CAPITULO QUINCUAGESIMOSEGUNDO
I
Sigue el extracto de mis apuntamientos:
No soy yo el único que haya tenido que justificar sus triunfos y
sus victorias, como otros tienen que disculparse de la ignominia
de sus errores y de sus derrotas, pues que en todo tiempo esto ha
sucedido: la historia está llena de altos ejemplares de ello,
porque la historia refiere los hechos de los hombres, presenta la
acción de sus pasiones, y los hombres han sido siempre lo que son
hoy.
"Seis días después de mi llegada a Ibagué tuve que marchar
rápidamente para Neiva, donde estaba el general Herrán, ya
Presidente de la República, quien me llamaba con órdenes
apremiantes diciéndome que fuese a incorporármele, nadando si
encontraba crecidos los ríos, volando, pues la prontitud era lo que
más interesaba, por necesitar de un buen jefe. En Ibagué dejé de
guarnición el escuadrón Neiva, y me hice seguir de los batallones
números 6º y 10, a marchas forzadas.
"El 22 llegué a aquella ciudad, y allí encontré al coronel
Franco, que me había precedido en pocas horas, viniendo de Bogotá.
Y en la misma tarde partió para La Plata, a donde debía yo marchar
cuando hubiese reunido los cuerpos que venían de Ibagué, los de
caballería que se estaban formando y un pelotón de reclutas que
conducía el coronel Mamby de Bogotá. Al despedirse de mi le noté un
gesto áspero, y que le costaba trabajo corresponder a las
delicadas consideraciones con que yo le trataba. ¹
|
1 Después supe que habiendo sido
nombrado comandante en efe de la columna de Guanacas se disgustó al
verse subordinadlo a otros, y se dio por desairado, sin hacerse
cargo de las circunstancias que obligaban a ello, ni de que siendo
yo coronel más antiguo que él, no se le infería agravio.
|
"Toda la mañana del día siguiente (Al de abril) la pasamos el
general en jefe y yo trabajando, conferenciando... pues él pensaba
seguir para Bogotá, donde se le llamaba encarecidamente a
encargarse del Poder ejecutivo... De repente vuelvo a verme en una
situación análoga a la que me encontré en la montaña del Quindío a
mi marcha para Cartago... Dos postas, con el intervalo de pocos
minutos trajeron al general Herrán las terribles noticias de que
había sido sorprendido y acuchillado en el pueblo de Carnicerías
el escuadrón número 4º, y muertos o prisioneros todos sus
oficiales y soldados; que la columna de Guenacas, fuerte de 500
hombres, había abandonado sus posiciones de Laderas, a la vista de
una división enemiga, de 700 a 300 hombres, sin hacer un tiro de
fusil, y había pasado el río de La Plata, y quemado el puente
perdiendo sus caballos, mulas y equipajes, y que situada a la
orilla del río se tiroteaba (río de por medio) con el enemigo, que
había ocupado la ciudad. (Como 300 caballos y mulas se abandonaron
allí al enemigo).
"Apenas me impuse de tan graves e inesperados acontecimientos,
saltó a mi imaginación la idea del peligro inminente que estaba
corriendo el genral en jefe, y le dirigí las siguientes
palabras:
"Ahora mismo, en este instante debe usted ponerse en marcha para
Bogotá para salvar su persona; el enemigo, por los prisioneros que
ha hecho en Carnicerías, ha de haber sabido en el acto que no hay
en esta ciudad un soldado y que está usted solo con un ayudante y
dos criados, y si saben lo que hacen, y hacen lo que yo haría en
igualdad de circunstancias, 50 hombres de caballería estarán aquí
por instantes y será usted preso si no asesinado. Por el puesto
político que va usted a ocupar, prescindiendo de su persona y
carácter militar, es usted una presa de inestimable valor para
Obando. "¿Y usted cómo queda? me preguntó. No se ocupe usted de
mí... tomaré mis precauciones y me iré a Aipe a reunir los cuerpos
que vienen, o tomare cualquiera otra providencia. Aquí mismo, sin
que vengan los invasores, está usted en grandísimo riesgo, porque
en esta provincia hay muchos partidarios de Obando que pueden
reunirse, si no lo están ya. . .". "Es cierto lo que me dice usted
(me repuso el general), pero o esta noche es menester correr todos
los riesgos y mañana resolveré".
"Ya las aciagas nuevas circule han en la ciudad y el desasosiego
y la ansiedad pública se manifestaban: veíase a unos tratando de
poner en seguridad a sus familias, alejándolas a las habitaciones
de los campos; a otros con rostro lívido inquiriendo por los
detalles de los acontecimientos, que en cada calle y en cada casa
se referían de diferente y exagerado modo, y veíanse también
semblantes placenteros... La noche se acercaba, la inquietud
general tomaba aumento, y a cada instante, al golpe de una puerta,
al trote de un caballo, al menor ruido me parecía ver al Presidente
muerto o aherrojado; sin embargo, cargamos nuestras pistolas y las
carabinas de los criados y nos pusimos en estado de vender caras
nuestras vidas llegado el caso.
