DISCURSO IX.
De la nacion de los Indios
Motilones
|§ I.
Bárbara, formidable, inquietísima nacion es esta de los
Motilones. Bárbara, porque hecha á su libertad, ni sufre yugo
ajeno, ni ha sido jamás conquistada, ni reducida á la cristiana
religion, ni al gobierno del monarca de España. Es formidable, ya
por el gran número de Indios, ya por su atrevido genio, insolencia
y traiciones á camino real, ya por sus flechas y destreza, y
acierto en dispararlas. Es tambien inquietísima, tanto que parece
no estar fija en sitio alguno. Como fieras de monte corren y giran
los Motilones por un vastísimo espacio de terreno buscando donde
hacer daño, metiéndose en emboscadas á las laderas de los montes, á
las orillas de los rios, y en los confines de varias provincias
para asaltar á los desprevenidos pasajeros. Propiamente hablando,
no pertenecen á la provincia de Santa Marta, ni debian de entrar en
esta historia, si ellos no se metieran á inquietar la provincia.
Traspasan osados é insolentes los límites de sus incultas tierras,
y salen á perturbar las ciudades y provincias confinantes. Confina
la tierra, dicha comunmente de Motilones, con ciudades de diversas
provincias. Hácia el norte confina con la de Maracaibo, á levante
con la de Mérida, á la parte del sur con la de Cúcuta, y Salazar de
las Palmas; y hácia el poniente con las últimas ciudades de la
provincia de Santa Marta, que son Ocaña y Tamalameque. Desde la
elevada cumbre de la montaña, dicha de
|Borotaré, á cuatro
millas de Ocaña, tuve el gusto de observar con mis ojos el terreno
de los Motilones. Es vastísimo, rodeado de montañas vecinas;
parecióme que habia poca tierra llana y limpia, algunas lagunas y
rios que van á desembocar con el Sulia á la gran laguna de
Maracaibo: lo mas está poblado de colinas y cerritos amenos; y
entre varios cerros se levanta uno mas elevado, que llaman
|el
Pan de azúcar, por tener la forma de los panes de azúcar, que
rematan en punta. En el Nuevo Reino hay otras montañas llamadas
tambien
|Pan de azúcar, singularmente una que está entre la
ciudad de Ibagué y el valle de San Juan, á cuya falda está la mina
ó peñasco grandísimo de piedra iman, que yo vi; mas esta montaña es
altísima, y de las mas elevadas del reino, y cubierta todo el año
de nieve, y se ve en distancia de sesenta leguas y mas desde Santa
Fe; pero el Pan de azúcar de los Motilones no es montaña, con
mucho, tan alta, ni se ve jamás coronada de ampos de nieve, y así
suele ser el refugio de los Motilones cuando se ven perseguidos de
algunos cristianos vecinos. Si estos Indios se contuvieran dentro
de los límites de sus tierras, impedirian sí en gran parte el
comercio y comunicacion de las jurisdicciones y provincias
confinantes; pero dejaran á lo menos disfrutar las grandes
haciendas y trapiches de caña dulce y de cacao singularmente que
hay y pudiera haber en gran número en dichas provincias; mas su
inquietud y osadía los saca de sus términos, y así siempre han de
estar alerta los esclavos y trabajadores de las haciendas; y es
preciso que lleven algunas armas de fuego cuando van á su tarea
para defenderse de los Motilones en caso de algun asalto. El mayor
temor y peligro de caer en manos de los Motilones para los
viajantes es en los montes que están entre Pamplona y Mérida, y en
la navegacion del famoso Sulia. A las orillas de este rio salen con
mucha frecuencia; y cuando menos se catan los navegantes, sienten
un diluvio de flechas sobre la canoa, y no rara vez las sienten ya
clavadas en su cuerpo los Indios ó negros bogas que gobiernan el
triste barco. Pudiera referir varios casos de estos, sucedidos con
varias personas conocidas, mas no hay para qué entretenemos en
historietas sin necesidad ni fruto. Por la provincia de Santa Marta
poco salen estos Motilones. El mayor peligro de encontrarse con
alguna emboscada de ellos está en las inmediaciones de Ocaña por la
parte del rio Sulia, y antes de llegar á Tamalameque en ciertos
llanos ó sabanas que están á la falda de la serranía de Maracaibo,
la cual atraviesan los Motilones para venir á infestar la provincia
de Santa Marta; pero esto sucede rarísima vez, y así tengo por
patarata, sacada de algun geógrafo ó historiador extranjero, lo que
dice el señor abate Coletti en su Diccionario histórico geógrafo
sobre los Motilones. Y ya que los términos son tan claros y
perceptibles á cualquiera Español, digámoslo con sus mismas
palabras italianas:
|Motilones , dice,
|nazione barbara e
feroce nella provincia di Santa Marta. Hanno questi barbari
distrutti rnolte volte i villaggi, e rovinate le terre della
provincia con grandissimi danni. Primeramente, es cierto que la
provincia á que menos pertenece esta nacion, y en que menos se
experimenta su ferocidad, es la de Santa Marta. Como los Argelinos
no pueden aplicarse á la costa de España, porque la infestan como
enemigos, así tampoco los Motilones á Santa Marta, porque no es
tierra ni jurisdiccion de la provincia la que se llama y es tierra
de los Motilones. Ni yo me hubiera metido á tratar de Motilones,
sino considerándolos como enemigos y perturbadores de una provincia
cuya pacificacion total deseo con ansias. Podia mejor el señor
Coletti haberlos aplicado á la provincia de Venezuela, ó á la
jurisdiccion de Mérida y Pamplona. A mas de esta equivocacion, está
la otra de haber los Motilones destruido muchas veces villas y
lugares de la provincia. Ni ha habido jamás tales villas ni lugares
en las extremidades de la provincia, por donde y hasta donde pueden
salir los Motilones, ni hay memoria de tales ruinas: que tal vez
hayan hecho algun daño á alguna hacienda, esto sí es verisímil; lo
demás que afirma Coletti no tiene fundamento. Cierto que parece
importaba poco el atribuirse tales estragos á los Motilones; sin
embargo, juzgo que la verdad se ha de decir aunque sea á favor de
un bárbaro. Vamos á la conquista de estos Motilones, que es lo que
mas importa, y á su reducion tan deseada de todo el reino.