DISCURSO
ULTIMO.
|
Del modo de establecerse en la
provincia de Santa Marta una compañía no exclusiva, para ventajas
grandes del reciproco comercio de Españacon el Nuevo Reino de
Granada
|§ I.
Quiero dar tal cual complemento, y la última mano á esta obrita,
con el presente dIscurso que formo, no para dar reglas de comercio,
que no es esa mi profesion, y sobran en España libros excelentes
que las expliquen, y talentos superiores que en la teórica y
práctica las entiendan mejor que yo. Vengo solo, como práctico de
aquellos paises, á dar luz del modo con que una compañía de
comercio pudiera establecerse en la provincia de Santa Marta, con
utilidad considerable de los comerciantes del Nuevo Reino y de la
monarquía, y al mismo tiempo, como con el dedo, mostrar los ramos
de comercio, que establecida la compañía pudiera sacar de aquella
provincia, y de las demás del reino, y por qué vias y conductos.
Pudiera componer otro libro de esta materia, pero me ha crecido
tanto el volúmen que no puedo hacer mas en este que insinuar lo
preciso para la comun utilidad. Todo lo digo en breve.
El modo es, poniendo factores de la compañía en tres partes ó
ciudades de la provincia, desde las cuales pudieran ellos separados
recoger los productos de ella, frutos y riquezas de otras. El
primero en el rio de la Hacha, ó en la ciudad del valle de Upar,
que para el efecto venia á ser lo mismo, y es país mas fresco. A
este tocaba (entiendo siempre, y en todo, por via legítima, y sin
daño ni opresion de pobres) recoger y abarcar los cacaos, los
tabacos, los azúcares y panelas, las perlas y el nácar, ó madre
perla, antes que pararan en manos de extranjeros: el palo del
Brasil, del valle de Upar, y otros valles inmediatos: los cueros de
tantas reses que se matan, y se mataran entonces mas, y por fin,
los oros que vienen de la Sierra Nevada, y se dejan ver, y se
manejan en aquellas poblaciones con alguna cautela. Y si se diera
forma de penetrar en aquellas Sierras hasta el cerro de Tairona, la
plata y piedras preciosas, cuyas minas es constante estaban
antiguamente, y deben de estar desde aquellos primeros tiempos
intactas, porque hasta ahora ninguno ha llegado á ellas. A mas de
eso, pudieran solicitar los algodones, las hamacas hermosísimas
labradas de los Guagiros, los bálsamos, gomas, aceites de palo, que
se pierden en aquellos montes ; pero sobre todo los bálsamos, bien
que son preciosos, y son los que se llaman del Perú, ó de tolú,
quisiera que el factor del rio de la Hacha pusiera la mira y empeño
en recoger unos sacos ó zurrones de las hojas del hayo para
mandarlas á España, y hacer probar el gusto y virtudes de esta
yerba á los Españoles, para que experimentados sus efectos
saludables y ciertos, que llevo insinuados en el discurso VI de la
primera parte, se introdujera el uso de esta yerba en nuestros
reinos, con universal provecho en la salud, y habituales achaques
de muchas personas, que con los tés y cafés extranjeros gimen en el
triste lecho de sus crónicas enfermedades. Y si, probada la virtud
de esta yerba, se abrazara el uso de ella en España, pudiera
entonces el factor del rio de la Hacha fomentar y promover en
aquellos valles dei Molino y Villanueva las sementeras y cultivo, y
habia un ramo mas de comercio nacional con ventajas de muchas
personas en la salud, con nuevo confortativo del natural vigor en
los artesanos, para trabajar sin sentir debilidad ni hambre, y con
otras comodidades universales del reino, entre las cuales no fuera
la menor la retencion de tanta plata, que con su café y té se
llevan los extranjeros. ¡Qué ramo de comercio tan ventajoso se ha
hecho el mate ó yerba del Paraguay en todo el Chile, Quito y Perú!
¿Qué plata no ha entrado en el Paraguay por esta yerba? ¿Pues cuán
interesante y rico género de comercio fuera el de la yerba del
hayo, siendo esta de virtudes tanto mas excelentes para conservar
la salud, y tan específica para dar sustento, vigor y fuerzas á
quien se afana constante en su tarea y corporal trabajo? Basta. En
todos estos ramos de comercio pudiera entender el factor del rio de
la Hacha, y en otros que el tiempo y climas enseñaran.
|§ II.
