DISCURSO
XIX.
De la concha fina de tortuga y madre
perla de Santa Marta
|§ I
No es tan despreciable este ramo de la concha y de la madre
perla, que debamos pasarlo en silencio. Como hay en la provincia de
Santa Marta la pesca de las perlas, segun queda dicho, así hay la
abundante pesca de las tortugas. De una y otra pesca quedan las
conchas para el comercio. La pesca de las tortugas ordinariamente
se hace en aquel trecho de la costa de mar que corre desde Santa
Marta al rio de la Hacha. Allí ví yo las reliquias y vestigios de
la pesca. Al salir de un bosquecito vi, como un ejército derrotado,
tendidos por la playa innumerables cuerpos sin vida, postrados y
confundidos entre las arenas, bultos inmobles, tal cual en la
campaña sucede dada una sangrienta batalla. A lo lejos se veia como
una garita, refugio de centinelas que velaban sobre la playa.
Pregunté solicito ¿qué era aquello que veian mis ojos, y no llegaba
á entender la mente poco experta en semejantes encuentros? Entonces
los conductores del viaje, sonriéndose, me descifraron el misterio.
Los bultos postrados en las arenas son de tortugas, y la que parece
garita es una casita de paja donde se esconden los pescadores,
centinelas de noche, que velan sobre la playa, y hacen la atalaya á
las tortugas, que con la luna salen á respirar aire mas fresco y á
deponer sus huevos entre las arenas. Esto sucede en ciertos meses
del año, en tiempo seco cuando despejado el cielo (hermoso
singularmente en aquella costa) la clara luna ilumina la noche.
Sabiendo ya los pescadores el tiempo propio, forman su garita de
paja, que les sirve de reparo; en ella se ocultan, y están con gran
silencio observando cuando vienen saliendo del mar las tortugas, y
como en la larga mal ordenada procesion, se van dilatando por la
playa, buscando cada una con lento paso su puesto donde pararse, y
su blando sitio para deponer los huevos, y dejarlos cubiertos de
arena al único fomento del sol, que batiendo libremente en aquellas
playas, con su ardiente calor vivifique aquellos anfibios. Así que
ven las atalayas esparcido y dividido sobre la playa el numeroso
ejército de tortugas, salen de su garita, y sin armas, sin mas arte
ni mas crueldad que la de voltear las tortugas, dejan la arenosa
campaña sembrada de cuerpos vivos, pero inmobles, y los despojos
sobre la playa, seguros para recogerlos á su salvo cuando amanezca
la aurora. Así van los pescadores repitiendo por varias noches la
pesca, hasta que satisfechos de su buena fortuna, vuelven á sus
casas, como vencedores, ricos de preciosos despojos, y coronados de
trofeos que les granjeé la victoria.
§ II.
Los despojos de las tortugas que quedan á los pescadores son el
cuerpo y el vestido; la pulpa, sea carne ó pescado, y la concha que
la cubre. De la pulpa, si no se la comen los aficionados, sacan
manteca y aceite, y uno y otro sirve al uso de la cocina y familia.
Y el aceite se aplica tambien para las lámparas de las iglesias.
Pero lo que mas se aprecia de estas tortugas de mar es la concha
que en la América llaman
|carey, y porque no es la de todas
igualmente fina, transparente y hermosa, no se aprovecha toda. Los
pescadores, acabada la pesca, van escogiendo las conchas mejores, y
dejan las otras enteras, como desperdicios en la misma playa. Y
así, las que yo vi en gran número tendidas sobre la arena eran el
descarte que habian desperdiciado los pescadores; pero como son muy
grandes, parecian tantos cadáveres de hombres botados del mar ó
muertos en la campaña. En los paises abundantes de un género, son
desechos y desperdicios los que fueran muy apreciados si se
llevaran á partes en que se carece de ellos; y así juzgo que
aquellas tortugas desechadas en la playa por los pescadores, fueran
muy estimadas en Europa; y bien pulidas y labradas, sirvieran, á
poca diferencia, como las mas finas para diversas labores que hacen
los ebanistas. Yo las reconocí y observé, y me parecieron tan
buenas en su fondo, en sus vetas ó manchas naturales, como las
otras mas escogidas. Verdad es que no entiendo yo tanto de eso como
los prácticos del país y los peritos artífices; pero juzgo que la
industria, la paciencia, la diversidad y fineza de instrumentos de
los oficiales de Europa, supliera lo que de bondad y fondo puede
faltar á las conchas que se desechan en las playas de la América,
por tener á mano abundancia de mejores. Y en efecto, yo no creo que
esas conchas desechadas en la ribera del mar allí se queden para
ser enterradas, ó para formar montes de tortugas, que con la
multiplicacion de todos los años debian ya ser muchos y muy
elevados. Tales montes no se ven; tales sepulcros no los hay; algun
bergantin ó paquebot debe haber que visite aquellas playas, y
cargue, con otros géneros escogidos, aquellas conchas desechadas,
con la presunta que
|bona derelicta sunt prirni capientis.