"Pero siempre cuidadoso, pasé a casa del señor Pedro Dávila,
jefe político del centón (encargado de la gobernación por ausencia
del gobernador), le impuse del verdadero estado de las cosas, sin
ocultarle lo mas mínimo, y le manifesté el riesgo que estaba
corriendo el Presidente, por cuya captura harían los facciosos el
más grande esfuerzo en circunstancias de que las tropas más
cercanas que teníamos estarían a seis días de distancia y que sólo
éramos cinco personas en la casa. El señor Dávila, a quien la
patria no sabe lo que debe, me interrumpió diciéndome:
"No serán ustedes sólo cinco personas en la casa, ni el
Presidente será atropellado impunemente mientras haya buenos
ciudadanos en Neiva; conozco la gravedad e inminencia de los
riesgos que usted me indica: pero cuente usted conmigo; ¿qué quiere
usted que hagamos? -Tomar las medidas de precaución y seguridad
que sean posibles, respondí; en el momento deben salir espías que
procuren llegar hasta el enemigo, poner hombres de confianza en
observación en los pasos del río, recoger las barquetas en puntos
determinados, y reunír y armar alguna gente".
"Casi en el mismo instante estuvo todo hecho.
Seguidamente se alistaron un piquete de guardia nacional de
fusileros al mando dcl alférez de guardia nacional Fernando Sánchez
y otro de ciudadanos a caballo al mando del mismo señor Dávila, y
ya la cosa se presentaba de otra manera.
"Luego conferenciamos sobre lo que convendría mejor para poner
en seguridad al Presidente en caso de un golpe de mano, con fuerzas
superiores que no pudiéramos rechazar, y acordamos pasar la noche
acampados a la orilla del río Magdalena, preparar dos barquetas y
poner en ellas los caudales públicos y algunas armas descompuestas
de la guardia nacional, lo que propuesto por mí al general Herrán,
se hizo. Yo pasé a las oficinas de hacienda y recogí como 5.000
pesos que se embarcaron bajo la custodia del piquete del alférez
Sánchez, y el jefe político con el de la caballería recorrió
durante la noche los alrededores de la ciudad.
"Al siguiente día nos echamos río abajo, llegamos a Aipe en la
tarde, y el Presidente continuó su viaje para Bogotá.
"Al despedirse de mí, repitiéndome sus instrucciones verbales,
me dijo:
"No vaya usted, coronel Posada, por temor a censuras
miserables, que nada significan, a comprometerse en operaciones
imprudentes: ahora más que nunca es nuestra primera atención
conservar estas fuerzas para obrar decididamente cuando llegue la
primera división, y así por ningún motivo las aventure usted en
una acción sin las más grandes probabilidades de buen suceso".
"Y volviéndomelo a decir muchas veces le merecí aquel sólo a
|usted, que tanto significa:
"Sólo a usted en semejantes circunstancias, dejaría yo un mando
que si no se ejerce con la más grande prudencia, puede hacer
retrogradar la causa del Gobierno".
"Héme aquí, pues, entregado a mis propias reflexiones, agobiado
con el peso de una responsabilidad in-
|
1 Yo fui quien nombré allí mismo
alférez al joven Sánchez: desde aquel momento lo tuve siempre a mí
lado, comiendo a mi mesa, lo llevé a la campaña de Pasto, y a pesar
de haberse entregado a la crápula, lo incorporé en el batallón
número 6º; en este cuerpo lo llevé a Cartagena y lo propuse para
teniente, ascenso que obtuvo. En su lugar veremos cómo me
correspondió.
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mensa, y expuesto a perder en una hora el fruto de veinte y dos
años de sacrificios.
"¿Habrá fortuna y desgracia en el mundo? ¿Habrá algo que se
llame destino, y que el hombre no pueda evitar? Si yo hubiera de
juzgar por lo que me ha sucedido siempre, en todas mis cosas,
ninguno tendría más razón que yo para responder afirmativamente. Mi
destino inevitable fue entonces luchar contra acontecimientos
desgraciados en que ninguna parte tuve, como si se hubiera
propuesto la suerte poner a prueba mi sufrimiento, mi capacidad y
mi constancia. Antes había tenido que ejecutar en Cartago una
operación dificilísima de alta trascendencia, rodeado de los
mayores peligros y contrariedades: acaso se pondrían las cosas de
manera que tuviera que hacer lo mismo en la provincia de Neiva,
para llenar mi deber y salvar la República; pero ¿se me haría
justicia por todos? ¿no se expondría mi reputación a la mordacidad
del vulgo necio, que no juzga sino por el ruido y por las
apariencias que hablan a su imaginación? Este pensamiento me
contristó y abatió mi ánimo, y sólo después de algunas horas de
mental angustia vino el recuerdo de mis obligaciones a recobrarme.
Combatiré contra mi propia suerte, me dije a mí mismo; cumpla un
con mi deber y suceda lo que sucediere...
