INDICE




 

FIN DEL DEBATE ELECTORAL
XIV

 

La lucha política continuó vigorosa entre las dos fracciones liberales que se disputaban el triunfo. Cuando ya seis de los nueve Estados habían depositado sus votos, mi competidor me dirigió el siguiente telegrama:

 

"Bogotá, Agosto 14. de 1875

Señor doctor Aquileo Parra - Socorro.


Apreciado amigo y compatriota.

El debate electoral degenera en guerra civil. Evitemos a nuestra patria esta gran calamidad. Renunciemos irrevocablemente nuestras candidaturas, y que el Congreso de 1876 elija el Designado aceptable a la generalidad de los colombianos.

Su amigo y compatriota,


RAFAEL NUÑEZ"

 

Contesté así:

"Socorro, 15 de Agosto de 1875

Señor doctor Rafael Núñez - Bogotá.


Apreciado compatriota y amigo.

En el estado a que ha llegado la lucha electoral, habiendo votado ya seis Estados, no tengo libertad para retirar mi candidatura. Son mis amigos los que pueden persistir en ella o desistir. Tampoco creo que mejoraría, sino que antes bien empeoraría la situación.

Las personas nada son; son los partidos los luchadores.

La agitación continuaría hasta afectar al Congreso mismo. Habría que luchar por el próximo Designado y por el subsiguiente. El país sufriría enormemente por el alarma persistente en más de ocho meses.

A no tener estas convicciones, yo habría renunciado desde que aparecieron los primeros síntomas de guerra civil, y lo habría hecho sin condición alguna y sin el estímulo de una cortés invitación, como la que usted me ha hecho.

Veo claramente la responsabilidad moral y aun los peligros que en el estado de exaltación política actual puede aparejarme la insinuación de usted, correspondida con esta negativa; pero acepto una y otra cosa, porque considero que es éste mi deber.

Su compatriota y amigo,

AQUILEO PARRA".


ASAMBLEA DE SANTANDER

El 15 de Septiembre de 1875 se reunió la Asamblea Legislativa del Estado. A ella di cuenta de los actos de mi Administración, particularmente de los hechos que ejecuté con motivo del terremoto de Cúcuta. Reproduzco en seguida parte de lo que dije en mi informe a aquella Corporación:

"Como el envío de víveres -decía yo- para las víctimas, y de una fuerza armada que diese seguridad a las personas juntamente que a las propiedades abandonadas en las ruinas, eran las primeras y más urgentes necesidades, contraje mi atención a satisfacerlas en cuanto fuera posible, y obré con la actividad que exigían las circunstancias excepcionales en que, en mi carácter de Jefe de la Administración Pública, estaba colocado. Dirigí un telegrama al Poder Ejecutivo nacional participándole la infausta nueva, y expedí un decreto por el cual establecí una contribución voluntaria para el auxilio de las víctimas de la catástrofe, que sobrevivieron al rudo desbaratamiento de aquellas poblaciones, y mandando organizar en el Departamento de García Rovira, el más cercano a Cúcuta, donde había algún parque, una fuerza de cincuenta hombres, que inmediatamente marchara a las ruinas, a órdenes del diligente y honorable patriota señor Dominmo Castro. Este decreto se envió por la posta el 20, día de su fecha, y el 25 pasaba ya por Pamplona dicha guarnición, a cumplir su destino: mas, a ella se había adelantado el Director de la Casa de reclusión penitenciaria, señor Fortunato Bernal, con parte de la fuerza pública del Estado y algunos reclusos que armó, y llegado a los valles de Cúcuta se había declarado en ejercicio de un poder discrecional, asumiendo el nombre de Jefe Civil y Militar, en el cual empleo funcionaba como Secretario suyo el señor Leonardo Canal. Semejante paso, atrevido por cierto, fue la salvación, pues estos dos enérgicos ciudadanos, echando sobre sí toda la responsabilidad legal y moral, se establecieron en las ruinas, arrojaron de ellas los bandidos que las saqueaban, y dieron seguridad a las personas e intereses que habían quedado en el más completo desamparo. El Jefe Civil y Militar cesó en sus funciones inmediatamente que yo llegué a los valles de Cúcuta, y en el mismo día informó detalladamente de las providencias que había dictado y ejecutado sobre la custodia de las ruinas.

