apenas caía un herido, lo montaban y enviaban a retaguardia,
siempre que podía sostenerse y andar.
"De los nuestros, además de 16 muertos, tuvimos al alférez
Mogollón y 21 de tropa de infantería y 2 de caballería heridos, que
pasaron al hospital de Neiva...
"Como treinta minutos tardé en reunir la tropa ... marché yo
inmediatamente, a paso acelerado, a la cabeza de la columna de
infantería, con sus jefes y oficiales en sus puestos, di alcance de
las guerrillas, que ya he dicho, se adelantaban demasiado, lo que
no dejaba de darme cuidado, porque pasaban de 200 hombres, que en
una vuelta de cara rápida del enemigo, podían verse en un conflicto
sin una reserva formada que los amparase.
"Dice el coronel Franco en su primer papel, supongo que hablando
de la acción de Riofrío, pues que no la nombra, lo siguiente:
"Todo lo que hice allí, con muy pocos compañeros al principio de
la batalla, está en conocimiento del público y del Gobierno, por
el parte que dio el general Posada; ahora, la parte que le tocaba
a dicho general, y que también la hice yo, es la que voy a hablar:
luego que rechazamos por primera vez la caballería e infantería
enemigas, tomaron una posición muy ventajosa, a donde corría el
resto de las tropas de Sánchez, que aún no había peleado,
entretanto estaban haciendo fuego como 200 hombres nuestros, a la
sombra de algunas piedras y matas; yo veía con desesperación que
se nos pasaban los momentos más preciosos y urgentes para atacar
a los facciosos antes que se reunieran todos, pero por ninguna
parte veía al jefe que nos mandaba, etc.".
"Es decir, que después de obtenida la victoria, y consumado el
triunfo espléndidamente, la caballería que no pudo ser
vigorosamente perseguida, la columna de infantería que no se batió,
y los dispersos que buscaban su retaguardia en la fuga,
emprendieron su retirada aceleradamente, y de vez en cuando hacían
algunos tiros sin suspender su marcha.
"Pero ¿por qué el coronel Franco no ha dicho ni una sola palabra
sobre la batalla, ni nada de lo que
|
1
|
Después supe que se habían encontrado en los
matorrales 15 muertos más, en todo 65, y algunos 6 u 8 heridos que
se mandaron a Neiva.
|
pasó hasta que fue
|rechazada, esto es, derrotada, la
ca
|ballería e
|infantería enemigas? ¿Por qué salió
sobre todo esto, en que tánta honra me cabe, y empieza a hacerme
inculpaciones desde el punto en que
|fue derrotada la caballería
e infantería enemigas para adelante... embrolladas y oscuras,
de manera que un lector superficial que no se fije, confundiendo
la persecución con la batalla, piense que yo no estuve en ella y
que él lo hizo todo?... Después que derrotamos la caballería e
infantería enemigas, por allá adelante, a donde se fue el coronel
Franco, ¿hubo un solo muerto, ni un solo herido, ni un solo
prisionero de una u otra parte...
"Lo que hay de cierto es que Sánchez, viendo aquella columna
persiguiendo en desorden, desplegada a grupos en una extensa
línea, sin reserva, habiendo conocido desde el principio por mi
toque de
|llamada y tropa que yo estaba reuniendo los
cuerpos, trató de batirla a la orilla de una zanja, pensando poder
conseguirlo antes que el resto de la infantería la socorriese: las
guerrillas, en efecto, hicieron frente, con su valor
acostumbrado; pero como al mismo tiempo Sánchez viese la columna
que yo conducía marchando con orden y aceleración, debió calcular
que no tenía tiempo para ejecutar su operación, antes de que
nosotros llegáramos, que era lo que él evitaba, y en consecuencia
continuó su marcha retrógrada, redoblada, poniendo su caballería a
retaguardia para que hiciese frente cada vez que los nuestros
avanzasen a fin de que pudiese ganar terreno su pequeña columna de
infantería...
"Oigan ahora al coronel Franco:
"Los perseguirnos hasta río Neiva: en este punto hice un pequeño
alto, para reunir la tropa que iba regada y sumamente ahogada; a
poco tiempo llegó el coronel Posada", etc.
