INDICE




Prefacio al lector
Prevencion crítica al lector discreto

Parte Primera
Discuro I  Dase razon del título de Perla de América, atribuido a la provincia de Santa Marta
Discurso II  Noticias generales de la provincia de Santa Marta que muestran el aprecio que ella se merece
Discurso III  De las perlas de Santa Marta y de sus pescadores
Discurso IV  Cuantas suertes hay de perlas, y cuales son las más estimadas y preciosas.
Discurso V  Donde florecen el comercio y labores exquisitos de perlas
Discurso VI  De la celebrada planta llamada hayo, por otro nombre coca, pasto común de la nacion guajira 
Discurso VII  Demuéstranse las virtudes del ?hayo? más apreciables que las del té,  café, y mate de Paraguay
Discurso VIII  Del oro plata y piedras preciosas de Santa Marta
Discurso IX  Del fabuloso y verdadero Dorado de la América
Discurso X  De los santuarios y sepulcros de los Indios, y piezas de antigüedad que en ellos se hallan en la provincia de Santa Marta
Discurso XI  Del palo del Brasil , que se halla en la provincia de Santa Marta,  y se llevan los extranjeros
Discurso XII  De los caballos aguilillas de la provincia de Santa Marta
Discurso XIII  Del ganado de asta, de sus pastos, y prados de rara amenidad y conveniencia
Discurso XIV  Del añil de Santa Marta, y de otro azul bellísimo desconocido en Europa, llamado azul de la Grita
Discurso XV  Del cacao de la provincia de Santa Marta, y de la diversidad de este grano, confundido con ventajas de los comerciantes
Discurso XVI  Del azúcar, miel y panela de la provincia de Santa Marta
Discurso XVII  Del trigo de la provincia de Santa Marta, y proyectos hechos para  evitar la continua introduccion de harinas extranjeras en toda  aquella costa
Discurso XVIII  Del algodon de la provincia de Santa Marta
Discurso XIX  De la concha fina de tortuga y madre perla de Santa Marta
Discurso XX  Del tabaco, sal, vainilla, leños preciosos, resinas y bálsamo de la provincia de Santa Marta

Discursos preliminares a la segunda parte
Discurso I.  Que la destruccion de las poblaciones indianas de la costa de Tierra Firme no debe atribuirse á los Españoles, sino á los extranjeros
Discurso II  De los estragos hechos por los extranjeros en aquellas naciones, y de las benignas leves y providencias de los Católicos Monarcas á favor de los Indios

Parte Segunda
Discurso I  Noticias generales de los Indios que los conquistadores hallaron en la provincia de Santa Marta, y de los que ahora quedan en ella
Discurso II  De la nacion de los Indios Taironas
Discurso III  De los Aruacos y Tupes de la provincia de Santa Marta
Discurso IV  De la terrible nacion de los Indios Chimilas
Discurso V  De las emboscadas y asaltos de los Chimilas
Discurso VI  De las conquistas proyectadas contra la nacion de los Chimilas
Discurso VII  Proyecto eficacisimo para la pacificacion y reducion de los Chimilas
Discurso VIII  Diversas vias y modos de poderse fácilmente ejecutar el proyecto insinuado
Discurso IX  De la nacion de los Indios Motilones
Discurso X  Cuan ventajosa fuera para el comercio del Nuevo Reino la abertura de un camino por la tierra de los Motilones desde Maracaibo á la ciudad de Ocaña
Discurso XI  De cierta expedicion emprendida con real aprobacion, á fin de pacificar los Motilones , y hacer traficables sus tierras
Discurso XII  De la nacion guagira de la provincia de Santa Marta
Discurso XIII  Del numero y moda de vestir de los Guagiros
Discurso XIV  De la lengua guagira, valor marcial y comercio pernicioso de los Guagiros con los extranjeros
Discurso XV  Del apostólico celo de los ilustrísimos señores obispos de Santa Marta en promover la reducion de los Guagiros
Discurso XVI  Del celo del Católico Monarca, y sabias providencias emanadas de la real piedad para la reducion y conquista de los Guagiros
Discurso XVII  Del estado en que el ilustrisimo señor Arauz halló las misiones de los Guagiros y Chimilas, y en que las dejó á sus inmediatos sucesores después de las dichas reales providencias
Discurso XVIII  Sobre un proyecto de la conquista de los Guagiros, presentado en la córte de Madrid, y después en la de Santa Fe por el cacique de los mismos Guagiros,  unido con un caballero español
Discurso XIX  Cuan importante sea á la religion y real corona la conquista del Darien, a la cual destinaba su majestad católica los misioneros de los Guagiros
Discurso XX  De los salvajes que se dejan ver en los confines de la provincia de Santa Marta
Discurso XXI  De los muertos incorruptos que se hallan en los montes de la provincia de Santa Marta