El otro factor debia fijarse en la ciudad de Tamalameque, la
cual está casi á la mitad del rio grande Magdalena, sobre, ó mas
arriba de la gran villa de comercio
|Mompox, á una jornada,
bajando por el rio. Allí recibia los géneros de Ocaña, algodones,
azúcares y panela, con otros que la práctica le mostrara: de allí,
dándose maña, y pasando á la otra banda del rio Magdalena, se metia
por las tierras y minas de oro de Simití, Guamacó, y provincia de
los Remedios, y recogia los oros que vienen de allá, y he visto yo.
Y á mas de estos oros, con alguna correspondencia que estableciera
con la docilisima y honrada gente de la provincia de Antioquia,
riquisima de corrientes minas de oro en polvo, y puntas, en las que
se hallan tambien diamantes, como dice el señor Piedraita con
otros, hacia venir por el rio Nare, ó el Cauca, que entran en el
Magdalena, los oros; oros que he visto yo tambien junto á
Tamalameque, y suelen por fin parar en manos de extranjeros por las
ocultas de los contrabandistas. A mas de eso podia abarcar los
cacaos de las orillas del Magdalena, del rio de la Miel, y del
Simañas, y otros. Y aunque, respecto del terreno, y dilatadas
márgenes del Magdalena, son pocas las haciendas de cacao, viendo
las gentes el próximo despacho, y fácil salida que tenia entonces
este grano, se acaloraban en fundar cacauales; y fuera entonces un
nuevo Potosí el rio de la Magdalena, y una inmensa delicia sus
márgenes desmontadas, y pobladas de los utilísimos árboles del
cacao. ¡Cuánto sirviera de fomento para el cacao en él solo rio
Magdalena la insinuada compañía! Y es menester aquí refrescar la
memoria de que el cacao del Magdalena es superior al de Caracas, y
tan excelente, que se manda por regalo particular á España, y hasta
dentro la misma córte echaba el olor de suavidad en algun tiempo,
porque se mandaba como grano exquisito á su majestad católica. A
más del cacao de la Magdalena, y de los otros que en él desaguan,
podia en ocho ó diez dias de viaje hacer venir los cacaos de
Cucuta, de Salazar de las Palmas, Cacota, y vecinos lugares hasta
Ocaña, á una jornada y media de Tamalameque; pues si hasta Popayan
y Quito se llevan con viaje de un mes, y mas todavía, ¿con cuánto
mas gusto lo llevara aquella gente á Ocaña? Y este es el cacao que
va á España con el nombre de Caracas, por ser de la misma bondad y
calidad.
Con los oros del Chocó, de las minas del Chaparral, del
Venadillo, y de los llanos de Neiba, por la villa de Honda, y rio
de la Magdalena, podian bajar á Tamalameque los marcos de plata
virgen de Mariquita, que está á cuatro leguas del rio Magdalena, y
los de las vetas de Pamplona por la via de Ocaña en ocho dias, y
las esmeraldas de Muzo, los rubíes, topacios, ametistos,
|y
otras piedras preciosas por el rio Opon, que desemboca en el
Magdalena, ó tambien por la via de Santa Fe. ¿Y qué diré de los
millares de arrobas de tabaco que fácilmente podian entrar en la
factoría de Tamalameque? Dejando aparte todo el que se consuma en
las varias haciendas y poblaciones del Magdalena, todo el sobrante
pudiera venir á manos del factor. ¿Y cuánto sobrara entonces,
teniendo la gente certidumbre del despacho en Tamalameque? Los que
ahora están dormidos en el letargo de la ociosidad, mano sobre
mano, se avivaran y animaran á plantar tabacales, y hubiera tabaco
para cargar naves enteras. Con estos dos géneros que se fomentaran
de cacao y tabaco, solamente en las márgenes del Magdalena,
prescindiendo de los trapiches de la caña dulce, y del innumerable
ganado, y multitud de caballos que pastean los amenos prados
