24 de febrero. Por la noche hubo una tremenda tempestad... Antes
de salir de Aguas Claras visité las minas en compañía de la señora
Petronila. Como en toda esa región, se explotan aluviones formados
de escombros de sienita porfídica, roca que pude observar en la
quebrada del Guayabal. En el Real de Minas, el aluvión reposa sobre
un esquisto que tiene la apariencia de la grauvaca. El trabajo se
hace de manera de recoger la arena que se halla en proximidades de
la roca: se retira el terreno suelto y se limpia el esquisto que lo
soporta; la gravilla se amontona y se lleva a los canalones en
donde algunas negras colocadas en una corriente de agua, la agitan
con la ayuda del almacafre, retirando los guijarros para botarlos,
hasta no tener en el canal sino arenilla o sea arena negra en donde
domina el hierro titanáceo. Algunas gemas como rubíes, granates,
etc. Esa arena pasa en seguida a ser lavada en la batea, en donde
queda oro en polvo, ensuciado por la arenilla que el agua no ha
arrastrado; este oro se coloca en el “cacho” para llevar
a cabo la limpieza final.
Como se puede observar, esta es la misma modalidad de lavado que
se sigue en la Vega de Supía y en la Provincia de Antioquia. En
Aguas Claras, en una libra de polvo de oro, se encuentran
generalmente de 6 a 8 castellanos de platino: 6 a 8 centésimas.
Esta proporción es variable en las minas del Chocó y todo el oro
que se retira de los aluviones del río Tamaná o de los riachuelos
adyacentes, es platinífero. Estos aluviones no me presentaron
ninguna diferencia con los de Supía, sino que están asentados sobre
un esquisto de granos finos que tiene, lo repito, la apariencia de
la grauvaca.
Después de haber almorzado en el Real de Minas y antes de
ponerme “mi vestido de baño”, di un caluroso abrazo a
doña Petronila y me monté en una piragua, lo suficientemente grande
para llevar mi gente y mi equipaje; continuamos bajando el
Tamaná:
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Hora
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Dirección
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Observaciones
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9:35
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NO
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9:45
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NNO
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9:5
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SE
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10:0
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SO
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10:10
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OSO
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Sobre la orilla derecha, desembocadura del río Sesebo que viene
del Norte
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10:20
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ONO
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10:26S
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SSE
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10:35
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SSO
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10:45
|
NO
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A las 11 llegamos a la bodega de Nóvita, sobre la orilla
izquierda (altitud 100 metros, temperatura 29,4°). Desde las Juntas
habíamos bajado 69 metros, diferencia de nivel considerable si se
tiene en cuenta la poca extensión de camino recorrido: 13 o 14
millas. Hubo necesidad de subir una cuesta fuerte para llegara la
ciudad de Nóvita, en donde nos alojamos en casa de Joaquín Hurtado,
hijo de doña Petronila (altitud 180 metros, temperatura 26,4°).
¡Triste estancia allí! Las casas son de guadua, cubiertas de hoja
de palmera, construidas sobre un pantano y como apiladas las unas
sobre las otras. Las tiendas estaban repletas de mercancías de toda
clase y el terreno totalmente desbaratado, pues Nóvita está
construida en medio de antiguos lavaderos. Comenzaba a llover y
sentíamos un calor sofocante; a las 2, a pesar de la lluvia, el
termómetro se mantenía en 28°.
Nóvita tiene una casa de fundición, establecimiento a donde
llega la mayor parte del oro en polvo que sale de los Reales de
Minas para ser transformado en lingotes que son enviados a las
casas de moneda de Popayán o de Bogotá, para ser convertido en
onzas de oro amonedado, que valían de 15 a 16 piastras fuertes de
plata.
Una fundición en la que estuve presente me interesó mucho,
porque vi practicar la “desplatinización” del oro en
polvo: yo estaba acompañado por un caballero que en mi honor se
había vestido a la europea, con todas sus galas: pantalón blanco,
sombrero de paja de gran finura, chaqueta en paño azul, que me
llamó la atención porque tenía 8 bolsillos, de donde salían las
extremidades de 8 pañuelos de seda, lo que no impedía a mi hombre
sonarse con los dedos que inmediatamente se limpiaba en sus
cabellos crespos; pies desnudos que es el calzado más higiénico que
se puede recomendar en una región en donde se camina constantemente
entre el barro. Era un sabio que me explicó en teoría lo que iba a
ver: el fuego, uno de los 4 elementos de la creación, el mercurio,
una lejía para purificar los metales, etc. Al fin comenzamos...