Parte Tercera
Discurso I.  Del puerto de la ciudad de Santa Marta
Discurso II  Por qué las flotas dejaron de ir á Santa Marta, y por qué no van ahora les naves del comercio de España
Discurso III  Del astillero ó arsenal que pudiera establecerse en el puerto de Santa Marta para fabricar naves
Discurso IV  Puerto de Bahía Honda, utilísimo para el comercio de España, para atajar el de los extranjeros, y para reducir á los indios Guagiros, y pacificar aquellas tierras
Discurso V  De los puertos de rios que tiene la provincia de Santa Marta
Discurso VI  Del imponderable daño que en toda la costa de Tierra Firme acarrean los extranjeros al comercio y monarquía de España
Discurso último  Del modo de establecerse en la provincia de Santa Marta una compañía  no exclusiva, para ventajas grandes del reciproco comercio de España con el Nuevo Reino de Granada
Catálogo instructivo
DISCURSO IX. | Del fabuloso y verdadero Dorado de la América

Me ha impelido a este discurso la lección de la |Historia del Orinoco, dada a la pública luz por el ilustre señor abate don Felipe Gili. Está graciosísimo en el libro tercero de su Historia, tratando en el capitulo V del Dorado. Rechazando fábulas dice mil verdades; pero buscando con tantos autores y peregrinos de la América la luz de la verdad, nos deja entre sombras. Niega el supuesto Dorado, y nos supone otro. Nos presenta un rey dorado por origen del Dorado fabuloso: y no descubre el fundamento verdadero |de la fábula. Entra, o introdúcese en el Dorado, exponiendo el sentido de la voz y común inteligencia del |Dorado. Y hablando en el sentido de Orinoco, (que no es el común del reino) va descubriendo y figurando un país donde todo es de oro. De oro las casas, de oro lar armas, de oro los arneses, de oro las azadas y martillos, de oro las peñas, y de oro las arenas de los ríos, de oro los vasos y muebles de cocina. Y no sé cómo no ha puesto las aguas de oro y los jardines o campañas también de oro. Tal nos supone el señor don Felipe el |Dorado, según el sentido de las |regiones de la |América; y lo extraño, pudiendo él haber leído en el |Orinoco ilustrado del padre Gumilla |(1) , “que lo que con ansia buscaban los conquistadores era un valle y un territorio con peñascos y guijarros de oro, y eso no más entendían por el |Dorado”.  Bajo de tal supuesto afirma el señor Gili, que más de siglos hace que se va en busca del Dorado, y que no se sabe todavía dónde está. Y en eso dice muchísima verdad, y pudiera añadir que bien pueden buscarlo hasta el día del juicio los curiosos, que nunca lo hallarán. Debe el público al señor abate Gili el clarísimo desengaño en este punto, de que Dorado tan dorado es una fábula. Si allí parara el historiador, no había qué decir. Pero, |incídit in Scyllam, cupiens vitare, Charibdim. En lugar de esa reprobada fábula nos mete otra, y mudada la escena hace comparecer en el teatro a un rey dorado, cuyo real mando sobre la desnuda carne es el oro bien molido, del cual todos los días se cubre a la mañana y a la noche se lava y cubriéndose de cabeza a pies de nuevos polvos de oro, al siguiente día amanece como nuevo sol con sus dotados rayos todos los días. Aunque no afirma positivamente el señor Gili la existencia de tal rey, parece que la cree, con tal que sea rey ó príncipe de cabeza a pies empolvado de oro, pero sin |techos ni palacios de oro, sin paredes ó murallas de