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HISTORIA DEL TRANSPORTE EN CARTAGENA

La historia del transporte en Cartagena se remonta a los tiempos prehispánicos, cuando los nativos se desplazaban o trasladaban cualquier objeto mediante el medio físico más natural: sus pies. Como tenían la ventaja de vivir cerca del mar, los ríos y los múltiples cuerpos de agua cercanos a Kalamarí, desarrollaron formas de transporte marítimo, utilizando canoas impulsadas al inicio por remos.

Como toda la gente del mar, nuestros indígenas aprendieron de manera temprana los secretos de la vela y navegaban guiados por las estrellas. La canoa y el velero de hoy no han sufrido muchos cambios en su diseño desde aquellas rudimentarias velas de hace varios siglos, como lo demuestran algunas de las fotografías.

Con la llegada de los españoles y sus caballos, una nueva forma de transporte entró en la escena, facilitando las largas travesías por caminos de tupida vegetación, en una tierra salvaje y desconocida. Sólo hasta la llegada de los coches con tracción animal el acto de viajar vino a ser "aguantable" para los pasajeros. Sin embargo, pasarían muchos años antes de que el resorte de acero (la suspensión) hiciera más cómoda la travesía.
Por el tamaño y la configuración de la ciudad, sus habitantes no tenían problemas en cruzar las calles y plazas a pie. Pero, si acaso surgía algún impedimento, sabían que siempre podían pedir un coche. Y si el des tino final se hallaba más allá de los confines de la villa, lo indicado era tomar un coche tirado por caballo.

Un viaje a los pueblos de las sabanas no era difícil, pero sí agotador, ya fuera a lomo de mula o viajando en coche. Al llegar a un río caudaloso, siempre había planchones con bogas (hombres equipados con palos largos que impulsaban la nave por el agua) con suficiente fuerza bruta que facilitaban el cruce al pasajero, si no estaba en huelga.

A veces uno tenía su propia balsa para viajar a un lugar específico en una rama del Canal del Dique, como lo muestra la fotografía de don Carlos Vélez con su Ford en camino a su ingenio en Sincerín.

Pero si el viaje implicaba una larga jornada ascendiendo montañas o remontando el río Magdalena, eso era algo diferente. Antes de 1825 el transporte fluvial para llegar a La Dorada necesariamente se hacía en un incómodo y lento planchón, pero después de esa fecha existían los grandes y pintorescos vapores con ruedas de aspas al lado o atrás como los que navegaban en el río Misisipi. Si el río estaba crecido y el pasajero llegaba con buen tiempo, entonces podía tomar un coche o un caballo para terminar su itinerario hacia Bogotá.

El clima era como el Némesis: en verano el Canal del Dique -que era el paso obliga do desde Cartagena hacia el Magdalena desde los tiempos de la Colonia- bajaba tanto de nivel, que casi se secaba y causaba desastres para quienes no alcanzaban a atravesar a tiempo esa porción del viaje hacia el río Magdalena para tomar el vapor David Arango u otro de los que navegaban por entre las engañosas barrancas de arena del río.

Aunque los grandes y veloces veleros como los Clipper Ships hacía muchos años que surcaban los mares entre los continentes, el invento de la máquina de vapor cambió esa modalidad y marcó un gran avance en este proceso, tanto en el transporte marítimo como en el de la locomotora. Ambos medios de propulsión mecánica llegaron a Colombia a mediados del siglo XIX.

Es curioso como pocos años después de la aparición del primer ferrocarril comercial en Inglaterra el Congreso de Colombia promulgó una ley que estimulaba la inversión de esa industria en el país. Pero los primeros rieles fueron puestos en Panamá en 1882 y se extendían desde el océano Atlántico hasta el Pacífico. Los que se construyeron posteriormente en el interior no obedecieron a un plan territorial sino a necesidades locales.

