INDICE





LAS MEMORIAS DE UN NATURALISTA Y CIENTÍFICO QUE CEDIÓ A LA TENTACIÓN DE SER OBSERVADOR Y CRÍTICO SOCIAL

INTRODUCCIÓN

TOMO I

CAPÍTULO I
Mi formación — La Revolución francesa — Napoleón — El espanto de la guerra — Humboldt — Preparativos de viaje.

CAPÍTULO II
Caracas — Los temblores de tierra — Ascención a la silla.

CAPÍTULO III
Valle de Aragua — Lago Tacarigua — Morro de San Juan — Sitio de Puerto cabello— El general Páez— El árbol de la vaca— Aguas termales de la cadena del litoral.

CAPÍTULO IV
Cordillera Oriental de los Andes — Su constitución geológica —Nivelación barométrica — Efectos del temblor de tierra de 1812, observados en diferentes localidades — Sierra Nevada de Mérida —Lago Urao— Pamplona, sus minas de oro— Hierro meteórico de Santa Rosa.

CAPÍTULO V
Explanada de Bogotá — Nación Muisca — Su conquista - Guerras de la Independencia — Descripción de la meseta.

CAPÍTULO VI
Las primeras luchas por la Independencia — Bolívar.

CAPÍTULO VII
Meseta de Bogotá — Constitución geológica — Sal gema — Salinas —Carbón — Minas de esmeraldas.

CAPÍTULO VIII
Bogotá — Situación — Clima — Costumbres — Aventuras — Excursiones por los alrededores.

CAPÍTULO IX
Excursión para determinar los límites del terreno al sur de Bogotá —   Valle del Magdalena entre honda e Ibagué — Observaciones sobre el aumento de la intensidad del sonido durante la noche — Puente natural de Pandi o Icononzo.

TOMO II

CAPÍTULO X
Jugo venenoso del ajuapar— Accidentes que sucedieron mientras analizábamos esa materia — El comandante don Juan con nodriza — Irradiación nocturna en Bogotá.

CAPÍTULO XI
Algunos de mis conocidos en Bogotá — El Libertador Bolívar —Personajes — Sucesos.

CAPÍTULO XII
El Salto de Tequendama — Historia de Manuelita Sáenz.

CAPÍTULO XIII
Expedición de 1824— En los llanos del Meta.

CAPÍTULO XIV
Cordillera Central y Cordillera Oriental— Valle del Cauca— Minas de oro de La Vega de Supía - Provincia de Antioquia.

CAPÍTULO XV
Paso de la Cordillera Central por el Quindío.

CAPÍTULO XVI
Viaje a la región aurífera y platinífera del Chocó.

CAPÍTULO XVII
Viaje al Ecuador— Estudios sobre la región volcánica.

CAPÍTULO XVIII
Ascensión al volcán del Puracé.

CAPÍTULO XIX
Viaje de Popayán a Pasto — Estancia en Pasto.

CAPÍTULO XX
Viaje de Pasto a Quito.

CAPÍTULO XXI
Ecuador.

CAPÍTULO XXII
Ascensión al volcán de Pichincha.

CAPÍTULO XXIII
Ascensión al Antisana.

CAPÍTULO XXIV
Tertulias y puros.

CAPÍTULO XXV
Ascensión al Chimborazo (1831).

CORRESPONDENCIA 1818-1826
Correspondencia I-X
Correspondencia XI-XVI
Correspondencia XVII-XXII
Correspondencia XXIII-XXIX
Correspondencia XXX-XL
Correspondencia XLI- LI
Correspondencia LII-LXII
Correspondencia LXIII- LXXIII
Correspondencia LXXIV - LXXXI
Correspondencia LXXXII - CII
Correspondencia CIII - CXXIX
Correspondencia 1818 - 1826
 

 

XLI
 

Boussingault a su padre

Estrasburgo, diciembre 20 de 1820

Mi querido papá:

Llegué aquí el 18 por la noche; el motivo de este retardo fue que nos volcamos después de Chateau-Thierry por la rotura de una rueda; fuera de eso mi viaje fue muy bueno.

Tan pronto llegué a Estrasburgo vi al señor Dournay, quien me recibió con la más franca y viva amistad. Paso mis días conociendo toda la familia y me encuentro sorprendido de oír un idioma que no comprendo.

