INDICE





LAS MEMORIAS DE UN NATURALISTA Y CIENTÍFICO QUE CEDIÓ A LA TENTACIÓN DE SER OBSERVADOR Y CRÍTICO SOCIAL

INTRODUCCIÓN

TOMO I

CAPÍTULO I
Mi formación — La Revolución francesa — Napoleón — El espanto de la guerra — Humboldt — Preparativos de viaje.

CAPÍTULO II
Caracas — Los temblores de tierra — Ascención a la silla.

CAPÍTULO III
Valle de Aragua — Lago Tacarigua — Morro de San Juan — Sitio de Puerto cabello— El general Páez— El árbol de la vaca— Aguas termales de la cadena del litoral.

CAPÍTULO IV
Cordillera Oriental de los Andes — Su constitución geológica —Nivelación barométrica — Efectos del temblor de tierra de 1812, observados en diferentes localidades — Sierra Nevada de Mérida —Lago Urao— Pamplona, sus minas de oro— Hierro meteórico de Santa Rosa.

CAPÍTULO V
Explanada de Bogotá — Nación Muisca — Su conquista - Guerras de la Independencia — Descripción de la meseta.

CAPÍTULO VI
Las primeras luchas por la Independencia — Bolívar.

CAPÍTULO VII
Meseta de Bogotá — Constitución geológica — Sal gema — Salinas —Carbón — Minas de esmeraldas.

CAPÍTULO VIII
Bogotá — Situación — Clima — Costumbres — Aventuras — Excursiones por los alrededores.

CAPÍTULO IX
Excursión para determinar los límites del terreno al sur de Bogotá —   Valle del Magdalena entre honda e Ibagué — Observaciones sobre el aumento de la intensidad del sonido durante la noche — Puente natural de Pandi o Icononzo.

TOMO II

CAPÍTULO X
Jugo venenoso del ajuapar— Accidentes que sucedieron mientras analizábamos esa materia — El comandante don Juan con nodriza — Irradiación nocturna en Bogotá.

CAPÍTULO XI
Algunos de mis conocidos en Bogotá — El Libertador Bolívar —Personajes — Sucesos.

CAPÍTULO XII
El Salto de Tequendama — Historia de Manuelita Sáenz.

CAPÍTULO XIII
Expedición de 1824— En los llanos del Meta.

CAPÍTULO XIV
Cordillera Central y Cordillera Oriental— Valle del Cauca— Minas de oro de La Vega de Supía - Provincia de Antioquia.

CAPÍTULO XV
Paso de la Cordillera Central por el Quindío.

CAPÍTULO XVI
Viaje a la región aurífera y platinífera del Chocó.

CAPÍTULO XVII
Viaje al Ecuador— Estudios sobre la región volcánica.

CAPÍTULO XVIII
Ascensión al volcán del Puracé.

CAPÍTULO XIX
Viaje de Popayán a Pasto — Estancia en Pasto.

CAPÍTULO XX
Viaje de Pasto a Quito.

CAPÍTULO XXI
Ecuador.

CAPÍTULO XXII
Ascensión al volcán de Pichincha.

CAPÍTULO XXIII
Ascensión al Antisana.

CAPÍTULO XXIV
Tertulias y puros.

CAPÍTULO XXV
Ascensión al Chimborazo (1831).

CORRESPONDENCIA 1818-1826
Correspondencia I-X
Correspondencia XI-XVI
Correspondencia XVII-XXII
Correspondencia XXIII-XXIX
Correspondencia XXX-XL
Correspondencia XLI- LI
Correspondencia LII-LXII
Correspondencia LXIII- LXXIII
Correspondencia LXXIV - LXXXI
Correspondencia LXXXII - CII
Correspondencia CIII - CXXIX

Llamé al doctor Jervis, el médico de las minas, para que me tratara las cortaduras y raspones que tenía en las piernas: me ordenó completo reposo y luego tuve la visita del padre Bonafonte, quien me obligó a relatarle mi penosa expedición.  

Habíamos salido de Anserma nuevo el 11 de febrero para entrar en el Chocó y después de 34 días de camino bastante penoso debido a las dificultades del terreno y a las vueltas que había que seguir para pasar la cordillera, salí por la misión de Chami el 7 de mayo.  

