FOMENTO DE LA
AGRICULTURA
VII
Dejando a un lado la política, que, sin pensarlo, ha venido a ser
el tema principal de estas Memorias, pero dejándola por un momento
solamente, puesto que, a semejanza del aire que nos rodea, ella
está presente en todas partes y todo lo penetra, máxime en países
como el nuestro, en que no hay todavía "un lugar para cada
cosa, ni cada cosa se halla en su lugar", poniendo, pues,
a un lado la política por un breve espacio, dedicaré cuatro líneas
a materia diferente.
Cuando pensé fundar en Vélez una casa de comercio que por la
extensión de sus negocios llegara a merecer tal nombre, me movió la
esperanza de que, transformando en buen camino de herradura la
antigua y casi abandonada senda de Carare, aquella meritoria y
simpática ciudad llegaría a ser en poco tiempo el centro mercantil
del extenso territorio formado por la Provincia de Vélez, por los
Cantones o Provincias de Tunja, Leiva, Chiquinquirá y Moniquirá, en
el Estado de Boyacá, y por una parte del antiguo Departamento del
Socorro en Santander, territorio cuya población no bajaba entonces
de 250,000 habitantes, y cuya vía más corta al Magdalena es la de
Carare.
Para el sostenimiento de este importante camino, que era la base
de aquel proyecto, creíase poder contar, según lo he manifestado en
otra parte, con la exportación del mineral de cobre de las
reputadas riquísimas minas de Moniquirá, y con la posibilidad de
generalizar en pocos años el cultivo del café en la Provincia de
Vélez y en los distritos limítrofes de Chiquinquirá, Moniquirá y
Socorro.
Como medio de llevar a efecto esta difícil empresa, promoví, en
asocio de dos o tres respetables vecinos y amigos míos, la
formación de una Compañía de fomento, cuyo prospecto, publicado en
el número 515 de la
Gaceta de Santander, reproduciré en
seguida, tanto para dar idea del modo como se pensó impulsar la
referida industria, como porque el estudio que de ella se hizo en
relación con esas localidades, puede tener todavía interés. Es como
sigue:
COMPAÑIA DE
FOMENTO DE LA AGRICULTURA Y EXPORTACION
La halagüeña perspectiva de paz que presenta la República ha
empezado a producir animación en todos los negocios, y como los
infrascritos tienen confianza en que el orden público continuará
afianzándose de día en día, han creído el momento oportuno para
llamar la atención de los hombres trabajadores de este Departamento
y de las poblaciones inmediatas, hacia los intereses
industriales.
El Departamento de Vélez reúne todas las condiciones apetecibles
para llegar a ser en poco tiempo, por su agricultura y comercio,
una de las secciones más ricas del Estado. Cuenta con una población
de más de 70,000 habitantes agrupada en una extensión de treinta y
siete leguas cuadradas; la propiedad raíz esta muy dividida; el
clima es benigno; las tierras fértiles y aparentes para el cultivo
de muchos artículos de exportación; los brazos son abundantes, los
salarios baratos; la población rural honrada, laboriosa y con
hábitos de orden Y moralidad que no han podido corromper las
revoluciones; el centro de la población está situado a pocas leguas
de un río navegable, con el que se comunica por un camino en estado
de tráfico, por el cual se pueden hoy enviar cargas de esta ciudad
a Barranquilla en el término de doce días Y con un gasto de $ 7-60
cada una. Este gasto puede abaratar aún mucho, luego que el aumento
del tráfico permita hacer al camino todas las mejoras de que es
susceptible y dé lugar a la entrada de buques de vapor al Carare.
