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ALGO DE GUERRA
 

Entre las guerras civiles que asolaron a Colombia en el siglo pasado, quizá la más absurda de todas fue la de 1885, porque aunque el sistema federal estaba en juego, los mismos radicales no creían ya en él, y si se aferraban a esa tesis, era más por testarudez y por odio a Núñez que por idealismo o convicción. La guerra de 1885, fue pues, una guerra contra un hombre, una guerra contra Núñez. Y Núñez terminó ganando la partida; primero porque tenía una idea en la cabeza y una bandera en las manos: la reforma constitucional; y luego, porque no se dejó amedrentar cuando sus antiguos conmilitones empezaron a tratarlo de "traidor". El creyó que era mejor servirle a Colombia, que a una simple fracción del liberalismo, y se alió entonces, con el partido conservador, le entregó armas al llamado "ejército de reserva" del General Leonardo Canal (que en realidad no era tal ejército, sino unos cuantos miles de voluntarios conservadores), y por último abrogó de hecho, ya sobre el pedestal de una completa victoria militar, la funesta constitución de 1863. Luego hizo expedir otra, la de 1886, que todavía hoy, con tal cual remiendo, sigue vigente en Colombia. En otras palabras: los enceguecidos radicales lo que hicieron fue servirle el plato al Regenerador.

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Como casi siempre, el tumulto comenzó en el Estado de Santander. Una disputa en las elecciones para Presidente del Estado, entre el general, Solón Wilches, y otro general, Eustorgio Salgar, medio simpatizante con la política de Núñez a pesar de su radicalismo, incendió la chispa de una guerrita civil localizada por el momento en aquel Estado.

Núñez intervino. Basado en la Ley de Orden Público que había hecho dictar durante su primera administración, mandó a Bucaramanga una comisión de mediadores; y detrás de éstos, a todo un batallón de la Guardia Colombiana.

¡Atropello! gritaron enseguida los dos bandos beligerantes ¡Aniquilan nuestra soberanía! iViolada la neutralidad del Gobierno Central! Y se unieron para combatir a Núñez, hecho lo cual, y al cabo de algunas maniobras políticas de dudosa ortografía, terminaron haciendo lo que ya tenían tramado; o sea, invadiendo el Estado de Boyacá, donde había un gran parque del que proyectaban apoderarse.

Mientras tanto, y quizá en concierto secreto con los radicales santandereanos, un intrépido y joven guerrillero, Ricardo Gaitán Obeso, se había alzado en armas en Guaduas (Estado de Cundinamarca, como quien dice en las goteras de Bogotá) y luego de tomar la ciudad de Honda, donde incautó el ferrocarril y todos los buques de vapor hallados en ese puerto fluvial, concluyó por apoderarse, en acción relámpago, de todo el río Magdalena, incluida Barranquilla.

De allí en adelante el alzamiento se fue extendiendo a casi todos los Estados de la "Unión", aunque con resultados adversos a su causa. En el Tolima, los revolucionarios cayeron vencidos en "Cachoya", y en "Los Cogotes", dos leguas al sur de Neiva, por el general conservador Manuel Casabianca.

En el Estado del Cauca, el general Elíseo Payan, adicto y leal a la causa de Núñez, y Presidente además del mismo Estado, les propinó tremenda derrota a los revolucionarios en la batalla, librada en Santa Bárbara de Cartago (febrero 23/85).

Y mientras tanto, los promotores de la revuelta, los santandereanos, faltos de pertrechos porque el parque de que esperaban apoderarse en Tunja, se les escapó de las manos | 109 , terminaron por disgregarse sin que ninguna acción bélica decidiera a fondo la situación de su Estado. El general Salgar cogió camino a Venezuela, por la vía del Meta; y su rival, el general Solón Wilches, se fue también río abajo, pero por el Magdalena, con todo su estado mayor -Foción Soto, Vargas Santos, Sergio Camargo-, para incorporarse al ejército de Gaitán Obeso, que se empeñaba en sitiar a Cartagena, patria del odiado Regenerador, y cuya toma y rendición se estimaba como el símbolo de la venganza contra éste.

Quedaba Panamá. Pero en Panamá, como siempre, las cosas iban a tener complicaciones internacionales.

