Correspondencia 1818 - 1826
XLI
Boussingault a su padre
Estrasburgo, diciembre 20 de 1820
Mi querido papá:
Llegué aquí el 18 por la noche; el motivo de este retardo fue
que nos volcamos después de Chateau-Thierry por la rotura de una
rueda; fuera de eso mi viaje fue muy bueno.
Tan pronto llegué a Estrasburgo vi al señor Dournay, quien me
recibió con la más franca y viva amistad. Paso mis días conociendo
toda la familia y me encuentro sorprendido de oír un idioma que no
comprendo.
No quieren dejarme ir a las minas hasta tanto hayan pasado las
fiestas de Navidad. Las minas de Lobsann se encuentran a 9 leguas
de Estrasburgo, Rin abajo, y a una distancia bastante grande del
pueblo.
La casa de la dirección es muy aislada y allí estaré en compañía
del cajero, un hombre muy amable, el señor Berger. Tendremos una
cocina, una cocinera y un sirviente. La alimentación será gratuita,
en gran parte; en verano el señor Dournay pasa la estación en las
minas en compañía de su agradable familia y viviremos en la misma
casa.
No me faltará nada para pasar agradablemente mi tiempo, pues van
a montarme un laboratorio.
Estrasburgo me ha parecido muy interesante y especialmente las
fortificaciones me han llamado la atención.
Ya visité las personas para quienes traía recomendaciones y
todas me han acogido muy bien.
Como ahora estoy muy cansado no te contaré nada más; abraza a
mamá y a mis hermanos y a toda la familia por mi cuenta.
Te ruego presentar mis respetos al señor Benoist y a su señora y
recordarles la promesa que me hicieron de enviarme noticias de
ellos y de su hijo.
Tu hijo,
Boussingault
P.D. Mis recuerdos para el señor Guillemin y he aquí mi
dirección: "Al señor Dournay, calle de la Chame,
Estrasburgo. Para entregar al señor Boussingault".
XLII
Del señor A. de Humboldt a Boussingault
|
(1)
Fechada en París, (1821)
El señor Humboldt se complace en saludar al señor Boussingault y
le entrega dos volúmenes sobre su viaje, los cuales tratan del
temblor de tierra de Caracas y de los experimentos con la leche del
"árbol de la vaca". El señor Humboldt ruega al
señor Boussingault colocar estos volúmenes entre sus libros para
leer a bordo; infortunadamente no puede ofrecerle la obra completa
por fallas del editor. Si el señor Boussingault no sale para
Londres mañana domingo, le recuerda su amable promesa de venir a
comer con el señor Humboldt mañana entre las 5 y las 6. Si sale
para Londres le dará el placer al señor Humboldt de pasar por su
casa durante algunos minutos, ya sea hoy entre las 3 y las 5 o
mañana por la mañana, entre las 9 y las 10.
Humboldt
XLIII
Del señor Boussingault a su hijo
París, enero 15 de 1821
Al recibir tu carta fui de inmediato a la agencia de transportes
para averiguar sobre los baúles que salieron de París el 17 de
diciembre y que deberías haber recibido el 28 del mismo mes. El
director de ese establecimiento me aseguró que los recibirás el 6
de enero y escribió al corresponsal en Estrasburgo para indicarle
la dirección en la calle de la Cadena. Te será fácil ver por la
guía el retardo y debes pedirle al conductor que pague una multa si
no tiene excusas legítimas, y en caso de avería, hacerla constatar
para que paguen los posibles daños; espero que a esta hora ya no
tengas problemas.
Estoy muy satisfecho de la recepción que te hizo el señor
Dournay como estoy persuadido de que harás todo lo que de ti
dependa para seguir mereciendo la estimación que te muestran, esto
disminuye la tristeza que me causa tu ausencia.
