro;
y están aquestos árboles plantados
cerca de las corrientes de las aguas,
y el gusto de su fruto bien pudiera
en abundante tiempo de regalos
ser a todos los buenos antepuesto,
suave, cordial y peregrino,
nada nocivo, antes saludable"
|
(Castellanos, 1955, IV, 528). Los integrantes de la expedición
del propio Quesada hallaron también "camarones"
(Ibid., 537-538).
A los jesuítas Cassani y Rivero se les deben valiosas noticias
descriptivas de
|P. cecropiaefolia. Dice Cassani, al enumerar
las frutas vernáculas de la región entre la serranía dé Morcote y
los Llanos de Casanare: "Hai una especie de ubas
silvestres, que no se dan en otras partes: los Españoles llaman
«camuirro»: es un arbol mediano, de tronco desnudo, que como la
palma forma en lo sumo una vistosissima copa de sus ojas, y frutos:
estas penden de un vastaguito, o palito, en el qual de cada uno
salen trece ojas largas, como de media vara, y en echura de un
plumage: caen azia abaxo por su natural peso, y queda formando en
todo el arbol un ramillete vistosissimo, o un multiplicado cumulo
de plumages, que a los Españoles, por nuevo admira, ya los
Naturales, aunque están hechos a verle, siempre agrada: su fruta es
un racimo como de datiles, o ubas, que pende del nacimiento de cada
uno de aquellos vastaguitos, o palos, de donde nace el ramillete de
las trece ojas: son estos granos sabrosos, y en el color negro, y
en la suavidad muy dignos de ser comparados con nuestras
ubas" (Cassani, 1741, 46).
|
|
Fig. 4. Pourouma sapida (Aublet) Karst. . Caimarón, uva
caimarona, camuirro. Frutal de los Llanos Orientales dispersado por
las tribus del sector y ahora cultivado en otras regiones de
Colombia. Reproducido de Karsten, H. : Florae Columbiae. ...
1862-1869, II, 19-20, pl. CX.
|
Rivero, bajo el mismo nombre de CAMUIRRO, describe en general
para todo el Casanare el mismo árbol con términos semejantes a los
usados por Cassani; pero agrega este dato, valioso por indicar un
proceso de domesticación que tal vez era ya muy antiguo:
"de la raíz de estas [ramas] pende un racimo grande
colmado todo de estos granos, regalo de la nación Achagua, la cual
desde los montes del Airico condujo la semilla de esta planta, que
es como los granos de la pimienta, la sembraron en las orillas del
Guanapalo, y allí han logrado su estimado fruto" (Rivero,
1883, 5-6;-----, 1956, 5-6). En otro lugar se dijo que el Airico es
la zona comprendida entre el Guayabero y su afluente el Ariari.
Del período republicano son el trabajo descriptivo del caimarón
(Karsten, H., 1862-1869, II, 19-20, pl. CX) [véase figura No.4];
observaciones sobre biología (florece en diciembre y enero; madura
entre mayo y junio) (Restrepo, E., 1870, 61), y otras menciones
incidentales (André: LTDM, 1878, XXXV, 151?; Cuervo Márquez, 1956,
84).
Una de las especies de la región oriental, que se ha tenido como
|P. sapida, fue introducida tardíamente al occidente
colombiano. Se empezó a propagar a partir de 1940 por la Estación
Agrícola de Palmira, de donde se llevaron semillas y plantas a la
Estación del Calima en 1945. En este último año había ejemplares
también en la Estación Agrícola de Armero (Patiño, 1947, Mem., 26;
, Informe Inédito).
De
|P. cecropiaefolia dice Ducke que es muy cultivada por
los indios y civilizados en la parte occidental del Amazonas, y
sobre todo cerca de la frontera de Perú y Colombia. Abunda en las
vecindades de Iquitos (Ducke, op. cit., 10).
21-
|Brosimum utile (H.B.K.) Pittier.
SANDE, costa occidental de Colombia.
GUÁIMARO, área circuncaribe.
PALO DE VACA, PALO DE LECHE (Pérez Arbeláez, 1956, 521).
AVICHURI (Cuervo Márquez, 1956, 84).
CUERPA o SUERPA, CUERPE, en la región de los muzos (véase
adelante).