fecundados de sus corrientes, y de las arenas de oro que arrastra,
me atrevo á decir que fuera el Magdalena el rio mas precioso y rico
del universo, y la compañía de que hablamos la mas acaudalada y
feliz de cuantas sulcan los mares, atendida la brevedad en la
navegacion, la abundancia de los géneros tan estimados, y la
facilidad de adquirirlos y transportarlos á España. Mas no solo los
tabacos de las orillas del Magdalena pudieran venir á la factoría
de Tamalameque, sino tambien los de la ciudad de San Juan, Giron,
de la villa de San Gil, y de la villa de San Cristóbal, tabacos los
mas suaves, preciosos y estimados de todo el reino. Mas arriba de
Tamalameque desembocan en el Magdalena dos rios grandes llamados
Cañaverales y Sogamoso, provenientes de la jurisdiccion de Giron, y
por ellos pudieran con facilidad venir los dichos tabacos, con
otros géneros que por la brevedad omito. Pero en bien de mi. amada
provincia de Velez, y ventaja mayor de nuestra ideada compañía, no
puedo pasar en silencio el ramo considerabilísimo de comercio que
de la provincia de Velez fecundísima podia adquirir el factor de la
compañía en Tamalameque. Es la provincia de Velez como la madre de
las mieles y azúcares del reino de Granada: en esta se abrió el
camino que llaman de Opon, en tiempo del excelentísimo señor virrey
don José Pizarro, para llevar con brevedad las harinas del reino á
Cartagena, y los azúcares tambien á las poblaciones del Magdalena,
si los de Velez quisieran. Este camino, en muchos años ya casi
desamparado por intraficable, lo rehizo y mandó poner corriente el
excelentísimo señor virrey frey don Pedro Mesía de la Cerda; y para
impedir la introduccion de harinas extranjeras en Cartagena, y en
toda la costa, tomó la empresa con tanto empeño, que ofreciéndose
la guerra con el Inglés, y el sitio de la Habana, temiéndose
invasion tambien en Cartagena, quiso su excelencia mismo bajar á
esta, como buen general, para dar sus providencias, y estar á la
defensa. Podia su excelencia bajar por el camino comun y trillado,
pero no; para dar mas calor á la compostura del camino, y animar
con su ejemplo á los demás á trillarlo, quiso tomar el rumbo por el
nuevo camino. Fué con sus capitanes fidelísimos Acates ambos el
señor don Felix de Sala, y el señor don Pedro de Escovedo, y con su
asesor el señor don Manuel Romero, en cuya ciencia, integridad y
prudencia, tenia y podia tener su excelencia toda su confianza, y
con la familia precisamente necesaria. Entró por Velez, pasó,
reconoció el nuevo camino con bastantes molestias y trabajo, salió
al rio y puerto de Opon, y por él volvió; y desde entonces quedó el
camino mas corriente y traficable que nunca. En la conduccion de
harinas habia sus dificultades, por la calidad del género, que
fácilmente con los intensos calores de temple cálido se gastan: mas
en la conduccion de los panes de azúcar no cabia esa dificultad ni
peligro, y así podian hasta Tamalameque, por el rio Opon, que entra
luego en el Magdalena, conducirse en gran copia las arrobas de
azúcar que se labran en toda la provincia de Velez, y aun en otras.
Y con este azúcar admirable de Velez, y con el de la jurisdiccion
de Ocaña, quedaba bien surtida de este precioso género la compañía.
Me he dilatado mas de lo que pensaba en la abertura del nuevo
camino para abrir tambien nuevos caminos, y dar mas individuales
luces á los factores para fomentar y acrecentar el comercio en este
y otros géneros con ventajas de la compañía, y de lo interior del
reino. Vamos al otro factor.
|§ III.