Las sinuosidades de los ríos no permiten evaluar, ni siquiera aproximadamente, el camino recorrido en cada jornada. De acuerdo con un mapa errado en lo relativo al Alto Chocó, habríamos recorrido, si la marcha hubiese sido en línea recta:  

Millas 
De Ansermanuevo ajuntas de Tamaná 24 ONO
Por el Tamaná, de juntas a Nóvita  14  O
De Nóvita a San Juan  8 ONO
De San Juan a San Pablo 8 NO
De San Pablo a Tadó 10 ENO
De Tadó a las Bocas de jatmo (sic)  19 EE-SE
118 millas (hay un error)  

A añadir a esas estancias rectilíneas por lo menos un tercio por las vueltas, o sea 39 millas, se hubieran recorrido, en 34 días, 157 millas o sea 4,6 millas.

Trataré ahora dos temas que no pueden dejar de ser comentados cuando se ha recorrido el Chocó:

I. La posibilidad de establecer allí una comunicación entre el océano Atlántico y el Pacífico.  
II. Los límites del terreno platinífero, tan parsimoniosamente repartidos en los terrenos de aluvión del Chocó.

El continente americano se angosta entre el 7° y el 18° de latitud boreal. Es una estrecha lengua de tierra en donde la cordillera sufre una fuerte depresión, ofrece varios istmos, por donde se pudieran llegar a abrir canales que comuniquen los dos mares. El istmo. más al norte es el de Tehuantepec, en México. Ya en 1520, Fernando Cortés lo señaló a Carlos V como “el secreto del estrecho”. Vienen a continuación, avanzando hacia el Sur, el istmo de Nicaragua (latitud N 10° a 12°) luego el de Panamá (latitud N 8°) y en el de Darién o de Cupica (latitud 6° a 7°) | (4) .  

Desde hace tiempo se han hecho y se continúan haciendo proyectos para establecer por uno de esos cuatro istmos un canal de gran comunicación, pero hasta el presente no ha resultado sino una línea de ferrocarril que atraviesa el istmo de Panamá. Lo que yo quiero discutir aquí es la comunicación del mar del Sur con el de las Antillas, por el Chocó, remontando el río San Juan de Charambira, para bajar luego al Atrato, recorriendo así una línea de 263 millas geográficas, aproximadamente, (28 leguas marinas de sur a norte). He insistido anteriormente sobre la curiosa disposición del valle del Chocó, atravesado a lo largo por dos ríos que corren en sentido contrario y cuyas fuentes se confunden hacia el 3° latitud, en proximidad a Tadó. Allí hay un dédalo de riachuelos que van unos al San Juan y otros al Atrato, el cual después de haber recibido al río Quito en Citará, sigue una dirección norte hasta su desembocadura en el mar de las Antillas. 

El San Juan y el Atrato nacen en un pantano común, ya lo he dicho, y que no ofrece ninguna separación visible. Este sitio, muy reducido, que he nivelado durante mi excursión, puede ofrecer una comunicación real entre los dos océanos.  

Las altitudes de las localidades cercanas a San Pablo son:

   Ribera derecha del San Juan   218 metros
   Alto del Arrastradero             378
   Tadó                                 127  

Estos son, sin duda, los puntos más elevados del relieve del terreno comprendido entre San Pablo y el río Cétegui, el cual va al río Quito, afluente principal del Atrato.

En 1788, el cura de Nóvita hizo cavar el pequeño canal de la Raspadura a los indios de su parroquia, en una zanja natural que periódicamente llenan las aguas de las inundaciones. En las épocas de sequía se va en pocas horas de Santa Lucía al río Cétegui, ruta que generalmente siguen los indios de chami cuando van a buscar mercancía a Quibdó.

Las caídas y los rápidos, tanto en el San Juan como en el Atrato, serán obstáculos insuperables para establecer por el Chocó, no una línea de navegación oceánica, sino una comunicación accesible a pequeñas embarcaciones, como se pudiera realizar al canalizar el pasaje de la Raspadura, en cuyo caso habría ya cierta facilidad para el comercio del interior, por cierto no muy importante. En cuanto a las grandes vías que no exigen trasbordos, es evidente que tendrán que ser abiertas, ya sea en Tehuantepec o en Nicaragua o por último en la bahía de Cupica. Estos canales al unir al Atlántico con el Pacifico, evitarían a los navegantes tener que doblar el cabo de Hornos.  

