INDICE

II. DISPERSION .

Comprobada de modo indudable la presencia del cocotero en Burica, Natá y Chimán, puntos todos de la costa panameña meridional, y cerca de Puerto Quemado en la costa chocoana, se tratará de investigar cómo se verificó la dispersión de la especie a otros lugares de América.

 

Costa del Pacífico. |Méjico.

Bruman ha publicado un documento muy valioso, que prueba la inexistencia del cocotero en el asiento de la ciudad de Panamá, veinte años después del viaje de Espinosa a Burica. Al explicar dicho autor el probable origen de los cocales beneficiados en Colima, costa suroeste de Méjico, para la obtención de vino de palma, hacia el tercer cuarto del siglo XVI, publica una carta, fechada en Panamá a 18 de abril de 1539, dirigida a Hemán Cortés por Alvaro de Guijo, carta rica en datos que se transcribe con cambio de ortografía: "Yo supe que allá no hay esta fruta que acá llamamos cocos, e hice ir un barco mío por esta costa donde estaba una palma dellos, y no trajo de sazón sino hasta dos docenas que envío a V. S.. Algunos de los más curados podrá V. S. mandar sembrar, ya mi parecer será bien ponerlos muy someros, porque ellos se nacen donde la mar los suele echar. Siendo V. S. servido, bien se podrán enviar otra vez más, y algunos nacidos" (Bruman: HAHR, 1947, 27: 572-573). Lo cual revela: 1) Que no había palmas de coco en la ciudad de Panamá y sus cercanías para 1539,  veinte años después de su fundación, en una época en que era muy activa la navegación para el Perú, y pasaba mucha gente por Panamá con aquél rumbo. Inclusive hasta mediados de ese siglo, no las mencionan Cieza, Benzoni y otros viajeros que han escrito sobre Tierra Firme. 2) Que en algún punto no especificado de la costa sur del istmo (Chimán o tal vez en alguna de las islas?), pero a suficiente distancia de la ciudad de Panamá como para que se justificara el envío de un barco, había una palma de cocos, pues Alvaro de Guijo sólo pudo obtener cerca de dos docenas de nueces maduras. 3) Ya se sabía que para que las nueces germinaran bastaba colocarlas a medio enterrar: esto indica adecuada observación de los hábitos de la especie. 4) Se sugiere que la difusión del cocotero hacia áreas distintas de aquellas en que fue encontrado subespontáneo en Panamá, pudo acelerarse despachando nueces germinadas, o lo que es lo mismo, palmas pequeñas.

No se sabe si se continuaron mandando nueces desde Panamá hasta Méjico, aprovechando especialmente el intercambio marítimo que hubo entre las dos regiones durante la época azarosa de las guerras civiles del Perú, o sea en la cuarta década del siglo XVI. Parece poco probable que los escasos frutos enviados en 1539 por Alvaro de Guijo hubieran sido suficientes para dar origen a una población cocotera tan importante como la que había en Acapulco y Colima desde principios del último cuarto del mencionado siglo (Bruman: HAHR, 1945, 213; Sauer, 1948, 66). Con el establecimiento de la navegación mercante regular entre Acapulco y las Filipinas, que se inició en 1565, debieron presentarse nuevas oportunidades para introducir semillas desde ese archipiélago. El protomédico Francisco Hernández, quien llegó a Méjico en la época en que se iniciaba ese tráfico, habla ya de las palmas enanas de las Filipinas, que apenas brotan de la tierra dan fruto (Hernández, 1943, II, 510). El naturalista Francisco Ximénez, seguidor y comentador de Hernández, menciona en 1615 la presencia de cocoteros en Calima y en Zacatula (Ximénez, 1888, Mor., 40). Al vino de coco se le atribuían propiedades maravillosas (Gage, 1946, 11). Para fines del siglo XVIII esta industria en Colima estaba en decadencia (Alcedo, 1786, I, 613).

Guatemala.

En un catálogo de plantas medicinales usadas por los indios de Guatemala, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán habla del coco sin particularizar nada sobre su introducción y su dispersión en Centroamérica (Figueroa Marroquín, 1957, 109-110).

Nicaragua.

Dice Oviedo que de Burica, donde estuvo y donde comió cocos, "llevé muchos adelante a Nicaragua" ( Oviedo y Valdés, 1851, I, 337). Ello debió ocurrir a principios de 1528.

Panamá propio e islas.

Figuran los cocos entre las "frutas de árboles" en la relación de Panamá de 1607 (Serrano y Sanz, 1908, 147). En el tiempo en que Gage estuvo allí ( 1637), el agua de coco era la bebida predilecta de las damas (Gage, 1946,292). Para 1857 abundaban los cocos en jurisdicción de esa ciudad (Wagner, M., 1943, 264).

Como se vio ya, Ruiz de Campos dice que los había en 1631 en Taboga e islas vecinas, en las islas Secas, en el grupo de La Parida, y naturalmente, en Burica (Ruiz de Campos: Cuervo, 1892, II, 20, 49, 50, 51-52). Según Dampier, abundaban los cocoteros en la parte norte de la isla de Taboga (Dampier, 1927, 133), donde hay ahora muy pocos.

En el último cuarto del siglo XVIII se menciona el coco en las islas del archipiélago de Las Perlas, y en toda la jurisdicción de Panamá "es general en las provincias e islas la abundancia de cocos y plátanos. Del coco extraen los naturales la leche para su alimento y la manteca para alumbrarse..." (Cuervo, 1892, II, 345; 353). La especie había dado origen a varios topónimos: una ensenada del Cocal al sur del Puerto de Piñas (Cuervo, 1892, II, 5) y una punta de Cocos, al sureste de la isla del Rey (Ibid., 153). Además, entre la desembocadura del río Bayano y el golfo de San Miguel existe un río Chinina; bajo este nombre se conoce en la costa colombiana la mancha de la hoja del cocotero ( |Pestalozzia? ).

Todavía a mediados del siglo XIX abundaba más en la costa del Pacífico que en la del Atlántico (Reclus, A., 1958, 63, 305, 314).

Manglaria

En la región de los manglares, al sur del cabo Corrientes, ya se dijo que hay dificultades topográficas y ecológicas para el cultivo del coco. A pesar del comercio activo, legalizado en cortos períodos, y más comúnmente clandestino, que hubo por el Dochara, de modo especial por la boca de Charambirá, y a pesar de la oportunidad de frecuentes comunicaciones con otros puntos de la costa, lo cierto es que aun en la actualidad, se encuentran pocas palmas de estas en la cuenca de ese río o en su delta.