La enorme difusión del SANDE en la Cordillera Occidental de los
Andes, en la costa del Pacífico y en la cuenca del Atrato; los usos
que en esas regiones se le dan, y la observación personal, permiten
sospechar que pudo ser este el árbol al que se refiere Cieza en dos
pasajes de su Crónica, como el único que verde y aun chorreando
agua, permitía encender fuego en las montañas de Abibe, a los
españoles de la expedición de Vadillo (Cieza, 1924, 44-45).
Del antiguo Estado del Cauca hay varias referencias que se
pueden aplicar a esta especie. En las provincias de Popayán y de
Cauca el GUÁIMARO figura como "madera de lustre"
y para tinte negro; al mismo tiempo el SANDE como cosa distinta.
Con el último nombre está incluído entre las plantas productoras de
gomas y resinas de las provincias de Buena- ventura y Chocó, y aún
como planta medicinal: "«sande», cuya leche glutinosa
sirve para las inflamaciones del vaso [sic]" (Pérez, 1862,
188, 186, 185, 187).
No hay noticia sobre el uso del fruto para alimentación humana
en la costa occidental ni en el Valle del Cauca. La leche que se
obtiene hiriendo la corteza sí la beben los cazadores y caucheros
que andan monteando en el litoral, y aún se usa para adulterar el
chicle o popa (
|Couma macrocarpa).
Guáimaros incluye Aguado entre los frutos nativos de Lagunilla o
Zamu y de Mérida, sobre la cuenca del río Chama, a la llegada de
los españoles a mediados del siglo XVI (Aguado, 1917, II, 227,
300). En las ordenanzas de Vázquez de Cisneros sobre el trabajo
indígena en esa provincia; publicadas en 1620, se cita una
parcialidad llamada Guyámaros o Guáymaros (Gutiérrez de Arce: AEA,
1946, III, 1174- 1175, 1182, 1196). El látex que vierte la corteza
dio origen, no sólo al primitivo nombre genérico
|Galactodendron ( árbol de leche), sino a muchas
exageraciones. Humboldt observó esa especie en Venezuela, y
reproduce noticias acerca del uso de dicho líquido en Cumaná dadas
por Juan de Laet en 1633 (Humboldt, 1941, III, 155-156). El
"árbol de leche" es mencionado también en
Cocorote, occidente venezolano en 1626 (Vázquez de Espinosa, 1948,
93).
Gumilla, al referirse a las producciones de las vastas planicies
orientales, manifiesta: "también abundan los [guáymaros],
que cargan mucho de unas frutas menores que bellotas, de mucho
gusto" (Gumilla, 1944, I, 266).
Cultivaban el guáimaro los aborígenes del valle de Caldera,
Sierra Nevada de Santa Marta (Simón, 1953, VIII, 114). Describiendo
el alférez de la Rosa los frutos nativos de dicha provincia, dice:
"El árbol de guáymaro es altísimo y frondoso; da su fruta
en racimos, llamada como él, la cual cocida sirve al apetito como
la castaña de Europa. Echanse los guáymaros en el puchero, y son
muy gustosos. Las faltas del maíz (pan común de todas las Indias)
las suplen comiéndose cocidos en lugar del bollo" (Rosa,
1945,321,282).
Era especie común en el sector comprendido entre los ríos Atrato
y Magdalena (Torre Miranda, 1794, 19, 30).
La relación geográfica de La Palma de los Muzos (1581 ) incluye
entre los árboles nativos lo que llama CUERPA, cuyos frutos se
comen cocidos (Latorre, 1919, 124), cosa que corrobora la relación
gemela de Trinidad de los Muzos del año siguiente, cuando -esta vez
entre los árboles de cultura- pone: "«Cuerpe», o guáymaro
de los españoles cuya pepita se come cocida" (Morales
Padrón: A EA, 1958, XV, 607).
Un árbol productor de leche, llamado SÁNDIL, que arde estando
verde, se daba en las montañas andinas entre el páramo de Guanacas
y los nacimientos del Caquetá (Serra, 1956, I, 159).
En el pueblo altocaqueteño de Descanse y de allí hacia abajo lo
señala otro viajero (Rocha, J., 1905, 19-20).
22-
|Brosimum alicastrum Swartz.
CAPOMO, RAMÓN, en Yucatán.
De esta especie, originaria de América ístmica, Méjico y
Antillas, se usa el fruto hervido como alimento humano y animal, y
el follaje para las bestias (Martínez, 1936, 99-102). Se cultiva
como ornamental en algunas avenidas de la ciudad de Mérida, Méjico.
