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EL 3 DE NOVIEMBRE

 

Esteban Huertas refiere así el histórico 3 de Noviembre de 1903.

"A las 6:30 a.m. del 3 de Noviembre, recibió el General Huertas telegrama de Colón anunciando la llegada del General Tobar y sus 500 hombres. Esta era la avanzada del Ejército colombiano que estaba anunciada para invadir al Istmo y oprimir con su anillo de bayonetas al pueblo panameño... Huertas salió entonces con todo su Batallón, el cual emprendió marcha a paso largo, con aquel aire marcial propio únicamente de ese Cuerpo... Al pasar por el Parque de la Catedral, notó que el público palidecía, y, como ya estaba enterado por Amador Guerrero de los planes separatistas panameños, se convenció de que, para éstos, la llegada de los Generales Tobar era el principio de la tumba de Panamá..."

Hubo entonces, prosigue Huertas, cierrapuertas en el Comercio. Y luego, en párrafo para cuya real interpretación no se necesita ser psicoanalista: "Las conciencias revelaban el pecado y faltaba valor para afrontar las consecuencias de una situación que, ya conocida de muchos, era, por así decirlo, un secreto público; pero... ¿debemos esperar el castigo por la sola concepción del pecado? Tal era la opinión general, y por eso la alarma".

Después, sigue contándonos "el Mocho", en la Estación, "El Batallón recibió a los Generales con los honores del caso y luego los acompañó hasta la Gobernación, donde se quedaron... La ciudad quedó desolada. Las calles denotaban el pánico de que era presa la población. Panamá era un cementerio... Como a las 11:30 a.m. el General Tobar, con el Gobernador De Obaldía, fue al Cuartel de Chiriquí y examinó el parque y se hizo reconocer de las tropas. Luego salió y volvió unas horas después para ver, desde las Bóvedas, la flotilla surta en la bahía. Efectivamente, allí estaban el "Boyacá", el "21 de Noviembre" y el "Chucuito". Al regresar al Cuartel, Huertas ofreció una copa de champaña. Y los Tobar quisieron corresponder, pero Huertas se excusó diciendo que aceptaría la invitación, pero a las ocho de la noche; y no una, sino dos copas también". | 379 .

¡"Mocho" bellaco! ¡Y ya tenía todo listo para dar el cuartelazo!

Mientras tanto, es decir, mientras la visita de los Generales Tobar al Cuartel de Chiriquí se llevaba a efecto, el Dr. Amador Guerrero, enterado y aterrado, atravesaba "a largos y precipitados pasos" la Plaza de Chiriquí, para refugiarse en la casa de Carlos Zacrison, donde se ocultó.

Tenía razón. Porque, soterrada y peligrosamente estaban pasando muchas cosas; y el hombre que durante la guerra civil, para eludir su obligación de salir en campaña como médico del Batallón "Colombia" se había fugado en un barril de manteca hacia Colón y de allí al exterior, no iba a esas horas a exponer tontamente el pellejo. Tenía, además, 70 años y ¿a qué pedirle bravuconadas a un anciano? Además, la llegada del Crucero "Cartagena" con Tobar y sus tropas, sin que por otra parte el "Nashville" hubiera hecho nada para impedir el desembarco, lo tenía completamente desmoralizado. Tanto, que cuando horas antes había recorrido, angustiado, las casas de sus amigos, sin oír de la mayor parte de ellos sino frases de desconsuelo, su esposa, doña María de la Ossa, panameña, valerosa y separatista hasta los tuétanos | 380 , tuvo que animarlo diciéndole: "Si te dejan solo, tienes que proceder. Ya no es posible echar atrás. Anda, levántate a luchar" | 381 . Y Huertas completa esta noticia diciendo que ella le puso en la mano un revólver sin cápsulas. Pero aún así, el vejete no se atrevía a asomar las narices y esperaba que Huertas procediera conforme habían convenido entre los dos | 382 .