oro. O |questi, exclama, |si sois finti dappoi. Sea lo que fuere de su creencia, manifiestamente asegura haber sido ésta la significación de la voz |Dorado en sus principios. Y es tan falsa esta significación del Dorado como la primera; porque ni una ni otra significación tiene la voz del Dorado en la antigua y presente persuasión del nuevo reino y provincias de la América más cultas y traficadas. Excuso, como debo, según las leyes de la amistad, al amigo don Felipe Gil en dos cosas, que son: el haberse gobernado por las voces oídas en los retiros del Orinoco, para interpretar el sentido de la palabra |Dorado, que en el uso del idioma castizo español tiene otra fuerza y significación: y el haber adherido demasiadamente a Oviedo, que en cierta carta hizo llegar basta Roma la fama del príncipe empolvado de oro que andaba por la América de incógnito con el nombre de |Dorado. No hay ni hubo tal rey encubierto bajo. el nombre de Dorado. Pregunta el señor abate Gili en lengua italiana (pero digámoslo en nuestra lengua): “¿De dónde, pues, ha salido un nombre que ha engañado a todos los viajantes? |Eccolo, dice, de no atender bien al sentido español de la voz |Dorado, la cual no significa un |lugar de oro, como se ha pretendido en tantos años por tantos autores; |mà un uomo dorato o indorato: sino un hombre dorado ó sobre dorado”. E |s disculpable un italiano, y nativo romano, como es don Felipe, |si no da toda aquella fuerza y extensión de sentido que tiene en la propia nacion una voz española. Como en italiano se dice |dorato è indorato, en idioma español hay estas dos voces |, dorado y |sobredorado. Esta última no se aplica sino a cosas sobre la cual se pone el oro: mas la voz |dorado se puede aplicar también a cosa de oro con elegancia. Y así se dice: |Las doradas arenas del Ganges, no porque el Ganges sea enpolvado de oro como el rey Dorado de Oviedo, ni porque sus arenas tengan oro sobrepuesto, como tenían los cabellos del rey Dorado, sino porque son arenas realmente de oro y echan sus relumbrones de oro. Así en lengua española, cuyas voces, como todo el mundo sabe, son igualmente expresivas que sonoras y elegantes, se dice muy bien |dorado cerro el que tiene mucho: |doradas peñas, las que contienen en sus vetas el oro; y no se dijera cerro sobre dorado, ni sobre doradas peñas. Como por el contrario el rey empolvado de oro, que, según Gil y Oviedo, sobre los cabellos y sobre todo el cuerpo se echaba polvo, de oro más propiamente podía llamarse sobre |dorado, esto es, rey con oro sobrepuesto. De lo cual se deduce en buen romance, que no se ha de coartar la voz |Dorado a la precisa significación del |uomo dorato e indorado, de hombre dorado, sino que puede convenir muy propiamente a un cerro, á un monte, á un río de oro, como pudiera comprobar con otras tazones y con ejemplos de otras voces y testimonios de varios autores españoles, y poetas singularmente. Pero basta lo dicho para no molestar al lector, y para excusar al señor Gili en el punto de la significación de la voz |dorado. Y para excusarlo en lo demás,vengo a descubrir al público la antigua y primera significación e inteligencia del Dorado en la América meridional; y a decir claramente dónde estaba y está el Dorado verdadero de la América; con lo cual se deshará la autoridad de Oviedo en tal asunto, en la que especialmente se funda el señor abate Gili.

|§ II. 