"No es exacto que hubiese hecho alto en río Neiva, amo antes de
llegar al Tambo de Albadán; pero prescindiendo de distancias, he
aquí a mi propio difamador dando un testimonio incontestable a
favor de la verdad de cuanto acabo de referir, porque si el alto
que hizo fue pequeño y a poco rato llegué yo, es claro que no iba
muy atrasado. ¿Y cómo llegué yo, señor general Franco? ¿No llegué a
la cabeza del grueso de las tropas formadas, con sus jefes y
oficiales en sus puestos? ¿O llegué por ventura solo y descarriado?
Responda categóricamente el general graduado para que él mismo dé
otra prueba de lo que ha escrito...
"Desde aquel punto volvimos a marchar unidos yendo nuestros
soldados, como él dice, sumamente
|ahogados, como debían
estarlo en las llanuras volcánicas de la provincia de Neiva, y
hallándose el sol en el cenit derramando torrentes de fuego sobre
unos hombres nacidos y criados en las tierras frías de Bogotá y
Tunja, forrados en bayeta, extenuados con dos días de escaso
alimento e ímprobo trabajo, y cuatro noches continuadas de
vigilia: no era, pues, posible, sin matarlos, exigirles un
sacrificio superior a sus fuerzas, y necesariamente los ágiles y
robustos indios de Timbío y el Tambo, los negros y zambos de Patía,
Quilcacé, Cauca y Caloto podían seguir su marcha impunemente
haciendo descansos, tanto más cuanto sus estropeados montaban,
echando pie a tierra los soldados frescos de a caballo... (hasta
los oficiales, hasta el mismo Sánchez) ...
|
1 El general Santander, en sus
|Apuntamientos, hablando
de las o craciones del ejército libertador en Nueva Granada, el año
Le 1819, dice:
|"La batalla de Boyacá nos puso en posesión de
la capital del virreinato. Nuestra pérdida en ese día no alcanzó a
20 hombres en todo el ejército... Anzoátegui dirigía sus
operaciones sin ver las mías, ni yo las de él, porque como lo
habrán notado todos los que conocen el campo de batalla, se ocultan
fácilmente los movimientos de una tropa, por los matorrales y la
desigualdad del terreno... Después de la victoria me encontré el
general Bolívar en la persecución de los enemigos, etc.". Y si
Bolívar y Santander no se encontraron sino después de la victoria,
ésto es, no se vieron, ni tampoco se vieron los jefes de las dos
divisiones, Santander y Anzoátegui, durante la acción, resulta que
estos tres generales, según el general Franco, estarían en peor
condición en la batalla de Boyacá, que yo en la de Riofrio, pues
dice que después que rechazamos, esto es, que derrotamos la
infantería y caballería enemiga, no veía él por ninguna parte, lo
que significa que me veía cuando derrotábamos el enemigo, que es lo
que importa.
|Vencer economizando la sangre, es
|la ciencia
de los generales. Y esto fue lo que hizo el gran Bolívar en
Boyacá, con sus movimientos previos, y lo que hice yo en Riofrío.
"Cuando a alabanzas mías, yo les ruego a mis lectores, propios y
extraños, no las tengan por inmodestas, pues escribo mi apología.
El hombre perseguido, sí se encuentra inocente, tiene derecho a
alabarse, y debe hacerlo; si no lo hiciera así, no podría
defenderse ni alcanzaría a justificarse". (El Príncipe de la
Paz)
|
"En río Neiva, que es de poderosa corriente, costó inmensa
dificultad pasar la tropa, pues ya se sabe lo que son las gentes de
la cordillera a la orilla del agua... Y desde allí... nos
adelantamos a buen paso hasta la ciénaga de Llanogrande, el coronel
Franco y yo, con unas quince o veinte personas a caballo. Allí hice
alto, porque la persecución activa era inútil, pues al paso que el
enemigo llevaba, y los medios de movilidad que tenía, era
imposible, de toda imposibilidad, que nuestros soldados pudieran
alcanzarlo: necesitaban urgentísimamente un rato de descanso y un
bocado de carne para reanimarse.
