LAS MEMORIAS DE
UN NATURALISTA Y
|
CIENTÍFICO QUE CEDIÓ A LA TENTACIÓN DE SER
OBSERVADOR Y CRÍTICO SOCIAL
Una lectura de las Memorias de Juan
Bautista José Diosdado Boussingault nos invita, de por sí, a hacer
lo que el compromiso de redactar una introducción impone:
someterlas a una evaluación crítica sistemática. Pero debo comenzar
reconociendo que si esta última se refiriera al grueso de la obra,
es decir, a su contenido producto de la actividad del naturalista,
probablemente no se justificaría, ni sería yo el indicado para
intentarla. De no mediar la circunstancia de que Boussingault cedió
a la tentación, si bien ocasionalmente, de convertirse en
observador y crítico de la sociedad y de personajes notables de la
época, casi seguramente que su obra pasaría inadvertida. Esto sería
posible incluso en lo relacionado con su contenido naturalista,
pues fue en otros campos donde el autor se recomendó como
científico a la posteridad. Pero el hecho es que la obra de
Boussingault interesa a una gran porción de los latinoamericanos,
sobre todo, porque el autor dijo cosas que otros no dijeron y las
dijo de manera que otros no osaron. Esto último justifica que
comience por el autor.
El autor.
|Antes de seguir adelante cabe dejar sentado un
precepto: el autor de unas memorias no es nunca el mismo hombre que
hizo o vivió lo que ellas recogen y relatan. Es, siempre, el hombre
que dispone su presencia no sólo en el recuerdo de los demás sino
también en el suyo propio.
En primer lugar conviene observar que
se trata de un hombre que cuando redactaba sus Memorias,
posiblemente rondando los ochenta años de edad (murió el 11 de mayo
de
|
1887 en París, donde había nacido el 2 de febrero de
1802), estimó necesario recordar que cuando presentó su examen de
catecismo para hacer su Primera Comunión, en 1814, y tenía apenas
12 años de edad, un abate le preguntó : “¿Qué es
Dios?”; a lo cual comenta: “me fue imposible contestar y
confieso que hoy tampoco podría responder”. ¿De qué
personalidad podía venir semejante
“confesión”?
|.
|El autor se presenta a sí mismo como un hombre “que no
disimulaba mis ideas
|"
|; lo que hizo muy
peligrosa su estancia en Paita, en medio de “mulatos famosos,
durante la guerra de independencia, por las atrocidades que
cometieron con las tropas de la República y por su devoción a la
causa realista".
|Ahora bien, no cree incurrir en
contradicción cuando dice, poco después, que salió de Pasto:
“Teniendo en cuenta que había permanecido en medio de una
población tan hostil al ejército republicano, si alguien me hubiese
preguntado cómo me había ido, le habría respondido como Sieyes
después de El Terror:
"Viví".
|
En todas las circunstancias, aun en
las que encerraban mayor riesgo para su vida, el autor dice haberse
comportado como un hombre valiente y decidido, hasta el punto de
que recoge pesaroso un caso en el cual incurrió en la flaqueza de
no haber hecho operar, sin su consentimiento, a un obrero galés
víctima de un extraño accidente: “En mi situación yo podía
actuar como lo considerara mejor, no lo hice y procedí
mal”.
|
|El ser intolerante con la propia flaqueza parecía autorizarlo
para arremeter contra la de los demás, como para aplastar con su
agudeza lapidaria a aquel señor Lasso, arzobispo de Quito, “un
santo varón de la más alta ignorancia.
|Dice haber dado prueba
de su entereza moral, igualmente, cuando supo alejarse a tiempo de
circunstancias que la habrían comprometido, como ocurrió cuando se
encontró envuelto en fiestas de muy dudoso gusto, que tendían a
convertirse en ocasión para dar rienda suelta
a
|
|prácticas bárbaras, indecorosas o de mal gusto, como
sucedió en el caso de un
|"
|puro” quiteño
que “llegó a proporciones monstruosas”, o en una ocasión
en la que tuvo lugar una escena ‘
|¡
|escandalosa,
inmoral, pero dive
|rt
|ida!”. Todo mientras él
mismo sostenía con la inspiradora y promotora de esos excesos
“una relación platónica
|".
|Cosa bien d
|ifíci
|l, y
|probablemente hasta
heroica, para quien así encontraba fuerza de ánimo para retraerse
de situaciones y ocasiones que podían comprometer su integridad
moral y por lo mismo disminuir su autoridad para
en
|j
|uiciar, generalmente de manera implacable y hasta
desmesurada, personajes diversos y aun amigos. Más para un hombre
que resultaba extremadamente atractivo a las mujeres porque tenía
“la fama de ser el oficial más flaco del estado mayor”.
El mismo que fue visitado nocturnamente por una atractiva dama que
se “quedaba conmigo una o dos horas, luego se iba por donde
había llegado, es decir; por la ventana"; y que al dejar
él Mariquita le envió “una cadena de oro con una nota que
decía:
|"
|Consérvala, es todo lo que
poseo”. El mismo a quien otra dama le hizo una espontánea
y
|sorpresiva “exposición de sí misma: era una bella
estatua, ¡Qué muslos
|!
|¡
|Qué senos
|!
|y todo proporcionado a su estatura, 1,58
metros
|".
|Valga por cierto la ocasión para
dejarnos la duda sobre qué admirar más: el irresistible atractivo,
el ojo artístico o la precisión del cient
|í
|fico. Nada
de extraño hubo por consiguiente, en que al
|partir de
Cartago y Anserma dejó “amigos y especialmente amigas que me
vieron partir con tristeza
|".
|Estado de ánimo
que seguramente embargó también a la bella, en Paita,
"
|a
|quien mi asistente Vicente me la traía por la
noche”. Pero no debe creerse que no fue capaz de inspirar un
amor pu
|ro
|, como el que arraigó
en
|
|aquella Catita, quiteña, "pues
éramos y seguimos siendo, los mejores amigos”, y que
“sentía no tener la pluma de San Agustín para expresarme cuán
infeliz se sentía desde mi partida".
|Sin duda influido por lo más notable y creativo de la
estética del primer imperio francés, es decir, el escote bajo,
Boussingault se muestra en reiteradas ocasiones como un admirador
dedicado de los senos, en algunas ocasiones con un tono de
exquisitez, en otras, con apreciaciones más bien groseras. Nos
cuenta, así de aquellas jóvenes y esbeltas indias chami, “bien
proporcionadas, con senos que miran al cielo, como bonitas estatuas
y se mantienen así mientras no les venga la
menstruación".
|Buen conocedor de la materia, se
comprende que se hallase una vez en el trance en que lo puso una
joven mulata “que no tenía sino un solo defecto muy excusable:
el de exigir que le admirara los senos, por cierto irreprochables
ya que ella tenía el sentido de su valor”. Felizmente, no era
el caso de aquella otra, tan solícita en atenderlo cual
nodriza:
|"
|¡ella misma estaba provista de un
magnífico aparato mamario!
|"
|. Lo que le hizo
recordar, seguramente, a aquella ubérrima Candelaria que le salvó
de una fortísima intoxicación, sufrida al examinar científicamente
el jugo lechoso del ajuapar, tratándole tópicamente con su leche,
pero que “viendo que tenía dificultad para tomar los alimentos
porque mis labios estaban ulcerados, se le ocurrió darme de mamar:
¡era delicioso!” Pero no le bastó con esta apreciación:
“Yo aprovechaba el privilegio que tienen los bebés de apretar
y palpar el seno que los alimenta: ¡qué tetas! ¡Tenían el volumen
de una enorme calabaza!” Pero hubo más; ya restablecido,
cuando se encontraba con tan singular nodriza “la buena negra
me llevaba a un rincón e insistía en que tomara unos tragos de su
leche, cosa que yo no habría podido rehusar”. La cosa
llegó
|
|al punto de que al observarle alguien
que “un lactante que acariciaba a su nodriza cometía algo así
como un incesto”, estuvo cerca de producirse un duelo,
saliendo él en defensa de “un bello seno de
ébano
|".