Es constante y notorio que la primera provincia de la Tierra Firme y de la América meridional que poblaron los españoles, fue la de Santa Marta. Ya dijimos que allí comenzaron los conquistadores a ver y tomar el gusto al oro; allí consiguieron, ó de regalos que voluntarios les presentaban los Indios, ó por despojos de sus victorias, considerables cantidades de oro. De suerte que desde entonces fue llamada la provincia de Santa Marta y la de Urabá Castilla de oro, como consta de todas las historias y geografías antiguas de la Tierra Firme. Al paso que crecía el oro en las manos de los españoles, se aumentaban las noticias y rumor del oro que había en lo más interior de | la provincia. Sonaban especialmente las noticias de un cierto cerro llamado de |Tairona. Decíase que contenía grandes riquezas, y singularmente riquísimas minas de oro; que los Taironas eran los dueños de este cerro, más que no dejaban llegar a él ni a sus más amigos. Con el gusto de tales noticias, con la aprehensión de montes de oro, entre la confusión de pretendientes, comenzó la voz del |Cerro de Oro en unos; en otros de más elevada fantasía la de el |Cerro Dorado; y luégo por antonomasia la de |el Dorado absolutamente. Y bajo de ese renombre se buscó varias veces, y por resistencia del indio Tairona nunca se pudo hallar: quedóse el Cerro de Oro en la provincia y se fue en las lenguas de los conquistadores del reino la fama del |Dorado. Esta con el tiempo fue creciendo, entre diversidad de naciones se fue confundiendo y mezclando con mil ficciones. Por fin, ha llevado engañados a tantos, que teniendo el verdadero Dorado cerca lo han buscado lejos, y a tantos tutores que guiados de las últimas noticias, olvidaron las primeras y originales. De donde ha nacido el dar por fabuloso el Dorado, como un reino todo de oro, ó un príncipe empolvado de oro.

Puede parecer arbitraria y forjada de nueva planta en mi capricho la noticia; mas yo digo que ninguna relación del Dorado es más verosímil, ni opinión alguna contraria es más sólida ni más probable; como verá cualquiera que con reflexión considere los fundamentos que ya produzco. Sea el primero el haber salido de Santa Marta la primera voz y fama del Dorado, como asegura con la común de varios historiadores el padre Gumilla mismo, y haberse ella extendido al paso mismo con que entraban los conquistadores en nuevas tierras. Voy siguiendo las indelebles huellas de los conquistadores al lento paso del señor abate Gili, y en cada nueva región que salidos de Santa Marta ocupan ellos halló un Dorado. Salieron de Santa Marta para conquistar la provincia de Calamari, llamada hay de Cartagena, y |en Cartagena se esparció la voz del Dorado, y allí se |creyó, según el abate Gili |(2) . De Santa Marta por Opón salieron a Vélez los conquistadores; en Vélez sonó, y |se creyó el Dorado |(3) . De Vélez entraron en los Moscas, y reino de Bogotá; allí se oyó la fama, y se creyó el Dorado |(4) . De Bogotá, Vélez y Tunja, fueron los conquistadores a la conquista de Sogamoso y del templo del sol, y allí por la voz y rumor que siempre más se extendía, se creyó el Dorado |(5) . Por fin, para ahorrar pasos y fastidio, llegaron los conquistadores a Quito: allí estuvo luégo el Dorado. A Venezuela, a los llanos de San Juan, al Orinoco, a Timaná, a la provincia de Ibagué, y a otras provincias, y en todas hubo luégo Dorado; porque sonaba en las lenguas de los españoles salidos de Santa Marta el rumor del Dorado, que alborotaba las fantasías e introducía en las provincias la codicia de tenerlo. En Santa Marta se formó la voz del Dorado; el eco resonó en todo el reino; fuéronse los curiosos o codiciosos tras el eco, y engañados se alelaron del sitio donde se había formado y levantado la voz. Como quien alucinado sigue la sombra y deja el cuerpo, así innumerables españoles, franceses, ingleses y forasteros, gobernados al eco sonoro del Dorado lo buscaron por los valles sombríos, por los elevados montes y por los cerros más ásperos y quebrados; perdieron sus haciendas, salud y vidas; y como asegura con tantos autores y prácticos viajeros el señor abate Gili, hasta ahora no lo han hallado. La razón es clara: porque por todas partes lo han buscado, menos en donde está. Y ve aquí otro fundamento de que está en la provincia de Santa Marta, donde menos se ha buscado, y el sitio donde los curiosos nunca pudieron entrar ni averiguar si estaba tal Dorado. | ¿Pues dónde está? ¿Y qué Dorado es ese? Digo que es el cerro antiguamente, y aún ahora llamado |el cerro de Tairona. Y ese está entre la Sierra Nevada y la tierra de los Chimilas. Claramente lo afirmo y lo pruebo con dos razones. La primera, porque éste es el Cerro de Oro. La segunda, por la voz y fama común bien fundada. 

|§ III. 

