CAPÍTULO DÉCIMO.
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I.
Por fin se instaló la Convención (9 de abril) y se leyó el
mensaje que le dirigió el Libertador, es el que volvía a renunciar
el bastón de Presidente y la espada de jeneral. En este importante
documento, hizo Bolívar una reseña verídica del triste estado de la
República, manifestando la necesidad de reformar las instituciones,
dando al gobierno poder
|legal suficiente para asegurar la
paz y el orden. Pero en gran parte el malestar que se sentía, la
perturbación absoluta con que amenazaba la anarquía de las ideas
eran provenientes de los primeros y fatales desaciertos que él
mismo cometiera desde su llegada a Guayaquil, cuya verdad sentida
por todos, debilitaba la fuerza de su expresión. Desde que se
abandona el sendero de la legalidad, precisamente se ha de tropezar
con abrojos, matorrales y vallados que impiden encontrar el camino
para salir a lo claro. En las circunstancias en que Bolívar
hablaba, los más sanos principios enunciados por sus labios eran
mal interpretados: aparecían, o se hacían aparecer, no como
convicciones sinceras, sino como innoble ambición personal. Se ha
dicho, y se ha dicho muy bien, que aquellas circunstancias se
crearon. La misión del señor Leocadio Guzmán, el acta de Guayaquil,
las que a ellas se siguieron, y las consecuencias que produjeron,
son argumentos incontestables en favor de la proposición enunciada.
Cuado las circunstancias vienen por sí mismas, se los puede hacer
fuente, se las puede dominar; unas cuando se crean, todo lo
arrastran en pos de sí, agobia la responsabilidad del error
cometido, y no hay poder que resista a la fuerza oponente, fundada
en la razón ofendida.
"¡Legisladores! (concluía el mensaje de que hablo). Ardua y
grande es la obra que la voluntad nacional os ha sometido. Salvaos
del compromiso en que os han colocado nuestros conciudadanos,
salvando a Colombia. Arrojad vuestras miradas penetrantes en lo
recóndito del corazón de vuestros comitentes: allí leeréis la
prolongada angustia en que agonizan; ellos suspiran por seguridad y
reposo: un gobierno firme, poderoso, justo, es el grito de la
patria. Miradla de pié sobre las ruinas del desierto que ha dejado
el despotismo, pálida de espanto, llorando quinientos mil héroes
muertos por ella, cuya sangre sembrada en los campos hacia nacer
sus derechos; Sí, legisladores! muertos y vivos, sepulcros y
ruinas, os piden garantías. I yo que sentado ahora en el hogar del
simple ciudadano, y mezclado entre la multitud, recobro mi voz y mi
derecho; yo que soy el último que reclamo el fin de la sociedad; yo
que he consagrado un culto religioso a la patria y a la libertad,
no debo callarme en ocasión tan solemne. Dadnos un gobierno en que
la ley sea obedecida, el magistrado respetado y el pueblo libre; un
gobierno que impida la trasgresión de la voluntad jeneral y los
mandamientos del pueblo.
"Considerad, legisladores, que la energía de la fuerza pública
es la salvaguardia de la flaqueza individual, la amenaza que aterra
al injusto y la esperanza de la sociedad. Considerad que la
corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales
y de la impunidad de los delitos. Mirad que sin fuerza no hay
virtud, y sin virtud perece la República. Mirad, en fin, que la
anarquía destruye la libertad, y que la unidad conserva el
orden.
"¡Legisladores! a nombre de Colombia os ruego con plegarias
infinitas que nos deis, a imagen de la Providencia que
representáis, como árbitros de nuestros destinos, para el pueblo,
para el ejército, para el juez, y para el magistrado, ¡leyes
inexorables!........"
Absteniéndose de proponer ninguna forma de gobierno, terminaba
diciendo: "Nada añadiría a este funesto bosquejo, si el puesto que
ocupo no me forzara a dar cuenta a la nación de los inconvenientes
prácticos de sus leyes. Sé que no puedo hacerlo sin exponerme a
siniestras interpretaciones, y que al través de mis palabras se
leerán pensamientos ambiciosos; mas yo, que no he rehusado a
Colombia consagrarle mi vida y mi reputación, me conceptúo obligado
a este último sacrificio."