El factor principal, segun me parece, debia residir en Santa
Marta, ya para recibir inmediatamente los efectos é instrucciones
de España, ya para mandarlas á los otros dos, y tambien para cuidar
del transporte de los géneros americanos á los reinos de España. A
este debia el factor de Tamalameque mandar por el rio Magdalena los
ramos de comercio que por allá recogia; y tambien el factor del rio
de la Hacha pudiera mandar los respectivos por la costa, en una
balandra, con navegacion, en buen tiempo, de dos dias, si no se
tuviera por mas conveniente que pasara la nave de España á
cargarlos en el rio de la Hacha (aunque es costa bravísima, y allí
no hay absolutamente puerto inmediato á la ciudad) y sino á Bahía
Honda, no muy distante del rio de la Hacha, váyase por mar ó por
tierra toda llana, tierra de los Indios Guagiros. Este factor de
Santa Marta, á mas de dar las justas y acertadas providencias en
aquella provincia con los compañeros, y cautelar no se hicieran
vejaciones ni extorsiones á los hacendados, comerciantes, y pobre
gente del reino, y que no exasperaran á los pueblos, antes bien
procuraran hacer bien á todos, y conciliarse la benevolencia de
todos, podia entender en proveer el almacen general que debia haber
en Santa Marta, de otros géneros en aquella ciudad fáciles ó
posibles. Allí podia hacer cortar palo del Brasil, que está
inmediato á la misma ciudad, y otros leños preciosos de aquellos
montes, que están en los contornos de ella, y no son muy elevados.
Debia estar atento al tiempo de la pesca de las tortugas de
procurar la concha fina, llamada allá
|carey, antes que
cargaran con ella los extranjeros. Podia recoger los cueros que por
allá se pierden, los algodones, y aun cacao del bajo rio Grande,
desde la Barranca y dique que va hácia Cartagena y de los cacauales
que debieran fomentarse entre Santa Marta y rio de la Hacha, donde
á poca distancia de Santa Marta los he visto yo silvestres, y sin
cultivo alguno. Y si quisiera ser útilmente curioso indagador de
los frutos de la provincia, podia mandar reconocer los espesos
montes de bejucos que están sobre las sienegas llamadas de Santa
Marta, á seis leguas de distancia, y segun todas las señas (bien
que yo no la he visto) hallaria en gran copia la mejor vainilla de
bejuquillo, como efectivamente se encuentra, y con abundancia, en
los bejucales de los contornos de Maracaibo y su laguna, donde
reina el mismo clima que en Santa Marta. Y quizás en los muchos
tunales que hay al rededor de la ciudad de Santa Marta,
singularmente hácia el pueblo de Gaira, hallarla la cochinilla tan
famosa y apreciada, y sino de la provincia de Tunja podia venir por
el rio Opon al Magdalena. Ni tenia que fiarse de que en el país no
se trata de buscarla; porque yo he pasado por tunales de los cuales
hacia coger la cochinilla por curiosidad, y los del país no se
cuidaban, ni quizás sabian que tal hubiera. Por fin los informes de
los prácticos del país, la observacion de terrenos, y algun giro ó
breve excursion que hiciera hácia las sierras de donde recibieron
tantos cañoncitos llenos de oro, y otras primicias de los tesoros,
los primeros conquistadores, como dijimos en el discurso VIII de la
primera parte, le darian al factor de Santa Marta (y
respectivamente á los otros) nuevas y mayores luces para proveerse
de géneros y cosas raras y curiosas, que en España fueran muy
apreciadas. Dejo á parte las curiosidades de diversas yerbas y
frutos medicinales, como la casia, el salsafras, la quina, los
tamarindos abundantes en las márgenes del Magdalena, de animalitos
raros, de loros, periquitos, guacamayas, toches, turpiales, dios te
dé, majuelos, azulitos, pájaros todos hermosos; monos de varias
especies, tigres, pericos ligeros, armadillos, guardatinajas, y
otros tantos, que como los tafetanes, alfileres y cintas, sirven
para el surtimiento de un empleo, así estas galanterías de la
América sirvieran para surtir las naves de la compañía. No está
Magdalena para tafetanes, suelen decir; pero nuestro rio Magdalena
en sus orillas y vecinos montes está para surtir en abundancia de
semejantes curiosidades, que por lo menos tuvieran á las damas de
España en expectacion del arribo de las naves de Santa Marta.