No quieren dejarme ir a las minas hasta tanto hayan pasado las fiestas de Navidad. Las minas de Lobsann se encuentran a 9 leguas de Estrasburgo, Rin abajo, y a una distancia bastante grande del pueblo.

La casa de la dirección es muy aislada y allí estaré en compañía del cajero, un hombre muy amable, el señor Berger. Tendremos una cocina, una cocinera y un sirviente. La alimentación será gratuita, en gran parte; en verano el señor Dournay pasa la estación en las minas en compañía de su agradable familia y viviremos en la misma casa.

No me faltará nada para pasar agradablemente mi tiempo, pues van a montarme un laboratorio.

Estrasburgo me ha parecido muy interesante y especialmente las fortificaciones me han llamado la atención.

Ya visité las personas para quienes traía recomendaciones y todas me han acogido muy bien.

Como ahora estoy muy cansado no te contaré nada más; abraza a mamá y a mis hermanos y a toda la familia por mi cuenta.

Te ruego presentar mis respetos al señor Benoist y a su señora y recordarles la promesa que me hicieron de enviarme noticias de ellos y de su hijo.

Tu hijo,

Boussingault

P.D. Mis recuerdos para el señor Guillemin y he aquí mi dirección: "Al señor Dournay, calle de la Chame, Estrasburgo. Para entregar al señor Boussingault".

 

XLII
 

Del señor A. de Humboldt a Boussingault | (1)

Fechada en París, (1821)

El señor Humboldt se complace en saludar al señor Boussingault y le entrega dos volúmenes sobre su viaje, los cuales tratan del temblor de tierra de Caracas y de los experimentos con la leche del "árbol de la vaca". El señor Humboldt ruega al señor Boussingault colocar estos volúmenes entre sus libros para leer a bordo; infortunadamente no puede ofrecerle la obra completa por fallas del editor. Si el señor Boussingault no sale para Londres mañana domingo, le recuerda su amable promesa de venir a comer con el señor Humboldt mañana entre las 5 y las 6. Si sale para Londres le dará el placer al señor Humboldt de pasar por su casa durante algunos minutos, ya sea hoy entre las 3 y las 5 o mañana por la mañana, entre las 9 y las 10.

Humboldt

 

XLIII
 

Del señor Boussingault a su hijo

París, enero 15 de 1821

Al recibir tu carta fui de inmediato a la agencia de transportes para averiguar sobre los baúles que salieron de París el 17 de diciembre y que deberías haber recibido el 28 del mismo mes. El director de ese establecimiento me aseguró que los recibirás el 6 de enero y escribió al corresponsal en Estrasburgo para indicarle la dirección en la calle de la Cadena. Te será fácil ver por la guía el retardo y debes pedirle al conductor que pague una multa si no tiene excusas legítimas, y en caso de avería, hacerla constatar para que paguen los posibles daños; espero que a esta hora ya no tengas problemas.

Estoy muy satisfecho de la recepción que te hizo el señor Dournay como estoy persuadido de que harás todo lo que de ti dependa para seguir mereciendo la estimación que te muestran, esto disminuye la tristeza que me causa tu ausencia.

Seguimos en la misma situación como cuando nos dejaste: tu madre sigue enferma y a mí me tumbó a cama por 10 días un problema de riñones, pero ya estoy mejor. Estoy tratando de vender mi negocio y si lo logro, te avisaré lo que vaya a hacer por tu hermano. Los arrendamientos en nuestras dos casas son suficientes para nosotros y Vaudet, en vista de la salud de tu madre, me insiste para que venda.

Te incluyo unas notas del señor Guillemin y de la señora Benoist. Toda la familia está bien y te abraza de corazón tu padre,

Boussingault

P. D. En caso de que no hayas recibido nada, avísame.

 

XLIV
 

Boussingault a su padre

En las minas de Lobsann, 9 de febrero de 1821

Mi querido papá:

Recibí a su debido tiempo tu carta del 15 último; no la contesté inmediatamente porque había recibido mis efectos; aprovecho de algunos instantes para informarte de mi situación que yo encuentro feliz.

Me hospedo en las minas, es decir, a un cuarto de legua de Lobsann y a una legua de Soultz.

