DISCURSO
VIII.
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Diversas vias y modos de poderse
fácilmente ejecutar el proyecto insinuado
|§ I.
Hay muchos proyectos en la especulativa admirables, pero en la
prática muy difíciles, y tal vez imposibles. No es así el nuestro:
como es sólido y seguro, puesto en planta, tan fácil es de ponerse,
puede ejecutarse de varios modos, y por diversos caminos. Como los
Chimilas están casi en el centro de la provincia., pueden entrar en
sus tierras los comisionados de la expedicion desde todos los
lugares y ciudades de la circunferencia con poco mas ó menos tiempo
y trabajo. Por la parte del occidente, donde corre el rio
Magdalena, pudiera la expedicion salir de la ciudad de Tenerife,
fundada sobre las márgenes del rio en una hermosa colina, y casi en
media jornada se hallaba ya en las tierras del Chimila. Por la
parte del sur, podia salir de la ciudad de Tamalameque ó mejor del
pueblo llamado Chiriguaná, que está mas inmediato á los montes de
los Chimilas, y en menos de una jornada se encontraba con ellos.
Por la banda de oriente, podia emprenderse la entrada desde la
ciudad de Pueblo Nuevo, ó Nueva Valencia, poblada de gentes
acostumbradas á estar alerta siempre, y á lidiar á veces con los
Chimilas muy vecinos: en pocas horas se pisaba tierra del Chimila.
Por la parte del norte podia, con menos gastos y fatigas, salir la
expedicion de la misma ciudad de Santa Marta. Y ya que en esta,
como plaza de armas, reside el señor gobernador con su tropa, y
tambien tiene en ella su silla episcopal el señor obispo, jefes
ambos que conviene mucho vayan de comun acuerdo para el feliz éxito
de la empresa, juzgo seria mas acertada la determinacion de que
saliera la expedicion de Santa Marta directamente. Fuera menos
costosa, mas breve y expedita, y mas natural y fácil que las demás.
Yo voy á describir el modo de emprender esta, y de allí se podrá
tomar norma para las demás, se juzgaren mas conducentes. Ni puedo
decirlo todo, ni entretenerme en todas. Vamos á esta de Santa
Marta.
|§ II.
Mantiene continuamente su majestad católica en la plaza de Santa
Marta doscientos soldados con su capitan comandante, y oficiales
respectivos; de suerte, que de las cajas reales, segun me dijeron
los oficiales, salen cada mes cinco mil escudos para pagar la
tropa. De estos doscientos hombres, los veinte y cinco, cuando mas,
estarán por su turno cada semana ó mes ocupados en actual servicio
de hacer la guardia, distribuidos en los tres castillos del Morro,
de Betin, y de San Fernando, y en las casas del señor gobernador,
comandante y oficiales; los demás quedan libres, y se ingenian en
ganar la vida en algun otro oficio, y singularmente en cortar palo
del Brasil para mantener sus familias. Sobre este supuesto, vamos
haciendo como un diseño ó mapa de la expedicion. Pudiera salir de
Santa Marta el señor gobernador con algun otro oficial, y unos
veinte y cinco ó cincuenta soldados, mas ó menos si quisiera, pero
con armas blancas, y de fuego, y llevando tambien algun pedrero, no
para matar Indios, sino para atemorizarlos y conturbarlos, porque
en viendo arma de fuego el Indio, huye como el diablo de la cruz; y
al primer disparo de pedrero ó de fusil que oyera el Chimila, ó de
pavor se le caian las flechas y arco de las manos, ó huia como
venado por aquellos montes. Era menester tambien que fueran en esta
expedicion, no menos cristiana que militar, dos misioneros
clérigos, ó religiosos escogidos, y á gusto del ilustrísimo señor
obispo y gobernador, así para servir en lo espiritual á toda la
comitiva, como para asistir á la fundacion de la poblacion, y dar
aliento á todos para levantar iglesia, y para continuar tan
gloriosa empresa; y entre tanto observar los movimientos del
Chimila, convidarlos por medio de buenos Indios cristianos, ó del
modo que dictare la prudencia, á venir en paz, y de buen ánimo á la
poblacion, etc. Las demás cosas necesarias para la expedicion, como
provisiones de víveres y guias del camino, se deja á la discrecion
del señor gobernador, que se supone próvido, instruido, y solícito
de lo que se requiere para empresa semejante. Puede hacerse la
expedicion sin estrépito y en silencio; pero atendido el genio de
los Indios, aficionados por extremo á todo lo que huele ó suena á