En efecto: ya desde fines de 1884 los radicales habían comenzado a crear problemas, con actos de piratería, al gobierno del Estado que presidía un amigo de Núñez, el General Ramón Santodomingo Vila. Primero se apoderaron de un remolcador inglés, el "Morro", y poco después hicieron lo mismo con el "Alhajuela" vapor de bandera costarricense, y con esas dos unidades entre manos, se dedicaron a atacar sorpresivamente los puertos panameños del Pacífico. Pero, por una parte, el Cónsul inglés amenazó con represalias; y por la otra, el Gobierno Federal colombiano declaró turbado el Orden Público en el Istmo y logró enviar algunos pocos refuerzos militares, con lo cual la situación se calmó pasajeramente.

Sin embargo, la Compañía del Canal se inquietó. ¿Qué ocurriría si a sus propias dificultades se sumaban las que una guerra civil tendría por necesidad que acarrear? Por sistema, la política de Lesseps, tanto en el Egipto como posteriormente en Panamá, había sido la de observar una estricta neutralidad en caso de conflictos políticos internos. Sabía él que lo peor para sus empresas era tomar partido por uno u otro bando beligerante. Además, ¿no estaban para eso los Estados Unidos? ¿Acaso el Tratado de 1846 no los obligaba a mantener libre el tráfico y a restablecer el orden en el Istmo? ¿No se daba con ello una prueba al gobierno de Washington de que la Compañía del Canal era simplemente una compañía comercial y no un disimulado instrumento de política colonialista francesa?

Las cosas fueron pasando a mayores; y a principios de 1885, declarado ya abiertamente el alzamiento contra Núñez, los radicales panameños se apoderaron de otro remolcador | 110 . Pero esta vez la nave era de la Compañía del Canal: el "Game-Cock". Los revolucionarios sencillamente se incautaron de ella y se la llevaron para coadyuvar en el sitio que Gaitán Obeso preparaba sobre Cartagena | 111 .

Los funcionarios de la Compañía francesa empezaron a cavilar. Una cosa era el mantenimiento general del orden público y ésta era una obligación contractual (aunque supletoria) de los Estados Unidos. Otra cosa la defensa de las propiedades y la vida de los ciudadanos franceses residentes en el Istmo. ¿Sería del caso acudir a París para el envío de fuerzas militares? Pero... ¿cómo tomarían los norteamericanos esta medida? Además, entre la Compañía y Núñez había tela cortada. A los funcionarios de la Compañía del Canal, el Presidente no les merecía -no se sabe porqué- una plena confianza "Es mejor no contar mucho con él", le había dicho ya Reclus a Carlos de Lesseps desde 1881 | 112 y Núñez, por su parte, parecía no tener a su vez mucha confianza en los franceses, hacia los cuales mostraba siempre "une amabilité superficielle et sceptique" | 113 y ni siquiera se dejaba hablar de aquella obra y menos por extranjeros | 114 .

Mientras tanto, los acontecimientos se precipitaban y la revolución se enseñoreaba del Istmo.

Con el propósito de defender a Cartagena, el Presidente del Estado de Panamá, Ramón Santodomingo Vila, resolvió abandonar el poder, y encargar al primer designado, D. Justo Arosemena; un mes más tarde, en marzo de 1885, se alzó en armas en el Istmo el General Rafael Aizpuru, antiguo Presidente del Estado, y atacó los propios cuarteles de la ciudad-de Panamá. El doctor Arosemena llamó entonces en su ayuda a las tropas que defendían la ciudad de Colón, mas apenas éstas tomaron camino de Panamá, y dejaron a Colón desguarnecida, un revolucionario y demagogo cartagenero, Pedro Prestán, hizo lo propio que Aizpuru, o se que se levantó en guerra y se apoderó de Colón.

La situación, como puede apreciarse, se complicaba con este nuevo pronunciamiento; y como don Justo Arosemena, ilustre jurista, patricio nimbado por los resplandores de haber sido el Presidente de la Convención de Rionegro donde se dictó la Constitución Federal (aunque arrepentido de su obra), no estaba ya para esos trotes, decidió renunciar la Presidencia y encargar al segundo Designado, el doctor José María Vives León. Este, no obstante, se negó a asumir el poder; y en la emergencia, se vio precisado a hacerlo el General Carlos A. Gónima, en su carácter de Jefe Civil y Militar. Su primera medida fue declarar la neutralidad del Istmo en la guerra que azotaba a Colombia. Pero, ¿cómo podía haber neutralidad si ya la revolución había sentado sus reales en el Istmo?