¿No restan en este lenguaje la buena fe, la convicción profunda,
la sinceridad del corazón? Los
|principios que él enuncia ¿no
son los
|principios indispensablemente fundamentales de todo
gobierno bien constituido? puede existir una sociedad sólidamente
organizada, sin profesarlos y establecerlos? se oponen ellos a la
libertad que reclaman los hombres honrados, dentro de los límites
do la moral? Qué es la libertad? No es el respeto a todos los
derechos de la humanidad, protegidos por la ley, afianzados por el
orden, y asegurados por la justicia administrada por tribunales que
den garantías de independencia y rectitud? La libertad de conspirar
impunemente, de calumniar, de atropellar los derechos mas
sagrados, de alzarse con el poder por el crimen, de no respetar ni
el sexo débil que no puede defenderse, de oprimir con sevicia
feroz, de erigir el vandalaje en sistema, de asesinar, do saquear,
de incendiar.....................¿es la libertad que conviene a los
pueblos? I un gobierno fuerte por la ley que consolidara el orden
social, impidiendo con vigor estos males tan frecuentes y
desastrosos en nuestras repúblicas turbulentas, y asegurase por la
justicia los bienes de una libertad racional, aplastando la
anarquía ¿podría llamarse absoluto y tiránico? No! La idea de
Bolívar era noble, previsiva; pero desgraciadamente se apresuró
demasiado, se equivocó en los medios. Si hubiera vigorizado el
principio sacrosanto de la legalidad, sosteniendo la constitución
que regia, salvándola con su brazo poderoso del naufragio que la
amenazaba y que, por fin, la ahogó; llegando el año de 1831, en que
cesaba su inviolabilidad, una convención verdaderamente nacional;
con la fuerza moral de la legitimidad de su reunion, de que carecia
la de Ocaña, sin que en su seno lucharan pasiones hostiles y
vengativas, habría oido con santo respeto las palabras de
rejeneracion saludable del fundador de la república, y el bien se
habia hecho sin contradiccion y con un sometimiento espontáneo.
¿Qué se habría podido objetar si entonces, al lógico trozo del
mensaje que he trascrito, hubiera añadido: "ya habéis,
legisladores, palpado que las instituciones vigentes son débiles
para sostenerse por sí mismas; que sin mi, la República habría
perecido. Pero yo no soy mas que un hombre próximo a hundirse en el
abismo de la eternidad; asegurad, pues, a la patria una existencia
duradera que no dependa de la vida de ningún hombre," ¿qué se
habría podido objetar, repito, a estas palabras que tan recientes
hechos justificaban?
Ah! cuando Bolívar habló, ya su voz no se oía; la pureza de sus
intenciones fue desconocida, y como él mismo lo habla previsto, sus
exhortaciones fueron siniestramente interpretadas!
II.
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La Convención se vio ahogada en representaciones, en actos, en
manifestaciones de las autoridades, de los cuerpos del ejército, de
los cabildos, de los pueblos, pidiéndole leyes fundamentales en
consonancia con las ideas emitidas por el Libertador. Mas, de nada
de esto se hizo caso, y las representaciones del ejército, se
enviaron al Presidente "como a quien correspondía mantener el orden
público y la disciplina militar," lo que era condenarlas.
Todavía la Convención hubiera podido salvar la República,
declarándose incompetente para reformar y anular la ley
fundamental, y decir terminantemente que no podía ser alterada por
una Convención que aunque fuera convocada por el Congreso no tenia
misión legítima. ¡Qué golpe moral tan terrible no hubiera dado
semejante declaratoria a todas las pasiones y a todos los
partidos! ¡Qué fuerza conservadora no habría adquirido el principio
de legitimidad con un acto tan esplendente de respeto a su
inviolabilidad! Pero la Convención no quiso detenerse un momento
siquiera a examinar su origen, ni si dentro de la esfera de los
principios del derecho constitucional, podía considerarse
competentemente autorizada a proclamarse un cuerpo soberano
constituyente; y lo que hizo fue declarar, por unanimidad,
necesaria y urjente la reforma de la constitución, y que debia
ocuparse en este asunto, con lo que le dió el último golpe.
III.
Entróse, pues, en la cuestión de reformas, y la primera que se
discutió acaloradamente, con el apoyo del jeneral Santander y de
su partido, fue la de que se adoptase el sistema federativo, y
después de muchas y largas sesiones, en que la injuria y el
sarcasmo, agriaron mas y mas los ánimos, fue negada la proposición
por cuarenta y cuatro votos contra veintidós. Un triunfo tan
completo del partido del orden, es decir, del centralista,
enfureció sobre manera al jeneral Santander, cuyo carácter
irascible no podrán negar sus mas apasionados parciales. En
aquellos sus frecuentes arrebatos llegó a decir que, si para
derrocar a Bolívar le fuera necesario hacerse musulmán, se ceñiría
el turbante sin vacilar.
De una Convención donde tales pasiones fermentaban ¿podía
esperarse que el patriotismo reflexivo, que la fría razón
inspirasen sus deliberaciones?
