INDICE





LAS MEMORIAS DE UN NATURALISTA Y CIENTÍFICO QUE CEDIÓ A LA TENTACIÓN DE SER OBSERVADOR Y CRÍTICO SOCIAL

INTRODUCCIÓN

TOMO I

CAPÍTULO I
Mi formación — La Revolución francesa — Napoleón — El espanto de la guerra — Humboldt — Preparativos de viaje.

CAPÍTULO II
Caracas — Los temblores de tierra — Ascención a la silla.

CAPÍTULO III
Valle de Aragua — Lago Tacarigua — Morro de San Juan — Sitio de Puerto cabello— El general Páez— El árbol de la vaca— Aguas termales de la cadena del litoral.

CAPÍTULO IV
Cordillera Oriental de los Andes — Su constitución geológica —Nivelación barométrica — Efectos del temblor de tierra de 1812, observados en diferentes localidades — Sierra Nevada de Mérida —Lago Urao— Pamplona, sus minas de oro— Hierro meteórico de Santa Rosa.

CAPÍTULO V
Explanada de Bogotá — Nación Muisca — Su conquista - Guerras de la Independencia — Descripción de la meseta.

CAPÍTULO VI
Las primeras luchas por la Independencia — Bolívar.

CAPÍTULO VII
Meseta de Bogotá — Constitución geológica — Sal gema — Salinas —Carbón — Minas de esmeraldas.

CAPÍTULO VIII
Bogotá — Situación — Clima — Costumbres — Aventuras — Excursiones por los alrededores.

CAPÍTULO IX
Excursión para determinar los límites del terreno al sur de Bogotá —   Valle del Magdalena entre honda e Ibagué — Observaciones sobre el aumento de la intensidad del sonido durante la noche — Puente natural de Pandi o Icononzo.

TOMO II

CAPÍTULO X
Jugo venenoso del ajuapar— Accidentes que sucedieron mientras analizábamos esa materia — El comandante don Juan con nodriza — Irradiación nocturna en Bogotá.

CAPÍTULO XI
Algunos de mis conocidos en Bogotá — El Libertador Bolívar —Personajes — Sucesos.

CAPÍTULO XII
El Salto de Tequendama — Historia de Manuelita Sáenz.

CAPÍTULO XIII
Expedición de 1824— En los llanos del Meta.

CAPÍTULO XIV
Cordillera Central y Cordillera Oriental— Valle del Cauca— Minas de oro de La Vega de Supía - Provincia de Antioquia.

CAPÍTULO XV
Paso de la Cordillera Central por el Quindío.

CAPÍTULO XVI
Viaje a la región aurífera y platinífera del Chocó.

CAPÍTULO XVII
Viaje al Ecuador— Estudios sobre la región volcánica.

CAPÍTULO XVIII
Ascensión al volcán del Puracé.

CAPÍTULO XIX
Viaje de Popayán a Pasto — Estancia en Pasto.

CAPÍTULO XX
Viaje de Pasto a Quito.

CAPÍTULO XXI
Ecuador.

CAPÍTULO XXII
Ascensión al volcán de Pichincha.

CAPÍTULO XXIII
Ascensión al Antisana.

CAPÍTULO XXIV
Tertulias y puros.

CAPÍTULO XXV
Ascensión al Chimborazo (1831).

CORRESPONDENCIA 1818-1826
Correspondencia I-X
Correspondencia XI-XVI
Correspondencia XVII-XXII
Correspondencia XXIII-XXIX
Correspondencia XXX-XL
Correspondencia XLI- LI
Correspondencia LII-LXII
Correspondencia LXIII- LXXIII
Correspondencia LXXIV - LXXXI
Correspondencia LXXXII - CII
Correspondencia CIII - CXXIX
LAS MEMORIAS DE UN NATURALISTA Y | CIENTÍFICO QUE CEDIÓ A LA TENTACIÓN DE SER  OBSERVADOR Y CRÍTICO SOCIAL 
 

 

Una lectura de las Memorias de Juan Bautista José Diosdado Boussingault nos invita, de por sí, a hacer lo que el compromiso de redactar una introducción impone: someterlas a una evaluación crítica sistemática. Pero debo comenzar reconociendo que si esta última se refiriera al grueso de la obra, es decir, a su contenido producto de la actividad del naturalista, probablemente no se justificaría, ni sería yo el indicado para intentarla. De no mediar la circunstancia de que Boussingault cedió a la tentación, si bien ocasionalmente, de convertirse en observador y crítico de la sociedad y de personajes notables de la época, casi seguramente que su obra pasaría inadvertida. Esto sería posible incluso en lo relacionado con su contenido naturalista, pues fue en otros campos donde el autor se recomendó como científico a la posteridad. Pero el hecho es que la obra de Boussingault interesa a una gran porción de los latinoamericanos, sobre todo, porque el autor dijo cosas que otros no dijeron y las dijo de manera que otros no osaron. Esto último justifica que comience por el autor.

El autor. |Antes de seguir adelante cabe dejar sentado un precepto: el autor de unas memorias no es nunca el mismo hombre que hizo o vivió lo que ellas recogen y relatan. Es, siempre, el hombre que dispone su presencia no sólo en el recuerdo de los demás sino también en el suyo propio.

En primer lugar conviene observar que se trata de un hombre que cuando redactaba sus Memorias, posiblemente rondando los ochenta años de edad (murió el 11 de mayo de | 1887 en París, donde había nacido el 2 de febrero de 1802), estimó necesario recordar que cuando presentó su examen de catecismo para hacer su Primera Comunión, en 1814, y tenía apenas 12 años de edad, un abate le preguntó : “¿Qué es Dios?”; a lo cual comenta: “me fue imposible contestar y confieso que hoy tampoco podría responder”. ¿De qué personalidad podía venir semejante “confesión”? |.

|El autor se presenta a sí mismo como un hombre “que no disimulaba mis ideas |" |; lo que hizo muy peligrosa su estancia en Paita, en medio de “mulatos famosos, durante la guerra de independencia, por las atrocidades que cometieron con las tropas de la República y por su devoción a la causa realista". |Ahora bien, no cree incurrir en contradicción cuando dice, poco después, que salió de Pasto: “Teniendo en cuenta que había permanecido en medio de una población tan hostil al ejército republicano, si alguien me hubiese preguntado cómo me había ido, le habría respondido como Sieyes después de El Terror: "Viví". |

En todas las circunstancias, aun en las que encerraban mayor riesgo para su vida, el autor dice haberse comportado como un hombre valiente y decidido, hasta el punto de que recoge pesaroso un caso en el cual incurrió en la flaqueza de no haber hecho operar, sin su consentimiento, a un obrero galés víctima de un extraño accidente: “En mi situación yo podía actuar como lo considerara mejor, no lo hice y procedí mal”. |

|El ser intolerante con la propia flaqueza parecía autorizarlo para arremeter contra la de los demás, como para aplastar con su agudeza lapidaria a aquel señor Lasso, arzobispo de Quito, “un santo varón de la más alta ignorancia. |Dice haber dado prueba de su entereza moral, igualmente, cuando supo alejarse a tiempo de circunstancias que la habrían comprometido, como ocurrió cuando se encontró envuelto en fiestas de muy dudoso gusto, que tendían a convertirse en ocasión para dar rienda suelta a | |prácticas bárbaras, indecorosas o de mal gusto, como sucedió en el caso de un |" |puro” quiteño que “llegó a proporciones monstruosas”, o en una ocasión en la que tuvo lugar una escena ‘ |¡ |escandalosa, inmoral, pero dive |rt |ida!”. Todo mientras él mismo sostenía con la inspiradora y promotora de esos excesos “una relación platónica |".  