Dueño Prestán de Colón, pretendió afianzar su posición con la amenaza (que muchos testigos le oyeron) de que incendiaría la ciudad si era atacado. Sin embargo, Gónima mandó un contingente hacia Colón al mando del General Ramón Ulloa, el cual entró en la ciudad a sangre y fuego, y puso en fuga al cabecilla de la insurrección.

Entonces "en medio de la trágica derrota de los revolucionarios, un voraz incendio estalló en la floreciente ciudad (31 de marzo de 1885). Un día bastó para que las llamas consumieran toda la ciudad, dejando en pie sólo siete casas. 15.000 almas Quedaron sin hogar. Las pérdidas se calcularon en US$ 8.000.000.00 de dólares" | 115.

"Aquello fue un desastre sin igual" -dijo más tarde un francés testigo presencial de los acontecimientos. Felizmente la ciudad de la Compañía del Canal, "Christopher Colomb", contigua a Colón, pudo ser preservada. Pero este desastre sobrevino en el momento en que acababan de llegar al puerto un gran número de navios (14 en total) fletados por la Compañía y para cuyo descargue se contaba con los incendiados muelles de Colón..." | 116 .

Puede imaginarse el trastorno que aquella catástrofe y toda la actividad revolucionaria causaría en la marcha de los trabajes del Canal.

Menos mal (si es que para el honor de Colombia podía considerarse como un bien una ocupación extranjera) que en esos momentos, sobrevino el desembarco de los marinos norteamericanos. Ya era tarde. Las ruinas calcinadas de Colón, clamaban venganza | 117 .

Pero el castigo de los responsables tardaría un poco, porque aunque es cierto que las fuerzas legitimistas del General Ulloa acababan de reconquistar para el Gobierno, no ya a Colón, sino a sus ruinas, mientras tanto el General Aizpuru "se había movido en sentido contrario, o sea hacia Panamá, y se la había tomado, invirtiendo así las posiciones en el tablero estratégico de la revolución istmeña; mas, careciendo ambos bandos de fuerzas suficientes para lanzarse al ataque y hallándose por otra parte consumada la ocupación norteamericana, los dos contendores resolvieron firmar un originalísimo compromiso -único quizá en la historia militar del mundo-, en virtud del cual se suspendían hostilidades por el término de 30 días y las fuerzas legitimistas de Ulloa "reconocían" al gobierno revolucionario a cambio de que éste, con sus fondos, sostuviera las fuerzas de la legitimidad. "¡Extraordinaria situación...! La zona del Canal en excavación partida teóricamente en dos: en una gobernaba la revolución, y en la otra, el representante del gobierno federal... los legitimistas eran sostenidos por los revolucionarios, y éstos, reconocidos por los legitimistas, se habían convertido por lo mismo, en la legitimidad. Y encima de todo esto, las tropas norteamericanas ocupando a Colón y a Panamá, y ejerciendo actos de soberanía | 118.

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109.







 
Este episodio fue de los más curiosos de la guerra del 85, porque los revolucionarios santandereanos contaban con la supuesta complicidad del General Pedro J. Sarmiento, Presidente de Boyacá, donde se hallaba un cuantioso parque de armas y pertrechos que el Presidente Núñez había puesto bajo la custodia del mandatario boyacense. Pero no contaban con que el General Sarmiento, aunque radical y simpatizante con la revolución, era hombre de honor. Y entonces se produjo un hecho que habría estremecido de horror a Maquiavelo: Sarmiento devolvió a Núñez todo el armamento, y salió a incorporarse, sin un fusil en su bagaje, al ejército de la revolución. ¡Pobre, noble General Sarmiento! Los insultos y el odio de sus copartidarios, lo perseguirían y amargarían, como vengativas erinnias, hasta el último día de su existencia.
110.