Vamos a lo primero. Cerro de oro o monte de oro llamo al que tiene mucho oro y mucha riqueza en sus entrañas y vetas, y en tánta copia, que por antonomasia llamarse puede Cerro de oro, ó monte Dorado, no por el oro que cubra la superficie, sino por el oro que dentro tiene y luce en sus canteras y minas. No dudo que en el Nuevo Reino de Granada, más rico de lo que se juzga, y que a reino ninguno cede en riquezas, hay varios cerros, montes y valles llenos de oro; más el cerro por antonomasia llamado |Dorado, por la primicia de antigüedad en haberse llevado las atenciones de los conquistadores, de haberles ofrecido las doradas primicias de los tesoros de la América meridional y de haberse merecido la voz común y fama de |el Dorado, es el |cerro de Tairona. Este cerro viene a estar, ó en el valle mismo llamado también de |Tairona, ó es uno de los cerros que forman la cordillera que sigue por la parte de occidente hasta la |Ciénaga y extremidades de la provincia del Chimila, que confina con el río Magdalena. En esto varían de opiniones los historiadores y vecinos de Santa Marta. Lo cierto es, que el cerro de Tairona hasta ahora es ce­lebrado, deseado y codiciado en la provincia de Santa Marta como el Dorado, y no sin fundamento. Tairona, en lengua de aquellos Indios, es palabra que significa |fragua. Y que hubiera fragua de oro y de plata a la falda del cerro, y que algunos Indios hallaron despues los vestigios de hornillas y fundiciones, ya lo dijimos con el ilustrísimo Piedraita. Mas ahora añadiré con él mismo lo que no dije. “El valiente capitán don Pedro de Ursúa, por los años de 1552, para servir honrado a su monarca católico, quiso emprender la conquista de los Taironas, una de las naciones más belicosas de las Indias. Oyó la voz que celebraba las riquezas del Tairona, del cerro y del valle en que estaban los minerales de oro y platería, en que se fundían las primorosas joyas de filigrana, en varias figuras, de águilas, de sapos y culebras orejeras, chagualas, medias lunas y cañutillos, de que tan vistosa y ricamente se arreaban todas las naciones que corren desde el cabo de la Vela, hasta las extremidades de Urabá, y la suma cuantiosa de oro en puntas y polvos, etc. Todo lo refiere el ilustrísimo señor Piedraita |(6) y añade que tales noticias habían desvelado mucho tiempo el magnánimo espíritu de Pedro de Ursúa, no tanto por adquirir riquezas para si, de que siempre se mostró poco ambicioso, cuanto por conseguir la gloria de que por su medio las participase su príncipe”. Tales eran las riquezas del cerro y valle de Tairona, dignas de un monarca de España. Emprendió Ursúa la conquista, y desde Santa Marta salió con su ejército, que constaba de doce caballos y cuarenta infames: |Exigui numero, sed bello vivida virtus. Así que por las espías supieron los Taironas que dirigía su rumbo Pedro de Ursúa hacia sus tierras, de común acuerdo | resolvieron en concejo pleno fingir paz y salirse obsequiosos al encuentro. Así lo hicieron, y el cacique le despachó embajadores con un rico presente de cañoncillos de pavas llenos de oro en polvo, proponiéndole que si gustaba de entrar en su ciudad de Posigueica, famosa plaza de armas de la nacion tairona, lo tendrían a suma felicidad, y si trataba de hacer alguna jornada, le serviría y haría acompañar de su gente con buena amistad y a su gusto y satisfacción. En suma, lo que hace a mi intento es, que admitió las ofertas Ursúa, entró en Posigueica, luégo preguntó por el valle de Tairona tan celebrado, con sumo deseo de encontrarlo salió a reconocer la tierra, vio muchas poblaciones hacia la Sierra Nevada; en todas poca gente, pero en cada una los cañoncillos de oro que menudeaban. En fin, todo lo reconoció, menos el valle de Tairona. A éste no lo condujeron los sagaces Indios, sino que esperándole en la angostura de Origo, le ciñeron tres mil bárbaros Taironas, Bondas y Bodiguas, con sus macanas y flechas envenenadas. Al romper del alba comenzó la guazabara de los Indios; el clamor de las voces y estruendo de los caracoles, despertó el campo español, dormido sin recelo; Ursúa estaba con la cuartana; pero más valiente que el león, a quien abate la fiebre, salta del catre, y nada perdiendo de su animoso espíritu, por más que veía atropellados los suyos por la campaña, con la espada en mano, y con la voz dándoles valor y consejos, rompe haciendo estragos entre los bárbaros; ábrese camino por entre flechas y macanas, hasta ponerse con su gente en seguro y dejar burlado, confuso y aturdido al Tairona, al ver que un español enfermo, descalzo y metido en tal angostura con solos doce combatientes había atropellado sus tropas, dejando el monte sembrado de penachos y escarmientos. No llegó Ursúa a ver el cerro Dorado; pero ganó una victoria que le merecía una estatua de oro por inmortal monumento de su valor. Volvió a Santa Marta más coronado de laureles que rico de oro. Dejó para otros el valle y cerro riquísimo de Tairona y eternizando su memoria en la posteridad, dejó en toda la provincia confirmada y perpetua la fama del Dorado, que alterada y confusa se propagó despues a porfía por todo el reino de América.