Empero, se votaron í se ganaron otras proposiciones
conservadoras que daban esperanza de que se allanaran las
dificultades que los enemigos de Bolívar promovían para hacer
imposible toda reforma aceptable. Acordóse que el gobierno de
Colombia fuese unitario, dividido para su ejercicio en legislativo,
ejecutivo y judicial; que la administracion fuese mejorada de modo
que hiciese mas eficaz la acción del Poder ejecutivo para que
pudiera mantener el orden público en una extension tan vasta como
lo era la de la gran República, estableciéndose asambleas
departamentales, dando con ellas ensanche al poder municipal. Cómo,
después de estas bases que parecían decisivas, pudo el partido
Santanderista adquirir una preponderancia que las hiciera
frustráneas, es lo que no podría explicarse si no se supiera lo que
son las asambleas deliberantes. En ellas hay por lo regular hombres
contemporizadores que, queriendo quedar bien con todos, adoptan un
sistema de concesiones a los unos y a los otros, con lo que rara
vez dan un triunfo decisivo a los principios que se controvierten,
de lo que resultan abortos informes que aumentan las dificultades
en lugar de allanarlas.
Una comisión presidida por el doctor Vicente Azuero fue
encargada de redactar un proyecto de constitución, sobre las bases
expresadas, y esta comisión lo hizo en uno que todo tendría, menos
armonía con lo que se había decretado. El señor Castillo Rada
presentó otro mas acorde con las prescripciones de la asamblea, y
sin embargo de probar esto, no pudo lograr que el suyo se adoptase
y el otro se rechazase. Los
|neutrales, después de estarse
seis días discutiendo el primero, hicieron que se discutiese
también el segundo simultáneamente, cosa nunca vista en ningún
parlamento del mundo, lo que produjo tal perturbación en el debate,
que aprobándose o negándose artículos de uno y otro proyecto, la
constitución que de semejante confusión naciera, vendría a ser una
especie de monstruo multiforme, precisamente incoherente en sus
partes e incapaz de formar un todo regular y practicable.
IV.
La Constitución de 1821 adolecía de vicios notables. "Desoyendo
la voz del Libertador, (dice García del Río en el número 2.º de sus
|Meditaciones Colombianas)
|
degradó el Congreso el
carácter de diputado de la nación dando para la elección de
representantes una base desproporcionada con la masa de la
población para el desempeño de las funciones legislativas.
Introdujo la tiranía en el santuario mismo de las leyes, haciendo
a las Cámaras único árbitro de todas las medidas que habían de
influir en la prosperidad o en el atraso de Colombia.
"En vez de conservar el equilibrio debido entre los altos
poderes constitucionales, y de asegurar la independencia de sus
atribuciones al Ejecutivo, se sometió toda la autoridad gubernativa
a la inspección y potestad de la legislatura. Debilitada la acción
del gobierno, sumamente ceñido en sus facultades, puede decirse que
casi no era mas que un instrumento de las Cámaras legislativas,
puesto que no solo se contaba por muy poco su oposición a las miras
de estas, sin que sin anuencia de una de ellas ni podía elegir sus
principales agentes, ni adoptar una línea de política exterior, ni
dirigir las reformas y mejoras internas. No se impuso
responsabilidad ninguna a los secretarios del despacho, y por
consiguiente degenerado esta importante función en la de meros
amanuenses o instrumentos de quien ejercía el Poder ejecutivo, ni
había emulación en el desempeño de los respectivos deberes de los
ministros, ni estímulo para desplegar energía contra la voluntad no
fundada del primer magistrado. Carecía, en fin, todo el sistema
gubernativo de la consistencia suficiente para hacer venir al
pedestal de la autoridad y de la ley, los esfuerzos y los
intereses, las aspiraciones y los resentimientos privados Pero como
una falta nunca deja de ser seguida de otra, queriendo ocurrir a la
insuficiencia del Ejecutivo en algunos casos, se abrió en la
constitución misma una anchurosa brecha para destruir la libertad.
Desde el momento en que se concedieron al jefe del gobierno
facultados extraordinarias, facultades
|ad arbitrium sin
definir los límites de su ejercicio, era evidente que el día que
quisiese, absorbería este poder todos los otros.
"Copiando artículo por artículo, menos en la forma federal, la
constitución de los Estados Unidos de América, se limitó la
duración de la Presidencia y Vicepresidencia al término de cuatro
años, sin tener presente que en una población como la nuestra,
falta de virtudes cívicas y abundante en pretensiones, la
frecuencia de las elecciones había de ser un semillero de
discordia, si no un principio de muerte. El hombre toca
frecuentemente los extremos opuestos: por huir de la federación se
centralizó todo; descuidóse lo local por atender solo a lo jeneral
y no se trató de establecer una organización departamental bien
entendida; organización de absoluta necesidad en Colombia, a causa
de las inmensas distancias que separan nuestras poblaciones del
centro de la autoridad de las diversas medidas que reclaman las
distintas necesidades de agricultura, industria, comercio y
educacion de nuestras provincias, que, situadas unas en lo
interior, otras en la costa, estas en la basa de la cordillera,
aquellas en su cima, ofrecen tan poca analojía y semblanza entre
sí, en lo moral como en lo físico. Por semejante omisión, por no
haber establecido la gradación necesaria en el edificio social
debía hallarse la legislatura recargada de negocios, sin tiempo y
sin luces suficientes para despacharlos con acierto, originándose
de aquí graves perjuicios y descontentos locales. Promulgáronse en
fin, multitud de leyes, entre las cuales había algunas, como la que
prescribe el régimen político de las diferentes partes y
autoridades de la República, que no guardaban armonía con la
constitución; otras eran imperfectas, o presentaban inconvenientes
prácticos en su ejecución; si algunas estaban fundadas en las basas
de la eterna razón, también había otras que eran perjudiciales o
inoportunas, por lo menos, pues que no estaban adaptadas a la
condición de nuestra sociedad.