Lo cual se produjo, según Huertas, en la siguiente forma:

"Había malestar en toda la ciudad. El pueblo panameño estaba cmo en guardia y, como a las cinco y medía, se presentó, solo, al Cuartel, el Generalísimo Tobar a cuyos oídos, habían llegado los rumores. Su semblante indicaba la inquietud; y al verse con el General Huertas, le informó que se decía que los amarrarían por las calles, inquiriéndole, además, si él, Huertas, sabía algo. Momentos después, sugestionados por iguales temores, se presentaron al Cuartel el General Amaya y dos sobrinos del General Tobar, también Generales, informando que el pueblo panameño estaba en movimiento en la Plaza de Santa Ana. También llegó el General Joaquín Caicedo Albán. Los Tobar estaban muy excitados por los temores de que eran presa y uno de ellos inquirió de los demás ir por qué permanecían tan tranquilos..."

En esos momentos, Huertas dizque sorprendió al General Amaya haciéndole señales al General Tobar como indicándole que lo matara.

"Entonces, dice el "Mocho", 'vino el relámpago', o sea que tomó la decisión (Huertas no era propiamente un Hamlet) de "darles una patria a sus hijos y apoyar decididamente el movimiento". | 383 . Pidió permiso para armar algunas piezas de artillería, subió al primer piso, ciñó la espada y el revólver y tomó la resolución de poner presos a los Generales... Al principio pensó hacerlo, dice, personalmente, pero comprendiendo que asumir él mismo el mando de la escolta sería quitarle la cabeza al movimiento, desistió de ese propósito..." y como en ese momento se presentara en el recinto el Capitán Recluta Marco Antonio Salazar (antiqueño-caldense)... Huertas le ordenó el mando de la escolta y que, haciendo armar bayoneta, pusiera presos a aquellos particulares que se encontraban sentados afuera en los bancos. El Capitán obedeció, mandó calar bayonetas, y ya afuera de la puerta, ordenó a su escolta abrir filas... Luego (Salazar) dirigiéndose a los Generales les dijo: Sigan ustedes presos de orden de mi Jefe. Atónitos, sorprendidos... (pero) sin descender del carácter de que estaban investidos, le replicaron: Atrevido, ¿no sabes que somos nosotros tus jefes? Por toda respuesta Salazar respondió: 'No reconozco más Jefe que el General Huertas'. Con toda la perversidad de su alma, pero también envanecido al considerar cómo ninguno de aquellos Generales colombianos fue capaz de desenfundar su revólver para amenazar a aquel 'Capitán Recluta' que los estaba amarrando, el traidor termina diciéndonos: 'y así fue como aquel grupo de siete generales apreció su suerte al marchar entre las bayonetas. Sin duda supusieron que se les llevaba al cadalso, y prorrumpieron en exclamaciones y llamamientos al General Huertas gritándole: General Huertas, General Huertas, queremos hablarle! Pero Huertas, que ya estaba presente, dándose cuenta de que vacilar era perderse, se dirigió al Capitán Salazar para ordenarle: "Proceda, Capitán" de injusticia a innjusticia | 384 .

Los presos fueron conducidos al Cuartel de Policía. El Batallón "Colombia" salió a la calle, se desplegó en guerrillas y Huertas, como lo dice Tobar en su parte Militar, permitió que el pueblo entrara al Cuartel y se armara.

Todavía faltaba arrestar al Gobernador de Obaldía.

Pero este episodio de comedia bufa, vamos a dejar que lo narre, en su estilo elegante, sarcástico, y peculiar, don Oscar Terán. Leámoslo:

"Sucedió, pues, haberse convenido entre los conspiradores el arresto de Obaldía, pero no en quien lo habría de ejecutar o de ordenar; y así, a la hora horada, de tres a cuatro procedencias distintas surgieron otras tantas órdenes de arresto contra aquella pobre víctima de la lealtad. Huertas dice que él ordenó esa prisión encomendando su ejecución al Coronel Antonio A. Valdés "Recuerdos Históricos", pág.34); según otros, fue Amador el que envió al dicho Valdés ('The Story of Panamá', pág. 395); Amador dice que fue el mismo; y el Maestro Arango (don Agustín) por su parte, asegura que tomándolo a su cargo, 'llevó a ese alto funcionario a la casa de nuestro amigo el doctor Amador, donde lo dejó en calidad de prisionero ...' ('Datos para la Historia', pág. 33). Efectivamente, el Maestro Arango que había permanecido en su casa durante la prisión de los Generales, apenas supo de ella se echó, como Amador, a la calle y fuese derecho al Palacio de Gobierno. Allí, en el Salón de Recibo, con las llaves de la Tesorería en las manos, estaba sentado de Obaldía Dióle a Arango las llaves, y, acompañado de Valdés y de algún otro, se encaminó a casa de Amador, donde, por lo demás, había estado viviendo de gancho y rancho sin interrupción. Existe una fotografía, del ex-Gobernador de Obaldía en su cárcel encantada de la casa de Amador, y los que conocieron dicho retrato se hacían lenguas de aquel semblante resignado del preso con que parecía estar diciendo: aquí me las den todas..." | 385 .