Primero se procedió a la desplatinización del oro en polvo, antes
de ser fundido; el polvo de oro generalmente 2 o 3 libras, se
coloca en una batea y se añade gradualmente el mercurio, al tiempo
que se le frota fuertemente con la palma de la mano y así se
constituye una amalgama bastante líquida; los granos de platino
resisten a la acción del mercurio. Se filtra éste a través de una
tela para obtener la amalgama sólida de la cual se separan, dentro
de la batea, los granos del platino. La amalgama moldeada en discos
de 2 o 3 pulgadas de diámetro y un espesor de 3/4, se destila para
sacarle el mercurio y esto se hace en un aparato de gran sencillez
el que más tarde apliqué en la purificación del mercurio con que
llenaba mis tubos barométricos. En una bandeja poco profunda, de
madera o de barro sólidamente asegurada y llena de agua, se coloca
un ladrillo, cuya superficie queda por encima del líquido; luego se
calientan al rojo dos placas rectangulares de hierro, de cerca de 2
centímetros de espesor, 13 de largo y 8 de ancho; tan pronto están
al rojo, se coloca una de ellas sobre un ladrillo, luego el disco
de amalgama que se cubre con la segunda placa de hierro también al
rojo y sin perder un instante, se encierra todo en una marmita boca
abajo, cuya abertura, como es lógico, llega hasta el fondo de la
bandeja donde se ha puesto el agua; el mercurio emite vapores que
se condensan en metal líquido que se recoge bajo el agua. Al
terminar la operación se retiran los discos que se han convertido
en oro poroso. Algo así como una esponja metálica, obtenida por los
medios empleados en Bogotá y que ya he descrito.
De 6 libras españolas de oro en polvo, fueron retirados en mi
presencia, 19 castellanos de platino en grano, o sea, 2/10, lo cual
sería muy poco, pero no hay que olvidar que en las reales minas, se
procede a una primera desplatinización, antes de enviar el oro en
polvo a las casas de fundición. Nada tan curioso como esta primera
operación: el oro en polvo se coloca en la batea, imprimiéndole con
los dedos un movimiento muy rápido que deja ver el oro ir hacia
afuera, mientras que los granos de platino quedan en el centro.
Como se ve, yo había recibido de los negros una buena lección de
manipulación.
Durante mi permanencia en Nóvita no cesó de llover y como dicen
en el Chocó, allí no hay ni sol, ni estrellas. Sin embargo tenía
muchos deseos de fijar la latitud del lugar, lo que me fue
imposible, aun cuando tuve siempre listos mis instrumentos; durante
la noche miraba frecuentemente el cielo. De acuerdo con nuestra
marcha que desde Anserma Nuevo fue siempre al ONO, deduje que
Nóvita debe estar a 4°55” de latitud norte.
El cura de esta ciudad, el padre Cañarte, me dijo que el
termómetro se mantenía entre 23° y 29°, mi higrómetro de cabello
marcó de 950 a 1000. Este era un hombre original, gran entusiasta
de la Revolución francesa; sobre las paredes de su habitación había
hecho pintar los acontecimientos más destacados del terror, entre
ellos, la ejecución del desafortunado Luis XVI, según un grabado de
la obra de Prudhomme. Francamente yo no esperaba ver pinturas de
ese estilo, en medio de una selva del Nuevo Mundo.
De Nóvita se descubre un pico aislado, del cual se habla en toda
la región: el cerro de Torrá que se deja ver rara vez debido a la
permanente niebla; tuve la suerte de poderlo medir en el Sur-Este,
por medio de una rápida operación y considero que se halla a 6 o 7
millas de la ciudad. La leyenda dice que es un volcán, también que
una mina de plata; nadie nunca se ha acercado a él y me aseguraban
que los navegantes del océano Pacífico lo ven desde una gran
distancia de la costa.
En la capital del Chocó se vive entre una nube superpuesta a un
barrizal, de manera que uno se acostumbra a hábitos que no se ven
en otra parte: la gente permanece escasamente vestida y sin
calzarse; se usan sombreros-paraguas, de metro y medio de diámetro
y cuando llueve pueden abrigarse allí sin mojarse, unas 6 personas.
Para mi visita oficial al gobierno, atravesé la gran plaza de la
ciudad que se parecía a una pradera en donde pululaban los
batracios; yo llevaba la ropa bajo mí sombrero y mis botas y el
sable en la mano y llegado a la puerta de Su Señoría, vestí mi
uniforme y me calcé; después de una amable recepción que me hizo el
imbécil que gobernaba la provincia, volví a poner mis efectos bajo
el sombrero y regresé a mi vivienda.
Yo había pedido y obtenido un favor del señor gobernador: uno de
mis trabajadores que vivía en Anserma Nuevo, al saber que él iba al
Chocó, salió de su casa desnudo como un gusano, ya que iba a un
sitio donde no necesitaba vestirse; esto es cierto, con la
excepción del domingo durante la misa, pero un alguacil de Nóvita
que encontró en ese momento a mi carguero, le pidió ponerse un
calzoncillo o una camisa, no importaba cuál de las dos prendas.
—“¿Mi camisa?”, ¡pero si está a 30 leguas de
aquí!”
—“ Entonces a la cárcel por 24 horas".
Gracias a mi intercesión el gobernador hizo poner al muchacho en
libertad.