Seguimos en la misma situación como cuando nos dejaste: tu madre
sigue enferma y a mí me tumbó a cama por 10 días un problema de
riñones, pero ya estoy mejor. Estoy tratando de vender mi negocio y
si lo logro, te avisaré lo que vaya a hacer por tu hermano. Los
arrendamientos en nuestras dos casas son suficientes para nosotros
y Vaudet, en vista de la salud de tu madre, me insiste para que
venda.
Te incluyo unas notas del señor Guillemin y de la señora
Benoist. Toda la familia está bien y te abraza de corazón tu
padre,
Boussingault
P. D. En caso de que no hayas recibido nada, avísame.
XLIV
Boussingault a su padre
En las minas de Lobsann, 9 de febrero de 1821
Mi querido papá:
Recibí a su debido tiempo tu carta del 15 último; no la contesté
inmediatamente porque había recibido mis efectos; aprovecho de
algunos instantes para informarte de mi situación que yo encuentro
feliz.
Me hospedo en las minas, es decir, a un cuarto de legua de
Lobsann y a una legua de Soultz.
Nuestras minas penetran dentro del bosque de manera que puedo
decir que vivo en un bosque. Hay que ver los alrededores de mi
vivienda para darse cuenta de que es uno de los sitios más bellos
de Alsacia.
Los trabajos de las minas de Lobsann son diferentes de lo que
pensaba porque son inmensos y las galerías muy bellas; me costó
trabajo levantar el plano general que comprendía 34 años de
trabajos.
En cuanto a mi vivienda, te diré que estoy cómodamente
instalado, tengo un minero como sirviente y el señor Dournay ha
contratado una buena cocinera para las minas.
Según me decían los parisienses, aquí debería tomar mucha
cerveza pero hasta ahora no la he probado. Tomo un excelente vino
blanco del país y el aguardiente (kirsh-wasser) y fumo un tabaco
que no es malo que cuesta 80 céntimos la libra.
En este momento mis ocupaciones son múltiples porque tengo que
ver con carpinteros, cerrajeros, el ministerio de marina y los
bandidos, sí, los bandidos; esto no tiene nada de extraordinario
cuando se sabe que vivo en un bosque; además cuando se goza de sus
ventajas, se debe también soportar los inconvenientes; sin embargo
hablando francamente la situación no es agradable.
He aquí los hechos: mi comisionado venía de Soultz a donde había
ido a buscar el correo llegado de Estrasburgo y ya cayendo la tarde
fue detenido, a un cuarto de legua de Lobsann, por dos hombres que
lo esculcaron; afortunadamente esa tarde no tenía sino 2 cartas y
un pan (el día anterior traía 600 francos), así que lo dejaron
pasar intacto y lo único que sufrió el pobre diablo fue un buen
susto; de todas maneras esto me inquietó y esa misma tarde declaré
la mina en estado de sitio y dormimos perfectamente tranquilos. Esa
noche, siguiendo una costumbre que ya no abandonaré, coloqué dos
pares de pistolas sobre mi mesa de noche. Me desperté en medio de
la noche porque repentinamente se abrió la ventana, cosa que me
sorprendió, pero tuve calma para coger mis armas, salté de la cama
y no vi nada sino que el viento me había jugado es chanza pesada;
no habría sido raro que fuesen ladrones porque supe esta mañana que
la gendarmería acaba de arrestar a 9 de ellos. Son gitanos
mezclados con desertores. Se busca el resto de la banda que parece
ser considerable.
Aun cuando en el centro de un bosque no tengo nada que temer,
puesto que sería suficiente una voz de alerta para ver salir mi
ejército subterráneo que a golpe de pico y de masa, destruiría
rápidamente toda la gitanería.
Con excepción de los bandidos germánicos, ¡vivan los alsacianos!
No cambiaría un alsaciano por todos los habitantes del mediodía.
