|CAPÍTULO VI
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Las primeras luchas por la Independencia - Bolívar.
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Cuando Francia invadió España, un espíritu de emancipación se
manifestó en todas las posesiones españolas. Primero Cartagena
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y luego Quito, declararon por medio de actos solemnes su separación
de la Madre Patria. Otras, al contrario, permanecieron fieles a la
corona.
Así comenzó la lucha entre España y sus colonias americanas,
lucha que continuó durante años con alternativas de éxito y de
derrota con frecuencia caracterizada por los excesos que cometía el
vencedor.
Las fuerzas militares de que disponían los virreyes de la Nueva
Granada, unidas a las del Virreinato del Perú no eran suficientes
para contener a los independientes, quienes sin duda hubieran
triunfado a no ser por las discordias intestinas nacidas de jefes
ambiciosos e incapaces. De todas maneras habían terminado por
ocupar a Santa Fe.
Los españoles fueron desterrados de la capital, despojados de
sus bienes y en una palabra, tratados con el máximo rigor. Un
capitán, Francisco de Alcántara, encargado de llevar a Cartagena 40
deportados, hizo fusilar a 16 de ellos bajo el pretexto de que
estaban demasiado fatigados para continuar el camino. Estos actos
de crueldad eran frecuentes de una y otra parte.
Mientras que los patriotas estaban divididos por mezquinas
pretensiones personales o por sus opiniones sobre la forma que se
debía dar al gobierno republicano, se supo que un
ejército español de 12.000 hombres, al mando del general
Pablo Morillo acababa de desembarcar en Venezuela y se dirigía
sobre Cartagena y Santa Fe.
Después de un memorable sitio, Cartagena capituló; las tropas
españolas marcharon entonces hacia el interior. En el año de 1815,
Morillo llegó a la capital de la Nueva Granada y los patriotas se
retiraron hacia los llanos de Casanare en donde, diseminados por
esas interminables llanuras, podían desafiar a sus
enemigos.
La recién nacida república ya había dejado de existir y sus
artífices todavía discutían si ésta debería ser centralista o
federalista.
El teniente general Morillo había conducido en España una guerra
de emboscadas contra los franceses; era un soldado advenedizo, sin
ninguna
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educación y tenía como segundo al mariscal de campo
Pascual Enrile, nacido en La Habana, oficial de marina muy
distinguido, pero que no era inferior a su jefe en cuanto a
crueldad.
Los americanos confiados en la amnistía que les había sido
ofrecida, tuvieron la imprudencia de no buscar su salvación huyendo
de sus residencias. Los más distinguidos por su posición y talento
fueron juzgados sumariamente por un “consejo de
purificación” y fusilados luego. Entre ellos José Caldas,
cuyos trabajos habían llamado la atención del mundo científico; por
un momento se esperó que Enrile mostrara piedad e indulgencia en
vista de que también había sido un hombre de estudio, pero no fue
éste el caso; Enrile se apoderó de los admirables dibujos y de los
manuscritos del herbario que contenía numerosas plantas recogidas
por Mutis con grandes dificultades, con la ayuda de su discípulo
Caldas y además se llevó mapas topográficos levantados por este
joven ingeniero |
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. Las cárceles estaban llenas de
presos patriotas y durante la estancia de Morillo y de Enrile en
Santa Fe fueron fusilados 125 de ellos. Los que se salvaron de este
suplicio fueron condenados a trabajos forzados. La persecución se
extendió por todo el país y se llegó a torturar a los que rehusaban
revelar dónde se encontraban sus parientes o sus amigos.
Orgulloso de los éxitos obtenidos en la Nueva Granada, Morillo
concibió el proyecto de pacificar toda la América española,
llevando su ejército al Perú, a Buenos Aires y hasta México, en
donde se habían sublevado contra la autoridad de la
Península.
Estas quiméricas esperanzas se disiparon pronto al saberse que
varios valientes jefes patriotas, desafiando todos los peligros y
las más grandes privaciones, continuaban la guerra de independencia
desde la isla Margarita y desde los llanos regados por el Orinoco y
que Bolívar, quien se había retirado entonces a Santo Domingo,
organizaba una expedición con el objeto de reconquistar el
continente. Debido a estos acontecimientos las fuerzas realistas se
debían dirigir inmediatamente hacia Venezuela.
En diciembre de 1816, 4.000 hombres descendieron la cordillera
desde Sogamoso y Chita, para llegar a los llanos de Casanare y de
Barinas. El ejército español corría hacia su perdición, ya que
tendría que luchar contra el clima y además encontrar los mismos
obstáculos que habían diezmado a los conquistadores que buscaron el
fantástico Dorado.