A la región del golfo de Tumaco debió llegar el coco desde el cercano litoral ecuatoriano, y como es natural en una época algo tardía (véase adelante). En la década 1750- 1760 el misionero Juan de Santa Gertrudis Serra dice haber visto una palma en el río Gualí (Telembí) (Serra, 1956; II, 135-136), y otras en la plaza de Tumaco (Ibid., 150), y en el río Verde, al norte del Esmeraldas (Ibid., 154). En 1819 eran magníficos los cocos en Tumaco, cuyos habitantes los usaban mucho (Mellet, 1823, 223).

Son algo confusos los datos referentes a la isla de la Gorgona. Cuando Francisco Pizarro estuvo allí en 1527 por varios meses, esperando refuerzos de Panamá, él y los "trece de la fama" que lo acompañaron, tuvieron que sustentarse con culebras, mariscos y alimentos de emergencia ( Garcilaso, 1944, I, 39; Medina, 1895, VII, 92). En la segunda mitad del siglo XVII (1686) las relaciones de las expediciones piráticas que tenían esa isla como punto de refresco, no hablan de la existencia de cocoteros, a pesar de que los aventureros del mar conocían el valor de las nueces para los viajes (Dampier, 1927, 123; Wafer, 1888, 40; Ringrose, 1945, 310- 311 ). El misionero Serra, de quien se han visto informaciones sobre algunas palmas de coco en Tumaco y la costa cercana del sur, dice también -sin haber estado en la isla- que en la Gorgona había cocoteros en abundancia. De creerle, allí calafateaban sus navíos con estopa de coco algunos piratas ingleses. Jorge Anson habría dejado en esa isla un tesoro escondido (Serra, 1956, II, 189-190).

Anson ni siquiera tocó en la Gorgona, pues del puerto peruano de Paita, capturado e incendiado por él, zarpó el 16 de noviembre de 1741; pasó frente a la isla del Gallo el día 25, y el 3 de diciembre llegó a la isla de Quibo en la costa sur de Panamá para refrescar (Walter, R., 1748, 207,213-214). El relato de la expedición de Malaspina en 1790 consigna que sólo se encontraban en Gorgona leña y plátanos (Cuervo, 1892, II, 143-144).

Costa equinoccial.

Se puede conjeturar que la dispersión del cocotero en la costa ecuatoriana tuvo lugar a partir de Burica, a donde -para tomar agua y leña- tocaban primero los navíos que, saliendo de Panamá, se dirigían al sur. Se hacía esto para evitar los vientos y las corrientes dominantes que retardaban la navegación costanera ( véase lo relativo a navegación marítima en otro volumen). Con mayor razón se podían cargar cocos, que duran varios meses sin dañarse, una vez que los navegantes aprendieron a conocer las cualidades de esa nuez como alimento y como bebida.

Para 1617 en que Juan de Herrera y Montemayor hizo un desafortunado viaje de negocios de Méjico al Perú, durante el cual naufragó cerca de la costa ecuatoriana, él y sus acompañantes que siguieron por tierra hacia el sur, desde la Punta de Galera, en Atacames, hasta Coaque, fueron salvados de morir de hambre por haber encontrado una sola palma de cocos, con cuyas nueces pudieron refocilarse. Este hallazgo tuvo lugar el 11 de diciembre de 1617, y los náufragos venían caminando por la costa desde el 28 de noviembre anterior; el lugar, poco al norte del pueblo de Coaque, a donde llegaron el 16 de diciembre (Herrera y Montemayor: Vargas Ugarle, 1947, 19, 54-55, 68; Bruman. AAm, 1944, 240- 241 nota). O sea, que casi un siglo después del descubrimiento de los cocales de Burica, apenas una palma se encontraba en el litoral ecuatoriano, donde más tarde abundaron, pues Julián Mellet encontró en 1819 en Atacames playas enteras en extensión de cinco a seis leguas llenas de cocoteros (Me- llet, 1823, 220).

"Palmas de cocos" había en Guayaquil a principios del siglo XVII, según la relación geográfica de 1607 (Torres de Mendoza, 1666, IX, 251 ), Se encontraban una centuria después, tanto en el recinto de Ciudad Nueva y Ciudad Vieja, como en hileras que flanqueaban el puente de madera hecho en 1710 para unir ambos sectores. Figuran entre los productos exportables de dicha ciudad y jurisdicción (Alcedo y Herrera, 1946, 6, 17); eran comunes en Yaguachi, Puerto-Viejo, Bababoyo y Daule (Ibid., 50-51,56, 67, 76). En su descripción de Quito de 1754, el marqués de Selva Alegre habla también de cocos en las riberas del Guayas (Montúfar y Frasco, 1894, 157; Humazo, 1949, VI, 89; 298), Entre las presas capturadas por Anson, el 5 de noviembre de 174l frente a Barranca en la costa peruana, tomó el buque "Santa Teresa de Jesús", que iba de Guayaquil a Lima con varios productos, entre ellos cocos (Walter, H" 1748, 177), lo que demuestra que para entonces eran ya objeto de comercio ambiguas son las informaciones de Velasco, por su prurito de rebautizar las palmas americanas con nombres quechuas inventados por él (Velasco, 1927, I, 62-63). Para fines del siglo XIX el coco mantenía su lugar como producto guayaquileño (Baleato, 1887,54).

Perú no debió ser uno de los "otros lugares de Indias", fuera de San Juan de Puerto, Rico, donde vio cocos el historiador Acosta (Acosta, 1940, 297), pues exepto en Túmbez, no hay condiciones propicias para esa palma en la costa peruana. Cobo manifiesta categóricamente que ni ellos ni las piñas se dan en ese litoral (Cobo, 1890, I, 183), aunque para la ultima especie otros autores digan lo contrario. En el parágrafo D) se estudiarán los datos generales de este autor.

 

Area circuncaribe. | A) Región litoral.

Si tardía fue la dispersi6rl del coco en el litoral pacífico, no lo fue menos en el caribeño. No se menciona en ninguno de los documentos descriptivos que se conocen sobre la costa panameña del Atlántico en todo el siglo XVI. En su último viaje Cristóbal Colón llegó a la parte del istmo donde empieza el archipiélago de las Mulatas, de donde siguió rumbo a Jamaica, y no menciona los cocos (Colón, H., 1947,309). Tampoco figuran en la "Suma" de Enciso, ni en los relatos, cartas o informaciones sobre los primeros establecimientos de Ojeda, Nicuesa, Heredia y Bastidas. No había ningún obstáculo insalvable ,para que, si los pueblos ístmicos hubieran tenido por el coco el aprecio que le dispensaron los polinésicos y sur-asiáticos, lo hubieran dispersado por ambas costas de Mesoamérica. Ni aun la hostilidad entre las diversas tribus hubiese sido óbice para la migración de un vegetal tan extraordinario, como no lo fue para la yuca, el maíz, el pijibay , y tantos vegetales que pasaron de unas naciones a otras, a pesar de sus rivalidades y guerras, aunque fuera en calidad de botín.

