DISCURSO
XI.
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De cierta expedicion emprendida con
real aprobacion, á fin de pacificar los Motilones , y hacer
traficables sus tierras
|§ I.
No han faltado hombres de brio y de espíritu, penetrados del
amor del bien comun, que hayan emprendido limpiar las tierras de
los Motilones, hacerlas traflcables, y reducir á la religion y á la
monarquía una nacion por tantos años indómita, y perturbadora del
reino. Entre otros, por los años de treinta y tantos del corriente
siglo, hubo un caballero vizcaino llamado Machin Barrena, famoso en
el reino por su valor, integridad y justicia. Por sus méritos fué
condecorado y premiado de su majestad católica con varios empleos y
gobiernos; dió buena cuenta de sí, hasta que por los años de
cincuenta y tantos vino á la ciudad de Santa Fe á terminar el curso
de su vida, y tuve la consolacion de asistirlo en la hora de su
preciosa muerte. Este, pues, meditó, propuso y ejecutó el siguiente
proyecto. De las cuatro ciudades ó villas mas vecinas, y que rodean
la tierra de los Motilones, habian de salir cuatro como escuadrones
de gente tan valiente como voluntaria, y en tal dia y hora señalada
y consabida se habian de unir en el centro de los Motilones para
cogerlos de sorpresa, y libertar de una vez la tierra de aquellos
bárbaros. De San Faustino habia de salir una partida, otra de
Salazar de las Palmas, otra de Mérida, ó de Maracaibo (que ya no me
acuerdo bien), y por fin, otra de la ciudad de Ocaña. Como no se
habia de meter la gente en tierras enemigas desarmada, y sin
defensa, era precisa la provision respectiva de pólvora y
municiones para cada escuadron. A Machin Barrena, como que
comandaba en aquella juridiccion de Pamplona y Cúcuta, le fué fácil
por sí, ó por medio del señor gobernador de Maracaibo, surtir de
provisiones de guerra los tres trozos de gente, pero no aquella
partida que habia de salir de Ocaña. Los nobles Ocañeses estaban
prontos y deseosos de salir á expedicion que se consideraba
gloriosa, y de general utilidad del reino, y de su ciudad
especialmente. Secundando los deseos de sus vecinos el señor
corregidor de Ocaña recurrió al señor gobernador de Santa Marta
pidiéndole armas, pólvora y municiones, porque absolutamente no las
habia bastantes en Ocaña. Por mas que la expedicion se hacia con
aprobacion y órden del señor virrey ó presidente de Santa Fe, se
excusó el gobernador de Santa Marta, alegando que aquella ciudad
era plaza de armas, y otros motivos que le parecerian justos. En
fin, no hubo forma de mandar pertrechos de guerra á los de Ocaña.