DEL JENERAL J. POSADA GUTIÉRREZ.
"Delineados mas bien que establecidos con solidez los cimientos
del edificio, no tardaron en sentirse los efectos de la
precipitación y de la imprevisión de nuestros legisladores. En el
origen de todo gobierno representativo, son inevitables las faltas:
el poder se muestra vacilante en sus actos, la multitud impaciente
en sus votos. Desde luego se combinaron nuestros hábitos añejos
con ciertas preocupaciones de localidad, para impedir que el nuevo
régimen echase raíces profundas; fermentaron las pasiones,
chocaron los intereses, y la imprenta, manejada a veces por la
perversidad, dirijida otras por celadores ilusos, comenzó a minar
las instituciones nacientes. Vióse entonces a un partido atacar a
Bogotá, mirada con celos por ser la silla del gobierno; otro
desacreditaba la constitución, pretendiendo resucitar el ominoso
sistema federal; éste se oponía a cuanto emanaba del Poder
ejecutivo; aquel ridiculizaba los mas nobles actos de la
Revolucion; hasta la cátedra de la verdad, la convirtieren algunos
eclesiásticos en instrumento de ataque contra el Gobierno de
Colombia. Trabajada la recién nacida República por divisiones
intestinas, luchando con un enemigo obstinado, sin numerario, sin
agricultura sin comercio, sin marina, casi puede decirse que tenia
librada su existencia al valor y a las virtudes del ejército y sus
jefes.
"Con efecto, mientras que los seductores de los pueblos corrían
tras encantos ideales, o querían servirse de su influjo para
arrastrarlos al abismo de las revoluciones, el Libertador y sus
dignos compañeros de armas se ocupaban en purgar de enemigos el
suelo de la patria."...
V.
No puede ser mas exacto el análisis que precede de la
constitución del año undécimo. sin embargo, justo es decir que
aquel Congreso, el primero de Colombia, fue de los mas honorables
que jamás se reunieron, y entre las disposiciones útiles que dictó,
tiene el timbre esclarecido de la famosa ley de manumisión por la
cual "se prohibió el abominable tráfico de hombres, y con política
filantrópica y
|discreta se declaró libres a los que
respirasen el primer aliento de la vida en el suelo de Colombia" y
se crearon recursos para ir anualmente manumitiendo a los que
tuvieron la desgracia de nacer antes de aquella ley.
El jeneral Santander elegido Vicepresidente de la República por
el mismo Congreso y habiéndose encargado del Poder ejecutivo por
hallarse el Presidente al frente del ejército, y poco después
ausente de la República en la gloriosa campaña del Perú, el jeneral
Santander, digo aplicóse a plantear la constitución, dictando
reglamentos útiles. El cuerpo legislativo se reunió en los días
prefijados, el orden público se conservó sin que en ninguna parte
aparecieran tumultos ni desórdenes populares; las elecciones se
hacían con una regularidad que no se ha visto después; las leyes
se observaban; la justicia se administraba sin que el espíritu de
partido ni la venalidad la torcieran; para las legislaturas, para
todos los puestos públicos se escojian hombres dignos, "El
Ejecutivo (dice García del Río, y decia la verdad) había seguido
una línea de conducta capaz de conciliar el respeto de los pueblos,
y tenia visos de consistencia el sistema Constitucional."
Esperábase, pues, que llegara el año de 1831 para en la
constitución las reformas que la experiencia y el estudio de la
ciencia política indicaban, despreciándose las declamaciones de
|los seductores de los pueblos cuando llegó el año de 1826,
y ya hemos visto lo que sucedió. Tributemos, pues, a la memoria del
jeneral Santander la alabanza que por su administración
|hasta
entonces mereció indisputablemente; y caiga sobre los autores
del mal el anatema de la posteridad.
VI.
|
Volvamos a anudar el hilo que dejamos cortado de la discusión de
los dos proyectos de constitución en que se ocupaban los
convencionistas de Ocaña.