|§ IV. 

Esta fama dura presentemente en Santa Marta, y nadie hasta ahora ha reconocido tal valle, ni penetrado las faldas y cumbres de | cerro tan precioso, porque nadie se atreve a exponer su cuerpo a las emboscadas y flechas del Indio chimila, que ocupando los intermedios, corre y gira por todas aquellas tierras | y con sus asechanzas y traidoras mañas sale por los confines y tiene aterrorizadas las gentes circunvecinas. De los taironas, se acabó ya la nacion, ni de cien años a esta parte se ve un Indio tairona, ni se oye de los taironas acción vital ni buena ni mala: señal de que ya se extinguió tal nacion, pero queda la fama del valle y del cerro de Tairona, creido en la provincia desde los primeros tiempos por el Dorado; y queda la nacion bárbara de los chimilas, para impedir su descubrimiento deseado. El haber salido de Santa Marta la primera voz del |Dorado, el haberse extendido por todo el reino, al paso mismo que desde Santa Marta se extendían las conquistas; el haber sonado por todo lo restante de la América hasta el Perú y haberse buscado por todas las provincias, fuera de la de Santa Marta |, y en ninguna haberse encontrado; el ser cosa cierta haber sacado de la provincia de Santa Marta los primeros conquistadores muchísimo oro; el haberse hallado en el valle y cerro de Tairona vestigios de fraguas de oro y de plata y joyería, según el significado de la indiana voz |Tairona y quedar en la provincia la fama de las muchas riquezas de tal cerro, fama divulgada por todo el mundo en muchos libros de diversas lenguas y naciones; en estas razones confirmadas |con varios sucesos históricos, apoyo mi discurso y proposición de que el Dorado, atendida su primitiva originaria significación, está en la provincia de Santa Marta; y que según la común inteligencia de las personas más noticiosas, cultas y prácticas de todo el Nuevo Reino, no tiene significado con el nombre |da Dorado, ni | un reino tan de oro, como en sentido de Orinoco expone jocoso el señor abate Gili. Ni un rey de cabeza a pies empolvado de oro, como el mismo historiador, con el señor Oviedo, hacen comparecer en el teatro del mundo, con la presunta seguridad de haber con nuevas luces iluminado y desengañado el público de que el Dorado tan famoso ha venido a parar en un príncipe empolvado de oro. Príncipe tan dorado, que fue capaz de excitar todo el espíritu, deseo y ansias de un Francisco Pizarro, para buscarlo y saludarlo á costa de inmen­sos sudores y trabajos. Con mucha menos fatiga podían haber hallado los conquistadores en el Nuevo Remo de Granada, en el valle de Somondoco, un Dorado que fuera también empolvado de oro, pues estaba allí el sacerdote de los ídolos, que todos los días se untaba de cierto ungüento y se hacía soplar polvos de oro con un cañuto, y ve ahí, que como en el Perú había un Dorado que era rey, en el Nuevo Reino había otro Dorado que era sacerdote. Ó fueron ciegos los conquistadores que buscando el Dorado se encontraron con ese sacerdote, y no lo vieron dorado, ó realmente no se entendió desde el principio por Dorado un hombre empolvado de oro.