Semillas fueron introducidas a la Estación Agrícola de Palmira en
octubre de 1947, desde la Estación Agronómica de Santiago de las
Vegas, Cuba, y otra vez en noviembre de 1949, de Estados Unidos
(Ramos Núñez: EAP, nov. lo, 1956). Quien escribe también llevó al
Valle del Cauca, en noviembre de 1957, semillas tomadas en
Mérida.
Este es el BREAD-NUT que se usaba en Jamaica como forraje y aun
como alimento humano en épocas de escasez (Long, 1774, III,
768-769).
LAURACEAS.
23-
|Persea spp..
AGUACATE, del náhuatl AHUAQUAHUITL, según unos (Henríquez Ureña,
1938, 103), o de AHOACAQUA- HUITL o AHUACACUAHUITL según otros
(Hernández; 1942, 1, 88-89; Ximénez, 1888, Mor., 59; Robelo;
3
|a ed., 338-339, 344).
ASWE, en cuna (Wassén, 1949, 57).
BEO (Uribe Ángel, 1885, 525), BEGO (Fr. Pablo del Smo.
Sacramento, 1936, 78), en catío; VEÓ, en chamí (Robledo, E.: RHA,
1922, 606), ambos dialectos de la lengua chocó.
CURO, CURA, usados al oriente del Magdalena; quizá de algún
idioma chibcha.
OKZE, OTZE, en el idioma páez de la Cordillera Central de
Colombia (Rivet: JSAP, 1941, XXXIII, 36). PALTA, de un dialecto de
la lengua jívara (Ecuador interandino), incorporada al quechua
(Jijón y Caamaño, 1941, II, 45-53), inicialmente bato la forma
PALTAY, para el árbol y PALTAY PAYURAC para el fruto (Navarrete, D.
de S. T., 1560, 159; González Holguín; 1608, 272).
PERA, nombre español usado en los primeros tiempos, antes de que
se generalizaran algunos vocablos indígenas.
El curo ilustra muy bien lo que se dijo en el primer capítulo de
esta obra, acerca del carácter de alimentos básicos y no de meras
golosinas que tuvieron algunos frutos para los pueblos indígenas de
la zona intertropical americana. El hecho de que sean más conocidas
y hayan sido objeto de Selección sistemática las variedades de
Méjico y de Guatemala, para incorporarlas al cultivo industrial en
el sur de los Estados Unidos, hace olvidar que tipos sin
seleccionar de varias regiones de la porción equinoccial (Sierra
Nevada de Santa Marta, Mariquita, Tumaco etc.), sostienen
ventajosamente la comparación con cualesquiera otros que la ciencia
agronómica haya perfeccionado.
El carácter continental y no insular del género
|Persea, a
la llegada de los europeos, está sólidamente documentado.
América ístmica.
Nada nuevo, sino repetición de las nociones admitidas en su
época, ofrece sobre el aguacate en Guatemala a mediados del siglo
XVIII el historiador y naturalista Fuentes y Guzmán (Figueroa
Marroquín, 1957, 91-92).
Benzoni dice que entre las frutas de Nicaragua se encuentra una
que no hay en la Española ni en ninguna otra parte de las Indias,
semejante "a nuestras peras, con un hueso redondo del
tamaño de una vez y media una nuez; de óptimo sabor; el árbol que
la produce es muy grande y de hoja pequeña" (Benzoni,
1572, 102). Las Casas hace considera consideraciones similares
acerca de la importancia que ese fruto tenía en dicho país (Casas,
1909, 152).
" «Agoacates» e por otro nombre las llaman peras, que
es muy buena fruta", figuran con los pijibayes, entre las
que usaban los indígenas del valle de Coaza en el río Sixao1a,
cuando estuvieron allí por primera vez los españoles en 1540- 1541
(Fernández, 1907, VI, 287). Una montaña del Aguacate aparece como
topónimo en el valle central de Costa Rica en documentos coloniales
(Ibid., 1907, X, 109, 113). En el sur de esa república empieza a
llamarse con el nombre aparentemente chibcha de CURA (Popenoe,
1920, 17-19; : CEIBA, 1953, 268). Eran pequeños los que se daban en
el recóncavo de la bahía del Almirante, ocupado por los dorases y
zuríes (Rocha: Meléndez, 1682, III, 362).
