DE LAS RIQUEZAS Y RAMOS DE COMERCIO
DE LA PROVINCIA DE SANTA MARTA.
|DISCURSO I.
Dase razon del título de Perla de
América, atribuido a la provincia de Santa Marta
|§ I.
Nadie extrañe que comparezca al público, la provincia de Santa
Marta con el titulo de
|Perla de la América, grabado en su
frente. Así juzgué debía ella comparecer para llevarse a primera
vista el aprecio de quien la mira de cerca y no la conoce; y de
quien de lejos oye su nombre, y nada la aprecia. Los nombres
propios indican los individuos: los renombres sus calidades. El que
vivía tal vez abyecto y poco conocido debajo de su nombre, se lleva
del público las atenciones cuando se descubren sus hazañas o
prendas en el título o renombre que justamente se le atribuyen. Así
puede suceder con la provincia de Santa Marta, poco conocida y
menos estimada en estos tiempos, habiendo sido en los anteriores
una de las primeras en el descubrimiento de la tierra firme de la
América, y la que mereció las primeras y más solícitas atenciones
de los Monarcas Católicos y de los primeros conquistadores del
Nuevo Reino. El titulo de
|Perla de la América, al paso que
hiere la fantasía, quizás excitará la curiosidad del lector á
querer investigar si verdaderamente compete tal renombre a la
provincia de Santa Marta, ó si es hipérbole desmedido de elevada
fantasía, que se divierte en forjar incompetentes elogios, que
cuanto más tienen de especioso, tanto menos suelen tener de verdad.
Mas oyendo y viendo el lector imparcial y prudente que con razón le
cuadra a la provincia tal renombre, comenzará a estimar justamente
á la que antes no apreciaba por nunca bien conocida.
Para granjear, pues, al primer paso, y á primera vista el justo
aprecio á la provincia de Santa Marta, la llamé
|Perla, y
|Perla de la América. Perla la llamo, aludiendo á las muchas
y bellísimas que en su costa de mar se crian, y bien formadas se
pescan junto al caudaloso
|Río de las Perlas. Antes
|Madre
de Las Perlas debiera llamarla por esa razón; pero llámola
perla, porque así como no se conoce el valor y belleza de la perla
hasta que abierta la concha que la ocultaba, se deja ver ella a
todas luces hermosa; así la provincia de Santa Marta, por más rica,
fecunda y preciosa que sea, permanece en nuestros días oculta, y
quedará para siempre poco estimada por no conocida si no se rasgara
el velo de la ignorancia que la encubre aun a los ojos más linces
de los españoles comerciantes en las Américas. Por fin, llámola
|Perla, y
|Perla de la América, porque realmente juzgo,
bien informado, que no hay en ambas Américas provincia más
estimable y preciosa que la provincia de Santa Marta. No es mi
intención quitar el debido aprecio a las
|demás, ni ensalzar
sobre ellas en todo a la provincia de Santa Marta; que nunca he
aprobado, ni menos envidiado fabricar edificios, ni levantar
promontorios sobre ruinas ajenas. Quede cada una en la pacífica
posesión del justo aprecio que se merece por varias circunstancias.
Puede alguna de ellas ser igualmente apreciable, o más todavía en
alguna línea; mas atrévome a proferir francamente, que la de Santa
Marta es sobre todas estimable y preciosa por estas tres calidades
y, circunstancias
|. Por ser ella tan reducida y tan llena de
riquezas: sobre tan rica, tan amena, y tan fácilmente traficable
por ríos, por tierra y por mar, y finalmente por estar situada en
moderada distancia de España, y en sitio tan proporcionado al
comercio para todas partes.
|§ II.
No ignoraron los
|
Católicos Monarcas el valor y fondos
preciosos de tal provincia, ni omitieron las más oportunas
providencias para fomentarla; pero las compañías de comercio
españolas, ignorando lo que en ella se encierra, se van a fomentar
lejanas tierras, y a estrujar el poco jugo de remotísimas
provincias, dejando a la de Santa Marta más vecina y rica, para los
extranjeros, que, como he visto, y con dolor de mi corazón, se
llevan clandestinamente los géneros más preciosos, las perlas, los
polvos y las puntas de oro de la despreciada Santa Marta. A los
comerciantes pues de mi nacion, y a otras personas que con fruto
propio pueden cooperar a los adelantamientos de esta provincia,
vengo a descubrirla como si fuera perla tapada y
encerrada en su concha. Sácola á la clara y pura luz de la verdad,
para que exactamente registrada se lleve las atenciones del
público, no meramente curioso, sino sumamente interesado en el
mayor fomento de ella, y en los tesoros y ricos géneros de comercio
que encierra en sus entrañas. No dudo que uno de los motivos de
hallarse escondida esta perla tan preciosa, es el haber dejado en
ella las fatales reliquias de tres bárbaras naciones que la
circundan: naciones indómitas rebeldes hasta ahora a la religión, á
la corona de España y a la pacífica civilidad. Estas atrevidas,
terribles y dominantes en los mejores terrenos, impiden en gran
parte el libre comercio, la franca entrada en el centro de la
provincia, y los adelantamientos de ella y de las circunvecinas
provincias, y casi de todo el Nuevo Reino. Fuera de gran servicio á
Dios nuestro Señor, á la corona de España, a todos los comerciantes
y no comerciantes, que quieren internarse en el Nuevo Reino de
Granada, el pacificar tales naciones y sacarlas de las tinieblas de
la infidelidad, en que yacen deplorablemente todavía, y entonces se
echarán de ver los fondo, de
|
ricos géneros y tesoros que se
esconden en le provincia.
Y cierto, es cosa extraña que la primera provincia de Tierra
Firme que poblaron los españoles conquistadores del Nuevo Reino,
sea todavía habitada de bárbaros infieles: que la primera que se
comenzó a conquistar, haya de ser la última en ser conquistada: la
que fue pie y escala para la conquista de todo el Nuevo Reino
vastísimo, haya quedado con naciones indómitas, rebeldes á la
religión propagada en lo demás del reino conquistado; y por fin,
que habiendo llegado las armas españolas a sujetar tantas naciones
del Nuevo Reino, hasta extinguir la idolatría y desterrar la
barbarie de cuantas provincias cuenta por sujetas el Católico
Monarca á su augusto cetro, casi sola la provincia de Santa Marta
se halle en la precisa infelicidad de ver y retener en su centro y
confines, naciones todavía contumaces y tenacísimas en no admitir,
ni santa religión que las alumbre, ni ley civil que las domestique,
ni cetro católico que las gobierne. Estas son aquellas tres
naciones tan famosas por ser las solas, tan temidas en el Nuevo
Reino: la de los
|Chimilas, las de los
|Guajiros y la
de los
|Motilones, de los cuales hablaremos en particular en
su lugar. Y estas son en gran parte la causa de ser desconocidas
poco estimada y menos traficada la provincia de Santa Marta y las
que con sus malas artes y hostilidades encubren perla tan preciosa,
cuyo valor y fondos vengo yo a descubrir a mayor bien de todo el
Nuevo Reino de Granada, esplendor y ventajas de la monarquía.