Para completar mi estudio geológico sobre el Chocó tengo que regresar a los yacimientos platiníferos. Los aluviones que encierran el platino mezclado con oro, ocupan un pequeño lugar sobre el inmenso terreno aurífero que se encuentra hacia el Occidente, desde la cima de la Cordillera Central hasta el borde del mar del Sur.

En el Chocó se han considerado los aluviones como los más productivos de la Nueva Granada. El oro en polvo que de ellos se retiraba anualmente, llegaba en 1800 a más de la mitad del producto total del Virreinato de Santa Fé y estaba avaluado en 10.800 marcos. La Provincia de Barbacoa y el Sur del Valle del Cauca, producían 4.600 marcos por año y la Provincia de Antioquia 2.400. El Chocó es la única provincia de la Nueva Granada en donde se hayan encontrado, hasta la fecha, arenas en las cuales el oro en granos está mezclado con granos de platino. Los lavaderos platiníferos presentan la particularidad de que comienzan hacia las fuentes del Atrato y del San Juan. Los más ricos en platino son los de Santa Lucía, Tadó, Santa Rosa, Condoto y Tapieto.

El platino de aluvión ofrece, excepto por el color, el mismo aspecto que el oro: los granos parecen como gastados en la superficie y son generalmente de pequeño volumen, aun cuando a veces se encuentran de buen tamaño; Humboldt regaló al Museo de Mineralogía de Berlín, una pepita de platino que pesaba 67,8 gramos; en el Museo de Madrid se conserva una con peso de 653,18 gramos; una pepita de oro encontrada en la misma provincia, pesaba 25 libras españolas.

En los libros más informados se lee que las minas de platino fueron descubiertas en 1735, en el Chocó, cuando es evidente que el descubrimiento de ese metal data de 1520 a 1530, cuando se empezaron a explotar los aluviones auroplatiníferos en esta provincia, es decir, poco después de la conquista de la Nueva Granada por Jiménez de Quesada, y cuando llegaron los esclavos importados de África al continente americano. Si el nuevo metal permaneció desconocido en Europa durante tanto tiempo, fue porque como no tenía ningún uso y ningún valor, no se recolectaba y los lavadores lo botaban; sin embargo la gran cantidad de granos de oro blanco que se separaban de los granos de oro amarillo en el lavado final, llamó la atención y se comenzaron a utilizar. Los catadores lo usaban como pequeña munición de cacería y en las ciudades se le guardaba en sacos, para que sirviera como contrapeso a los relojes públicos.

Pronto se denunció al gobierno que este metal, hoy día tan precioso, podía servir y en efecto así se hizo, para producir moneda falsa; por medio de fusión se le añadía al oro que se transformaba en moneda en los establecimientos del Estado; llegó a tanto esta falsificación que las autoridades hicieron arrojar al río Bogotá varios quintales de platino. Añadiré que muchos años después cuando este mineral adquirió valor, se le buscó en el río y no se encontró, probablemente por la buena razón de que los agentes encargados de llevar a cabo las órdenes del virreinato, lo habían robado.

En Europa se tuvieron las primeras nociones sobre el oro blanco, o sea el platino, cuando llegaron al Perú los académicos franceses enviados en 1731, para que midiesen, bajo el ecuador, 3 del meridiano con el objeto de determinar la forma de la tierra. Los químicos se entregaron con ardor a experimentar con el nuevo metal. De 1741 a 1752, Schoefer en Suecia y Lewis, Margraf y Macquer publicaron una serie de trabajos notables que revelaban sus propiedades principales; pero únicamente en 1790 fue cuando un orfebre de París, Jeannetty, al tratar el mineral del Chocó con arsénico, logró obtener platino maleable que estiraba en barras con el cual fabricó utensilios de química y de física. Fue el encargado de preparar en platino la regla con la cual se hizo el patrónmetro que se conserva en los archivos nacionales.