Los caballos del brillante escuadrón de húsares de Fernando VII,
los de la artillería y las mulas de carga, quedaron fuera de
servicio muy pronto. Sin los jinetes indígenas al servicio
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del rey, que eran los encargados de conseguir el ganado,
este ejército habría muerto de hambre; oficiales y soldados fueron
atacados por las fiebres y a poco tiempo se convirtió en un
ejército de enfermos que actuaban en un país enemigo, ya que
hubo una insurrección general en los llanos de Casanare en
donde se proclamó la independencia.
Un monje de la orden de los predicadores, fray Ignacio Mariño
comandaba las guerrillas que hostigaban sin cesar a las tropas
reales. La caballería española no podía resistir a estos llaneros
casi desnudos, armados de lanzas, que montaban caballos criollos,
cuyo típico jinete, el general Páez, derrotó en casi todos los
encuentros a la caballería de Morillo y llegó a ser uno de los
héroes de la independencia.
Esta superioridad de los llaneros se sostuvo durante toda la
campaña de 1816 a 1818; la guerra se hacía con la caballería y muy
poca infantería.
La movilidad de los escuadrones de los criollos, la rapidez de
sus desplazamientos, su costumbre de atravesar a nado los ríos
crecidos por las lluvias, el conocimiento del terreno, la
abundancia de ganado cuya carne era el alimento único de estos
hombres y en algunos casos de las bestias, la ausencia de
ambulancias, de parque de provisiones y de municiones, daban
ventajas apreciables a las tropas de la independencia. El ganado y
los caballos eran considerados como bienes comunes y se incautaban
donde se les encontraran.
El llanero no necesitaba ropa; con gran frecuencia se vestía a
costa del enemigo. Más de un soldado de Páez aparecía vestido como
un húsar realista, después de un combate. Acostumbrados a nutrirse
de carne, no les era indispensable otro alimento; nadadores
expertos desde temprana edad, ni las aguas del Orinoco, ni del
Apure ni del Casanare los detenían. Los sufrimientos de los llanos
eran para los que no estaban acostumbrados a su clima. Toda persona
capaz de usar un arma se incorporaba a un escuadrón; no había
excepción ninguna; es así como en los combates de Yagual y de
Mucurito se veían entre los lanceros a abogados y a eclesiásticos;
el
populacho seguía al ejército y todos marchaban reunidos,
descalzos y a medio vestir, alimentándose de carne de res, sin
sal.
Si los llaneros, por medio de cargas impetuosas, derrotaban a la
caballería española, no lograban lo mismo contra la infantería
formada en cuadro y que presentaba a los asaltantes un muro de
acero. Así fue como sucedieron escenas que recordaban las de la
guerra de Egipto en donde algunos batallones de infantes bien
disciplinados resistieron a una multitud de mamelucos. En efecto,
fue la infantería la que salvó, o mejor retardó la pérdida de las
divisiones españolas que irrumpieron tan imprudentemente en los
llanos.
Bolívar, retirado en Santo Domingo debido a disensiones
intestinas que habían tenido lugar después del desembarco de
Morillo, llegó en diciembre de 1816 a Barcelona (Venezuela) con
algunos oficiales y un cargamento de armas y
municiones.
Del litoral se internó en los llanos del Apure y el 2 de mayo de
1817 pasó a la margen derecha del Orinoco, en donde se unió a la
caballería de Páez. Fue proclamado jefe supremo y la ciudad de
Angostura (8º de latitud norte, 66º longitud) fue el centro de la
República de Venezuela.
Las misiones del Caroní, en el alto Orinoco, dirigidas por 22
padres capuchinos, completamente adictos a la causa realista,
fueron tomadas por el coronel Piar. De allí se consiguieron buenos
recursos en hombres, en bestias y en ganados para el ejército de la
independencia ylos capuchinos fueron encarcelados en el convento de
Carache.
Bolívar, en su cuartel general de Angostura, organizaba y
concentraba el ejército patriota, cuando fue informado de que
Morillo, en Chaparro, trataba de conquistar la Guyana, quitándosela
a los republicanos; de acuerdo con esto, se le dio orden al oficial
que comandaba a Carache de conducir a los religiosos confiados a su
cuidado a una misión situada más allá del río
Caroní; este oficial, imaginando que se trataba de hacer pasar
la barca de Caronte a los infelices prisioneros, los hizo matar.
Fueron masacrados por sus catecúmenos indígenas.