Oviedo y Valdés desde 1526 habla de las PERAS como espontáneas
en Tierra Firme (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, I, 502;-----, 1950,
215-216). Posteriormente repite que ha visto este árbol Con
apariencia de ser nativo o autóctono en la sierra Capira del istmo
panameño, y en tierras del cacique Janagua, de lengua cueva. Hace
notar que en Nicaragua, a pesar de ser árbol cultivado, la fruta es
más pequeña que en Panamá (Oviedo y Valdés, 1851, 1, 353-356, 354).
Si loS nombres indígenas perduran, el que le darían los cuevas
sería el actual cuna ASWE (Wassén, 1949, 57).
Documentos de principios del XVII se refieren al aguacate en
Portobelo, como a "fruta sana y de sustancia"
(Torres de Mendoza, 1868, IX, 115; Vázquez de Espinosa,
1948,285).
Cieza menciona los AGUACATES entre las frutas de la tierra en
Panamá (Cieza, 1924, 19), noticia confirmada medio siglo después
por la Audiencia de esa ciudad, que habla entonces de AGUACATES
(Torres de Mendoza, 1868, IX, 97; Serrano y Sanz, 1908, 147, 74).
Se cultivaba en las islas del golfo de Panamá a fines del siglo
XVII (Lussan, 1699, 75), especialmente en Chepillo (Dampier, 1927,
144).
Antillas.
Todo parece indicar que la difusión del
|Persea y de otras
frutas a las Antillas se operó a partir de la conquista española.
Un pasaje de Luis Jerónimo de Alcocer sobre Santo Domingo (1650)
consagra el hecho, aunque todavía no aplicado al aguacate:
"Algunas frutas de Indias se han traído de otras
partes" (Rodríguez-Demorizi, 1942, 1, 206). La relación de
dicha isla hecha en 1699 por Fernando de Araújo y Rivera, ya lo
incluye entre las frutas cultivadas allí ( Ibid., op. cit., 301
).
Igualmente tardías son las noticias para Jamaica. Hughes, en
1672, dice haber visto sólo en esa isla la fruta conocida con los
nombres de SPANISH-PEAR y SHELL PEAR, cuya pulpa macerada con
vinagre y pimienta o preparada de otros modos, se consideraba
excelente (Hughes, 1672, 40-42). Dampier confirma la existencia en
dicha colonia inglesa (Dampier, 1927, 144).
En la isla de San Andrés, según una relación de fines del siglo
XVIII, se cultivaban aguacates ( Serrano y Sanz, 1908, 317).
Andando el tiempo se convirtieron en renglón de exportación
(Parsons, 1956, 15, 32).
|Región caribe-magdalenesa.
En el valle de Nutibara, cuenca del Atrato, a la llegada de los
españoles de Vadi1lo, "había muchos árboles que llamamos
aguacates" (Cieza, 1924, 46). En la descripción de un
viaje hecho por ese río hacia fines del siglo XVIII se habla de
ellos en la localidad de Ichó (Cuervo, 1892, II, 310).
En Cartagena no hay noticias de los primeros tiempos de la
ocupación española Dampier dice más tarde que había allí aguacates
(Dampier, op. cit., loc. cít.). En cambio, sí consta que se daban
en Ayapel en la época de los Heredias (Simón, 1953, V, 165).
La que cronológicamente parece ser la noticia más antigua sobre
el aguacate (1519) se debe al bachiller Enciso y corresponde a
Santa Marta. Aunque dice que la fruta parece naranja, la
descripción de las que se daban en Yabaro, costa de Santa Marta, no
deja lugar a dudas: ". ..cuando es sazonada para comer
vuélvese amarilla; lo que tiene de dentro es como manteca, y es de
maravilloso sabor y dexa el gusto tan bueno y blando que es cosa
maravillosa" (Enciso, 1948,216). Aguacates cultivaban los
indígenas del valle de Caldera, en la Sierra ( Simón, 1953, VIII,
114; Vázquez de Espinosa, 1948, 296). En Santa Marta eran muy
comunes a mediados del siglo XVIII : "Abunda tanto, que en
las cercanías de la capital hay cejas de monte de solos estos
árboles. .." A causa de su corpulencia, se empleaban
entonces para sombra en los plantíos de cacao (Rosa, 1945, 290).
