DISCURSO
XV
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Del apostólico celo de los
ilustrísimos señores obispos de Santa Marta en promover la reducion
de los Guagiros
|§ I.
Antes de manifestar las justas y sabias providencias emanadas de
la piedad de nuestros Católicos Monarcas á favor de la nacion
guagira, y de otras bárbaras naciones de la provincia de Santa
Marta, quiero hablar del apostólico celo que los ilustrísimos
señores obispos han mostrado en promover el mayor bien espiritual y
temporal de la misma nacion de los Guagiros. Mas porque yo ni hago
estudio ni tengo empeño en trasladar ni repetir lo que otros han
escrito, me ciño y reduzco mi discurso en decir lo que han hecho á
este propósito los señores obispos del corriente siglo.
El primero es el ilustrísimo señor Monroy, verdadero religioso,
honor y lustre del real órden de Nuestra Señora de la Merced, Este
gran prelado, bien ajeno de la ambicion dominante en muchos á
quienes toca una pobre y mal arropada esposa, se contentó con la
primera de Santa Marta, la retuvo, y apacentó por cuarenta años sin
abandonarla, hasta que en ella dejó la vida. Mercenario en la
profesion religiosa, no fué entre las ovejas de su diócesis pastor
mercenario que huyendo deja tragar las ovejas al lobo: fué buen
pastor, que se metió él mismo entre los lobos á recoger y poner en
salvo las ovejas descarriadas. No se contentó este prelado con
procurar por medio de otros ministros evangélicos la reducion de
los Guagiros; él mismo en persona quiso ir á pacificar esta nacion,
y á traerla al redil de Cristo Nuestro Señor. Lleno de buenos
pensamientos, y animado su pecho de un santo celo, entróse el señor
Monroy en las tierras de estos Indios, llevando consigo gran
provision de atractivos para endulzar y ganar los ánimos de los
Guagiros: dádivas quebrantan peñas, pero no conquistan Indios.
Mientras duró la reparticion de las telas, cuchillos, espejos y
semejantes alhajillas, le anduvieron siempre al rededor los Indios
con ademanes de rendimiento, de obsequio y cariño. Acabados los
dones, se acabó todo: se rieron del buen prelado, se retiraron, se
huyeron, y lo dejaron burlado: tal es el genio de los Indios. Tuvo
que volverse á Santa Marta su ilustrísima penetrado de lástima y
sentimiento, dejando como los ángeles en otro tiempo á Babilonia
sin curarla. Volvió á Santa Marta, y entre las aflicciones y afanes
de su pastoral ministerio, allí acabó su vida dejando suavísima
memoria de sus virtudes á toda la diócesis, y á sus sucesores
ilustre ejemplo de su celo apostólico.
§ II.
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Entró después obispo de Santa Marta el señor don José Nieto Polo
del Aguila, canónigo de la catedral de Quito, sucesor dígnísimo de
tal antecesor en el celo pastoral del mayor bien de su grey, y de
la pacificacion y reducion de las naciones bárbaras, y
singularmente de la guagira. Este señor obispo, sabiendo lo que
habia pasado al señor Monroy con los Guagiros, tomó otra via, y
puso mas eficaces medios para reducirlos. Dada la vuelta á la
provincia con su pastoral visita, habiéndose bien informado de los
padres capuchinos misioneros de los Guagiros sobre las insolencias,
sobre el pernicioso comercio con los extranjeros, y de todo el
estado y circunstancias de tal nacion, formó su breve, pero muy
expresivo memorial para mandar á la córte, rogando, al fin, á la
católica majestad se dignara mandar algunos misioneros, ya
sacerdotes, que con tropa correspondiente de soldados armados, que
les sirvieran de segura escolta, entraran desde luego en la
conquista de los Guagiros. Mas para que tuviera la representacion
mayor fuerza, la mandó á su excelencia el señor don Sebastian de
Eslava, virrey de Santa Fe, residente todavía en la vecina ciudad
de Cartagena, suplicándole que se dignara su excelencia de
acompañarla con su particular informe de la verdad sobre el estado
de la nacion guagira, y de la necesidad que habia de nuevos
operarios, y de acelerar la conquista de tales Indios. El señor
Eslava estaba tan individualmente informado del estado de los
Guagiros, y deseaba con tantas ansias su reducion como el señor
obispo, con quien comunicados á boca, y por cartas, los consejos,
iba de acuerdo en punto tan interesante á la religion y á la real
corona. Con eso, luego formó un informe plenísimo, y con el
memorial de su ilustrísima lo mandó á la majestad católica del
señor don Fernando VI, esperando seguramente de su real notoria
piedad el resulto favorable. No fueron vanas las esperanzas del
señor virrey y del señor obispo: oidos los clamores de entrambos,
dió su majestad oportunas providencias, como veremos en el
siguiente discurso. Mas como á la nave, que engolfada en alta mar,
va sulcando con favorable viento las ondas, se le vuelve contrario
el viento, y la obliga á mudar de rumbo, así sucedió con este
proyecto representado por los dos príncipes á favor de aquellos
Indios. Mudáronse los vientos, no sé cómo, ni por qué; y el
proyecto que, digámoslo así, iba, al impulso propicio de la real
piedad, viento en popa con los misioneros, que ya en la preciosa
nave
|Margarita rompian velozmente las olas para llegar á la
conquista de los Guagiros, perdio su rumbo, y soplando vientos
contrarios, se estrelló no sé en qué escollos, que después quizás
descubriremos. Entretanto quiero, en testimonio de la verdad,
insinuar que la representacion arriba dicha del señor Polo, é
información del señor Eslava, fueron á la córte por los años de 48,
poco mas o menos, como puede verse en la correspondiente
secretaría; tan seguro es lo que llevo referido.
Mientras que su majestad católica mandaba las oportunas
providencias para la dicha conquista en el año de 1749, pasó el
señor Polo al obispado de Quito su patria, y fué nombrado obispo de
Santa Marta el señor don José Javier de Arauz, canónigo tambien de
la catedral de Quito, fecunda madre de muchos é insignes obispos; y
como antes habia sido compañero de coro con el señor Polo, ahora le
fué sucesor en el obispado, y en el celo pastoral de sus ovejas,
como luego mostró, promoviendo los designios y proyectos
representados á la córte por su antecesor, y por el señor Eslava,
con quien se abocó en Cartagena, y de quien recibió las luces y
justas informaciones para llevar adelante la gloriosa empresa de
conquistar los Guagiros y Chimilas: mas como las reales
disposiciones para esta conquista fueron anteriores al arribo del
señor Arauz á Santa Marta, el amor que tengo á la claridad y
limpieza en proponer las cosas, y seguir el asunto, me obliga á
posponer las diligencias que practicó este prelado, y á exponer
primero las eficaces providencias que dió la real piedad á fin de
lograr la conquista. Tan eficaz andaba la solicitud del monarca á
favor de aquellos Indios, que secundando los deseos de un virrey
que terminaba su gobierno, y de un obispo que ya dejaba la sede de
Santa Marta, prevenia las intenciones y celo de un nuevo virrey que
su majestad mandaba, y de un obispo nuevo que todavía no habia
llegado á su diócesis.