El 23 de diciembre, por la tarde, dejé esta ciudad y me dirigí
hacia Guayaquil, en donde debía embarcarme para visitar la costa
del Perú. Me despedí del coronel Hall a la vista del Chimborazo.
Durante mi permanencia en la Provincia de Quito había gozado de su
confianza y de su amistad; su perfecto conocimiento de las
localidades me había sido sumamente útil y yo había encontrado en
él un excelente e infatigable compañero de viaje y ambos habíamos
servido, durante largo tiempo, a la causa de la Independencia.
Nuestra despedida fue emocionante: algo parecía decirnos que no
volveríamos a vernos y este funesto presentimiento resultó fundado,
pues algunos meses después mi desafortunado amigo fue asesinado en
una calle de Quito.
A las 6 de la tarde llegué a la miserable hacienda del Guayo; la
temperatura media del suelo era de 7,8°; el 24 de diciembre
continuamos nuestro camino y cerca del torrente se ve la traquita
muy escarpada en varios sitios y cuya masa forma el inmenso
altiplano, base del Chimborazo. La roca no es estratificada, sino
fracturada en todos sentidos por fisuras generalmente verticales; a
las 11 llegamos al punto más elevado del Arenal, paso muy temido en
la región por la violencia del viento que algunas veces se lleva
hombres y animales; el tiempo estaba calmado y cubierto; allí
pudimos almorzar. Las bocanadas de viento que venían de Guaranda se
cambiaban por una niebla espesa y encontré como altitud del Arenal
del Chimborazo, 4.372 metros y la temperatura del aire de 12,2°. Al
bajar se ven las rocas estratificadas de grünstein y de esquistos.
A las 5 llegué a la población de Guaranda (altitud 2.722 metros,
temperatura 13,6°); allí sentimos un violento temblor de tierra. A
algunas horas de marcha se encuentra la salina de Roma-bella, la
cual produce sal cargada de yodo y por consiguiente
“anti-bocio”, así que el coto es desconocido en toda la
provincia donde se consume esta sal y en donde, de acuerdo con las
condiciones geológicas, esta enfermedad debería ser endémica. Dejé
este poblado a las 8:30 y a las 9 estaba en Puente del Socavón,
sobre el río del Molino (altitud 2.604 metros, temperatura 16,7°);
la roca está compuesta de grünstein y de esquisto. A las 11:30
llegamos a Chimbo (altitud 2.514 metros, temperatura 23°) y al
seguir nuestro camino llegamos a la 1 a San Miguel de Chimbo, en
donde esperé mi equipaje (altitud 2.464 metros temperatura 20°); a
las 2:30, cuando el barómetro estuvo montado para efectuar
observaciones, una mujer que pasaba por allí en ese momento,
aterrada, cayó sin conocimiento; de inmediato fui a su socorro y
cuando volvió en sí me preguntó con angustia: “¿Reventará el
bastón español?” A las 3:30 alto de Piscuru (altitud 3.000
metros, temperatura 21°); a las 5, tambo de la Chima, a donde
llegamos después de una caminata fatigante.
Estaba en Chima el 26 de diciembre y me disponía a partir cuando
llegó el general Flórez acompañado del coronel Datz, en camino para
Guayaquil; cediendo a su insistencia decidí acompañarlos y nos
pusimos en camino inmediatamente: llovía, el camino era resbaloso y
peligroso, especialmente por la rapidez con que el general
encabezaba nuestra marcha; el descenso de Augas fue horrible; el
caballo que montaba un capitán de la escolta cayó y murió
instantáneamente; felizmente el oficial no sufrió ninguna herida;
un poco más lejos el camino mejoró: seguimos el valle del río
Guaranda, el cual atravesamos en varias oportunidades. A las 6:30
llegamos a la población de Sabaneta, en donde nos consiguieron
caballos frescos que nos llevaron, siempre a buen paso, hasta la
Bodega a donde llegamos a las 11 de la noche, cansados, mojados y
muertos de hambre. Nos alojamos en la hacienda del general
Flórez.
27 y 28 de diciembre. Me vi obligado a quedarme en la cama hasta
que me hubiesen lavado y remendado mi pantalón, que tuve que secar
sobre mi cuerpo; ese último día a mediodía, el coronel Datz y yo
nos embarcamos en el río Guayas con marea descendente; a las 8 de
la noche llegamos a San Borromeo, donde cenamos. Las canoas que
utilizábamos habían sido hechas en troncos largos y estrechos.
