DISCURSO XV.
Del cacao de la provincia de Santa
Marta, y de la diversidad de este grano, confundido con ventajas de
los comerciantes
|§ I.
Entro en un ramo de comercio, el cual solo bastara para que la
provincia de Santa Marta llegara á ser la mas rica y estimable de
toda la América. Ella sola, por la fecundidaddel terreno, por el
temperamento propio y requisito para este grano, y por la facilidad
de la extraccion y transporte á todas partes, es capaz de dar al
comercio tanto cacao, que por la abundancia, por la bondad y suave
gusto, forme otra especie de grano distinguido con el nuevo nombre
de
|cacao de Santa Marta. No me mueve á tal propósito (que
puede parecer hipérbole) el singular amor que por divinos y humanos
respetos tengo á la provincia; sino la verdad que conozco, el deseo
del mayor bien de todas las provincias sugetas al cetro del
Cátolico Monarca, el fomento del comercio de España con aquella
desgraciada provincia, que con él lograra el librarse de las mas
bárbaras, que numerosas naciones de Indios que la oprimen , y el
verse toda conquistada, y reducida á Dios y á su rey. Corriendo del
sur al norte viene por mas de cincuenta leguas el rio grande
Magdalena, bañando y fertilizando las márgenes de la provincia de
Santa Marta, y todo ese grande espacio de terreno, hasta las
cienegas y sierras de los Chimilas, es propio para el cacao. Todo
el Nuevo Reino sabe qué cacauales hay plantados, y qué haciendas de
cacao se han levantado en las orillas de ese rio. Por la banda de
la provincia de Cartagena es cierto que estas abundan mas, porque
hay en las villas de Monpox, y de Honda, y aun en las ciudades de
Cartagena y Santa Fe, manos fuertes y poderosas, que fomenten ó
entablen las posesiones de este género. En la provincia de Santa
Marta falta hombre que las promueva, parte, porque los de tierra
dentro se ocupan en otros comercios, ó las tienen ya mas cerca de
sus ciudades y casas, y parte, porque el bárbaro Indio Chimila (que
no llega á la provincia de Cartagena) tiene atemorizada la de Santa
Marta. No obstante, hay algunas haciendas de cacao, así á las
orillas del Magdalena, como á las de otros rios. En cierto tiempo
hácia el pueblo llamado Chiriguaná, habia una hacienda de cien mil
árboles de cacao: el dueño, que era un caballero gallego, la dejó
en su muerte para cierta obra pia : por enredos que se ofrecieron,
no tuvo efecto tal fundacion, y paró la hacienda y cacaual en ser
pasto de loros y guacamayos, de tigres y otros animales, que todo
lo destrozaron. En cl camino real que va desde la ciudad de
Tamalameque á la de Ocaña, dos jornadas distante del Magdalena, hay
una bella posesion llamada del Marqués, toda de cacao exquisito.
Por los años de 1749 tuvo esta hacienda la desgracia de que con
ocasion de un terremoto, se abrió un cerro, y rebentó un volcan de
agua tan copiosa y violenta, que se llevó treinta mil árboles de
cacao , plantados á la orilla de la quebrada del Marqués, con la
cual se unió para causar este y semejantes estragos, hasta embocar
con el rio Simañas en el Magdalena. Pasé despues otra vez, y vi ya
plantado de nuevo el cacaual, con esperanza de mas copioso fruto. A
las orillas de esta quebrada del Marqués, que en una media jornada
se pasa para ir á Ocaña setenta y dos veces, y sobre las fecundas
márgenes del Simañas, rio navegable, y que he navegado yo, hasta
salir al rio Grande, ¡qué cacauales tan abundantes pudiera haber si
hubiera gente que se aplicara á fomentar la noble especie del
cacao! En todo el valle de Upar, en el vasto espacio de cuatro ó
cinco jornadas, á las orillas de tantas quebradas (así llaman allá
á los nos pequeños ó torrentes) sobre las márgenes del Guatapuri,
del Gran Cesare, y del rio de las Perlas, ó de la Hacha, y de otros
varios, pudiera cogerse tanto grano de cacao, que bastara á llenar
naves enteras. Ahora son montecitos de árboles sin fruto, los que
pudieran ser cacauales fructíferos, plantados junto á las
corrientes de tantos rios. Y ya que señalando como con el dedo
cacauales y terrenos propios para el cacao, hemos girado por la
parte del poniente, donde corre el Magdalena, del sur hácia donde
