CAPITULO XXI
LOS GOLGOTAS
El 25 de septiembre de 1850 tuvo lugar la reunión pública de una
sociedad de jóvenes estudiantes del Colegio de San Bartolomé, con
el nombre de
|Escuela Republicana. Tenía por objeto
pronunciar discursos en público sobre materias de interés general,
principalmente las de asuntos de actualidad, y se componía en un
principio de los estudiantes próximos al término de su carrera; de
suerte que no sólo se trataba de presentar un certamen, sino
también de ejercitarse en la oratoria, condición indispensable para
el funcionamiento de las instituciones democráticas, en las que la
imprenta y la tribuna constituyen los dos resortes principales de
la opinión pública. Formada la sociedad cuando ya principiaba el
desarrollo de las ideas liberales, comprimidas durante los doce
años de la dominación conservadora, naturalmente esta manifestación
de los sentimientos de la juventud participó de la influencia de la
atmósfera política reinante y fue recibida con agrado general. Los
discursos no versaron en un principio sobre temas concretos de la
renovación que se esperaba, mas poco a poco fueron entrando en este
camino y despertando cada día más interés. El circulo de la
asociación fue ensanchándose con los jóvenes que, habiendo
concluido ya sus estudios, entraban en la carrera del periodismo o
en las de funciones oficiales, con lo cual ganó en seriedad e
importancia.
Allí hicieron su aparición los hombres que en los veinticinco
años siguientes debían figurar de diversos modos en la escena
pública: Domingo Buendía, Manuel Suárez Fortoul, José Joaquín
Vargas, Ramón Gómez, Leopoldo Arias Vargas, Mario Lemos, Alejandro
Roa, Aníbal Galindo, Camilo A. Echeverri, Milcíades y Marcelino
Gutiérrez, Narciso y Clímaco Gómez Valdés, José María Samper,
Francisco E. Alvarez, Santiago Pérez, José María Rojas Garrido,
Peregrino Santacoloma, Joaquín Morro, Antonio María Pradilla,
Nicolás, Próspero y Guillermo Pereira, Celso de la Puente, Tomás y
Lisandro Cuenca, Leonidas Flórez, Olimpo García, Narciso Cadena,
Pablo Arosemena, Januario Salgar, Manuel Lobo Guerrero, Juan
Bautista Londoño, Octavio Salazar, Eustorgio Salgar, Vicente
Herrera, Foción Soto, Antonio María Domínguez, Horacio González y
otros muchos que no recuerdo de pronto. Allí puede decirse también
que completaron su educación, a lo menos en lo que dice relación a
la cosa pública, a las cuestiones del día y a la costumbre de
considerarlas sin el espíritu estrecho que nace del aislamiento y
de la falta de comunicación con las ideas de otros hombres. Esas
sesiones, muy concurridas, despertaron en la capital un movimiento
intelectual considerable y contribuyeron a precisar los puntos en
que el partido liberal pedía renovaciones. Libertad de imprenta
absoluta, tolerancia religiosa. aceleración de la libertad de los
esclavos, reforma de algunas instituciones civiles, formación de
códigos civil y criminal sencillos en lugar de la enredada
legislación española, libertad comercial en las aduanas, abolición
de la pena de muerte, todas esas materias nadas por las
preocupaciones de lo pasado e influidas sí por dos acontecimientos:
el uno, la reciente publicación de la
|Historia de los
girondinos, de Lamartine, leída con avidez por nuestra
juventud. y el otro la revolución francesa de 1848, que en las
discusiones de su famosa asamblea y en el periodismo, había
determinado olas poderosas de pensamientos de renovación, hasta las
playas del nuevo mundo.