Quizás varias hermosas labores corren por Europa estimadas por de
concha la mas fina, y no son sino de la concha desechada.
§ III.
La concha de tortuga de Santa Marta corre y se distribuye por
todo el Nuevo Reino, Popayan y Quito. Y se fabrican en varias
partes exquisitas labores de ella, como cajetas, saetillas de
cortar papel, marcos para las pinturas, atriles, y otras semejantes
alhajas, ó para el uso de las casas, ó para el culto de Dios. Sobre
todas es digna de particular mencion la fábrica magnífica de la
capilla llamada del Sagrario, contigua á la misma catedral iglesia
de Santa Fe de Bogotá. El altar de ella, que propiamente es el
sagrario donde está siempre depositado el Santísimo Sacramento, es
todo de concha. Es tan alto, que pasa su cumbre de la cornisa misma
de la cúpula ó media naranja, que está elevada sobre el centro de
la capilla: es ochavado, con la particularidad que en la
circunferencia tiene ocho mesas, y en cada una se celebra el Santo
Sacrificio, y se logra ver de cada uno el Santísimo cuando está
expuesto en el fondo del mismo sagrario. Su hechura es de bellísimo
diseño, á ocho caras, con ocho arquitos sobre las ocho mesas del
altar, con muchas y bien distribuidas columnas, chapitel y cúpula,
y todo de concha labrada con exquisito primor, y de concha que
subministró la provincia de Santa Marta al bienhechor insigne de la
capilla, que fabricó tal sagrario para mayor decencia y honor del
Señor Sacramentado. Y este celosísimo bienhechor fué de la
nobilísima familia de
|Vergara, una de las principales de
Santa Fe, á cuya devocion, piedad y celo está aun entregada la
capilla; y presentemente con esmero grandísimo, con edificacion y
ejemplo de Santa Fe, cuida de ella, como por derecho hereditario,
el señor don Francisco de Vergara y de Velez, regente de la real
contaduría de la misma ciudad. Tan bella, tan devota, tan magnífica
fábrica ha dado al Nuevo Reino la concha fina de Santa Marta, que
atendida la materia de la preciosa concha, la circunferencia tan
grande, el primor exquisito y diversidad de labores, todas de
concha, podemos muy bien repetir
|Non est facturn tale opus in
universa terra.
§ IV.
En la concha de tortuga se engasta hermosamente la concha de la
perla. Esta concha se llama comunmente madre perla, porque en ella
se encierra ó se cria el pescadito, que es la ostra, y en la pulpa
de esta se forma y crece la perla; y así viene á ser corno madre de
la ostra y de la perla. El pececillo se come, la perla se reserva,
y la concha se recoge ó se bota, y deja sobre las arenas como
desperdicio. Como la playa del mar, desde Santa Marta hasta el rio
de la Hacha, es el largo sitio donde se recoge la concha de
tortuga, así la playa que desde el rio de la Hacha se extiende por
la tierra de los Indios Guagiros hácia la Bahía Honda, y cabo de la
Vela, es el de la madre perla. Esta por la parte de dentro
singularmente tiene como una capita blanca, del color casi mismo de
la perla; y uno y otro es natural que provenga de algun sutil licor
excrementicio del pececito. Licor, que como se extiende por la
interior superficie de la concha, se coagula ó condensa poco á poco
en sus entrañas por diversas causas naturales, y llega á formarse
perla. Como hablamos ya de la pesca de las perlas y de otras
circunstancias que convienen tambien á la madre perla, y todo el
mundo sabe el uso de esta, y cuan hermoso sale el engaste de ella
con la concha de tortuga, no quiero fastidiar mas al lector en ésta
materia para entretenerlo en cosa menos notoria y mas
importante.