Otros dos géneros se me han venido por la fantasía á la mente, y
porque no sé si tuvieran aprecio y salida en España, queria omitir
absolutamente; pero nada se pierde en decirlo
|prodesse potest,
obesse non
|potest. Los Ingleses no se alegrarán mucho
que se toque este punto, que es una de las teclas principales que
suena en sus órganos. Mas oigamos un poco como suena. Y los
inteligentes en este órgano del comercio, que tiene muchas y
delicadas teclas, darán su voto. ¿Por qué tanto pescado llamado
|bonito, y es el salmon, que la inagotable providencia del
Señor manda, sin cesar, todos los dias al puerto de Santa Marta, no
ha de ser comunicable á otros paises nuestros? Si cuanto abunda el
bacalao en Terra Nova, y las toninas ó atunes en otras partes,
abunda de bonitos el puerto de Santa Marta, en solo su corto,
quieto y pacífico recinto de una legua, ¿por qué se ha de
despreciar este, y el otro con tan largas navegaciones y trabajos
se ha de ir á buscar para venir en toneladas del norte á España? No
sé si acertaré á darme á entender cuanto deseo. El bonito de Santa
Marta, como ya dije en el discurso del puerto, es inagotable;
cuanto mas se pesca todos los dias, tanto mas entra en el puerto
para el dia siguiente. Es pescado riquísimo, se come fresco en
Santa Marta, y en escabeche se conserva en sus toneles ó barriles
como la tonina, y los otros pescados que para la cuaresma suelen
los extranjeros traer á España, para los que la observan como
buenos católicos. Hasta nuestros ayunos convierten ellos en propia
substancia: y sucede, aunque no segun la mente del santo, lo que
dijo san Leon:
|Fiat refectio pauperis abstinentia
jejunantis. ¿Pues por qué esta compañía, á lo menos para
prueba, no pudiera transportar á los barriles de este salmon? Si es
deseado y tan estimado en la córte del señor virrey de Santa Fe, y
es verdaderamente bocado regalado para las personas de buen gusto,
¿por qué no lo habia de ser en España para los que tienen delicado
paladar? Las personas nobles y virreyes, y obispos, y gobernadores,
que de España pasan á la América, ni pierden en ella el buen
paladar, ni dejan de volverse á España con el mismo que trajeron;
pues si en América les agrada tanto el salmon en escabeche, creo
que á ellos y á todos los de los reinos de España agradara tambien
si lo tuvieran á mano, y entre dos platos, corno dicen. Yo no digo
que pudiera abastecerse de ello toda España, mas por lo menos
algunos millares de barriles al cabo del año pudieran
transportarse, y todo eso mas quedaba en casa, sin molestar tanto á
los del norte para adquirir sus materias saladas y picantes. En
probarlo nada se perdiera.
§ IV.
|
Otra tecla hay que tocar aun, y esta concuerda con la del
bacalao. En el rio Magdalena, abundantísimo de toda suerte de peces
fluviales, hay una especie de pescado llamado
|bagre, y se
beneficia y sirve tal cual el bacalao. Hay bagre blanco, que es el
mejor, y bagre negro; uno y otro fresco es gustosísimo, y van por
el rio los navegantes y los Indios bogas, solícitos para coger
alguno que sirva á todos de cena. Es grande, y de buenas rodelas,
ni se ve casi bagre chiquito. Como no pueden gozarlo fresco las
ciudades y pueblos distantes del Magdalena, cuidan los habitantes
de sus orillas, porque les trae cuenta, de pescarlo á ciertos
tiempos del año: lo secan, y lo benefician de manera que queda tal
cual un bacalao, y lo llaman
|panche. Bien guisado es
sabroso, y en órden á la salud, si no es mejor, creo no será peor
que el bacalao, y sin duda beneficiado con mas industria y cuidado
fuera sin comparacion mejor. ¿Pues no pudiera el factor de la
compañía residente en Tamalameque probar de mandarlo á España á ver
como se recibia y agradaba á la gente, y si tenia salida, hacer mas
copiosa provision, y mandar siempre mas hasta desterrar todos los
abadejos forasteros, mas secos y salados que el panche? Con los
bagres podian ir los cachamas, pescado delicadísimo, y sobre otros
estimado, grande y gordo como el bagre, y que en vez de espinas
