PRESIDENCIA DE
SANTANDER
XII
El 17 de Septiembre de 1874, la Asamblea de Santander, presidida
por el señor TEMISTOCLES PAREDES, hizo el escrutinio de los
registros formados por los Jurados departamentales en la elección
para Presidente del Estado, y terminado que fue y hecho el cómputo
definitivo, resultó lo siguiente:
A favor de Aquileo Parra . . . . . . . . . . . 3.826
A favor de Felipe Zapata . . . . . . . . . . .. .642
A favor de Ramón Vargas de la Rosa .. . .219
En dicha sesión fuí declarado favorecido con el voto del Estado
para Presidente del Estado.
Como no pude encargarme de la Presidencia en primero de Octubre
siguiente, me reemplazó el señor doctor Germán Vargas, en su
carácter de segundo Designado.
El 16 de Mayo de 1875, ante el primer Designado, encargado del
Poder Ejecutivo, y con asistencia de los Magistrados del Tribunal,
del Procurador General del Estado y demás empleados nacionales y
del Estado, residentes en el Socorro, tomé posesión del destino de
Presidente del Estado. Después de recibirme el señor Designado la
promesa legal, me dirigió la palabra en los siguientes
términos:
"Señor Presidente.
La espontánea voluntad del pueblo de Santander os escogió casi
por unanimidad, entre todos los ciudadanos distinguidos del Estado,
para presidir la Administración pública en el bienio de 1874 a
1876. La mayoría de los sufragios del Cuerpo Legislativo en 1873 y
la unanimidad de votos del mismo en el año último, me confirieron
las augustas funciones del Poder Ejecutivo durante vuestra
ausencia.
He llenado mis deberes de Presidente del Estado en la medida de
mis alcances intelectuales, e inspirado únicamente por el
patriotismo, por la más recta y buena voluntad en bien de la
comunidad. Hoy vengo a cumplir el último de esos deberes poniendo
en vuestras manos la insignia del primer Magistrado, la cual
simboliza la autoridad que os trasmito en nombre de la Ley y por
mandato del soberano.
Ante todo, debo felicitaros y felicitarme a mí mismo por el
hecho bien significativo por cierto de que recibís y os entrego el
Estado en paz, no tanto porque este precioso elemento de vida y de
civilización de las naciones se deba exclusivamente al celo y
equidad de los encargados de velar por el orden, sino porque es el
resultado del esmero y perseverancia con que el pueblo de Santander
ha cultivado el amor al trabajo y a las instituciones, y por ese
sentimiento de fraternidad y de armonía social que tan visiblemente
ha modificado la manera de ser de los dos grandes partidos
nacionales; asegurando así toda mejora social y política, en la
práctica de la libertad y bajo la egida protectora del derecho y de
la justicia.
Encontráis agitados los espíritus, es verdad, porque en ninguna
ocasión se refleja tanto la índole del sistema republicano, ni se
siente el ardor patriótico al ejercer la soberanía del ciudadano,
como en la época señalada para elegir a los primeros Magistrados;
pero también encontraréis los corazones templados en la fragua del
patriotismo y de la decisión general y entusiasta por la
tranquilidad pública y por el bien común de todo el Estado; no lo
dudéis, señor.
Es deber mío descifraros, en compendio siquiera, la situación
presente de la administración pública. El ramo fiscal como primer
elemento de la existencia del Estado, ha mejorado notablemente,
debido a que las rentas que se han rematado han subido de valor de
un modo satisfactorio, y tengo datos seguros de que en los
departamentos donde se están rematando actualmente, su incremento
será mayor.
Se trabaja en mejorar algunas vías de comunicación y están
abriéndose otras nuevas. La instrucción pública ha alcanzado un
desarrollo palpable y prometedor, debido a la perseverancia del
superintendente; y contamos dos Escuelas normales de mujeres y una
de varones, cuya buena marcha nada deja que desear, tanto por la
importancia de los Directores y Profesores como por el adelanto de
los alumnos de ambos sexos. He logrado constituir la Universidad
establecida en San Gil con un cuerpo de superiores y catedráticos
de lo más honorable y competente que puede ambicionarse, y más de
cien alumnos de todo el Estado se educan allí.
La administración de justicia es el timbre de honor que más
enaltece nuestro Estado, y por eso me limito a deciros que puede
ser el modelo aún de los países más adelantados.
Todos los negocios que han cursado ante el Poder Ejecutivo han
sido despachados sin dilación; de manera que podréis consagraros de
lleno a desarrollar vuestras ideas del progreso.
Acatando la Constitución, cumpliendo las leyes y viviendo atento
a la opinión sensata que ha guiado en todo tiempo a los
santandereanos, es tarea trivial gobernarlos; vos lo sabéis mejor
que yo. No olvidéis que la prudencia y la tolerancia constituyen en
nuestro Estado la fuerza más eficaz contra las dificultades que se
presentan. Tal es la enseñanza que he recibido durante el lapso que
he desempeñado el Poder Ejecutivo.
Vuestros antecedentes honrosísimos, vuestro tino y laboriosidad
como legislador de la República y del Estado y como Ministro del
Ejecutivo Federal, vuestra reconocida versación en los negocios
públicos y vuestra constancia infatigable como obrero del progreso,
a la par que dotado de una probidad intachable, son cualidades que
constituyen la más valiosa prenda de paz y de adelanto que podéis
ofrecer al Estado y que éste ha acogido de antemano con esperanza y
fe.