Macizos de aguacates bordeaban el sendero en La Cuchilla, yendo
para San Antonio, en la Sierra Nevada, y Reclus vio los frutos
caídos por el suelo a millares (Reclus, E., 1881,285).
Cuenca del Cauca.
Cuando Gaspar de Rodas llegó con su gente en 1570 al pueblo de
Norisco, lo encontró recién quemado y destruidos los
mantenimientos, para que los españoles no se aprovecharan de ellos.
Los indios se habían retirado a los montes vecinos,
|
"lo cual fue causa de que padeciesen,
grave necesidad, y mayor fuera
si no se socorrieran del ganado
y fructa de aguacates que hallaban
en grande cuantidad, cuya hechura
es a similitud de pera verde,
aunque mayor y de más largo cuello,
de gusto simple cuasi de manteca,
ningún olor, mas tales hay que tienen
el del anís, y su sabor el mismo,
una pepita sola, y esa grande
poco menos que huevo de gallina:'
es fructa sana, y es el árbol alto,
no muy hojoso, mas de buena vista.
Destos se sustentaron algún día
en tanto que caudillos diligentes
que la tierra corrían por momentos
descubrian asiento más propicio. .."
|
(Castellanos, 1955, III, 5'71-572; Simón, 1953, VII, 24).
Otros lugares donde había aguacates eran San Jerónimo del Monte
cerca de Zaragoza (Simón, 1953, VII, 223), y Cáceres (Vázquez de
Espinosa, 1948, 317), donde se daban todo el año de tres
clases.
En general en el territorio de Antioquia era fruta común y muy
apreciada por los naturales (Uribe Angel, 1885, 516).
Al llegar la expedición de Jorge Robledo en 1541 al norte de
Arma, los españoles encontraron un pueblo, al que pusieron de las
Peras. "En este pueblo había...una fruta que se llama
«aguacates» , ques como peras, eran tan grandes como una pera de
las de Castilla, de invierno; tienen dentro unos cuescos redondos
tan grandes como nueces, son muy buenos para agua de piernas.
.." (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 403, 404;-----: Jijón
y Caamaño, 1938, II, Doc. 86, 96; Robledo, E., 1945, 96). Cieza
habla también de FALTAS en Arma (Cieza, 1924, 69). Un sitio
Aguacatal se registra en el antiguo camino de Manizales a Honda
(Schenck, 1953, 40, 41).
En cambio, para referirse a Cartago Cieza usa el término
AGUACATES (Cieza, op, cit., 84). Treinta, años después Guillén
Chaparro describe así los aguacates de Cartago : ".
..fruta a manera y color de pera de Castilla, hay unos grandes y
otros pequeños, tiene la primera cáscara delgada, y lo que está
pegado a ella es lo que se come, tiene sabor de nueces tiernas e
tiene en medio un cuesco grande que partido el cuesco tiene olor
natural de pino..." (Guillén Chaparro: AIP; 1889, XV,
147). Todavía a fines de la época colonial un nativo de esa ciudad
habla de paltas o aguacates como producto vernáculo (Campo y Rivas,
1803, 29).
Cieza y Guillén Chaparro se refieren también el primero a las
PALTAS y el segundo a los AGUACATES de Cali ( Cieza, op. cit., 92;
Guillén Chaparro, op. cit., 151 ). Esto no debe extrañar, pues
todavía uno de los Tíos tributarios del Cali se llamar Aguacatal,
que en los documentos coloniales, por lo menos hasta 1628, figura
como Río de los Aguacates (Arboleda, 1928, 102). En la planicie
vallecaucana este ha sido uno de los frutos más perseverantemente
cultivados. Holton los vio en Roldanillo a mediados del siglo XIX
(Holton, 1857, 410).
Asegura Cieza que en Popayán "hay muchas arboledas de
frutales, especialmente de los «aguacates» o «peras», que destas
hay muchas y muy sabrosas" (Cieza, op. cit., 102), Como
puede verse, este autor ha usado para la cuenca del Cauca tres
nombres diferentes, ninguno de los cuales debía ser nativo, pues
en páez y coconuco se dice OKZE y variantes. En la Cordillera
Central se menciona en el siglo XVII un pueblo de indios,
Agúacatal, por el paso de pisojé y Hato Frío, o sea en el área de
los páeces (Olano, 1910, Doc. 31).
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