CAPITULO IX
Las Sociedades Democráticas.La Sociedad de Artesanos de
Bogotá.Disturbios en Venezuela.
La violencia del espíritu de partido empezó a mostrarse con
otras manifestaciones. Desde 1846 se había formado en Bogotá una
asociación de la clase de los artesanos sin carácter alguno
político en un principio, pero poco a poco fue adquiriéndolo y en
1849 ya llegó a ser una fuerza respetable en el movimiento de los
partidos. En un principio tenía por objeto prestarse auxilio
recíproco en casos de enfermedad o de muerte, establecer escuelas
nocturnas en que se enseñase a leer y escribir y dibujo lineal. El
presidente de la Sociedad en 1848 era un. zapatero, padre de
familia, modesto, honrado, trabajador: llamábase Francisco Vásquez
Guevara, y los socios más notables, que podían ejercer y ejercían
influencia sobre sus compañeros, eran los señores Ambrosio López
Londoño (sastre, que fue también presidente de la Sociedad en
1849), Rudesindo Zuñer (sastre), Emeterio Heredia (herrero) y otros
dos o tres cuyos nombres no recuerdo. Más tarde se hicieron
notables los señores Miguel León (herrero), orador fogoso, que en
1853 y 1854 mostró ideas poco pacíficas, sobre todo de antipatía
por la clase llamada de
|los cachacos; José María Vega y N.
Saavedra (zapateros). También se habían enrolado en la sociedad y
con el tiempo adquirieron influencia notable dos militares,
retirados entonces, pero que desde 1849 volvieron a servicio
activo, los señores Valerio Andrade y Antonio Echeverría, capitanes
o sargentos mayores. En 1848, la
|Sociedad de Artesanos no se
ocupaba de política; en sus sesiones nocturnas se daba enseñanza de
lectura, escritura, aritmética y dibujo lineal. Atraídos por el
objeto simpático de la institución, nos incorporamos en ella varios
jóvenes recién salidos de los colegios, que después debíamos
figurar en las luchas políticas: recuerdo los nombres de los
señores José María Samper, Medardo Rivas, Carlos Martín, Antonio
María Pradilla, Januario Salgar, Próspero Pereira Gamba y Narciso
Gómez. Enseñábamos a leer y escribir, y concurríamos con este
objeto dos o tres veces a la semana a las escuelas nocturnas. En
1849, después de la inauguración de los nuevos mandatarios, la
Sociedad se puso de moda y era raro el liberal que no quisiese
inscribirse en sus filas, principalmente los de .las clases militar
y de empleados públicos. Empezaron a asistir a las sesiones
personas que deseaban hacer notorias sus opiniones liberales, para
lo cual las llevaban hasta la exageración. Ya se había olvidado el
primitivo programa de la Sociedad; sólo se hablaba de política y se
hacían proposiciones extraordinarias discutidas con calor como si
ese fuese un cuerpo deliberante. Pronto empezamos a notar que ya no
se miraba con simpatía a los miembros que habían recibido educación
de colegio y usaban vestidos de mejor clase que la ruana y la
chaqueta, con lo cual cesó la concurrencia de estas personas.
En competencia con la
|Sociedad de Artesanos fue fundada
en 1849 la
|Sociedad Popular, compuesta en su principio de
una reunión que, con pretextos religiosos, había formado la
Compañía de Jesús. Esta Sociedad mostró desde un principio
sentimientos fuertes de animadversión al gobierno y a los
liberales, con lo cual quedaron frente a frente dos sociedades
enemigas y dispuestas a irse a las manos en el primer momento. Los
señores Simón J. Cárdenas, Juan Malo, Juan Esteban Zamarra y otros,
eran los inspiradores. principales de la asociación
conservadora.
Había, pues, dos clubes antagonistas, dos hornos en donde se
levantaban hasta el rojo-blanco las pasiones del odio y del
combate, que pronto habían de encontrarse en el campo de
batalla.