"Hasta aquí, hasta este alto indispensable, que pudiendo
desfigurarse y exagerarse, dio armas a Franco y a algún otro para
reírme y darse aires, nadie, ni Franco mismo..., tuvieron una
palabra que decir ni dijeron de mis operaciones...
"Sobre el particular no quiero, sin embargo, sostener que obré
con acierto, sino presentar simplemente las mazones que pesaron en
mi ánimo, excitando a los militares competentes a que decidan si
hice bien o si me equivoqué.... Oigaseme pues.
III
"Siempre tuve la idea, como la tuvo constantemente el Gobierno,
de que las fuerzas de Sánchez constituían una división de
vanguardia, y que otras debían seguirla; así se creía en toda la
provincia de Neiva, donde no se hablaba de otra cosa sino de la
venida del general Obando en persona con todas sus fuerzas. Esta
creencia se fundaba en la simple razón natural, y no precisamente
porque el enemigo lo propalase, sino porque no era de suponerse que
teniendo el general Obando un ejército de 3.000 hombres, avanzase a
tanta distancia una división selecta, sin apoyarla
inmediatamente.. En el acto mismo de la acción, los prisioneros
todos, sin discrepar en un ápice, dijeron que al paso de Domingo
Arias debían llegar aquel día 400 hombres y una pieza de
artillería...
"La fatiga y sofocación de mi tropa llegaban ya al colmo, en
términos, según se me dio parte, que dos o
tres saldados habían muerto en la marcha, de sofocación, y el
doctor Ramírez, cirujano de la división, tuvo que sangrar a varios
ya expirantes.
"El enemigo que huye no se ocupa de lo que pierde, deja cuanto
no le siga velozmente y cuanto le embarace; hombres débiles y de
poca marcha, equipajes, etc., no le importan nada; su única
atención es salvar lo que pueda: el que persigue tiene que
conservarse y no debe perder nada, mucho más si la batalla no ha
sido entre dos ejércitos, terminando absolutamente en un solo
combate la guerra o la campaña. Esto sentado, debe tenerse en
cuenta que la persecución ha de ser ordenada y perfectamente
dirigida, sobre todo si el perseguido tiene caballería y el
perseguidor no. porque haciéndose a paso demasiado redoblado, la
columna de éste se iría prolongando, viniendo a reducirse a grupos
en desfilada que marcharían a distancias, en razón directa de su
robustez y cansancio; y en tal estado una carga vigorosa de aquél,
sería el combate de los Horacios y Curiacios, matando uno a tres,
y tornándose el vencido en vencedor; y para no ir a buscar la Roma
antigua ni hablar en griego..., sería lo mismo, digo, que la carga
que el general Morillo, a la cabeza de los húsares de Fernando VII,
dio al ejército libertador en la batalla de La Puerta,
arrancándole; a costa de una lanzada, una victoria espléndida ya
obtenida.
"Tres cosas debían y podían suceder: 1ª, que la columna enemiga
continuase su marcha sin detenerse, en cuyo caso ya he hecho ver
que era imposible alcanzarla hasta La Plata, principalmente a los
jefes y oficiales, que iban a caballo, y a lo sumo se habrían
podido coger 100 hombres de los más estropeados de su infantería, a
la orilla del Magdalena. si sufrían retardo en pasarlo; 2ª. que
viendo el enemigo el estado de desorden en que se le perseguiría,
se resolviese a suspender su marcha, entrada la noche,
emboscándose y situándose en posiciones; y 3ª
|, que fuese
cierta la llegada de una columna en su apoyo.
