DISCURSO
XVII.
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Del trigo de la provincia de Santa
Marta, y proyectos hechos para evitar la continua introduccion de
harinas extranjeras en toda aquella costa
§ I.
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A quien ve los dilatados campos de trigo con que siempre
fertilísima España goza la felicidad de tener el pan para alimento
tan á mano todos los dias, como universal para ricos y pobres, le
parecerá quizás de poca importancia y consideracion este género en
la provincia de Santa Marta. Mas no es así. El pan, que con la
bendicion de Dios és cuotidiano en los reinos de España y en otras
regiones, apenas es alimento de una vez al mes, y de una vez al año
en varios paises de la América. Non
|omnis fert omnia iellus.
El temperamento demasiadamente cálido no es á propósito para trigo;
y la tierra que da las puntas y polvos de oro y plata no fomenta en
sus entrañas el grano de trigo para levantarlo en espigas. Es el
trigo en la América un ramo de comercio tan precioso, que se merece
toda la atencion, y basta él solo para hacer á una provincia digna
del mayor aprecio. Y si esto es así, hablando en general de todos
los paises de la América, mucho mas se verifica en la provincia de
Santa Marta. Dos bienes grandes, entre otros, se siguieran si se
promovieran las sementeras de trigo en esta provincia. El primero
es el dar á toda la costa de Tierra Firme el sustento connatural y
ordinario del pan el segundo, echar afuera, evitar y desterrar
todas las harinas extranjeras, cuya introduccion (en compañía de
otros géneros) es en extremo perjudicial á la monarquía, al Nuevo
Reino, á toda la costa, á la religion y al sacerdocio. A la
monarquía, porque se defrauda al real erario; al Nuevo Reino,
porque no tienen salida las harinas que de algunas provincias se
pudieran mandar y expender en la costa; á esta misma costa , porque
se ven los vecinos obligados á tomar las harinas que traen los
extranjeros, sean de trigo, o sean de legumbres, con el dolor de
haber de alargar á forasteras manos la plata y oro, que ya nunca
tendrá giro en el país propio. Por fin, es perjudicial á la
religion y al sacerdocio, porque varias veces prudentemente se duda
si aquella harina, traida por manos de gente tan extraña, como
enemiga de la religion , sea ó no apta materia para el sacramento y
santo sacrificio. Para evitar tales inconvenientes, pensó
sabiamente y emprendió con eficacia el excelentísimo señor marqués
del Villar don José Pizarro, así que entró en su virreinato de
Santa Fe, á entablar sementeras de trigo en la provincia de Santa
Marta; y no solo eso, tan celoso era de las ventajas de la
monarquía y del bien de la nacion, que mandó al mismo tiempo abrir
nuevo camino en la provincia de Velez para conducir las harinas del
reino á Cartagena. Esto no tuvo el deseado efecto por entonces, ni
despues lo ha tenido muy feliz, así por la mortandad grande de
hombres y bestias que hubo en la abertura de los montes, como por
la aspereza y dificultades del camino; y porque algunas harinas con
la distancia que hay de Velez á Cartagena, y la conduccion
necesaria por el rio Magdalena, y temperamento calidísimo, llegaban
ya podridas á la costa. Como preveia el señor Pizarro las
dificultades é inconvenientes en este nuevo camino llamado de
|Opon, tomó con empeño el promover las labranzas de trigo en
la provincia de Santa Marta contigua, diremos así, por mar y tierra
con la provincia y ciudad de Cartagena. El proyecto de su
excelencia era acertadísimo, y ventajosísimo para toda la costa,
que tenia el pan á mano, y para la plaza de Cartagena, que en
cuatro jornadas de transporte de las harinas las gozaba frescas y
buenas, y no necesitaba mas de las extranjeras para socorro y
sustento de los vecinos y tropa. En el modo consistia el acierto.
Como la desgracia de la provincia de Santa Marta proviene
principalmente de no tener gente de brio que labre las tierras, y
que amedrente singularmente la nacion de los Chimilas, pensó su
excelencia en fundar á las faldas de la Sierra Nevada una
poblacion, y mandar gente á poblar y trabajar la tierra. La
poblacion se llamó la ciudad de San Sebastian por ciertos respetos;
y los fundadores fueron todos los reos y encarcelados en las reales
cárceles de Santa Fe y de Tunja. Mala raiz para brotar buen fruto.