¿
|Por qué me detengo en estos aspectos? Por tres razones que
estimo de interés: En primer lugar, revelan una personalidad
incapaz de incurrir en un déficit de autoestima, lo que mucho
importa para evaluar su juicio sobre todo en lo concerniente a las
mujeres. En segundo lugar, crea una sugestiva confusión entre la
que podría interpretarse como “candidez científica” y una
maliciosa aproximación a los demás. En tercer lugar, cabe observar,
tomando en cuenta la época cuando la obra fue escrita, que el
relato se corresponde con lo que el gusto francés de entonces
esperaba de los viajeros franceses que les descubrían nuevos
mundos: una curiosa mezcla de observaciones científicas, juicios
basados en una irrenunciable conciencia de superioridad cultural y
pasajes más o menos escabrosos que dieran prueba del estereotipo
del francés galante. ¿Cuánto pesaron estas obligaciones en el
testimonio del autor?.
|
|
El naturalista y científico.
|H
|e dicho que la
evaluación informada de los resultados científicos de los trabajos
de Boussingault no es cosa de la que pueda ocuparme. Me limitaré a
señalar algunos aspectos que estimo relevantes al
efecto.
|
|Respecto de su valor inicial como naturalista y científico,
antes de venir a América, el propio autor nos da una indicación,
incurriendo en uno de esos actos de modestia a los que no se mostró
muy inclinado. Dice que Humboldt le dio “una carta de
recomendación para el general Bolívar, en la cual me convertía en
un personaje importante, exageración dictada por sus buenos
sentimientos
|".
|Luego de diez años en América, su regreso a Europa pasó poco
menos que inadvertido, en un escenario dominado por el prestigio de
quien tan generosamente lo había recomendado. No
le
|
|fue
|
|fácil labrarse un lugar en el
mundo científico, pero, según las noticias, lo consiguió a base de
tenacidad
|, genuino talento y creatividad demostrada. Pero
este resultado no provino de su “descubrimiento” de
América sino de sus trabajos en agronomía y fisiología vegetal.
Ahora bien, el interés de Boussingault en estos campos, que le
valió ser considerado el fundador de la agronomía moderna, nació
durante sus andanzas americanas. Ocurrió mientras dirigía los
trabajos en Río Sucio, en las minas del Cerro de Marmato, en
circunstancias que interesa apreciar: “La población negra no
alcanzaba para el trabajo; se trajo mano de obra de la provincia de
Antioquia y llegaban trayendo con ellos víveres para 45 días y
|luego regresaban para volver de nuevo. Para tener obreros fijos,
había necesidad de organizar su subsistencia y
|
|fue
así como se comenzó el gran cultivo de bananos en la hacienda de
Cucurusapé, en las orillas del Cauca. Se comenzó a desyerbar para
sembrar maíz, yuca y leguminosas y el comercio de Antioquia pronto
aportó harina de trigo, cacao y café. Al organizar esta agricultura
tropical, comprendí que se debía pedir a la tierra los alimentos
indispensables para la población, en una palabra, que había que
cultivar para vivir. De esta época datan mis estudios de
agronomía".
Se dio de esta manera una doble
situación bien interesante:
|
por una parte, el interés
que Boussingault no logró despertar en Europa, en razón de su
“descubrimiento humboldtiano de
América
|"
|; sí lo consiguió mediante el
desarrollo de una inquietud científica que le nació en tierra
americana. Por otra parte, el interés que su obra ha despertado en
América no se ha debido a sus observaciones científicas sino,
justamente, a
|
lo que expresamente declaró, como
veremos, que no era de su interés, es decir, la observación de la
sociedad y de los individuos, representados estos últimos, sobre
todo, por Simón Bolívar y Manuelita Sáenz.
El “aventurero”.
|Con apenas veinte años de edad y
después de dos meses de navegación, llegó Boussingault a La Guaira
el 22 de noviembre de 1821. No era, de ninguna manera, propiamente
un aventurero el que desembarcó ese día y comenzó a conocer una
población semidestruida por el terremoto de 1812, empobrecida y
diezmada por la cruel y prolongada guerra aún no
finalizada.
|
|El viajero, más que el aventurero, dice que había desdeñado
una oferta del bajá de Egipto consistente en 6.000 francos de
sueldo y un grado en el ejército egipcio acorde con ese sueldo. No
aceptó porque “no me gustaba el Oriente “.
|De esta manera, el autor tiene el cuidado de hacernos
comprender que no escapaba de una Europa que no le ofrecía
posibilidades. Tampoco que careciera de ofertas. Sólo que
“estaba escrito que yo no permanecería en Europa: yo deseaba
viajar para continuar mis estudios de geología en países
lejanos".
|¿Qué le hizo decidirse por Colombia?
Poderosas razones: ‘Me ofrecían 7.000 francos de sueldo, un
grado equivalente a ese sueldo y mi transporte en un buque de
guerra; además, debía suscribir un contrato por cuatro años”.
Pero el autor advierte que también hubo razones
científicas:“Como yo no conocía sino los volcanes apagados de
Auvernia y en los Andes abundaban los activos, no vacilé en
lanzarme a la aventura".
|Efectivamente, con ello comenzó su aventura bajo contrato.
Pareciera que en sus Memorias
|Boussingault se sintió
obligado a corresponder al compromiso así contraído con el
público
|
|francés de la época cuando las
redactó. Ya vimos que para este fin salpicó su aventura científica
de pasajes picarescos; y para su tiempo, incluso escabrosos.
Añadió, además, dos nuevos elementos: admitió que se le presentara
como coronel del estado mayor de Bolívar, cuando este rango se
debía tan sólo a su contrato y, seguramente, para justificación
administrativa del mismo. Así una reseña biográfica asienta:
" Durante la guerra de la independencia americana acompañó
al general Bolívar en sus campañas, alcanzando el grado de
coronel”. En segundo lugar, el héroe aventurero brindó a su
público la consiguiente colección de incorrecciones geográficas e
históricas elementales que se corresponde muy bien con la visión
histórico-desdeñosa de lo diferente, propia de un viajero
procedente del entonces país símbolo del desarrollo cultural y
científico. Valgan algunas muestras: “Cuando Francia invadió a
España, un espíritu de emancipación se manifestó en todas las
posesiones españolas. Primero Cartagena y luego Quito, declararon
por medio de actos solemnes su separación de la Madre Patria.
|Ya antes había dicho que el general Pablo Morillo “llegó a
Venezuela, puerto de la Nueva Granada"; y que “una
Asamblea constituyente confirmó en julio de 1825 en la ciudad de
Rosará de Cúcuta las leyes promulgadas en Angostura".
|Pero este desdén por la precisión de los datos, impropio de un
científico, se desbordó cuando se refirió a algunos personajes.
