INDICE




Presentación
Prefacio

CAPITULO I
La Nueva Granada

CAPITULO II
Sabanilla

CAPITULO III
Barranquilla

CAPITULO IV
Cartagena

CAPITULO V
El Vapor del Magdalena

CAPITULO VI
El Champán

CAPITULO VII
Honda y Guaduas

CAPITULO VIII
La sabana de Bogotá

CAPITULO IX
Posada en Bogotá

CAPITULO X
Bogotá

CAPITULO XI
Extranjeros en Bogotá

CAPITULO XII
Los Bogotanos

CAPITULO XIII
Religión e iglesia en Bogotá

CAPITULO XIV
Las iglesias de Bogotá

CAPITULO XV
Bailes

CAPITULO XVI
El acueducto

CAPITULO XVII
La prisión, el hospital y la tumba

CAPITULO XVIII
El valle del Orinoco

CAPITULO XIX
El Congreso, las constituciones, las instituciones y el clima

CAPITULO XX
El Salto de Tequendama

CAPITULO XXI
Bailes y toros

CAPITULO XXII
El Puente de Pandi

CAPITULO XXIII
Ibagué

CAPITULO XXIV
De regreso a Bogotá

CAPITULO XXV
Cruzando las montañas del Quindío

CAPITULO XXVI
Familia Caucana

CAPITULO XXVII
Roldanillo y la ley

CAPITULO XXVIII
La Vida del Hacendado

CAPITULO XXIX
Las diversiones del hacendado

CAPITULO XXX
La casa del Hacendado

CAPITULO XXXI
Los potreros de la montaña

CAPITULO XXXII
Buga y Palmira

CAPITULO XXXIII
Cali y viajes
Suplemento
RELIGION E IGLESIAS EN BOGOTÁ |


 

Las doctrinas de la Iglesia Católica y Romana — El nacimiento milagroso de Cristo — El bautismo — El vínculo con los padrinos — La confirmación — La comunión El rosario y la corona — Las devociones familiares — Las visperas — Descuido de las prácticas religiosas.


 

Son muchas las personas inteligentes que prácticamente desconocen las doctrinas y ritos de la religión católica. Nosotros nos proponemos estudiarlos como simples observadores, no comoteólogos, limitándonos a presentar sencillamente los hechos sin hacer comentarios, que aquí estarían fuera de lugar, y si algún lector me acusa de irreverencia, lo único que puedo decir es que los granadinos no me parecieron nada reverentes y por lo tanto no se me puede exigir que yo lo sea más que ellos.

Vamos a visitar algunas de las iglesias de la ciudad de Santa Fe, como algunos devotos quieren seguir llamando a Bogotá, aunque ese nombre parece haber desaparecido con el último virrey que gobernó el Nuevo Reino de Granada. Pero antes vale la pena que conozcamos esa “santa fe” y al efecto la describiré brevemente, más como historiador que como polemista.

La Iglesia Romana, o la Iglesia como prefiere designarse, negando así la existencia de otras iglesias, no profesa enseñar, como creen muchos de sus adeptos más ignorantes, que se puede lograr la salvación sin ningún cambio de corazón, sino simplemente a través de ritos; sin embargo, es esta la conclusión a que se llega al aceptar la doctrina de que nadie que no haya sido bautizado se escapa del infierno, en tanto que los bautizados, salvo en algunos casos por lo general horrendos, no pueden condenarse. El bautismo, que es el primer sacramento y el único absolutamente esencial, puede ser administrado por cualquier hombre o mujer en caso de necesidad. Si el recién nacido es débil, lo bautiza inmediatamente alguna persona inteligente, sin mucha ceremonia, lo que llaman “echar el agua”. En caso de que el niño sobreviva, el sacerdote realiza el resto de la ceremonia con aceite, sal y saliva, y campana, misal y cirio.

El sacerdote al derramar el agua en la cabeza del niño debe tener la intención de bautizar, o de lo contrario la ceremonia no es válida, lo cual significaría que a menos que se corrija la deficiencia inicial, ninguna precaución que se tome después salvará al niño del infierno. Algunos sacerdotes han sido culpables de este tremendo crimen por pura maldad, pero el bautizo administrado por uno estúpido o borracho es válido, porque aunque la intención no es consciente, se considera habitual y, por lo tanto, válida.

En el bautizo es necesaria la presencia de un padrino y de una madrina, de los cuales el niño es ahijado o ahijada. Este vínculo es impedimento de matrimonio y los sacerdotes pueden con toda corrección recibir en su casa una ahijada como si fuera sobrina. El padrino y la madrina consideran que entre ambos y entre ellos y los padres del niño se crea un vínculo de por vida y se siguen llamando compadre y comadre. Pero muchas personas utilizan estos términos sin haber bautizo de por medio; son palabras cariñosas que de común acuerdo emplean caballeros y damas amigos.