|Cosa bien d |ifíci |l, y |probablemente hasta heroica, para quien así encontraba fuerza de ánimo para retraerse de situaciones y ocasiones que podían comprometer su integridad moral y por lo mismo disminuir su autoridad para en |j |uiciar, generalmente de manera implacable y hasta desmesurada, personajes diversos y aun amigos. Más para un hombre que resultaba extremadamente atractivo a las mujeres porque tenía “la fama de ser el oficial más flaco del estado mayor”. El mismo que fue visitado nocturnamente por una atractiva dama que se “quedaba conmigo una o dos horas, luego se iba por donde había llegado, es decir; por la ventana"; y que al dejar él Mariquita le envió “una cadena de oro con una nota que decía: |" |Consérvala, es todo lo que poseo”. El mismo a quien otra dama le hizo una espontánea y |sorpresiva “exposición de sí misma: era una bella estatua, ¡Qué muslos |! |¡ |Qué senos |! |y todo proporcionado a su estatura, 1,58 metros |". |Valga por cierto la ocasión para dejarnos la duda sobre qué admirar más: el irresistible atractivo, el ojo artístico o la precisión del cient |í |fico. Nada de extraño hubo por consiguiente, en que al |partir de Cartago y Anserma dejó “amigos y especialmente amigas que me vieron partir con tristeza |". |Estado de ánimo que seguramente embargó también a la bella, en Paita, " |a |quien mi asistente Vicente me la traía por la noche”. Pero no debe creerse que no fue capaz de inspirar un amor pu |ro |, como el que arraigó en | |aquella Catita, quiteña, "pues éramos y seguimos siendo, los mejores amigos”, y que “sentía no tener la pluma de San Agustín para expresarme cuán infeliz se sentía desde mi partida".

|Sin duda influido por lo más notable y creativo de la estética del primer imperio francés, es decir, el escote bajo, Boussingault se muestra en reiteradas ocasiones como un admirador dedicado de los senos, en algunas ocasiones con un tono de exquisitez, en otras, con apreciaciones más bien groseras. Nos cuenta, así de aquellas jóvenes y esbeltas indias chami, “bien proporcionadas, con senos que miran al cielo, como bonitas estatuas y se mantienen así mientras no les venga la menstruación". |Buen conocedor de la materia, se comprende que se hallase una vez en el trance en que lo puso una joven mulata “que no tenía sino un solo defecto muy excusable: el de exigir que le admirara los senos, por cierto irreprochables ya que ella tenía el sentido de su valor”. Felizmente, no era el caso de aquella otra, tan solícita en atenderlo cual nodriza: |" |¡ella misma estaba provista de un magnífico aparato mamario! |" |. Lo que le hizo recordar, seguramente, a aquella ubérrima Candelaria que le salvó de una fortísima intoxicación, sufrida al examinar científicamente el jugo lechoso del ajuapar, tratándole tópicamente con su leche, pero que “viendo que tenía dificultad para tomar los alimentos porque mis labios estaban ulcerados, se le ocurrió darme de mamar: ¡era delicioso!” Pero no le bastó con esta apreciación: “Yo aprovechaba el privilegio que tienen los bebés de apretar y palpar el seno que los alimenta: ¡qué tetas! ¡Tenían el volumen de una enorme calabaza!” Pero hubo más; ya restablecido, cuando se encontraba con tan singular nodriza “la buena negra me llevaba a un rincón e insistía en que tomara unos tragos de su leche, cosa que yo no habría podido rehusar”. La cosa llegó | |al punto de que al observarle alguien que “un lactante que acariciaba a su nodriza cometía algo así como un incesto”, estuvo cerca de producirse un duelo, saliendo él en defensa de “un bello seno de ébano |".

¿ |Por qué me detengo en estos aspectos? Por tres razones que estimo de interés: En primer lugar, revelan una personalidad incapaz de incurrir en un déficit de autoestima, lo que mucho importa para evaluar su juicio sobre todo en lo concerniente a las mujeres. En segundo lugar, crea una sugestiva confusión entre la que podría interpretarse como “candidez científica” y una maliciosa aproximación a los demás. En tercer lugar, cabe observar, tomando en cuenta la época cuando la obra fue escrita, que el relato se corresponde con lo que el gusto francés de entonces esperaba de los viajeros franceses que les descubrían nuevos mundos: una curiosa mezcla de observaciones científicas, juicios basados en una irrenunciable conciencia de superioridad cultural y pasajes más o menos escabrosos que dieran prueba del estereotipo del francés galante. ¿Cuánto pesaron estas obligaciones en el testimonio del autor?. | |

El naturalista y científico. |H |e dicho que la evaluación informada de los resultados científicos de los trabajos de Boussingault no es cosa de la que pueda ocuparme. Me limitaré a señalar algunos aspectos que estimo relevantes al efecto. |

|Respecto de su valor inicial como naturalista y científico, antes de venir a América, el propio autor nos da una indicación, incurriendo en uno de esos actos de modestia a los que no se mostró muy inclinado. Dice que Humboldt le dio “una carta de recomendación para el general Bolívar, en la cual me convertía en un personaje importante, exageración dictada por sus buenos sentimientos |".

|Luego de diez años en América, su regreso a Europa pasó poco menos que inadvertido, en un escenario dominado por el prestigio de quien tan generosamente lo había recomendado. No le | |fue | |fácil labrarse un lugar en el mundo científico, pero, según las noticias, lo consiguió a base de tenacidad |, genuino talento y creatividad demostrada. Pero este resultado no provino de su “descubrimiento” de América sino de sus trabajos en agronomía y fisiología vegetal. Ahora bien, el interés de Boussingault en estos campos, que le valió ser considerado el fundador de la agronomía moderna, nació durante sus andanzas americanas. Ocurrió mientras dirigía los trabajos en Río Sucio, en las minas del Cerro de Marmato, en circunstancias que interesa apreciar: “La población negra no alcanzaba para el trabajo; se trajo mano de obra de la provincia de Antioquia y llegaban trayendo con ellos víveres para 45 días y |luego regresaban para volver de nuevo. Para tener obreros fijos, había necesidad de organizar su subsistencia y | |fue así como se comenzó el gran cultivo de bananos en la hacienda de Cucurusapé, en las orillas del Cauca. Se comenzó a desyerbar para sembrar maíz, yuca y leguminosas y el comercio de Antioquia pronto aportó harina de trigo, cacao y café. Al organizar esta agricultura tropical, comprendí que se debía pedir a la tierra los alimentos indispensables para la población, en una palabra, que había que cultivar para vivir. De esta época datan mis estudios de agronomía".

Se dio de esta manera una doble situación bien interesante: | por una parte, el interés que Boussingault no logró despertar en Europa, en razón de su “descubrimiento humboldtiano de América |" |; sí lo consiguió mediante el desarrollo de una inquietud científica que le nació en tierra americana. Por otra parte, el interés que su obra ha despertado en América no se ha debido a sus observaciones científicas sino, justamente, a | lo que expresamente declaró, como veremos, que no era de su interés, es decir, la observación de la sociedad y de los individuos, representados estos últimos, sobre todo, por Simón Bolívar y Manuelita Sáenz.