Nuestras minas penetran dentro del bosque de manera que puedo decir que vivo en un bosque. Hay que ver los alrededores de mi vivienda para darse cuenta de que es uno de los sitios más bellos de Alsacia.

Los trabajos de las minas de Lobsann son diferentes de lo que pensaba porque son inmensos y las galerías muy bellas; me costó trabajo levantar el plano general que comprendía 34 años de trabajos.

En cuanto a mi vivienda, te diré que estoy cómodamente instalado, tengo un minero como sirviente y el señor Dournay ha contratado una buena cocinera para las minas.

Según me decían los parisienses, aquí debería tomar mucha cerveza pero hasta ahora no la he probado. Tomo un excelente vino blanco del país y el aguardiente (kirsh-wasser) y fumo un tabaco que no es malo que cuesta 80 céntimos la libra.

En este momento mis ocupaciones son múltiples porque tengo que ver con carpinteros, cerrajeros, el ministerio de marina y los bandidos, sí, los bandidos; esto no tiene nada de extraordinario cuando se sabe que vivo en un bosque; además cuando se goza de sus ventajas, se debe también soportar los inconvenientes; sin embargo hablando francamente la situación no es agradable.

He aquí los hechos: mi comisionado venía de Soultz a donde había ido a buscar el correo llegado de Estrasburgo y ya cayendo la tarde fue detenido, a un cuarto de legua de Lobsann, por dos hombres que lo esculcaron; afortunadamente esa tarde no tenía sino 2 cartas y un pan (el día anterior traía 600 francos), así que lo dejaron pasar intacto y lo único que sufrió el pobre diablo fue un buen susto; de todas maneras esto me inquietó y esa misma tarde declaré la mina en estado de sitio y dormimos perfectamente tranquilos. Esa noche, siguiendo una costumbre que ya no abandonaré, coloqué dos pares de pistolas sobre mi mesa de noche. Me desperté en medio de la noche porque repentinamente se abrió la ventana, cosa que me sorprendió, pero tuve calma para coger mis armas, salté de la cama y no vi nada sino que el viento me había jugado es chanza pesada; no habría sido raro que fuesen ladrones porque supe esta mañana que la gendarmería acaba de arrestar a 9 de ellos. Son gitanos mezclados con desertores. Se busca el resto de la banda que parece ser considerable.

Aun cuando en el centro de un bosque no tengo nada que temer, puesto que sería suficiente una voz de alerta para ver salir mi ejército subterráneo que a golpe de pico y de masa, destruiría rápidamente toda la gitanería.

Con excepción de los bandidos germánicos, ¡vivan los alsacianos! No cambiaría un alsaciano por todos los habitantes del mediodía. Cuando comparo las dos regiones en donde he vivido, ¡qué diferencia! ¿Dónde me mostrarán aldeas tan bonitas como las de Alsacia? ¿Y la holgura que tienen los campesinos? En sus casas todo, hasta la ropa, es de buena clase; nuestros campesinos del interior son unos zafos, comparados con los alsacianos. Hay que ver la limpieza extraordinaria y la instrucción generalizada que se encuentra, sobre todo, en aldeas protestantes; todos los mineros que tengo saben leer y escribir en alemán y de los muchos que conocí en el departamento de Loira solamente unos 10 leían y escribían su idioma.

Aun dentro de la burguesía, los alsacianos le ganan a los franceses y ya he visto varias veces en las casas ricas a las señoras ocupadas en hilar. ¿Se atrevería uno a hablarle a una parisiense de algo similar? Y con mayor razón ¿a una de nuestras provincianas?

Termino, querido papá, con un fuerte abrazo para ti, mamá, mi hermana y toda la familia.

Uno de estos días le escribiré a Vaudet para tratar de negocios.

Boussingault

P.D. Te ruego presentar mis respetos al señor Benoist y a su esposa, contarles que he recibido noticias de Julio y que está bien.

2a. P.D. Es una cosa terrible esos atentados que se renuevan. Dile a mi sobrinita que no fui yo el que prendió el petardo y aprovecha para abrazarla; aquí estamos indignados de esos horrores.

Mis saludos al señor Guillemin a quien le escribiré uno de estos días.

He aquí mi dirección: "Boussingault, director de las Minas de Lobsann, cerca a Soultz-sous-Forèst, departamento del Bajo Rin".