Cuando comparo las dos regiones en donde he vivido, ¡qué
diferencia! ¿Dónde me mostrarán aldeas tan bonitas como las de
Alsacia? ¿Y la holgura que tienen los campesinos? En sus casas
todo, hasta la ropa, es de buena clase; nuestros campesinos del
interior son unos zafos, comparados con los alsacianos. Hay que ver
la limpieza extraordinaria y la instrucción generalizada que se
encuentra, sobre todo, en aldeas protestantes; todos los mineros
que tengo saben leer y escribir en alemán y de los muchos que
conocí en el departamento de Loira solamente unos 10 leían y
escribían su idioma.
Aun dentro de la burguesía, los alsacianos le ganan a los
franceses y ya he visto varias veces en las casas ricas a las
señoras ocupadas en hilar. ¿Se atrevería uno a hablarle a una
parisiense de algo similar? Y con mayor razón ¿a una de nuestras
provincianas?
Termino, querido papá, con un fuerte abrazo para ti, mamá, mi
hermana y toda la familia.
Uno de estos días le escribiré a Vaudet para tratar de
negocios.
Boussingault
P.D. Te ruego presentar mis respetos al señor Benoist y a su
esposa, contarles que he recibido noticias de Julio y que está
bien.
2a. P.D. Es una cosa terrible esos atentados que se renuevan.
Dile a mi sobrinita que no fui yo el que prendió el petardo y
aprovecha para abrazarla; aquí estamos indignados de esos
horrores.
Mis saludos al señor Guillemin a quien le escribiré uno de estos
días.
He aquí mi dirección: "Boussingault, director de las
Minas de Lobsann, cerca a Soultz-sous-Forèst, departamento del Bajo
Rin".
No he recibido la nota del señor Benoist de la que me hablas en
tu última carta. Desearía saber a qué se dedicará Cadet. No es
necesario que franquees mis cartas.
XLV
Boussingault a su hijo
París, marzo 1 de 1821
Tu última carta que recibí el 15 pasado con noticias sobre tu
posición y tu clase de trabajo nos ha causado, tanto a mí como al
resto de la familia, un gran placer. Me enorgullezco de que tu
conducta nunca será causa de problemas en una situación tan
agradable, al portarte como lo has hecho hasta ahora y no dudo de
tu completo éxito.
Yo también recorrí la región donde habitas actualmente y como
tú, la encontré agradable; pero también existen otros sitios lo
mismo de agradables en otra parte y es bueno que a tu edad sea uno
un poco indiferente sobre el sitio en donde nos toca vivir porque
de otra manera se expone a echarlos de menos cuando hay que
dejarlos.
Los detalles que me das sobre tu forma de vivir me indican que
debe ser costosa a pesar de que tus entradas sean buenas porque una
cocinera y un sirviente no trabajan gratuitamente, pero por ese
lado estoy tranquilo pues conozco tu economía y me siento seguro de
que pondrás siempre equilibrio en tus gastos para no gastar más de
lo que recibes.
Parece que si estás contento por un lado, los bandidos los
inquietan por el otro; sé que no se puede tomar a la ligera lo que
hacen estas gentes necesario tomar precauciones, no salir solo
durante la noche y siempre estar armado y acompañado. Te confieso
que me inquietó esa parte de la carta.
Te había contado que iba a vender mi negocio, pero no ha sido
posible habrá que esperar una mejor oportunidad.
El señor Beaunier estuvo en París hace unos días y siguió para
Inglaterra de donde regresará el 15 de abril. El señor Benoist fue
a verlo para pedirle un certificado de la escuela que la
municipalidad le pide para su hijo, debido a su servicio militar;
es necesario que la escuela certifique que se han hecho dos años de
estudios y que allí mismo les consiguieron empleo. Vamos a ver el
resultado de esta diligencia porque el próximo me tocará hacerla a
mí.
Cadet sigue asistiendo a su pensionado, ha mejorado en sus
estudios pero se halla indeciso sobre qué partido tomar. Participé
al señor Benoist de tus saludos, te dicen muchas cosas, entre
otras, que recibieron noticias de Julio y cuentan que el trabajo
que tiene no es muy agradable debido peligroso.