El de la comisión Santanderista, redactado a la ligera, era
basado sobre la constitución de Cúcuta, aunque con variaciones
sustanciales, tendiendo todas a debilitar la acción del Poder
ejecutivo, contra lo acordado por la corporación, porque no se
fijaba la vista en los principios, en el porvenir, sino en Bolívar,
que consideraban seria el Presidente nombrado. El territorio se
dividía, como en aquella, en departamentos, provincias, cantones y
parroquias, debiendo ser de veinte, por lo
|
menos el número
de los primeros. En cada departamento se establecía una asamblea
que por sus extensas atribuciones venia a ser una verdadera
legislatura departamental, con la facultad, además, de perfeccionar
las elecciones de los altos mandatarios, y de los senadores y
representantes; si bien por el tomor de las consecuencias que
pudiera tener el abuso, se concedia al Gobierno la facultad de
suspender y al Congreso la de anular los actos ilegales de dichas
corporaciones. Para el gobierno político de los departamentos se
establecían prefectos, nombrados por el Poder ejecutivo a propuesta
en terna de las asambleas departamentales. Estos magistrados eran
al mismo tiempo agentes del gobierno nacional y de las legislaturas
departamentales, cuyos acuerdos estaban encargados de hacer
cumplir, aunque pudiendo suspender su ejecución en ciertos
casos.
Los concejos municipales, que reemplazaban los ayuntamientos del
tiempo del gobierno español, se suprimían, organizándose en su
lugar asambleas que solo podían reunirse tres veces al año en la
cabecera del cantón, con atribuciones limitadas a muy pocos
negocios de interés local.
En la organización del Congreso se conservaba la forma de la
constitución de Cúcuta, en dos cámaras, una de senadores y otra de
representantes, variándose el modo de elegirlos, y renovándose en
parte anualmente Se quitaba al senado la intervención que tenia en
el nombramiento de ciertos empleados, y en las acusaciones que
intentara la cámara de representantes, su autoridad se limitaba a
suspender al acusado del ejercicio de sus funciones, y ponerlo a
disposición del juez competente.
Se suprimía el articulo 128 de la constitución de Cúcuta,
fijándose las facultades extraordinarias de que podía usar en casos
determinados, Se quitaba al Poder ejecutivo toda intervención en el
nombramiento de los ministros de los tribunales de justicia, y
éstos se declaraban temporales.
Un consejo compuesto de dos de los secretarios del despacho, y
de cuatro ciudadanos nombrados por el Congreso debía consultar al
Gobierno en los casos arduos, y a éste se daba una iniciativa que
no tenia, en la expedición de las leyes, permitiéndosele presentar
proyectos de ley, y hacer oír su voz en las cámaras por medio de
uno o dos secretarios del despacho, que podían tomar parte en la
discusión, aunque sin voto. Los secretarios y los consejeros
nombrados por el Congreso eran responsables por los actos del
Gobierno acordados con su voto.
De estas disposiciones fueron propuestas por el Libertador, en
su mensaje, la que coartaba las facultades extraordinarias, que
llamaba "torrente devastador;"
|
la regalía de proponer
proyectos de ley; la concurrencia de los secretarios del despacho a
la discusión cuando el Gobierno lo creyese conveniente, y la
eliminación de los concejos municipales.
Los bolivianos encontraron defectuoso este proyecto en le
sustancial, diciendo que astutamente se habían diseminado en casi
todos sus artículos, restricciones que solo tendían a debilitar la
acción del Gobierno, y a facilitar medios de hacerle oposición;
que en la forma que se daba a los departamentos, se creaban en
realidad estados casi independientes, siendo sus asambleas
verdaderas legislaturas, con tan amplias facultades, que traerian
una complicacion monstruosa en la lejislacion del pais y no
bastarian las sesiones ordinarias del Congreso para decidir sí eran
o no contrarias a las leyes nacionales, estableciéndose
furtivamente el funesto sistema federativo rechazado por una gran
mayoría de la Convenciónn; que privando al Ejecutivo de la
facultad
de nombrar los ministros de los tribunales de justicia, y
haciéndolos electivos y periódicos, se aislaba y empeoraba la
administración de justicia, porque los jueces que debían su
elección a un partido político se hacían parciales en favor de sus
copartidarios, y el santuario de la justicia vendría a ser una
espada de venganza, afilada y asestada contra el pecho del
adversario político inocente; y haciéndoles periódicos perdian la
independencia en una posicion precaria que los obligaba a halagar,
hasta violando la equidad, al partido que por otra eleccion podía
asegurarles medios de subsistencia y al que debian la que ya tenian
que la introduccion en el consejo de Gobierno de cuatro miembros
elejidos por el Congreso, desvirtuaba su objeto, llevando a él, mas
bien que consejo, el espionaje y la censura; y la absoluta
independencia de tales consejeros, con las ínfulas de
representantes de las cámaras lejislativas, les daba un poder moral
inmenso sobre el jefe del Gobierno, quitándole a este su acción
natural, y obligándole a doblegarse a la voluntad de unos hombres
que, en cierto modo, eran para con él lo que los comisarios de la
Convención francesa para con los jenerales de los ejércitos.