No he recibido la nota del señor Benoist de la que me hablas en tu última carta. Desearía saber a qué se dedicará Cadet. No es necesario que franquees mis cartas.

 

XLV
 

Boussingault a su hijo

París, marzo 1 de 1821

Tu última carta que recibí el 15 pasado con noticias sobre tu posición y tu clase de trabajo nos ha causado, tanto a mí como al resto de la familia, un gran placer. Me enorgullezco de que tu conducta nunca será causa de problemas en una situación tan agradable, al portarte como lo has hecho hasta ahora y no dudo de tu completo éxito.

Yo también recorrí la región donde habitas actualmente y como tú, la encontré agradable; pero también existen otros sitios lo mismo de agradables en otra parte y es bueno que a tu edad sea uno un poco indiferente sobre el sitio en donde nos toca vivir porque de otra manera se expone a echarlos de menos cuando hay que dejarlos.

Los detalles que me das sobre tu forma de vivir me indican que debe ser costosa a pesar de que tus entradas sean buenas porque una cocinera y un sirviente no trabajan gratuitamente, pero por ese lado estoy tranquilo pues conozco tu economía y me siento seguro de que pondrás siempre equilibrio en tus gastos para no gastar más de lo que recibes.

Parece que si estás contento por un lado, los bandidos los inquietan por el otro; sé que no se puede tomar a la ligera lo que hacen estas gentes necesario tomar precauciones, no salir solo durante la noche y siempre estar armado y acompañado. Te confieso que me inquietó esa parte de la carta.

Te había contado que iba a vender mi negocio, pero no ha sido posible habrá que esperar una mejor oportunidad.

El señor Beaunier estuvo en París hace unos días y siguió para Inglaterra de donde regresará el 15 de abril. El señor Benoist fue a verlo para pedirle un certificado de la escuela que la municipalidad le pide para su hijo, debido a su servicio militar; es necesario que la escuela certifique que se han hecho dos años de estudios y que allí mismo les consiguieron empleo. Vamos a ver el resultado de esta diligencia porque el próximo me tocará hacerla a mí.

Cadet sigue asistiendo a su pensionado, ha mejorado en sus estudios pero se halla indeciso sobre qué partido tomar. Participé al señor Benoist de tus saludos, te dicen muchas cosas, entre otras, que recibieron noticias de Julio y cuentan que el trabajo que tiene no es muy agradable debido peligroso.

Tu cuñado acaba de terminar la adquisición de su casa por 45 francos, sin tener en cuenta los gastos.

Termino con un abrazo de todo corazón lo mismo que el que te envía la familia, que está muy bien. Tu devoto padre.

Boussingault

 

XLVI
 

Del señor Thibaud a Boussingault

Videsac, mayo 17 de 1821

Mi querido amigo:

En este momento me hacen una propuesta, que a primera vista es atractiva, pero merece reflexión. El director general me propone una misión en Egipto, de acuerdo con la solicitud que le ha hecho el virrey de ese país, para reclutar 2 franceses instruidos, uno en mineralogía y otro en la fundición de metales, por un término de 2 a 3 años. Este príncipe les promete un futuro halagüeño, por el tiempo que dure el contrato. Un agente egipcio en París tiene autorización para tratar sobre las condiciones y se compromete a pagar todos los gastos de viaje.

El director general me pregunta si estaría dispuesto a aceptar tal misión y en cuáles condiciones. Por ahora no tengo ninguna idea fija al respecto y necesito reflexionar seriamente, informarme, etc., pero si me decidiera a aceptar, ¿sería usted persona para formar parte de la expedición y me acompañaría como experto en química y mineralogía, para trabajar en las explotaciones de las orillas del Nilo? Le confieso que para mí sería un motivo determinante si pudiese estar seguro de que esta misión la podré llevar a cabo con usted. Le ruego contestarme tan pronto como sea posible, dándome una idea de las condiciones en que usted aceptaría.

Adiós, su amigo,

Thibaud

P.D. No hable de este asunto hasta que haya terminado.

 

XLVII
 

Del señor Thibaud a Boussingault

Videsac, mayo 27 de 1821

Mi querido Boussingault:

El 17 de este mes le escribí para participarle de la misión que me fue propuesta y saber cuáles serían sus condiciones si estuviera dispuesto a hacer parte de ella.