Buena muestra de esto es su presentación de “un pastor
excelente y venerado
|",
|nombrado por Bolívar
“obispo de Chiapa en Bolivia
|"
|;
|el “monje franciscano" que fue su preceptor, el
señor Robinson, por otro nombre, Simón Rodríguez. Recuérdese que
Boussingault escribió, presumiblemente cerca de su muerte, ocurrida
en 1877, cuando seguramente no carecía de posibilidades de
corroborar la información.
|
|
|Así
|,
|hay también espacio para la fantasía de
América, en un juego alusivo a las maravillas de este continente
narradas por los cronistas de Indias y para el desdén por las
actividades políticas e ideológicas de los criollos americanos. En
1824, en una choza cercana del Río Sucio “habíamos comenzado
una descripción de las maravillas de América meridional y cada uno
ponía lo suyo: El río Cauca ofrece el fenómeno de tener una de sus
riberas plantada de caña de azúcar y la opuesta con limoneros y
naranjos
|;
|al venir la maduración de las frutas
botábamos al agua los limones, las naranjas y la caña de azúcar y
el Cauca se convertía en un río de limonada”’. Por su
parte, los conspiradores del 25 de septiembre de 1828 quedan
sepultados con el siguiente epitafio puesto por el
autor
|:
|“los conspiradores eran simplemente unos
exaltados ambiciosos
|".
Las circunstancias.
|Los acontecimientos en los cuales se
desenvolvió Boussingault y produjo su obra formaron una doble
vertiente. Una estuvo integrada por la acelerada y cruenta
secuencia de cambios sociopolíticos en la cual se formó y actuó
como súbdito
|y
|ciudadano de Francia. La otra, por el
cambio operado en la percepción europea de la situación de las
antiguas colonias españolas de América, entre el momento de su
experiencia americana y el momento cuando presenta su recuerdo de
ella.
|
|La adolescencia de Boussingault transcurrió entre el ocaso
del imperio napoleónico y la restauración absolutista
|b
|a
|j
|o Luis XVIII
|. El autor entrega
algunas claves para la comprensión de la que consideraba fue su
actitud ante tan dramáticos acontecimientos. Así refiriéndose al
emperador cuando éste retornaba de su exilio en la isla de Elba
dice
|:
|“Los que creían en el liberalismo de
Napoleón eran muy escasos
|",
|de manera que
cuando acudió a la plaza del Carrusel para verlo entrar en
|
|Las Tullerías, el 20 de marzo de 1814, yo iba por
curiosidad, puesto que no tenía interés en ningún partido”.
Asimismo observó, al regresar Luis XVIII al mismo palacio, el 8 de
julio siguiente: “La población, especialmente la burguesía,
parecía ser monárquica",
|con lo que “la gran
reacción monárquica iba a
comenzar”.
|
|Es decir, pretendiendo ser indiferente políticamente, pero
crítico del imperio y no menos de la monarquía restaurada,
parecería clara su preferencia republicana, pero teniendo buen
cuidado en sentenciar que: “Habíamos llegado a la triste época
del ‘terror blanco’, tan sanguinario como el del
93”. Ahora bien, aun tratándose de unas memorias, no se puede
sino pensar que el autor, más que ponemos frente a sus actitudes
políticas contemporáneas de los acontecimientos que refiere, lo que
busca es recomendar al republicano moderado que fue elegido
representante por el Bajo Rin a la Asamblea Constituyente de 1848,
una vez completo el ciclo desde Luis XVIII hasta Luis Felipe,
pasando por Carlos X. Es decir, desde el imperio a la restauración
absolutista y de ésta a la monarquía constitucional liberal. Cuando
ocurrió el tránsito desde esta república fugaz al Imperio
restaurado bajo Luis Napoleón, Boussingault se retiró de la
política y se dedicó a sus estudios y trabajos de agronomía en sus
posesiones de Bechelbron, creando allí la que es considerada la
primera estación agrícola experimental en el sentido
moderno.
|Queda claramente establecido, por consiguiente, que nuestro
autor fue un republicano, moderado en política y un tanto
librepensador si no algo anticlerical. El republicano moderado se
pone de manifiesto en sus observaciones nada benévolas, pero
respetuosas, respecto de Napoleón. Igualmente, en sus claramente
adversas referencias a la política de Luis XVIII y no menos
claramente, en sus ocasionales referencias a la
|
|Revolución francesa, con motivo de la presencia
que de ésta percibió en tierra americana. Tal fue el caso del joven
mulato doctor Orta, “un entusiasta de la Revolución francesa,
que sabía, pero mal, un montón de cosas.
|También el de
“un viejo francés, Argagnil, uno de los sans culottes
|de Marsella en 1793
|",
|que participó en la
conjura septembrina de 1828. 0 el de Gabriel de la Roche, que
“había servido con los comuneros de Francia y emigró, durante
la revolución, siendo de los pocos que pasaron a América”.
Pero sobre todo el caso del cura de Nóvita, el padre Cañaste,
“un hombre original, gran entusiasta de la Revolución
francesa; sobre las paredes de su habitación había hecho pintar los
acontecimientos más destacados del terror, entre ellos la ejecución
del desafortunado Luis
|XVI”.
|Lo que hace exclamar al autor: “Francamente, yo no
esperaba ver pinturas de este estilo, en medio de una selva del
Nuevo Mundo.
|De esta manera, entre desdeñosa e irónica,
subrayando lo pintoresco si no lo insólito, pero siempre con
procurado desinterés, la presencia de la Revolución francesa queda
recluida en la anécdota.
|
El rasgo de librepensador, con su
ribete de anticlerical, pero no necesaria ni propiamente
antirreligioso (esto lo habría acercado al censurado 93), tuvo su
raíz en la adolescencia, cuando a los catorce años era alumno de la
Escuela de Minas de Saint-Etienne: “En la escuela, sin
excepción, todos éramos “liberales” y
“anticlericales”. La persistencia de esta actitud se
advierte en su constante e implacable apreciación crítica de la
conducta moral de curas y monjas, así como del catolicismo que
éstos representaban y de la inutilidad de su empeño catequizador de
indios. Pero llega a más en los casos y episodios que le
permitieron escribir: “La moral de la gente de Iglesia no es
siempre muy delicada. Yo conocí más de un cura que prestaba dinero
a fuerte interés. Otros comerciaban vendiendo vestidos y víveres a
sus parroquianos". Pero se detiene en episodios
reveladores: el del hermano guardián del convento de la Capuchina,
en Bogotá, que le propuso asociarse para falsificar reliquias y
traficar con ellas; el del padre Bonafonte, quien “me invitó a
asistir a una misa, en mi calidad de católico, lo cual poco me
interesaba"; lo convirtió en su eficiente campanero y como
tal lo hizo cómplice de una superchería en la cual se combinaron
los conocimientos metereológicos del francés y la credulidad de los
parroquianos para anunciar infaliblemente el milagro del patrono,
San Sebastián, haciendo llover mediante una procesión organizada a
la voz de “¡Suelten al Santo!”, dada por el francés.
