INTRODUCCION
Desde que el hombre llega a la edad en que puede comprender que
las diversas clases o categorías sociales que encuentra
establecidas, traen generalmente su origen de anteriores
generaciones, y que tanto las virtudes y el talento que enaltecen
nuestra especie como los vicios y la torpeza que la degradan, son
también, en gran número de casos, un legado de esas mismas
generaciones, surge naturalmente en su ánimo, no ya como un
movimiento de filial ternura o de pueril curiosidad, sino como
efecto de madura reflexión, el deseo de saber quiénes fueron sus
antepasados, qué posición social llegaron a ocupar, y cuáles fueron
los rasgos distintivos de su inteligencia y su carácter, máxime si,
por haber sobrepujado éstos el nivel común, vinieron a formar
tradición en la familia.
Sentado esto, y no debiendo yo suponer que mis nietos hayan de
ser una excepción de esta regla, creo hacerles un obsequio, no
insignificante, refiriéndoles lo que yo mismo vi y lo que oí decir
tocante a la vida de nuestros comunes ascendientes, y contándoles
también mi propia historia.
Como en cuanto voy a decir no me propongo dejarles otra
enseñanza que la del ejemplo, excusado será advertir que en estas
páginas no deben buscarse adornos oratorios ni formas dialécticas,
pues ellas sólo pretenden contener observaciones y hechos fielmente
relatados y expuestos con claridad. Así, pues, será esta una
sencilla relación de los principales actos de mi vida, acompañada,
cuando el caso o las circunstancias lo requieran, de una sucinta
exposición de los principios, ya morales, ya filosóficos o
políticos, que he profesado desde mi juventud.
Será también objeto principal de esta labor la explicación de
aquellos actos de mi vida pública que, por tener trascendencia
política o por haber afectado intereses personales, puedan ser
injustamente apreciados. Recomiendo encarecidamente a los que hayan
de ser depositarios de este escrito, lo relean cuando llegue la
ocasión prevista, y hagan las rectificaciones o aclaraciones que
juzguen necesarias: esta eventual obligación será la única que les
impongo en compensación del trabajo, no poco fatigante a mi edad,
que ahora les dedico.
Por lo demás, a falta de otro mérito, espero que se reconocerá
en este escrito el de la sinceridad.