tiene costillas como de corderito, y de tan buen gusto, que aposta
todos los años, un cierto sugeto lo hacia traer de regalo para las
mesas mas principales y opíparas de Santa Fe. El factor de
Tamalameque, como que estaba sobre las orillas del Magdalena, y á
la mitad de su curso, podia hacer la prueba de estas y semejantes
cosas particulares de los rios, y de aquellas tierras, y por lo
menos se iluminaba mas la nacion, y unas cosas dan luz para hallar
otras, y
|facile est invenis addere. Con el mismo fin podia
tambien este factor solicitar las canelas, ya del Socorro, ya de
los Andaquíes que están hácia las cabeceras del rio, ya de la
provincia de Antioquia, per los rios Nare y Cauca, que entran en el
Magdalena, pues en esas provincias hay en abundancia, y pudieran en
España hombres peritos é industriosos, que no faltan, dar á la
canela el beneficio que por la ignorancia ó desidia de aquellas
gentes no se le da en aquellos paises. Y hay quien dice que el no
tener la canela del Nuevo Reino la suavidad de la asiática,
proviene solamente de que no se coge del árbol lo que se debiera,
ni á la sazon y tiempo en que los de Ceilan la recogen. Por lo
demás, es canela tan legítima como la de Ceilan ; y es natural que
estando Ceilan y las dichas provincias del Nuevo Reino á los mismos
grados de latititd, y bajo el mismo clima, produzca naturaleza los
mismos géneros, y en una y otra parte sean de la misma virtud y
calidades. Todo eso pudiera explorar á beneficio de la monarquía la
proyectada compañía. Añado mas, que entre los Indios sobredichos
Andaquíes, no solo hay canela del árbol así llamado; sino una flor
que parece, huele y tiene el sabor mismo de canela, y no es de
aquel árbol, sino de otro cierto palo que bota fuera esas flores
como sombreritos, y las llaman
|espigos, y sé quien acá aun
conserva una de esas por memoria, y temo no vaya á parar en algun
museo ó galería principesca. ¿Pues es posible que todas estas y
muchas mas maravillas fructuosas esten escondidas á la nacion, y se
malogren en los desiertos montes? Acabo con otra especie, dejando
otras, porque si no no se acabara esta compañía. En la mencionada
provincia de Antioquia se descubrió no hace muchos años cierta
frutilla casi comun y ordinaria en aquel país, y oigo que la hay en
otras provincias del Nuevo Reino, y quizás se hallará en los climas
mas cálidos de España. La llaman en Antioquia guardamenta, guaba, y
mas frecuentemente frutilla de paloma, porque la comen las
tórtolas y palomas. Esta frutilla es redondita, y puesta á hervir
en una caldera, echa de sí una materia jugosa, que se va
condensando en la superficie, como la espuma en la olla, como el
caldo de la caña en los fondos en que se hace la miel, y como la
misma cera de Europa cuando se meten al fuego los dulces panales de
la abeja madre. Del caldo, pues, ó jugo de tal frutilla, extracto y
condensado, se hacen los marquitos de cera, y déspués las velas
tales cuales las de la cera europea, y dan bella y clarísima luz,
solo que son mas quebradizas que nuestras velas, porque se quiebran
como si fueran de cristal. El excelentísimo señor bailío, y virrey
de Santa Fe, el señor Cerda, con el celo que lo animaba á promover
todo lo útil al reino y á la monarquía, hizo venir en velas ya
labradas esa cera nueva de Antioquia, y por su bondad y dignacion
me regaló un mazo de ellas para que en su nombre las consagrara,
como primicias de aquella especie combustiva é iluminante, á la
Madre y Reina Inmaculada, María Santísima, haciéndolas arder ante
su santa imágen. Si la fábrica de esa cera pudiera promoverse á
impulso é industria de esta compañía, hubiera un renglon mas de
comercio, y nueva especie de lucidas antorchas, que cuando no
sirvieran á los divinos altares y sacrificios, suplieran en humanos
obsequios sobre domésticos candeleros los espermas de ballena y
otros varios sebos. Y ya que vinieron á pegárseme á la pluma, sin
pensar, estos sebos, quiero dar luz á la compañía de otro renglon.