El “aventurero”. |Con apenas veinte años de edad y después de dos meses de navegación, llegó Boussingault a La Guaira el 22 de noviembre de 1821. No era, de ninguna manera, propiamente un aventurero el que desembarcó ese día y comenzó a conocer una población semidestruida por el terremoto de 1812, empobrecida y diezmada por la cruel y prolongada guerra aún no finalizada. |

|El viajero, más que el aventurero, dice que había desdeñado una oferta del bajá de Egipto consistente en 6.000 francos de sueldo y un grado en el ejército egipcio acorde con ese sueldo. No aceptó porque “no me gustaba el Oriente “.

|De esta manera, el autor tiene el cuidado de hacernos comprender que no escapaba de una Europa que no le ofrecía posibilidades. Tampoco que careciera de ofertas. Sólo que “estaba escrito que yo no permanecería en Europa: yo deseaba viajar para continuar mis estudios de geología en países lejanos". |¿Qué le hizo decidirse por Colombia? Poderosas razones: ‘Me ofrecían 7.000 francos de sueldo, un grado equivalente a ese sueldo y mi transporte en un buque de guerra; además, debía suscribir un contrato por cuatro años”. Pero el autor advierte que también hubo razones científicas:“Como yo no conocía sino los volcanes apagados de Auvernia y en los Andes abundaban los activos, no vacilé en lanzarme a la aventura".

|Efectivamente, con ello comenzó su aventura bajo contrato. Pareciera que en sus Memorias |Boussingault se sintió obligado a corresponder al compromiso así contraído con el público | |francés de la época cuando las redactó. Ya vimos que para este fin salpicó su aventura científica de pasajes picarescos; y para su tiempo, incluso escabrosos. Añadió, además, dos nuevos elementos: admitió que se le presentara como coronel del estado mayor de Bolívar, cuando este rango se debía tan sólo a su contrato y, seguramente, para justificación administrativa del mismo. Así una reseña biográfica asienta: " Durante la guerra de la independencia americana acompañó al general Bolívar en sus campañas, alcanzando el grado de coronel”. En segundo lugar, el héroe aventurero brindó a su público la consiguiente colección de incorrecciones geográficas e históricas elementales que se corresponde muy bien con la visión histórico-desdeñosa de lo diferente, propia de un viajero procedente del entonces país símbolo del desarrollo cultural y científico. Valgan algunas muestras: “Cuando Francia invadió a España, un espíritu de emancipación se manifestó en todas las posesiones españolas. Primero Cartagena y luego Quito, declararon por medio de actos solemnes su separación de la Madre Patria. |Ya antes había dicho que el general Pablo Morillo “llegó a Venezuela, puerto de la Nueva Granada"; y que “una Asamblea constituyente confirmó en julio de 1825 en la ciudad de Rosará de Cúcuta las leyes promulgadas en Angostura". |Pero este desdén por la precisión de los datos, impropio de un científico, se desbordó cuando se refirió a algunos personajes. Buena muestra de esto es su presentación de “un pastor excelente y venerado |", |nombrado por Bolívar “obispo de Chiapa en Bolivia |" |; |el “monje franciscano" que fue su preceptor, el señor Robinson, por otro nombre, Simón Rodríguez. Recuérdese que Boussingault escribió, presumiblemente cerca de su muerte, ocurrida en 1877, cuando seguramente no carecía de posibilidades de corroborar la información. | |

|Así |, |hay también espacio para la fantasía de América, en un juego alusivo a las maravillas de este continente narradas por los cronistas de Indias y para el desdén por las actividades políticas e ideológicas de los criollos americanos. En 1824, en una choza cercana del Río Sucio “habíamos comenzado una descripción de las maravillas de América meridional y cada uno ponía lo suyo: El río Cauca ofrece el fenómeno de tener una de sus riberas plantada de caña de azúcar y la opuesta con limoneros y naranjos |; |al venir la maduración de las frutas botábamos al agua los limones, las naranjas y la caña de azúcar y el Cauca se convertía en un río de limonada”’. Por su parte, los conspiradores del 25 de septiembre de 1828 quedan sepultados con el siguiente epitafio puesto por el autor |: |“los conspiradores eran simplemente unos exaltados ambiciosos |".

Las circunstancias. |Los acontecimientos en los cuales se desenvolvió Boussingault y produjo su obra formaron una doble vertiente. Una estuvo integrada por la acelerada y cruenta secuencia de cambios sociopolíticos en la cual se formó y actuó como súbdito |y |ciudadano de Francia. La otra, por el cambio operado en la percepción europea de la situación de las antiguas colonias españolas de América, entre el momento de su experiencia americana y el momento cuando presenta su recuerdo de ella. |

|La adolescencia de Boussingault transcurrió entre el ocaso del imperio napoleónico y la restauración absolutista |b |a |j |o Luis XVIII |. El autor entrega algunas claves para la comprensión de la que consideraba fue su actitud ante tan dramáticos acontecimientos. Así refiriéndose al emperador cuando éste retornaba de su exilio en la isla de Elba dice |: |“Los que creían en el liberalismo de Napoleón eran muy escasos |", |de manera que cuando acudió a la plaza del Carrusel para verlo entrar en | |Las Tullerías, el 20 de marzo de 1814, yo iba por curiosidad, puesto que no tenía interés en ningún partido”. Asimismo observó, al regresar Luis XVIII al mismo palacio, el 8 de julio siguiente: “La población, especialmente la burguesía, parecía ser monárquica", |con lo que “la gran reacción monárquica iba a comenzar”. |

|Es decir, pretendiendo ser indiferente políticamente, pero crítico del imperio y no menos de la monarquía restaurada, parecería clara su preferencia republicana, pero teniendo buen cuidado en sentenciar que: “Habíamos llegado a la triste época del ‘terror blanco’, tan sanguinario como el del 93”. Ahora bien, aun tratándose de unas memorias, no se puede sino pensar que el autor, más que ponemos frente a sus actitudes políticas contemporáneas de los acontecimientos que refiere, lo que busca es recomendar al republicano moderado que fue elegido representante por el Bajo Rin a la Asamblea Constituyente de 1848, una vez completo el ciclo desde Luis XVIII hasta Luis Felipe, pasando por Carlos X. Es decir, desde el imperio a la restauración absolutista y de ésta a la monarquía constitucional liberal. Cuando ocurrió el tránsito desde esta república fugaz al Imperio restaurado bajo Luis Napoleón, Boussingault se retiró de la política y se dedicó a sus estudios y trabajos de agronomía en sus posesiones de Bechelbron, creando allí la que es considerada la primera estación agrícola experimental en el sentido moderno.