Entre cartas y respuestas llegó el dia aplazado para la salida de
las otras ciudades, que ignoraban lo que pasaba en Ocaña. ¿Pues qué
sucedio? salieron los tres escuadrones de las otras tres
provincias: comenzaron cada uno á entrar por su término en las
tierras de Motilones; uno disparaba aquí, el otro por allá; el otro
hácia otra banda, y todos al aire. El Motilon
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que oyó
disparos de armas de fuego, que olió humo de armas españolas en su
tierra, esto no es conmigo dijo: aprietan á huir todos los
Motilones: tiran unos por un lado, y sienten el estruendo de las
armas de San Faustino: tiran por otro camino, y oyen los disparos
de Maracaibo. Por ahí va mal : corren hácia otra parte, y suena una
descarga cerrada por los aires de los de Salazar de las Palmas:
perdidos somos, dicen turbados los Mótilones, tiremos hácia la
provincia de Santa Marta. Siguen presurosos la senda, repechan
cerros y vencen montañas; y vé aquí que amanecen sobre la ociosa
Ocaña en la cumbre de la montaña de Borotaré. Allí se dejaron ver
aturdidos y confusos. Entre tanto que los de Ocaña alborotados se
prevenian para ir contra ellos, los otros tres trozos de gente,
viendo escapados de sus manos los Motilones, y que no se habia
hecho de parte de Ocaña operacion alguna, se retiraron frustradas
las intenciones de Machin Barrena, y malograda la expedicion tan
importante. Se retiraron los tres escuadrones á sus respectivas
ciudades con el sentimiento de que los Motilones se quedaban, tan
insolentes, y sus tierras tan intraficables como eran antes. En eso
vino á parar la expedicion. Tanta verdad es lo que dije antes,
hablando de la conquista de los Chimilas: que sea por un motivo, ó
sea por otro, casi todos los proyectos en esté asunto de reducion
de Indios quedan frustrados por mas que coadyuven á ellos las
piadosas intenciones del monarca, y providencias de los señores
virreyes, dadas segun la mente y órdenes de su real majestad. Mas
no hubieran quedado así, si se hubiera seguido mi sentimiento, que
|salvo meliori expuse (habiéndolo aprendido de los mas
prácticos) tratando de los Chimilas. Si Machin Barrena, viendo que
al estruendo de las armas españolas, y pánico terror á la gente
blanca que tienen los Indios, habian los Motilones desamparado el
centro de sus tierras, y fugitivos y dispersos andaban por los
montes y collados, se hubiera por algunos meses quedado con alguna
gente, y un par de sacerdotes celosos á fundar una población en el
mismo centro, y luego otra sobre las márgenes del rio Sulia, de
cierto quedaba ya traficable el rio y aquella tierra, y poco á poco
hubieran pedido paz
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los Motilones, y se hubieran reducido ya
á la santa religion y corona de España á estas horas. El Indio no
quiere ni sufre blanco con armas en sus tierras; y así el Motilon,
sabiendo que en las suyas habia poblaciones de gente blanca, armada
para la defensa, no teniendo donde huir, hubiera admitido la paz
con que se les debia convidar, hubiera entrado en cultivar sus
labranzas que les habian de conservar ó conceder los pobladores,
según las órdenes y benignas providencias ya antiguas de los reyes
de España; y así, sin derramar una gota de sangre, sin oprimir al
Indio, antes bien, agasajándole con ciertas bagatelas de Europa que
ellos estiman mucho, y con el buen modo, industria y celo de los
sacerdotes y habitantes, poco á poco llamadas internamente aquellas
almas del buen pastor, que busca y desea traer á su redil las
ovejas descarriadas, hubieran venido al gremio de la Iglesia de
Jesucristo, y con rendimiento besado el cetro de su Monarca
Católico. Así lo juzgo y deseo.
|Unusquisque in suo sensu
abundet. Algunos años después, otro caballero intentó y propuso
á un excelentísimo señor virrey hacer otra entrada en los
Motilones: paréceme que se ofrecia él á costear todos los gastos de
la expedicion; mas las condiciones y pactos me temo que eran tan
ventajosas para él, que no tuvo aprobacion ni efecto. Después los
señores Ocañeses vinieron á la córte de Santa Fe, y se trató con
algun calor de la empresa de abrir el camino real desde Ocaña á
Maracaibo para fomento del comercio, y tambien de poner freno á los
Motilones; pero suscitándose ciertos pleitos y discordias en la
ciudad, no se pensó mas en ello. Así ha quedado cerrado el camino
proyectado, la comunicacion de Ocaña con Maracaibo atajada, el
mayor comercio de todo el reino impedido, y la nacion de los
Motilones en el deplorable estado de su barbarie é infidelidad.
Quiera el Señor vengan tiempos mas propicios para estos pobres
Indios, y se ejecuten y logren con el deseado fruto las pias y
sanas intenciones y providencias de nuestros Monarcas Católicos.
Mas ya es tiempo que dejemos los Motilones, y entremos en los
valientes Guagiros.