En 1890, el estadounidense Samuel B. McConnico, consciente de que el Canal del Dique no cumplía con la urgencia necesaria para transportar mercancías entre Cartagena y el río Magdalena, formó la Cartagena-Magdalena Railroad Company. Su terminal fue el muelle de La Machina, sitio donde en la actualidad está situada la Base Naval. Para 1894 los cartageneros por fin pudieron disfrutar de las comodidades del tren. Sin embargo, no todos se impresionaron, a juzgar por la opinión del poeta José Asunción Silva, según una carta que envió a su madre y a su. hermana Elvira fechada el 20 de agosto de 1894, unos pocos días después de inaugurado el ferro carril: "Es una impresión curiosísima la que produce la vía férrea con sus rieles rígidos, sus carros de viajeros mucho más elegantes que los de la Sabana, sus empleados americanos, en fin, todo un tren de ferro carril yankee cruzando por entre un paisaje virgen de altísimas yerbas, de bosques llenos de árboles, seculares, donde enormes enredaderas dejan colgar sus festones, donde las palmas de coco se doblegan bajo el peso de la fruta. El ferrocarril, con sus locomotoras, sus carros y sus empleados, parece hecho en otra parte, traído y colocado en este lugar como por encanto. A pesar de todo eso, el viaje resulta fatigante y monótono, es un mismo paisaje ante los ojos durante horas y horas, siete horas de incesante movimiento que cansan como un día de mula" (tomado de Eduardo Lemaitre, Historia general de Cartagena, Bogotá, Banco de la República, 1983).

La fotografía de nuestra cubierta registra una acuarela magnífica de la locomotora Porter núm. 3, estacionada en la Boca del Puente, debajo de la Torre del Reloj, seguramente transportando mercancía hacía el muelle de La Machina en Bocagrande. Esta máquina hizo el recorrido entre Cartagena y Calamar durante más de medio siglo junto con seis más del mismo estilo. La compañía prestó servicio hasta 1951, cuando los rieles fueron levantados sin pensar en que tal vez hubieran podido ser reutilizados en un futuro no muy lejano.

Una nueva moda en el transporte individual que rápidamente se volvió muy popular fue la bicicleta, inventada en 1880 y llamada en un comienzo velocípedo. Des de entonces ha experimentado varios cambios, siempre para mejorar. Parece que aquellas con ruedas delanteras gigantes no llegaron a nuestra ciudad, o por lo menos no hemos descubierto fotos de ese modelo. Cosa curiosa en esa época, el triciclo fue adaptado para las mujeres y los hombres de poca estatura, aunque nuestra colección sólo lo muestra como un juguete para niños y equipos deportivos. Hoy es usado por los pequeños vendedores de toda índole como los de raspado o panaderos. También es una gran ayuda para personas mayores con problemas de locomoción o para quienes han olvidado como balancearse en una bicicleta.

Si le dijéramos que los patines con ruedas fueron inventados antes que el carro, con seguridad muchos lectores se extrañarán. En efecto, en 1763 el holandés Joseph Merlin pensó en el uso de carretillas de madera blindadas con metal para atravesar la tierra. Después las ruedas de metal y las de balineras aparecerían en 1863 y 1869 respectivamente. Las patinetas usadas por los deportistas de hoy son de otro tipo completamente desconocido por los cartageneros de 1920. Hay que recordar que nuestras callecitas no eran pavimenta das y que los niños y niñas de seguro tenían que confinar el deporte a sus patios o a los largos corredores, eso sí, sólo con la venia de la dueña de la casa. En la fotografía que registra una carrera infantil de patinaje se observa al público pero los participantes están alrededor de la curva, fuera de la vista todavía.

El "ábrete Sésamo" para todos los tipos de creaciones mecánicas fue la invención del motor de gasolina. La cantidad de apara tos que apareció fue gigantesca y con varias gamas. Los más importantes fueron aquellos que podían ofrecer un método de transporte individual más rápido que el brindado por uno o varios caballos. Además del automóvil -cuya invención muchos reclamaron como suya- el alemán Daimler se interesó en la motocicleta en 1885. Aunque la motocicleta no llegó a tener la misma acogida entre el público corno el auto, sí tuvo un papel importante durante las dos guerras mundiales, en las que se utilizó como un método rápido de comunicaciones cuando los otros medios fallaban. Así, por ejemplo, nuestros agentes de policía hacían su ronda cómodamente en Manga.