Con el tratamiento ideado por Jeannetty se estaba lejos de obtener el platino puro, pues retenía el arsénico y los metales que después fueron descubiertos: el paladio, el iridio, el sodio, el rutenio y el osmio. El doctor Wollaston perfeccionó la extracción del platino, tratando el mineral con ácidos.

Los cantos rodados, las arenas de aluviones auroplatiníferas del Chocó, de la misma naturaleza que los de los aluviones que producen únicamente oro y que en una extensión considerable de la Nueva Granada, ocupan el fondo de los valles del Magdalena, del Cauca, del San Juan y del Atrato, de donde hoy se retiran cantidades de oro considerables. De acuerdo con una cifra oficial publicada en 1800, la producción anual del antiguo virreinato de la Nueva Granada se elevaba a 17.880 marcos; ese era el peso del metal que recibían las casas de moneda y sobre el cual se cobraba el derecho del quinto, pero muy probablemente hay que añadirle un tercio, si se tiene en cuenta el oro enviado a Europa por contrabando. No volveré a hablar sobre los aluviones auríferos que ya he descrito; me limitaré a recordar sus principales características.

Son acumulaciones, en depósitos de rocas y cantos, cuya constitución geológica es idéntica a la de las montañas de donde se han desprendido: de la sienita porfidica, del grünstein y menos frecuentemente del granito de mica negra. Los cantos de esquistos son raros, lo cual se debe, sin duda, a la facilidad con la que se desmorona toda roca esquistosa. Es sobre todo en la cuenca muy circunscrita de la Vega de Supía, donde se puede asegurar que el depósito aluvial ha sido producido por la desagregación de las rocas vecinas, ricas en filones metálicos. Es el caso para el oro del llano de la Vega de Supía, donde se nota que los granos de ese metal son más grandes a medida que salen de aluviones más cercanos a las montañas; parece que se debe a que no ha “viajado”, según la opinión de los lavadores y que por lo tanto se ha desgastado menos por la falta de rozamiento y no es raro ver pequeñas pepas que todavía se adhieren a la ganga o sea oro “sobre venero”.  

En los valles donde el oro ha sido depositado a grandes distancias de las cordilleras, es decir, lejos de las montañas, se encuentra en granos más pequeños; así, en las arenas arrastradas por el San Juan, el terror es tal que el lavado debe hacerse con mucho cuidado.

En algunos aluviones del Cauca y de la Provincia de Antioquia, el oro está asociado con sustancias minerales que también se encuentran en los filones. Nombraré la pirita de hierro, los cinabrios que se retiran en grandes cantidades en los lavaderos de cuarzo y que he visto acompañar frecuentemente al oro nativo en las sienitas porfídicas Quiebralomo, el sulfuro de antimonio, conocido también en los yacimien­tos que se explotan cerca de Río Sucio, sulfuro que contiene, en su interior, partículas de oro, bismuto nativo de gran pureza (que no ha sido encontrado in situ) y glóbulos de cobre casi puro.

Gracias a su densidad estas sustancias como el hierro titanáceo y cromado, el hierro oligístico y alguna gemas como el rubí, el zafiro, el granate, etc. permanecen en el fondo de la batea, junto con el oro en polvo.

Después de examinar personalmente una gran cantidad de residuos del lavado de los aluviones del Cauca, de Antioquia y del Chocó, y del examen realizado por los señores Damour y Descloiseaud, puedo mostrar la lista de las materias concomitantes del oro y del platino.   

Granate almandino  Plomo molibdatado
Zircón rosado y amarillo  Cuarzo en granos
Hierro titanáceo Hierro odidulado
Rutilo Hierro arsenical
Mica Cimófano
Disteno  Hierro oligístico
Baierina (hierro niobo) Zircón incoloro
Monacita (cerio y lantano fosfatados)  

El señor Boussingault también encontró:

   Bismuto nativo                   Antimonio sulfurado
   Cobre                               Cinabrio  

Las sustancias comprendidas en esta enumeración no se encuentran en todos los aluviones: cada uno parece tener sus elementos propios como, por ejemplo, el cinabrio que se ha encontrado solamente en ciertos lavados de Antioquia; no ha sido encontrado en ninguna otra parte.