Que el cielo os proteja y os conduzca como hasta aquí, con ese
acierto y habilidad que habéis desplegado en el servicio público;
os deseo con toda sinceridad que al descender de la alta dignidad
de Presidente de Santander, recibáis de todos vuestros compatriotas
las muestras de aprobación y simpatías con que os han saludado al
dejar la Secretaría de Hacienda y Fomento de la
Unión".
Mi respuesta fue del tenor siguiente:
"Señor Presidente.
Transcurrida casi la tercera parte del período para el cual tuve
la honra de ser elegido Presidente del Estado, considero como mi
primer deber en esta ocasión, después de haber prestado la promesa
de estilo y de manifestaros mi reconocimiento por las benévolas
expresiones con que acabáis de favorecerme, el de presentar
nuevamente al Estado mis excusas por la involuntaria demora en
atender al llamamiento que con espontaneidad se sirvió hacerme para
que me encargase de la dirección de sus negocios; sin dejar por
ello de reconocer, como con justicia lo hago, que en nada
absolutamente ha podido ser perjudicial esa demora a la marcha
regular de la administración pública, encomendada como ha estado a
vuestro celo y acreditada prudencia.
Como fiel ejecutor de la voluntad popular manifestada en las
leyes, el desempeño de la misión que acabo de recibir es
relativamente fácil por su misma pasividad; mas no así como
iniciador de las medidas y reformas que el adelantamiento moral y
material del Estado vaya haciendo indispensables en los diversos
ramos de la administración pública. Para distinguir con claridad
esas necesidades, y principalmente para encontrar los medios más
adecuados de satisfacerlas, se necesita de un criterio muy
ilustrado, de un juicio enteramente exacto sobre la naturaleza y
trascendencia de cada una de esas medidas, juicio que solo a la luz
de la discusión pública puede formarse con perfecta exactitud; y
por esto es por lo que, exento de preocupaciones y sin otro interés
que el de proceder con acierto, interpretando fielmente el querer
de la mayoría, solicito desde ahora, con tan importante objeto, el
auxilio de la prensa y el concurso de todos los ciudadanos de buena
voluntad.
En la situación en que nos hallamos, después de haber dado fin a
la ardua tarea de nuestra organización política y a la no menos
laboriosa de expedir un cuerpo de leyes que sin dejar de hallarse
en armonía con nuestras costumbres, consultase los principios de la
ciencia, y con ellos nuestra constante aspiración al mejoramiento
social, las cuestiones fiscales y económicas han venido a ocupar en
el ánimo de los pueblos el lugar que antes tenían las de carácter
puramente político y las de legislación civil, que son, por su
naturaleza, las que afectan de un modo más directo la libertad y la
seguridad del individuo; y de ahí proviene seguramente el que salvo
complicaciones e incidentes transitorios, el debate de los negocios
públicos es hoy menos apasionado y ardiente que lo era en otros
tiempos. Congratulémonos, ciudadano Presidente, por haber rendido
esta gran jornada en el camino de la civilización.
Universalmente reconocida la necesidad de difundir la
instrucción popular hasta donde los recursos fiscales y las
condiciones económicas de la población lo permitan, así como
también la de mejorar las vías de comunicación y mejorar el
crédito, dándole cuantas formas son conocidas en los países más
adelantados, la consecución de estos grandes bienes es el programa
obligado de todos nuestros Gobiernos seccionales; mas para andar
con paso firme en esas vías del progreso, se necesita una pauta que
sólo la opinión pública, genuinamente representada en las Asambleas
Legislativas, puede trazar. Por fortuna en Santander esas
manifestaciones de opinión contenidas en el sufragio popular,
libres e independientes como se hallan del poder público, así como
de toda influencia ilegítima que pudiera bastardearlas, llenan
cumplidamente el objeto de su institución. Ellas marcarán, pues, el
paso a que debemos marchar por esos senderos un tanto desconocidos,
y lo marcarán con el mayor acierto posible: de ello es una prenda
segura el incontrastable amor al progreso y la reconocida sensatez
del pueblo santandereano. Entretanto que llega la ocasión de que
esas nuevas manifestaciones de la opinión sean conocidas, mi tarea
como Presidente del Estado quedará reducida a recoger datos
estadísticos y a presentar junto con ellos a la próxima legislatura
las observaciones que me sea posible hacer.
La agitación eleccionaria a que habéis hecho alusión no será
parte, así lo espero, a distraerme de tan importante ocupación. No
es esta la primera vez que se pone a prueba nuestro amor a la paz y
la firmeza de las instituciones que nos rigen. Y yo espero
confiadamente que el orden público, fundado ya sobre bases sólidas,
no será afectado en lo mínimo por el calor de la lucha actual, y
que en consecuencia los colombianos seguiremos mostrándonos dignos
de ejercer las amplias libertades políticas que a tan alto precio
hemos llegado a conquistar. Por lo que hace a mi posición personal,
en lo relativo a la presente contienda eleccionaria, no la
encuentro absolutamente embarazosa: doblemente obligado por el
deber legal y por delicadeza propia a observar una estricta
prescindencia, el Estado puede descansar en la seguridad de que me
mantendré a la altura del puesto que me ha confiado.
Recibo el Estado en paz y en vía de prosperidad, como con entera
exactitud lo habéis dicho; y a este respecto sólo puedo
manifestaros que si el grado de educación republicana que ha
alcanzado Santander, y la firme voluntad que tengo de servirle en
el Gobierno con toda la firmeza y prudencia de que soy capaz, son
garantías suficientes de que esa situación de paz y prosperidad no
será turbada, puedo lisonjearme desde hoy con la esperanza de decir
a mi sucesor las mismas consoladoras palabras con que os habéis
servido saludar mi instalación en el poder".