La historia del automóvil es larga interesante y nuestra colección fotográfica proporciona una rica muestra de su evolución. El carro era sinónimo de liberación total, cuyos únicos límites eran la terminación de la carretera o del combustible. Sus usos son innumerables: la recreación, festivales con adornos brillantes, transporte de mercancía inerte (cosechas, libros, valores), animal, masivo para la gente o el traslado hacia la morada final.

A pesar de lo anterior, aún hoy se desarrollan muchas actividades a pie, por ejemplo: los desfiles militares, religiosos y los imponentes funerales de personajes de importancia. El soldado de infantería, con todo su equipo sofisticado, se desplaza siempre a pie. Igualmente, en los lugares donde todavía no existen carreteras los trayectos se hacen caminando.

Desde tiempo inmemorial el hombre ha aprovechado la fuerza animal como apoyo en sus labores pesadas. Los caballos no han dejado de servir como medio de transporte para la gente en su trabajo, en el deporte y en la recreación. La mula y el burro se usan en las labores más duras por su resistencia y fuerza, al igual que los bueyes. Aunque existen los vehículos, el burro todavía presta un servicio invaluable a quienes no pueden acceder a las máquinas, como lo muestran las fotografías.

Antes de los taxis motorizados los burros servían para muchos usos domésticos, especialmente a las señoras que habían comprado un mercado demasiado grande para ser cargado por el "muchacho".

Mientras tanto, los que se contaban como dueños de carretas esperaban a los clientes con mercancía más pesada: bultos de víveres o materiales de construcción.

En las zonas rurales donde no hay calles pavimentadas todavía el burro se utiliza como un medio singular para promocionar y vender las comodidades esenciales; es así como las amas de casa esperan con paciencia la llegada del vendedor de carne, vituallas y agua.

Los motores de gasolina o el de Diesel fue ron un gran adelanto sobre el de vapor, particularmente para el transporte marítimo. Los cartageneros siempre fueron audaces para aprovechar cualquier innovación práctica, y pronto las aguas de la bahía y sus alrededores se llenaron de lanchas de todo tipo, que les permitían llegar más lejos con el menor esfuerzo en sus viajes de negocios o de placer.

El puerto de la Heroica era el destino final tanto para el tráfico comercial como para el de turistas. Así, la compañía Grace se dedicó a administrar una flota de buques, los famosos Santas, que servía ambos propósitos. Una invitación para almorzar a bordo de estos hoteles flotantes era una ocasión para nada despreciable, por su excelente comida y su ambiente elegante.

La Base Naval era un imán para los buques de las armadas de muchas naciones en aguas cercanas, que atracaban en busca de provisiones, agua y un lugar de descanso para los marineros, sin olvidar, eso sí, la visita protocolaria para "estrechar lazos de amistad" entre Colombia y el país representado por la nave anclada en ese momento en el puerto.

En la historia de la aeronáutica, Cartagena y Barranquilla fueron las dos primeras ciudades del país donde despegaron y aterrizaron aviones. Adicionalmente, mucho antes que la mayoría de la gente de los países americanos, los habitantes del Corralito de Piedra estaban acostumbrados a ver al "pájaro de hierro" -aunque la verdad sea dicha: las alas de las primeras máquinas eran de lona y madera-.
 

El primer servicio de correo aéreo se desarrolló entre las ciudades de la costa. En una visita de buena voluntad a Bogotá, el aviador estadounidense Charles Lindbergh hizo escala en Bocagrande y su descanso incluyó un almuerzo elegante en el Club Cartagena. La compañía Andian, por su parte, utilizaba hidroaviones para llevar a sus empleados a las diversas estaciones de bombeo del oleoducto que se a lo largo del río Magdalena, además de traer pacientes al hospital ubicado en Mamonal, acuatizando con flotadores en la bahía. Este servicio continuó hasta el cierre del hospital en 1956.

La rueda ha hecho posible todas las ideas de la imaginación humana, como lo evidencia la imagen de los hermanos con su coche sin lujos.

Cartagena de Indias, por su historia, ubicación e importancia como puerto internacional, se ha mantenido al día en las nuevas modalidades del transporte. El caso del avión es un ejemplo clave.

Dorothy J. de Espinosa

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