Tu cuñado acaba de terminar la adquisición de su casa por 45
francos, sin tener en cuenta los gastos.
Termino con un abrazo de todo corazón lo mismo que el que te
envía la familia, que está muy bien. Tu devoto padre.
Boussingault
XLVI
Del señor Thibaud a Boussingault
Videsac, mayo 17 de 1821
Mi querido amigo:
En este momento me hacen una propuesta, que a primera vista es
atractiva, pero merece reflexión. El director general me propone
una misión en Egipto, de acuerdo con la solicitud que le ha hecho
el virrey de ese país, para reclutar 2 franceses instruidos, uno en
mineralogía y otro en la fundición de metales, por un término de 2
a 3 años. Este príncipe les promete un futuro halagüeño, por el
tiempo que dure el contrato. Un agente egipcio en París tiene
autorización para tratar sobre las condiciones y se compromete a
pagar todos los gastos de viaje.
El director general me pregunta si estaría dispuesto a aceptar
tal misión y en cuáles condiciones. Por ahora no tengo ninguna idea
fija al respecto y necesito reflexionar seriamente, informarme,
etc., pero si me decidiera a aceptar, ¿sería usted persona para
formar parte de la expedición y me acompañaría como experto en
química y mineralogía, para trabajar en las explotaciones de las
orillas del Nilo? Le confieso que para mí sería un motivo
determinante si pudiese estar seguro de que esta misión la podré
llevar a cabo con usted. Le ruego contestarme tan pronto como sea
posible, dándome una idea de las condiciones en que usted
aceptaría.
Adiós, su amigo,
Thibaud
P.D. No hable de este asunto hasta que haya terminado.
XLVII
Del señor Thibaud a Boussingault
Videsac, mayo 27 de 1821
Mi querido Boussingault:
El 17 de este mes le escribí para participarle de la misión que
me fue propuesta y saber cuáles serían sus condiciones si estuviera
dispuesto a hacer parte de ella.
Posiblemente le parecerá extraño que sin esperar su respuesta me
haya creído seguro de su asentimiento a todo lo que yo propusiera,
relacionado con usted y que en consecuencia yo haya escrito hoy al
director general aceptando tanto en mi nombre como en el suyo;
confìo en que me excusará teniendo en cuenta mis buenas intenciones
y mi amistad por usted. En seguida podrá juzgar las condiciones que
propongo en su favor: pido me sea nombrado como ayudante un joven
francés, buen químico, experto en manipulaciones y procesos
manufactureros, alumno graduado de la Escuela de Mineros de
Saint-Etienne y que se halla actualmente dirigiendo una explotación
de lignito y de una fábrica de pasta bituminosa. Su contrato sería
por 3 años, su sueldo anual de 6.000 francos y tendría en Egipto un
título y un grado acordes con su sueldo y con la importancia de sus
funciones; tendría la facultad de retirarse al expirar su contrato
o antes, si el estado de su salud así lo exigiera.
Los gastos de viaje, ida y regreso, a cargo del gobierno
egipcio. Pido además, permanecer algún tiempo en París para
conseguir las informaciones, libros y materiales que considere
útiles al éxito de la misión.
Si todas las condiciones que propongo son aceptadas, seríamos 4,
a saber: uno de mis amigos íntimos, alumno de la Escuela
Politécnica, muy versado en asuntos mecánicos y de construcción,
quien estaría a cargo de la disposición y construcción de plantas,
maquinarias, etc.; otro joven familiarizado con las explotaciones,
buen geómetra, muy hábil para levantar planos y muy apropiado para
manejar a los obreros y sus trabajos; en cuanto a usted querido
amigo, su parte sería la de los ensayos químicos, de lo cual
también yo me encargaría y creo que Egipto nos ofrecerá una gran
cantidad de oportunidades útiles para poner en práctica nuestros
conocimientos, aprovechando tanto los productos naturales que
ofrece en su superficie, como los que encierra en su seno, todo lo
cual considero como el objetivo más importante de nuestra
misión.