También el caso, más grotesco, de la bufanda y el cepillo de
dientes que le fueron sustraídos y convertidos en preciosos adornos
de la Virgen de Quinchía.
Tenemos, en suma, un republicano
moderado, liberal, anticlerical y en ocasiones francamente
irreverente.
|
La segunda vertiente de las
circunstancias en las cuales se produjo y publicó la obra de
Boussingault que nos ocupa, está representada por la evolución
seguida por la percepción europea de la América republicana que
combatió contra el absolutismo y que tuvo en Simón Bolívar el
campeón de la libertad. Los republicanos europeos, que venían de
regreso de los excesos del 93 y del imperio y que se hallaban
sometidos al neoabsolutismo, vieron con especial simpatía al
movimiento y su símbolo. Pero estos últimos, no menos que sus
admiradores, sufrieron una notable evolución: el movimiento
independentista se volvió un triste cuadro de desorden que abrumaba
la pretendida libertad; Simón Bolívar echó mano de la dictadura en
1828 y derogó los principios liberales por los cuales se había
luchado. Mientras tanto, el clima ideológico europeo
hacía
|
prevalecer la aspiración de orden sobre la de
libertad, en todo caso, sobre la libertad a la
hispanoamericana.
|Al juntarse ambas vertientes en el espíritu cercanamente
octogenario del memorialista, se formó un clima conceptual que
seguramente ilustra la comprensión de los testimonios y juicios
críticos que integran la obra de Boussingault. En una carta que le
dirigió un familiar, el 27 de marzo de 1826, se encuentra
crudamente expresado el proceso ideológico al que me refiero:
“No podemos, nosotros, ciudadanos apacibles de la vieja
Europa, ver las bondades de los países que recorres, como las
serpientes, las flechas envenenadas de los salvajes de tu nación,
las cadenas de montañas y los precipicios; pero en cambio vemos las
gracias de Joko, la coronación de Carlos X, la llamada a nuestros
señores los discípulos de Escobar o de los jesuitas y muchos
incendios especialmente el del circo de Franconi”.
|En
suma, la contraposición entre la Europa de civilización y orden y
la América, primitiva, cuya libertad naufragaba en el
desorden.
|
La obra.
|Me atrevo a sintetizar un juicio: se trata del
informe de un naturalista en el cual se injertan una probanza de
méritos y un arreglo de cuentas; este último entre picaresco y
despiadado. Probablemente, en lo que concierne a méritos y arreglo
de cuentas, se trate de componentes o rasgos que son normales en el
género memoria y conviene tener esto presente a la hora de evaluar
el testimonio ofrecido.
|
|El informe del naturalista sigue la pauta del elaborado por
Humboldt. Por supuesto, no así el conjunto de la obra, dada la
presencia de los otros componentes. Nada de sorprendente hay en lo
primero, puesto que el ilustre naturalista fue el promotor de la
empresa científica. “Humboldt se interesaba vivamente en
nuestra expedición: debíamos recorrer los sitios
|
|por él visitados hacía 20 años y residir allí para completar
algunas de las observaciones que había hecho. Los progresos
científicos que se habían hecho en geología y en geografía desde su
viaje memorable, exigían una revisión cuidadosa de los terrenos
sobre los cuales pasó muy rápidamente y de las posiciones
geográficas que no habían sido determinadas con una precisión
suficiente”. Por otra parte, en carta del 21 de agosto de 1822
Humboldt aseguró a Boussingault que un compromiso suyo con el rey
de Prusia “no cambiará en nada los proyectos que deben
reunirme con usted en el Nuevo Mundo”,
|pues al
parecer el sabio había concebido la idea de radicarse en México
junto con algunos de sus discípulos. Se esclarece de esta manera
uno de los aspectos no expresos del contrato colombiano, tal como
lo presenta el autor.
Ahora bien, este propósito científico
se compagina mal con el hecho de que se va definiendo a lo largo de
un relato en el cual su autor se muestra frecuentemente como un
chismoso que aprovecha sus memorias para saldar cuentas con el
pasado, también en Francia, en relación con hechos ocurridos tan
tempranamente como en 1815 y refiriéndose a la conducta política de
colegas suyos, hombres de ciencia, tales como Claude Berthollet
(1748-1822), Georges Cuvier (1769-1832) y Pierre Simon Laplace
(1749-1827). Respecto a este último es extremadamente duro. Es
decir, Boussingault da testimonio, de igual manera que lo da sobre
los hechos y actitudes que conoció mucho más tarde, sobre hechos y
conductas que tuvieron lugar cuando él apenas contaba 13 años y
sobre los cuales escribió medio siglo más tarde, puesto que él
apunta:
|
“Hoy, cuando escribo estas líneas
(sus Memorias),
|quedamos pocos sobrevivientes” de los que
iniciaron la Escuela de Minas de Saint-Etienne en
1816.
|
|Así, la probanza de méritos y los ajustes de cuentas se
combinan en un relato en el cual se entrelazan signos diversos, y
hasta contrapuestos, en cuanto a la fundamentación y alcance de las
aseveraciones que lo pueblan. Se conjugan, de esta manera,
afirmaciones sentenciosas sobre materias no sólo complejas sino
también ajenas al entrenamiento científico de quien las formuló.
Por ejemplo, cuando culmina dos párrafos sobre el movimiento de
emancipación de las colonias españolas de América con esta frase:
“he aquí el origen de la guerra de
Independencia
|"
|
|.
|Pero son numerosos los testimonios directos que revelan una
visión equilibrada de sucesos y personajes. Así, por ejemplo,
cuando describe aspectos del sitio de Puerto Cabello, puesto por
Páez, y el aspecto del ejército sitiador. “Los extranjeros que
no habían hecho la guerra, se sorprendían del aspecto miserable del
ejército colombiano. Olvidaban que estaba en campaña desde hacía
más de dos años y ni en Europa hubiese estado en mejores
condiciones, después de haber soportado tantas fatigas y
privaciones”. Igual cuando dice de unos conscriptos que vio
ejercitándose. “Pobres diablos estos indios, sin sombra de una
opinión política, sin el menor patriotismo, para hacerlos marchar
contra los españoles tan pronto supieran disparar un tiro de
fusil”. De especial interés es su apreciación de la Conquista
de América, apartándose en ella de la visión nada benévola que
sobre este tema reinaba entonces en la historiografía francesa:
“Los castellanos del siglo XVI demostraron en la conquista de
la Nueva Granada el mismo valor y perseverancia que desarrollaron
los conquistadores de México y del
|Perú".
|Cabría añadir muchas muestras. Por ejemplo, las referidas a la
alimentación de los llaneros; a la Campaña de la Nueva Granada, que
califica de “célebre campaña que había sido concebida y
ejecutada con notable
|
|decisión e
intrepidez ”; al pan que comió en Bogotá, “mucho mejor
que el pan francés, cuya reputación, para mi es
inmerecida
|"
|a la reacción contra Simón
Bolívar en el Perú y en Pasto. Estimo muy reveladora su apreciación
de que: “Bolívar se afectó profundamente con los sucesos del
25 de septiembre (de 1828)
|y puede decirse que aun cuando
escapó de milagro, fue realmente asesinado porque a partir de esa
fecha su salud declinó muy rápidamente”.