"Supongamos, pues, por el momento, que mi división hubiese
continuado su marcha en el estado en que lo hacía. ¿Cuántos de
nuestros soldados, en el primer caso, habrían llegado a la orilla
del Magdalena? ¿Cuántas bajas habría tenido la división en la
oscuridad de la noche, por dispersos extraviados y por deserción de
los reclutas, que aun estando supervigilados constantemente por
cabos y camaradas, aprovechaban la menor ocasión de fugarse? Y los
hospitales, ¿cuánto habrían acrecido, agotando inútilmente las
fuerzas de los hombres, que ya lo estaban demasiado? En el segundo
y tercer caso, ¿cuáles habrían sido las consecuencias de un combate
en las tinieblas, en que era imposible, según la irregularidad con
que marchábamos y la calidad de la tropa, que dejáramos de matarnos
unos a otros y de derrotarnos nosotros mismos? Pero sobre todo,
supuesto el segundo y tercer caso ¿cuál era el objeto de
continuar seguidamente y sin descanso del soldado para tener un
encuentro arriesgadísimo en la noche, cuando haciéndolo de una
manera regular se aseguraba al día siguiente, o por lo menos podía
esperarse un nuevo triunfo?
"La misión de la 3ª
|
división estaba llenada... las
ordenes reiteradas del Gobierno habían sido cumplidas; rechazada la
invasión, las provincias de Neiva y Mariquita y la Sabana de
Bogotá, por lo menos, se habían salvado; los bárbaros asesinos de
García estaban severamente castigados, la moralidad y la fama de
las tropas de Obando quebrantadas, el prestigio de sus mejores
jefes desvirtuado, y los fugitivos llevando a sus filas el terror y
el espanto. ¿Debería yo exponer a una sola contingencia tántos y
tan grandes bienes y con ellos mi reputación para siempre y sin
remedio, para coger 100 hombres más, caso que tal cosa pudiera
conseguirse?
"Estas fueron las reflexiones que me hice para resolver sobre
mis operaciones posteriores y sobre lo que por el momento
conviniera, decidiéndome a no marchar en el estado que lo hacía
sin dar descanso al soldado, vigorizar sus fuerzas y continuar
luego a paso corto para recoger lo que el enemigo fuera
abandonando, impedir que el considerable número de dispersos que
dejaba a su retaguardia se le reuniera y batirlo al día siguiente,
si en efecto era reforzado, no curándome de coger unos hombres más
o menos en el caso que continuase su fuga, siendo esto de
poquísima importancia, comparado con lo que era factible que
sucediera obrando de otro modo, según lo he manifestado. Júzguese,
pues, y senténciese ...
"A las cinco de la mañana llegamos al pueblo de El Hobo, que es
realmente una posición inexpugnable por su frente, yendo de Neiva,
y allí supimos cuanto por el momento había que saber: Sánchez
encontró, en efecto, una compañía de artillería y una pieza de
batalla que le venía de La Plata, y 40 caballos que le mandaban de
Yaguará, en que montó otros tantos hombres de los más estropeados,
continuó su retirada, etc." ¹
IV
El coronel Franco y los más de los pocos oficiales de caballería
que me acompañaron hasta El Hobo, quisieron volverse a Neiva, y se
lo permití. El primero formó allí un partido para obrar
independientemente de mí, y me contrarió de una manera que hubiera
producido fatales consecuencias si yo no hubiera sido prudente
hasta llegar a la debilidad. La tropa de infantería desde los jefes
hasta el último soldado y unos pocos de los oficiales de
caballería me fueron fieles, y así pude vencer todas las
dificultades que semejantes contradicciones me causaban, y pudo
obrar según mi propio juicio, como era conveniente y como se me
mandaba.
El Gobierno me sostuvo siempre, y no sólo aprobaba cuanto yo
hacía, sino me repetía órdenes sobre órdenes prohibiéndome me
aventurase a nuevos riesgos y previniéndome que me limitase a
cubrir la ribera del Magdalena y a conservar la división hasta que
llegasen los cuerpos de la 1ª que estaban en marcha de Pamplona
para Bogotá, y haciéndome responsable del menor quebranto que
sufriese si faltaba a esas órdenes por temor de mezquinas
censuras.