Costa centroamericana.

En Trujillo ( Honduras) había a principios del siglo XVII, "cantidad de palmas de Coco" (Vázquez de Espinosa, 1948, 226).

Bahía del Almirante a río Atrato.

La relación del reconocimiento de la bahía de Bocas del Toro, hecho en 1787 por el navegante Fabián Avances, dice que en las islas de dicha bahía hay”...cocos, sin más cultivo que el que la naturaleza les suministra" (Cuervo, 1891, I, 335; Femández, 1907, X, 233). Otros documentos mencionan la existencia de indios tójares en la llamada isla del Coco, situada en la bahía del Almirante (Fernández, 1886, V, 498). El pirata Exquemelin, aunque no alude a los cocoteros, dice que en Bocas del Toro, había indios no sometidos (Exquemelin, 1945, 235), lo que indica que la región no era despoblada.

En la parte central de la costa panameña, al oriente del río Chagres, parece haber sido muy tardío el establecimiento del coco. Dice Eliseo Reclus que para 1855 en que estuvo en Portobelo había unas pocas palmas reclinadas sobre el mar (Reclus, E., 1881, 27). Pocos años más tarde Armando, hermano del ilustre geógrafo, da cuenta de que en Colón, estación inicial del ferrocarril transístmico, sólo crecían contados cocoteros logrados con gran trabajo (Reclus, A., 1958, 20).

Para fines del siglo XVII Lionel Wafer , hablando de Panamá y de sus archipiélagos, asevera que "hay árboles de coco en las islas, pero ninguno en el istmo, que yo recuerde" (Wafer, 1699, 87;-----, 1704, 68;----- , 1888, 32-33); mas no especifica si las islas son las del Pacífico o las del Atlántico. Otros relatos de piratas son deficientes o desorientadores. Dampier, al describir las islas Samballas (San Blas) y dar cuenta de sus productos, omite mencionar entre ellos al coco (Dampier, 1927, 25,27). Ringrose afirma solamente que los indios cambiaban plátanos y "otras frutas", a trueque de herramientas y bujerías (Ringrosef 1945, 266-267; De Candolle, 1886, 431 ). Aun sería lícito pensar que los cunas se dedicaron a cultivar coco desde fines del siglo XVII, como consecuencia de sus contactos con los piratas, a quienes a veces acompañaban en sus viajes.

En una relación sobre el Darién  de 1699 se dice: "Aquí crece aquel famoso árbol llamado cocotero (cocur-nute-tree), que suministra al mismo tiempo comida, vestuario y todo lo necesario para la casa" (Blackwell, 1699, 3). Esto parece un eco remoto de las descripciones literarias y geográficas sobre el Oriente, pues no hay constancia de que la fibra del coco, bajo ninguna de sus formas, se usase por los indios del Darién en aquella época. Es preferible aceptar la escueta información de Wafer , quien convivió con los indios y conoció bien sus costumbres y sus cultivos. De Portobelo a la desembocadura del Atrato, la expedición de Fidalgo de fines del siglo XVIII, señala algunos topónimos: varias Puntas de Cocos; río Ypercantí o de Cocos; ensenadita y cayito de La Coquera; cayos de Coco Bandera y Coco Alto, y cayito de Coco Ancho (Cuervo, 1891,I, 268,270; 228; 236, 256; 246,257; 1892, II, 282, 295; Alcedo, 1786, I, 604). Cocoteros aparecen señalados en otros lugares de la misma costa. (Cuervo, 1891, I, 245, 248, 250, 254, 264).

Eliseo Reclus al hablar de las Mulatas, a Cuya vista pasó en 1855 y de las cuáles alcanzó a contar más de sesenta islas, dice que todas ellas estaban cubiertas de cocoteros, cuyas semillas habían sido traídas por las ondas, desde cuando 10s españoles introdujeron esta palma al continente americano; y que a1gunas islas son tan pequeñas, que las cinco O seis palmas que a duras penas caben en ellas, las transforman en grandes abanicos (Reclus, E., 1881, 35-37).

El cultivo del cocotero se ha convertido en la principal actividad económica de los indios cunas (Wafer, 1888, 82), que lo benefician en forma comunitaria (Wavrin, 1937, 70). Los indígenas del Truandó iban a la costa occidental a conseguir, los endocarpos para hacer vasijas y cucharas, a mediados del siglo XIX (Michler, Tbe Darien Ship Canal, 1860- 1861. Gordon, 1957, 28). Es digno de señalarse que en el Darién se usa colgar los cocos en las viviendas o cerca de ellas, para que germinen al aire libre (Puig, s. f., 10). Esta costumbre, también conocida en la costa colombiana del Pacífico, es tradicional en algunas regiones del Asia suroriental (Munro y Brown, 1920, 29-30; Copeland, 1931, 132-133).

|Río Atrato a golfo de Venezuela.

Cuando el geógrafo Striffler navegó la primera vez aguas arriba del Sinú en 1843, halló cocos en las terrazas más elevadas, desde el punto de Comisario hacia el sur, hasta Montería (Striffler, 1958?, Cer., 99) El mismo autor en su monografía sobre el río San Jorge, dice que el cocotero era algo escaso en boca Gallina y más frecuente en Jegua (Striffler, 1958, Mont 67). Hoy se planta hasta la altura de Uré en el Sinú; pero no por los grupos chocoes remanentes (Gordon, 1957, 17).

Según e] cronista Simón, había cocoteros en Cartagena a principios del siglo XVII (Simón, 1953, IX, 200), cosa que repite en 1701 otro autor (Zamora, 1945, III, 71). Jorge Juan y Antonio Ulloa, describiendo las producciones de esa provincia en la primera mitad del siglo XVIII, aunque mencionan los cocos, no refieren sobre ellos nada de particular (Juan y Ulloa, 1748, I, 68). Juan de Santa Gertrudis Serra, quien llegó a la costa de Cartagena a mediados del mismo siglo XVIII, señala la presencia de cocos en el perímetro de la ciudad (Serra, 1956, I, 38-39), y en Pasacaballos (Ibid., 50-51). Menos concretos en cuanto a localidad, pero referentes a Cartagena, son los datos de Gilii (Gilii, 1955, 77). A fines de ese mismo siglo, Antonio de la Torre Miranda, el fundador de lo mayoría de los pueblos del actual departamento de Córdoba, incluye los cocos entre los vegetales espontáneos de la región limitada al occidente por el Sinú, advirtiéndose que dice lo mismo de otros frútales que no lo son sino cultivados (Torre Miranda, 1794, 19. 30). La expedición de Fidalgo enumera los cocos entre los productos valiosos de Cartagena y en general de las márgenes del Magdalena (Cuervo, 1891. I, 120 nota, 83 nota). José Ignacio de Pombo propuso que se cultivaran palmas oleaginosas, entre ellas el coco; aunque para él ésta no era la más importante, sino la "milpesos" (pombo, 1810, 95).