En la ciudad de Ocaña, inmediata á Tamalameque, se labran ciertas
velas de sebo, que en mi vida hubiera imaginado, ni he visto en
otra parte. Son velas grandes, blancas, hermosísimas, pero sin
pábilo ó pábulo de algodon, ni hilo de especie alguna. Arden
lindamente , y dan clarísima luz, pero su pábulo, en vez de
algodon, es de un junquito muy fino y delicado, y blanco de por sí;
no es fastidiosa su luz, ni se va en mocos como las otras velas,
solo que es menester despabilar mas frecuentemente que en las velas
de otro pábilo; pero en lo demás, no he visto ni usado jamás velas
de sebo que dieran mas clara y bella luz que estas de Ocaña. No es
este ramo de interés para el comercio; mas para dar luz algo podrá
servir. Y con esto acabo el asunto de factores, ramos de comercio,
vias y conductos diversos por donde pudieran estos adquirirse. La
general utilidad de las factorías y compañías no exclusivas, la
evidencian los rasgos de mejor pluma y las luces de mas elevada
comprensiva mente en los
|Discursos sobre la educacion popular de
los artesanos y su
|fomento; y los gravísimos daños de
las exclusivas nos los han manifestado sobrado las fatales
consecuencias que hemos visto en nuestros tiempos, y los clamores y
lamentos de las pobres gentes oprimidas de vejaciones injustas. Mas
este no es el asunto de mis discursos. Lo que por remate del
presente me falta es insinuar que gente de España pudiera animarse
á establecer esta compañía de Santa Marta, del Magdalena ó del
Nuevo Reino, llámese como se quisiere, para fomentar con el cultivo
de las tiernas, el reciproco comercio de aquellas provincias y las
de España.
|§ V.
Acuérdome que casi medio siglo hace ya, deseaba y clamaba con su
apostólico celo y evangélica sencillez el Gumilla, que
|viniera
al Nuevo Reino de Granada, para su
|fomento, gente y
familias, ó de las Canarias, ó de los reinos de Galicia, ó del
principado de Cataluña: porque, decia, es lástima que siendo
todo el Nuevo Reino un Dorado, y tan rico que él solo puede dar de
sí mas riquezas y tesoros que los otros dos juntos, no haya gente
que extraiga de sus entrañas los metales, trabajando en las minas,
las piedras preciosas, rompiendo sus canteras, y tantos y tan
apreciables frutos, cultivando sus tierras, capaces, debajo de
diversos climas, de rendir los frutos correspondientes á todos. Yo
no me meto en señalar gentes, porque no es de mi inspeccion, y es
cosa odiosa por otra parte: gracias al Señor que nunca ha
predominado en mí el espíritu de partido. Para mi
|omnes terra,
nulla terra. Con todo, quiero, para el bien público, referir lo
pasado, y dejar á la mas alta providencia las disposiciones en lo
futuro.
Cuando yo pasé al Nuevo Reino á fines del año 49 del corriente,
no solo se trató con calor, juntamente con la conquista de los
Indios Guagiros, de establecerse en Barcelona una compañía, sino
que se dió por formada y corriente, y se llamaba
|la cornpañia de
catalanes de Santa Marta. El establecimiento se daba ya por tan
cierto y seguro en Cadiz, y en toda España, que nosotros los
misioneros, llamados tambien de Santa Marta, que tuvimos el honor
de partir de Cadiz con el excelentísimo señor virrey de Santa Fe
Pizarro, que venia de Madrid con esta noticia, y el señor don
Ignacio de Sala, gobernador de Cartagena, creimos que tras de
nosotros venia dentro pocos meses ya alguna nave de la nombrada
compañía. Como me tocó la suerte á mí de ir á la provincia de Santa
Marta, di á aquellas gentes la noticia, que fué para todos
plausibilísima; y llenos de gozo, daban gracias al Señor de que
viniera alguno á fomentar su olvidada provincia. En esperanzas se
pasó el tiempo, y no pareció barco ni compañía. Súpose después,
que, no sé por cual adverso accidente, se habia desvanecido toda la
máquina, y que mis paisanos se habian ido en compañía formada á
lejas tierras y á Buenos Aires á buscar cueros, y á tal cual isla á
proveerse de azúcares, tabacos, y alguna otra especie, que viene á