Pasamos la mayor parte de la noche sobre el río, y las rodillas de
Flórez me sirvieron de almohada; tuvimos tiempo de charlar y le
pregunté:
—“¿Por qué hemos hecho una marcha tan desordenada?”
—“Es que mi viaje debe ser disimulado; quiero lograr
atrapar la caja de la tesorería de Guayaquil y arrestar al
tesorero”.
—“¿Pero cómo es posible, general, que con su
independencia conserve aún el peso de los asuntos del
gobierno?”
—“Tiene razón cuando habla de la independencia que puede
darme mi fortuna, pero para conservarla tengo que mantenerme en el
poder porque el día en que deje de dirigir los asuntos públicos,
seré prontamente desposeído de mis bienes”.
—Pensé entonces que más bien sería desposeído de los bienes
ajenos, agregué mentalmente.
El general Flórez procedió tal como lo había anunciado, una vez
que hubo desembarcado; la caja fue recuperada, el tesorero
arrestado y Datz y yo fuimos simples testigos. Nos alojamos en el
palacio del gobierno y se puso una guardia numerosa; mi apartamento
comunicaba con el del general que tenía un centinela interior, lo
que poco me llamaba la atención. El servicio de mesa en el palacio
era suntuoso y le pregunté a Datz por que tanto lujo, a lo cual
contestó muy serio:
—“Porque salvamos la caja”.
La moralidad de ciertas damas de la buena sociedad de Guayaquil
sería muy sospechosa, si uno se refiere a propuestas hechas por
ciertos agentes.
Guayaquil se encuentra sobre la orilla derecha del Guayas, que
un poco más lejos recibe el Danlé. El 18 de enero de 1832 me hice
vacunar y al día siguiente mi nombre apareció encabezando una lista
impresa de dos bebés que habían sido vacunados conmigo, cosa que
sirvió para que mis amigos se burlaran de mí.
Las casas de la ciudad son de madera y la población se calcula
en 20.000 almas y el producto de la aduana está avaluado en 200.000
piastras.
24 de enero. A las once de la mañana subí a bordo de la goleta
La Ecuatoriana, que salía para Paita. Bajamos el río con la marea y
por la mañana estábamos a la vista de la isla de Puna, en donde
esperamos la marea descendente. A mediodía vimos la isla del
Muerto, que horizontalmente presenta el perfil de una estatua
colosal que estuviera acostada sobre la superficie del mar. Veíamos
las costas de Chocó y el Perú.
25 de enero. Pasamos a Tumbez, siempre a la vista del Muerto, la
costa es muy árida.
26 de enero. Doblamos el Cabo Blanco.
27 de enero. A las 2 desembarcamos en Paita; los alrededores son
de lo más árido que uno se pueda imaginar; ni una planta, ni un
riachuelo, todo es arena. El agua potable se debe buscar en el río
Colan, a más de 6 leguas de distancia. El puerto es muy seguro y en
ese momento, en la rada había una buena cantidad de barcos, entre
ellos dos balleneras de los Estados Unidos. Ocupaba una casa
aislada al borde del mar que estaba a 4 metros por encima de la
marea promedio y en donde establecí mi barómetro. Durante la noche
el ruido de las olas era muy intenso, de día con el Sol, era muy
débil. Medí la temperatura del aire y encontré que con tiempo
calmado era de 36,Y y cubrí el termómetro con una sombrilla para
protegerlo de los rayos del Sol y de la radiación nocturna: a las
10 de la mañana, a un pie bajo la tierra, marcó una temperatura
promedio de 27°.
8 de febrero. A las 8 de la noche apareció una luz muy viva que
iluminó durante un instante la ciudad. Yo recibía algunas visitas
nocturnas: indias más oscuras que las de las montañas. Carmen, a
quien mi asistente Vicente me la traía por la noche.
Una vez oí ruidos de pelea y la voz de mi asistente a quien dos
hombres querían detener; salí sable en mano para ayudarlo; los dos
agresores desaparecieron y Carmen entró en mi casa; después supe
que los malhechores se habían escondido en la escalera y habían
detenido, robado y ahogado a alguien que me había precedido en la
casa.
A veces llega a la playa una gran cantidad de peces que la
cubren enteramente y se refugian allí asustados por las ballenas,
durante la marea baja. La bella Carmen me dejó el 9 de febrero con
buen viento SO.