Así reunidos los cuatro en posesión de los diversos
conocimientos útiles para nuestro objetivo y entendiéndonos bien,
es fácil que lleguemos a algo satisfactorio.
En esto ando: ya estoy seguro de los otros dos compañeros y creo
poder contar con usted. Espero impaciente que me dé su confirmación
al respecto.
Adiós. ¡Pronta respuesta! Lo abraza de todo corazón su devoto
amigo,
Thibaud
XLVIII
De Boussingault a su padre
Minas de Lobsann, mayo 23 de 1821.
Mi querido papá:
No me he apresurado a contestarte y esto no se debe a exceso de
ocupación porque tengo amplio tiempo para escribir, leer y pasear,
pero es que realmente no tengo mayor cosa que contar y mi vida es
tan uniforme, que cada día pasa como el anterior. Mi opinión es que
tal vez estoy pasando la vida de una buena manera, pero creo que
aceptarla así obedece más a la sensatez que a la resignación; esto
quizás no lo pudiera hacer si me encontrara en los Alpes o en
cualquier otra región, pero en Alsacia no tengo inconveniente en
hacerlo y la prueba es que me han hecho ofertas económicamente
ventajosas para encargarme de las forjas de uno de nuestros
diputados, pero como esa fábrica está en los Vosgos, no he aceptado
y sin duda no aceptaré; otra razón que me impide dejar Lobsann es
que pienso que es bueno ser constante en lo que se inicia y que
cuando se está muy bien y se cambia para estar mejor, bien puede no
resultar.
Cuando reflexiono a propósito de las tres posiciones diferentes
en las que me he encontrado, es decir, cuando estaba en nuestra
casa, luego en Saint-Etienne y ahora en Lobsann, hallo una gran
diferencia: con ustedes yo estaba bien, en la Escuela de Minas era
como un muchacho irresponsable, poco ordenado y muy gastador y
estaba rodeado de gente benévola. Ahora es otra cosa: tengo una
casa montada, vivo muy bien, tengo una sirvienta que me cocina,
lava y cuida mi ropa y me teje medias y gasto menos que en
Saint-Etienne; mis economías suman 400 francos, las cuales se verán
disminuidas porque pienso hacerme camisas y comprar algunos libros.
También hay que tener en cuenta que la mina todavía no da
utilidades y que en consecuencia me hallo en el mínimo que me
parece muy razonable puesto que además de mi sueldo fijo, tengo
calefacción, iluminación, una casa completamente montada, ropa de
cama y mantelería. Cuando el señor Dournay venga con su familia,
dejaré de ocuparme de la casa, lo que me vendrá bien. No hay que
creer querido papá, que yo paso estrecheces por economizar, al
contrario, me podrían reprochar de no ser lo suficientemente
económico porque siempre tengo tres platos diferentes en cada
comida como por ejemplo ayer, a la hora de comer (las 4) me serví
carne de res, asado de cordero y repollo con cerdo; hoy reemplazaré
el cordero y repollo por ternera y fideos; todos los días como un
cocido alemán y dentro de lo posible el repollo que me encanta,
bebo vino blanco y tengo el proyecto de hacer traer cerveza de
Estrasburgo.
Cuando llegué había una vieja sirvienta que tuve que despedir
porque como era católica-romana iba con gran frecuencia a
confesarse o a misa, de suerte que el servicio de mi cocina fallaba
mucho. Ahora tengo una joven protestante; es la única manera de
tener sirvientas fieles.
