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A las 4 de la tarde llegamos a Tunja, ciudad muy antigua, donde
aprovechamos para tomar un día de descanso.
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Altitud
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2.806 metros
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Temperatura a las 4
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14,4º
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|23 de mayo. Necesitamos 5 horas para ir de Tunja a
Ventaquemada.
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Altitud
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2.635 metros
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Temperatura a las 4
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15,3º
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Al salir de Ventaquemada nos dirigimos a Alto Viejo
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(3)
por una suave pendiente.
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Altitud
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2.757 metros
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Temperatura a medio día
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18,3º
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A las 4 de la tarde pasamos por la población de Chocontá.
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Altitud
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2.694 metros
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Temperatura
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18,9º
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A las 8 de la noche nos hospedamos en la venta; el portador del
barómetro se cayó y se rompió el tubo del
instrumento.
|24 de mayo. Salimos de la venta al despuntar el sol y
después de haber pasado por las poblaciones de Sesquilé (en el
puente).
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Altitud
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2.607 metros
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Temperatura
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14,3º
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Tocancipá:
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Altitud
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2.641 metros
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Temperatura
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18,8º
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Llegamos a Bogotá a las 9 de la noche. Habíamos pasado 14 horas
a caballo; nos alojamos en el hotel manejado por un americano, en
donde nos acostamos en verdaderas camas, ¡tan suaves, tan calientes
y tan buenas que por mi parte no pude dormir!.
Al día siguiente cenamos en compañía de varios extranjeros,
entre otros un coronel Dubois, francés colonial, de una gran
reputación como soldado, pero muy original; lo llamaban “cola
de caballo”, decía pertenecer a la familia de Montmorency y se
había enloquecido un poco debido a una insolación; cuando me vio me
abrazó con una efusión injustificable y me presentó a la asistencia
diciendo que había conocido a mi familia.
—“¡Cuántas veces he tenido sobre mis rodillas a este
joven oficial cuando era niño!”, decía él.
Este pobre hombre, amigo imaginario de mi infancia, se despidió
de mí ese último día, pues partía en una expedición hacia Pasto en
donde murió, o más bien fue asesinado. Dubois fue muy sentido por
sus camaradas: lo habían visto pelear contra los húsares españoles
y manejaba muy bien el sable; el sol lo había afectado y en verdad
esto sucedía a casi todos los extranjeros que se exponían al sol en
forma prolongada. El carácter se resiente y eso lo he observado
tanto en otros como en mí mismo, pues he cometido actos que no
tienen nada de reprensible, pero que no podía explicar cuando
regresaba a mi estado normal. Una fuerte insolación me causaba una
especie de embriaguez y he visto sucumbir, aun a negros, en pocas
horas por haberse expuesto al sol sin sombrero. Los indios de los
llanos, así como los de las cordilleras, buscan la sombra y si
atraviesan un sitio descubierto, no es raro verlos llevar hojas de
árboles a manera de parasol.
La vara de Madrid (Castilla) tiene 0,8355 metros
La legua de 5.000 v.
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(España) tiene 4.178 metros
(Anuario de la Oficina de Longitudes)
La distancia de La Guayra a Caracas sería de 304 1/4 leguas, de
6,9 varas castellanas (5.013 metros) o sea en kilómetros
1.525
|, al seguir la ruta adoptada para las etapas
descritas.
De acuerdo con la posición geográfica de los dos extremos, la
distancia en línea recta de La Guayra a Bogotá sería de 1.055
kilómetros y lógicamente aumentaría por las revueltas del camino y
las ondulaciones del terreno en cerca de 500
kilómetros.
De los hechos principales observados durante esta exploración,
resulta:
1o. Que los edificios destruidos o dañados por el temblor de
tierra que destruyó a Caracas en 1812, reposaban sobre rocas
cristalinas, neis, granito y esquisto micáceo o sobre depósitos
sedimentarios areniscas o calizas de escaso espesor y vecinos de
las rocas cristalinas.
2o. Que los edificios asentados sobre los depósitos
sedimentarios alejados de las rocas cristalinas que, por razón de
este distanciamiento tenían un buen espesor, resistieron a los
movimientos del suelo, o por lo menos no sufrieron daños
serios.
Si se da la condición de un aislamiento suficiente del neis, del
granito y del esquisto micáceo, las capas de arenisca, de caliza y
los aluviones atenuarían las sacudidas subterráneas que se
engendran indudablemente en las rocas cristalinas; los depósitos
arenáceos o calcáreos y los terrenos incultos, “formarían
puente”, de acuerdo con la afortunada expresión de los
habitantes de los Andes.
En lo que concierne a la constitución geológica de la Cordillera
Oriental, se puede considerar que tiene como base el neis, el
granito, el esquisto micáceo y la sienita la cual tiene en la
provincia de Pamplona numerosos yacimientos auríferos;
sobre esta base, depósitos considerables de areniscas y de
calizas.
La arenisca, en algunos puntos es análoga a la de los Vosgos y
en otros se parece, por sus características y por la presencia de
huellas vegetales y de conchas, a la arenisca abigarrada. Las
calizas, en las partes elevadas de las montañas, encierran fósiles
de los depósitos neocomienses, últimas bases del terreno
cretáceo.
Desde el punto de vista económico, la frecuencia de las capas de
carbón en la arenisca, tiene una importancia incontestable y antes
de esta exploración, se estaba lejos de suponer que existiera tanta
riqueza de combustible fósil en la Cordillera
Oriental.
En cuanto a la constitución física, es a partir de Mucuchies
donde la cordillera adquiere, en altura, su mayor desarrollo, cuya
medida es la Sierra Nevada de Mérida, cubierta de nieves
perpetuas.
La sierra, sin duda, no tiene la altitud de varias montañas
volcánicas del Ecuador o del hemisferio austral; ofrece sin embargo
la particularidad de estar formada por neis por granito y no por
rocas traquiticas, expulsadas por hornos ignívomos.
Finalmente, la fuerte inclinación y aun la dislocación de las
capas de areniscas y de calizas, establecen que los terrenos
sedimentarios se depositaron con anterioridad al levantamiento que
dio a la Cordillera Oriental su relieve actual.
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