La campaña de los llanos continuó muy activa; Morillo fue
gravemente herido de un lanzazo en el abdomen y Bolívar tuvo
fiebres. Se hacía la guerra de guerrillas y hoy sonreímos al pensar
en el jefe supremo de una república, todavía en parte en poder de
España, organizando su cuartel militar compuesto de tiradores,
granaderos y dragones de la guardia; más tarde hubo un regimiento
de guías.
El general Bolívar tenía la manía de tratar de imitar a Napoleón
I y esto dio por resultado una tendencia a un militarismo nocivo en
un país en donde él tuvo durante tanto tiempo una influencia tan
grande y legítima.
Bolívar era un entusiasta admirador del gran emperador; estando
en París en 1803 y 1804, asistió a una revista que el Primer Cónsul
pasaba en el patio de las Tullerías y se le vio en los días
siguientes pasearse con el sombrerito legendario y la levita gris.
Sus amigos Humboldt y Gay-Lussac, creyeron que estaba loco. Muchos
años después vi a Bolívar con un uniforme azul que recordaba por su
corte con solapas, aquel que le gustaba especialmente al
emperador.
El Libertador trataba de copiar en sus proclamas el estilo
notablemente ampuloso de Napoleón, manía de la imitación bastante
curiosa, en un hombre de un valor y de un arrojo
incontestables.
Entre los militares que rodeaban a Bolívar se habrían encontrado
buenos jefes de división como Páez, Sucre, etc.
El militarismo creado desde el principio de la guerra de la
independencia, recibió un día una ruda lección en la persona del
Libertador: en el curso de un banquete diplomático, alguien lo
comparó con Washington en el momento del brindis; un
americano del norte, herido por la comparación, alzó su copa y
declaró que desde el punto de vista de la libertad, Washington
muerto valía mucho más que Bolívar vivo.
En medio de los acontecimientos de una guerra incesante, un
congreso constituyente se instaló en Angostura. Las fuerzas
españolas que quedaron en la parte montañosa de la Nueva Granada,
necesariamente se habían debilitado y Bolívar pensó que era
conveniente intentar una campaña en la cordillera, mientras que
Páez debía continuar la operación en el Apure.
Las tropas conducidas por el Libertador consistían
principalmente en llaneros, así que pudieron vencer todos los
obstáculos a pesar de la estación lluviosa y de las inundaciones;
pero tan pronto llegaron a la región fría, sucumbió una gran
cantidad de soldados acostumbrados a los climas ardientes de los
llanos.
Bolívar ocupó a Tunja en donde pudo reaprovisionarse; una
batalla decisiva que ganaron los independientes en Boyacá, les
abrió las puertas de Santa Fe. El virrey Sámano huyó a Honda tan
precipitadamente, que no tuvo tiempo de llevarse el tesoro: 700.000
piastras.
Bolívar fue recibido como un libertador con el entusiasmo que
siempre se le demuestra a los vencedores. Así terminó esta
célebre campaña que había sido concebida y ejecutada con notables
decisión e intrepidez.
La derrota de Boyacá dejó un pánico en el ejército español
justificado por un acto cometido por el general Santander,
encargado del gobierno de la Nueva Granada, quien hizo pasar por
las armas a 38 oficiales de la guarnición realista de Santa Fe.
Estas fueron tristes represalias, pero una ejecución odiosa fue la
de un comerciante que tuvo la imprudencia de exteriorizar un
sentimiento de compasión al ver los preparativos de suplicio de sus
compatriotas y fue arrestado y fusilado con ellos.
Después de su victoria, Bolívar marchó sobre Venezuela con el
fin de paralizar los esfuerzos que Morillo habría podido hacer para
reconquistar a Santa Fe. Se dirigió a Pamplona para organizar el
ejército del norte, luego a Angostura donde se enteró de la llegada
a Margarita de la legión irlandesa compuesta por 5.000 hombres al
mando del generald’Evreux
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(3)
.
El Congreso de Angostura al reunir la Nueva Granada a la
Capitanía General de Venezuela, proclamó que había quedado
constituida la República de Colombia el 17 de diciembre de
1819.
Bolívar recibió la propuesta de una suspensión de hostilidades
por el término de un mes, en Cuenca, en donde había visto al
general Morillo; los jefes españoles comprendían que les era
imposible volver a dominar a los americanos.
Los españoles perdían terreno continuamente. La provincia de
Cumaná estaba libre; los patriotas habían vuelto a tomar Mérida y
Trujillo; oficiales realistas se pasaban al servicio de los
colombianos, lo que era un síntoma de tremendo
descorazonamiento.