Mientras tanto, sobre el mar, en la flota colombiana allí fondeada, se iba a presentar, dos horas después, una pequeña novedad. Y fue que el navio "Bogotá" empezó súbitamente a lanzar granadas sobre la ciudad. Pero dejemos que Terán nos refiera también este episodio:

"Como se sabe, dice, el 'Bogotá', el '21 de Noviembre' y el 'Chicuito' componían la flotilla activa del Gobierno nacional en nuestras aguas del Pacífico, y de estas unidades el 'Bogotá' no se había vendido (pero no tenía carbón sino escasamente para llegar hasta Buenaventura) y su Comandante, General Luis Alberto Tobar, a la sazón en tierra, había corrido la misma suerte de los otros Tobares, o sea que estaba preso en el Cuartel de Policía. Quedó así el barco en manos de su Comisario-Pagador, le Coronel Jorge Martínez | 386 . Este, enterado de lo acontecido, hizo saber a los de tierra inmediatamente que si dentro de dos horas no se daba por libres a los Generales colombianos, llovería metralla sobre Panamá. Y así fue: vencido el plazo del ultimátum, empezó a llover metralla. Media hora larga de bombardeo y como seis bombas arrojadas. De las cuales, la primera, hizo blanco en la cabeza de un súbdito del Celeste Imperio (que se llamaba Wong Kong Yee) y que atravesaba la calle de 'sal-si-puedes'; y otra; la última, un jumento que pacía tranquilamente por los alrededores de la 'Zahúrda'" | 387 .

No hubo más sangre derramada en Panamá. Por fortuna.

El "Bogotá", sobra decirlo, puso de una vez proa a Buenaventura, pero sus disparos, según atinada expresión del propio Huertas (o de su amanuense) a quien al menos hay que abonarle este acierto literario, fueron "la última exhalación del Ejército colombiano en el Istmo" | 388 .

Y Terán: "Nada más en cuanto al estrago material; pero moralmente, los disparos del "Bogotá" sembraron el pánico en la ciudad pecadora y salvaron el honor nacional" | 389.

____________
 

379.


 
Según se cuenta todavía en Panamá, los Generales Tobar, después de visitar el parque y de hacerse reconocer por la tropa, almorzaron en la casa de la familia Jované, y se añade con sorna que inclusive hicieron la siesta. Esto puede ser invención malévola para ridiculizar a los Tobar, pero a juzgar por la forma como habían dejado abandonada su tropa en Colón, el hecho cabe perfectamente en lo posible.
380. E. J. Castillero. "Cómo fue el 3 de noviembre". Artículo publicado en la Revista "Lotería" N° 108.
381.







 
El autor de este libro oyó la anécdota siguiente de quien la presenció en los balcones de cierto Hotel de París en el decenio de los años 20, que da idea del panameñismo anticolombiano y pinta los sentimientos generalizados entonces entre la clase dominante en Panamá. Quien se lo contó estaba en compañía de la esposa del doctor Amador Guerrero, y de doña Ana María Vélez de Emiliani (hija del doctor Joaquín F. Vélez) observando el desfile anual de las tropas norteamericanas un Once de Noviembre, con motivo del armisticio de la primera guerra mundial. Al paso de los soldados yanquis, la dama colombiana que no se conformó nunca con la separación de Panamá, le dijo a su compañera panameña: "Esa es la bota que tienen ahora ustedes en la nuca". La señora de Amador Guerrero respondió: "Prefiero esa bota, y no la alpargata boyacense".
382.
 