|Queda claramente establecido, por consiguiente, que nuestro autor fue un republicano, moderado en política y un tanto librepensador si no algo anticlerical. El republicano moderado se pone de manifiesto en sus observaciones nada benévolas, pero respetuosas, respecto de Napoleón. Igualmente, en sus claramente adversas referencias a la política de Luis XVIII y no menos claramente, en sus ocasionales referencias a la | |Revolución francesa, con motivo de la presencia que de ésta percibió en tierra americana. Tal fue el caso del joven mulato doctor Orta, “un entusiasta de la Revolución francesa, que sabía, pero mal, un montón de cosas.   |También el de “un viejo francés, Argagnil, uno de los sans culottes |de Marsella en 1793 |", |que participó en la conjura septembrina de 1828. 0 el de Gabriel de la Roche, que “había servido con los comuneros de Francia y emigró, durante la revolución, siendo de los pocos que pasaron a América”. Pero sobre todo el caso del cura de Nóvita, el padre Cañaste, “un hombre original, gran entusiasta de la Revolución francesa; sobre las paredes de su habitación había hecho pintar los acontecimientos más destacados del terror, entre ellos la ejecución del desafortunado Luis |XVI”. 
|Lo que hace exclamar al autor: “Francamente, yo no esperaba ver pinturas de este estilo, en medio de una selva del Nuevo Mundo. |De esta manera, entre desdeñosa e irónica, subrayando lo pintoresco si no lo insólito, pero siempre con procurado desinterés, la presencia de la Revolución francesa queda recluida en la anécdota. |

El rasgo de librepensador, con su ribete de anticlerical, pero no necesaria ni propiamente antirreligioso (esto lo habría acercado al censurado 93), tuvo su raíz en la adolescencia, cuando a los catorce años era alumno de la Escuela de Minas de Saint-Etienne: “En la escuela, sin excepción, todos éramos “liberales” y “anticlericales”. La persistencia de esta actitud se advierte en su constante e implacable apreciación crítica de la conducta moral de curas y monjas, así como del catolicismo que éstos representaban y de la inutilidad de su empeño catequizador de indios. Pero llega a más en los casos y episodios que le permitieron escribir: “La moral de la gente de Iglesia no es siempre muy delicada. Yo conocí más de un cura que prestaba dinero a fuerte interés. Otros comerciaban vendiendo vestidos y víveres a sus parroquianos". Pero se detiene en episodios reveladores: el del hermano guardián del convento de la Capuchina, en Bogotá, que le propuso asociarse para falsificar reliquias y traficar con ellas; el del padre Bonafonte, quien “me invitó a asistir a una misa, en mi calidad de católico, lo cual poco me interesaba"; lo convirtió en su eficiente campanero y como tal lo hizo cómplice de una superchería en la cual se combinaron los conocimientos metereológicos del francés y la credulidad de los parroquianos para anunciar infaliblemente el milagro del patrono, San Sebastián, haciendo llover mediante una procesión organizada a la voz de “¡Suelten al Santo!”, dada por el francés. También el caso, más grotesco, de la bufanda y el cepillo de dientes que le fueron sustraídos y convertidos en preciosos adornos de la Virgen de Quinchía.

Tenemos, en suma, un republicano moderado, liberal, anticlerical y en ocasiones francamente irreverente. |

La segunda vertiente de las circunstancias en las cuales se produjo y publicó la obra de Boussingault que nos ocupa, está representada por la evolución seguida por la percepción europea de la América republicana que combatió contra el absolutismo y que tuvo en Simón Bolívar el campeón de la libertad. Los republicanos europeos, que venían de regreso de los excesos del 93 y del imperio y que se hallaban sometidos al neoabsolutismo, vieron con especial simpatía al movimiento y su símbolo. Pero estos últimos, no menos que sus admiradores, sufrieron una notable evolución: el movimiento independentista se volvió un triste cuadro de desorden que abrumaba la pretendida libertad; Simón Bolívar echó mano de la dictadura en 1828 y derogó los principios liberales por los cuales se había luchado. Mientras tanto, el clima ideológico europeo hacía | prevalecer la aspiración de orden sobre la de libertad, en todo caso, sobre la libertad a la hispanoamericana.

|Al juntarse ambas vertientes en el espíritu cercanamente octogenario del memorialista, se formó un clima conceptual que seguramente ilustra la comprensión de los testimonios y juicios críticos que integran la obra de Boussingault. En una carta que le dirigió un familiar, el 27 de marzo de 1826, se encuentra crudamente expresado el proceso ideológico al que me refiero: “No podemos, nosotros, ciudadanos apacibles de la vieja Europa, ver las bondades de los países que recorres, como las serpientes, las flechas envenenadas de los salvajes de tu nación, las cadenas de montañas y los precipicios; pero en cambio vemos las gracias de Joko, la coronación de Carlos X, la llamada a nuestros señores los discípulos de Escobar o de los jesuitas y muchos incendios especialmente el del circo de Franconi”.   |En suma, la contraposición entre la Europa de civilización y orden y la América, primitiva, cuya libertad naufragaba en el desorden. |

La obra. |Me atrevo a sintetizar un juicio: se trata del informe de un naturalista en el cual se injertan una probanza de méritos y un arreglo de cuentas; este último entre picaresco y despiadado. Probablemente, en lo que concierne a méritos y arreglo de cuentas, se trate de componentes o rasgos que son normales en el género memoria y conviene tener esto presente a la hora de evaluar el testimonio ofrecido. |

|El informe del naturalista sigue la pauta del elaborado por Humboldt. Por supuesto, no así el conjunto de la obra, dada la presencia de los otros componentes. Nada de sorprendente hay en lo primero, puesto que el ilustre naturalista fue el promotor de la empresa científica. “Humboldt se interesaba vivamente en nuestra expedición: debíamos recorrer los sitios | |por él visitados hacía 20 años y residir allí para completar algunas de las observaciones que había hecho. Los progresos científicos que se habían hecho en geología y en geografía desde su viaje memorable, exigían una revisión cuidadosa de los terrenos sobre los cuales pasó muy rápidamente y de las posiciones geográficas que no habían sido determinadas con una precisión suficiente”. Por otra parte, en carta del 21 de agosto de 1822 Humboldt aseguró a Boussingault que un compromiso suyo con el rey de Prusia “no cambiará en nada los proyectos que deben reunirme con usted en el Nuevo Mundo”, |pues al parecer el sabio había concebido la idea de radicarse en México junto con algunos de sus discípulos. Se esclarece de esta manera uno de los aspectos no expresos del contrato colombiano, tal como lo presenta el autor. 

Ahora bien, este propósito científico se compagina mal con el hecho de que se va definiendo a lo largo de un relato en el cual su autor se muestra frecuentemente como un chismoso que aprovecha sus memorias para saldar cuentas con el pasado, también en Francia, en relación con hechos ocurridos tan tempranamente como en 1815 y refiriéndose a la conducta política de colegas suyos, hombres de ciencia, tales como Claude Berthollet (1748-1822), Georges Cuvier (1769-1832) y Pierre Simon Laplace (1749-1827). Respecto a este último es extremadamente duro. Es decir, Boussingault da testimonio, de igual manera que lo da sobre los hechos y actitudes que conoció mucho más tarde, sobre hechos y conductas que tuvieron lugar cuando él apenas contaba 13 años y sobre los cuales escribió medio siglo más tarde, puesto que él apunta: | “Hoy, cuando escribo estas líneas (sus Memorias), |quedamos pocos sobrevivientes” de los que iniciaron la Escuela de Minas de Saint-Etienne en 1816. | 

|Así, la probanza de méritos y los ajustes de cuentas se combinan en un relato en el cual se entrelazan signos diversos, y hasta contrapuestos, en cuanto a la fundamentación y alcance de las aseveraciones que lo pueblan. Se conjugan, de esta manera, afirmaciones sentenciosas sobre materias no sólo complejas sino también ajenas al entrenamiento científico de quien las formuló. Por ejemplo, cuando culmina dos párrafos sobre el movimiento de emancipación de las colonias españolas de América con esta frase: “he aquí el origen de la guerra de Independencia |" | |.

