DISCURSO
III.
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Del astillero ó arsenal que pudiera
establecerse en el puerto de Santa Marta para fabricar naves
|§ I.
Acordándome varias veces, y con gusto, de los deliciosos y
amenos montes de la provincia de Santa Marta, se me ha ofrecido al
pensamiento de que pudiera haber en Santa Marta un arsenal
bellísimo. Hago memoria que atravesando aquellos montes, con mucha
comitiva de hombres juiciosos y de Españoles ejercitados en el
servicio de su real majestad por mar y por tierra, decia el uno:
¡Qué palos de navío se pierden en estos montes! Otro: ¡Qué lindo
árbol mayor de navío saliera de aquel árbol! Otro: ¡Qué bellos
cedros para fabricar bastimentos hay en estos montes! Y así otros,
dilatando la vista con recreo, por ha espesura del bosque, y
alzando los ojos á las elevadas cumbres de tantos y tan hermosos
árboles, se desahogaban en semejantes expresiones. Confieso que yo
tambien correspondia lamentándome que en el monte se malograran
árboles que merecian mas ventajoso destino. Con estos agradables
objetos que tenia á la vista, entraban y se revolvian en la
fantasía varias especies, ya del astillero de la Habana, ya del
otro tan celebrado en España del Ferrol, ya del famoso arsenal de
Cartagena de Levante, ya de las Atarazanas de Barcelona, donde en
otro tiempo habia visto fabricar diferentes; y con estás memorias,
se me excitaban deseos, y luego pensamientos, del modo y comodidad
que habia en Santa Marta para formarse astillero. Ahora que me ha
venido á las manos tan oportuna ocasion, me ha parecido ser útil al
bien público insinuar lo que entonces concebí y retengo en la
memoria. Vaya pues este breve discurso del astillero de Santa
Marta, que pocos rasgos se necesitan para formar el diseño.
|§ II.
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El sitio no puede ser mejor para la comodidad de los calafates,
y facilidad de adquirir buenas maderas, y lo demás que para
construir un navío se requiere. En la manga ó ensenada que debajo
del fuerte de Betin hace el puerto, allí pudiera establecerse la
fábrica, lugar retirado y quieto; y al mismo tiempo vecino á la
ciudad, á la lengua misma del agua, á la falda del monte, á bella
proporcion para el acarreo por mar, por tierra y por rio, de todo
lo necesario. Para la mantencion de oficiales estaba á mano el
pescado
|Bonito, sabroso y grande, las carnes de novillo
gordo y bien cebado, cuantas se quisieran; y si se fomentaran las
sementeras de trigo, como ya llevo dicho, las harinas para buen pan
fueran abundantes; si no, por el rio Magdalena le venian en pocos
dias del puerto de Opon, sin que los extranjeros debieran de hacer
el gasto, como ahora en toda la costa. En fin, cuanto presta la
Habana pudiera suministrar Santa Marta en aquel sitio. Y este es el
que Herrera llama
|Caldera en que se daba carena á los
navíos, y otro autor francés en su vastísima Enciclopedia tambien
afirma que se remendaban y acomodaban las naves, que viene á ser lo
mismo. Y si es lugar á propósito para dar carena y renovar las
naves, tambien ha de ser apto para fabricarlas nuevas, si por otra
parte no falta lo necesario para la fábrica, singularmente maderas
buenas. Ahora vamos á estas. Primeramente, como la ciudad de Santa
Marta está situada á la orilla del mar, y á la falda de los montes,
de estos pudiera fácilmente acarrearse la madera necesaria para la
construccion de los bastimentos. Por otra parte, están á las
inmediaciones de la ciudad las Sienegas circuidas todas de montes
espesísimos, poblados de los excelentes árboles que produce la
tierra en aquel clima; y al fin de las Sienegas corre y desemboca
al mar el rio Magdalena pocas leguas tambien de la ciudad. Ahora
los árboles que se dan en aquellos montes de tierras calientes, y
la abundancia estupenda de maderas exquisitas, que en ambas
márgenes del Magdalena se crian, lo saben todos los prácticos de
aquellos paises, lo ven y tocan los pasajeros y navegantes, y lo
han dicho ya los historiadores de la América. Cedros altísimos,
nogales, biomatas, naranjillos ó amarillos, granadillos, caobas, y
otros semejantes, aptísimos, no solo para barcos, sino para otras
labores, son leños ordinarios de aquellos montes y bosques
dilatadísimos. Tantas canoas que suben y bajan, grandes y pequeñas,
y algunas de una sola pieza, ó de un solo tronco de cedro vaciado y
desvastado del medio, los botes nuevamente introducidos para entrar
de Cartagena por el mar en las bocas del Magdalena, y subirlo hasta
Honda, todos son fábricas de leños que suministran aquellos
bosques. Y así no es de extrañar que, como leemos en las historias,
ya los primeros conquistadores fabricaran en la costa de Santa
Marta bergantines y otros buques para sus empresas. No quiero
omitir que entre todos los árboles que para árbol mayor de navío me
parecieran mas á propósito, es uno que llaman guacamayo: árbol
hermosísimo, de una altura desmedida, recto hasta la cumbre, y tan
liso y pulido, aun en su corteza, que de lejos parece realmente
palo mayor de navío , ya desvastado y labrado.
Para la conduccion de las maderas, hay tal comodidad por tierra,
por tantos nos navegables que entre Santa Marta y rio de la Hacha
entran en el mar, y por las Sienegas y rio Magdalena, que dudo haya
otro sitio mas á propósito que el puerto de Santa Marta para
obtener la provision abundantísima de maderas para un astillero
admirable. El fin que siempre se ha de mirar en todo
establecimiento y en todas las empresas fuera el promover con estas
fábricas los adelantamientos de aquella ciudad y provincia de Santa
Marta, dar que trabajar á tanta gente ociosa en servicio de su
majestad, y comun utilidad de la monarquía. No sé que en toda la
costa de Tierra Firme haya astillero alguno, ni suena otro en toda
la América meridional. Paréceme, que como de la Habana y
septentrional América, salen tan hermosos y magníficos navíos á los
órdenes de su majestad, fuera tambien gloria de la costa de Tierra
Firme, singular honor de Santa Marta, servir á su majestad católica
con sus maderas para fabricar buques, con sus algodones para dar
cumplidísimas velas á las naves que en su puerto se fabricaran.
Tanto me ha parecido útil decir, atendiendo al comun bien de la
corona, del comercio, y provincia de Santa Marta.