Ningún otro Departamento del Estado, con excepción de Ocaña, puede
exportar sus frutos por el Magdalena con menores gastos; porque
ningún otro tiene toda su población agrupada a tan corta distancia
de un río navegable hasta por los más grandes vapores que surcan el
Magdalena. Sin embargo de reunir todas las ventajas que pueden
hacer a un pueblo rico en poco tiempo, el Departamento de Vélez es
relativamente uno de los más pobres del Estado. Depende esto de que
su población se ha consagrado a producir exclusivamente artículos
de poco valor, para surtir los mercados del Departamento y de
algunos pueblos limítrofes. Como el consumo de esos artículos es
limitado y el poco valor de ellos no permite exportarlos, resulta
que cuando la producción excede de cierto límite, los precios bajan
repentinamente y los agricultores apenas alcanzan a indemnizarse de
sus gastos. No teniendo ningún artículo de exportación que atraiga
compradores de fuera, no vienen capitales para hacer anticipaciones
a los agricultores sobre el producto de sus cosechas, y éstos se
ven obligados a recibir la ley de los pocos individuos que dan
dinero a interés. Un cultivador que toma dinero al dos y tres por
ciento mensual, como sucede en el Departamento, con la obligación
de pagar los réditos cada dos o tres meses, tiene que arruinarse
necesariamente, pues los productos de la agricultura no alcanza a
cubrir tan fuertes intereses, y para llenar sus compromisos se ve
reducido al extremo de vender sus propiedades por la mitad de su
valor.
Esta situación podría cambiar totalmente si los agricultores se
resolvieran, no a abandonar el cultivo de las actuales
producciones, sino a emprender, al lado de ellas, el de otras más
valiosas. El café, sobre todo, es el artículo que el Departamento
puede producir con mayores ventajas. Este es artículo de un
porvenir seguro, de buen precio, cuyo consumo aumenta diariamente,
y para el cultivo del cual son excelentes las tierras del
Departamento. Si cada uno de sus agricultores cultivara solamente
mil árboles de café, Vélez podría exportar dentro de cuatro o cinco
años por lo menos diez mil cargas de este artículo, que valdrían en
esta plaza $ 160,000. Con semejante producción subiría naturalmente
el valor de todas las tierras; la miel, las bestias, el ganado y
todos los demás productos del Departamento se venderían con
provecho, y el interés del dinero bajaría forzosamente, porque los
exportadores vendrían a anticipar sumas a los productores sobre sus
cosechas, como sucede en todos los lugares donde hay
exportación.
Los agricultores que vacilen en emprender la siembra del café
por temor de no encontrar compradores de este artículo, deben tener
presente que hoy el comercio del país tiene que enviar al
extranjero fuertes remesas de dinero para pagar las importaciones,
y que estas sumas que se envían podrían quedar aliviando la
industria agrícola, si ésta produjera algunos artículos de
exportación como el café, el añil y el algodón, sobre todo si éste
conserva por algún tiempo el precio que tiene actualmente en
Europa.
Si los cultivadores del Departamento de Vélez y de los distritos
de Moniquirá, Suaita, Santa Ana, Pare y Guadalupe, se encuentran
hoy en grandes dificultades para atender a sus negocios y a sus
propias necesidades; si los productos de la tierra apenas dan lo
suficiente para los gastos de cultivo; si el interés del dinero no
baja del dos o tres por ciento mensual, no es por falta de
compradores para los productos valiosos de la agricultura, ni
porque haya escasez de brazos, ni por la carestía de salarios, ni
por esterilidad de las tierras, ni por falta de una vía para
exportar con ventaja sus productos, sino porque no quieren producir
otra cosa que artículos de consumo interior, y con esta clase de
producciones, si unos pocos en circunstancias excepcionales han
reunido algún capital, la generalidad apenas alcanza a atender a
los gastos de subsistencia.
Con el objeto de levantar la industria del Departamento de la
postración en que se encuentra, y de asegurar a su laboriosa y
honrada población el bienestar que merece, los infrascritos han
convenido en la formación de una compañía agrícola para fomentar la
siembra del café y otros artículos de exportación. Los medios que
en su concepto pueden emplearse con probabilidad de buen éxito,
para alcanzar el fin que ella se propone, puede reducirse a
dos:
1° A hacer que todos los agricultores del Departamento y de los
pueblos limítrofes que tengan tierras a propósito para la siembra
del café se comprometan, mediante una multa que ingresará a la caja
de la sociedad, a establecer, dentro de un término fijo, una
plantación de café de determinado número de árboles;
2° A auxiliar a los agricultores que contraigan este compromiso
con empréstitos en dinero a un interés moderado. Los réditos de
estas cantidades serán pagados semestralmente, y el capital lo será
con el producto de las primeras cosechas.