|Pero son numerosos los testimonios directos que revelan una visión equilibrada de sucesos y personajes. Así, por ejemplo, cuando describe aspectos del sitio de Puerto Cabello, puesto por Páez, y el aspecto del ejército sitiador. “Los extranjeros que no habían hecho la guerra, se sorprendían del aspecto miserable del ejército colombiano. Olvidaban que estaba en campaña desde hacía más de dos años y ni en Europa hubiese estado en mejores condiciones, después de haber soportado tantas fatigas y privaciones”. Igual cuando dice de unos conscriptos que vio ejercitándose. “Pobres diablos estos indios, sin sombra de una opinión política, sin el menor patriotismo, para hacerlos marchar contra los españoles tan pronto supieran disparar un tiro de fusil”. De especial interés es su apreciación de la Conquista de América, apartándose en ella de la visión nada benévola que sobre este tema reinaba entonces en la historiografía francesa: “Los castellanos del siglo XVI demostraron en la conquista de la Nueva Granada el mismo valor y perseverancia que desarrollaron los conquistadores de México y del |Perú". |Cabría añadir muchas muestras. Por ejemplo, las referidas a la alimentación de los llaneros; a la Campaña de la Nueva Granada, que califica de “célebre campaña que había sido concebida y ejecutada con notable | |decisión e intrepidez ”; al pan que comió en Bogotá, “mucho mejor que el pan francés, cuya reputación, para mi es inmerecida |" |a la reacción contra Simón Bolívar en el Perú y en Pasto. Estimo muy reveladora su apreciación de que: “Bolívar se afectó profundamente con los sucesos del 25 de septiembre (de 1828) |y puede decirse que aun cuando escapó de milagro, fue realmente asesinado porque a partir de esa fecha su salud declinó muy rápidamente”. 

|No es menos ponderado, en ocasiones, su juicio global sobre Manuelita Sáenz: "De quien contaré las excentricidades lo mismo que su valor y su devoción por sus amigos"; la misma que el 25 de septiembre “mostró un gran corazón, audacia y una rara presencia de espíritu". |Su visión de los indígenas coincide, en muchos aspectos, con la ofrecida por diversas fuentes y su percepción crítica de las misiones y de la ineficacia de la cristianación de los indios, hace recordar la de Humboldt. En fin, son muchas las muestras de acierto en la observación y de ponderación en el juicio que hacen del viajero Boussingault una fuente histórica referencial de considerable utilidad. Pero esta utilidad no se restringe a hechos o situaciones determinadas y más o menos circunstanciales. 

|En algunos casos ofrece apreciaciones de conjunto que tienen una amplia proyección, como la referida a la presencia europea y francesa en las recién emancipadas colonias españolas. Así, por ejemplo, comentando el interés que despertaba en las señoritas de Bogotá la moda francesa y, particularmente, el corset, observa: “el comercio inglés se aprovechó, con la actividad febril que lo caracteriza, de los mercados que la libertad le había abierto. Los productos británicos llenaron los puertos de Chile y California, sobre la costa de México. Los franceses siguieron de lejos ese movimiento con su timidez habitual, porque el gobierno de Luis XVIII siempre había sido hostil a la emancipación de las colonias españolas. En pocos años se vistió como en Londres o en París. Los servicios de mesa no dejaron nada que desear. Se vieron vidrios en las ventanas de las casas y se instalaron en los apartamentos muebles fabricados en el Faubourg Saint Antoine”.



|Quizá para asombrar, a la francesa, a sus posibles lectores; quizá para abonar su compromiso de veracidad, el relato del viajero se apoya lo mismo en la crudeza que en la referencia a fuentes y en el recurso a la autoridad para él incontestable. Es la crudeza con que recuerda y describe “los indispensables lugares secretos” que para los hombres estaban al “aire libre” pero que para su uso se convirtieron en “la casa secreta" y de la que desaparecían los maculados fragmentos del Morning Herald, |el Times |y La Gaceta Nacional, |porque “ |¡ |el papel era muy raro en Sonsón!”. De igual manera es minucioso en la descripción de las costumbres de las “mujeres de vida alegre” de las clases alta y baja, como se pretende picaresco al |sugerirle al doctor Cheyne, luego de desabotonarle el uniforme a la falsa coronel Manuelita Sáenz, cuando se cayó del caballo: “¡Haga una exploración, ya que usted tiene conocimiento de los seres!”. El naturalista y viajero refiere sus asertos a fuentes: “Las crónicas |" |; Ulloa, Codazzi, La Condamine y Bougueur, Humboldt, Jacinto Morán y Tomás de Gijón. Pero al tratarse de la conocida anécdota con que ilustra el desenfado de Manuelita Sáenz al mostrarle el bordado de su camisa, ampara su veracidad en una curiosa invocación de la autoridad: “Tiempo después, durante una escena en la casa de Poncelet (Jean Víctor, general y matemático, 1788-1867), |Arago (François, |1786-1853) contaba esta historia al edecán de Luis Felipe, general Baudrad, añadiendo |: | |Esto no se inventa! |" |Lo que tal vez querría decir, que ¡aprueba de la veracidad se encontraba en lo extraordinario de lo sucedido". |¡Cómo podría no serlo algo que el insigne Arago consideraba cierto! |. | |

El valor de un testimonio. |Al evaluar críticamente las Memorias |de Boussingault conviene tener presentes tres comprobaciones. En primer lugar, la de que ellas ofrecen un testimonio directo-indirecto, como toda memoria. Es |directo-indirecto en el sentido de que aun cuando sea genuino en su origen ha sido recreado para su transmisión. Ineludiblemente ese tránsito en los tiempos incide en la frescura del testimonio y condiciona su validez. En segundo lugar, la de que la obra de Boussingault entrega algunas claves para la captación, ¿y por qué no decir la comprensión?, del clima de opinión en el cual se desenvolvió el autor de las Memorias. |En tercer lugar, la de que debe tenerse presente que si bien toda memoria se escribe para servir a la historia, es demasiado pedirle al autor que omita el servirse a sí mismo ante la historia. |