Mas porque al señor abate Gili le parece con una carta de Oviedo al cardenal Bembo haber satisfecho al empeño de manifestar al mundo la verdad; tanto que con epifonema decisivo pudo llegar a decir: |Consta pur troppo dallia citata letera, |qual fosse al principio la sígnificazione della voce Dorado, e che in oggi le si da un senso violento, che mai non ebbe in bocca di Orellana, che ne diede le prime nuove. Vengo yo a desengañar al amigo y señor don Felipe con otra carta escrita, no al cardenal, sino a la augusta cesárea, católica majestad de Carlos V, entonces reinante en España y en las Indias. Carta no escrita de un particular, como Oviedo, sino del Virrey de la Nueva España; no de fecha de 1543 |, sino de 1533 |. Carta traducida en italiano y estampada en Venecia en el 1534; y que ya diez años antes de la fecha de Oviedo trae el Dorado con el nombre de Monte de oro, en cuyo descubrimiento fue el excelentísimo Francisco Pizarro. Y ya que no me es posible copiarla de su original español, me tomo el trabajo de copiarla con fidelidad y presentarla al público tal cual está estampada en italiano antiguo, aunque no entera, por contener otras noticias que no conciernen a nuestro asunto. El título del libro es este: |Isolario di Benedetto Bordone... con la gionta del Monte de oro nuovamente ritrovata M.D. XXXIIII.

Copia delle lettere del Preffetto della India la Nuova
Spagna detta, alla Cesarea Maestà rescritte. 

ALLA SERENISSIMA E CATOLICA MAESTÀ CESAREA 

« C’arrivata una nave per il viaggio di Nicarugha dal prefetto di Quatimala qua mandata, alla quale (che incredibili ci rapportava) non avremo dato fede, se per lettere non fossemo, dall governatore di vostra maestà, delle medesime cose stati accertati, e quello che a ciò credere più ci induce, e che le medesime cose, per lettere delle prefetti, e capitani, e officiali della provincia del Perù tutte del medesimo tenore habiamo ricevute, delle quali lettere li avvisi sono questi. Sappiate che sotto li XV di Marzo MDXXXIII è venuta da Perù in Caruga una navicella, la quale ha rapportato come Francesco Pizarro governatore, avendo ricercata, e riveduta con diligentia la provincia, e la colonia di Santo Michele, e il resto delli castelli, fra l’ altri esser andato ad un cazico, il quale  Atabalico per nome si domanda, con dugento uomini... Nelli allogiamenti loro cinquanta millia pessanti, che sono cincquanta millia ducati d’ oro finissimo si ritrovarono. E di argento vinti tre millia marchi. Raccontano ancora uno ordine, e | una pompa di Atabalico maravigliosa, e dicono che esso andava in lettica d’ oro, di panní d’ oro tutta coperta, e di preciosisime gemme ornata, delli quali dicono essere tre di pregio inestimabili, e di maravigliosa grandezza... Dipoi dopo giorni XL arrivò una altra nave da Nicaria, la quale le medesime cose rapportava: Dicendo, Atabalico aber promesso allí nostri uno grande numero d’ oro, del quale facilmente si empirebbe una sala quadra aIla Spagnuola, e molto maggior numero di argento... Aggiungo a questo, che volendo gli Spagnuoli portare in pignate, e altre masseritie lo oro, rompevano alcuna pezzi grandi di esso di libre cinquanta il pezzo, acciochè potessero in niinori pczzi meglio accomodarlo. Il che intendendo | Atabalico, dicono, che molto merevigliato riprendeva la sciocchezza degli Spagnuoli, pregandoli che non pigliassero tanta fatica, che egli prometteva di dare tanto oro, quanto esse desideravano. Dicono essersi portato di la sessanta millia marchi dil finissimo argento... Dopo le quali cose dicono, che il detto Francesco Pizarro mandò Ferdinando suo fratello con alcuni suoi soldati, i quali tutta la provincia diligentemente ricercassero. Il quale fra pochi giorni ritornato portò cinquanta millia ducati d’ oro; imperocchè dicono esserne la tanta abbondanza, che pare sin cosa incredibile, e da ridere ad udirla; perciocchè dicono gli Indiani e li detto Atabalico che acciocchè noi satisfaciamo al desiderio ed alla fame nostra infinita del oro, non bisogna che noi diriamo fatica molta che pur che noi diamo ii fuoco alle caverne e rotture di quelli monti, distillaranno tanto oro, e tanto argento quanto noi desideriamo. Questo delli lettere di tutti il governatore di vostra maestà |s’ intende, questo tutte scrivono, e li naviganti di là lo affermano, e molti che la sono ,con lettere esortano, e pregano loro amici, e parenti che lassino là loro povertà, e vadino dove sono essi, e dicono esser là Vigna di Dio, ecc., ecc. Perciò permette il Sommo Dio, che tali luoghi venghino in noticia al tempo di vostra maestà acciocchè essa abbia ad accrescere la fede sua, ne gli abbia di mancar il modo non solo a discacciar li infedeli, ma a distruggerli, e annullarli al tutto «.