En la década 1850-18QO Eliseo Reclus vio cocoteros en cantidades limitadas en Cartagena y su anexo de La Popa (Reclus, E., 1881, 45, 56); en Barranquilla, recién establecida entonces (Ibid., 80), y una palma solitaria en el delta del Magdalena (Ibid., 84)" Un cocotero joven en Sabanilla y varios en Barranquilla observó en 1854 un botánico de Boston (Holton, 1857. 33, 36).

En Santa Marta, en el período colonial solamente Julián menciona el coco, y aun lo pone entre los productos exportables, cosa que no se debe tomar muy en serio, pues también dice que los dátiles lo eran (Julián, 1787,280). Ciénaga aprovisionaba de cocos a Santa Marta a mediados del siglo XIX (Reclus, E., 1881, 113). En toda la costa desde Santa Marta hasta Riohacha había una sola palma en Guásima, diez leguas al oeste de la última ciudad (Ibid., 265-266), donde sí existían varias (Ibid., 218).

Costa de Venezuela.

No hay necesidad de entrar en discusiones sobre la afirmación inválida y no documentada de Besson de que el cocotero era indígena en las riberas del lago de Maracaibo (Besson, 1943, I. 239). En el período republicano, los guajiros de la costa oriental se dedicaron a este cultivo. Jahn dice que entre Sinamaica y Santa Teresa había en su tiempo grandes cocales, lo mismo que en Punta Espada (Jahn, 1927, 158, 154-155). La población de Sinamaica se hizo en el último cuarto del siglo XVIII (Torre Miranda, 1794, 70).

Una relación descriptiva de Coro de 1768 incluye el coco entre las frutas cultivadas (Altolaguirre y Duvale, 1908, 210). 

Era conocido el cocotero en el valle del río Unare, para el primer cuarto del siglo XVII (Vázquez de Espinosa, 1948, 70).

En Cumaná encontró Humboldt en 1799 algunas palmas en la ciudad y una industria ya establecida de extracción de aceite de coco en el golfo de Cariaco; había allí haciendas con ocho a nueve mil palmas (Humboldt, 1941, I, 399; 1941, II, 150-152).

Una punta de la costa oriental de la isla de Trinidad se llamaba en el siglo XVIII punta del Coco (Alcedo, 1786, I, 605).

Guayanas.

Aublet menciona la existencia de palmas de coco en Couron, Guayana francesa (Aublet, 1775, II, 973). Dice que la especie fue introducida por misioneros (Ibid., II, Mém., 102).

B) |Región insular. Antillas.

No se han podido encontrar documentos que se refieran al coco durante la primera mitad del siglo XVI ni en las Antillas, ni en la costa centroamericana, ni en el golfo de Méjico. Da poca luz sobre la introducción de esa palma a las Antillas la descripción apologética que sobre el Nuevo Mundo hizo el comendador Juan de Ovando, pues aunque menciona los cocos, no especifica lugar, y lo hace Juntamente con otras plantas, tanto americanas como introducidas ( Cappa, 1890, VI, 392). Pedro Mártir es el primero que refiriéndose a los cocos, en el mismo pasaje en que habla de ellos eh Natái concluye: "Dicen que de otras regiones de Indias, donde son nativas, han sido llevadas [las semillas] a la Española ya Cuba, como alguna vez lo dije de los árboles que crían la canela, y de las islas al continente, hasta llegar a aquellas partes del Sur [Natá]" (Anglería, 1944, 452). La inconsecuencia de esta suposición salta a la vista, si se tiene en cuenta que los primeros informes sobre el coco en América se refieren a la costa sur y no a la costa norte de Panamá ni a las Antillas. 

Más seguro es el dato del bachiller Lara en su relación de Puerto Rico de 1582. Se atribuye en ese documento la introducción de las pintadas o gallinas de Guinea, que habrían sido "echadas a mano el año de quarenta y nueve", a Diego Lorenzo, canónigo de Cabo Verde, "que fue el que trajo los árboles de coco para esta ysla que an multiplicado en abundancia. .." (Latorre, 1919, 47, 48). No se aclara si los cocos fueron traídos el mismo año que las pintadas, pero debió ocurrir así, si ya eran abundantes las palmas en la época en que se escribía la relación (López de Velasco, 1894, 129; Cappa, 1890, V, 16-17). De donde resulta que, si no a todas las Antillas, a Puerto Rico el coco vino de Africa, y no de Panamá. En 1590 decía Acosta: "Vi estos árboles en San Juan de Puerto Rico y en otros lugares de Indias. .." (Acosta, 1954, 120). Este es uno ,de los pocos lugares americanos en que registra la existencia de cocos el franciscano Francisco Jiménez a principios del segundo cuarto del siglo XVII (Ximénez, 1888, Mor., 40); no se sabe si por influencia de Acosta, que era autor muy leído entonces. De 1815 a 1827 se exportaron de Puerto Rico 188.048 nueces" (Colón, D., 1930; 92).

Para las Antillas en general se habla de "cocos" en un resumen geográfico hecho sobre relaciones (López de Velasco, 1894, 95).

Palmas de coco había en La Habana, en el primer cuarto del siglo XVII (Vázquez de Espinosa, 1948, 96).

Entre las plantas de la isla Española incluyen los cocos las relaciones de Luis Jerónimo de Alcocer (1650) y de Fernando de Araújo y Rivera (1699), sin destacar nada de particular sobre ellos (Rodríguez-Demorizi, 1942, I, 206, 301). Sánchez Valverde en la segunda mitad del siglo siguiente lo menciona de pasada, dando como razón que es un género "que contribuirá poquísimo al comercio" (Sánchez Valverde, 1947, 58).

Según Hughes (1672), en su tiempo el cocotero estaba difundido en Jamaica y en las más de las Antillas; había muchos en uno de los pequeños cayos de la costa de Cuba, donde un holandés pudo mantenerse con las nueces por cuatro o cinco días con 60 hombres. En Jamaica se plantaba en hileras y cerca de las casas (Hughes, 1672, 62). Había palmas con 50-60 nueces ,(Ibid;, 62-63; 60-64). Sloane dice que en su tiempo se cultivaba en Jamaica y en todas las islas del Caribe en los lugares secos y arenosos (Sloane, 1696, 132-134.).

