DISCURSO
XIII.
Del ganado de asta, de sus pastos, y
prados de rara amenidad y conveniencia
|§ I.
De los caballos pasemos á ver el ganado mayor de asta que tiene
la provincia de Santa Marta. Este es un género considerable de
comercio en varias provincias, aun del Nuevo Reino, como lo es
tambien en Paraguay, y pudiera ser mayor en la provincia de Santa
Marta: si como los comerciantes de España van á buscar las pieles
de las reses á Buenos Aires, sin tomarse tanta pena ni trabajo,
fueran en navegacion mas breve y segura al puerto de Santa Marta, ó
al río de la Hacha, á solicitar los cueros. Por sobrar estos en la
provincia, se los llevan los extranjeros para proveer despues á los
oficiales de España de suelas de Inglaterra, que con ese nombre,
aunque en realidad sean americano-españolas, serán mas apreciadas.
Vamos, pues, á favor del comercio español, á descubrir este ramo de
comercio, poniendo como á la vista la multitud de ganado que se
cría en la provincia de Santa Marta, los pastos admirables, y los
deliciosos y comodísimos prados y sitios que tienen para su
conservacion y multiplicacion el ganado.
Es la provincia de Santa Marta tan fecunda y abundante de reses,
que le sobran para abastecer de carnes á otras circunvecinas
provincias, y de hecho, la ciudad de Cartagena, las ciudades de
Simití y Guamocó, con otros pueblos de la provincia de Zaragoza, se
proveen y abastecen de las carnes que les subministra la provincia
de Santa Marta. Como de estas provincias y la de Santa Marta no hay
mas distancia ni division, que la que hace el gran río de la
Magdalena, fácilmente pasan nadando las reses de la provincia de
Santa Marta á las otras, y es el tránsito casi continuo. En la
fatal ocasion de un sitio que estrechara y tratara de coger por
hambre la ciudad de Cartagena, no pudiera tener otro socorro de
carnes que el que le mandara la provincia de Santa Marta. Por todas
partes pudiera impedir enemiga armada los víveres, menos por la
banda de Santa Marta. Esta fertilísima provincia friera siempre
almacen abundante para el sustento de Cartagena, y la que le
burlara las artes del enemigo, que intentara oprimir esta plaza con
la dura necesidad del hambre. A mas del ganado vivo que manda Santa
Marta á las otras provincias, manda tambien carnes saladas, porque
hay abundancia de reses para todo. Usanse en la América dos suertes
de carne salada; una se llama
|tasajo, la otra
|cecina.
El tasajo es la carne de la res, sea vaca, toro, ó novillo, tajada
en varios pedazos, los cuales se salan primero, y despues se dejan
al sol y sereno, colgados por algunos días, para que, como allá
dicen, se cure la carne, esto es, para que se purifique y cobre
buen gusto con la sal incorporada. La cecina se hace casi del mismo
modo, y solo se diferencia de la otra por hacerse con mas cuidado y
pulidez, y de la carne mas escogida. De una y otra abastece Santa
Marta á los vecinos, y ambas se comen generalmente en la América, y
la cecina bien condimentada, á la moda del país, sabe muy bien al
paladar de pobres y ricos, de esclavos y señores.
|§ II.