Los miembros de la Compañía no se proponen derivar directamente
ningún provecho de la empresa. Su objeto es aliviar a los pequeños
agricultores de los gravámenes que hoy pesan sobre ellos,
facilitándoles el medio de obtener dinero al menor interés posible.
La Compañía, pues, no tiene otro objeto que salvar a los
agricultores honrados de los funestos efectos de la usura.
Las seguridades que ella ofrece a los que quieran colocar su
dinero a un interés moderado es superior a las que pudiera ofrecer
un solo individuo; pues en garantía de sus compromisos ofrece un
capital mucho mayor que las sumas que pueda recibir a préstamo, de
las cuales responde, por cantidades limitadas, muchos propietarios
de notoria responsabilidad.
Pero en compensación del servicio que la Compañía se propone
prestar a los agricultores exige de éstos que se comprometan a
establecer una plantación de café, con cuyos productos paguen el
capital que se les entrega. Son los productores en pequeño los que
pueden cultivar el café con más ventajas. Cada familia que posea un
pedazo de tierra aparente y que emprenda al lado de sus otras
siembras el establecimiento de una plantación de 500 a 1.000
árboles, que ella misma cultive, obtendrá indudablemente, y con
menos trabajo, una ganancia doble o triple de la que le produciría
el mismo espacio de tierra sembrado de caña o de legumbres.
Según los datos que los infrascritos han recogido de personas
que tienen conocimientos prácticos en la materia, los gastos que
ocasionaría una plantación de mil árboles de café en terrenos
cultivados serían los siguientes:
(1)
Si los agricultores del Departamento contribuyen, cada uno según
sus recursos, a realizar el laudable propósito que han tenido en
mira los infrascritos, al organizar la Compañía de fomento de la
agricultura y exportación, todas las probabilidades inducen a creer
que antes de seis años la situación de estos pueblos habrá cambiado
totalmente, y que el movimiento, las comodidades y el bienestar
general, ocuparán el lugar que hoy tienen la paralización
industrial y la miseria.
Vélez, Agosto 9 de 1868.
José Hilario López - Benigno Otero -
Benito Vanegas - José María Olarte R. - Ignacio Castañeda - José
María Vanegas V. - Diego Uscátegui - Vicente Camacho A. - Felipe
Zapata - Salvador Cadena - Foción Azuero - Casimiro D. Díaz -
Urbano T. Oses - Rafael Castañeda - Aquileo Parra.
(Tomado de la Gaceta de Santander, número 515, correspondiente
al jueves 3 de Septiembre de 1868. Año X).
Por desgracia el público no respondió a este llamamiento con el
interés necesario, ni hubo tampoco de parte de los que iniciamos el
proyecto la constancia que exige una empresa de lento desarrollo,
como lo era esa, y en la que el espíritu de asociación, poco
apreciado entre nosotros, entraba como factor principal. No tuvimos
seguramente en cuenta que sólo a costa de un esfuerzo perseverante
es como pueden llevarse a cabo en nuestro país empresas de grande
aliento; o, si llegamos a comprenderlo, nos faltó la fuerza de
voluntad bastante para luchar con los primeros obstáculos hasta
vencerlos, cosa nada extraña en individuos de nuestra raza.
A tiempo que se trataba de fundar o desarrollar por aquel medio
la industria del cultivo del café, se daba esmerado cumplimiento al
contrato de que antes he hablado sobre mejora y conservación del
camino al Carare; se estableció con regularidad la navegación de
este río; se daba incremento a la nueva población de Landázuri, y
se sostenía, por la casa comercial de Parra y C
a un
pequeño pero frecuente tráfico de importación y exportación por la
mencionada vía.
