|DISCURSO
VI.
|
De la celebrada planta llamada hayo,
por otro nombre coca, pasto común de la nacion guajira
|§ I.
Entro con singular gusto a discurrir de esta planta, no tanto
para dar de ella noticia a los curiosos cuanto para promover su
cultivo y uso en Europa, con ventajas de la monarquía de España y
mayor bien y salud de los pueblos y naciones aun extranjeras. Estas
han
|
tirado a introducir el té y café, se han esforzado a
promover las virtudes de estas yerbas, y se han dado maña para
entablar generalmente su uso, y llenar las ciudades de cafeterías
para despachar los frutos de su colonias y regiones, con indecibles
ventajas de sus estados y comercio; y nosotros españoles, tan
fáciles a dejarnos llevar de las ideas forasteras, y de abrazar sus
modas, como desinteresados y generosos para despreciar, o no hacer
caudal de las propias cosas, dejamos que se coman los Indios, y se
sustenten de una yerba que pudiera ser un ramo de comercio
ventajosísimo para la España, salud de la Europa, remedio
preservativo de muchos males, reparativo de las fuerzas perdidas, y
prolongativo de la humana vida. Esta es la yerba llamada hayo,
celebrada en la provincia de Santa Marta, y en todo el Nuevo Reino;
y en el Potosí, y reino del Perú, llamada coca. Antes de decir sus
virtudes quiero referir el uso que de
|
ella hacen los Indios
guajiros. Estos son ya los únicos que en todo el Nuevo Reino usan
de esta yerba
|(1)
.
|
El modo es curioso, y
ciertamente me causó al verlo no menor admiración que risa. Diré lo
que vi, y de ahí se podrá conocer la general costumbre de toda la
nacion. Hallándome en
|
el río de la Hacha, compareció en
frente de nuestra casa una tropa de guajiros que venían a ver al
señor obispo, que allí estaba de visita. Parte de ellos eran
cristianos de la reducción de los padres capuchinos; parte bárbaros
y gentiles, tan al descubierto, que preguntando yo a uno si quería
hacerse cristiano, me respondió con gran ceño y profunda voz un nó
redondo. Salí, pues, a ver aquella tropa de Indios, y me encontré
con unos mozos altos, robustos, y bien formados, bien encarados, y
de un color trigueño, y más blanco de el que suelen tener los demás
Indios del reino. Llevaban terciada sobre el hombro derecho una
manta de algodón bien tejida de sus mismas manos (porque florecen
|
mucho en estas labores), que les cubría la mayor parte del
cuerpo, y pendiente del cuello una mochila, o alforjita, que les
caía debajo del brazo izquierdo; y á la cintura, como los devotos
peregrinos, traían un calabacito con un palito redondo y sutil
metido dentro, y salía por la boquita. Dentro de aquella alforjita
traían las hojas del hayo verdes y frescas, y dentro del calabacito
cal finísima, que ellos mismos hacen
|
de las conchitas del
mar, tan blanca y bien amasada, que parece almidón o manjar blanco.
Estaba yo gustoso conversando con ellos, y veía que de tanto en
tanto, ya el uno, ya el otro, metían mano a la mochila, sacaban un
puñado de yerba, se la metían en la boca y mascando y hablando se
la iban tragando. Acabada la dosis echaban entonces la mano al
palito que salía por la boquita del calabazo, que en su lengua
llaman
|poporo, revolvían un poquito aquella masa de cal, y
sacaban un poco de ella en la punta del palito, y luego con gran
prolijidad se iban untando los labios, quitando con aquel pincel lo
verde que les había quedado del zumo del hayo y dejándolos pintado
de blanco. Tan pulidos como todo eso son los guajiros. Pregunté yo
a uno de ellos, que parecía más risueño y tratable: ¿Por qué coméis
así de esa yerba? Y el bellaco indio metiendo los dedos en la
nariz, como quien toma un polvo de tabaco, me
|
respondió:
|Y
|blanco, ¿por qué hace así? e hizo tal cual, como si
tomara tabaco. Confieso que me dejó sonroseadoel indio y no supe
qué responderle; porque en materia de usos y costumbres de diversas
naciones, es difícil hallar convincente disparidad. Con esta
ocasion y larga conversación con estos Indios, de los cuales
algunos hablaban ya medianamente en español, me informé del país y
terreno donde nace y se cultiva la yerba del hayo; del gran
comercio que hay de sus hojas, y de las cualidades y virtud de
ellas, y llegué a saber y averiguar lo siguiente.
|§ II.