Es voluntad divina que a través de una buena educación cristiana la mayoría de los hijos de cristianos lleguen a ser buenos cristianos. Lo apropiado y justo es que el niño repita, al llegar a la edad de la razón, la profesión de fe que los padrinos hicieron en su nombre, e indudablemente, son los padres los que mejor pueden determinar en qué momento el niño debe hacer esa profesión de fe. La ceremonia se llama confirmación y lo natural sería que se realizara cuando el niño tiene de doce a quince años, pero muchos padres tienden a anticipar la edad de discreción y es muy común que manden a confirmar los hijos apenas empiezan a caminar. Para esta ceremonia es necesaria la intervención del obispo o de un sacerdote con igual jerarquía. Presencié este rito en una ocasión en que el hermano del expresidente Herrán, hoy Arzobispo, confirmó a un grupo muy grande de niños, algunos de ellos entre los seis y los ocho años y otros todavía de brazos. Entre otras cosas, para confirmarlos, el obispo les da una palmadita en la mejilla y la ceremonia, en realidad, no tiene nada de imponente.

La parte más importante de la educación religiosa es la preparación para la primera comunión. Cuando llega el momento de hacerla, más o menos a los catorce años, retiran temporalmente al niño del colegio, lo alejan de toda clase de juegos y lo ponen bajo la tutela de un sacerdote, preferiblemente casto y devoto si se trata de preparar a una niña. Algunos sacerdotes se contentan con que el niño aprenda el catecismo y sepa las oraciones, pero una señora me contó que el que la había preparado a ella le había hecho sentir en tal forma la presencia de Dios, que nunca había vuelto a ser la misma persona. Estaba convencida de que estos resultados serían más frecuentes si hubiera más buenos sacerdotes. La primera comunión es una ceremonia muy solemne pero no veía necesidad de describirla.

Desde el punto de vista doctrinal, la Iglesia Católica no difiere demasiado de las otras iglesias cristianas, excepto en algunas creencias como, por ejemplo, la que afirma la necesidad de practicar los sacramentos para escapar cómodamente del purgatorio, ese lúgubre sitio inventado especialmente para los cristianos. Creen en la doctrina de la Trinidad y en la necesidad de la fe y del arrepentimiento; y además en la doctrina de la virginidad perpetua de María, a la cual atribuyen una importancia que no puedo menos de considerar exagerada. Me parece que este es un punto demasiado delicado para entrar a discutirlo y me limito simplemente a insinuar que de acuerdo con esta doctrina los católicos deducen que el cuerpo de María nunca sufrió los cambios anatómicos que conlleva la maternidad, y también el |nacimiento milagroso de Cristo, necesario para la conservación de la virginidad de su Madre. La decencia me impide citar todas las palabras con que explican esta doctrina en el catecismo para niños, y solo copio la última frase: “Como un rayo de luz pasa a través de un vidrio sin romperlo ni mancharlo”. Se supone que la persona que no crea en esta doctrina está irremediablemente perdida.

Dicen que la Virgen después de su muerte reveló a alguien —nunca he podido saber a quién, cuándo y cómo— las relaciones especiales que tuvo con su marido, y nadie tiene nada que alegarme cuando yo sostengo que si el matrimonio es un sacramento María tuvo que haber cometido un pecado tremendo prostituyendo ese sacramento, simplemente para salvar su reputación y escapar del castigo que la esperaba, debido a la falsa acusación de haber faltado a la castidad.

La comunión consiste en tragar la hostia, la cual, antes de la consagración, no es más que una oblea blanca común y corriente, pero que el acto de consagración transforma en el cuerpo de Cristo. Manos que no hayan sido consagradas no deben tocar nunca la hostia; el sacerdote la toma con dos dedos y la pone directamente en la boca de los fieles. La misa es la comunión del sacerdote y como para comulgar es necesario estar en ayunas, solo se dicen misas por la mañana y un sacerdote no puede celebrar sino una diaria, pero esta regla tiene la excepción del dos de septiembre (sic), cuando todo sacerdote debe celebrar tres misas antes del desayuno. Los católicos tienen obligación de asistir a misa todos los días de fiesta y pecan si no lo hacen sin justa causa. La ceremonia de la misa ya la describimos a espacio en el capítulo VII.