La impulsión de la Escuela Republicana no fue general en sus
efectos, sobre todo al partido liberal. Una parte de él, compuesta
de hombres maduros que habían atravesado los malos días de la
dictadura de Bolívar y sido víctimas después de la persecución
obstinada de 1841 a 1843, que había sufrido prisiones y destierros
y eran de concepto que a sus adversarios debía aplicárseles.
llegado el caso, procedimientos semejantes, no miraba con buenos
ojos las predicaciones de libertad, generosidad y garantías para
todos, repetidas por jóvenes inexpertos. Juzgaban que todas esas
libertades constituirían una república montada al aire, y esas
frecuentes alusiones de los jóvenes a las doctrinas fueron
discutidas por inteligencias jóvenes no domidel
|Mártir del
Gólgota llegaron al fin a serles indigestas. El doctor José
Máría Samper, en quien estas citas del Martir habían sido más
frecuentes, había sido objeto de una crítica burlesca por parte del
doctor Mariano Ospina en
|La Civilización, y apoderándose de
ella los disidentes liberales dieron el nombre de
|Gólgo
|t
|as a los miembros de la Escuela y a
todos los que profesaban ideas semejantes. Estos, en cambio,
aprovechando la ocasión de ideas contrarias a la abolición de la
pena de muerte por delitos políticos, emitidas por algunos de sus
oponentes, bautizaron a todos ellos con el nombre de
|Draconianos. Este fue el primer origen de las divisiones en
el partido liberal, divisiones que tuvieron un tono más acentuado
en 1851, cuando. habiendo apelado los conservadores a una
insurrección, los unos pidieron contra ellos destierro,
confinamiento y visitas domiciliarias, y los otros repitieron sus
sentimientos generosos de perdón y olvido.
Los primeros eran encabezados por el señor Obaldía, el señor
José Antonio Gómez, senador por la provincia del Cauca; el doctor
Ramón Mercado, gobernador del Cauca; el general José María
Mantilla, los doctores Juan Nepomuceno Azuero, Vicente Lombana,
Patrocinio Cuéllar y otros. A este círculo se unión el general José
Maria Obando, ya proclamado candidato para el próximo período
presidencial.
El otro era compuesto de los jóvenes de la Escuela. Republicana,
al cual se adhirieron el doctor Murillo,. reputado entonces como
jefe de él, los doctores Francisco Javier Zaldúa, Antonio María
Pradilla, Januario.. Salgar, Justo Arosemena, Ricardo Vanegas, José
María Vergara, miembros del congreso; el general Tomás Herrera,
aunque no del todo; el señor José María Plata y Otros muchos de
diversas partes de la república, entre ellos los doctores Rafael
Núñez, José Araújo,. Antonio González Carazo, gobernador de Mompós;
Nicomedes Flórez, Manuel Cañarete, gobernador de Santa Marta;
Isidro Villamizar, gobernador de Santander (provincia de Cúcuta), y
el señor Victoriano de D.. Paredes, entonces secretario de
relaciones exteriores.
Las ideas sobre que versaba la división entre las dos.
fracciones liberales eran las siguientes:
Libertad dé imprenta más extendida, absoluta, según la deseaban
algunos.
Abolición de la pena de muerte, no sólo en los delitos políticos
sino en todos los casos.
Reducción del ejército permanente, y algunos llegaban hasta la
supresión total de esta institución proponiendo reemplazarla con
guardias nacionales que prestasen su servicio en muy cortos
períodos.
En general, los unos deseaban renovaciones extensas en la
organización política en el sentido de restringir los poderes del
gobierno y extender las libertades del ciudadano, y los otros
conservar los medios de acción del gobierno en las sociedades
antiguas: los primeros deseaban proceder conforme a principios de
legislación bien estudiados, sin sujeción a recuerdos. rencorosos
de otras épocas; los segundos, adheridos al espíritu de partido, no
deseaban separarse de las tradiciones del partido político a que
pertenecían.
Esta división en los principios de organización política se
extendió luego a los de legislación civil y penal, en cuanto se
trataba de cuestiones de matrimonio, patria potestad, relaciones
entre la religión y el gobierno, caracteres de la propiedad
territorial, sujeta o no a gravámenes permanentes, divisible o no a
voluntad del usufructuario, etc., puntos sobre los que versaron
algunos discursos de los miembros dé la Escuela.