Tuve también una visita muy interesante: la de una pobre india
de quien decían tenía 125 años. Todavía era vigorosa y caminaba
fácilmente y sin bastón. Le ofrecí un vaso de vino que bebió con
gran gusto. En su juventud asistió al desembarco de la flota
inglesa comandada por el vicealmirante George Anson. Esto sucedió
el 24 de noviembre de 1741 cuando “El Centurión” entró en
el puerto de Paita; la ciudad fue saqueada e incendiada y los
marineros partieron en dos, de un sablazo, la imagen de la Virgen
que se hallaba suspendida en una iglesia; la india me contó que
había asistido a esta escena.
9 de febrero. De nuevo a bordo de “La Ecuatoriana”;
levamos ancla a las 5 de la tarde con un fuerte viento SO.
10 de febrero. Por la noche pasamos delante de la isla de la
Plata.
11 de febrero. Navegamos a lo largo de las costas del Chocó.
12, 13, 14 y 15 de febrero. El mar en calma; imposible
avanzar.
l6 de febrero. A la vista del Cabo Manglar. En un espacio de una
milla cuadrada el agua del mar está roja por reflexión e incolora
por transmisión.
17 de febrero. A mediodía desembarqué en Tumaco, isla que hace
parte de un pequeño grupo que se encuentra no lejos de la costa;
allí la vegetación es espléndida, lo que ofrece un contraste con la
aridez de Paita. Aun cuando esta isla, que tiene cerca de tres
millas cuadradas, esté naturalmente rodeada de agua salada, tiene
varios pozos de agua dulce. El terreno es de arena poco sólida y
hay mucho tiburón en la costa, tanto que nuestro pobre perro
“Turc” fue devorado por uno de esos animales. A un pie
dentro del suelo la temperatura promedio es de 26,1 grados.
18, 19, 20y 21 de febrero. Observaciones barométricas.
22 de febrero. Nos embarcamos a las cinco de la mañana con buen
viento.
23 de febrero. Pasamos ante la Gorgona. Viento y lluvia muy
fuertes.
24 de febrero. Estamos a la vista de San Buenaventura. La calma
chicha nos impide entrar.
25y 26 de febrero. Desembarcamos a mediodía. El puerto es muy
grande pero la ciudad es sucia; las casas se parecen a jaulas en
donde se encuentran encerrados los negros más feos del Chocó. La
fiebre es endémica porque la población vive sobre un pantano.
27 de febrero. A las nueve nos embarcamos en pequeñas piraguas
que pueden llevar 10 quintales; son hechas en troncos de árboles y
parecidas a las que navegan en el río San Juan. Hay que permanecer
completamente acostados porque no se puede tomar ninguna otra
posición. Aprovechamos la marea alta para llegar a la boca del
Dagua. Encontramos en seguida el río Dagua en donde montamos en
piraguas que más que flotar rodaban sobre un fondo de guijarros
cubiertos por escasos 20 centímetros de agua. A las 6 desembarcamos
en la hacienda de Santa Gertrudis en donde encontré 757 milímetros
para altura del barómetro (temperatura del barómetro: 25°.
Temperatura del aire: 25°, altitud 29 metros).
28 de febrero. Desembarcamos en la Bodega con una bella noche,
lo que es raro en el Chocó.
29 de febrero. Llegamos al saltito de Dagua, pequeña caída de 4
metros de altura. Antes de llegar habíamos cruzado una serie de
rápidos que rodeamos por medio de pequeños canales laterales
abiertos a mano por los bogas. Cambiamos nuestras piraguas por
pequeñas canoas y comenzamos a ver las rocas esquistosas.
1 de marzo. Llegamos a las Juntas del Dagua en donde pasamos la
noche (altura barométrica 734,1 mm, temperatura en el aire 24°,
altitud 321 metros).
2 de marzo. Salimos a las 6 de la mañana y a las 7 llegamos al
alto de la Puerta, altura barométrica 689,4 mm, temperatura del
barómetro y del aire 24,4°, altitud 911 metros. A las 8:30 llegamos
al alto de la Hormiguera, (barómetro 680,1 mm, temperatura 23°,
altitud 1.032 metros). A las 9:45 llegamos a El Palmar (barómetro
673 mm, temperatura 22°, altitud 1.118 metros). A las 10:30
llegamos a la quebrada del Higuerón (barómetro 687,3 mm,
temperatura 25°, altitud 939 metros). A mediodía llegamos a Jiménez
(barómetro 680,3, temperatura 26°, altitud 1.029 metros). A las 2
estuvimos en el caserío de las Hojas, barómetro 667 mm, temperatura
24°, altitud 1.178 metros.