Posiblemente le parecerá extraño que sin esperar su respuesta me haya creído seguro de su asentimiento a todo lo que yo propusiera, relacionado con usted y que en consecuencia yo haya escrito hoy al director general aceptando tanto en mi nombre como en el suyo; confìo en que me excusará teniendo en cuenta mis buenas intenciones y mi amistad por usted. En seguida podrá juzgar las condiciones que propongo en su favor: pido me sea nombrado como ayudante un joven francés, buen químico, experto en manipulaciones y procesos manufactureros, alumno graduado de la Escuela de Mineros de Saint-Etienne y que se halla actualmente dirigiendo una explotación de lignito y de una fábrica de pasta bituminosa. Su contrato sería por 3 años, su sueldo anual de 6.000 francos y tendría en Egipto un título y un grado acordes con su sueldo y con la importancia de sus funciones; tendría la facultad de retirarse al expirar su contrato o antes, si el estado de su salud así lo exigiera.

Los gastos de viaje, ida y regreso, a cargo del gobierno egipcio. Pido además, permanecer algún tiempo en París para conseguir las informaciones, libros y materiales que considere útiles al éxito de la misión.

Si todas las condiciones que propongo son aceptadas, seríamos 4, a saber: uno de mis amigos íntimos, alumno de la Escuela Politécnica, muy versado en asuntos mecánicos y de construcción, quien estaría a cargo de la disposición y construcción de plantas, maquinarias, etc.; otro joven familiarizado con las explotaciones, buen geómetra, muy hábil para levantar planos y muy apropiado para manejar a los obreros y sus trabajos; en cuanto a usted querido amigo, su parte sería la de los ensayos químicos, de lo cual también yo me encargaría y creo que Egipto nos ofrecerá una gran cantidad de oportunidades útiles para poner en práctica nuestros conocimientos, aprovechando tanto los productos naturales que ofrece en su superficie, como los que encierra en su seno, todo lo cual considero como el objetivo más importante de nuestra misión.

Así reunidos los cuatro en posesión de los diversos conocimientos útiles para nuestro objetivo y entendiéndonos bien, es fácil que lleguemos a algo satisfactorio.

En esto ando: ya estoy seguro de los otros dos compañeros y creo poder contar con usted. Espero impaciente que me dé su confirmación al respecto.

Adiós. ¡Pronta respuesta! Lo abraza de todo corazón su devoto amigo,

Thibaud

 

XLVIII
 

De Boussingault a su padre

Minas de Lobsann, mayo 23 de 1821.

Mi querido papá:

No me he apresurado a contestarte y esto no se debe a exceso de ocupación porque tengo amplio tiempo para escribir, leer y pasear, pero es que realmente no tengo mayor cosa que contar y mi vida es tan uniforme, que cada día pasa como el anterior. Mi opinión es que tal vez estoy pasando la vida de una buena manera, pero creo que aceptarla así obedece más a la sensatez que a la resignación; esto quizás no lo pudiera hacer si me encontrara en los Alpes o en cualquier otra región, pero en Alsacia no tengo inconveniente en hacerlo y la prueba es que me han hecho ofertas económicamente ventajosas para encargarme de las forjas de uno de nuestros diputados, pero como esa fábrica está en los Vosgos, no he aceptado y sin duda no aceptaré; otra razón que me impide dejar Lobsann es que pienso que es bueno ser constante en lo que se inicia y que cuando se está muy bien y se cambia para estar mejor, bien puede no resultar.