|No es menos ponderado, en ocasiones, su juicio global sobre
Manuelita Sáenz: "De quien contaré las excentricidades lo
mismo que su valor y su devoción por sus amigos"; la misma
que el 25 de septiembre “mostró un gran corazón, audacia y una
rara presencia de espíritu".
|Su visión de los
indígenas coincide, en muchos aspectos, con la ofrecida por
diversas fuentes y su percepción crítica de las misiones y de la
ineficacia de la cristianación de los indios, hace recordar la de
Humboldt. En fin, son muchas las muestras de acierto en la
observación y de ponderación en el juicio que hacen del viajero
Boussingault una fuente histórica referencial de considerable
utilidad. Pero esta utilidad no se restringe a hechos o situaciones
determinadas y más o menos circunstanciales.
|En algunos casos ofrece apreciaciones de conjunto que tienen
una amplia proyección, como la referida a la presencia europea y
francesa en las recién emancipadas colonias españolas. Así, por
ejemplo, comentando el interés que despertaba en las señoritas de
Bogotá la moda francesa y, particularmente, el corset, observa:
“el comercio inglés se aprovechó, con la actividad febril que
lo caracteriza, de los mercados que la libertad le había abierto.
Los productos británicos llenaron los puertos de Chile y
California, sobre la costa de México. Los franceses siguieron de
lejos ese movimiento con su timidez habitual, porque el gobierno de
Luis XVIII siempre había sido hostil a la emancipación de las
colonias españolas. En pocos años se vistió como en Londres o en
París. Los servicios de mesa no dejaron nada que desear. Se vieron
vidrios en las ventanas de las casas y se instalaron en los
apartamentos muebles fabricados en el Faubourg Saint
Antoine”.
|Quizá para asombrar, a la francesa, a sus posibles lectores;
quizá para abonar su compromiso de veracidad, el relato del viajero
se apoya lo mismo en la crudeza que en la referencia a fuentes y en
el recurso a la autoridad para él incontestable. Es la crudeza con
que recuerda y describe “los indispensables lugares
secretos” que para los hombres estaban al “aire
libre” pero que para su uso se convirtieron en “la casa
secreta" y de la que desaparecían los maculados fragmentos
del Morning Herald,
|el Times
|y La Gaceta
Nacional,
|porque “
|¡
|el papel era muy raro en
Sonsón!”. De igual manera es minucioso en la descripción de
las costumbres de las “mujeres de vida alegre” de las
clases alta y baja, como se pretende picaresco al
|sugerirle
al doctor Cheyne, luego de desabotonarle el uniforme a la falsa
coronel Manuelita Sáenz, cuando se cayó del caballo: “¡Haga
una exploración, ya que usted tiene conocimiento de los
seres!”. El naturalista y viajero refiere sus asertos a
fuentes: “Las crónicas
|"
|; Ulloa,
Codazzi, La Condamine y Bougueur, Humboldt, Jacinto Morán y Tomás
de Gijón. Pero al tratarse de la conocida anécdota con que ilustra
el desenfado de Manuelita Sáenz al mostrarle el bordado de su
camisa, ampara su veracidad en una curiosa invocación de la
autoridad: “Tiempo después, durante una escena en la casa de
Poncelet (Jean Víctor, general y matemático, 1788-1867),
|Arago (François,
|1786-1853) contaba esta historia al
edecán de Luis Felipe, general Baudrad, añadiendo
|:
|"¡
|Esto no se inventa!
|"
|Lo
que tal vez querría decir, que ¡aprueba de la veracidad se
encontraba en lo extraordinario de lo sucedido".
|¡Cómo podría no serlo algo que el insigne Arago consideraba
cierto!
|.
|
|
El valor de un testimonio.
|Al evaluar críticamente las
Memorias
|de Boussingault conviene tener presentes tres
comprobaciones. En primer lugar, la de que ellas ofrecen un
testimonio directo-indirecto, como toda memoria. Es
|directo-indirecto en el sentido de que aun cuando sea genuino en
su origen ha sido recreado para su transmisión. Ineludiblemente ese
tránsito en los tiempos incide en la frescura del testimonio y
condiciona su validez. En segundo lugar, la de que la obra de
Boussingault entrega algunas claves para la captación, ¿y por qué
no decir la comprensión?, del clima de opinión en el cual se
desenvolvió el autor de las Memorias.
|En tercer lugar, la de
que debe tenerse presente que si bien toda memoria se escribe para
servir a la historia, es demasiado pedirle al autor que omita el
servirse a sí mismo ante la historia.
|
|Pero la primera condición que debe satisfacer una memoria es
la acreditación del testigo en lo concerniente a su idoneidad y a
su objetividad. Lo primero tiene que ver con la aptitud del testigo
para captare el objeto de su testimonio. Ahora bien, nada satisface
mejor este requisito que el reconocimiento procedente de una
autoridad indiscutida. En este caso, el interés de Humboldt,
reiteradamente invocado por Boussingault, no dejaría duda alguna
acerca de que el más reconocido naturalista de su época consideraba
a nuestro joven autor apto para darle continuidad y comprobación a
su propia obra. Pero faltaba algo: era necesario delimitar el campo
en el cual se demostraría el fundamento de esa confianza en el
espíritu y la aptitud científicas del autor. Para esto debe
precisarse, preferiblemente dando prueba de modestia científica, el
alcance del propósito:
|
“Le
|j
|os de mí la
idea de publicar el diario de una larga residencia. Me limitaré a
describir las observaciones recogidas en el curso de excursiones
frecuentes y contar algunos acontecimientos surgidos durante la
guerra de Independencia
|".
|Este era
su
|
|propósito, al menos cuando
llegó a Caracas, el 7 de diciembre de 1821. Lo formuló con más
precisión en carta a su tío fechada Bogotá, 9 de diciembre de 1824:
‘Mi posición en Colombia es muy agradable. Usted conoce a
España y los pocos recursos que ofrece; aquí es todavía peor, pero
eso no me importa nada a mí, teniendo en cuenta que la sociedad de
este país no es el objeto de mi viaje. En cuanto al país en sí; ¡es
lo más bello del mundo!” Marcando la continuidad de su
propósito, al iniciar su viaje a Ecuador, en 1830, ofrece: “No
contaré por orden cronológico los incidentes de los que fui testigo
algunas veces y algunas veces actor, pero hablaré de ellos a medida
que el recuerdo llegue a mi memoria, es decir, que trazaré un
simple itinerario de mi travesía del Valle del Cauca al Ecuador,
recordando que tenía por principal objeto el estudio de los
fenómenos naturales y, como accesorio, la descripción de la
sociedad mezclada con la que conviví en las cordilleras. Esas
serán, si se me permite decirlo, las indiscreciones del
viajero”. Al decir esto ¿buscaba el autor tan sólo orientar
acerca del valor de su testimonio sobre la sociedad? Creo razonable
pensar que no hacía sino responder al patrón formado por los
naturalistas del siglo XIX en su aproximación a lo americano,
patrón que comenzó a formarse con los trabajos y los recuerdos de
Humboldt y que llegó a adquirir visos de detestable. Consiste en
que la naturaleza era mirada con interés, y en ocasiones con
asombro, mientras que los hombres quedaban arropados, en el mejor
de los casos, por una benevolencia desdeñosa, más proclive a
sobrevalorar lo tenido por pintoresco que a estimular la
comprensión de lo substancial.