En competencia con ésta, algunos jóvenes de familias y creencias
conservadoras fundaron la
|Sociedad Filotémica, en la que
también se pronunciaban discursos destinados a propagar los
sentimientos y principios de su partido; pero la manera de
considerarlos era muy diferente en los jóvenes de lo que entre los
hombres ya formados en las luchas políticas. Si éstos se desataban
en improperios contra los gobernantes y en acusaciones de tiranía,
salvajismo y robo de los caudales públicos, aquellos predicaban
|libertad, igualdad,. fraternidad, como pudieran hacerlo los
de la Escuela Republicana. La diferencia principal entre las dos
sociedades consistía en imputaciones de socialismo, comunismo y
destrucción de la propiedad que los filotémicos hacían a los
republicanos, fundados en palabras poco meditadas del entonces
orador liberal José María Samper; pero ni aun en este punto era
completa la diferencia, pues en la tribuna filotémica también se
oían voces semejantes en los labios del joven Juan Esteban
Zamarra.
La primera reunión pública tuvo lugar el 28 de octubre en la
Quinta de Bolívar, para hacer más evidente el contraste de su
doctrina con la de los altivos republicanos sus rivales. Esta
idolatría por la memoria del Libertador es una de las fuentes de
error en la teoría conservadora, de la que naturalmente
participaron los jóvenes que celebraban el día del nacimiento del
héroe. Bolívar no era republicano ni amigo de las libertades
públicas. Las leyes eran un embarazo para él: su ideal de gobierno
era el de una dictadura sin freno sobre una obediencia ciega del
ciudadano. En el transcurso del tiempo no han faltado gobernantes a
quienes este precedente ha servido de pauta en sus actos.
Los miembros más notables de la Sociedad Filotémica eran los
jóvenes Carlos Holguín, Manuel María Medina, Antonio J. Hernández,
Fortunato Cabal, José María Pinzón Rico, Juan E. Zamarra, Pedro A..
Camacho Pradilla, Belisario Losada, Vicente Vargas, Joaquín F.
Vélez y Emilio Macías Escovar. Algunos de ellos terminaron su
carrera en las filas liberales, como los señores Hernández, Pinzón
Rico y Vicente Vargas. Poca fue la duración de esta Sociedad.
Fundada a fines de octubre de 1850, terminó su carrera en julio de
1851, durante la rebelión conservadora, en la que, habiendo querido
tomar parte, fueron sorprendidos Y aprisionados por los de la
Escuela Republicana. Estos trataron a sus prisioneros con mucha
generosidad y obtuvieron que se les dejase libres a los pocos
días.
La Escuela Republicana duró hasta 1853. En 1851 sirvió
decididamente al gobierno en los días de conflicto, y en 1854
muchos de sus antiguos miembros figuraron activamente en las filas
de los ejércitos constitucionales del sur y del norte, como jefes
de batallones voluntarios. Suspendidas las sesiones de la Sociedad,
la influencia de sus doctrinas subsistió por varios años hasta
1863, en la convención de Rionegro, en donde hicieron oposición
enérgica a los planes del general Mosquera y consignaron gran parte
de sus teorías en la constitución expedida por aquella corporación
De ahí en adelante, la interposición del general Mosquera en el
partido liberal hizo salir su camino a algunos de sus antiguos
miembros o simpatizadores, como los señores Rojas Garrido, Ramón
Gómez Peregrino Santacoloma, Joaquín Morro, Antonio González
Garazo, Daniel Aldana y otros, incorporados en el nuevo partido
mosquerista, reaccionario, fundado por aquél.
La influencia de la Escuela Republicana en la política nacional
fue muy notable. No tan sólo extendió el campo de las ideas
liberales, suavizó con su independencia de carácter y su amor a la
imparcialidad y la justicia, los furores del espíritu de partido,
sino que, por decirlo así, rejuveneció al liberal y lo impregnó con
la generosidad que es propia de la juventud: dejó un lampo de
patriotismo puro en nuestros anales, no manchado con ambiciones ni
codicias y sus miembros merecieron el dictado honroso de
|partido
girondino.
|