Cuando reflexiono a propósito de las tres posiciones diferentes en las que me he encontrado, es decir, cuando estaba en nuestra casa, luego en Saint-Etienne y ahora en Lobsann, hallo una gran diferencia: con ustedes yo estaba bien, en la Escuela de Minas era como un muchacho irresponsable, poco ordenado y muy gastador y estaba rodeado de gente benévola. Ahora es otra cosa: tengo una casa montada, vivo muy bien, tengo una sirvienta que me cocina, lava y cuida mi ropa y me teje medias y gasto menos que en Saint-Etienne; mis economías suman 400 francos, las cuales se verán disminuidas porque pienso hacerme camisas y comprar algunos libros. También hay que tener en cuenta que la mina todavía no da utilidades y que en consecuencia me hallo en el mínimo que me parece muy razonable puesto que además de mi sueldo fijo, tengo calefacción, iluminación, una casa completamente montada, ropa de cama y mantelería. Cuando el señor Dournay venga con su familia, dejaré de ocuparme de la casa, lo que me vendrá bien. No hay que creer querido papá, que yo paso estrecheces por economizar, al contrario, me podrían reprochar de no ser lo suficientemente económico porque siempre tengo tres platos diferentes en cada comida como por ejemplo ayer, a la hora de comer (las 4) me serví carne de res, asado de cordero y repollo con cerdo; hoy reemplazaré el cordero y repollo por ternera y fideos; todos los días como un cocido alemán y dentro de lo posible el repollo que me encanta, bebo vino blanco y tengo el proyecto de hacer traer cerveza de Estrasburgo.

Cuando llegué había una vieja sirvienta que tuve que despedir porque como era católica-romana iba con gran frecuencia a confesarse o a misa, de suerte que el servicio de mi cocina fallaba mucho. Ahora tengo una joven protestante; es la única manera de tener sirvientas fieles.

Algo que me entristece es la dificultad que encuentro con el idioma alemán, al punto que no puedo decirle a mi sirvienta ni 20 palabras seguidas, pero afortunadamente ella también habla el francés; es cierto que no me esfuerzo mucho. No pierdo las esperanzas de aprender el alemán y tan pronto esté en capacidad de hacerlo, escribiré una cartica a mamá y como pienso no ir a Wetzlar sino cuando hable alemán, es muy posible que nunca me vean allí.

Como es muy probable que me radique aquí, me gustaría que mamá viniera a vivir conmigo; sería maravilloso para su salud porque el bosque es tan bello que no les puedo dar una idea; los pájaros hacen sus nidos hasta en los talleres. Además mamá me sería muy útil para traducir mis órdenes y estaría cerca de Wetzlar, ya que de Wissembourg no hay sino 48 leguas. Termino con un gran abrazo de todo corazón para ti, mamá, mi hermana y toda la familia; te ruego decirle a mamá que como cuando tu me escribes siempre dejas una gran cantidad en blanco, ella podría acabar de llenarlo y si lo hiciera en alemán escrito claramente, me encantaría.

Boussingault

 

XLIX
 

Boussingault padre a su hijo

París, junio 8 de 1821

Mi querido hijo:

Tu carta sin fecha me llegó el 23 del mes pasado y no la contesté antes por haber estado enfermo de los riñones; me apresuro a hacerlo para no darte el ejemplo de negligencia en mantenernos informados. Confío en que no pasarás, otra vez, cinco meses sin escribirnos aun cuando Guillemin y Vaudet me han participado de sus cartas. Estoy muy contento querido Boussingault, de que tu situación actual te siga gustando; también lo estoy por las reflexiones que has hecho sobre las diferentes posiciones en las que te has encontrado; estas reflexiones te harán evitar errores que a tu edad son frecuentes y de esa manera vivir feliz. Cuando uno está más o menos bien, vale la pena continuar así y de acuerdo con lo que nos cuentas, sería difícil encontrar algo mejor que el señor Doumay. Así que mis deseos son los de que continúes allá, hasta que esto te convenga y lo que me cuentas sobre tu manera de vivir, me parece bueno; sin embargo es necesario vivir bien, pero, amigo mío, es peligroso algunas veces, crearse necesidades; de repente viene un revés, en cuyo caso el hombre acostumbrado a muchos platos, sufre más que el que no ha tenido sino uno solo. Tu bien sabes que para mí es un placer que tu hermano relea tus cartas, así que me he visto obligado a tachar las expresiónes poco convenientes en que mezclas el servicio divino con el de tu cocina. Era suficiente haber dicho que habías despedido a tu sirvienta porque no tenía tu confianza, sin necesidad de ridiculizar una religión que es la tuya y especialmente la mía.

Ya van dos veces que hablas sobre el deseo que tienes de que tu madre vaya a vivir contigo y que te sería muy útil, pero ella es igualmente útil aquí y tu hermano la necesita más que tú; además, mi querido amigo, no estás en tu casa y no hay ningún contrato con el señor Dournay como para que consideres que puedes vivir para siempre allá. También debes considerar que tu madre ahora vive en su casa y que a pesar del placer que tendría volviéndote a ver, no puede dejar lo seguro por lo incierto.