El capitán Bligh introdujo a la isla antillana da San Vicente, a principios de 1793, cuatro palmas de coco traídas de la isla de Tahití,(Marrito, 1920, 220).

En las islas de San Andrés y Providencia, principal región colombiana productora de coco en la actualidad, el cultivo empezó muy tardíamente. Callan sobre su existencia allí los piratas que frecuentemente usaron a Providencia como punto de concentración en los siglos XVII y XVIII (Dampier, 1927, 29, 32). En una descripción de las islas adyacentes a la costa de Mosquitia, hecha en enero de 1793, no se mencionan los cocoteros en Providencia; en San Andrés apenas había unas pocas palmas (Serrano y Sanz, 1908, 315¡ 317). Cuando en 1820 visitó el archipiélago el coronel Joaquín Acosta con el propósito de contratar armamento para las fuerzas libertadoras de la Nueva Granada, constató que el cultivo del cocotero tenía ya alguna importancia (Acosta de Samper, 1901, 47). Parece que aumentó durante el segundo cuarto del siglo XIX, y aun se exportaba aceite. El ímpetu de la exportación de nueces frescas a los Estados Unidos fue sostenido durante el resto del siglo, y alcanzó su culminación en la primera década del actual. Para la época de la segunda guerra mundial, las islas colombianas fueron desplazadas del primer lugar como centros de producción, siendo sustituidas por las posesiones inglesas del Caribe y por el archipiélago -ya panameño-- de San Blas (Parsons, 1956, 28-31). Otro autor afirma que los cultivos para fines industriales datan sólo de principios de este siglo (Pulgar Vidal: EC, 1955, 612).

La poca importancia económica del cocotero en las Antillas españolas durante los siglos XVI a XVIII, se refleja en las descripciones geográficas, de Alcocer, Araújo y Sánchez Valverde, ya mencionadas. Esto es verdad también para las posesiones inglesas. Después de enumerar las utilidades de este fruto y de extenderse sobre él en consideraciones reveladoras de grandes dotes de observación, añade Dampier: "A pesar de ello este árbol, de tantas utilidades y tan estimado en las Indias Orientales, es poco apreciado en las Occidentales, por falta de conocimiento de los beneficios que puede producir, y si he hablado sobre él con tanta latitud, es en parte por el bien de mis compatriotas en nuestras plantaciones americanas" (Dampier, 1927, 204).

Dispersión inter e intracontinental.

A pesar de las facilidades para que el coco hubiera pasado desde temprana época durante la dominación española, de la costa sur a la costa norte del istmo panameño, ya se ha visto cuán tardía fue la dispersión del cocotero en la Tierra Firme. Para el caso concreto de Puerto Rico está claramente establecido que los cocos negaron allí de la costa de Africa, de donde también debieron proceder los que se llevaron al Brasil. Aunque algunos autores sugieren que los malayos habían introducido desde antiguo el cocotero a la costa oriental africana (Baumann et Westermann, 1948, 235), lo más seguro es que ello se deba a los árabes, mucho antes, eso sí, del viaje de Vasco de Gama a la India (Ficalho, 1954 23, 25; Freyre, 1940, 235). Por el contrario, la dispersión en la costa occidental del Africa parece que fue mucho más démorada, y en gran parte debida a los navegantes portugueses (Ficalho, 1957, 26; , 1886, 376; Freyre, 1940, 136).

Uno de los lugares de esta costa occidental donde el coco tuvo mayor predicamento fue el archipiélago de Cabo Verde, de donde como se vio fue llevado a Puerto Rico. En 1595 el navegante Carletti dice que se cultivaban en la isla de San Jacobo (Carletti, 1701, I, 8; Hawkins, 1933, 35, 36). Un siglo después, Dampier da cuenta de que esta isla, por la abundancia de ganados y cocos, era el punto de refresco para todas las armadas que se dirigían de Europa a la India Oriental (Dampier, 1927, 60). Le seguía en importancia para el mismo objeto la isla de Fogo (Ibid., 61).

Valle del Magdalena.

Los datos anteriores se refieren a lugares costeros, tanto continentales como insulares. Pero el cocotero penetró también desde el siglo XVII, al interior del continente suramericano.

En 1627 el cronista Simón habla qe palmas de coco en las orillas del Magdalena entre Mompós y Tamalameque, (Simón, 1953, VI, 91). Dos centurias más tarde, Serra dice lo mismo, pero no especifica lugar (Serra, 1956, I, 63). A principios del siglo XIX Humboldt registró la presencia de cocoteros a mas de cien leguas de la costa (Humboldt, 1942, V, 3,7).Boussingault vio palmas de coco en el punto de Buenavista, cerca de la confluencia del río Nare (Boussingault. 1903, IV, 137). El botánico Holton encontró cocoteros en San Pablo, sesenta y cuatro millas arriba de Puerto Nacional; en su tiempo, mediados del siglo XIX, era considerado más bien como especie ornamental que como palma útil en la Nueva Granada (Holton, 1857,72). Había cocoteros a fines del mismo siglo en la hacienda "San José" de Anapoima (Rivas, 1899,62).

Valle del Cauca.

A lo que, tratando de |Atalea uberrima Dug., se dijo en este capítulo sobre las fantásticas ideas de Velasco y de Cook acerca del indigenato del coco en la hoya del Cauca, hay que agregar que esta palma y Su fruto no se mencionan para nada durante todo el siglo XVI, ni siquiera en relaciones tan circunstanciadas como la de Guillén Chaparro. La más antigua referencia que se ha podido encontrar es la de Coreal, quién procedente de Quito, estuvo en Cali en 1696: "Hay también cocoteros en Popayán"(Coreal, 1722, Amst., II, 127). Debe entenderse por tal no  a la ciudad del Puracé, sino la gobernación, y como es natural, los lugares cálidos donde esa palma puede vivir.