|Pero la primera condición que debe satisfacer una memoria es la acreditación del testigo en lo concerniente a su idoneidad y a su objetividad. Lo primero tiene que ver con la aptitud del testigo para captare el objeto de su testimonio. Ahora bien, nada satisface mejor este requisito que el reconocimiento procedente de una autoridad indiscutida. En este caso, el interés de Humboldt, reiteradamente invocado por Boussingault, no dejaría duda alguna acerca de que el más reconocido naturalista de su época consideraba a nuestro joven autor apto para darle continuidad y comprobación a su propia obra. Pero faltaba algo: era necesario delimitar el campo en el cual se demostraría el fundamento de esa confianza en el espíritu y la aptitud científicas del autor. Para esto debe precisarse, preferiblemente dando prueba de modestia científica, el alcance del propósito: | “Le |j |os de mí la idea de publicar el diario de una larga residencia. Me limitaré a describir las observaciones recogidas en el curso de excursiones frecuentes y contar algunos acontecimientos surgidos durante la guerra de Independencia |". |Este era su | |propósito, al menos cuando llegó a Caracas, el 7 de diciembre de 1821. Lo formuló con más precisión en carta a su tío fechada Bogotá, 9 de diciembre de 1824: ‘Mi posición en Colombia es muy agradable. Usted conoce a España y los pocos recursos que ofrece; aquí es todavía peor, pero eso no me importa nada a mí, teniendo en cuenta que la sociedad de este país no es el objeto de mi viaje. En cuanto al país en sí; ¡es lo más bello del mundo!” Marcando la continuidad de su propósito, al iniciar su viaje a Ecuador, en 1830, ofrece: “No contaré por orden cronológico los incidentes de los que fui testigo algunas veces y algunas veces actor, pero hablaré de ellos a medida que el recuerdo llegue a mi memoria, es decir, que trazaré un simple itinerario de mi travesía del Valle del Cauca al Ecuador, recordando que tenía por principal objeto el estudio de los fenómenos naturales y, como accesorio, la descripción de la sociedad mezclada con la que conviví en las cordilleras. Esas serán, si se me permite decirlo, las indiscreciones del viajero”. Al decir esto ¿buscaba el autor tan sólo orientar acerca del valor de su testimonio sobre la sociedad? Creo razonable pensar que no hacía sino responder al patrón formado por los naturalistas del siglo XIX en su aproximación a lo americano, patrón que comenzó a formarse con los trabajos y los recuerdos de Humboldt y que llegó a adquirir visos de detestable. Consiste en que la naturaleza era mirada con interés, y en ocasiones con asombro, mientras que los hombres quedaban arropados, en el mejor de los casos, por una benevolencia desdeñosa, más proclive a sobrevalorar lo tenido por pintoresco que a estimular la comprensión de lo substancial.

|Las costumbres eran el terreno predilecto para dar curso a semejante actitud. Por ello se justificaba, para el autor, el presentar “a la señora de Páez” tomando y ofreciendo chimó | |  |mientras decía |"¿ |Quiere tomar de mi vicio?”, al igual que a las “jóvenes y atractivas señoritas de Mérida” dejándose crecer desmesuradamente la uña del dedo meñique para con ella servirse chimó. Así , al detenerse a comentar sobre “los indispensables lugares secretos para los cuales los colonos mostraron siempre una viva repugnancia”; a la “costumbre” de las mujeres de andar descalzas; a la transformación de una recepción en el llamado |" |puro |", |que llegaba a ser una “verdadera orgía, especie de bacanal, en donde las damas de la alta sociedad que generalmente bebían solamente agua, caían en una semí-borrachera”.

|Como observador de la sociedad que se proclamaba ocasional y |casi involuntario, Boussingault mostró poco interés por los esclavos y mucho por los indios: desde una presentación crítica del régimen incaico hasta la sexualidad, pasando por el hábito de sacar y comer los piojos y el gusto por el alcohol, no sin dedicarle un poco de discusión al mito del buen salvaje. Pero hay tres campos en los que las pretendidas actitudes del observador se vuelven curiosidad llevada hasta la fisgonería: la mujer, la gastronomía y las malas costumbres morales, sobre todo las de la clerecía. |

|La actitud de Boussingault ante la mujer americana es diferente según el nivel social de las observadas, pero de manera general es dura y hasta ridiculizante con las de la clase alta, mientras se vuelve benévolamente elemental con mulatas e indias, especialmente si eran bellas y sensibles a su atractivo masculino europeo. Así, las primeras eran atractivas, frecuentemente bellas, pero densamente incultas, licenciosas y superficiales, entregadas al ocio, fumadoras empedernidas y diestras en lanzar escupitajos. En cambio las otras eran sumisas, leales y hacendosas, además de generosas con sus encantos. | | |

|Son numerosas las observaciones gastronómicas. Frecuentemente ofrece detalladas e interesantes descripciones de los alimentos, de su preparación, de los hábitos alimentarios y de sus efectos en la salud. Modos de cocción, enseres y útiles de cocina, vajilla y cubiertos, bebidas más frecuentes, típicas e importadas, todo atrae la curiosidad valorativa del autor, quien así ejerce su capacidad de apreciación en un área de su predilección.’ “Las damas importantes de Bogotá son generalmente bellas, frágiles, delicadas y anémicas, a consecuencia de un régimen de alimentos poco substancioso, mucho azúcar, frutas y poca carne. Su débil constitución forma un contraste con la robustez de las mujeres del pueblo con su tez rozagante, con ojos y cabellos negros y músculos muy acentuados”. No omite el autor describir los alimentos habituales de indios y llaneros, así como los de los habitantes de las regiones selváticas y, muy detalladamente, la pitanza de los bogas del Magdalena. En esta materia también marca su nivel cultural el autor, acreditando su capacidad crítica. Para ello nos informa que una vez convaleció de fiebres dedicado al noble ejercicio de hacer “extractos de libros de cocina”; y contrasta, aunque benevolente, su pobre comida con el menú, publicado por el Morning Herald, |de un banquete ofrecido al alcalde de Londres por la corporación de los sastres: “sopa de tortuga, roast-beaf, |etc.; era como una ironía... |un bizcocho de casabe y una tortilla de maíz me parecieron también muy agradables, además tenía chicha, vino de los indígenas y tabaco”. |

Con especial dureza observa y juzga la vida de los religiosos | y sus conclusiones no pueden ser más definitivas. Refiriéndose a Bogotá afirma: “La clerecía era licenciosa e inmoral. Lossacerdotes y los monjes tenían concubinas descaradamente ovivían mantalmente con ellas”. Dice haber sido frecuente comensal del obispo Salvador, de Popayán, “quien era un español ilustrado y correcto, pero un realista furibundo”... “cuyo vino era delicioso, el servicio de mesa atendido con el mejor de los gustos y la cocina excelente”. |Además, el grato anfitrión “vivía honorablemente, con una dama que ya no era de primera juventud”, y se decía de él, según el autor una calumnia inaudita pero que recoge, que solía dormir entre “bayoneta” y “bayonetica”, dos ñapangas que eran madre e hija. Nada | |fa |l |ta en esta materia: “Las alcahuetas, generalmente vestidas con hábito de alguna orden religiosa |". |“En Quito, como en todas las ciudades de las cordilleras, a los primeros tañidos del Angelus, se ven salir ‘amigas’ que van a pasar algunos instantes con “amigos”. Es decir, había correspondencia entre la moral de la gente de iglesia y la moral pública: “La policía de Bogotá, lo mismo que sucede en las ciudades españolas, no protegía a nadie; se robaba impunemente y hubo tantos ataques nocturnos y asesinatos, que el congreso de 1823 decretó la pena de muerte contra los ladrones”. La moral pública relajada se expresaba en “esos bastardos que acogían las familias criollas”; en el crimen cuyo comentario era “ iQué belleza de puñalada!” o en la noción del pecado y en la ignorancia religiosa: “Yo conocí más de una bella pecadora que me decía confidencialmente. “Yo peco, me ponen una penitencia, no la cumplo y vuelvo a empezar”. 