Por esa misma época emprendimos, mis hermanos y yo, en escala
proporcionada a nuestros cortos recursos, el cultivo del café, de
la caña de azúcar, del añil y del pará, en un lote de tierra virgen
situado a la orilla del antiguo camino de Carare y conocido con el
nombre de
Gallegos; lugar donde establecimos recuas
suficientes para el transporte de cargas entre ese mismo punto y el
puerto de San Fernando.
Todo auguraba al principio un brillante resultado para esa
múltiple empresa; pero, a excepción del señor Ricardo Lesmes, hoy
General de la República, que fundó una plantación de café en el
sitio de
La Ballena, ningún otro vecino de la provincia tomó
parte activa en los negocios relacionados con el sostenimiento del
camino; lo cual, agregado a las agresiones de los indios salvajes,
que eran muy frecuentes cada día, dificultaban el tráfico y
ahuyentaban a los pobladores. Así, pues, la hermosa perspectiva de
que acabo de hablar, empezó a desvanecerse cuatro años después.
Preciso es sin embargo reconocer y confesar, mal que nos pese a
los que, sea por nacimiento o por naturalización, somos veleños,
que la índole natural del habitante de esa privilegiada sección del
país, no es de las más adecuadas para empresas como la de que ahora
trato. El veleño es apático por temperamento, y se cuida menos,
muchísimo menos del porvenir que del presente. La clase agricultora
es esencialmente esclava de la rutina, y nada podría, por tanto,
hacerla cambiar en poco tiempo sus acostumbradas labores por otras
nuevas.
Creo haber dicho en alguna parte de estas Memorias, que las
condiciones geológicas y topográficas de la provincia de Vélez,
unidas a la numerosa y compacta población, parecen brindarle un
porvenir industrial de los más halagüeños; Y ahora añadiré que el
carácter benévolo y eminentemente comunicativo del habitante de su
capital; el excelente clima de que allí se goza, y la baratura y
buena calidad de los artículos alimenticios, parecen llamar a esa
ciudad a ser uno de los principales centros educacionistas del
Departamento de Santander. Mas, a pesar de tan excelentes
condiciones naturales y del esfuerzo acaso débil que hasta hoy se
ha hecho para beneficiarlas, es lo cierto que ni la industria
agrícola ha recibido modificación alguna, ni el camino al Carare ha
podido sostenerse, ni los planteles de educación, allí
establecidos, fundados en repetidas ocasiones, han logrado
estabilidad.
Con una parte siquiera del celo por la buena administración de
las rentas municipales, que tanto ha distinguido a los hijos de San
Gil, y con el espíritu colonizador del antioqueño, Vélez tendría
hoy colegio y hospital sostenido con rentas propias, y la vecina
región del Carare ostentaría, en vez de la selva primitiva, ricos
establecimientos de agricultura, cuyos productos irían por un buen
camino al puerto de Carare, y de allí al Magdalena.
Debido sea a la benignidad del clima, que incita a la molicie;
sea a causa de la fertilidad del suelo, que a poco esfuerzo del
hombre rinde abundantes cosechas; o bien dependa, en parte al
menos, del pernicioso ejemplo legado por los antiguos hidalgos
españoles que se establecieron en aquella Arcadia, es un hecho
patente, aún a los ojos del más superficial observador, que el
nativo de aquella zona y en especial el descendiente de antiguas
familias españolas, si bien sueñan con el lujo y con toda clase de
brillantes exterioridades, no hacen el necesario esfuerzo para
alcanzar tan codiciados goces. Hasta la clase media ha llegado a
contagiarse de esa especie de filosofía simplista, que se revela en
la siguiente copla, muy repetida al compás del
torbellino,
en los días de regocijos públicos:
Esta vida no es eterna,
Mañana me moriré,
Y para evitar las penas
Paso entre paso me iré.
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