DISCURSO
VII.
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Proyecto eficacisimo para la
pacificacion y reducion de losChimilas
|§ I.
Nadie tiene que atribuirme este proyecto, porque nunca en mi
vida he sido proyectista. Este es proyecto de los hombres mas
juiciosos, inteligentes y prácticos de la misma provincia de Santa
Marta: proyecto tenido y estimado por el mas sólido y eficaz,
seguro y fácil para hacer traficable la provincia, y reducir y
domesticar la nacion chimila. Quisiera proponerlo con la mayor
claridad; y así comienzo, echando como por fundamentos del proyecto
dos principios ciertos. El primero es: que el Indio no se mueve ni
se altera hasta que ve gente que se mete por sus tierras. El
segundo es: quien mete miedo y contiene al Indio es el temor del
blanco, esto es, del Español, ó de gente blanca que trae armas de
fuego, y está pronto á la defensa. Por no haberse fundado ó
arreglado á estos principios el proyecto de que hablamos antes, no
tuvo mayor efecto. Vieron ó supieron los Chimilas que se fundaban
poblaciones á las orillas del rio Grande, mas como no son esas
tierras de sus labranzas, ni de su habitacion, sino puramente
término de sus clandestinas excursiones, no se apuraron, ni
trataron siquiera de impedir tales fundaciones. Entre pueblo y
pueblo les quedaban muchas leguas de tierra para salir á flechar
impunemente á los navegantes, y podian con fundamento esperar que
les llegaria á tiro algun vecino que, alejándose un poco de su
pueblo, se entrara en algun monte á cortar leña. Ó á cultivar la
tierra, ó á guardar los ganados. Fuera de eso, ni aquellos pueblos
les ofendian, ni los vecinos les daban molestia, porque ni llegaban
ni se acercaban á sus tierras y sementeras; ni habia gente blanca,
ni Español con armas que les diera sujecion, ni les fuera á los
alcances. Por eso se mantuvieron quietos, ni alteraron en la mas
mínima cosa su bárbara conducta de vida, ni trataron de mudarse á
otro Sitio, ni de refugiarse á las faldas de la Sierra Nevada. Se
quedaron como se estaban: mas no fuera así, si á la luz de los dos
principios prefijados se quisiera seguir este otro proyecto que ya
propongo.
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§ II.
El proyecto es de fundar en el centro de las tierras del Chimila
una buena poblacion de la gente mas escogida que pudiera hallarse
voluntaria, ó pudiera mandarse de los reinos de España: gente de
valor, de fuerzas é industria para cultivar aquellas tierras
pingüisimas: gente, en una palabra, trabajadora, á quien, segun el
beneplácito de su real majestad, se les asignara un distrito
competente de tierra en circuito; tierras para cacao, para el maiz,
para platanales, para otras sementeras, y de pasto para haciendas
de caballos, de ganados, etc., y aun para cañas de azúcar y miel,
que para todo y para muchos vecinos y pueblos hay terreno. En esta
poblacion, atendido el recto fin que tiene su majestad católica en
la conquista y poblacion do las Américas, y el celo particular que
ha mostrado para la reducion del Chimila, y de las otras naciones
bárbaras de la provincia de Santa Marta, debia de haber dos ó
cuatro padres misioneros celosos de la salud espiritual de aquellos
pobres Indios Chimilas; y á mas de eso, unos veinte y cinco
soldados, que sin perjuicio alguno pudieran dar, ó prestar en los
principios (porque después ya no fueran necesarios) las reales
plazas de Cartagena, ó Santa Marta. Esta pequeña tropa sirviera á
un mismo tiempo para defensa del pueblo en todo lance, y para
escolta y resguardo de los misioneros, que pudieran de cuando en
cuando, como cazadores en busca de fieras, y pastores en solicitud
de las ovejas descarriadas, salir á buscar y á recoger aquellas
almas, á quienes prometió ya el Señor:
|Dabo vobis pastores...
venatores,
|etc., y deberian acompañarlos algunos
soldados, como se acostumbraba hacer por la piedad de su majestad
católica en las entradas que los misioneros hacen en otras
reduciones. Así se aseguraba una de dos cosas: ó poco á poco se
iban domesticando y reduciendo los Indios, ó cedian el puesto
retirándose á la serranía. Y en cualquiera hipótesi, ó
acontecimiento, á mas de esa fundacion dicha en el centro, se
establecian tres ó cuatro pueblecitos, á proporcionada distancia,
en el camino real que se abria desde Santa Marta (y si quisieran
tambien, desde otras ciudades) por el centro de la provincia, hasta
la orilla del Magdalena, que está frente á frente á la villa de
Mompox, villa de gran comercio, ó mas arriba todavía hasta la
ciudad de Tamalameque; y mas diré todavía, hasta el puerto real de
Ocaña, y aun cerca de la isla de Morales, como después mas claro
manifestaré, ahorrando los quince, los veinte y los treinta dias de
viaje de rio que han de gastar los que desde Cartagena ó de Santa
Marta suben por rio Grande á dichos lugares y villas. Por lo menos
las tres partes de viaje y de jornadas se ahorraban, y quedaba
vastísimo trecho de tierras para sembrar y plantar lo que se
quisiera, segun los temperamentos diversos, sin contar ahora con
las riquezas y tesoros escondidos en las faldas de las sierras, y
entre las arenas de los varios rios y torrentes que bajan de
ellas.
En hacer estas poblaciones, singularmente la primera y mayor, no
habia los inconvenientes considerables que suelen hallar los
fundadores en otras. Cuando es menester romper montes para
habitarlos, siempre hay peligro de muchas enfermedades y muertes en
los principios. Mas no era eso necesario para la poblacion que se
habia de fijar moralmente en el centro de las tierras del Chimila.
ni aun para otras, porque hay tanto terreno limpio, tantos prados
tan sanos y deliciosos sitios al pié de las sierras, á la orilla de
tantas quebraditas, ó preciosos arroyos, que pudieran escogerse á
su gusto los fundadores el sitio oportuno: ni era menester quitar á
los pobres Indios sus labrancicas, ni quemarles las casas de paja,
si las tienen, cuando ellos ofrezcan domesticarse y reducirse á
pueblo, y á la religion. Para todos hubiera lugar, y la prudencia
cristiana dictara entonces en qué sitio inmediato se habia de
fundar la poblacion. Fijada esta en el riñon de sus tierras, con la
escolta de veinte y cinco soldados y dos misioneros, no habia que
temer: habia mucho que esperar, y luego se hacia la provincia
traficable, y esto sin derramar una gota de sangre.