está Ocaña, y del oriente hácia donde cae el valle de Upar, vamos
siguiendo la costa del norte, en la cual están situadas las
ciudades del río de la Hacha y de Santa Marta. Entre estas dos
ciudades, en camino de cuatro jornadas, se hallan tantos sitios á
propósito para el cacao, que aun sin cultivo alguno. se conservan
los árboles y producen el grano. Lo ví antes de llegar á la playa
del mar, en la cual se hace la gran pesca de las tortugas: entramos
en un monte lleno de árboles de cacao, pero silvestre, porque eran
tierras desiertas, y nadie cultivaba aquellos montes. Si hubiera
quien emprendiera el cultivo de esas tierras, estaba á la lengua
del agua el cacao para el embarque y transporte. Dejo lo mas remoto
de la provincia, que es la jurisdiccion de Ocaña; junto al rio del
Oro, que casi baña la ciudad, y las orillas del rio Catatumbo, que
tambien pasa á las inmediaciones de Ocaña, y va á juntarse con el
gran rio Sulia para desembocar en la laguna de Maracaibo, podia
haber muchas haciendas de cacao, como las hay de trapiches de miel
y azúcar. Pero basta lo insinuado para hacer ver cuan rica y
abundante en este ramo de comercio puede ser la provincia de Santa
Marta, si entra gente laboriosa á cultivarla. Per ahora no deja
ella de contribuir con sus cacauales al aumento del grano llamado
cacao de la Magdalena, del cual, y de las demás suertes de cacao
que se confunden en el comercio, no sin ventajas de comerciantes,
quiero dar al público mas claras é individuales noticias.
|§ II.
Si leemos diccionarios mercantiles, si atendemos á las voces de
los comerciantes, singularmente fuera de los reinos de España, no
veremos ni oiremos mas suertes de cacao que las siguientes:
Caracas, Caraquilla, Magdalena, Portugal ó Marañon, y Guayaquil. A
mas de estas hay otras suertes de cacao como diré después: vamos
primero disipando las sombras, confusion y engaño, que hay ó puede
haber en las dichas especies. Por mi fortuna ó desgracia caí en un
diccionario del francés traducido en italiano, y dice así :
|Il
cacao di Caraque, cosi nomato, perché ricavasi da contorni
della cittá di Caracos nel Messico, etc. ¿Habrá mayor desatino
geográfico? Yo no sé como hay hombres que se atrevan con tan pocas
luces á compaginar enciclopedias para iluminar al público. Todo el
mundo sabe que la ciudad de Caracas, y la provincia así llamada, no
está en el Méjico, sino en el Nuevo Reino de Granada; así no hay
para que entretenernos en eso. Lo que pide explicacion es lo otro,
que afirma el diccionario, y creen los mas, que el cacao de Caracas
se llame así porque es verdaderamente producido y cogido en los
contornos de la ciudad de Caracas. Pero no es así, por mas que
algun apasionado á Caracas quiera defenderlo. No por eso se quita
la buena fama y crédito á la ciudad
|y provincia de Caracas,
ni la justa estimación y aprecio de la bondad del cacao llamado
Caracas. Pero la verdad se ha de decir sin ofensa de otro, y para
conciliar al Nuevo Reino el aprecio que se merece. La verdad, pues,
es esta la provincia de Caracas, y las haciendas de cacao fundadas
en las vecindades de la ciudad llamada Caracas, son muy fecundas de
cacao, y subministran cuantiosa porcion de grano á la compañía de
nobles y honrados vizcainos llamada de Caracas. Pero en lo interior
del Nuevo Reino están las provincias ó jurisdicciones de Cucuta, de
Pamplona y de Merida, fecundísimas de cacao, y estas, ó por el rio
Sulia ó por tierra suministran al factor de la sobredicha compañía,
que á ese fin reside en Maracaibo, grandísima porcion de cacao, y
este, que no es inferior al de Caracas en la calidad, unido con el
otro es transportado á España con el nombre de Caracas, aunque en
la realidad sea en gran parte cacao de Cucuta, de Pamplona, de
Merida, y aun de las haciendas mismas, situadas en los contornos de
la laguna de Maracaibo. Como la casa y caja fuerte de la compañía
está en la ciudad de Caracas, y las naves vizcainas salen
regularmente para España del puerto de la Guaira, casi media
jornada distante de la ciudad, está bien puesto al cacao el nombre
de Caracas.
