EL TERREMOTO DE
CUCUTA
XIII
Dos días después de haber tomado posesión de la Presidencia del
Estado de Santander, ocurrió el terremoto de Cúcuta, desgracia
nacional que conmovió profundamente a todos los colombianos. En mi
carácter de primera autoridad del Estado dirigí a los
santandereanos la siguiente alocución:
ALOCUCION DEL PRESIDENTE DEL ESTADO
Conciudadanos!
El telégrafo ha venido anunciando desde ayer la consumación de
una espantosa catástrofe. Según los últimos telegramas recibidos de
Bucaramanga, la bella y populosa ciudad de San José de Cúcuta ha
quedado reducida a escombros por consecuencia del terremoto que
tuvo lugar el 18 del corriente.
Debajo de esas ruinas han debido quedar sepultados centenares de
conciudadanos y amigos nuestros, de los más queridos... Otros no
menos desgraciados vagarán a estas horas por los campos exhalando
dolorosos gemidos e implorando la misericordia del Cielo y la
piedad de sus prójimos.
En tan terrible emergencia es deber del Presidente del Estado
dictar cuantas medidas sean conducentes a minorar los efectos de
esa gran calamidad, entre ellas la de excitar a todos los
santandereanos a que ayuden, cada uno en la medida de sus
facultades, a crear un fondo con qué auxiliar a las personas que,
privadas de hogar y de fortuna, reclaman imperiosamente este acto
de beneficencia pública. Yo partiré en seguida a llevar los
primeros socorros decretados por el Poder Ejecutivo nacional y del
Estado, y a pagar mi tributo de lágrimas en presencia de aquellas
ruinas venerandas.
Conciudadanos! No es simplemente en nombre de la caridad
cristiana, sino también en el del sentimiento de fraternidad que,
con el corazón destrozado, os dirijo este llamamiento.
Dios proteja al Estado.
Socorro, 20 de Mayo de 1875.
AQUILEO PARRA
También dicté el decreto que se leerá a continuación, por el
cual se proveía a las necesidades públicas con motivo de los
temblores de tierra ocurridos en el Estado:
DECRETO
por el cual se provee a las necesidades públicas nacidas con
motivo de los temblores de tierra ocurridos en el Estado.
El Presidente del Estado Soberano de
Santander,
CONSIDERANDO:
1° Que se confirma la noticia de las desgracias ocurridas en el
Departamento de Cúcuta con motivo de los temblores de tierra que
tuvieron lugar en los días 17 y 18 del mes en curso, y que es un
deber de la autoridad pública dar seguridad a las personas y a las
propiedades desamparadas hoy con motivo de las calamidades a que se
ha hecho referencia; y
2° Que varias familias e individuos han debido quedar en la
indigencia en los pueblos afligidos por el siniestro en el
Departamento de Cúcuta, siendo un deber moral de la sociedad el
aliviar a los desgraciados;
DECRETA:
Art. 1° El Jefe departamental de García Rovira procederá a
organizar una compañía de cincuenta soldados que pondrá a
disposición del Jefe que designe el Gobierno, a fin de que marche
inmediatamente al Departamento de Cúcuta con el objeto de dar
seguridad a las personas y a las propiedades del Departamento.
Art. 2°- Abrase un crédito extraordinario al Presupuesto de
gastos vigente por la cantidad de $1.000 para atender a los gastos
que ocasione la organización y sostenimiento de la fuerza pública
que se manda levantar por el artículo anterior.
Art. 3° Los jefes departamentales procederán a levantar una
contribución voluntaria para el auxilio de las personas que hayan
sido arruinadas por la catástrofe.
Art. 4°- Cada uno de los jefes departamentales remitirá a la
Secretaría General para su publicación en el periódico oficial una
lista de los individuos que contribuyan con su contingente
monetario a formar el auxilio decretado por el anterior artículo,
expresando frente al nombre de cada individuo la cantidad
donada.
Dado en el Socorro, a 20 de Mayo de 1875.
AQUILEO PARRA.
El Secretario General,
Eliseo Canal
Se organizó inmediatamente la compañía militar de que habla el
decreto. Me encaminé, como era de mi deber, hacia el lugar de la
catástrofe; y en vía para Cúcuta supe en Piedecuesta que se había
levantado una cuadrilla de malhechores, por lo cual dicté el
decreto siguiente:
DECRETO
Por el cual se manda organizar una fuerza armada para contener
la desmoralización en que se hallan los valles de Cúcuta.