Allí dejé a mi negro con la misión de llevar mi equipaje hasta
Cartago y seguí mi camino. Durante 2 horas estuve descendiendo y me
encontré con el río Dagua, el cual atravesé varias veces. Toda la
roca es grünstein en masas redondas. Después de una caminata muy
fatigante llegué a las 8 de la noche al caserío de Papagallero,
donde cené miserablemente.
3 de marzo. Al día siguiente salí a las 7 y a mediodía llegué a
una venta donde almorcé y después de haber pasado la montaña arribé
a Cali a las 6 de la tarde, después de haber atravesado el río de
ese nombre. La distancia de esta ciudad a Juntas, donde me
encontraba la víspera, es de 11,5 leguas. El gobernador me recibió
muy bien y me alojó en una casa vecina a la suya, cuyos dueños
estaban ausentes.
4 de marzo. Domingo. Pasé el día en Cali, ciudad triste, grande
y bien situada y de clima muy ardiente. Allí no es endémico el
coto, pero existe en los alrededores en donde hay pantanos.
5 de marzo. Salimos a las 7:30; a mediodía almorcé en Magamé; a
las 5 llegamos a Posadas.
6 de marzo. A las 4 de la mañana salí y a las 5 llegué a Buga y
a las 6 me detuve en La Paila. Caí en una emboscada en donde corrí
un gran peligro.
7 de marzo. En camino a las 3:30 de la mañana; pasamos el río de
La Paila y llegamos a las 6 al Zarzal, a las 11 a Santa María y al
fin a las 3 a Cartago en donde establecí mi campamento.
21 de marzo. Cartago. Altura barométrica 683,6 mm; temperatura
del aire y del agua 23°, altitud 977 metros. A un pie bajo tierra,
después de 24 horas, el termómetro marcó 24,5°.
5 de abril. Por la mañana a las 8 estalló una tormenta, cosa
rara, de acuerdo con lo que dicen los habitantes. En las regiones
cálidas como Honda, Mariquita, la Vega de Supía, Cartago y todo el
Chocó, las tempestades tienen lugar de noche, entre las 11 y las
12; en las regiones elevadas y por consiguiente frías, como Santa
Fe, Sonsón y Quito, tienen lugar generalmente entre las 3 y las 5
de la tarde. En los sitios muy elevados como la hacienda de
Antisana, o el páramo de Herveo, las tempestades son muy raras y
duran muy poco; casi siempre la lluvia redobla su fuerza después de
un tremendo trueno, con frecuencia se detiene de repente, pero
después de un momento de silencio se oye una violenta
detonación.
7 de mayo. Salimos de Cartago a las 8:30 y llegamos a las 3 al
paso de Piedra de Moler.
8 de mayo. Siguiendo mi viaje llegué al río de Quimbaya,
(altitud 979 metros) por un camino horrendo me vi obligado a
atravesar los Guaduales, sobre la espalda de un sillero. Pasamos la
noche en la Balsa.
9 de mayo. La temperatura es de 21,4° a un pie bajo el suelo y
la del aire de 28,3°. Atribuyo a esta temperatura el poco éxito que
ha tenido Marisansero en la siembra del cacao; todos los caminos
que conducen a la Balsa son unos barrizales espantosos. Salimos en
la mañana y llegamos a acampar a las 4 al contadero de
Buenavista.
10 de mayo. Por segunda vez acampo en Cruz Gorda de Boquia.
11 de mayo. Acampé en Las Cruces, altitud 2.132 metros.
12 de mayo. Pasé al páramo con pésimo tiempo y llegué a las 4 al
contadero del Volcancito (altitud 3.203 metros).
13 de mayo. Llegamos a las 3 al tambo de Toche, en donde nos
alojamos en la posada. Este lugar está rodeado de selva y por el
camino recogí algunos granos de palma de cera; creo que este árbol
podría ser aclimatado en Francia. Visité las fuentes termales y
pude constatar que su temperatura había disminuido después de mi
primera visita efectuada unos 10 años antes.
14 de mayo. Llegamos a El Moralito (altitud 1.865 metros). El
termómetro a un pie bajo tierra marcó 16,5°, después de haber
estado expuesto toda la noche. Había atravesado el San Juan con
mucha dificultad.
