INTRODUCCIÓN
La envidia, la emulación y el odio que el gran poderío de España
en el nuevo mundo despertó entre las demás naciones europeas, se
había traducido por medio de ataques y vías de hecho: cosa natural
en un tiempo recién emancipado de la barbarie y que acababa de
salir de la época de transición llamada de la Edad Media. Aquellos
ataques injustos contra España se pusieron en planta por ciertas
asociaciones y compañías de piratas, corsarios, filibusteros,
bucaneros y aventureros de diferentes naciones, y particularmente
ingleses y franceses, los cuales, con el pretexto de auxiliar a sus
gobiernos y reyes -casi continuamente en guerra contra España-, se
dieron a robar los tesoros que llevaban de las colonias a la madre
patria, cometiendo al mismo tiempo innumerables desafueros y
cruelísimas acciones en los puertos hispanoamericanos, como podía
temerse de malandrines sin Dios ni ley.
Establecidas aquellas asociaciones de piratas en varias islas de
las Antillas, que habían logrado tomar por su cuenta, muy en breve
se hicieron poderosos y temibles, y las expediciones que sus jefes
enviaban contra la tierra firme causaban el espanto y el terror de
los colonos, que jamás podían vivir tranquilos y seguros.
Señalaremos aquí muy de paso los nombres de las expediciones más
importantes que atacaron las costas de los territorios que hoy
forman la República de Colombia.
Los primeros que arruinaron las recién fundadas poblaciones de
Santa Marta y Cartagena, en 1544, pertenecían a la nación francesa,
y los historiadores españoles llaman a su jefe Roberto Baal
o Bahal. Tras éstos vinieron los tolerados y enviados por la
reina Isabel de Inglaterra, al mando de los Hawkins, padre e
hijo, los cuales arruinaron a Nombre de Dios y a Río de Hacha.
Después Francisco Drake atacó a Santa Marta, Cartagena,
Portobelo y Chagres, en 1586 y 1596. Guateral se apoderó de
varios lugares en las cercanías de Portobelo, y lo saqueó;
Francisco Lolois hizo otro tanto; pero después de haber
robado muchas de las poblaciones del istmo, murió a manos de los
indios del Darién.
Uno de los más audaces filibusteros del siglo XVII, Juan
Morgan, no se contentó con saquear a Portobelo, sino que entró
por el río Chagres, y atravesando el istmo llegó hasta Panamá, a la
cual atacó, robó y convirtió en cenizas, ayudado por Carlos
Henrique Clerk
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,
que se hallaba en las aguas del Pacífico con una fragata
inglesa.
En aquel mismo siglo Juan Spring atacó a Portobelo, en
1670; en 1680 Bartolomé Sharp, Juan Guarlen o Swan
Waffer y Bartolomé Bolmen, hicieron el mismo viaje a
través del istmo en connivencia con los indios del Darién, y,
después de muchas aventuras, los que lograron salir con vida
regresaron a Europa en las naves españolas que encontraron en el
Pacífico.
Algunos años adelante, un jefe enviado expresamente por la corte
de Francia -el Barón de Pointis- se unió a los filibusteros
para atacar y tomar a Cartagena.
Al empezar el siglo XVIII, los corsarios ingleses Tomás
Colb, Guillermo Dampier y otros cometieron toda suerte
de depredaciones a uno y otro lado del istmo de Panamá, y dejaron
manchados con sangre sus nombres en los anales de nuestras costas.
A mediados del siglo XVIII los puertos de Portobelo
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, Chagres y Cartagena fueron
atacados por las escuadras inglesas al mando, primero del almirante
Hossier, después del almirante Vernon y, finalmente, de
Guillermo Kinhiesel, enviado por el almirante Ogle.
Los hechos ejecutados por estos enemigos de España, y los
acontecimientos ocurridos durante aquellos ataques, todos más o
menos dramáticos, dan una idea de lo que eran las costumbres y los
caracteres de aquellos pasados siglos; por lo cual nos hemos
propuesto narrar en los cuadros histórico-novelescos que se leerán
a continuación algunos de los sucesos más interesantes que hemos
hallado, particularmente en la historia de Cartagena, una de las
ciudades que más odiaban los piratas, y la única que logró
defenderse con brío contra sus enemigos, aunque no siempre con
éxito feliz.
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Este fue ajusticiado doce años después en el Perú.
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En siglo y medio, de 1596 a 1744, Portobelo fue invadido y
saqueado seis veces por los ingleses.
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