La situación de tu familia es siempre la misma: tu tía Colombe estuvo a punto de morir, pero ya está mejorando. Los negocios van bien, especialmente la construcción. Mi tabaquería ha crecido, gracias al regimiento que se halla en el cuartel, en fin, todo está muy tranquilo.

En cuanto a tus economías, te aconsejo que guardes la menor cantidad de dinero posible y coloques lo poco que tienes en el Monte de Piedad; esto te dará intereses. Aquí existe una caja de amortización que vende acciones a 127 francos y rinde el tercio consolidado. Una que compré me deja un 5%; dentro de 10 años dará 461 francos; creo que podrías arriesgar la compra de una acción.

Todos los que forman la familia están bien y te abrazan lo mismo que yo que soy tu amante padre.

Boussingault

Querido Lolo: estoy muy contenta de que estés aprendiendo mi idioma, así que podamos ir juntos a Wetzlar. Adiós. Dios te libre de todo lo malo; tu padre casi siempre está enfermo; escríbeme en alemán. Tu madre. (En alemán, en el original).

 

L
 

Boussingault a su padre

Minas de Lobsann, junio 25 de 1821.

Mi querido papá:

No te quejarás esta vez de mi negligencia, puesto que recibí tu carta el domingo por la tarde en Soultz, donde pasé el día haciendo visitas con el señor Dournay, quien actualmente está en la mina con su señora y su numerosa familia.

El motivo que me obliga a escribirte te va a sorprender porque es para mí imposible concebir, cómo, después de haber prometido tantas veces no dejar a los buenos alsacianos, no solamente tengo deseos de hacerlo sino dejar a Francia, aún más, a Europa, para ir a servir a "los turcos".

No te imaginas cómo me encuentro de perplejo y con cuánto placer emprenderé tan largo viaje. ¡Cuántas cosas nuevas para observar! Cuántos recuerdos conservaría de tal experiencia. Pero al quedarme tendré asegurada una vida tranquila, en ninguna parte podría estar mejor que aquí: mamá vendría a pasar todos los veranos en Lobsann y los inviernos en París; de Lobsann iríamos a Wetzlar, etc.; en fin, que aquí puedo asegurarme un porvenir honorable y ventajoso; además, ¿cómo dejar al señor Dournay? Considero que de mi parte esto sería muestra de ingratitud.

Ya es tiempo, mi querido papá, que llegue a los hechos porque con las reflexiones que se me han escapado, podrías considerarme como un loco.

El virrey de Egipto ha solicitado al gobierno francés dos hombres instruidos en el arte de las minas y en la fusión de metales. El señor de Becquey ha propuesto al señor Thibaud, amigo mío y profesor durante dos años, aceptar esta misión, dándole al mismo tiempo la libertad para escoger su colaborador entre los ingenieros o los alumnos de la Escuela de Minas.

El señor Thibaud me preguntaba en una carta fechada el 17 de mayo si yo estaba dispuesto a participar de la gloria y de los peligros de esta misión y deseaba saber mis condiciones. Como toma 10 días recibir las cartas desde Videsac, donde se halla el señor Thibaud, yo no alcancé a responderle, cuando él volvió a escribirme el 27; he aquí textualmente la dicha última carta, para que te des cuenta de lo tratado a propósito de los egipcios | * .

Yo no le he contestado la carta del 27, pero sí la del 17 y le digo que esta propuesta demanda reflexión profunda. Sin embargo, tu ves la forma como él actúa, lo que prueba que me conoce bien. Es cierto que si en Saint-Etienne me hubieran hecho una propuesta parecida por la mañana, habría deseado partir esa misma tarde.

Cuando reflexiono que a los 23 años habré visto tanto países y que me habré asegurado una existencia feliz, me dan ganas de partir ya. En mi mente se libra continuamente un combate entre el deseo de irme a Egipto y el de quedarme en las minas.

Hace algún tiempo supe por el señor Guillemin que pensabas retirarte; esta noticia me dio mucho gusto, pero de acuerdo con tu última carta parece que esto no es así, pero ojalá que lo hicieras.