ser como desperdicios del Nuevo Reino, y de la provincia de Santa
Marta. Si les va bien, y les trae mas cuenta tal navegacion y
comercio, ellos lo sabrán. Mas sea de eso lo que fuere, digo, y lo
digo francamente, para luz de cualquiera gente y provincia de
España, que ninguna compañía de cuantas hay presentemente, y ha
habido en otros tiempos en la monarquía, fuera mas rica ni mas
constantemente proveida de los ramos de comercio mas apreciables,
que la del Nuevo Reino establecida en Santa Marta. Solo el rio
Magdalena es capaz de dar tanto caudal de plata cuanto lleva de
agua. Puede ser un rio perenne de riquezas, y una mina inagotable
de plata para el comercio. Dice solidísímamente el ilustrísimo
señor conde de Campomanes, que las minas mas ricas, seguras é
inagotables, son los terrenos bien cultivados. Bien sembradas y
cultivadas las orillas del Magdalena, á lo menos pon trescientas
leguas de su curso, y de una y otra banda, son capaces de
enriquecer reinos enteros, abasteciendo compañías diversas. Añádase
á esto el oro, la plata de las provincias que baña el mismo
Magdalena, y de otras muchas que le mandan tantos rios, la
facilidad de adquirir por sus corrientes las piedras preciosas, los
azúcares, cacaos, y otros ya mencionados géneros de lo interior del
reino. Los cueros innumerables que por él pudieran bajar de los
llanos de Neiva, y del Llano Grande, y de Ibagué con todos los
demás ramos de comercio, que hemos mostrado de la provincia de
Santa Marta en la primera parte, y váyase calculando si los
intereses ó géneros que otras compañías transportan de la América á
los reinos de España, son tantos y tan preciosos como los que la
compañía de Santa Marta pudiera fácilmente recoger y sacar de la
misma provincia del rio Magdalena, que á ella pertenece por mas de
setenta leguas, y del Nuevo Reino, cuyas riquezas inmensas,
escondidas ó suprimidas en el silencio y ociosidad, no han merecido
hasta ahora una compañía de los reinos de España, que se fije
constantemente en una de sus provincias, para disfrutarlas, y
participarlas todas á la monarquía. Si tuviera, como desea, la
provincia de Santa Marta la suerte de ser escogida entre otras
muchas, para asiento de una noble solícita compañía, y de lograr el
cultivo y fomento de industriosas manos, entonces, como el valor de
la perla se descubre abierta la concha, se manifestara la belleza,
las riquezas y tesoros de la provincia, y pareciera á todas luces
hermosa, y digna de que hallada tan preciosa perla, dieran los
comerciantes de España por ella cuanto pudieran para adquirirla, y
tuvieran por bien empleados y recompensados con indecibles ventajas
los afanes en buscarla, y solicitud para hallarla, y gozar de
ella.
Hasta aquí llegaron mis discursos dirigidos á descubrir esta
perla, y provincia de las perlas. Me impelió á ella el haber visto
que la desfrutan los extranjeros, y los Españoles comerciantes la
tienen en olvido. El amor que cobré á aquella gente tan buena,
dócil, y afable con los forasteros, el deseo de la reducion de
aquellas tres bárbaras naciones que la infestan, la solicitud muy
natural y debida por el bien de la monarquía, y por el fomento del
comercio nacional, me dieron el último impulso para descubrir las
riquezas, fecundidad y amenidades de una provincia que no piensa se
acuerde de ella quien tan á los ojos agradecido la tiene para
favorecerla. Aquel Señor que suele llevar las flores de los buenos
deseos al colmo de sazonados frutos, prospere los que yo tengo de
fomentarla, y librarla de sus bárbaros enemigos, que todavía la
oprimen. Lo que no pude lograr estando en ella, y en el Nuevo
Reino, puede ser que siendo esta obrita del agrado de mi soberano y
gusto de la nacion, lo consiga con estos cortos rasgos que dejo á
la posteridad á mayor gloria del Señor, y obsequio á mi monarca,
que el Señor dilatados años conserve, para su honor y bien de la
monarquía.