El general Herrán, en carta particular, me dijo, entre otras
cosas:
"¿Por qué se empeña usted tanto en dar gusto con su conducta a
todo el mundo? Esto no lo consiguió Na-
|
1 Téngase presente que lo que marco con comillas es copiado
literalmente de mis
|Apuntamientos, publicados en 1843, y lo
que nó, es estractado de los mismos
|Apuntamientos.
|
213
poleón, ni Washington, mmi Bolívar, ni el inmaculado Sucre, y
¿quiere usted conseguirlo? Ciertamente es cosa muy mortificante el
ver uno que sus actos se interpretan mal y que momentáneamente se
desconozca su mérito, sin poder hacer explicaciones ni defenderse;
pero, amigo, esta es de las duras pruebas a que tiene que sujetarse
un general, con la sola esperanza de hacer conocer sus
procedimientos y de triunfar algún día. A esta pena he estado
sujeto yo muchas veces, y de dos años a esta parte sin
interrupción: he sido cobarde, asesino, traidor, tal vez ladrón, y
quién sabe qué más, y esto no sólo en conversaciones sino
manifestado por la prensa, y aun todavía muchos cariños de estos
espero que se me hagan; pero resignado a sufrirlos, nadie me hará
desviar del camino que emprenda".
Resuelto a obedecer al Gobierno, cuyo sistema y órdenes estaban
perfectamente de acuerdo con mis ideas, maniobré con prudencia para
flanquear la ciudad de La Plata, dirigiéndome por la orilla
izquierda del río Páez al pueblo del Pedregal, con lo que, si lo
lograba, quedaba cortado Sánchez y tendría que entregarse a
discreción; pero éste hubo aviso inmediatamente de mi llegada al
pueblo de Nátaga, por el activo espionaje de los indios, que
exageraron la fuerza con que ocupé dicho pueblo, lo que bastó para
que en el acto mismo, en el más completo desorden, emprendiera su
fuga, en términos que una partida de 50 hombres que había mandado
al Pital aquella tarde la abandonó sin esperarla: hubo hombre que
dejó su montura en la puerta de la casa, y montando en pelo, partió
a escape. En el Pedregal a donde cesaba el riesgo de ser cortados,
hicieron alto para
| reunirse.
Yo, pasando el río Páez por tarabita, ocupé la desmantelada y en
otro tiempo importante ciudad de La Plata y me consterné. ¡Horrible
soledad! Unas pocas familias en el más triste estado de desamparo,
vagando por una y otra callejuela, era lo que se veía, aumentando
la viruela (que en aquel año hizo más estragos que en 1849) y el
cólera, los males de la guerra, y no viéndose sino enfermos
pidiendo limosna y casas cerradas: estos son los percances que
dejan a los infelices pueblos las guerras de ambición llamadas
civiles, que bien examinado, no tienen más objeto que el que decía
Danton:
"poner abajo lo que está arriba y arriba lo que está abajo", lo
que entre nosotros se traduce expresivamente diciendo: "quítate tú
para ponerme yo".
A mi llegada se me presentaron más de 30 hombres del enemigo,
que antes habían servido en nuestras filas, y sucesivamente otros.
De sus informes contestes resultaba que Sánchez no repasó el
Guanacas con más de 200 hombres, la quinta parte de la fuerza con
que me atacó. Con la mitad de la suya pasó el general Carmona la
frontera de Venezuela después de Tescua.
V
Desde que el
|
general Obando recibió el parte de la
acción de Riofrío, se acongojó en términos que cayó enfermo, y
escribió al coronel Córdoba:
"Sánchez ha sufrido una completa derrota: vénte, Salvador;
abandonemos el puerto (la Buenaventura) y todo; vuéla con cuanto
tengas porque se nos vienen; aún tenemos con qué hacer un esfuerzo
y librar nuestra suerte en una batalla general".¹
Su terror fue tan grande, que promovió un acta de las llamadas
populares, firmada el 13 de mayo por el concejo municipal y algunas
personas notables, en la que se pedía a
|su excelencia el supremo
director que solicitase del jefe que mandaba las tropas del
|Gobierno de Bogotá en marcha para Popayán, la suspendiese y
que se mandasen comisionados, y que su excelencia entrase en
negociaciones de paz con dicho Gobierno. Sánchez me mandó aquel
curioso documento diciéndome en oficio fechado el 25 en el
Pedregal, en cuya madrugada había salido para Popayán, lo
siguiente:
"Señor. Por parte acabo de recibir el pliego que tengo el honor
de remitir a vuestra señoría suplicándole se sirva hacer que pase a
donde el señor secretario de relaciones exteriores
|del Gobierno
de Bogotá. Según el oficio de remisión, el citado pliego
contiene el acta popular celebrada en la ciudad de Popayán el 13
del presente
|
1 Cuando el coronel Córdoba fue más tarde aprehendido en el
Valle del Cauca, se encontró en su equipaje la carta a que me
refiero, la que se publicó en
|E! Día, periódico de
Bogotá.
|
mes, y para que vuestra señoría pueda saber el negociado de que
se trata, me permitiré la libertad de
|adjunta le una copia
de ella, haciéndole al mismo tiempo unas ligeras reflexiones.