Mucho más vaga es la aserción de Alcedo, de que en Cartago había a principios del último cuarto del siglo XVIII, "variedad de cocos de diferentes géneros" (Alcedo, 1786, 1, 406-407) , frase que tanto puede referirse al verdadero |Cocos nucifera como a las palmas Cocoínas vemáculas ( |Scheelea, Syagrus, Attalea etc. ). Igualmente incierta es otra referencia de principios del siglo XIX para la misma provincia ( Campo y Rivas, 1803, 29-30). Cocoteros y otros frutales aparecen incluidos entre los cultivos de la hacienda de Arroyohondo, en una escritura de venta de 1794 (Arboleda, 1928, 566). El procurador de Cali Luis Vergara señala en 1808 que en jurisdicción de esa ciudad hay "cocos, coquillos...” (Ibid., 629). Según Belisario Palacios, en la plaza de Cali se plantó una palma de coco como árbol de la libertad. Cuando los españoles se apoderaron de la ciudad despedazaron con hacha el símbolo de la insurgencia; la gente guardaba astillas y hojitas como recuerdo (Palacios, E., 1896,27, 31). En la misma ciudad vio cocoteros en 1820 Joaquín Acosta (Acosta de Samper, 1901, 54).

Según, Holton, el Cocotero era poco cultivado en la fosa central del Cauca a mediados del siglo XIX. En 1854 en que permaneció varias semanas en Roldanillo, presenció que de la palma se vendían las nueces al pie, a diez centavos cada una. Pocos ejemplares más había entre San Pedro y Buga (Holton, 1857, 410, 501). Felipe Pérez dice que para la misma época se cultivaba en Cali y en Cartago (Pérez, 1862, 138, 218).

A principios del siglo actual una plaga de cucarrón ( |Rhyncophorus ) devastó los Cocales del Valle del Cauca. En 1917 Rufino Gutiérrez vio unas pocas palmas que quedaban en Roldanil1o, que asegura había sido una de las zonas productoras más importantes (Gutiérrez, 1921, II, 81).

Orinoco y Amazonas.

A la entrada de los Llanos de Venezuela, en El Pao, señaló Humboldt la existencia de unas palmas de coco cuando emprendía su exploración del Orinoco (Humboldt, 1942, V,37).

El jesuíta Manuel Rodríguez, enumerando los alimentos de que podían disponer sus cofrades de las misiones de Maynas, en el río Marañón y sus tributarios, incluye los "cocos para agua"; pero no da más detalles (Rodríguez, 1684, 421- 422). Ninguna otra fuente sobre esa región y para esa época (mediados del siglo XVII) habla del asunto. Se puede conjeturar que Rodríguez, quien nunca estuvo en la región amazónica, hizo en este caso una afirmación gratuita, por analogía con lo que pudo ver en otros lugares calientes de la Nueva Granada.

C) 1-PROPAGACIÓN; CULTIVO. 1-PROPAGACIÓN; CULTIVO.

A la primera suposición de Oviedo y Valdés de que los cocos de Burica e isla de Cocos pudieran haber sido transportados por las corrientes marinas, que eso quiere decir el término "venedizos" que usa el primer cronista de las Indias [véase el inciso de Isla de los Cocos], siguió la observación práctica sobre la manera de propagarlos, consignada en la carta de Alvaro de Guijo a Hernán Cortés de 1539: "...a mi parecer será bien ponerlos muy someros, porque ellos se nacen donde la mar los suele echar" (Bruman: HAHR, 1947; 27: 572).

Al finalizar el primer cuarto del siglo siguiente, se había avanzado en América en el conocimiento de los medios de propagación y de cultivo del cocotero, en parte por experiencia, en parte por lecturas de obras sobre el Oriente, donde aquella actividad tenia una tradición varias veces milenaria. Dice el comentador de Hernández, Francisco Ximénez: ". .. siembranse los mismos cocos, y de ellos salen las palmeras, las quales trasponen a lugares acomodados, y si las tratan bien dan fruto en pocos años, para lo qual les hechan ceniza y estiercol de buey, y agua, y con esto crezen y fructifican muy presto, y las que estan mas cercanas a las casas, por el beneficio que les hazen, son mas hermosas. .." (Ximénez, 1888, Mor., 40). Para mediados del mismo siglo XVII, Coba precisa: "dan fruto a los seis años y viven mucho tiempo" (Cobo, 1956,I, 260-261).

Marcgrave observa que la nuez germina en siete meses: que el trasplante se hacía un año después de la germinación, y que los primeros frutos se obtenían en el Brasil a los siete años. Refiere que en 1640 vio en la isla Mauricio trasponer palmas de más de veinticuatro años, usando en la tarea cerca de trescientos obreros, y que la operación tuvo éxito (Marcgrave, 1942, 138-140).

De sus observaciones en la costa de Cumaná en las postrimerías del siglo XVIII, Humboldt deduce que en terreno fértil el cocotero empezaba a fructificar al cuarto año, demorándose hasta diez en los terrenos más áridos. Agrega que la vida de las palmas no excede de ochenta a cien años, pero que la producción económica sólo llega hasta los treinta o cuarenta (Humboldt, 1941, II, 150-152).

En el Valle del Cauca el cocotero gasta entre diez y doce años para empezar a producir (Holton, 1857, 501).

La costumbre de labrar escalones en el estipe para facilitar la subida de los cosechadores era común en la India occidental a mediados del siglo XVI (Orta, 1891, I, 236). Esta práctica está generalizada en América.

2- VARIEDADES.

A fines del siglo XVIII despacha la cuestión de la siguiente inocua manera una enciclopedia geográfica sobre los dominios españoles: "Hay mucha variedad de pa1mas y de cocos, que se distinguen por el tamaño, sin otra material diferencia" (Alcedó, 1789, V, Voc., 65-66).

Se ha dicho que la variedad filipina Macapunó fue introducida a Puerto Rico en 1895 (Colón, D., 1930, 154-155; 217- 219). Es más bien una quimera; algunas de sus nueces tienen la cavidad ocupada por una esfera carnosa, suave, de excelente sabor; pero como estas nueces no son fértiles, para reproducir la variedad se escogen semillas nórmales, que se conocen porque al sacudirlas se siente el ruido del agua (Barret, O. W., 1928', 269-270). En Filipinas se paga más por las nueces de esta variedad (Copeland, 1931, 124-125).

Barret menciona las variedades San Blas y Chocó, ambas de la región del golfo de Urabá. La primera, localizada en el archipiélago de las Mulatas, parece que alcanzó precios diferenciales en el mercado de Nueva York a principios del presente siglo, por su excelente calidad. A causa de que la carne se desprende íntegra "sin mayor esfuerzo, ahorra muchos gastos en el manipuleo para la fabricación de copra (Smith, 1914, 108; Barret, 0. W;, 1928, 269). No dice Barret si todas las coqueras de San Blas son de esta variedad, o si allí se encuentran otras. Este mismo autor es el único que habla de la variedad Chocó, que produce nueces de gran tamaño y cairo ( coir ) muy voluminoso. sería endémica al "este de Panamá y norte de Colombia", o sea en la brilla occidental del golfo de Urabá. En los dos viajes del autor por Urabá no ha visto en los cocos allí cultivados (Arquía, Turbo) nada de notable.