 
En las revoluciones colombianas principalmente en 1885, cualquier cosa a flote se convirtió en barco de guerra, y no sólo los remolcadores, sino hasta las dragas, como pasó con la Draga Cristóbal Colón, que fue sacada por las Bocas de Ceniza par ir con ella a sitiar a Cartagena.
111.


 
"Como a las 2 p. m. (7 de marzo) se avistó por el lado del Norte un pequeño remolcador que se creyó era el "Game-Cock", vapor que fue robado a la Compama del Canal o a la del Ferrocarril por el General Benjamín Ruiz, y que pasó por delante de la ciudad hasta que desapareció por detrás de Tierra-Bomba" Eduardo Gutiérrez de Piñeres "Principales acontecimientos ocurridos durante el sitio de Cartagena, que empezó el 4 de marzo de 1885". Imprenta La Luz, Bogotá, 1885.
112. Carta inédita del 17 de Mayo de 1881, citada por Edgar Bonnet, Opus Cit. Página 169.
113.

 
La frialdad y el escepticismo de Núñez hacia la Compañía francesa, tuvieron al parecer su origen en el disgusto que al Presidente colombiano le causó la compra que Lesseps hizo del Ferrocarril de Panamá sin contar para nada con Colombia, a lo cual vino a sumarse después un resentimiento de origen personal que se explica con la sola lectura de los siguientes cables: "Bogotá, Mayo 2 de 1885. Conde de Lesseps, París. Gobierno estimaría gran servicio que Canal anticipe Agente Obregón millón y medio de francos. Rafael Núñez". "París, 11 Mai 1885. Rafael Núñez. Bogotá. Regrets de ne pouvoir donner satisfaction á votre lettre. Lesseps". Posteriormente y a través de los años, Núñez siguió rumiando su resentimiento contra Lesseps. En carta a un amigo fechada el 12 de Abril de 1887 le decía: "Bueno es que sepan que la Empresa del Canal carece de recursos, pues ha habido farsa en las noticias sobre empréstitos. El último de Berlín, ha resultado completa mentira. No debe hacerse a dicha empresa ninguna concesión nueva de ninguna especie". Y, en 1890 el Regenerador, en un editorial de "El Porvenir" de Cartagena, descorría así el velo de su resentimiento: "En 1885, el Gobierno solicitó de M. de Lesseps un préstamo de 3.000.000.00 para la compra de uno o mas vapores que trayesen a Cartagena agonizante, las tropas del Cauca detenidas en Panamá...". La posición del Presidente en Bogotá, era patética. Hijo de Cartagena, veía comprometida la tradicional gloria de ésta, que iba por momentos careciendo de todo lo necesario durante los últimos días de asedio; teniendo él por otra parte, entre los cerrados muros a su familia (menos su esposa, que lo acompañaba) e inclusive a su venerable madre... M. de Lesseps contestó secamente por cable que lamentaba no disponer de esa suma". (Ver "El Porvenir" de 16 de Febrero de 1890).
114.





 
En una ocasión un tal Mister Tisdel, que se decía vicepresidente de la Pacific-Mail, llegó a Cartagena, y por intermedio de D. Rafael del Castillo, le solicitó una audiencia al Presidente Núñez aparentemente para hablar sobre el establecimiento de una nueva línea de vapores de su compañía que habría de tocar en Cartagena y Sabanilla. El señor Núñez, renuente al principio, decidió al fin otorgar la audiencia al visitante. "Pero con una condición, ¿sabe? Que no me hable del Canal de Panamá, y además, tú tienes que servirme de interprete, ¿sabes?, porque yo no se inglés". Según se supo después, el Sr. Tisdel no era tal agente marítimo, sino un funcionario del Departamento de Estado de "Washington en misión especial. "Daniel Lemaitre - Soledad Román de Núñez. "Recuerdos", página 35.
115. E. J. Castillero y E J Arce, Opus Cit. Página 129.
116. Philippe Bunau-Varilla "De Panamá a Verdun", página 6. Librairie Plon, París, 1937.
117. El Jefe de la fragata "Galena" fue juzgado algún tiempo después por una corte marcial, por no haber sabido prever ni impedir la conflagración. Ibidem. Opus Cit. Página 177.
118. Eduardo Lemaitre "Reyes. biografía de un gran colombiano", páginas 38-39. Editorial Iqueima, Bogotá, (1967).

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