"Su excelencia el supremo director de las provincias del sur, a
la vez que se encuentra con poder y recursos mas que suficientes
para sostener indefinidamente los derechos de las provincias que,
separándose del Gobierno de Bogotá, en uso de su soberanía
quisiesen espontáneamente ocurrir a su protección, tiene también
los más vivos deseos de economizar la sangre granadina y los
horrores y desastres de una guerra civil, que siempre deja por
resultado los más cruentos sacrificios. Acaso vuestra señoría
opinará de la misma manera que el Gobierno a quien sostiene y se
rehusará por lo mismo en apellidar a esta contienda fratricida,
verdadera guerra civil; pero este es un axioma, que si se niega, a
lo me-mies no podrá dejarse de estar convencido.
"Por la comunicación que termina el acta verá vuestra señoría
que su excelencia no ha tenido la menor parte en este paso de pura
humanidad, sin embargo de sus vehementes aspiraciones a hacer el
bien; y hago esta explicación, para que no se crea que algún temor
ha podido influir en el ánimo de los que dictaron esta medida. que
tiene por exclusivo objeto y por única causa el intenso deseo de
salvar nuestra pobre patria, que tantos y tan furibundos golpes ha
sufrido, ya, por la obstinación con que se le hace la guerra a los
pueblos, que no quieren tolerar por más tiempo el yugo de la
ignominia.
"No imagino que usted se atreva a dictar providencia alguna
contra el conductor de estos pliegos, porque tal conducta sería
digna de un jefe que no tiene consideración ni aun por los
infelices que se ven en la necesidad de obedecer a quien los
manda..
"Dios y libertad..
"PEDRO ANTONIO SANCHEZ"
Salta a la vista que esta nota, si el estilo es el hombre, fue
redactada por el mismo general Obando, y remitida a Sánchez para
que le diera dilección. ¡Y cuán diferente es ella a la carta que
el mismo general Obando, escribió al coronel Córdoba participándole
la carnicería de García! En esa carta se declaraba jefe supremo de
los supremos, dando órdenes y prohibiendo toda transacción que no
fuera rendirse a discreción los defensores del Gobierno legítimo,
diciendo: "Nosotros les otorgaremos la vida por generosidad, pero
no por un tratado cualquiera". Sólo la vida se nos otorgaría, y eso
no a todos, pues en otra carta a Córdoba, que también se le
interceptó, le decía: "Acosta y Posada no pueden ser perdonados".
Yo remití original aquella nota al Gobierno, despedí al conductor
sin respuesta y continué mis operaciones avanzando sobre la
cordillera basta Inzá.
VI
El día 2 de mayo 3841) tomó el general Herrán posesión del alto
puesto de Presidente de la República, y su primer acto fue pedir al
Senado (al siguiente día) el consentimiento para ascenderme a
general. La acción de Riofrío fue el 5 y no se supo en Bogotá hasta
el 10; no fue, pues, mi ascenso premio de aquel servicio. El
general José María Mantilla, senador liberal, dijo en la discusión
que yo tenía merecido el ascenso desde mucho antes, y esto me
basta, porque el general Mantilla era exaltado en su partido.
VII
El mismo día, 5 de mayo, en que yo combatía y vencía en la
provincia de Neiva, se combatía y vencía en Antioquia. Veamos cómo,
volviendo un poco atrás y a dicha provincia de Antioquia.