fue, pues, para rechazar el golpe alevoso que presentaron los
bolivianos el contra-proyecto redactado por el señor Castillo Rada
de que hice mención. Este también tenia por basa la constitución de
Cúcuta. Divídase por él solo en catorce departamentos el territorio
de la República; se conservaban las asambleas departamentales,
propuestas por los santanderistas, pero privadas de toda funcion
lejislativa de carácter jeneral, del derecho de proponer ternas
para llenar vacantes, y del de perfeccionar las elecciones,
limitándose sus atribuciones a los negocios estrictamente
económicos y propiamente municipales, y a pedir al Congreso por
medio del Poder ejecutivo la creacion de impuestos que cubrieran
los gastos del servicio municipal, censiderándose peligroso dejar
esta facultad,
|ad
|arbitrium, a corporaciones
subalternas que abusan profusamente de ellas, agobiando al pobre
pueblo contribuyente, para crearse empleos que casi siempre se
reparten entre sus propios miembros, o dotan con ellos a sus
allegados.
|¹ La acción del Gobierno se vigorizaba
concediéndole
|un veto suspensivo en las leyes que objetase,
las que se conisiderarian no expedidas a menos que las dos
legislaturas subsiguientes no insistiesen en su conveniencia por
los votos de las dos terceras partes de sus miembros presentes.
La festinacion con que se discuten í acuerdan nuestras leyes,
los males que muchas de ellas por esta causa producen, fueron las
razones que se alegaron para conceder este
|veto al poder
colejislador; pero que se necesitasen las dos terceras partes de
los miembros de las cámaras para la insistencia era en mi concepto
un principio falso, porque sometia la decision a la minoría, y dos
legislaturas subsiguientes tambien me parece que era demasiado. El
|veto suspensivo, si las cámaras no convienen en las
objeciones del Poder ejecutivo, es no solo útil sino de necosidad
para evitar los efectos de la lijereza y de las pasiones del
momento; pero un año y la mayoría absoluta bastan pasa esto.
Dábase al Gobierno por aquel proyecto la facultad de nombrar
todos los empleados de la administracion ejecutiva y de hacienda,
con la de removerlos cuando dejasen de merecer su confianza.
Tambien se le daba la de elejir los ministros de los tribunales de
justicia, unas veces a propuesta de éstos, y otras con el acuerdo
y consentimiento del Senado; pero una vez nombrados, no podía
destituirlos, ni siquiera suspenderlos. El artículo 128 de la
constitución de Cúcuta, se rermplazaba con otro en el cual se
especificaban con claridad y limitacion las facultades
extraordinarias de que podía usar el Poder ejecutivo, cuando el
Congreso no estuviese reunido, quedando este cuerpo autorizado para
variarlas o extenderlas segun las circunstancias, cuando lo
estuviese. Por la constituciónn de Cúcuta, la duracion del período
de Presidente era de cuatro años, pudiendo ser reelejido; por el
proyecto santanderista se conservaba el mismo periodo,
prohibiéndose la reeleccion inmediata; por el del señor Castillo
Rada se prolongaba
|
1 La experiencia ha probado de la manera mas triste y
vergonzosa la exactitud de este razonamiento.
|
el período a ocho años, guardándole silencio sobre si podía ser
reelejido o no.
VII.
Los santanderistas gritaron; "a la traicion," calificando este
proyecto de mas monárquico que la constitución de Bolivia; decian
que las asambleas departamentales quedaban anuladas
restrinjiéndoseles las facultades del primer proyecto; que el
silencio guardado sobre la reeleccion del Presidente, después de un
periodo de ocho años, venia a equivaler a la presidencia vitalicia
por varias elecciones consecutivas, lo que, segun vociferaban, no
tenia mas objeto que perpetuar a Bolívar en un mando
|absoluto indefinidamente; que la insistencia de dos
Congresos sucesivos
|por los votos de las dos terceras partes
de sus miembros, que se exijia para dar validez a una
|
ley,
constituia al Poder ejecutivo en único lejislador; que autorizando
al Congreso para otorgar mayores facultades extraordinarias que
las definidas en la constitución, se abria la puerta al abuso; y
por último, que el libre nombramiento de todos, y la facultad de
remover a algunos de los empleados, daba al Gobierno un influjo
terrible.