Los sitios donde abunda mas el ganado son los llanos y prados
que desde el río de la Hacha se extienden en latitud desde la
serranía de Maracaibo hasta la Sierra Nevada, y en longitud por el
valle de Upar, hasta Tamalameque, y si no estuviera la nacion
chimila en el centro de la provincia, pudiera extenderse el ganado
hasta sobre las márgenes de la Magdalena; mas ahora no se atreven
las gentes á fundar hatos de ganado en tantos prados y bellos
sitios que hay desde la Sierra Nevada hasta el dicho río grande,
por temor del Chimila. Sin embargo, en estos llanos que tendrán
como sesenta leguas de largo, y lo mismo de ancho, no deja de haber
muchos hatos de ganado considerables, á pesar del Chimila, que de
cuando en cuando sale en tropa con arco y flechas á infestar los
mas vecinos. Y no solo los nativos y patricios de la provincia
tienen haciendas de ganado en tan amenos prados, sino tambien los
vecinos de la provincia de Cartagena, singularmente los caballeros
de la villa de Mompox han venido á fundarlas, y las tienen
gruesísimas. El hato, llamado de las Campuzanas, cuando yo pasé,
tenia unas diez y seis mil cabezas de ganado, y era de unas señoras
de Mompox. así llamadas. El caballero de Mompox y marqués de San
Fernando, don Fernando de Mier, tenia un hato que llegaba á
cuarenta mil reses, y don Blas de Godoy tenia otro de diez á doce
mil cabezas. Y de aquí se puede inferir cuanta abundancia habrá de
ganado en aquellos valles, y qué multitud de haciendas propias de
los mismos patricios de Santa Marta. A mas de eso, están sobre
Ocaña los llanos dichos de San Jacinto, que sirven para las
haciendas de los señores de esta ciudad, y son tan buenos y
saludables los pastos para las reses, que suelen dar los novillos
en la carnicería cinco y seis arrobas de sebo.
Mas lo particular que admiré yo en aquellos prados y valles de
la provincia de Santa Marta, es una cosa que no vi en cuantas
sabanas ó llanos corrí de otras provincias del reino. Y es, que
todo el valle situado entre sierra y sierra, Sierra Nevada y Sierra
de Maracaibo, el cual viene á ser como un cañón de tierra que corre
hasta Tamalameque por unas sesenta leguas , está en tal proporcion
y tan bella disposicion para la conservacion y cria de ganados y
caballos, que no puede fácilmente imaginarse mayor comodidad, ni
mejor terreno. Yo, á decir la verdad, en mi vida he caminado con
mayor gusto, que criando montado en mi aguililla corria, con el
paso natural de aquellos caballos, por el valle de Upar. Está
distribuido en tal conformidad, que despues de un trecho de una o
dos leguas por el verde prado, se encuentra un bosquecito sombrío
con variedad de árboles cedros, guacamayos, subes, y otros
balsámicos, y luego un arroyo, una quebrada, un río de buen vado, y
todo de agua á cual mejor luego se entra, ó por mejor decir, se
sale á campo abierto en una sabana deliciosa, y casi todo el camino
es así, tan llano como vario y delicioso. Otra cosa hay todavía
particular, y es, que en las sabanas se crian unos árboles llamados
perales, mas no son de los que dan peras, aunque en la altura y
hojas algo se asemejan; y están distribuidos con tal proporcion y
órden admirable, como si artificiosamente los hubieran plantado
para delicia de los viajeros, ó comodidad de las bestias, que
huyendo de los ardientes rayos del sol, que abrasa en aquellas
partes, se van á refugiar á la sombra que les presentan los siempre
verdes y frondosos perales. Lo que hasta aquí llevo dicho en orden
á la fecundidad y multiplicacion y pastos del ganado de asta, debe
á proporcion entenderse de los caballos que pastean juntamente con
las reses, y son tan necesarios para recoger de cuando en cuando el
ganado, para reconocerlo y traerlo á corrales, que á las veces
habrá, y son precisos, quinientos y seiscientos hombres á caballo
para hacer, como allá dicen, el rodeo de una sola hacienda. Puede
cada uno inferir de este mi discurso: qué abundancia y montones de
pieles ó cueros pudieran los comerciantes españoles llevar de esta
provincia de Santa Marta para surtir la nacion de propios géneros,
y cuánto mas pudiera ser ventajoso el comercio con tal provincia,
si mas se cultivara y fomentara. El calor natural fomenta el
cuerpo: el externo, como violento, lo abrasa y consume. El calor
nacional es el natural, el extranjero es tan violento como
clandestino: chupa y consume á la provincia de Santa Marta, no la
vivifica ni la fomenta. Vamos á otro ramo de comercio.