El coronel Salvador Córdoba, después de su derrota en Ríosucio,
se preparaba a abandonar su teatro y retirarse a las provincias de
la costa del Atlántico, cuando fue sorprendido por la llegada del
coronel José María Vesga con la fuerza que éste salvó en la derrota
de Honda, y alentado por este refuerzo, y estimulado por un jefe
del crédito y cualidades militares de Vesga, cambió de resolución.
Esto costó la vida a arribos.
Córdoba, después del combate y capitulación de Itagüí, marchó,
como se ha visto, sobre el Cauca, en auxilio del general Obando,
que empezaba a moverse, y dejó encargado del mando dictatorial, de
que él mismo
se había investido en Antioquia, al coronel Vesga, error que le
fue fatal, por no ser Vesga antioqueño.
Los pueblos del sur de Antioquia y el de Marinilla, que han sido
siempre los más decididos en la defensa de los sanos principios de
orden en la libertad, conservadores de la sociedad, se
pronunciaron pronto, se armaron con lo cine pudieron, y nombrando
por su jefe al sargento mayor Braulio Henao, se situaron en el
pueblo de Abejorral, con una fuerza aproximadamente de 300 hombres
voluntarios. El coronel Vesga pensó que no dando al movimiento
tiempo de generalizarse en el resto de las provincias (hoy estado
de Antioquia), podría sofocarlo, y con una fuerza mayor que la de
Henao, y de muy buena tropa, se movió sobre los pronunciados.
Afortunadamente no hubo en Abejorral discusión ni controversias,
no hubo emulación entre los jefes, ninguno pretendió
|llevarse
la gloria exclusivamente, ser el primero y mandar posponiendo a
su jefe, sino que de común acuerdo ejecutaron una operación que les
hace honor, porque con ella se salvaron y salvaron la causa
sacrosanta en cuya defensa noblemente se empeñaron: combinan y
emprenden una retirada que Vesga toma por fuga, y creyéndolos
vencidos, sin estarlo, como dice Henao en su parte oficial, se
precipita sobre ellos forzando sus marchas.
En la meseta de la cuesta del pueblo de Salamina, punto que
Henao tenía designado de antemano para esperar a los de Vesga, les
hace frente, carga sobre ellos y los arrolla casi sin dejarlos
defenderse, porque prolongada su fuerza a trozos por el cansancio
en una subida pendiente y resbalosa, en la estación de las lluvias,
no tuvieron tiempo para formar.
Dice Henao en su parte oficial:
"Dada esta carga tan rápida y bien ejecutada, no quedó qué
dudar: los perversos sé desordenaron inmediatamente, y
embarazándose los unos a los otros en su desordenada fuga, no les
quedó otro recurso que abandonar bagajes, armas, municiones y todo
lo que podía estorbarles para correr velozmente por las asperezas
de aquellas faldas, etc.".
Esto quiere decir que no se batieron, como lo hicieron sus
cómplices en Riofrío.
Según el parte oficial del capitán Clemente Jaramillo,
encargado del detal de la columna de llena o, la pérdida de los
vencedores fue de un muerto y 9 heridos, y la de los vencidos, de 3
jefes, 13 oficiales y 70 individuos de tropa prisioneros, y más de
50 muertos. El coronel Vesga pudo salvarse por el momento, pero
fue luego aprehendido, en un platanal, por los paisanos de las
inmediaciones.
Según otro parte oficial del mayor Henao, fechado en Medellín,
nueve días después, la pérdida de los vencidos fue de 77 muertos
en el campo, 69 heridos, 138 individuos de tropa y 18 oficiales
prisioneros; y de parte de los vencedores, 2 muertos y 8 heridos.
Esta diferencia notable en los partes oficiales indica que, como
frecuentemente se hace, se aumentó el número de muertos, heridos y
prisioneros en el segundo parte para dar más importancia a la
batalla, y según mis noticias privadas que adquirí en 1860, en
Salamina, el mayor número de unos y otros fue de los pobres
mariquiteños (hoy tolimenses) que llevó el coronel Vesga de Honda.
En algunas otras partes, y últimamente en una batalla notable por
sus estragos, los tolimenses fueron principalmente en uno y otro
bando, los héroes y las víctimas de la cruentísima jornada.