"El Poder Ejecutivo nacional me autorizó para disponer de diez mil pesos de los fondos de la República, para proporcionar a las víctimas los primeros auxilios, y con esta base de recursos emprendí marcha a los valles de Cúcuta el 22 a las siete de la mañana, llevando al Subsecretario de Gobierno que autorizara mis actos. Mi primer punto de parada fue la ciudad de San Gil, donde me detuve unas tres horas, con el objeto de dar algunas instrucciones relacionadas con la adquisición de auxilios, y al día siguiente, a las doce de la mañana, ya estaba en Piedecuesta; allí me informé de que el vandalismo imperaba en las ruinas, y mandé organizar una fuerza de más de veinte hombres, que también partió a su destino al día siguiente. El resto del día, hasta las ocho y media de la noche, en que seguí a Bucaramanga, lo ocupé en dar órdenes por el telégrafo sobre acopio de auxilios y envío de médicos a los valles de Cúcuta.

"En la ciudad últimamente nombrada eran demasiado alarmantes las noticias, y por más que quise, no pude salir de ella hasta las doce del día 24, pues creía más importante disponer lo necesario que llegar precipitadamente al término de mi viaje, sin haber preparado los recursos que con tánta urgencia se pedían. En Bucaramanga, pues, se organizó una nueva fuerza, compuesta de veinte hombres, que armó y dio de sus propios miembros el Club de Soto; expedí un decreto por el cual organizaba la contabilidad e inversión de los fondos nacionales y de donaciones destinadas a auxiliar a los habitantes de Cúcuta; ordené la compra de un botiquín, solicité médicos que fuesen a las ruinas, y preparé, en general, el envío de toda clase de auxilios, dejando para ello los fondos suficientes.

"En Pamplona, adonde llegué el 26, proseguí mi tarea con datos más seguros, porque allí se conocía mejor la situación; por mis decretos de fecha 27 ordené la publicación de un boletín, donde se insertaran las disposiciones que fuera dictando; establecí reglas para distribuir auxilios de tránsito a las personas que se salvaron de la destrucción y a quienes la necesidad obligaba a abandonar su país; fundé hospitales de salvamento en los campamentos de los pueblos destruídos, para atender a la curación de los estropeados por el terremoto y atacar cualquier epidemia que se levantase a favor del nuevo método de vida y de la putrefacción de los cadáveres en un clima tan ardiente y predispuesto como aquél, y nombré empleados de las Juntas calificadoras de auxilios de ese Departamento y del de Cúcuta.

"Hechos estos trabajos y puestas en ejecución mis disposiciones, seguí el 28 a Chinácota; allí expedí el mismo día un decreto sobre nombramiento de empleados de las Juntas calificadoras de auxilios del Departamento de Cúcuta, y me puse en comunicación con el Presidente del Estado Táchira de la Unión Venezolana, para acordarnos sobre el modo de impedir el saqueo de las ruinas y organizar la prestación de auxilios.

"Al fin emprendí el 30 mi última jornada, y llegué al sitio de La Vega, a inmediaciones del punto en que había existido la ciudad de San José. El conocimiento más preciso de las necesidades me indicó el camino que debía seguir en mis nuevas providencias; organicé la prestación de auxilios y nombré proveedor al filantrópico y valeroso ciudadano señor Gabriel Galvis; fijé el sitio de La Vega, cedido por el mismo señor Galvis, para cabecera provisional del Distrito de San José; establecí una Comandancia militar, ordené la custodia de las ruinas, reglamenté su excavación y nombré una comisión de sanidad; hice que se arroparan con cal los cadáveres que habían quedado al descubierto; mandé poner a salvo el archivo de la Notaría del Circuito; dicté varias providencias de carácter administrativo, y verbalmente di otras muchas órdenes sobre objetos de menor entidad, que no es posible comprender en esta relación. No tuve más tiempo que para visitar las ruinas de San José, El Rosario y San Antonio, adonde fuí con el objeto de hacer un cumplido al noble y simpático jefe de la frontera, General Bernardo Márquez, que tan digna y honrosamente se manejó con nosotros en nuestros días de prueba y sufrimiento.

"Los diez mil pesos que el Gobierno nacional me autorizó para disponer, los distribuí en mi tránsito para los auxilios que debían suministrarse: di mil pesos al señor Juan Francisco Gómez P., Jefe Departamental de Soto; cuatro mil al señor Juan Antonio Hernández, Jefe Departamental de Pamplona; quinientos al señor Higinio Trujillo, Administrador subalterno de Hacienda nacional del mismo Distrito; mil al señor Ildefonso Belloso, Tesorero de la Junta de Auxilios de Chinácota; tres mil al señor Foción Soto, Jefe Departamental de Cúcuta; doscientos cincuenta al señor Esteban Lamos, en parte de sus sueldos como médico del Hospital de Chinácota, y ciento al señor Severo Olarte, para raciones de la fuerza llevada de Bucaramanga.

"Una ley nacional facultó al Poder Ejecutivo de la Unión para aplicar ochenta mil pesos al auxilio de las víctimas del terremoto, y mandó poner con el mismo objeto ciento veinte mil pesos más a disposición de la Asamblea legislativa del Estado.