En otra oportunidad me llevaron a la cárcel para mostrarme a una
mujer admirablemente bella, condenada a muerte, pero la sentencia
no había podido ser ejecutada por falta de soldados para fusilarla;
esta infeliz era una mestiza de formas perfectas, joven, no más de
20 años y soportaba su cautiverio con resignación; me contó que
para desembarazarse de su marido, un viejo feo y celoso, le plantó
una flecha envenenada en la espalda: —“Nada más”,
añadió ella; le ofrecí un cigarro y continuamos conversando y
fumando. Sin embargo había algo feroz en su mirada; algún tiempo
después supe con satisfacción que esta encantadora criminal se
había evadido y se me acusó de haber contribuido a la fuga. ¡Pura
calumnia! La belleza hace abrir muchas puertas.
El 24 de febrero salí de Nóvita para llegar al río San Juan y
acercarme a la Cordillera Occidental. A las 5 de la mañana el
patrón me anunció que la embarcación estaba lista. Bajamos a la
bodega con una fuerte lluvia y allí encontré una piragua bastante
espaciosa, según se me aseguraba, para contener toda la expedición:
pero habiéndonos embarcado, hubo que reconocer que estaba demasiado
cargada pues la línea de flotación no estaba sino a 2 centímetros
del borde de la canoa y el menor movimiento nos habría podido
voltear. Conseguí una segunda piragua, pero todo esto nos tomó
algunas horas. Al pasearme por las orillas del Tamaná, vi a una
mujer ocupada en lavar arena: la operación debía ser buena porque
cuando llueve río arriba, la corriente siempre arrastra oro; lavaba
directamente en la batea sin previa concentración; en cada
operación la negra retiraba un poco de oro en polvo mezclado con
algunos granos de platino; la lavadora era una mujer muy pobre,
como siempre lo observé en las regiones auríferas; allí la gente
pide limosna al río, el cual nunca la niega.
A las 9 y media dejamos la Bodega de Nóvita, para entrar al río
San Juan que debíamos remontar para llegar a Tadó; en cada canoa
teníamos dos remeros, indios Chocós, que no sabían ni una palabra
de español, El juez Político de Nóvita les había dado
instrucciones:
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Hora
|
Direc.
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Observaciones
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9:35
|
NNE
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|
9:45
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ONO
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|
10:00
|
ONO
|
Río de Moncada sobre la orilla de derecha
|
|
10:10
|
O
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Sobre la orilla derecha, Real de Minas de San Lorenzo. Sobre
la izquierda capas esquistosas que soportan el aluvión
|
|
10:15
|
SO
|
Fuerte lluvia
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10:20
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NO
|
Entrada del río Caistana, orilla izquierda
|
|
10:45
|
SO
|
|
|
11:00
|
NO
|
|
|
11:15
|
ONO
|
|
|
11:30
|
ONO
|
|
|
11:40
|
NNO
|
Entrada del Tamaná, aguas muy altas
|
|
11:45
|
N
|
Navegamos río arriba
|
|
12:00
|
NNE
|
|
|
12:15
|
N
|
|
|
12:30
|
NE
|
|
|
12:45
|
NNE
|
|
|
12:55
|
NNE
|
A la izquierda, es decir a la orilla derecha de San Juan,
entrada del torrente del Lavadero
|
|
1:00
|
N
|
|
|
1:30
|
N
|
|
|
1:40
|
NNO
|
Orilla derecha del San Juan, entrada del Suruco
|
|
1:45
|
N
|
Rápidos
|
|
2:15
|
ENE
|
Se ven al NE un grupo de pequeñas montañas: Las Mojarras
|
|
2:21
|
ENE
|
Quebrada Majaqué a la orilla izquierda
|
|
2:30
|
NE
|
Entrada del río Iro, orilla derecha, muy abundante en oro
|
|
2:42
|
NNO
|
|
|
2:45
|
NNO
|
|
|
3:15
|
N
|
Orilla cubierta de chontaduros
|
|
3:30
|
N
|
|
|
4:45
|
ENE
|
Pequeño río, orilla izquierda entrada del río San Pablo, orilla
derecha
|
|
4:55
|
ENE
|
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En ese punto hay un arrastradero, o sea un sendero por el que se
puede arrastrar una canoa. En 3 horas de marcha llegamos a la
entrada del Cértegui, en el río Quito
|
(1)
, donde uno se embarca para llegar a
Quibdó. El arrastradero puede tener 14 millas y su dirección es al
norte del Cértegui; se baja el río Quito por 22 millas, en
dirección norte. Entre Nóvita y el río Quito no hay divisoria
visible.
Al subir el San Juan, a partir de la quebrada de San Pablo se
revela:
Hora Dirección
5:00 ENE
5:15 NNE
5:30 ESE
A las 6 abordamos la orilla derecha frente a la vivienda llamada
“Calle de los Popos”. Los negros que nos recibieron están
cubiertos de llagas, de úlceras venéreas, desfigurados por
afecciones cancerosas. Se consideran felices en una familia, cuando
hay una nariz completa para 10 personas: es un espectáculo muy
penoso. Hice establecer el campamento fuera de la casa y cocinamos
sin la ayuda de estos infelices que nos ofrecían sus servicios y
naturalmente, pasamos la noche en las canoas.
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(1)
|
N. del T. Aquí hay una equivocación pues los ríos Quito y
Cerlegue son afluentes del Atrato. (Regresar a
1)
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