Antiguamente, en lo más interior del Nuevo Reino, se cultivaba
esta planta, y se hacía gran uso de sus hojas. Las provincias más
fértiles y abundantes de ella eran la de Duitama, singularmente en
el territorio de la villa ó parroquia de Soatá, y la de los
Sutagaos, que eran los que desde Tunjuelo y Usme se extendían por
las orillas y cercanías del río Fusagasugá, hasta el río de la
Magdalena. Y era de tánta estimación esta yerba, que con ella,
despues de que era bien tostada, sahumaban a sus ídolos los
sacerdotes llamados
|xeques. Ahora años hace ya cesó el
cultivo y uso de esta yerba en el centro del reino, y sólo ha
quedado en la provincia de Santa Marta. En ésta, fuera de las
tierras de los mismos guajiros, solamente hay dos pueblos donde se
da la cosecha, y llámanse
|Molino el uno y el otro
|Villanueva
|(2)
situados ambos al pie de la serranía
de Maracaibo, de la parte de la Sierra Nevada, y en los confines
del Valle de Upar: pueblos amenísimos y fertilísimos, singularmente
de esta yerba. Son pueblos de Indios mansos y cristianos, que
pudieran estar ricos con el comercio de esta planta, y son bien
pobres y miserables, porque el indio no se cuida de amontonar
riquezas, sino de pasar el día corno Dios le ayuda. Estos Indios
siembran y cultivan la planta del hayo, y vi con mucho gusto mío
algunos campos y sementeras de ella que tenían junto a sus pueblos.
La siembran con orden y división de una planta a la otra, la
cultivan con mucho cuidado y limpieza, y no cogen de sus hojas
hasta que por la frutilla que hecha conocen que ya está en sazón.
La planta no crece mucho, pero tampoco es tan pequeña que no
llegue, cuando está sazonada, á cuatro o cinco palmos de altura. Se
levanta de la tierra con su palito, del cual van saliendo las
hojitas. Es hermosa, y se dilata en varios ramitos, que dan hojas
en abundancia. No sé realmente a qué planta de Europa se parezca
más la planta del hayo, ni a qué hojas sus hojitas. Pero diré que
la planta en el palito, en los ramos y pomposo de su cima se
asemeja a ciertas arbolitos que en la América llaman
|chochos, pero no llega a ser tan alta la planta del hayo.
Las hojas no son grandes; sino como las del té, ó las de otra yerba
equivalente al té (si no es la misma) que en abundancia se da en el
Nuevo Reino, y se usa en defecto y suplemento del té mismo, y la
llaman escobilla, y anda en opiniones si es ó no es el té legítimo.
Es la hoja del hayo lisa, remata en una sola puntica, y tiene un
verde hermoso, que tira á obscuro. Cuando está la cosecha del hayo
en sazón, van los Indios cortando con la uña del dedo pulgar las
hojas de una en una á raíz del palito en que nacen, y tendiéndolas
en una manta que tienen prevenida a este efecto, van recogiendo así
la cosecha, y despues la meten en unas vasijas de barro, esperando
que venga a comprarla los comerciantes de perlas con los guajiros,
u otras personas para su uso.
El comercio es continuo, porque es continuo el uso que de esta
yerba hacen los guajiros, mascándola día y noche, a todas horas. Y
son tan aficionados y habituados a ella, que dejarán primero de
buscar de comer, que de andar prevenidos y abastecidos del hayo.
Como el habituado al buen tabaco el polvo no puede estar sin caja,
así el indio guajiro sin la mochila de esta yerba. Tanta verdad es,
que la costumbre pasa a naturaleza. Sabiendo lo comerciantes esta
pasión de los guajiros por el hayo, van a estos pueblos del Molino
y Villanueva, y con lienzos, herramientas y otras cositas a que
tienen afición los Indios, les compran la hoja del hayo: con ésta
pasan al río de la Hacha, o a los pueblos y reducciones de los
guajiros ya cristianos, donde también acuden los bárbaros, y con
unos y otros hacen sus cambalaches, dando los guajiros tantas onzas
de perlas por tantos celemines de la hoja del hayo. Antiguamente no
dejaba de haber comercio de esta yerba también en lo interior del
Nuevo Reino, porque además del uso que de ella hacían las naciones
bárbaras, como ahora los guajiros, era muy buscado el hayo para el
pasto y sustento de los sacerdotes de los ídolos, que debían ser
muy templados y abstinentes, castos y retirados, de pocas palabras
y muy corto sueño. Y así lo más de la noche pasaban mascando el
hayo para no perder las fuerzas y conservar la fama de abstinentes,
necesaria entre aquellos bárbaros para ser tenidos por hombres
santos, y capaces de tratar con sus dioses ó diablos, á quienes
consultaban. Estos sacerdotes se llamaban
|xeques, y los
había singularmente en Bogotá, Guatavita y Sogamoso en el templo
famosísimo del Sol. Pero introducida la fe con la predicación, y
conservada con el dominio y gobierno de los españoles, derribados
los templos de los ídolos y extinguida la idolatría, cesaron los
sacerdotes falsos, los sacrificios y víctimas de sangre humana, y
con la barbarie dejaron los Indios el cultivo, el uso y el comercio
del hayo, y quedó éste solo entre los Indios guajiros
|(3)
, no solamente en los que se
conservan en la gentilidad, sino también en los que se han reducido
á nuestra cristiana religión. Con qué fruto, utilidad y ventajas,
lo diremos ahora.
|
|