|Todo se reduce a práctica exterior y estoy seguro de que especialmente las mujeres, no tenían la menor idea de la religión que practicaban con tanta devoción; muchas de ellas no adoraban a la Virgen María; en cuanto a Dios, las tenía sin cuidad". |Pero también los extranjeros, incluso los civilizados, se acomodaban a esta moral: el coronel inglés Hall había alquilado, durante un día a la semana, la esposa legítima a “un zapatero, muy buen hombre y muy devoto |" ; |uno de los oficiales del memorialista “estaba ‘amañado’ con una mujer blanca, una | | | niña de 16 años, fresca como una rosa, que él había importado para su uso, como estaba permitido entre nosotros”. Pero las debilidades del observador incidental de la sociedad que pretende haber sido Boussingault, no deben conducirnos al error de subestimar su capacidad crítica. Esta se manifiesta en relación con una gama de situaciones, acontecimientos y procesos que motivaron apreciaciones y juicios certeros, confirmados no sólo por otros observadores sino también por la investigación histórica crítica. Es más, dio pruebas de que su sentido crítico funcionaba tanto para fenómenos sociales de difícil captación directa, como para los hechos singulares, a veces de reducida proyección histórica pero reveladores de la postura del crítico. 

|Llama la atención, por ejemplo, la siguiente apreciación de la composición étnica de la población venezolana y de su proceso de mestizaje. “La abundancia de negros en Venezuela ha modificado, sin duda, la sangre azul de Castilla: dos razas en contacto, aun cuando una es abyecta en su relación con la otra, terminan siempre por mezclarse, primero entre los pobres y luego, si d |e |este cruce resultan mulatos atractivos, se extiende a la clase rica. En Caracas, varios personajes que yo conocía, sin duda tenían mezcla de sangre, en lo cual ellos jamás habrían convenido”. Acerca de la composición social en Bogotá, en 1822 y posteriormente, señala “las clases inferiores, porque entonces no había y aún no hay clase media en la sociedad”. En este mismo orden de ideas se refiere al período posterior a 1830, en una evaluación del proceso político y social que considera indigna de mención, por anárquica, la cual explica invocando un principio de sociología política: “Triste país aquél en donde no se encuentra la clase media reguladora que es la verdadera fuerza de una nación |". |No es menos terminante su juicio sobre el inútil esfuerzo misionero, amparado igualmente en una suerte de postulado: “La raza cobriza, como todas las demás, teme ser coaccionada, aun cuando ello contribuya a su bienestar; yo he vivido suficiente tiempo en las misiones para saber que esta raza no soporta, sin ser obligada a ello, ni siquiera la autoridad eclesiástica. No creo que jamás se haya obtenido un buen cristiano de un indio; las ceremonias religiosas los divierten, nada más”.

|Como para marcar la independencia de su sentido crítico, Boussingault somete al mismo a los europeos, si bien es particularmente proclive a ver los defectos de los ingleses. Cuando en Bogotá necesitaron un verdugo sólo se presentó un candidato: un borracho que había pertenecido a la Legión Irlandesa. Otro inglés, un coronel, asesino, era “uno de esos desechos de la sociedad que siempre llegan a todo país donde ha ya problemas políticos". |Siguiendo esta vía estableció contrastes entre América y Europa que resultan desfavorables a la última. Esto lo hizo no sólo en comprobaciones, fundamentales para un francés, como por ejemplo al decir que en Quito comió “un pan muy blanco como no se conoce en Europa"; sino también en aspectos más complejos: “Los trabajadores bajo mis órdenes eran negros esclavos, negros libres, mulatos y mestizos, lo cual, en mi aislamiento (en las minas de Marmato), |me daba un gran sentido de seguridad: gentes sobrias, sumisas y leales que mantenían a respetuosa distancia los 150 obreros europeos, hombres turbulentos, aficionados al licor en su mayoría”; que “se declararon en huelga”. |Pero el contraste desfavorable a Europa fue advertido también en la moral |: describiendo una borrachera de indios, hombres y mujeres, apunta: “Pero no había durante este episodio, ningún acto obsceno; lo que no habría faltado si fuera en Europa”.

A esta autonomía crítica se añadirían los criterios de apoyo: | el haber sido testigo directo, como declara haberlo sido, del | | |saqueo de Pasto ordenado por Simón Bolívar, y, por extensión, de su propósito científico de informar “sencillamente los hechos como los |tengo registrados”. No obstante, incurre en generalizaciones abusivas: al visitar una casa en Cartago, asienta que ésta "puede dar una idea de la vida en América meridional”; y al comentar un intento de asesinato por envenenamiento: “Yo estoy convencido de que los casos de envenenamiento son muy frecuentes en América meridional, especialmente en las localidades aisladas donde el criminal está seguro de su impunidad”. |

|Pero todo el esfuerzo que hace Boussingault por acreditarse como un observador y crítico veraz se ve contrariado por su gusto por el chisme y su demostrada malicia, a la manera de esta observación hecha en París, en 1821: “La señora Zea era muy joven todavía y de una rara belleza”... |“estaba llena de salud, pero la atendía asiduamente un joven médico mexicano |". |En este terreno el naturalista no deja pasar ocasión de exhibir lo que los franceses denominan sprit, |pero que fácilmente deriva hacia el chisme y la chabacanería. Así, comenta acerca del atractivo que ejercían los equilibristas sobre las mujeres y de cómo un doctor “se convirtió en el equilibrista” de una señorita; de la buena señora, “mujer muy digna a quien vi luego atendiendo a enfermos y convalecientes, sobre todo cuando eran jóvenes”; del joven castrado apreciado por las señoras “por una razón bien conocida por los fisiólogos”, mientras “decía una mujer liviana: “es verdaderamente delicioso este pobre inútil, te aseguro que se debería hacer castrar a nuestros maridos”. Pero de ese nivel hasta cierto punto intrascendente, la maledicencia se hace irresponsable cuando se ejerce generalizando o cuando tiene blanco individual determinado. En el primer caso se da la calificación irresponsable: | |“Al habitante de Antioquia se le designa con el nombre de | | | |‘maicero’. Las ‘maiceras’ son bonitas y tienen la reputación de ser esposas virtuosas y excelentes madres; las madres son buenas en todas partes, pero en cuanto a la virtud, yo no quiero comprometerme... “Igualmente al arrojar la sospecha de sadomasoquismo sobre los habitantes de Pasto que se encerraban en una iglesia, cuando menos una vez al mes, |" |para meditar, orar y flagelarse. Creo, sin tener la prueba, que pasan cosas curiosas entre los flagelados y flageladas, porque los sexos se dan fuerte recíprocamente”. Al individualizar, agrede, como cuando pone de por medio la expresa admiración que le causaba el mariscal Sucre para decimos que el 4 de julio de 1831 conoció al general Barriga, “quien venía de casarse con la viuda del gran mariscal Sucre (asesinado el 4 de junio de 1830) |y quien se hallaba allí completamente consolada”. La chabacanería, disfrazada de ingenio, brota cuando recoge la información sobre la única empresa exitosa del padre Bonafonte, de Río Sucio, consistente en un horrible “burro reproductor, cuyo oficio era procrear muletos”; y gracias a cuyo ardor el padre podía sostener sus buenas obras. |