"Con opiniones y principios tan opuestos era imposible que estos
dos partidos se acordasen entre sí del modo íntimo y franco que
exijo el deliberar en los arduos y delicados negocios de interés
público. Así fue que el cuerpo, objeto de tantos anhelos, se vio
convertido en un campo de batalla, en donde cada uno, ya que no
lograse el triunfo de su causa, se contentaba con frustrar del suyo
a los contrarios."
|¹
La discusion se agrió hasta llegar al ultraje. El respetable
señor Joaquin Mosquera, que era el moderador imparcial de aquella
efervescente asamblea, podía apénas caImarla. Los diputados
llamados bolivianos eran insultados; todas sus indicaciones se
imputaban a malos motivos; se les ridiculizaba cuando llamaban en
apoyo de sus doctrinas la opinion jeneral de los colombianos
manifestada en las peticiones que ántes he mencionado
en favor de un gobierno que fuese capaz de mantener el ordenn
por medios legales; el jeneral Santander con el tono imperioso que
el hábito del mando le habia hecho contraer, los gritaba en
términos que llegó a intimidarlos.
Viéndose, pues, oprimidos, y que se les negaba en la discusion
lo que tenian de derecho como diputados, ya con infraccion
voluntaria del reglamento, ya con intrigas, ya con arterías, siendo
santanderista el presidente de la asamblea y hombre versado en la
táctica parlamentaria, sí tales pueden llamarse aquellos
procedimientos irregulares, manifestaron haber resuelto separarse
de la Convención y regresar a sus domicilios, para dar cuenta a sus
comitentes de los motivos que los obligaban a dar un paso de tamaña
trascendencia.
Esta inesperada resolucion impuso a la fraccion neutral, y
conociendo el mal que habian causado con su conducta indecisa,
promovieron explicaciones confidenciales entro el jeneral Santander
y sus partidarios con los diputados agraviados, esperando que ellas
condujeran a un avenimiento que pusiese término al conflicto. Pero
con aquel partido no habia avenimiento posible sino sometiéndose a
su voluntad; y así, aunque se tuvieron dos conferencias, nada se
acordó definitivamente. Algunos diputados hacían, empero, esfuerzos
por conseguirlo, cuando el jeneral Santander, el doctor Azuero y el
doctor Francisco Soto presentaron, causando sorpresa a todos, una
solicitud pidiendo permiso para separarse de la Convencíon.
VIII.
|
Desde que el Libertador tuvo noticia en Bucaramanga de la
ajitacion en que la Convención se encontraba, escribió a sus
amigos manifestándoles sus temores de que no se hiciese nada
provechoso, y que por tanto pensaba retirarse a Venezuela, y
separarse enteramente de los negocios públicos, desesperanzado como
estaba de la salud del pais. Esta determinacion alarmó a muchos
diputados a sus amigos de todas partes donde fue conocida.
Centenares de cartas suplicatorias fueron la respuesta, haciéndole
el cargo de que los abandonaba en el peligro, manifestándole que
semejante paso seria tachado de desercion en lo fuerte de la
batalla, y que con él seria inevitable la guerra civil y se
consumaria la disolucion de Colombia que se veia venir. A tan
incontestables razones. Bolívar cedió.
Algunos diputados con este motivo propusieron que se le llamase
a Ocaña, teniendo en mira que estando allí pudiera promoverse, con
buen éxito, una reconciliacion con el jeneral Santander. Pero la
proposición fue negada, porque los sautanderistas supusieron que
ella no habia otro objeto que el de que Bolívar estuviese mas al
alcance de los diputados para emplear sobre ellos su influencia o
su seduccion.
Insistieron, pues, los diputados que se consideraban oprimidos
en separarse de la Convención, y en efecto ventiuno de ellos lo
hicieron (10 de junio). Entro los que quedaron, unos pocos se
arrepintieron de su tenacidad; los mas se alegraron del suceso,
considerándolo decisivo contra el Libertador, a quien lo
atribuyeron con villanía.
Puedo asegurar que el Libertador no tuvo la menor parto en
aquella resolucion, que no me atrevo a calificar. Debí a mi
venerable paisano Castillo Rada que me honrara con su amistad, y en
varías conversaciones que tuve con él sobre este asunto, así me lo
aseguró; y el señor Castillo podía errar pero jamas mentia. Con el
Libertador tambien hablé dos años después, y me manifestó que la
habia deplorado, como habia deplorado tambien la necesidad en que
se habian visto los diputados que la tomaron de sustraerse a la
injuria, al escarnio, a la arbitrariedad con que eran tratados, y
contribuir con su presencia, y en silencio, a consumar la ruina de
la República. No tuvo pues, el Libertador la menor intervención en
el acto de que se trata; pero no condenaba, o lo disculpaba.
Los diputados que se separaron, expusieron sus motivos en un
razonado manifiesto. La posteridad no ha llegado para ellos:
dominan todavía las pasiones contemporáneas; y por consiguiente, si
los unos los condenan, habrá muchos que los justifiquen o los
excusen cuando menos.