E. J. Castillero. "Cómo fue el 3 de noviembre de 1903". Revista "Lotería"
N° 108.
383.






 
El cinismo con que Huertas habla de "darles una patria a sus hijos", como si ninguna tuviera, es inaudito. Además, como puede apreciarse, la explicación que da, en sus "Recuerdos Históricos", de que después de haber sido tentado con "tesoros" por Amador, había partido "sin compromiso alguno" no es satisfactoria, y está contradicha por el relato del señor Antonio Alberto Valdés, que él mismo incluyó torpemente en su Folleto, en el cual Valdés afirma que un grupo de conspiradores se reunieron en casa del líder Pedro A. Díaz con el propósito de salir y aprisionar a los Generales colombianos, pero que esto no se llevó a cabo "porque el doctor Amador se opuso y aconsejó que no procedieran todavía, porque él y el General Huertas habían convenido el movimiento para más tarde. (Ver Huertas, Opus Cit. Pág. 88).
384.









 
Ver "Recuerdos Históricos" del General Esteban Huertas páginas 26 y 27, y 33. Huertas trata de hacer ver que su decisión fue fruto de largas meditaciones y no del cohecho. "Por un lado, dice, estaban las aspiraciones del pueblo panameño; por el otro, la posibilidad de una lucha fratricida. Por otra parte, la experiencia obtenida por él (Huertas) acerca de las miserias de la guerra, la consideración de que la que surgiera sería de opresión y conquista; su misma posición de radicado panameño; todo se recogió en su memoria y decidió tomar una decisión definitiva...". Con todo, continúa diciendo, "Había aún que acabar de pensar", (como si el pensamiento fuera un proceso lento y pausado, una especie de filme en cámara lenta) y se fue a la muralla del Cuartel que da sobre el mar a reflexionar. No hay duda, de que en el espíritu de Huertas debió haber algún movimiento de inhibición. Tal vez una pequeña luz estaba mostrándole cuál era su deber de militar y cuál su conducta de colombiano. Pero... él mismo concluye: "La lucha fue corta". Hecho que no hay por qué poner en duda.
385.




 
Terán, Opus Cit. Tomo III, parte 2a, páginas 216 y 217. A propósito de la prisión del señor de Obaldía don Oscar Terán añade que, en 1908, los señores Carlos A. Mendoza, Julio Icaza y otros, declararon que "el señor de Obaldía... era agente político del Gobierno colombiano en nuestro territorio cuando estalló la revolución que transformó al Departamento de Panamá en República Independiente". Y comenta esta afirmación así: "Apenas podía infligirse a un hombre público un cargo cualquiera con más verdad y rudeza que el de desleal y traidor a Colombia que aquí se hace al inquilino de aquella cárcel encantada".
386. El Coronel Jorge Martínez Landínez, conocido popularmente por el nombre de Jorge Martínez "Lata".
387. Terán, Opus Cit. Tomo III, parte 2a páginas 220 y 221.
388. Huertas, Opus Cit. Página 40.
389.










 
Terán, Opus Cit. Tomo III, parte 2a página 221. Por su parte, la prensa colombiana (el Nuevo Tiempo) se expresó así en su edición aparecida pocos días después de estos sucesos y a propósito de una protesta que formuló el Cuerpo Diplomático acreditado en Panamá, con motivo del bombardeo de "el Bogotá". "El Cuerpo Consular de Panamá ha protestado contra el bombardeo que a esa ciudad rebelde hizo el crucero "Bogotá"... El crucero "Bogotá" y su Comandante merecen bien de la Patria. La protesta de unos cuantos extranjeros, algunos de ellos cómplices del movimiento traidor y cohechadores de la guarnición colombiana de Panamá, es timbre de honra para los leales tripulantes del "Bogotá" y para su gallardo Jefe Jorge Martínez. .. En medio de la traición que como nefando contagio, contaminó a todos los panameños, hubo una excepción gloriosa: "el Bogotá"... Por la boca de sus cañones, habló al mundo el honor de Colombia, y su trueno, eco fue de la conciencia nacional ultrajada".

 

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