Para la conduccion de tales fundadores al valle de Upar fué
nombrado un valiente aragonés, sargento en otro tiempo, escogido á
propósito para tal empresa. Cabalmente, al volver yo de la
provincia de Santa Marta, me encontré con toda la rea tropa de
fundadores en un pueblo llamado las
|Guaduas. Vino luego el
noble cabo de la conducta á visitarme. Rogóme por Dios y por los
santos que fuera á consolar y animar aquellos pobres que venian
entre cadenas, gimiendo y suspirando, llenos de pavor y miedo de
los Indios bárbaros Chimilas, que decian estaban en aquella
provincia donde los llevaban. Díjome que él estaba con gran rezelo
de que no le sucediera alguna desgracia con ellos en el camino,
segun que iban mal contentos y desesperados; y así me estimaria el
favor de irlos á visitar, y á darles ánimo para la empresa. De mil
amores condescendí fui con el mismo cabo, los animé diciéndoles que
yo venia de allá, que nada me habian hecho los indios, que eran
unos cobardes, que al ver un Español con el fusil en la mano, huian
que ni gamos por los montes, etc. Les propuse la amenidad y
delicias de aquel país, la fecundidad del terreno, las riquezas de
aquellos cerros, y las ventajas y conveniencias que podian lograr
en aquella nueva poblacion. Ellos me oian, los pobres, como un
hombre venido del otro mundo, se alegraron y consolaron mucho, y no
se hartaban de darme las gracias por tan buenas nuevas, y el cabo,
llorando de contento, al ver tan fructuosa y tierna funcion, me
agradeció mucho la expedicion mas militar que apostólica. Yo
proseguí mi viaje para Santa Fe, donde, como debia, di razon de
todo á su excelencia, que celebraba no menos el pánico temor de los
peregrinos fundadores, que mi juvenil empresa de darles ánimo y
quitarles el miedo. Fueron por fin estos con el cabo á la provincia
sin desgracia, llegaron al valle de Upar, y á la nueva, poblacion
de San Sebastian comenzaron á trabajar, pero suspirando por los
ajos y
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cebollas que la ociosidad les brindaba en el
Egipto de su derrotada vida, y en la esclavitud de las cárceles,
todos se huyeron; unos por un lado, otros por otro desampararon la
poblacion, mostrando que no son buenos para fundadores los que por
malos hubieran de estar encerrados en calabozos, y sugetados con
grillos y cadenas. No me acuerdo á punto fijo cuantas veces se
mandaron otras conductas de la misma gente detenida en prisiones
para reemplazar la falta de los primeros; pero sucedió lo mismo;
porque la cabra siempre tira al monte, el haragan al ocio, y el
malvado á sus picardías. Los señores virreyes, no teniendo otra
gente que mandar, sin menoscabo de las otras antiguas poblaciones,
hubieron de cesar de la empresa, y se quedaron con los buenos
deseos de promover las harinas en Santa Marta, y con las ansias de
que viniera de los reinos dé España alguna compañía de gente
laboriosa para cultivar aquellas tierras, y de valor y brio para
contener y sujetar á aquellos pocos Indios que infestan la
provincia, y con sus inopinadas salidas y secretas emboscadas
quitan á la gente medrosa los alientos para aplicarse al
trabajo.
§
II
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De estos sabios designios de los excelentísimos señores virreyes
se echa de ver que se juzga capaz la provincia de Santa Marta de
las sementeras de trigo, y de desterrar de la costa y de los
altares las harinas extranjeras, abasteciéndola con las propias. Y
en efecto es así, y fueron verídicos los informes que los prácticos
y naturales de aquellos paises dieron á los señores virreyes, para
entrar en tan útil proyecto. Es cierto que no toda la provincia
franquea terrenos aptos para el efecto, pero si gran parte de ella.
Toda la falda de la serranía de Maracaibo que mira hácia poniente,
y pertenece á Santa Marta, por espacio de varias jornadas, y
asimismo toda la de la Sierra Nevada que mira hácia el oriente, es
de terreno y temperamento apto para producir el trigo. A los
contornos de un pueblo llamado Cucuy, de indios Coyaimas, reduccion
de los padres capuchinos, y de los pueblos del Molino y Villanueva,
todos tres situados al pié de la serranía que divide á Maracaibo de
la provincia de Santa Marta, se pudieran hacer unas sementeras
asombrosas; y no menos sobre el valle de Upar al pié de la Sierra
Nevada, donde se fundó el mencionado pueblo de San Sebastian. He
observado una cosa, y es, que la tierra y clima que es á propósito
para dar la famosa yerba del hayo ó coca lo es tambien para dar el
trigo. Y así los pueblos de Soatá, y otros, que subministraban
antiguamente el hayo para el comercio en lo interior del Nuevo
Reino, son ahora tierras de trigo. Y así esas tierras insinuadas
arriba, como son á propósito para el hayo, que en ellas
presentemente se coge, dieran con abundancia el trigo, si se
promovieran en la provincia las sementeras. Concluyo este discurso
con decir, que el promover la cosecha de este grano en la provincia
de Santa Marta es negocio sumamente importante al bien de toda la
costa de Tierra Firme, y al real erario. Lo que, bajo la capa
blanca de harina, introducen los extranjeros en toda la costa, es
indecible. Telas, canela, licores, cera, brocados y tisues, y
semejantes géneros, todos se cubren con harina, sea de trigo, ó sea
de habas, como á veces se sospecha. Y es casi necesario el
permitirlo para el suslento de las ciudades y de la tropa, y para
poder celebrar el santo sacrificio los sacerdotes. Todo esto se
evitara con promover la cosecha del trigo en Santa Marta: ya que en
toda la costa, y en todos los paises inmediatos, sumamente cálidos,
no hay tierras mas á propósito para el trigo.