procesion, y á cosas exteriores de fiestas, ceremonias y funciones
de concurso, me parecia fuera mas conducente al fin ordenar la
expedicion segun los ejemplos y norma que nos ha dejado en las
historias antiguas, y va aun dejando para las modernas la devocion
de los monarcas de España. Quiero decir: que saliera de Santa Marta
la expedicion á són de cajas y trompetas, cuyos ecos resonaran por
las orillas del Manzanares, por aquellos valles y cerros: fuera por
delante enarbolado el estandarte de la santa cruz: en medio, las
armas de España en su real bandera; y al fin viniera cerrando la
expedicion, la que habia de completar la victoria, María Santísima
en su imágen de la Inmaculada Concepcion, patrona general de España
por la insigne piedad de nuestro monarca, el señor Carlos III, que
Dios guarde, y particular de Santa Marta, en cuya catedral iglesia
conserva todavía la Reina Inmaculada en su estatua las cicatrices
de las heridas que impía mano de protestante abrió en el dorado
cuerpo de la imagen, tenida en gran veneracion de toda la ciudad, y
festejada con solemne octava de obsequios y sermones panegíricos
todos los años. Si el ilustrísimo señor obispo de Santa Marta
quisiera (como debe creerse), siguiendo los ejemplos de los santos
arzobispos antiguos de Toledo, en las expediciones victoriosas de
los Alonsos y Ramiros contra los Moros, acompañar al señor
gobernador en la empresa, y servir de sagrada escolta con sus
sacerdotes á la imágen de María Santísima. se conmovieran en
afectos de devocion, no digo los pueblos inmediatos de Indios, sino
toda la provincia, que á porfía se metiera, llena de buenas
esperanzas, á ser participe de tan piadosa espiritual conquista.
Así ordenada la expedicion en forma de pequeño, pero valiente
escuadron, terrible hasta á los príncipes de las tinieblas, y
caudillos de la indiana idolatría, salia de Santa Marta hácia el
pueblo inmediato de la Gaira por la parte del sur, pueblo de Indios
cristianos mansísimos, que podia dar á la expedicion seguros
conductores y guias del camino, hasta pisar la tierra del Chimila.
Al llegar á esta, ó se disparaban algunos tiros de fusil, ó
pedrero, á fin de amedrentar y poner en fuga á los Chimilas que al
estruendo de arma española huian al instante, y con eso se evitaba
el peligro de muertes; ó sin disparar, se metia todo el escuadron
al són de cajas por aquellos sitios, hasta hallar uno que se
juzgara el mas á propósito para una bella, cómoda y grande
poblacion. En una jornada estaba, poco mas ó menos, concluido el
viaje de la expedicion: entraba después la planta y temporal
disposicion para hacer la poblacion, que corria todo á la
discrecion del señor gobernador, y entraba la conquista espiritual
que naturalmente debia de hacerse suave y lentamente; y á esto
pensaba su ilustrísima, y se aplicaba el celo de los misioneros y
sacerdotes. Después podian fundarse tres ó cuatro pueblos en el
camino real que se abria hasta el rio de la Magdalena, é
inmediaciones de Tenerife y de Mompox; y yo aseguro, que con la
bendicion del Señor, ni el señor virrey de Santa Fe acababa los
cinco años de su virreinato, ni el señor gobernador de Santa Marta
su gobierno, sin quedar pacificada la nacion, y traficable la
provincia de Santa Marta, y libre de emboscadas del Chimila el rio
Magdalena. Entonces sí podian servir las poblaciones fundadas en
tiempo del señor Pizarro, y aun habían de multiplicarse para el
comercio y entable de varias haciendas, singularmente de cacao. He
expuesto con tanta individualidad el proyecto, porque se pasan los
años de gobierno y de vida en lamentos de muchos sobre el estado de
la provincia de Santa Marta, en tener lástima y compasion de
aquellos pobres Indios, en hablar de proyectos para reducirlos, y
nada se hace. Cuando se habla en general, poco fruto suele hacerse;
cuando, como con el dedo, se señala el medio, suele practicarse.
Puede ser que en manos de un señor virrey del Nuevo Reino, ó de un
señor gobernador de Santa Marta, hombre de valor y espíritu, puesto
este librito, y presentado á los ojos este tan fácil proyecto, sea
abrazado y ejecutado con fruto, á gusto y satisfaccion del monarca,
á mayor honra y gloria del Señor, y bien de aquellas almas y
provincia.