Para mí hai una cosa cierta, y es que si los bolivianos hubieran
contado con mayoría firme, se habrian separado los mismos que
condenaron y condenan a los que lo hicieron, aun sin tener los
motivos que estos tuvieron. La solicitud del jeneral Santander y de
los señores Azuero y Soto, fue una indicacion y una amenaza de que
así lo harian.
No quedando, pues, número suficiente para continuar las
sesiones, declararon los miembros presentes disuelta la Convención.
Pero solo faltaba un diputado para completar el
|quorum. Las
provincias que hoi forman los estados de Santander y Boyacá estaba
cerca: ¿porqué no llamaron los suplentes para continuar? A esto no
se ha respondido nunca. El cansancio!....No he oido otra
excusa.
IX.
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La influencia que este suceso, que dejaba la República acéfala,
tuviera en los partidos, puede calcularse. El constitucional se
habia extinguido desde la convocatoria de la Cenvencion; el
boliviano se ocupó con
|
ardor en
|
constituir
|
un
gobierno confiriendo la autoridad suprema al Libertador por medio
de actas populares; el santanderista, si hemos de juzgar por los
hechos posteriores, no pensó sino en deshacerse de Bolívar y
después dejarse llevar por la corriente de los sucesos, cuyo
término probable no podía ser otro que el de la disolucion de la
República en tres independientes, lo que aseguraba la supremacía
en la mitad de ella, esto es en la Nueva Granada, al jeneral
Santander. Le lógico era que todos los partidos, compadeciéndose de
Ia patria, hubieran declarado en su fuerza y vigor la constitución
de Cúcuta; que en consecuencia se restableciese el réjimen legal y
continuasen los poderes constituidos en el ejercicio pacífico de
sus atribuciones respectivas; que, aunque la Convenucion hubiera
declarado urjente su reforma, no la habia llevado a efecto ni en
todo ni en parte, admitiendo por concesion gratuita, que la
Convención, por habérsele dado este nombre, contra todo derecho, se
considerase con facuItades para ello.
Los diputados que se separaron, lo indicaron así en su
manifiesto. "Entre tanto (decian), existe en vigor la constitución
del año undécimo, existen las leyes, y existe a la cabeza del
gobierno el Libertador presidente, que reune la confianza jeneral."
|
Porque no dijeron lo mismo los diputados que se quedaron en
Ocaña? Restablézcase el orden constitucional, era todo lo que habia
que declarar.
El señor Restrepo, en su historia de Colombia, dice que esto era
ya imposible: yo no lo creo así; por el contrario, creo que era el
único medio de desembrollar el cáos, pues el Libertador habría
aceptado la idea como una tabla de salvacion, sí el jeneral
Santander y su partido cesaban en la violenta oposicion que le
hacían, acriminando sus intenciones, desconcertándolo y
aturdiéndolo. El consejo leal y sin pasion habría sido mas eficaz;
y una reconciliacion sincera de los dos altos magistrados hubiera
allanado todas las dificultades; peso esto era lo imposible.
Contra los diputados que se separaron hai el cargo de no haber
pronunciado el primer dia de la instalacion de la asamblea esas
mismas palabras que escribieron en su manifiesto, pues que ellas
indican que tenia la conciencia de que la Convención no ejercia
misión lejitima, una vez que reconocían que la constitución, las
leyes y las autoridades constituidas existian en su fuerza y vigor;
lo que seria un contrasentido, admitiendo al mismo tiempo la
legalidad de la reunion de la Convescion, contra las
proscripciones claras, terminantes, absolutas de la
constitución.
Hombres de tan alto mérito, por sus luces, por la práctica de
los negocios públicos como el jeneral Santander, los diputados
Castillo, Azuero, Mosquera, Soto, etc. ¿podían desconocer, ignorar,
estos principios que son sencillos y
|
claros cuando están a
mi alcance? I, habiéndose Santander, Azuero y Soto opuesto con
incontestables razones a la convocatoria de la Convención, ¿no
estaban obligados a sostenerlas hasta el fin? ¿Porqué intrigaron
para ser nombrados diputados, y concurrieron a un cuerpo, cuya
falta de legalidad, cuya falta de autoridad, hablan sido ellos los
primeros en demostrar?
Lo que hai de cierto es que los principios no entraban ya en
cuenta para nada. La lójica de la razón habia sido atropellada por
las argucias de las pasiones, y la patria perecia bajo los golpes
que le daban los unos y los otros, cegados por las rivalidades, por
el encono, por el odio, y por el orgullo de triunfar humillando a
su adversario. ¡Pobres pueblos, siempre víctimas inocentes de
estos furores! I lo que sucedió entoncess, ha sucedido después,
está sucediendo y sucederá, miéntras no se acierte a poner límites
a la ambición!