Algo que me entristece es la dificultad que encuentro con el
idioma alemán, al punto que no puedo decirle a mi sirvienta ni 20
palabras seguidas, pero afortunadamente ella también habla el
francés; es cierto que no me esfuerzo mucho. No pierdo las
esperanzas de aprender el alemán y tan pronto esté en capacidad de
hacerlo, escribiré una cartica a mamá y como pienso no ir a Wetzlar
sino cuando hable alemán, es muy posible que nunca me vean
allí.
Como es muy probable que me radique aquí, me gustaría que mamá
viniera a vivir conmigo; sería maravilloso para su salud porque el
bosque es tan bello que no les puedo dar una idea; los pájaros
hacen sus nidos hasta en los talleres. Además mamá me sería muy
útil para traducir mis órdenes y estaría cerca de Wetzlar, ya que
de Wissembourg no hay sino 48 leguas. Termino con un gran abrazo de
todo corazón para ti, mamá, mi hermana y toda la familia; te ruego
decirle a mamá que como cuando tu me escribes siempre dejas una
gran cantidad en blanco, ella podría acabar de llenarlo y si lo
hiciera en alemán escrito claramente, me encantaría.
Boussingault
XLIX
Boussingault padre a su hijo
París, junio 8 de 1821
Mi querido hijo:
Tu carta sin fecha me llegó el 23 del mes pasado y no la
contesté antes por haber estado enfermo de los riñones; me apresuro
a hacerlo para no darte el ejemplo de negligencia en mantenernos
informados. Confío en que no pasarás, otra vez, cinco meses sin
escribirnos aun cuando Guillemin y Vaudet me han participado de sus
cartas. Estoy muy contento querido Boussingault, de que tu
situación actual te siga gustando; también lo estoy por las
reflexiones que has hecho sobre las diferentes posiciones en las
que te has encontrado; estas reflexiones te harán evitar errores
que a tu edad son frecuentes y de esa manera vivir feliz. Cuando
uno está más o menos bien, vale la pena continuar así y de acuerdo
con lo que nos cuentas, sería difícil encontrar algo mejor que el
señor Doumay. Así que mis deseos son los de que continúes allá,
hasta que esto te convenga y lo que me cuentas sobre tu manera de
vivir, me parece bueno; sin embargo es necesario vivir bien, pero,
amigo mío, es peligroso algunas veces, crearse necesidades; de
repente viene un revés, en cuyo caso el hombre acostumbrado a
muchos platos, sufre más que el que no ha tenido sino uno solo. Tu
bien sabes que para mí es un placer que tu hermano relea tus
cartas, así que me he visto obligado a tachar las expresiónes poco
convenientes en que mezclas el servicio divino con el de tu cocina.
Era suficiente haber dicho que habías despedido a tu sirvienta
porque no tenía tu confianza, sin necesidad de ridiculizar una
religión que es la tuya y especialmente la mía.
Ya van dos veces que hablas sobre el deseo que tienes de que tu
madre vaya a vivir contigo y que te sería muy útil, pero ella es
igualmente útil aquí y tu hermano la necesita más que tú; además,
mi querido amigo, no estás en tu casa y no hay ningún contrato con
el señor Dournay como para que consideres que puedes vivir para
siempre allá. También debes considerar que tu madre ahora vive en
su casa y que a pesar del placer que tendría volviéndote a ver, no
puede dejar lo seguro por lo incierto.
La situación de tu familia es siempre la misma: tu tía Colombe
estuvo a punto de morir, pero ya está mejorando. Los negocios van
bien, especialmente la construcción. Mi tabaquería ha crecido,
gracias al regimiento que se halla en el cuartel, en fin, todo está
muy tranquilo.
En cuanto a tus economías, te aconsejo que guardes la menor
cantidad de dinero posible y coloques lo poco que tienes en el
Monte de Piedad; esto te dará intereses. Aquí existe una caja de
amortización que vende acciones a 127 francos y rinde el tercio
consolidado. Una que compré me deja un 5%; dentro de 10 años dará
461 francos; creo que podrías arriesgar la compra de una
acción.