15 de mayo. A las 5 llegué a Ibagué, después de haber gozado del
espectáculo del Nevado del Tolima desde La Palmilla.
16 y 17de mayo. Tomé la altitud 1.323 metros, temperatura del
suelo a un pie bajo tierra 21,5°.
18 de mayo. A las 8 salí de Ibagué para llegar a las 6 al
callejón de Caima. Por el camino recogí varias arañas
“coya” que tejen su tela sobre el suelo, entre las
piedras; en el recorrido desplegué mi barómetro en Alvarado
(altitud 269 metros, temperatura 30°). En Callejón de Caima
(altitud 393 metros, temperatura 27,7°). Ese día pasamos la
quebrada de Caima que lleva a la China. Este río estaba tan crecido
que tuvimos que buscar prácticos para pasarlo; yo lo atravesé
nadando entre dos hombres; mi equipaje fue llevado sobre la cabeza
de los indios. A la 1 el río de la China (altitud 367 metros,
temperatura 30°); a las 2 pasamos el Totare, que desemboca en el
anterior. A las 3 llegué a Venadillo; mi amigo, el cura Mantilla,
había muerto de una fiebre inflamatoria, enfermedad muy común en
esos llanos. A la salida de la población atravesamos el Venadillo,
sin accidentes, aun cuando estaba muy crecido (altitud 344 metros,
temperatura 31,5°). Nos alojamos en una casa en La Sierra y no
olvidaré jamás la impresión que sentí al ver la horrible familia
que la habitaba: todos cotudos, bobos y cretinos. Los moradores de
la Sierra beben malas aguas de los pantanos casi todo el año y
algunos meses agua de un riachuelo que desciende de los glaciares
de Santa Isabel.
20 de mayo. Después de dos horas de viaje nos detuvimos a las 8
de la mañana para desayunar en Peladero (altitud 429 metros,
temperatura 30,7°). El Sol me hizo sufrir todo el día y después de
haber pasado por Los Tasajeros, llegamos a una hacienda situada
cerca de la población de Guayabal, en donde me acosté entre carne
seca y salada (altitud 346 metros, temperatura 34°).
21 de mayo. Llegué a Santa Ana a las 11 en donde se encuentran
algunas minas de plata; allí me quedé hasta el 6 de junio y llevé a
cabo varios ensayos y experimentos sobre minerales y también
algunas observaciones astronómicas; salimos el 6 y llegamos a
Honda, sobre la margen derecha del Magdalena (altitud 276 metros,
temperatura a un pie bajo tierra 27,7°).
7 de junio. Nos embarcamos a mediodía y llegamos a las 6 a
Guarumito.
8 de junio. Salimos a las 6:30 de la mañana y llegamos a Nare a
las 3:30.
9 de junio. Nos embarcamos a las 6 y llegamos a San Bartolomé a
las 3.
l0 de junio. Salimos a las 6:30; a las 5 acampamos en la playa y
allí pasamos la noche.
11 de junio. Salí a las 6 y llegué a San Pablo a las 5, sobre la
orilla izquierda del río.
12 de junio. Salí a las 8:30 y llegué a las 6 a Badillo, sobre
la orilla derecha.
13 de junio. Subimos a bordo del bongo que hace el servicio de
transportes fluviales y llegamos a las 3:30 a Puerto Diana.
15 de junio. Habíamos salido el 14 y llegamos a Mompós el 14 a
la 1 de la mañana y nuevamente embarcamos a las 4 de la tarde.
16 de junio. Llegamos a Barranca de Loba.
18 de junio. Salimos a las 6 de la mañana, desayunamos a las 8
en Arroyohondo y salimos a las 8:45; llegamos a Santa Cruz a
mediodía y a las 3 de la tarde a Machetes.
19 de junio. Tomamos camino a las 6:30 y almorzamos en Arjona a
mediodía; llegamos a Turbaco a las 2:45 y al fin a las 8:45 a
Cartagena. En esa ciudad no se bebe sino agua de lluvia recogida en
cisternas construidas a algunos pies bajo el suelo. Temperatura de
una de esas cisternas 27,5°.
Permanecí allí hasta el 11 de julio, día en que me embarqué a
bordo del “Medina”, que debía llevarme a Nueva York donde
efectivamente desembarqué el 7 de agosto.