La revolución de febrero en Francia había inaugurado el régimen
de los clubes políticos compuestos de la clase popular, conocida
allá con el nombre de
|Cuarto Estado, y por imitación, como
sucede con todos los grandes movimientos del espíritu humano, se
había iniciado entre nosotros. En Francia dieron por resultado el
segundo imperio napoleónico. Entre nosotros, como adelante se verá,
se corría el peligro de llegar, no al imperio, pero sí a una
dictadura militar, que es lo mismo. Inmediatamente se pobló el país
entero de sociedades democráticas .y populares; en Popayán. Cali,
Buga, Cartago, en el Cauca; en Cartagena, en Santa Marta, Mompós,
Panamá y otros lugares de las costas Atlántica y del Pacífico; en
el Socorro, Pamplona, Cúcuta y Ocaña, en Santander; en Tunja,
Sogamoso y otros lugares de Boyacá. Antioquia fue la sección de la
república en que hizo menos estragos esta epidemia, pero también se
sintieron. En todas partes. tomó el clero católico, si no la
iniciativa, por lo menos participación más o menos descarada en la
formación de las sociedades conservadoras, dándole en algunos
lugares el nombre de
|Sociedad
Católica.
|
Si no estoy equivocado, fue un delegado apostólico. monseñor
Baluffi, quien inspiró en Bogotá, en 1839, la creación de la
primera
|Sociedad Católica, que aunque Con esta denominación
quiere decir Sociedad esencialmente consagrada a los
intereses políticos conservadores, casi como
|Sociedad
democrática quiere decir asociación destinada a exaltar
el espíritu de resistencia a la autoridad y de protesta contra las
desigualdades naturales o artificiales entre los hombres.
Sin embargo, según mi impresión personal no son dañinas todas
las consecuencias de estas sociedades políticas; el peligro en
ellas consiste en la ignorancia de los que las componen, que por
esta causa pueden ser fácilmente extraviados a sentimientos
coléricos y antisociales, pues es sabido que la cólera y la
desconfianza o la suspicacia son las tendencias generales de los
espíritus incultos, así como el dominio sobre las pasiones la
primera muestra de lo que se llama civilización. El otro peligro
viene de la existencia de un estado social de carencia de
facilidades para vivir del trabaja y proveer a las necesidades
imprescindibles del hombre. Así, en un pueblo en donde imperan los
monopolios, en el que una legislación viciosa crea obstáculos para
el ejercicio de las facultades humanas, como por ejemplo, los altos
derechos de aduana que restringen. el comercio exterior, los peajes
excesivos en los caminos públicos, que son obstáculos para el
cambio en el interior; el abandono de los caminos necesarios para
facilitar este cambio; la mala distribución de la propiedad
territorial; la falta de seguridad para los bienes de fortuna; en
una palabra, todo lo que tiende a despertar el descontento y a
agriar los caracteres, es. Causa de que en las reuniones numerosas
fermenten esos gérmenes y conduzcan a explosiones más o menos
Serias. En los tiempos de pérdida de las cosechas, de
encarecimiento y escasez de los víveres, esas reuniones se producen
espontáneamente y dan frutos de actos de locura popular. Empero, la
reunión de los hombres en sociedad da resultados benéficos en
muchos casos. Da ocasión a sentimientos de benevolencia y
fraternidad; es un medio de difusión rápida de las ideas nuevas y
de los sentimientos sociales; corrige el egoísmo estéril dé los que
huyen de la sociedad de sus semejantes, y crea grandes fuerzas que,
así como pueden emplearse en el mal, convenientemente dirigidas
conducen por lo general al bien. Así, no se consideran funestas las
grandes reuniones que tienen por objeto la predicación religiosa
(aunque a veces sí lo son cuando no es sano el espíritu del
predicador), las de los teatros, las de las fiestas cívicas, las de
las escuelas y colegios, las de los mercados públicos, y en fin, la
aglomeración de las grandes ciudades que, en resumen, si bien se
considera, es una sociedad inconsciente de la cual se derivan
muchos bienes, con alguna mezcla de males, eso sí.
Quizá, más que causa de perturbaciones del orden público, los
desórdenes que se atribuyen a las sociedades permanentes son meras
manifestaciones de una afección peligrosa del orden social. El
derecho de reunión es una de las condiciones de la conservación de
las libertades humanas y del buen funcionamiento de las leyes, y el
legislador debe mirarse mucho al decretar restricciones contra él.