El Presidente del Estado Soberano de
Santander,
teniendo en cuenta las noticias que se han recibido
del estado de desmoralización en que se halla el
valle de Cúcuta,
DECRETA:
Art. 1° Levántese por el Jefe departamental de Soto
inmediatamente una fuerza de cincuenta hombres, por enganchamiento
o inscripción voluntaria para que marche a los valles de Cúcuta a
dar protección a las personas y a los auxilios que se envían para
los desgraciados.
Art. 2° Nómbrase Capitán de la fuerza al señor Ricardo Quevedo.
Los Oficiales los nombrará el jefe departamental.
Art. 3° Abrese un crédito adicional al Presupuesto de gastos del
presente año por la cantidad de mil pesos, la cual pondrá el
Colector de Hacienda del Departamento a disposición del Capitán o
Habilitado del cuerpo.
Art. 4° Excítese a los habitantes del Departamento a prestar sus
armas, los que las tuvieren, para armar con ellas la fuerza que se
organiza por este Decreto.
Dado en Piedecuesta, a 23 de mayo de 1875.
AQUILEO PARRA
El Subsecretario de Gobierno, encargado del Despacho,
Zoilo Villar.
El Presidente de la República inició la recolección de auxilios
en favor de los desgraciados habitantes de los valles de Cúcuta; la
Municipalidad de Bogotá se suscribió con la suma de $ 2,000; la
Cámara de Representantes, a moción del doctor Camacho Roldán,
resolvió incluír en el Presupuesto de créditos adicionales la suma
de $ 80,000 para auxiliar a las víctimas del terremoto, y la misma
Cámara, a propuesta del doctor Luis Carlos Rico, aprobó por
unanimidad esta proposición:
"La Cámara de Representantes deplora como una gran
calamidad nacional las desgracias de que ha sido víctima el Estado
de Santander en los días 18 y 19 de los corrientes; y presenta a
ese Estado sus expresiones de profunda condolencia".
Una gran reunión promovida por el Presidente doctor Pérez se
congregó en el atrio de La Catedral, allí pronunció la sentida
alocución que no puedo menos de insertar en estas Memorias:
"Conciudadanos!
Sabéis ya que desde el 18 del mes en curso la línea telegráfica
del Norte no ha cesado de traernos la confirmación de una
extraordinaria calamidad nacional. El Departamento de Cúcuta y los
lugares convecinos han padecido más o menos unos que otros con los
terremotos que se han hecho sentir hasta esta ciudad; y aún se ha
anunciado que en la de San José la ruina ha sido casi completa.
Debemos juzgar que en las noticias transmitidas bajo el primer
pánico ha habido alguna natural exageración; pero no desconozcamos
que esa porción floreciente de la República, en que el trabajo, la
inteligencia y las virtudes sociales habían determinado ya un muy
notable progreso, debe presentar en estos momentos sólo cuadros de
profunda desolación.
Mientras el tiempo nos revela la extensión y los pormenores de
la catástrofe, natural es que la consideren inmensa los corazones
que rebosan de amargura, los pensamientos que han quedado
anonadados bajo el golpe misterioso y repentino.
Delante, sin embargo, de la suprema desgracia no necesitamos
cálculos más o menos aventurados. Una resolución generosa importa
más que los mejores razonamientos; y esa resolución para nosotros,
cristianos y compatriotas de las víctimas, debe ser la de tender a
éstos la mano y aliviar su dolor y su desamparo.
Para este sagrado fin es para el que me he permitido invitaros
ahora. En tanto que los delegados de la Nación, siguiendo los
trámites que no les es dado pretermitir, decretan el auxilio
oficial, abramos nosotros desde aquí un cauce a la beneficencia
privada. Sean los generosos socorros de los que me hacen el honor
de escuchar esta súplica las primeras ondas fecundas de una
corriente de caridad y de patriotismo!
Suscribamos aquí mismo lo que nos sea posible, para enviarlo con
el calor de nuestro sentimiento de condolencia a los que sin
familia, sin hogar y acaso sin esperanza tienen para con nosotros
el doble santo derecho de la necesidad y del
infortunio".