"El Poder Ejecutivo nacional, por Decreto de 22 de junio, número 289, facultó al de Santander para invertir los mencionados ochenta mil pesos, de los cuales ha remitido hasta ahora cuarenta y cuatro mil.

"También han sido puestas a disposición del Gobierno del Estado varias sumas de dinero donadas por otros Gobiernos, por corporaciones e individuos particulares, que ascienden a $ 36,577-51 3/4, y las de los vecinos del Estado, consistentes en $ 5,491-47 3/4. Total de las sumas consignadas hasta ahora, $ 95,068-99. Lo que haya por gastar de esta suma y los $ 156.000 que aún no ha mandado pagar el Gobierno general, es el fondo de que puede disponer la Asamblea para auxiliar la reconstrucción de las poblaciones destruídas del Valle de Cúcuta.

"Ignoro que se haya puesto siquiera en duda la pureza con que los empleados subalternos y las Juntas auxiliares han administrado el fondo de auxilios; pero sí se ha dicho ya en un periódico, publicado en la capital de la Unión, que una parte de ese fondo fue destinada a otros objetos del servicio público, con miras políticas interesadas. Inmediatamente que tuve conocimiento de aquello, dispuse que por la Secretaría general se publicara una protesta contra tan maligna imputación".

En el año de 1875 se rescindió el contrato celebrado por el Poder Ejecutivo nacional con el señor Roberto A. Joy, para la construcción del Ferrocarril de Paturia. Este contratiempo no ha quebrantado mi confianza -y así se lo manifesté a la Asamblea- en que el primer ferrocarril que se construya al través de la cordillera, bien sea en el Cauca, en Antioquia, en Cundinamarca o Santander, resolverá satisfactoriamente el problema para las demás vías que se tienen proyectadas.

No es esto decir que se harán todas en seguida, sino que la apertura de una de ellas facilitará inmensamente la de las demás.

Mucho me preocupó la construcción de una penitenciaría; y al propósito de la vida a que debiera someterse a los penados, hice a la Asamblea estas observaciones, en cuya exactitud el tiempo transcurrido no ha hecho sino ratificarme:

"El trabajo al aire libre es naturalmente más saludable y vigorizador que el que se ejecuta dentro de las casas de prisión o establecimientos de castigo que hay en el Estado.

"El manejo de los instrumentos aplicables a la construcción de caminos, sobre ser más propio para los rematados que el del telar a que se les dedica actualmente, los prepararía para el ejercicio de una profesión más lucrativa que la de fabricar costales.

"Muchos de esos rematados, acaso la mayor parte, acostumbrados como están a las faenas de la agricultura, tomarían lotes de tierras baldías para establecerse en ellas; y una vez dueños de una propiedad rural, tornarían a ser miembros útiles de la sociedad.

"Después de las buenas inclinaciones, obra de la naturaleza, y de una esmerada educación, la propiedad inmueble es la mejor prenda de moralidad y buena conducta. De ello hay pruebas innumerables.

"Cuando visité por primera vez el valle del Carare, existían allí varios individuos padres de familia, que habían sido presidiarios destinados a la construcción del camino que pasa por aquellos lugares, y que fue proyectado desde los primeros tiempos de la colonia; pues bien, todos esos individuos, sin una sola excepción, eran propietarios de pequeñas plantaciones de plátano y cacao, y bajo el techo que les daba abrigo se alojaba el pasajero con tanta seguridad para su persona e intereses como si se hallase al amparo de la policía en Londres o París".

Me esforcé como Presidente del Estado por organizar la Universidad de San Gil bajo la competente dirección del señor Narciso Cadena. Tuvo la desgracia de perder el joven profesor Samuel Bond Macías, quien se sacrificó por salvar a un joven que estuvo a punto de ahogarse. Era el joven Bond una de las mejores esperanzas de la juventud en esa época.

La necesidad que entonces sentía Santander la tiene todavía de un colegio bien servido donde se eduque su juventud como en la capital de la República, porque, además de facilitar la instrucción a la clase pobre, tendrían los padres de familia más cerca y casi bajo su especial vigilancia a sus hijos, y porque éste sería el único medio de radicar aquí tantos jóvenes que concluída su carrera fuera del Estado, se quedan ausentes, sin que jamás tengamos abundancia de hombres que desempeñen con provecho los puestos públicos y que dirijan su ilustración a impulsar el progreso del país. En estos términos manifesté a la Asamblea mis opiniones.

Existían en esa época en el Estado doscientas cincuenta y tres Escuelas de ambos sexos, y tres Escuelas Normales.

 

anterior | índice | siguiente