Odiado y temido por los gobiernos despóticos fundados en la
usurpación violenta y encaminados a expropiación constante del
trabajo de los hombres, el derecho de reunión funciona en paz y con
utilidad general en los países bien organizados. En Inglaterra,
Cobden obtuvo resultados admirables con la
|Liga de los
cereales, y los mítines numerosas son frecuentes para objetos
determinados en los casos de peligro para la buena marcha de los
intereses generales. Las logias masónicas existen en gran número en
toda Europa y en los Estados Unidos sin que se observe necesidad de
reprimirlas: las enormes asociaciones de obreros, cuyo número se
cuenta por millones en los Estados Unidos, los
|Caballeros del
Trabajo, :los
|Grangers o campesinos, no han producido
hasta ahora peligros notables para el orden y sí resultados de
benevolencia, fraternidad y auxilios recíprocos.
Los desórdenes que resultaron en 1850 y 1851 de la fundación
contrapuesta de sociedades democráticas y sociedades populares y el
desprestigio que sobrevino a ellas fue resultado de la exageración
del espíritu de partido que, en parte por herencia del pueblo
español, en parte por el furor de la larga y sangrienta lucha de la
independencia que presidió a la formación de estas nacionalidades,
ha quedado inoculado en nuestra sangre y en nuestros huesos;
enfermedad que es un deber de las generaciones venideras combatir
sin descanso. Para juzgar del estado de las pasiones en esos días,
basta leer los periódicos de ese tiempo:
|El Progreso, El Día, La
Civilización y
|El Misóforo, por una parte;
|El
Suramericano, El 7 de Marzo, por otra. Sobre todo el furor de
los tres primeros, redactados por personas de buena educación y de
talentos distinguidos, causa asombro. Eran hombres honrados,
excelentes esposos y padres de familia; pero parecían preocupados
con la idea de combatir, desacreditar todo lo que partiese del
gobierno, lo malo como lo bueno, buscando en un trastorno del orden
la vuelta al poder de que habían sido desposeídos por el sufragio
popular.
Como era natural, esos ataques dieron por resultado un
sentimiento semejante en el partido liberal y, por desgracia, el de
que alguno de los miembros del gobierno, el más influyente de
todos, el señor Murillo, diese protección y considerase como uno de
los medios. de defensa la conservación y el aliento de la Sociedad
Democrática en Bogotá y en los pueblos principales. de la
república. Esta era un campamento en que los dos partidos esperaban
con impaciencia la hora de lanzarse en los combates a mano
armada.
Los trastornos políticos en Venezuela fueron otro de los motivos
de discusión ardiente por medio de la prensa. Se sabe que los
sucesos ocurridos en Caracas el 24 de enero de 1848 en donde una
guardia organizada por el partido de oposición al presidente
Monagas en la cámara de representantes se trabó en lucha armada con
el pueblo de las barras, de lo cual resultó la muerte de dos o más
miembros del congreso, fueron el origen de una guerra civil
encarnizada. Allí como aquí había pasado el poder público, después
de diez y seis años de posesión, de las manos del partido llamado
oligarca a otro que se decía partido liberal. Vencida la facción
revolucionaria, los jefes de ella, los generales Páez, Soublette y
otros, se asilaron en Nueva Granada, acaso con el intento de
rehacerse e invadir a Venezuela por las fronteras de Casanare y por
las de Cúcuta. La administración, por el órgano del señor Paredes,
secretario de relaciones exteriores, atendiendo a los deseos del
gobierno de Venezuela, ordenó la internación de los asilados a una
distancia prudente de las fronteras y encargó a las autoridades de
Cúcuta y Arauca la vigilancia conveniente. Los internados, el señor
general Páez y el señor general Soublette, próceres de la
independencia, fueron tratados con el respeto que merecían, y a
este último, que vino a Bogotá. el congreso le concedió la pensión
de su grado como militar colombiano durante el tiempo que residiese
en nuestro territorio.
A pesar de esta conducta moderada, los periódicos de oposición
que simpatizaban vivamente con los revolucionarios vencidos,
acusaban de inicuas y crueles las medidas que el derecho de gentes
imponía a nuestro gobierno. El triunfo completo del de Venezuela y
la prisión del general Páez, hecho prisionero por las tropas del
general Monagas, pusieron término a estas censuras.