DISCURSO
II.
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Por qué las flotas dejaron de ir á
Santa Marta, y por qué no van ahora les naves del comercio de
España
§ I.
Si es tan bueno el puerto de Santa Marta como dijimos con
Herrera, y dicen todos los historiadores y geógrafos nacionales y
extranjeros, ¿por qué las flotas lo dejaron, y se fueron á
Cartagena? ¿Y por qué no van á dar fondo en él ahora por lo menos
los navíos particulares que van de España para proveer de géneros
el Nuevo Reino, sino que van á descargar en el puerto de Cartagena?
De la cabal respuesta á estas dos preguntas, pueden resultar
notabilísimas ventajas al comercio y monarquía, y con ese deseo y
fin vengo á satisfacer á quien discreto pregunta. A la primera
respondo, que se mudaron á Cartagena las flotas, porque el tiempo
ya casi fijo y sabido de la llegada de las flotas, eran dias como
de feria general, no solo del Nuevo Reino, sino de Quito y del
Perú; y venian los Peruanos y Quiteños por el mar del Sur, de
Guayaquil á Panamá y Porto Velo cargados de pesos duros y doblones
á proveerse de las mercaderías que querian llevarse á sus paises; y
aunque algunos venian tambien por tierra, singularmente los de
Quito, siguiendo desde la Plata el curso del rio Magdalena, la
mayor parte de los caudales de los Limeños venian á la feria por la
parte de Panamá. Solo los de Santa Fe, y del Nuevo Reino, eran
excusados de tan larga vuelta, porque embarcándose en el Magdalena,
llegaban en breves dias al puerto donde la flota esperaba el
concurso de comerciantes. Para los de Santa Fe era indiferente, y
casi lo mismo, que la flota estuviera en Santa Marta ó en
Cartagena, bien que les venia mas cómodo y breve el transporte á
Santa Marta. Mas á los del Perú y Quito que iban por la via de
Panamá, les estaba mejor que la feria se celebrara en Cartagena;
porque siendo esta mas vecina de Porto Velo, llegaban mas presto, y
tambien porque ahorraban el peligro en doblar una punta que hay
entre Cartagena y Santa Marta. Como habia entre los Quiteños y
Limeños singularmente caballeros poderosos y hombres de fuertes
caudales, obtuvieron de la córte que para mayor comodidad y alivio
del comercio peruano fueran á dar fondo las flotas en el puerto de
Cartagena. Y por esto, á lo que he podido rastrear, se fué dejando
el puerto de Santa Marta; no porque sea mejor el de Cartagena para
los navíos, ni de mayor conveniencia absolutamente para el comercio
del Nuevo Reino. Por fin, hace ya muchos años que se acabaron en
Santa Marta y en Cartagena las flotas y galeones, y ha parado todo
en que de cuando en cuando, dos ó tres veces al año, llega algun
navío á Cartagena para proveer las provincias del Nuevo Reino y del
Quito.
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|§ II.
¿Pues por qué estos navíos particulares de comercio no van á dar
fondo en Santa Marta? A este por qué vayan pensando á satisfacer
los señores comerciantes, mientras yo les voy abriendo camino para
una cabal respuesta. Por razon del puerto no puede ser, porque el
de Santa Marta es mas vecino á España, mas á mano, y se avista
regularmente primero que el de Cartagena. No tiene, como dice
Herrera, bajos ni arrecifes, ni ha menester práctico para la
entrada, ni se experimentan en él torbellinos y terribles
huracanes, como en otros. Es de fondo grandsimo, seguro, y
tranquilo como una balsa de aceite. ¿Pues cómo así se desprecia? ¿
Será por la mayor dificultad en conducir los fardos y caldos desde
Santa Marta hasta Mompox, Honda y Santa Fe, que desde Cartagena?
Quien eso dijere no se muestra práctico, ni de la ciudad, ni de la
provincia de Santa Marta. Con la tercera parte de! tiempo, de la
plata, de la paciencia en las molestias, é incomodidades que los
pobres mercaderes han de emplear indispensablemente en el viaje
para las dichas, y otras ciudades y villas desde Cartagena (vayan
por mar ó por el Dique á entrar en el rio Magdalena), puede uno
desde Santa Marta con toda su factura ponerse en tales lugares.
¿Cómo puede ser eso? De Santa Marta, en cinco dias cuando mas, está
en Mompox; en siete, en Tamalameque y de Cartagena á Mompox gastará
mas de quince dias, y hasta Tamalameque veinte. Y no subo mas,
porque de allí adelante la navegacion es comun á todos. Yo quisiera
que probaran dos jóvenes mercaderes recien llegados de España, uno
á Cartagena, otro á Santa Marta, ambos con su buen empleo; y que el
uno con sus fardos saliera de Cartagena por el Dique, ó por mar, y
bocas del Magdalena; el otro al mismo tiempo de Santa Marta, por la
via y parajes que luego diré, y se viera entonces la diferencia de
viaje á viaje, y de camino á camino. Digo sin tropezar, que el de
Santa Marta llegara al puerto de Tamalameque quince ó veinte dias
antes que el otro salido de Cartagena; y así respectivamente al
puerto último de Opon, ó de Honda, y después á Santa Fe. ¿Y con qué
diversidad en las molestias y trabajos del camino? Saben los
mercaderes, y gente práctica de aquel país, cuánto se padece desde
Cartagena hasta llegar al puerto do la
|Barranca, váyase por
el Dique, váyase por el mar á coger la boca del Magdalena y para
subir por él hasta Mompox y Tamalameque, contra su mayor corriente.