Una de las prácticas religiosas más importantes es la de rezar el rosario, que consiste en decir una serie de oraciones representadas en una hilera de cuentas de diferentes tamaños. En el grupo que se reúne a ello siempre hay una persona que lo encabeza y que reza al comienzo una o dos oraciones; luego dice la primera parte del Padre Nuestro, según la versión de Lucas, y el resto del grupo lo termina. Lo mismo hacen con la Salve, pero diez veces seguidas, y al terminar la décima Salve, rezan un Gloria Patri. El grupo comienza a recitar en coro el Padre Nuestro y esta vez lo termina la persona que está encabezando el rosario; esto se llama rezar una casa, entonces empiezan la segunda y cuando el que encabeza acaba el segundo Gloria Patri, empieza el tercer Padre Nuestro y así continúan hasta terminar cinco casas o cincuenta salves. Rezan otras oraciones, entre ellas el Credo, que es la más larga. La corona es un rosario de diez casas.

Se supone que las familias deben rezar el rosario todas las noches, en la casa o en la iglesia, pero es algo tan aburrido que los hombres por lo general se escabullen a esa hora para no rezarlo. Algunas familias solo lo rezan los días de fiestas especiales y muchas ni siquiera entonces. Al crepúsculo rezan en la casa “la oración” y en la iglesia las “vísperas”. La señal para dar comienzo a la horrible masacre de Palermo conocida como las Vísperas Sicilianas | | (1) fue el tañido de las campanas que llamaban a los fieles a esta devoción. Las “vísperas” de un santo son la tarde y a veces todo el día anterior a su fiesta.

Claro está que la persona que reza no puede concentrarse todo el tiempo en las palabras de la oración, ni tampoco se le exige que lo haga, pero es aconsejable no dejar divagar libremente el pensamiento, sino dirigirlo hacia algún tema provechoso. Para los protestantes el tiempo que se gasta rezando el rosario debería emplearse más bien en meditación, pero me temo que si se enseña esta doctrina, la mayoría de la gente ni meditaría ni tampoco volvería a rezar. Las oraciones son en español o latín y a menudo cuando un sacerdote encabeza el rosario reza su parte en latín y los fieles le contestan en español, pero la misa es siempre en latín.

Hay otras dos ceremonias o devociones que en inglés se llaman “to cross one’s self”, en español persignarse, palabra derivada de la frase latina |Per signum crucis, consistentes en rezar: “Por la señal (mientras la persona se hace una cruz en la frente) de la santa cruz (cruz en el pecho), líbranos (cruz al lado derecho del pecho) de nuestros enemigos (cruz al lado izquierdo). Amén”. En tanto que santiguarse es hacer una sola señal de la cruz en estos cuatro sitios, diciendo al mismo tiempo: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”.

Todavía no he mencionado la confesión, que es práctica poco acostumbrada y que solo me tocó presenciar una vez, a pesar de que estuve en Bogotá en la época en que la gente sé confiesa más. En realidad hoy son pocas las personas inteligentes que se confiesan y por lo tanto no pueden comulgar ni ayunar. La religión en Bogotá, especialmente entre los hombres, se está convirtiendo en algo obsoleto. El culto religioso, aun en las iglesias más ricas, ya no tiene nada del antiguo esplendor que cautivaba los sentidos y me pareció tan ridículo como enseñarle a los niños a disparar con palos de escoba. Solamente una vez presencié una ceremonia imponente en la catedral, la reseña, pero de ella me ocupará más adelante. También podría agregar que después de conocer durante veinte meses todas las clases sociales granadinas en diferentes regiones del país, solo supe de tres personas que ayunaran, las tres eran mujeres, y una de ellas una niña de colegio.

Señoras y señores, doy por terminada mi conferencia y ahora sí podemos salir a visitar iglesias, pero antes querida señora una advertencia para que usted no tenga problemas con el vestido. Primero que todo, deje a un lado el sombrero europeo —o gorra, como lo llaman aquí equivocadamente— y venga con la cabeza descubierta o con un sombrero de paja; de hombre o consiga una chistera de las que usan las abuelitas bogotanas, con copa redonda y ala ancha. Póngase la mejor falda de seda negra, amárrela encima del vestido como si fuera una saya, y no se preocupe por el corpiño de alegres colores, porque nadie lo va a ver debajo de la mantellina, el chal de seda negra bordeado con cinta negra, que se va a poner sobre los hombros. Así vestidas las señoras casi no se diferencian de las indias, solo que la mantellina y la saya de las mujeres del pueblo son de franela azul o negra. A la casa del Señor hay que ir ataviada sencillamente porque no es lugar para la ostentación.

(1)  Se llamó Vísperas Sicilianas a la matanza de los franceses en Sicilia el año de 1282, bajo el gobierno de Carlos de Anjou, hermano del rey San Luis. El lunes de Pascua los sicilianos se rebelaron y mataron a todos los franceses en la isla. (N. de la T.). (regresar 1)

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