ORIBES Y PLATEROS EN LA NUEVA GRANADA
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Oribes y plateros en la Nueva Granada

Marta Fajardo de Rueda    

De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata labrada en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados; de plata los platos fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata; de plata los jarros de vino amartillados por los trabajadores de la plata; de plata los platos pescaderos con su pargo de plata hinchado sobre un entrelazamiento de algas; de plata los saleros, de plata los cascanueces, de plata los cubiletes, de plata las cucharillas de adorno de iniciales...

                                                                 Alejo Carpentier: Concierto barroco  


El descubrimiento de América y el de sus enormes riquezas en minerales preciosos generó, a partir del siglo XVI, un notable impulso al arte de la orfebrería tanto en España y Portugal como en Hispanoamérica.
 

Puede afirmarse que la búsqueda de riquezas, particularmente del oro, cuyo símbolo más característico vino a ser El Dorado, constituyó el más poderoso incentivo para las empresas de conquista y colonización de América. 

En la Nueva Granada el oro, la plata y las piedras preciosas abundaban en casi todo el territorio. 


Detalle del estandarte de la Inmaculada (pieza No. 1)

Muy pronto se detectaron ricas zonas auriferas y argentíferas en diversas áreas del territorio, principalmente en la cuenca del río Cauca, las regiones alta y media del Magdalena, en la Costa Pacífica y en las vertientes de las cordilleras andinas. Por ello, no debe sorprender el que las principales fundaciones coloniales coincidan o estén próximas a los centros de explotación minera: desde Mompox hasta Popayán, La Plata y Barbacoas y desde Nóvita, Santafé de Antioquia, Pamplona y Girón hasta Honda y Mariquita. Inclusive las fundaciones de Santafé y de Tunja, aunque aparentemente alejadas de los centros mineros, contaron con la base de la explotación de las minas de esmeraldas de Somondoco y Muzo, la fertilidad de los valles de la cordillera y la importante población indígena. Tan sólo en las selvas del Amazonas y del Orinoco, las fundaciones tuvieron un carácter predominantemente misional (1)  

Con la explotación de las ricas minas comenzaron a llegar plateros españoles y probablemente portugueses, animados por las posibilidades de establecerse y abrir talleres. 

La clientela se hacía cada vez más numerosa. A los encargos para las iglesias y conventos, se agregarían los de los colonos ricos y sus hijos, clientes de vajillas, alhajas y un sinnúmero de objetos domésticos, los cuales, según la región y las necesidades, se convirtieron incluso en piezas características del menaje, como es el caso de los “mates” peruanos y argentinos o el de las “cigarreras” mexicanas. 

 

La política española y la explotación minera 


Detalle del estandarte de la Inmaculada, con la inscripción del Cacique don Alonso


Detalle campana del siglo XVI (pieza No. 3)

Desde un comienzo, la Corona española reclamó para si el pago de la quinta parte de todo el mineral precioso que se extrajera en América. A este impuesto se le llamó el “Quinto Real” y para hacerlo efectivo se establecieron las Cajas Reales en los lugares destinados a la explotación. En el Libro Sexto de la Política Indiana, se precisa incluso el estimulo que los Reyes de España dieron a esta explotación. 

Pero viniendo a tratar de los que pertenecen a nuestras Indias lo que passa es que luego que se comencaron a descubrir, se declaró y mandó por aquella notable i sabida cédula de los Reyes Católicos dada en Medina del Campo, i por otras sus confirmatorias, i declaratorias, que se hallavan en el tercer volumen de las impressas, que todas las minas fuessen comunes i a todos se les permitiesse buscarlas, catear l as, i labrarlas, dondequiera que las pudieesen hallar, i aun fuessen alentados a esto con grandes premios que se les prometiessen por los oficiales reales como tambien se manda por Cédula de Zaragoça ocho de agosto de 1533 y otras, que refiere don Francisco de Alfaro con condición, que huviessen de pagar i pagassen al Rey la quinta parte de todos los metales que sacassen y beneficiassen i que no pudiesen usar de ellos, sin que primero se les huviesse echado el sello, o marca Real que llaman Quinto, por la qual constasse, que ya le havían pagado en la Caxa Real mas cercana del minera l (2)

 

Los orfebres: plateros de oro y plateros de plata 


Parte posterior del relicario de Santa Isabel de Hungría (pieza No. 2)


Detalle del relicario ce santa Isabel de Hungría 
(pieza No. 2)

Por desgracia, no son muchos los documentos que puedan ilustrarnos acerca de la organización laboral de los plateros en la Nueva Granada, ni acerca de su posición social o económica. 

Lo deducimos de algunos pocos oficios en los que se establecen los contratos con iglesias o particulares, o bien a través de los cuales se elevan quejas al gobierno por diversas causas.  

Existe una cierta dificultad en precisar el nombre mismo del oficio de platero, pues dentro de este mismo apelativo caben los que trabajan el oro, ya que ellos a sí mismos se llaman “plateros de oro”, y naturalmente los que trabajan la plata, que a su vez se autodenominan “plateros de plata”. Pero también se conocen los “oribes o uribes”, especialistas en el trabajo del oro, probablemente nuestros joyeros modernos, y los batiojas —del mismo rango que los plateros, pues a ellos también iban dirigidas las Ordenanzas—, que son aquellos plateros de oro y plata que se encargan de laminar estos nobles metales para el recubrimiento de altares, columnas, imágenes y tabernáculos. Es frecuente encontrar además la denominación de “platero de masonería”, la cual se refiere a la especialización de algunos en cincelar la plata y, por último, los dedicados a reducir el oro y la plata a finísimos hilos aplicables a trabajos relacionados con la joyería y los bordados. 

Dadas todas estas circunstancias, para la presente exposición, Oribes y plateros en la Nueva Granada, hemos reunido bajo el nombre general de plateros a los artífices del oro y de la plata, y oribes a los especialistas en joyería, en el entendido de que todas estas denominaciones abarcan a los artistas a quienes tradicionalmente se les ha llamado orfebres.

 

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(1). West, Robert. La minea de aluvión en Colombia en el periodo colonial (Bogotá: Universidad Nacional, 1972), pp. 9.17. (Regresar a 1)

(2). Solórzano de Pereyra, Juan. Recopilación de la Política Indiana (Madrid: Diego Díaz de la Carrera 1748), p. 932 (Regresar a 2)