Las referencias sobre variedades precoces de coco son muy antiguas. El protomédico Hernández ya habla de palmas enanas de Filipinas, que apenas brotan de la tierra dan fruto. De las comunes dice que nacen donde quiera en las Indias Orientales, "y ahora también en las Occidentales, principalmente en lugares marítimos y arenosos" (Hernández, 1943 II, 510). Alguna variedad enana sería-- como lo indica su precocidad- una cuya introducción a Colombia se propuso a la Asamblea Legislativa de Cartagena en septiembre de 1879, por la "Gaceta Agrícola" de esa ciudad, con resultados que se desconocen (Pulgar Vidal: EC, 1955; 612). En 1945 quedaban once ejemplares de las variedades Greend-warf y Semi-dwarf en la Granja Algodonera de Barranquilla, y habían perecido las, palmas de Yellow-dwarf, todas las cuales al parecer se hablan importado de Java; pocos años antes. Algunas nueces de esa introducción se distribuyeron entre varios diputados del Atlántico (Patiño, 1945, informe inédito). Al Valle del Cauca introdujo el coco enano verde desde Trinidad, por 1941, el doctor Vicente García Córdoba. Tres variedades enanas fueron enviadas en diciembre de 1947 por el doctor Morrison desde Coconut Grove, Florida, al doctor Ciro Molina Garcés, entonces Secretario de Agricultura (Patiño, 1948, Memoria. 9-10).

No se sabe de qué variedad eran las cuatro palmas introducidas desde Tahití por el capitán William Bligh a San Vicente, en 1793 (Marriot, 19.20, 220). Cuzent describe seis variedades de haari o cocotero en dicha isla (Cuzent, 1860, 114); de modo que si existiera un estudio descriptivo de las que hay en el continente americano, se podría rastrear la procedencia de algunas.

D) USOS, COMERCIO E INDUSTRIALIZACIÓN.

Aunque los españoles conocieron los cocos en varios lugares del sur de Asia a partir del viaje de Magallanes, y los usaron a veces como alimento, no parecen haberlos estimado. Por ejemplo, en la expedición de Alvaro de Mendaña a las islas Salomón, se hace constar que no son cosa de sustento (Torres de Mendoza, 1866, V, 251 ).

Esta actitud perduró por varias décadas, pues todavía a mediados del siglo XVII se expresaba sobre el particular como sigue el naturalista Cobo: "No se estima tanto esta fruta por lo que tiene comestible, cuanto por el casco o corteza, de la cual, engastada...se hacen curiosos vasos en qué beber(...) Para muchas cosas suele ser buena la palma. Comidos en leche los cocos antes que se endurezcan, parecen natas y tienen buen sabor. En las Filipinas y en algunas partes de la Nueva España hacen vino de estas palmas(...) De este licor [savia] hacen vino, vinagre ,aguardiente, miel y azúcar y del meollo o almendra del coco sacan buen aceite, que, cuando es fresco, es de buen gusto y sirve a los pintores y para gastar en las lámparas. "Mas, hase de entender que al uso de todas estas cosas obliga la necesidad y falta de aquellas por quien sustituyen; porque donde se alcanza nuestro vino, miel, azúcar y aceíte, de todos estos frutos de la palma no se hace cuenta" [Subrayó V. M. P.] (Cobo, 189l, II, 66-68;-----, 1956, 1,260-261 ). De estas citas se puede deducir: 1) Que el coco se apreciaba más a mediados del siglo XVII por un producto secundario, el endocarpo o parte leñosa, del cual en la actualidad se hace poca cuenta, mientras que lo que ahora se aprovecha más de él (el aceite) era tenido en menos. 2) Que no considerándose el coco durante los dos primeros siglos de dominación española tan útil como ha llegado a ser ahora, no hay que extrañarse de que su difusión haya sido tan lenta.

a) |Mesocarpo.

El uso de la estopa o cairo del coco para calafatear embarcaciones y para la confección de cuerdas, alfombras etc., muy antiguo en Asia (Orta, 1891, 1, 237), quizá empezó en América hacia mediados del siglo XVII (Lussan, 1693; 129). Parece que los piratas que merodeaban por las costas americanas no fueron ajenos a la difusión del uso para calafateo (Dampier, 1927, 204). Dionisio de Alcedo, en su descripción de Guayaquil, de 1741 asegura que por las ventajas que tenía sobre el cáñamo, se calafateaban con fibra de coco los navíos construidos en el astillero de esa ciudad (Alcedo y Herrera, 1946, 20, 50; Alcedo, 1789, V, Voc. 65). Para fines del siglo XVIII ese uso estaba muy extendido en América equinoccial (Ortega Ricaurte, 1954, 222; Serra, 1956, I, 38; II, 153).

b) |Endocarpo.

La utilización de un hemisferio del endocarpo o parte leñosa de la nuez del coco en calidad de vasija, parece ser originaria del Asia suroriental. García da Orta dice en 1563: "a otra casca serve de vasos para beber a gente mezquinha, e tambem queimada serve de carvao muyto bom pera os ourives" (Orta,1891, I, 237). Un biógrafo de ese ilustre naturalista asevera que, antes de que Orta viajara a la India, hacía 1526, afluían desde aquélla a Lisboa " ...cocos lavrados e montados em prata" {Ficalho, 1886, 51 ). En tales vasijas bebían los pasajeros y tripulantes del galeón de Manila (Schurz, 1959, 268). Con la generalización del consumo del chocolate, tanto en América como en Europa, las jícaras de coco sencillas o revestidas de plata se convirtieron en adminículo indispensable (Acosta, 1954, 120; Hawkins, 1933, 36; Hughes, 1672, 63-64; Dampiet, 1927, 204; Zamora, 1930, 35; Gilii, 1784, IV, 64). A mayor abundamiento, se atribuyeron

a estas vasijas de coco virtudes medicinales que se trasmitían a los líquidos tomados en ellas (Acosta, loc., cit.; Ximénez, 1888, Mor., 41 ). Fuentes y Guzmán afirma perentoriamente: "Tienen virtud contra cualquier veneno, y bebiendo continuamente en ellos remedian el mal de la hijada" (Figueroa Marroquín, 1957, 110).