Todos los que forman la familia están bien y te abrazan lo mismo
que yo que soy tu amante padre.
Boussingault
Querido Lolo: estoy muy contenta de que estés aprendiendo mi
idioma, así que podamos ir juntos a Wetzlar. Adiós. Dios te libre
de todo lo malo; tu padre casi siempre está enfermo; escríbeme en
alemán. Tu madre. (En alemán, en el original).
L
Boussingault a su padre
Minas de Lobsann, junio 25 de 1821.
Mi querido papá:
No te quejarás esta vez de mi negligencia, puesto que recibí tu
carta el domingo por la tarde en Soultz, donde pasé el día haciendo
visitas con el señor Dournay, quien actualmente está en la mina con
su señora y su numerosa familia.
El motivo que me obliga a escribirte te va a sorprender porque
es para mí imposible concebir, cómo, después de haber prometido
tantas veces no dejar a los buenos alsacianos, no solamente tengo
deseos de hacerlo sino dejar a Francia, aún más, a Europa, para ir
a servir a "los turcos".
No te imaginas cómo me encuentro de perplejo y con cuánto placer
emprenderé tan largo viaje. ¡Cuántas cosas nuevas para observar!
Cuántos recuerdos conservaría de tal experiencia. Pero al quedarme
tendré asegurada una vida tranquila, en ninguna parte podría estar
mejor que aquí: mamá vendría a pasar todos los veranos en Lobsann y
los inviernos en París; de Lobsann iríamos a Wetzlar, etc.; en fin,
que aquí puedo asegurarme un porvenir honorable y ventajoso;
además, ¿cómo dejar al señor Dournay? Considero que de mi parte
esto sería muestra de ingratitud.
Ya es tiempo, mi querido papá, que llegue a los hechos porque
con las reflexiones que se me han escapado, podrías considerarme
como un loco.
El virrey de Egipto ha solicitado al gobierno francés dos
hombres instruidos en el arte de las minas y en la fusión de
metales. El señor de Becquey ha propuesto al señor Thibaud, amigo
mío y profesor durante dos años, aceptar esta misión, dándole al
mismo tiempo la libertad para escoger su colaborador entre los
ingenieros o los alumnos de la Escuela de Minas.
El señor Thibaud me preguntaba en una carta fechada el 17 de
mayo si yo estaba dispuesto a participar de la gloria y de los
peligros de esta misión y deseaba saber mis condiciones. Como toma
10 días recibir las cartas desde Videsac, donde se halla el señor
Thibaud, yo no alcancé a responderle, cuando él volvió a escribirme
el 27; he aquí textualmente la dicha última carta, para que te des
cuenta de lo tratado a propósito de los egipcios
|
*
.
Yo no le he contestado la carta del 27, pero sí la del 17 y le
digo que esta propuesta demanda reflexión profunda. Sin embargo, tu
ves la forma como él actúa, lo que prueba que me conoce bien. Es
cierto que si en Saint-Etienne me hubieran hecho una propuesta
parecida por la mañana, habría deseado partir esa misma tarde.
Cuando reflexiono que a los 23 años habré visto tanto países y
que me habré asegurado una existencia feliz, me dan ganas de partir
ya. En mi mente se libra continuamente un combate entre el deseo de
irme a Egipto y el de quedarme en las minas.
Hace algún tiempo supe por el señor Guillemin que pensabas
retirarte; esta noticia me dio mucho gusto, pero de acuerdo con tu
última carta parece que esto no es así, pero ojalá que lo
hicieras.
Recibí una carta de Guillemin informándome que remitió el bono
para Vaudet al señor Pouillet, calle Cléry número 16. Tal vez
viajaré a Suiza para examinar varias fábricas.