El juzgador de hombres y situaciones. |He puesto tanto empeño en establecer de manera pormenorizada algo de la personalidad del autor y de su condición de observador crítico, con el objeto de proponer una respuesta a una pregunta fundamental, ya que de la primera depende la evaluación de su testimonio sobre lo que más interesa al historiador, es decir, su juicio sobre personas y situaciones notables de la época. Creo conveniente puntualizar los rasgos con los que el autor se recomienda al lector. |

|Pretende ser un hombre de amplio criterio y por lo mismo se ampara en comprobaciones que estima son fuente de ecuanimidad y ponderación; al enjuiciar severamente la | | | |actitud de destacados hombres de ciencia franceses durante la restauración borbónica, reflexiona: “Los hombres que no se dejan influenciar por las circunstancias políticas son raros, aun entre los sabios y los hombres de letras: la mayor parte están dispuestos a llegar a un acuerdo con el poder, sea el que sea |". |Ante el cura de Muzo, que estimaba a su Virgen más pura e inmaculada que la de otros pueblos, concluye con benevolencia: “Sin duda era risible oír a este buen hombre elogiar a su nuestra señora; su fetiche, pero ¿quién de nosotros, aun entre los más instruidos, no tiene fetiche?” |. |

Pretende ser un juez objetivo: republicano consecuente y adversario irreconciliable de los borbones, no elude su deber de objetividad al recogerla versión del verdugo Samson acerca de que, contrariamente a lo propalado por sus enemigos, Luis XVI “había mostrado gran entereza” al ser ejecutado. Censurando al mismo tiempo que exalta los méritos del censurado: | “El Libertador trataba de copiar en sus proclamas el estilo notablemente ampuloso de Napoleón, manía de la imitación bastante curiosa en un hombre de un valor y de un arrojo incontestables”.

|Pretende tener conciencia de sus limitaciones, cuando no, de ser capaz de practicar la modestia: Al presentarse la primera vez a Simón Bolívar: “me nombró, inmediatamente, en una posición importante: Director de una Escuela Militar, lo que no acepté, no por modestia sino por el convencimiento que tenía de no tener capacidades para asumir el cargo |". | |

|Pretende ser capaz de vencerse a sí mismo, al menos refrenando su inclinación al chismorreo; esto lo lleva a la autoadmiración: Tuvo ocasión de leer “muy curiosos paquetes de cartas de las religiosas del convento de Santa Clara (en Bogotá), |dirigidas a su director espiritual (el sabio José Celestino Mutis)”... |“i | |Pobres reclusas! ¡Qué desahogos! ¡Qué pecados | | tan singulares de los que se acusaban! Exaltaban su amor a su esposo, Nuestro Señor Jesucristo, en términos que habrían podido expresar sentimientos carnales. Esta correspondencia, que demostraba una piadosa admiración por su confesor, contenía la confesión de algunas faltas evidentemente imaginarias. Habría sido indigno divulgarlas, ¡se habría violado el secreto de la confesión! Por lo tanto quemé las cartas. Creo que fue una laudable resolución tomada por un comandante de filibusteros que llegaba apenas a sus 22 años”.

Queda claro así quién es el juzgador de hombres y situaciones: con la experiencia vital propia de los veinte años, se pretende regido por un amplio criterio, cultor de la objetividad, consciente de sus capacidades y limitaciones y se estima, admirativamente, capaz de vencerse a sí mismo. Ahora bien, sometidos a sus juicios estuvieron hombres y situaciones que ni siquiera la benevolencia desdeñosa de que hizo gala el memorialista pudo dejar de considerar extraordinarios. |

|Fueron pasados por la pluma de Boussingault, si así puede decirse, y con muy diversa suerte, Francisco Antonio Zea, José Antonio Páez, Francisco Tomás Morales, Leonardo Infante, Francisco de Paula Santander, Rafael Urdaneta, José María Obando, Salvador obispo de Popayán, Gabriel García Moreno, Antonio José de Sucre, Juan José Flores, etc. En estos retratos se combinan la presuntuosidad del joven, el desenfado de quien juzga no sólo desde fuera sino también desde arriba, el dispensador de censura y de reconocimiento, pero también, y no en pocos casos, la certera mirada de quien si bien observó a los veinte años juzgó finalmente pasados los setenta. Y ésta es quizá la cuestión central de este prólogo. ¿Jugaron esos dos tiempos de la memoria al juzgar a Simón Bolívar y a Manuelita Sáenz o funcionaron sólo para el primero, puesto que aun hoy funcionan con dificultad para la segunda? ¿Podía Boussingault verlos | |con otros medios que los empleados para observar a los personales menores. malicia, chismorreo, benevolencia desdeñosa, etc., y juzgarlos con otros criterios, aceptables para quienes reverencian acríticamente la memoria de Simón Bolívar?. |

|Asumiendo el riesgo de que se me reproche el haberme concentrado en el juzgador, sin prestar atención semejante a los juzgados y, sobre todo, sin oronunciarme sobre lo justo del |fa |llo, pero confiado en que el lector latinoamericano irá preferentemente a los pasajes que tratan de Simón Bolívar y Manuelita Sáenz, me limitaré a anunciarles, sumariamente, lo que sobre ellos encontrará y sobre lo cual tendrá que ejercer su propio sentido crítico. Me tranquilizo pensando que lo he ayudado, así lo espero, ofreciendo esta concentración de los rasgos dispersos de la personalidad de Boussingault, disimulados y aun ocultos a lo largo de sus Memorias.

|El Bolívar de Boussingault fue un hombre duro, inflexible en sus determinaciones, “El Sol”, en constante e innecesario parangón con Napoleón, colmado de méritos, inclinado con exceso hacia las mujeres y no muy escrupuloso en conseguir |l |as ni fiel en conservarlas, capaz de salidas de mal tono, en ocasiones suspicaz y hasta malicioso, que gozó en Europa de una gran fama fundada en un prestigio auténtico, no muy buen político y excelente “guerrillero”, merecedor de un sereno juicio crítico y de respeto a su memoria admirable. |

|La Manuelita de Boussingault | |fu |e el gran y probablemente auténtico amor de Bolívar, que influyó fuertemente en él, licenciosa, celosa agresiva, de rara hermosura, excéntrica pero fiel amiga, alegre, irreverente, de méritos sobresalientes, en ocasiones una “ñapanga”, inculta como todas las mujeres de la América hispana, desenfadada hasta la impudicia, de quien se sospechaba era lesbiana, valiente y serena ante el peligro, capaz de sacr |i |ficio personal por su amor, amiga | |consecuente y, en suma, de personalidad fascinante y ¿amor imposible de un joven francés despechado que andaba en los veinte y que se creía irresistiblemente atractivo?.

|Pero, con toda lealtad, debo advertir al lector de estas | Memorias |que le aguarda una tarea crítica nada fácil. Tiene en sus manos no sólo la obra cuya composición he intentado presentarle y no solamente el testimonio de un observador cuyos rasgos sobresalientes he inventariado. Tiene en sus manos, sobre todo, una obra que ha sido objeto de un generalizado rechazo y hasta de una prejuiciada condena que, como todas las condenas prejuiciadas, terminó en el fuego no tanto con el propósito de borrar la falta del condenado como con el de borrar la culpa de quien ordenó encender la hoguera, pues un triste momento hubo cuando parte de esta obra fue arrojada al incinerador | * |. |

Germán Carrera Damas

Embajador de la República de Venezuela

| Santafé de Bogotá, octubre de 1993

 

* En 1949 el entonces Ministro de Educación de Venezuela, Augusto Mijares, dispuso la incineración de la parte de las Memorias especialmente consagrada a Simón Bolívar y Manuelita Sáenz. Mijares intentó justificar su decisión en un artículo titulado “24 años de Boussingault”. (Caracas, |El Nacional 12 de noviembre de 1973.)  

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