DISCURSO
XIII
|
Del numero y moda de vestir de los
Guagiros
|§ I.
No acabo de entender como el ilustrísimo señor Piedraita observa
en su historia tanto silencio sobre esta nacion. Escribió la
historia de las conquistas del Nuevo Reino, y difusamente la de las
naciones de la provincia de Santa Marta, con los monumentos mas
auténticos, y
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crónicas ó historias mas exactas de Herrera,
de Castellanos, del mismo Quesada, conquistador del reino, y otros;
y nada dice de las batallas, de la conquista, de las costumbres,
del número de los Guagiros, ni he podido hallar mas en su libro
acerca de esta nacion, sino que Pedro Badillo pasó con su gente y
repartió cierta presa de oro
|en los llanos, de Orinoco, poblados
de los Guagiros. Por eso creo que nunca se les presentó
batalla, ni se hizo entrada formal en sus tierras para
conquistarlos; y así se han quedado en su libertad y barbarie, y
aun por esa razon se mantuvo esta nacion numerosísima por muchos
años. Voy á decir de ella lo que he averiguado. Segun las
informaciones que me dió el hermano del cacique, antiguamente era
crecidísimo el número de los Guagiros;
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y cuando se fundó la
ciudad del rio de la Hacha, llegaban á setenta mil: y me añadió el
anciano eclesiástico y sacerdote (hermano solamente de madre con el
dicho cacique) que ahora apenas llegarian á ser de diez y seis á
veinte mil los que habia. Tal decadencia de la nacion puede haber
provenido, ó de las pestes que les hayan introducido los
extranjeros, ó de las muchas guerras que han tenido con los Cocinas
sus vecinos. Lo que yo juzgo es, que antes era la nacion mas
numerosa de toda la provincia, aun estando en su pié la de los
Taironas; y presentemente ella, y la de los Motilones, son las
numerosas de todo el Nuevo Reino.
|§ II.
El modo de vestir de los Guagiros es curioso, y diverso del que
usan las otras naciones del Nuevo Reino, tanto las de tierra fria
como de paises cálidos. Supongo que entre ellos, y dentro de sus
tierras los que no están reducidos andarán como nuestros primeros
padres en el Paraíso recien criados; mas cuando se dejan ver en
público, y comparecen en la ciudad del rio de la Hacha, todos,
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varones y mujeres, van cubiertos y vestidos. Las mujeres van
pobre y humildemente vestidas, con una manta de algodon cosida á
manera de saya ó basquiña, porque ellos no permiten fausto. ni
altanería en sus mujeres, y las tienen mas sujetas y humildes que
los Europeos. Mas los varones sobre el vestido interior, que
consiste en una media camisa de algodon, que llaman allá
|chamarreta, llevan una especie de clámide ó manta de varios
colores terciada sobre el hombro, y les va á caer sobre los
calzones, que tambien son de algodon, hasta media pierna. De un
lado llevan pendiente la mochila del hayo, y colgado á la cintura
el
|poporo, que es el calabacito donde tienen aquella cal
finísima, hecha de las conchitas del mar bien molidas, como dijimos
en el discurso del hayo, y así van entrando y caminando por la
ciudad con un aire majestuoso y dominante, que muestra los humos
que conserva todavía la nacion guagira. En la fiesta de la
Purificacion de María Santísima, que es solemnísima en el rio de la
Hacha, concurrian por lo menos dos mil Guagiros á comerciar con las
perlas que llevan, y á ver los toros y fuegos, etc., y á vueltas de
eso, participar tambien de las reliquias sólidas y líquidas de tan
general y alegre solemnidad. En los demás dias del año suelen ir
siempre algunos con sus mujeres, porque entre ellos y la ciudad no
hay mas que el rio de por medio, y traen sajitos de leña, telas de
algodon, hilos de perlas, y otras cositas para vender. Y aseguro
que es cosa curiosa el ver entrar en la ciudad un Guagiro con su
mujer: esta pobre va por delante, cargada de un hacecillo de leña á
las espaldas, y á veces con una criatura ó dos en los brazos al
mismo tiempo, mostrando en su porte humilde la sujecion, respeto y
temor que tiene al que viene detrás; esto es, al Guagiro marido, ó
hombre que va á lento paso haciendo de atalaya ó escolta á la
mujer. Va caminando el Indio con paso majestuoso, muy serio, grave
y silencioso, y con cierto aire que demuestra el dominio que tiene
sobre la mujer, y el despotismo y libertad con que se cria en sus
tierras. Confieso que al ver tal cosa en el rio de la Hacha, se me
alborotó la cólera, y al mismo tiempo la compasion en mis entrañas.
El ver una triste mujer en aire y porte tan humilde y abatido,
cargada de criaturas y leña, me daba compasion; y mirar al Guagiro
que venia detrás en aire y paso tan arrogante, las manos vacías,
los hombros libres de carga, sin dignarse de llevar una hastilla de
palo, ni el peso mas mínimo, contento de que fuera recargada su
mujer, me irritó tanto la bile, que me retiré de la ventana por no
ver tal arrogancia. Dejemos andar así al Guagiro, y vamos ahora á
su lenguaje, y á descubrir otras sus virtudes y propiedades.