Cocos para tomar chocolate se hacen figurar con mucha frecuencia en las escrituras sobre herencias y donaciones durante el período colonial, en las posesiones españolas (Vargas, 1957, 227), y aun en el republicano y hasta principios del siglo actual perduró la costumbre (Holton, 1857, 492). No siempre los centros de manufactura coincidían con regiones productoras de la palma. Si bien es verdad que en Guayaquil en la primera mitad del siglo XVIII se confeccionaban de ese material "vasijas para los usos y ministerios caseros" (Alcedo y Herrera, 1946, 50); también en Pasto, en el riñón de los Andes, dicha industria ha sido tradicional (Herrera, L., 1893, 41).

Los bribrís de Costa Rica usaban guardar la sal en conchas de coco puestas encima del fogón (Gabb: Femández, 1883, III, 372), y lo mismo hacían sus vecinos los borucas (Pittier, 1892, Anales, 94). Cook dice que el general E. A. Lever de New Orleans le regaló una concha de coco labrada, que aquél había encontrado en una tumba indígena del distrito panameño de Chiriquí, en excavaciones para buscar oro y cerámica (Cook, 1910, 288, foto 289). El diseño no concuerda con los motivos artísticos típicos de la cultura de esa región.

La palabra "coco" vino a ser sinónima de "vasija". Así se llama la que se emplea en la extracción de oro de veraneo en Antioquia (Uribe Angel, 1885, 478; Restrepo, V., 1888, 190).

c) |Endospermo.

Ya se produjeron pruebas de que en el primer siglo que siguió al descubrimiento del cocotero en América, esta nuez no gozó de mucho aprecio en el Nuevo Continente para fines alimenticios. Poco a poco se fueron modificando los gustos, y la transculturación ejerció su inevitable influencia.

Acosta compara el sabor con el de las castañas verdes (Acosta, loc. cit.) Cobo se pronuncia en favor de la carne tierna (Cobo, 1891, II, 68;-----, 1956, I, 261 ). Los piratas ingleses y holandeses aprendieron de los nativos de las islas del Pacífico sur el uso de la leche de coco, o sea el jugo resultante de exprimir la carne raspada o rallada. Dice Dampier que los marinos ingleses utilizaban el coco para preparar el arroz, y con ese fin cargaban las nueces en sus barcos (Dampier, 1927, 203). Jiménez se refiere a la carne del coco sólo como materia médica (Ximénez, 1888, Mo., 41).

Se ignora cuándo empezó a usarse en América el dulce de coco. En Yaguachi, lugar frontero a Guayaquil, se hacía a mediados del siglo XVIII el mazapán, "de la celebrada cocada de las Indias" (Alcedo y Herrera, 1946, 50-51 ). También se hacía "cocada" en Cartagena (Serra, 1956, 1, 38).

Cobo dice que la nuez o manzana, o sea el haustorio que se forma como iniciación del proceso germinativo, se llamaba en Filipinas "boaboa" , que quiere decir "piedra de la mentira” (Cobo, 1956, I, 260). Esto se estima como lo más regalado del coco (Alcedo, 1789, V, Voc. 65; Serra, 1956, I, 38-39).

El agua se consideraba en la Nueva España como medicinal, y era socorrida en calidad de cosmético para hermosear el rostro de las damas (Ximénez, 1888, Mor., 42). Según Gage, era la bebida predilecta del sexo débil en Panamá a principios del siglo XVII (Gage, 1946, 292).

No hay constancia de que, fuera de Colima en la costa occidental de Méjico, se haya fabricado en América "tuba" o vino de la savia del cocotero, extraída de la inflorescencia magullada (Brumam: HAHR, 1945, 212-223).

d) |Aceite.

Copra se exportaba a Ormuz y Balagueta desde la India a mediados del siglo XVI, y dos clases de aceites se extraían de la carne del coco (Orta, 1891, I, 238, 239).

La obra de García da Orta fue conocida en las colonias españolas ya en su texto original, ya en el arreglo hecho por Cristóbal de Acosta. Por eso no es extraño que para principios del siglo XVII fray Francisco Jiménez diga: " ...de las raeduras desta medula o meollo puestas a heruir en suficiente cantidad de agua, y meneandolas muy bien sube arriba nadando vn aceyte que siendo fresco es muy bueno para guisar de comer, y para las cosas de medecina...", enumerando en seguida varias propiedades curativas (Ximénez, 1888, Mor., 41; 41-42; Hughes, 1672, 64). Ya se ha visto que para Cobo el aceite era comestible cuando fresco, pero más empleado en  pintura y como combustible (Cobo, loc. cit.). Dampier dice que se obtenían mejores resultados al sacar aceite para alumbrar o para freír si se utilizaban nueces bien maduras, y que la extracción se hacía en agua caliente (Dampier, 1927, 204).

En general, la grasa animal, especialmente la manteca de cerdo, suplió al aceite de olivas en América ecuatorial, no sólo para usos culinarios sino también para los industriales ( véase la historia de los ganados vacuno y porcino en otro volumen). Con todo, para fines del período colonial en algunas regiones cocotaleras la industria de aceite había adquirido relativa importancia, como ocurrió en el golfo de Cariaco y en particular la ciudad de Curnaná (Humboldt, 1941, 11, 150-152).

A mediados del siglo XIX le acongojaba a Eliseo Reclus la idea de que los palmares de San Blas perdieran su condición paradisíaca y se convirtieran en objeto de comercio. "El imperio de Mammón, ya tan vasto -se preguntaba- debe ensancharse con estas islas afortunadas, a fin de que nuevos géneros se abarroten en los muelles de Liverpool, y de que las cajas fuertes de los armadores de Nueva York se locupleten todavía más?" (Reclus, E., 1881, 36-37).

Las plantaciones de cocotero para fines comerciales, aunque fueron aumentando gradualmente a partir del período republicano, cobraron intensidad para fines del siglo XIX y principios del actual. Dice un autor que en la isla de San Andrés, se plantaron entonces cerca de dos mil hectáreas (Pulgar Vidal: EC, 1955, 615). Esto no fue un movimiento espontáneo, sino reflejo de la importancia creciente que para la gran industria de los aceites vegetales tuvo la utilización en grande del cocotero, especialmente en Malaya, Filipinas, India y Ceilán. El carguío de copra se intensificó (Lacro ix, 1953, 346). Por 1909 se implantaron fábricas de extracción local en esos países, y durante la primera guerra mundial se practicó por primera vez el transporte del aceite en buques tanques. El negocio de la copra, por mucho tiempo confinado en Ceilán y en Nueva York, aumentó; la "torta", que al principio se usaba sólo como combustible, se empezó a utilizar como alimento concentrado para los animales. Hacia 1911, cerca de medio millón de nueces se embarcaban mensualmente de Colón para Nueva York y Filadelfia (Barret, O W., 1928, 250-251; Smith, 1914, 108).

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