Recibí una carta de Guillemin informándome que remitió el bono para Vaudet al señor Pouillet, calle Cléry número 16. Tal vez viajaré a Suiza para examinar varias fábricas.

Leí lo que mamá me escribió en alemán, pero no me siento en disposición de contestarle hoy; además, desde que espero ir a Egipto, he dejado el alemán a un lado. Si ella hubiera venido a vivir conmigo, nunca se me hubiera ocurrido entrar al servicio de Egipto. La enfermedad de mi tía Colombe me ha preocupado mucho, pero me alegro que haya mejorado y espero que se repondrá enteramente. Dale un abrazo de mi parte. Recibí una carta de la señora Benoist con buenas noticias. Le contestaré en el primer momento que tenga disponible porque ahora me va a caer encima una comisión de ingenieros de puentes y calzadas y de oficiales del ejército que quieren examinar mis productos.

Me cuentas que mi hermano cambió de escuela; esto no prueba nada sino que no sabe aprovechar de los medios de instrucción que existen en París, en donde puede uno hacerlo gratuitamente, tan pronto se sepa leer; con frecuencia te he hablado de hacerlo entrar en el conservatorio, en donde por lo menos aprenderá algo positivo.

Espero noticias de Vaudet y te abrazo, lo mismo que a mamá, mi hermana y toda la familia. Saludos al señor Benoist y a su señora.

He aquí mi dirección que no deben omitir en las cartas:

"Boussingault, director de las minas de Lobsann, cerca de Soultz-sous-Forets (Bajo Rin)". Con esa dirección no falla.

 

LI
 

Del señor Thibaud a Boussingault

Videsac, junio 26 de 1821.

Mi querido Boussingault:

Supongo que mi última carta del 27 de mayo le habrá aclarado todas sus dudas y lo habrá dejado satisfecho. El asunto está en buen pie y el director general, por medio de su carta del 19 de este mes, me anuncia que ha dado cuenta de mi determinación al ministro del interior y le informa de las condiciones que he puesto; me dice que me avisará sobre la respuesta, tan pronto la reciba y creo que será rápida y favorable. Como ve, mi querido amigo, ya no se puede echar para atrás.

Procúrese todas las informaciones posibles, anote y dibuje lo que crea que nos será útil en un país en donde dependeremos de nosotros mismos y esté listo. Yo pediré, probablemente, dos o tres meses de tiempo para conseguir todo lo necesario, visitar algunos establecimientos y comprar los instrumentos, libros, etc. que nos sean indispensables.

Primero iré a París en donde imagino que tendré el placer de verlo. Allí concertaremos las medidas a tomar para asegurar nuestro éxito. Naturalmente que una de las primeras cosas que conseguiremos será todo lo que compone un laboratorio además de los libros de química.

Me han escrito que habrá necesidad de buscar carbón en el Alto Egipto: Es posible que se pueda utilizar ventajosamente el sistema de sondeo y me parece muy importante que usted lo conozca mejor que yo. Anote los precios de una sonda, del costo del sondeo en un terreno determinado y si es necesario, dibuje algunos de los útiles principales.

Si en su vecindad tiene algunas fábricas de hierro, cobre, etc., visítelas para conocerlas lo mejor posible, sobre todo no se me duerma con las bellas y buenas alsacianas. Use convenientemente su tiempo y su salud, que lo necesitaremos.

Adiós, lo abrazo de todo corazón y no hable todavía con nadie de esto hasta que haya decidido definitivamente.

Su amigo,

T.

Le escribí a Burdin para consultarle esta misión; me dice que Le Boulanger estaría dispuesto a venir conmigo; pero, entre nos, no tiene suficiente salud para una misión de esta clase y además, como químico no nos sería útil sino en la época cuando hubiéramos resuelto el objetivo de nuestros trabajos.

Entonces, si tuviéramos necesidad de un colaborador como él, se lo pediría al bajá. Burdin es útil en un laboratorio o en un taller; habría que esperar a que hayan sido creados. Para trabajar en el campo no podemos contar con él.

 

(1) La fecha de esta carta debe estar equivocada pues en 1821 Humboldt no conocía a Boussingault. Debe ser 1822.
* Ver carta XLVII

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