Leí lo que mamá me escribió en alemán, pero no me siento en
disposición de contestarle hoy; además, desde que espero ir a
Egipto, he dejado el alemán a un lado. Si ella hubiera venido a
vivir conmigo, nunca se me hubiera ocurrido entrar al servicio de
Egipto. La enfermedad de mi tía Colombe me ha preocupado mucho,
pero me alegro que haya mejorado y espero que se repondrá
enteramente. Dale un abrazo de mi parte. Recibí una carta de la
señora Benoist con buenas noticias. Le contestaré en el primer
momento que tenga disponible porque ahora me va a caer encima una
comisión de ingenieros de puentes y calzadas y de oficiales del
ejército que quieren examinar mis productos.
Me cuentas que mi hermano cambió de escuela; esto no prueba nada
sino que no sabe aprovechar de los medios de instrucción que
existen en París, en donde puede uno hacerlo gratuitamente, tan
pronto se sepa leer; con frecuencia te he hablado de hacerlo entrar
en el conservatorio, en donde por lo menos aprenderá algo
positivo.
Espero noticias de Vaudet y te abrazo, lo mismo que a mamá, mi
hermana y toda la familia. Saludos al señor Benoist y a su
señora.
He aquí mi dirección que no deben omitir en las cartas:
"Boussingault, director de las minas de Lobsann, cerca
de Soultz-sous-Forets (Bajo Rin)". Con esa dirección no
falla.
LI
Del señor Thibaud a Boussingault
Videsac, junio 26 de 1821.
Mi querido Boussingault:
Supongo que mi última carta del 27 de mayo le habrá aclarado
todas sus dudas y lo habrá dejado satisfecho. El asunto está en
buen pie y el director general, por medio de su carta del 19 de
este mes, me anuncia que ha dado cuenta de mi determinación al
ministro del interior y le informa de las condiciones que he
puesto; me dice que me avisará sobre la respuesta, tan pronto la
reciba y creo que será rápida y favorable. Como ve, mi querido
amigo, ya no se puede echar para atrás.
Procúrese todas las informaciones posibles, anote y dibuje lo
que crea que nos será útil en un país en donde dependeremos de
nosotros mismos y esté listo. Yo pediré, probablemente, dos o tres
meses de tiempo para conseguir todo lo necesario, visitar algunos
establecimientos y comprar los instrumentos, libros, etc. que nos
sean indispensables.
Primero iré a París en donde imagino que tendré el placer de
verlo. Allí concertaremos las medidas a tomar para asegurar nuestro
éxito. Naturalmente que una de las primeras cosas que conseguiremos
será todo lo que compone un laboratorio además de los libros de
química.
Me han escrito que habrá necesidad de buscar carbón en el Alto
Egipto: Es posible que se pueda utilizar ventajosamente el sistema
de sondeo y me parece muy importante que usted lo conozca mejor que
yo. Anote los precios de una sonda, del costo del sondeo en un
terreno determinado y si es necesario, dibuje algunos de los útiles
principales.
Si en su vecindad tiene algunas fábricas de hierro, cobre, etc.,
visítelas para conocerlas lo mejor posible, sobre todo no se me
duerma con las bellas y buenas alsacianas. Use convenientemente su
tiempo y su salud, que lo necesitaremos.
Adiós, lo abrazo de todo corazón y no hable todavía con nadie de
esto hasta que haya decidido definitivamente.
Su amigo,
T.
Le escribí a Burdin para consultarle esta misión; me dice que Le
Boulanger estaría dispuesto a venir conmigo; pero, entre nos, no
tiene suficiente salud para una misión de esta clase y además, como
químico no nos sería útil sino en la época cuando hubiéramos
resuelto el objetivo de nuestros trabajos.
Entonces, si tuviéramos necesidad de un colaborador como él, se
lo pediría al bajá. Burdin es útil en un laboratorio o en un
taller; habría que esperar a que hayan sido creados. Para trabajar
en el campo no podemos contar con él.
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(1)
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La fecha de esta carta debe estar equivocada pues en 1821
Humboldt no conocía a Boussingault. Debe ser 1822.
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Ver carta XLVII
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