|Las costumbres eran el terreno predilecto para dar curso a
semejante actitud. Por ello se justificaba, para el autor, el
presentar “a la señora de Páez” tomando y ofreciendo
chimó
|
|
|mientras decía
|"¿
|Quiere tomar de mi vicio?”, al igual que
a las “jóvenes y atractivas señoritas de Mérida”
dejándose crecer desmesuradamente la uña del dedo meñique para con
ella servirse chimó. Así , al detenerse a comentar sobre “los
indispensables lugares secretos para los cuales los colonos
mostraron siempre una viva repugnancia”; a la
“costumbre” de las mujeres de andar descalzas; a la
transformación de una recepción en el llamado
|"
|puro
|",
|que llegaba a ser
una “verdadera orgía, especie de bacanal, en donde las damas
de la alta sociedad que generalmente bebían solamente agua, caían
en una semí-borrachera”.
|Como observador de la sociedad que se proclamaba
ocasional y
|casi involuntario, Boussingault mostró poco
interés por los esclavos y mucho por los indios: desde una
presentación crítica del régimen incaico hasta la sexualidad,
pasando por el hábito de sacar y comer los piojos y el gusto por el
alcohol, no sin dedicarle un poco de discusión al mito del buen
salvaje. Pero hay tres campos en los que las pretendidas actitudes
del observador se vuelven curiosidad llevada hasta la fisgonería:
la mujer, la gastronomía y las malas costumbres morales, sobre todo
las de la clerecía.
|
|La actitud de Boussingault ante la mujer americana es
diferente según el nivel social de las observadas, pero de manera
general es dura y hasta ridiculizante con las de la clase alta,
mientras se vuelve benévolamente elemental con mulatas e indias,
especialmente si eran bellas y sensibles a su atractivo masculino
europeo. Así, las primeras eran atractivas, frecuentemente bellas,
pero densamente incultas, licenciosas y superficiales, entregadas
al ocio, fumadoras empedernidas y diestras en lanzar escupitajos.
En cambio las otras eran sumisas, leales y hacendosas, además de
generosas con sus encantos.
|
|
|
|Son numerosas las observaciones gastronómicas. Frecuentemente
ofrece detalladas e interesantes descripciones de los alimentos, de
su preparación, de los hábitos alimentarios y de sus efectos en la
salud. Modos de cocción, enseres y útiles de cocina, vajilla y
cubiertos, bebidas más frecuentes, típicas e importadas, todo atrae
la curiosidad valorativa del autor, quien así ejerce su capacidad
de apreciación en un área de su predilección.’ “Las damas
importantes de Bogotá son generalmente bellas, frágiles, delicadas
y anémicas, a consecuencia de un régimen de alimentos poco
substancioso, mucho azúcar, frutas y poca carne. Su débil
constitución forma un contraste con la robustez de las mujeres del
pueblo con su tez rozagante, con ojos y cabellos negros y músculos
muy acentuados”. No omite el autor describir los alimentos
habituales de indios y llaneros, así como los de los habitantes de
las regiones selváticas y, muy detalladamente, la pitanza de los
bogas del Magdalena. En esta materia también marca su nivel
cultural el autor, acreditando su capacidad crítica. Para ello nos
informa que una vez convaleció de fiebres dedicado al noble
ejercicio de hacer “extractos de libros de cocina”; y
contrasta, aunque benevolente, su pobre comida con el menú,
publicado por el Morning Herald,
|de un banquete ofrecido al
alcalde de Londres por la corporación de los sastres: “sopa de
tortuga, roast-beaf,
|etc.; era como una ironía...
|un
bizcocho de casabe y una tortilla de maíz me parecieron también muy
agradables, además tenía chicha, vino de los indígenas y
tabaco”.
|
Con especial dureza observa y juzga
la vida de los religiosos
|
y sus conclusiones no pueden
ser más definitivas. Refiriéndose a Bogotá afirma: “La
clerecía era licenciosa e inmoral. Lossacerdotes y los monjes
tenían concubinas descaradamente ovivían mantalmente con
ellas”. Dice haber sido frecuente comensal del obispo
Salvador, de Popayán, “quien era un español ilustrado y
correcto, pero un realista furibundo”... “cuyo vino era
delicioso, el servicio de mesa atendido con el mejor de los gustos
y la cocina excelente”.
|Además, el grato anfitrión
“vivía honorablemente, con una dama que ya no era de primera
juventud”, y se decía de él, según el autor una calumnia
inaudita pero que recoge, que solía dormir entre
“bayoneta” y “bayonetica”, dos ñapangas que
eran madre e hija. Nada
|
|fa
|l
|ta en esta
materia: “Las alcahuetas, generalmente vestidas con hábito de
alguna orden religiosa
|".
|“En Quito,
como en todas las ciudades de las cordilleras, a los primeros
tañidos del Angelus, se ven salir ‘amigas’ que van a
pasar algunos instantes con “amigos”. Es decir, había
correspondencia entre la moral de la gente de iglesia y la moral
pública: “La policía de Bogotá, lo mismo que sucede en las
ciudades españolas, no protegía a nadie; se robaba impunemente y
hubo tantos ataques nocturnos y asesinatos, que el congreso de 1823
decretó la pena de muerte contra los ladrones”. La moral
pública relajada se expresaba en “esos bastardos que acogían
las familias criollas”; en el crimen cuyo comentario era
“ iQué belleza de puñalada!” o en la noción del pecado y
en la ignorancia religiosa: “Yo conocí más de una bella
pecadora que me decía confidencialmente. “Yo peco, me ponen
una penitencia, no la cumplo y vuelvo a empezar”.
|Todo se reduce a práctica exterior y estoy seguro de que
especialmente las mujeres, no tenían la menor idea de la religión
que practicaban con tanta devoción; muchas de ellas no adoraban a
la Virgen María; en cuanto a Dios, las tenía sin
cuidad".
|Pero también los extranjeros, incluso los
civilizados, se acomodaban a esta moral: el coronel inglés Hall
había alquilado, durante un día a la semana, la esposa legítima a
“un zapatero, muy buen hombre y muy
devoto
|" ;
|uno de los oficiales del
memorialista “estaba ‘amañado’ con una mujer blanca,
una
|
|
|
niña de 16 años, fresca como una
rosa, que él había importado para su uso, como estaba permitido
entre nosotros”. Pero las debilidades del observador
incidental de la sociedad que pretende haber sido Boussingault, no
deben conducirnos al error de subestimar su capacidad crítica. Esta
se manifiesta en relación con una gama de situaciones,
acontecimientos y procesos que motivaron apreciaciones y juicios
certeros, confirmados no sólo por otros observadores sino también
por la investigación histórica crítica. Es más, dio pruebas de que
su sentido crítico funcionaba tanto para fenómenos sociales de
difícil captación directa, como para los hechos singulares, a veces
de reducida proyección histórica pero reveladores de la postura del
crítico.