El doctor Camacho Roldán hizo una proposición, en la cual,
después de muy oportunos considerandos, se resolvía crear una
Comisión nacional de socorros, compuesta de los señores Santiago
Pérez, Presidente de la Unión; Ilustrísimo señor Arzobispo de
Bogotá; Eustorgio Salgar, Gobernador de Cundinamarca; Juan Obregón,
Presidente de la Junta general de Beneficencia, y de los señores
Joaquín Sarmiento, Ramón del Corral, Pedro Navas Azuero, Cándido de
Latorre, Rafael Núñez y Miguel Samper. A este grupo de ciudadanos
el
meeting resolvió agregar al doctor Camacho Roldán.
El Ilustrísimo señor Arzobispo coadyuvó en la labor caritativa
que se emprendió y ofreció expedir una pastoral.
El mismo día de la reunión llegó a Bogotá un telegrama de
Chinácota en que el doctor Eugenio Castilla daba cuenta de la
destrucción completa de Cúcuta.
El 26 de mayo llegué a Pamplona, e inmediatamente comuniqué al
Presidente de la Unión que teníamos médico, botica y víveres, que
los socorros debían mandarse en dinero, y que me entendería con las
autoridades de Venezuela para ofrecerles la cooperación del
Gobierno nacional para aliviar las víctimas del otro lado de la
frontera.
Para que el lector se forme una idea de lo espantoso de la
catástrofe, reproduzco algunos párrafos de una carta del doctor
Severo Olarte:
"Parece un sueño. Cúcuta, Rosario, San Antonio, San
Cristóbal, San Cayetano, Tariba y muchos otros pueblos ya no
existen. La mayor parte de sus habitantes sucumbieron el 18 del
presente en pocos instantes. La bella, rica y floreciente Cúcuta
guarda entre sus ruinas su riqueza y sus hijos queridos: quedan el
luto, el terror y la desolación. Aquí (Pamplona), encuentra usted
las casas abandonadas y las familias habitando en los potreros y
cerritos inmediatos a la población, los edificios en su mayor parte
listos para desplomarse al primer temblor que los mueva; los ánimos
abatidos y el pensamiento divagando.
En presencia de aquella tremenda desgracia y sobre los escombros
de la simpática Cúcuta, y cuando empezaba el incendio de los
almacenes, un manto negro cubrió el cielo y cayó en seguida una
copiosa lluvia sobre los desamparados y sobre tantos heridos. Los
ayes de las víctimas y los gritos desesperados de aquella gente
completaban el cuadro más desgarrador que se haya visto. La
polvareda, el humo y el huracán envolvían en sus siniestras
columnas a los desgraciados formando un pavoroso horizonte. Los
corpulentos árboles se arrancan de cuajo, los cerros se abren, las
piedras ruedan, el cementerio brota los cadáveres de su seno, y
todo queda asolado.
Era de suponerse que aquel cúmulo de elementos y circunstancias,
a cual más aterradores, produjera en lo general un pánico
conmovedor; pero no tal, quién lo creyera! en los momentos de tan
apurado conflicto se dan cita los bandidos de todas partes y caen
como cuervos hambrientos sobre las ruinas y se matan unos con otros
por disputarse los tesoros que contenían las cajas y los despojos
de los muertos".
Nombré Jefe departamental al doctor Foción Soto y puse a su
servicio el batallón Boyacá; de regreso de Cúcuta comuniqué a mi
Secretario general, doctor Eliseo Canal, en telegrama de Chinácota
lo siguiente:
"Acabo de llegar de las ruinas de Cúcuta. Todo queda
allí en orden. Fundaráse provisionalmente una población en el sitio
de La Vega, media legua al sur de la antigua ciudad, para impedir
la dispersión de las gentes que habitan en toldos y restablecer en
lo posible los negocios".
Sobre la conducta de nuestros vecinos el doctor Eliseo Canal
dirigió el siguiente telegrama: "Los Estados de Táchira y
Zulia se han apresurado a enviar auxilios a nuestros compatriotas
en desgracia. La fraternidad americana ha sido dignamente
representada por los Gobiernos y el pueblo de la vecina República.
¡Gratitud para ella en la Historia y en el corazón de
Colombia!".