De un modo parecido al de Vesga me habría perdido yo en
Riofrío, si al encontrarme con el enemigo, en la tarde del 4 de
mayo, le hubiera atacado, a topa tolondra, en sus posiciones, como
me exigían algunos bullangueros.
Es verdad que el exceso en las precauciones y la de querer
abundar demasiado en probabilidades favorables para aventurar el
éxito de una batalla, suele a veces perjudicar, corno perjudica
todo exceso; pero al contrario, el precipitarse con ciega
confianza, sin examinar detenidamente las circunstancias, es mucho
peor y casi siempre produce desastres irreparables. El calcular
bien es el mérito del jefe, que es responsable ante el país de sus
faltas y de sus errores, y ante Dios de la vida de los hombres que
a su prudencia se confían.
En la orden general de la columna del coronel Vesga, firmada en
Pácora por el comandante Tadeo Galindo el 4 de mayo, se lee el
artículo siguiente:
"Artículo 5º Si en el pueblo de Salamina hicieren
|los
facciosos un solo tito de fusil, ofrece su señoría el comandante en
jefe seis horas de saqueo, poniendo las vidas y propiedades a la
clemencia de
|la división; pero de esta disposición no
podrán usar sino después de derrotado el enemigo y que reciban
orden verbal para ello, pues durante el combate, si lo hubiere,
todo individuo que se separe de sus filas tendrá pena de la
vida".
Del pudor de las mujeres no se hablaba en la orden general; pero
en seis horas de saqueo, que es lo mismo que decir de desenfreno de
la soldadesca, puede calcularse lo que sucedería. Prescindo del
calificativo de
|facciosos que se da a los defensores de la
Constitución vigente y del Gobierno legítimamente establecido,
porque es ridículo que pretendan derecho a usarlo revolucionarios
que criminalmente se alzan para destruirlos, corno usan el de
rebeldes los que lo fueron en 1860 y 186] contra los que se
levantan para procurar la reivindicación del derecho violado,
destruido por la violencia... Pero no puedo dejar de llamar la
atención de la juventud
|liberal sobre aquella orden general,
que revela la
|magnanimidad que gastaban en la guerra sus
próceres de 1840 y 1841.
De acuerdo con la doctrina profesada por el general Santander,
por el general López y demás jefes
|liberales de 1833 y 1834,
fueron en Antioquia juzgados conforme a las leyes vigentes,
sentenciados y pasados por las armas el coronel José María Vesga,
el comandante Tadeo Galindo, el sargento mayor José A.. Gutiérrez,
el teniente Pablo Vegal y el doctor Atanasio Menéndez. El coronel
Vesga y el comandante Galindo eran militares beneméritos de la
guerra de la Independencia, por lo que fueron naturalmente más
sentidos por sus antiguos compañeros, bien que todos estos actos,
provenientes de guerras fratricidas, sean igualmente dolorosos.
Volvamos a tornar el hilo de mi narración en los acontecimientos
del Cauca y las operaciones de más trascendencia que hube de
ejecutar para hacer fructuosa la acción de Riofrío y para estar
listo a obrar sobre
Popayán tan luego como mi pequeña división se uniese a la 1ª, a
cuyo frente venía el general Mosquera. Nombrado éste general en
jefe del ejército del Sur, compuesto de las dos divisiones, a su
llegada debía cesar yo de mandar y tendría que obedecer, y esto me
obligaba más a estar prevenido, tanto para cumplir mejor con mi
cometido, como porque el general Mosquera venía ufano con su
victoria de Tescua, y era una necesidad para mí que me encontrara
plantado enhiesto.
Prescindiré, pues, de continuar ocupándome de las
contradicciones que sufrí de parte del coronel Franco, pues que
habiendo sido algún tanto cuestión puramente personal, basta lo que
escribí (1843) en dos cuadernos con que satisfice completamente a
los cargos que éste me hizo. Además, esos celos de poder y mando
entre jefes de una misma graduación son tan frecuentes en todo
tiempo y en todas partes, que es fácil calcular lo que yo tendría
que sobrellevar para llenar mi deber y hacer lo que convenía, por
lo que el Gobierno aplaudió siempre cuanto hice.