|Llama la atención, por ejemplo, la siguiente apreciación de
la composición étnica de la población venezolana y de su proceso de
mestizaje. “La abundancia de negros en Venezuela ha
modificado, sin duda, la sangre azul de Castilla: dos razas en
contacto, aun cuando una es abyecta en su relación con la otra,
terminan siempre por mezclarse, primero entre los pobres y luego,
si d
|e
|este cruce resultan mulatos atractivos, se
extiende a la clase rica. En Caracas, varios personajes que yo
conocía, sin duda tenían mezcla de sangre, en lo cual ellos jamás
habrían convenido”. Acerca de la composición social en Bogotá,
en 1822 y posteriormente, señala “las clases inferiores,
porque entonces no había y aún no hay clase media en la
sociedad”. En este mismo orden de ideas se refiere al período
posterior a 1830, en una evaluación del proceso político y social
que considera indigna de mención, por anárquica, la cual explica
invocando un principio de sociología política: “Triste país
aquél en donde no se encuentra la clase media reguladora que es la
verdadera fuerza de una nación
|".
|No es menos
terminante su juicio sobre el inútil esfuerzo misionero, amparado
igualmente en una suerte de postulado: “La raza cobriza, como
todas las demás, teme ser coaccionada, aun cuando ello contribuya a
su bienestar; yo he vivido suficiente tiempo en las misiones para
saber que esta raza no soporta, sin ser obligada a ello, ni
siquiera la autoridad eclesiástica. No creo que jamás se haya
obtenido un buen cristiano de un indio; las ceremonias religiosas
los divierten, nada más”.
|Como para marcar la independencia de su sentido crítico,
Boussingault somete al mismo a los europeos, si bien es
particularmente proclive a ver los defectos de los ingleses. Cuando
en Bogotá necesitaron un verdugo sólo se presentó un candidato: un
borracho que había pertenecido a la Legión Irlandesa. Otro inglés,
un coronel, asesino, era “uno de esos desechos de la sociedad
que siempre llegan a todo país donde ha ya problemas
políticos".
|Siguiendo esta vía estableció
contrastes entre América y Europa que resultan desfavorables a la
última. Esto lo hizo no sólo en comprobaciones, fundamentales para
un francés, como por ejemplo al decir que en Quito comió “un
pan muy blanco como no se conoce en Europa"; sino también
en aspectos más complejos: “Los trabajadores bajo mis órdenes
eran negros esclavos, negros libres, mulatos y mestizos, lo cual,
en mi aislamiento (en las minas de Marmato),
|me daba un gran
sentido de seguridad: gentes sobrias, sumisas y leales que
mantenían a respetuosa distancia los 150 obreros europeos, hombres
turbulentos, aficionados al licor en su mayoría”; que “se
declararon en huelga”.
|Pero el contraste desfavorable a
Europa fue advertido también en la moral
|: describiendo una
borrachera de indios, hombres y mujeres, apunta: “Pero no
había durante este episodio, ningún acto obsceno; lo que no habría
faltado si fuera en Europa”.
A esta autonomía crítica se añadirían
los criterios de apoyo:
|
el haber sido testigo directo,
como declara haberlo sido,
del
|
|
|saqueo de Pasto ordenado por
Simón Bolívar, y, por extensión, de su propósito científico de
informar “sencillamente los hechos como los
|tengo
registrados”. No obstante, incurre en generalizaciones
abusivas: al visitar una casa en Cartago, asienta que ésta
"puede dar una idea de la vida en América
meridional”; y al comentar un intento de asesinato por
envenenamiento: “Yo estoy convencido de que los casos de
envenenamiento son muy frecuentes en América meridional,
especialmente en las localidades aisladas donde el criminal está
seguro de su impunidad”.
|
|Pero todo el esfuerzo que hace Boussingault por acreditarse
como un observador y crítico veraz se ve contrariado por su gusto
por el chisme y su demostrada malicia, a la manera de esta
observación hecha en París, en 1821: “La señora Zea era muy
joven todavía y de una rara belleza”...
|“estaba
llena de salud, pero la atendía asiduamente un joven médico
mexicano
|".
|En este terreno el naturalista no
deja pasar ocasión de exhibir lo que los franceses denominan
sprit,
|pero que fácilmente deriva hacia el chisme y la
chabacanería. Así, comenta acerca del atractivo que ejercían los
equilibristas sobre las mujeres y de cómo un doctor “se
convirtió en el equilibrista” de una señorita; de la buena
señora, “mujer muy digna a quien vi luego atendiendo a
enfermos y convalecientes, sobre todo cuando eran jóvenes”;
del joven castrado apreciado por las señoras “por una razón
bien conocida por los fisiólogos”, mientras “decía una
mujer liviana: “es verdaderamente delicioso este pobre inútil,
te aseguro que se debería hacer castrar a nuestros maridos”.
Pero de ese nivel hasta cierto punto intrascendente, la
maledicencia se hace irresponsable cuando se ejerce generalizando o
cuando tiene blanco individual determinado. En el primer caso se da
la calificación irresponsable:
|
|“Al
habitante de Antioquia se le designa con el nombre de
|
|
|
|‘maicero’. Las
‘maiceras’ son bonitas y tienen la reputación de ser
esposas virtuosas y excelentes madres; las madres son buenas en
todas partes, pero en cuanto a la virtud, yo no quiero
comprometerme... “Igualmente al arrojar la sospecha de
sadomasoquismo sobre los habitantes de Pasto que se encerraban en
una iglesia, cuando menos una vez al mes,
|"
|para meditar, orar y flagelarse. Creo, sin
tener la prueba, que pasan cosas curiosas entre los flagelados y
flageladas, porque los sexos se dan fuerte recíprocamente”. Al
individualizar, agrede, como cuando pone de por medio la expresa
admiración que le causaba el mariscal Sucre para decimos que el 4
de julio de 1831 conoció al general Barriga, “quien venía de
casarse con la viuda del gran mariscal Sucre (asesinado el 4 de
junio de 1830)
|y quien se hallaba allí completamente
consolada”. La chabacanería, disfrazada de ingenio, brota
cuando recoge la información sobre la única empresa exitosa del
padre Bonafonte, de Río Sucio, consistente en un horrible
“burro reproductor, cuyo oficio era procrear muletos”; y
gracias a cuyo ardor el padre podía sostener sus buenas
obras.
|
El juzgador de hombres y situaciones.
|He puesto tanto empeño
en establecer de manera pormenorizada algo de la personalidad del
autor y de su condición de observador crítico, con el objeto de
proponer una respuesta a una pregunta fundamental, ya que de la
primera depende la evaluación de su testimonio sobre lo que más
interesa al historiador, es decir, su juicio sobre personas y
situaciones notables de la época. Creo conveniente puntualizar los
rasgos con los que el autor se recomienda al
lector.
|
|Pretende ser un hombre de amplio criterio y por lo mismo se
ampara en comprobaciones que estima son fuente de ecuanimidad y
ponderación; al enjuiciar severamente la
|
|
|
|actitud de destacados hombres de
ciencia franceses durante la restauración borbónica, reflexiona:
“Los hombres que no se dejan influenciar por las
circunstancias políticas son raros, aun entre los sabios y los
hombres de letras: la mayor parte están dispuestos a llegar a un
acuerdo con el poder, sea el que sea
|".