El bismuto y el cobre caracterizan algunos depósitos y no se encuentran en los depósitos vecinos; así sucede con el platino que no aparece sino en una zona muy limitada, en la inmensa extensión de aluviones que contienen únicamente oro.

De acuerdo con mis observaciones y las informaciones desgraciadamente poco precisas que he podido conseguir, esta zona platinífera estaría colocada entre la Cordillera Occidental y las orillas del Pacífico y comenzaría hacia el río Chami, todavía tributario del San Juan. De ese punto en adelante, al oeste de Ansermaviejo, las aguas corren hacia el Cauca por los ríos Opirama y Sopinga; el oro de esas localidades no tendría mezcla de platino.

Este metal lo encontré por primera vez en el valle del Tamaná, al atravesar la cordillera y se manifiesta constantemente en los aluviones del San Juan y es posible considerar que Tadó es un centro platinífero. Los Reales de Minas de los alrededores de esta población producen el oro más rico en platino y se puede pensar que éste existe más al norte, hasta los afluentes superiores del Atrato. Como ya tuve la ocasión de decirlo, en el dédalo de riachuelos donde se encuentran también dos picos montañosos, los cerros de Momboa y de Pojuarrá se debe considerar que comienza el terreno platinífero que se extiende al sur en el valle del San Juan. De Nóvita hacia el Sur es tierra que no se ha explorado y por lo tanto se ignora si se encuentran aluviones auríferos.

En Barbacoas, cerca del río Patía, se explotan aluviones de gran riqueza y el oro no contendría platino, aun cuando se hayan publicado análisis de ese metal donde se afirmaba haber sido recogido allí a 4 ó 5 miriámetros de la costa. En cuanto a las arenas arrastradas por el San Juan, contienen oro acompañado de platino, proveniente, sin duda, de la parte alta del río. El aporte de estos metales es continuo en las regiones bajas, puesto que si al cabo de cierto tiempo y aún después de una gran creciente se lava de nuevo una playa cuyos metales preciosos han sido agotados por las lavadas, se puede conseguir una buena cantidad de metal.

En resumen, la principal extracción de platino tiene lugar en el valle del Alto San Juan y este metal está siempre mezclado con oro en proporción de algunos centésimos. Es verosímil que en los yacimientos metálicos de las montañas en donde nace el San Juan y el Atrato, se encuentra el platino en filones. Yo pude ver oro con algunas partículas de platino en un “paco” (óxido de hierro hidratado) de las minas de Santa Rosa de Osos, cerca del punto culminante de la Cordillera Occidental.

El hecho sobresaliente de mi exploración es el haber encontrado que los materiales de los aluviones que contienen oro mezclado con platino, son absolutamente idénticos a los que no contienen sino oro y que se encuentran en los valles del Cauca, Antioquia y Chocó en el valle superior del San Juan. Las masas de agua que han desagregado esos materiales para transportarlos, en algunos casos, lejos de su punto de origen, han debido ser enormes y han podido alcanzar algunas veces alturas superiores a las del nivel del mar. Es posible que la formación de esos depósitos de cantos, de guijarros y de arena se remonte a un cataclismo contemporáneo al del levantamiento de las cordilleras. Los depósitos aluviales ocupan, naturalmente, el fondo de los valles; así que, con raras excepciones su altitud no es muy grande.  

En el Cauca se encuentra para los aluviones auríferos:  

Tuluá 1.000 metros
Vega de Supía 1.200 metros
A nivel del río 500 a 600 metros
En el Chocó los aluviones auríferos
se hallan en Juntas de Tamaná a 169 metros
Real de Aguas Claras 127 metros
Nóvita 180 metros
Tadó  127 metros
Real de Pureto 185 metros

Esas diferencias de nivel de los depósitos que no contienen sino oro y de aquellos con oro y platino, podrían tener algún valor si sobre la vertiente occidental de la Cordillera Central fuera del valle de San Juan a Barbacoas, a una altitud que se acerca a aquellas observadas en la zona platinífera, los aluviones no produjeran sino oro.  

 (N. del T.) En este viaje por el Chocó encuentro errores de geografía y de tiempo, pero los he dejado como los anotó el autor). 

 

(4) (Humboldt, Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, tomo IX, Pág. 327). (Regresar a 4)

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