Sin embargo, Morillo seguía avanzado en la cordillera y su
cuartel general fue establecido en Caracha, cuando Bolívar se
retira para tomar una fuerte posición en
Sabanalarga.
Con tropas formadas por reclutas que no se atrevían a llevar a
cabo movimientos ofensivos, permaneció a la expectativa. Fue
entonces cuando el general español propuso un armisticio de seis
meses, el cual sería efectivo en todo el territorio de Colombia.
Las negociaciones comenzaron y se declaró el alto al fuego y en
seguida tuvo lugar, en la población de Santa Ana, la célebre
entrevista de Bolívar y Morillo, después de la cual se regularizó
la guerra.
Los generales pasaron una jornada bajo el mismo techo y fue un
curioso espectáculo el de esos dos hombres, enemigos implacables
durante años, recostados en una misma hamaca o intercambiando
brindis en favor de la paz, en el curso de una cena.
Por un instante se olvidó la lucha cruel durante la cual se
había derramado tanta sangre.
Un mes después el general Morillo, a solicitud propia, fue
relevado de su mando y regresó a España, dejando como sucesor al
general Latorre, mientras que Bolívar viajaba a la Provincia de
Quito para hacer aceptar las condiciones del armisticio en el
Sur.
Se presentó una grave dificultad cuando una columna trató de
pasar por la ciudad de Pasto; toda la provincia estaba en estado de
insurrección gracias a la influencia del obispo de Popayán, Jiménez
de Padillo, quien hacía que sus clérigos dirigieran sus sermones
contra los patriotas heréticos y sismáticos. La Provincia de Los
Pastos, debido a los accidentes del terreno, presenta posiciones
inabordables y se necesitó tiempo para dominarla. Esta provincia,
gracias a sus aguerridos y fanáticos habitantes, ha sido siempre la
vendée |
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de la América meridional; sin embargo el general Sucre
terminó por imponer allí el armisticio.
Las hostilidades comenzaron de nuevo en Venezuela al expirar la
tregua y los españoles, derrotados en Carabobo, se refugiaron en
Puerto Cabello, cuyo bloqueo, comenzado en 1822 por Páez,
continuaba cuando me encontré con él en Maracay, en febrero de
1823.
El 15 de abril los patriotas conquistaron sucesivamente el valle
de Borburato, el fuerte de Trincherón y varios puntos importantes;
sin embargo la plaza fuerte no capituló sino el 10 de noviembre.
Luego la guarnición española se embarcó paraCuba. La
rendición de Puerto Cabello y la expulsión de los restos del
ejército expedicionario que condujo Morillo sobre las playas
americanas en 1815, dejaron libre el territorio de Colombia,
formado entonces por Venezuela, la Nueva Granada, y la Provincia de
Quito. Solamente en algunos sitios se encontraban guerrillas
realistas que saqueaban y asesinaban al grito de “viva el
rey”.
La mira del Libertador ya estaba puesta en la emancipación del
Perú.
Esa era la situación de Colombia cuando dejé al general Páez
para ir a Santa Fe.
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(1)
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Ciudad de América del Sur, en la República de Nueva
Granada, capital del estado de Bolívar, uno de los ocho que forman
esta nación; Cartagena está situada a 590 km al norte de Bogotá,
sobre el mar de las Antillas, cerca de la entrada del golfo del
Darién. (regresar 1)
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La magnífica “Flora de la Nueva Granada” que se debe
a los trabajos del Dr. Mutis y de sus discípulos y que comprende
bellos dibujos hechos sobre vitela por artistas formados en Santa
Fe; hoy día esta colección está depositada en el Museo de Historia
Natural de Madrid.(regresar 2)
Enrile, quien la llevó a Europa, se presentó al Observatorio de
París para ofrecer sus respetos al ilustre director de este
establecimiento. Arago lo expulsó diciéndole que no le daría la
mano al hombre que dejó morir a José Caldas, cuando había podido
salvarlo.
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El general d`Evreux fue un entusiasta de la independencia
de la América española. Reclutó la Legión Irlandesa y en todas las
transacciones dio prueba de un gran desinterés. La legión estaba
vestida y armada en forma similar a la infantería inglesa. Cada
soldado le costó a la república 300 piastras fuertes (1.500
francos) precio que determinó que el general no pidiera más
soldados de Europa.(regresar
3)
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N. del T. Vendée, provincia francesa famosa por su fidelidad al
rey durante la revolución.(regresar
4)
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