|Ante
el cura de Muzo, que estimaba a su Virgen más pura e inmaculada que
la de otros pueblos, concluye con benevolencia: “Sin duda era
risible oír a este buen hombre elogiar a su nuestra señora; su
fetiche, pero ¿quién de nosotros, aun entre los más instruidos, no
tiene fetiche?”
|.
|
Pretende ser un juez objetivo:
republicano consecuente y adversario irreconciliable de los
borbones, no elude su deber de objetividad al recogerla versión del
verdugo Samson acerca de que, contrariamente a lo propalado por sus
enemigos, Luis XVI “había mostrado gran entereza” al ser
ejecutado. Censurando al mismo tiempo que exalta los méritos del
censurado:
|
“El Libertador trataba de copiar en sus
proclamas el estilo notablemente ampuloso de Napoleón, manía de la
imitación bastante curiosa en un hombre de un valor y de un arrojo
incontestables”.
|Pretende tener conciencia de sus limitaciones, cuando no, de
ser capaz de practicar la modestia: Al presentarse la primera vez a
Simón Bolívar: “me nombró, inmediatamente, en una posición
importante: Director de una Escuela Militar, lo que no acepté, no
por modestia sino por el convencimiento que tenía de no tener
capacidades para asumir el
cargo
|".
|
|
|Pretende ser capaz de vencerse a sí mismo, al menos
refrenando su inclinación al chismorreo; esto lo lleva a la
autoadmiración: Tuvo ocasión de leer “muy curiosos paquetes de
cartas de las religiosas del convento de Santa Clara (en
Bogotá),
|dirigidas a su director espiritual (el sabio José
Celestino Mutis)”...
|“i
|
|Pobres reclusas!
¡Qué desahogos! ¡Qué pecados
|
|
tan singulares
de los que se acusaban! Exaltaban su amor a su esposo, Nuestro
Señor Jesucristo, en términos que habrían podido expresar
sentimientos carnales. Esta correspondencia, que demostraba una
piadosa admiración por su confesor, contenía la confesión de
algunas faltas evidentemente imaginarias. Habría sido indigno
divulgarlas, ¡se habría violado el secreto de la confesión! Por lo
tanto quemé las cartas. Creo que fue una laudable resolución tomada
por un comandante de filibusteros que llegaba apenas a sus 22
años”.
Queda claro así quién es el juzgador
de hombres y situaciones: con la experiencia vital propia de los
veinte años, se pretende regido por un amplio criterio, cultor de
la objetividad, consciente de sus capacidades y limitaciones y se
estima, admirativamente, capaz de vencerse a sí mismo. Ahora bien,
sometidos a sus juicios estuvieron hombres y situaciones que ni
siquiera la benevolencia desdeñosa de que hizo gala el memorialista
pudo dejar de considerar extraordinarios.
|
|Fueron pasados por la pluma de Boussingault, si así puede
decirse, y con muy diversa suerte, Francisco Antonio Zea, José
Antonio Páez, Francisco Tomás Morales, Leonardo Infante, Francisco
de Paula Santander, Rafael Urdaneta, José María Obando, Salvador
obispo de Popayán, Gabriel García Moreno, Antonio José de Sucre,
Juan José Flores, etc. En estos retratos se combinan la
presuntuosidad del joven, el desenfado de quien juzga no sólo desde
fuera sino también desde arriba, el dispensador de censura y de
reconocimiento, pero también, y no en pocos casos, la certera
mirada de quien si bien observó a los veinte años juzgó finalmente
pasados los setenta. Y ésta es quizá la cuestión central de este
prólogo. ¿Jugaron esos dos tiempos de la memoria al juzgar a Simón
Bolívar y a Manuelita Sáenz o funcionaron sólo para el primero,
puesto que aun hoy funcionan con dificultad para la segunda? ¿Podía
Boussingault verlos
|
|con otros medios que
los empleados para observar a los personales menores. malicia,
chismorreo, benevolencia desdeñosa, etc., y juzgarlos con otros
criterios, aceptables para quienes reverencian acríticamente la
memoria de Simón Bolívar?.
|
|Asumiendo el riesgo de que se me reproche el haberme
concentrado en el juzgador, sin prestar atención semejante a los
juzgados y, sobre todo, sin oronunciarme sobre lo justo del
|fa
|llo, pero confiado en que el lector latinoamericano irá
preferentemente a los pasajes que tratan de Simón Bolívar y
Manuelita Sáenz, me limitaré a anunciarles, sumariamente, lo que
sobre ellos encontrará y sobre lo cual tendrá que ejercer su propio
sentido crítico. Me tranquilizo pensando que lo he ayudado, así lo
espero, ofreciendo esta concentración de los rasgos dispersos de la
personalidad de Boussingault, disimulados y aun ocultos a lo largo
de sus Memorias.
|El Bolívar de Boussingault fue un hombre duro, inflexible en
sus determinaciones, “El Sol”, en constante e innecesario
parangón con Napoleón, colmado de méritos, inclinado con exceso
hacia las mujeres y no muy escrupuloso en
conseguir
|l
|as ni fiel en conservarlas, capaz de
salidas de mal tono, en ocasiones suspicaz y hasta malicioso, que
gozó en Europa de una gran fama fundada en un prestigio auténtico,
no muy buen político y excelente “guerrillero”, merecedor
de un sereno juicio crítico y de respeto a su memoria
admirable.
|
|La Manuelita de Boussingault
|
|fu
|e el gran
y probablemente auténtico amor de Bolívar, que influyó fuertemente
en él, licenciosa, celosa agresiva, de rara hermosura, excéntrica
pero fiel amiga, alegre, irreverente, de méritos sobresalientes, en
ocasiones una “ñapanga”, inculta como todas las mujeres
de la América hispana, desenfadada hasta la impudicia, de quien se
sospechaba era lesbiana, valiente y serena ante el peligro, capaz
de sacr
|i
|ficio personal por su amor, amiga
|
|consecuente y, en suma, de personalidad fascinante y
¿amor imposible de un joven francés despechado que andaba en los
veinte y que se creía irresistiblemente atractivo?.
|Pero, con toda lealtad, debo advertir al lector de
estas
|
Memorias
|que le aguarda una tarea
crítica nada fácil. Tiene en sus manos no sólo la obra cuya
composición he intentado presentarle y no solamente el testimonio
de un observador cuyos rasgos sobresalientes he inventariado. Tiene
en sus manos, sobre todo, una obra que ha sido objeto de un
generalizado rechazo y hasta de una prejuiciada condena que, como
todas las condenas prejuiciadas, terminó en el fuego no tanto con
el propósito de borrar la falta del condenado como con el de borrar
la culpa de quien ordenó encender la hoguera, pues un triste
momento hubo cuando parte de esta obra fue arrojada al
incinerador
|
*
|.
|
Germán Carrera Damas
Embajador de la República de Venezuela
| Santafé de Bogotá, octubre de 1993
|
*
|
En 1949 el entonces Ministro de Educación de Venezuela, Augusto
Mijares, dispuso la incineración de la parte de las Memorias
especialmente consagrada a Simón Bolívar y Manuelita Sáenz. Mijares
intentó justificar su decisión en un artículo titulado “24
años de Boussingault”. (Caracas,
|El Nacional 12 de
noviembre de 1973.)
|