ORIBES Y PLATEROS EN LA NUEVA GRANADA
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El arte religioso y la liturgia  
                                                                                               Jaime Gutiérrez Vallejo

 

Sagrario
Francisco Javier de Guzmán,
1747.
Mueble de madera forrado en
plata repujada
84 x 39 x 27 cms.
Arquidiócesis de Popayán.

1. El arte y la simbología al servicio de la liturgia 

Algunas de las decisiones más controvertidas del Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965, fueron las reformas de los ritos litúrgicos de la Iglesia que tenían que ver con la misa, la comunión, el latín, el canto gregoriano y los sacramentos. 

Estas reformas introdujeron modificaciones, no sustanciales, en las costumbres mantenidas en la liturgia católica durante siglos, con el fin de buscar con ello una participación activa de los fieles en las ceremonias religiosas. Habla que desembarazar la liturgia de los ritos creados en las oscuridades medievales, aunque también se pretendía restaurar otros “que habían desaparecido por la erosión del tiempo.” (1)  

La renovación litúrgica emprendida después del Concilio hizo que cayeran en desuso muchos ornamentos, libros y objetos que con el tiempo se volvieron curiosidades pretendidas por los museos y coleccionistas. Resoluciones recientes del Vaticano, buscando una mayor austeridad, han autorizado a los eclesiásticos a disponer de objetos y obras de arte, todo dentro de nuevas justificaciones teológicas. Esos vientos renovadores han conducido a la Iglesia hacia una nueva estética fundamentada en la funcionalidad y en la expresividad. Es un nuevo concepto que se basa en la “noble belleza” y que persigue la calidad por caminos distintos del lujo y de la riqueza. 

Todo esto ha contribuido a que esas verdaderas piezas de arte que son los objetos del culto religioso sean más valiosas a medida que van escaseando. Conociendo el verdadero sentido de esos objetos podemos entender el interés que tienen como patrimonio histórico-artístico, puesto que son testimonios vivos que traspasan las barreras del tiempo y nos ponen en contacto con épocas lejanas de la humanidad. 

Para poder captar la razón de los objetos y ornamentos del culto, no podemos dejar de hacer algunas consideraciones con respecto a la connotación simbólica que tienen, puesto que la relación conceptual que existe entre ellos y las cosas representadas viene a ser lo más importante dentro de la liturgia cristiana. 

Símbolo es un concepto que se aplica a aquellos signos cuya realidad viene a ser distinta de la imagen que adoptan. El significado es netamente espiritual, aunque “significante” y “significado” tengan un punto en común que los equipare, llegando a sustituir el uno al otro, según el caso. 

Se puede entender, por tanto, el símbolo como un juego espiritual al cual se ha entregado la humanidad desde que el hombre adquiere la reflexión, allá en la noche de los tiempos. 

Mediante ese juego el hombre ha podido entender la realidad de las cosas que en un principio fueron para él motivo de asombro. La relación que existe entre lo que se representa y lo que ello significa llegó a tener un carácter mágico, y así lo entiende el hombre desde que realiza sus primeras manifestaciones artísticas en las cavernas prehistóricas. No olvidemos también que las escrituras más antiguas son ideográficas, es decir, simbólicas. Los objetos primitivos empezaron a trabajarse con formas y representaciones simbólicas. El símbolo por tanto es un lenguaje y mediante él el hombre establecerá un medio de comunicación universal. Un idioma que irá más allá del signo mismo puesto que es el alma el que lo percibe y lo entiende. 

La palabra símbolo es un término griego que significa “reunir”. La palabra religión viene del latín “religare”, que también significa “reunir”. Se puede decir por eso que los símbolos y las religiones han sido instrumentos de unión mediante los cuales los hombres se han asociado formando grupos con ideales comunes. 

Las mitologías y las religiones utilizaron símbolos como un medio para la captación de las ideas. Por tanto, cualquier estudio que se haga sobre las culturas pasadas tendrá que enfocarse mediante la interpretación de los símbolos.  

 

2. La liturgia  

La liturgia es el nombre que se da al conjunto de ritos que se hacen mediante signos naturales y sensibles con el fin de rendir veneración al Creador. Es la manifestación externa de las religiones y se constituye en una especie de praxis que da vida a la iglesia y santifica los fieles. El término se formó con las palabras leitón: cosa del pueblo y ergón: obra, y como tal el vocablo fue introducido en Occidente en el siglo XVI. Es pues una “obra pública” destinada, por su naturaleza misma, a despertar sentimientos de orden estético por una parte y a motivar sentimientos devotos, por otra. 

Las primeras prácticas litúrgicas se encuentran reseñadas en la Biblia. El Pentateuco prescribe los ornamentos y objetos litúrgicos que deberían emplearse en los ritos mosaicos. En la era cristiana, desde los tiempos apostólicos, se configuraron algunos de los ritos que más tarde encontrarán su permanencia en el siglo IV, después del Edicto de Milán en el año 313 d.C. 

Después los Papas y los Concilios se encargarán de enriquecerlos. La tradición complementará el resto. San Gregorio El Grande (540-604) hace una ordenación de los ritos y crea otros. Pero sobre todo reglamentará el canto llano que toma su nombre y durante muchos siglos será el canto oficial de la iglesia. 

La liturgia de Occidente se llamará desde entonces Romana por haber sido los pontífices romanos los que la establecieron y la conservaron. En el siglo VIII pasa a Francia y en el IX Gregorio VII la introduce en España. No es ésta, sin embargo, la única liturgia. Existen ritos orientales entre los cuales cabe mencionar el rito bizantino, el rito griego practicado hoy entre los cristianos llamados ortodoxos, el rito armenio, el siríaco, el maronita, el caldeo y el copto. 

Algunas órdenes religiosas inclusive, como los cartujos, los carmelitas y los dominicos, conservaron ritos propios para la misa y algunas diócesis como las de Lyon y las de Milán tuvieron ritos litúrgicos propios.

 

Velo de sagrario o conopeo
Anónimo, 1899 plata repujada
95 x 69 cms.
Arquidiócesis de Popayán.

3. Las iglesias

 

Los templos siempre han sido el sitio destinado para los ritos católicos. El crecimiento de las comunidades cristianas determinó la construcción de esos edificios que con el tiempo adquirieron una complejidad considerable. Las basílicas romanas primitivas se fueron transformando y a medida que aumenta el clero y los fieles, su dimensión será mayor, multiplicándose las capillas para albergar más altares. 

La distribución de las iglesias se configura desde tiempos remotos. Sus partes más importantes serán entonces: el coro, para albergar a los cantores de los oficios; el presbiterio, el sitio destinado para las ceremonias que se verifican en el altar y para la cátedra del obispo. Cerca al presbiterio se sitúa la sacristía, lugar destinado para guardar los ornamentos, los vasos sagrados y para revestirse los celebrantes. El baptisterio, lugar que aloja la pila bautismal, y los campanarios para convocar a los fieles a los oficios. En ellos se suspendían las campanas. Inicialmente esos campanarios fueron torres de defensa y sólo después del siglo VIII se utilizarán como campanarios. 

Las iglesias no eran todas iguales. Estaban jerarquizadas. Había basílicas, catedrales, abaciales, colegiatas, parroquias y oratorios. Todas ellas, en cada tiempo, fueron creando con el transcurso de los siglos un verdadero tesoro artístico digno de ser conservado.

 

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(1) Constitución sobre la liturgia. Artículo 50, 1963. (Regresar a 1)