 

“Registro, ecc. Venecia MDXXXIIII”.

 

 

De esta carta se deducen tres cosas. La primera, que desde el año 1533 por el |Dorado se entendió |Monte de oro; y sin duda hallándose en español la voz |Dorado, la vertió |Monte de oro el veneciano, porque ya corría que el Dorado era un monte ó cerro de oro: no reino todo de oro con armas y azadas de oro, como suponía con los de Orinoco el señor don Felipe Guili. La segunda, que en esta carta al rey de España no solo no se hace mención del gran príncipe empolvado de oro, sino que se dice que podían pegar fuego á las cavernas y roturas del monte, y verían chorrear el oro a medida de su deseo. Y hablándose en esta carta de la misma expedición del señor Pizarro, de la cual escribe Oviedo al cardenal Bembo de tan raras maravillas y fenómenos de oro, era natural que expusiera el virrey de la Nueva España á su majestad el fenómeno singular de haber hallado y visto un rey que todos los días se vestía de polvos de oro. La tercera, que si es verdad cuanto dice la carta al Rey Católico, hemos de confesar, que en el Perú había montes y cerros de oro, y por consiguiente también Dorado; así parece. Y yo añado que no solo en el Perú, sino también en el Nuevo Reino de Granada, había y hay presentemente montes ó cerros de oro; pues asegura el señor Piedraita, y mas la expe­riencia, que en trescientas leguas que hasta juntarse corren el gran río de la Magdalena, y el Cauca, por diversas provincias cada uno, no hay palmo de tierra que no cubra oro. Y para concluir de una vez este asunto, digo que sea lo que fuere de otros dorados y cerros de oro, en la provincia de Santa Marta comenzó á sonar la voz del Dorado por el cerro y valle de Tairona, riquísimos de oro, de plata y piedras preciosas que todavía están las riquezas de las minas y minerales antiguos qué en otras partes innumerables han buscado un Dorado puramente imaginado, y no lo han hallado; y el verdadero y primitivo que está en Santa Marta, entre la Sierra Nevada, y río de la Magdalena, no lo han visto porque no lo han buscado, y no lo han buscado ni se busca, porque no habiendo dejado casi Indio feroz y bárbaro en todo lo demás del reino, solo en la desgraciada provincia de Santa Marta se ha dejado con guajiros y motilones, el chimila cruel y vagabundo, que impide penetrar hasta donde están los tesoros escondidos, y el cerro Dorado verdadero y primitivo. Los Indios, para echar de su tierras á los españoles, les proponían Dorados en otras y así la codicia y fama del Dorado se fue extendiendo en todas.

 
(1) Cap. Del Dorado
(2) Gili, lib. 3, c. 5.
(3) Ibidem.
(4)  Gili, ibidem.
(5) Ibidem.
(6) Lib. 11, c. 9.

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