El de Caraquilla se da en el comercio, segun oigo en Italia, al
de las islas Antilas, y colonias que pertenecen á reinos
extranjeros, y creo que estos, con el nombre, le granjean mas
aprecio para darle mas valor, y con el buen olor de la fama de
Caracas se hace creer es semejante á él. Pero la experiencia en el
paladar muestra que ni el diminutivo de Caracas merece tal grano;
amargo, y en gran parte, á lo que parece, mas silvestre que
cultivado. Berbiche de un lado, Jamaica de otro, dan gran porcion
de este grano para la Italia, y otras regiones poco prácticas en la
propiedad de este género. El que no puede gustar del cacao de
Caracas, se consuela con que á lo menos toma Caraquillas pero estos
consuelos no satisfacen ni engañan el paladar de los Españoles. En
el cacao llamado Portugal, ó del Marañon, no veo equivocacion: si
no fuera tan amargo el grano, por lo grueso y abundante de manteca,
fuera muy apreciable; pero le falta aquel gusto del Caracas. El
grano llamado Guayaquil veo que tiene por lo menos en Italia mas
aprecio del que se le da en el Nuevo Reino, á cuyo virreinato
pertenece la ciudad de Guayaquil, como todo el Quito. Se estima
poco grano de cargazon por ser de gusto muy amargo y desapacible, y
el grano chiquito y poco mantecoso. Dije
|de cargazon, porque
hay grano escogido de ciertos terrenos, muy bueno, que de Guayaquil
se lleva á Quito tambien para uso de las personas de mas delicado
gusto. No obstante, el grano mas estimado en Popayan y Quito, es el
que, ó va del rio de la Magdalena, y suelen remitir los mercaderes
de la villa de Honda, ó por la via de Santa Fe se manda de Cucuta,
y de Pamplona y Merida hácia Popayan y Quito hasta Lima. Y ya que
tocamos el cacao del rio de la Magdalena, quiero sobre este
advertir: que de este grano excelente va poco en comercio aun á
España; mucho menos, ó por mejor decir, nada, á mi juicio, se halla
en Italia y otros reinos extranjeros. Y así me provocó á risa un
mercader de cacao en Roma, cuando mostrándome varias suertes de
cacao me dijo, cogiendo en las manos e! grano
|: Este es
Magdalena. Este va á dos reales de plata la libra poco mas ó
menos. Esto se parece al vender garzas por perdices. El cacao de la
Magdalena presentemente es poco para venir en comercio hasta
Italia, y es tan exquisito, que fuera del que se consume en el
Nuevo Reino, si se manda á España, va de regalo á personas de
distincion, ó de mayor cariño; y antes se mandaba como grano de
superior calidad á la córte para uso de su real majestad.
Seguramente, no podia darse á tan corto precio un grano que en el
reino mismo de Santa Fe y propio país se estima tanto, si no mas
que el de Caracas, y se vende al mismo precio que este. De todo lo
que se infiere que en el despacho de tal grano con el nombre de
Magdalena, si no hay engaño que proceda de malicia, hay error que
proviene de poca inteligencia. Dejo ya esto, y concluyo con un
apéndice ó índice de otros granos de cacao mas exquisitos. Está el
Soconuzco de la Nueva España estimadísimo y exquisito. EL cacao de
algunas islas Filipinas excelente; el de Maínas poco, pero muy
apreciado en Quito. El de los Mojos, perteneciente á Lima, es tan
apreciable, que se manda á la córte de España en obsequio debido á
su real majestad. Finalmente, en el Nuevo Reino está el cacao del
rio de la Miel, que viene de tierra de oro, y desemboca en el
famoso Magdalena, mas abajo de la villa de Honda: allí lo probé yo,
y no me acuerdo haber tomado en mi vida chocolate de gusto mas
suave y delicado. Es poco el grano que se coge, mas pudiera
sembrarse mucho á una y otra orilla del rio, cuyas corrientes son
muy apreciables, y cuyas aguas, por su color de zarza, y por su
gusto particular, suelen ser dulce refrigerio de los que navegan
por el Magdalena. Conténtome con haber dado estas pocas noticias
que pueden servir al público, á cuyo bien dirijo todos mis
discursos. Si á alguno le pareciere digresion importuna la que
hemos hecho, conténtese con lo que dice san Gregorio en sus
Morales: que el historiador debe ser como un rio, que arrastra
cuanto encuentra en las orillas y márgenes para llevar al mar,
donde halló su principio, y va á encontrar su fin.