Al contrario, el camino de Santa Marta hasta Tamalameque fuera
camino de flores, como suele decirse, llano, ameno y divertido, ya
gozando de la deseable sombra de los montecitos, ya de la amenidad
de los prados, ya de la variedad de animales que se apacientan en
los verdes prados de las haciendas que se ofrecen á la vista; en
suma, fuera una delicia el viaje, cuando por la via comun de
Cartagena es un purgatorio en este mundo, como parece á todos los
que sienten tales trabajos. Pero vamos á ver ¿por dónde se
emprendiera ese viaje desde Santa Marta á Tamalameque (lo mismo
digo para llegar á ponerse á la vista, y en frente de Mompox, que
está á la otra banda del rio) que
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saliera tan breve, tan
ameno y delicioso? Desde la ciudad de Santa Marta, por el pueblo de
la Guaira inmediato, tirando recto siempre entre las sierras y rio
de la Magdalena, y entre la ciudad de Tenerife, y bosques que van á
terminar hácia Pueblo Nuevo, en cuatro jornadas se iba á salir mas
arriba de Mompox, á la boca y puerto del rio Cesare, que allí se
une con el Magdalena en el Banco; y sino, descabezando la Sierra
Nevada, y atravesando el Cesare, se salia á los llanos de
Chiriguaná, pueblo que dista (como tambien el Banco con poca
diferencia) jornada y media de Tamalameque, y vé aquí que en pocas
jornadas se hallaba uno con la mitad ó mas de la navegacion hecha
cómodamente, y con poco gasto. Si los Chimilas se pacificaran del
modo que ya llevo insinuado, no habia entonces dificultad alguna en
este camino: fuera camino real, traficado de todos, utilísimo, como
ya se ve, al comercio general de la provincia con otras. Pero
estando como está ahora esa nacion, indómita y temible, y el paso
por sus tierras arriesgado y expuesto á sus emboscadas, ¿cómo se
emprendiera ese viaje? Se emprendiera con cuatro hombres armados de
trabuco y pistolas, y armando así tambien á los arrieros, y no
habia que temer á Chimila alguno. No digo yo esto sin saber cómo y
por qué lo digo. En cierta parte de la provincia habia varios
Españoles contrabandistas, gente de brio y de negocio; y como Pedro
por su casa se metian y atravesaban por las tierras de los Chimilas
hasta Mompox, y orillas del Magdalena, sin desgracia alguna. Con
sus trabucos y esmeriles acompañaban las cargas de sus géneros, y á
nadie temian. En otro sitio, y á la boca de los montes de los
Chimilas, se nos apareció otra, corta en número, pero valiente
cuadrilla de Españoles tambien, los cuales, bien prevenidos de
armas, iban escoltando sus cargas que iban por delante. Hablé con
ellos, y especialmente con el principal, en lengua que solos los
dos entendíamos; y por abreviar, entendí de él, que muy sereno y
tranquilo se ejercitaba en este oficio clandestino, y que ni tenia
miedo á los Chimilas, ni estos le ofendian: ni me hizo mencion de
haberle sucedido con ellos el menor lance. Concluyó con decir que
en cuatro dias se ponia desde el rio de la Hacha en Mompox, de
quien mucho mas vecina está Santa Marta que el rio de la Hacha.
Traje estos dos ejemplitos, no para la imitacion en el ejercicio,
sino para obviar las dificultades y peligros del camino, y para
mostrar que el dejar de aportar á Santa Marta las naves mercantiles
de España, no es por defecto del puerto, ni porque á los
comerciantes no les estuviera mas á cuenta el transporte de sus
mercaderías al reino desde el puerto de Santa Marta que desde
Cartagena. ¿Pues por qué van á Cartagena, y dejan de ir
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á
Santa Marta los navíos de España?
§ III.
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No veo otra respuesta que puedan dar los comerciantes, sino
porque ya se ha entablado el ir á Cartagena. porque allí hay
comerciantes ricos, y caudales fuertes; y finalmente, porque las
correspondencias del comercio de España son con los señores de
Cartagena, ciudad ahora mas poblada y rica de cuando las flotas
iban á Santa Marta. Y esa es la verdad, y esa es la razon de
haberse despoblado y empobrecido Santa Marta, como dice Herrera. El
haberse quitado de Santa Marta las flotas ha sido la causa de su
despoblacion y pobreza, la ruina de toda la provincia, y el motivo
principal, quizás, de no estar ella pacificada, y libre enteramente
de los Indios bárbaros que la tienen intraficable. Al paso que
decreció Santa Marta, creció Cartagena. Yo no me opongo á los
adelantamientos de Cartagena, ciudad que debo apreciar, y estimo
por muchos respetos; mas duélome de la ciudad y provincia de Santa
Marta, tan abandonada del comercio. Que vayan ó no vayan flotas
como antes á la América, no es de mi inspeccion. Hay. quien sobre
esa providencia desde su consejo vela, y sabe mas que los
particulares. Pero digo, que si sin perjuicio de Cartagena viniera
al puerto de Santa Marta tambien alguna nave de comercio, se
poblara mas la ciudad, se fomentara la provincia, se facilitara mas
la conquista de los Indios, y tuviera en ello muchas ventajas y
comodidades el comercio. El amor que tengo á esta provincia y á la
nacion me transporta á tratar de medios y modos de fomentar el
comercio que nunca he estudiado. Vamos á otro importante
asunto.