"De Aípe pasé a Villavieja, donde en el curso de pocas hojas
reuní todas las fuerzas que habían de componer mi nueva división,
que fueron los batallones número 6º y número 10; 254 reclutas que
vinieron de Bogotá conducidos por el coronel Mamby; como 20 hombres
de guardia nacional de Purificación, Guamo, Espinal y San Luis, es
decir, ciudadanos voluntarios que tomaban las armas por la primera
vez en su vida, y por consiguiente sin la menor disciplina; y 150
hombres medio muertos de cansancio, tristes restos de la columna
de Guanacas, a cuya cabeza venía el coronel Franco. ¹
"Y arreglado todo, me moví para Neiva, resuelto a no replegar
por ningún motivo y a librar mi suerte a
|
1 Cuando yo bable de batallones de la
Y división, entiéndase que son pequeños cuerpos de 200 a 300
hombres lo más.
|
una batalla... En el tránsito de Villavieja a Neiva supe que la
división enemiga se había movido de La Plata hacia la misma ciudad,
fuerte, según unos, de 1.000 hombres, según otros de 1.500, y
aseguraba el rumor de las gentes que Obando en persona venía con
ella. Yo aceleré mi marcha...
"Tres días estuvimos en Neiva arreglándonos, y por la noche
acampábamos en buenas posiciones fuera de la ciudad, porque la
distancia que nos separaba del enemigo era tan corta que de una
hora a otra podíamos tenerlo encima; pero éste se mantuvo dos días
en El lobo, aguardando una pieza de artillería que no le llevó a
tiempo...
"De todo di cuenta circunstanciada al Gobierno el mismo día (3
de mayo), y dije al secretario de guerra, entre otras cosas,
hablando del movimiento del enemigo:
"Es, pues, infalible que mañana debe haber una función de
armas, porque me preparo a batirlo. Su excelencia el Presidente de
la República conoce la calidad de las tropas de mi mando: estas
milicias de las provincias de Neiva y Mariquita y un crecido
número de reclutas en los cuerpos veteranos, no son elementos para
asegurar a vuestra señoría la victoria. Sin embargo, ofrezco que
cumpliré mi deber hasta donde mi patria y el gobierno tienen
derecho a exigir de mí. El honor del Gobierno y el mío propio
exigen que esta provincia no sea abandonada sin hacer un
esfuerzo".
"Toda la noche estuvimos en alarma, oyendo frecuentes tiros
sobre las avanzadas, que nunca supimos quiénes los hicieron. Al
amanecer del siguiente día me dio parte el coronel Franco de haber
desertado en la noche, no recuerdo si 40 ó 50 hombres de la guardia
nacional de caballería; y una partida de ciudadanos muy bien
montados, que había yo mandado a las órdenes del mayor Evaristo
Borrero a reconocer al enemigo, regresó habiéndolo encontrado y
tiroteádose con su descubierta sobre el río Neiva. En el acto, sin
pensar más y dejando algo a la fortuna, estando todo listo, mandé
dar los toques de marcha y me puse en camino a la cabeza de la
división hacia el enemigo... En esto consiste el valor del
comandante en jefe.
II
"Las once del día serían cuando la división acabó de moverse de
Neiva en el orden siguiente:
|"Descubierta. Los ciudadanos montados que mandaba el
mayor Borrero con ocho húsares, única caballería veterana que
teníamos, y algunos oficiales. El coronel Franco pasó a ella
durante la marcha.
|"Batallón número 6º Sus jefes. 1º, el teniente coronel
|
Emigdío Briceño, y 2º, el sargento mayor José María
Cantera.
|Batallón número 10. Sus jefes, 1º, el sargento mayor
Domingo Mutis, y 29, el sargento mayor Julio Arboleda.
|"Medio batallón número 9º Su jefe, el sargento mayor
Juan Masutier.
|"Guardia nacional de infantería. Compuesta de 10 hombres
de la de Popayán, un piquete de la del cantón de Neiva, y una
compañía del cantón de Purificación, al mando del se gente mayor
Domingo Mier, en todo algo más dc 100 hombres.
"Total de la infantería: corno 800 hombres, de los cuales 300
regulares soldados. 250 que habían aprendido el simulacro de la
carga en once voces, y el resto reclutas que tomaron el fusil en la
mano para marchar.
|"Caballería. Una columna al mando del coronel Manuel
María Franco, compuesta de algunos montones de gente, o sean
escuadrones de guardia nacional; sus jefes, el doctor Uldarico
Leiva, a quien nombré mayor general, y los señores Severiano
Covaleda, Joaquín París (sobrino del general de este nombre).
Antonio Camacho y el mayor Evaristo Borrero, del cantón de
Garzón.
|
1 Por la denominación de guardia
nacional que doy a estas gentes, no se entienda que en lo más
mínimo sea cosa parecida a la guardia nacional de Cartagena,
Bogotá, Popayán, Pasto, Santa Marta y Riohacha. Ya he indicado y
debo repetir lo que eran: campesinos, la mayor parte padres de
familia; que en aquellos momentos de apuro se alistaron por
patriotismo, voluntariamente, sin que nunca lo hubieran estado
antes, ni hecho ejercicio, ni tomado las armas en las manos una
sola vez.
|
|"Porque. Bajo la custodia de un piquete de guardia
nacional de Bogotá, que vino conduciendo los reclutas que trajo el
coronel Mamby.
|"Gran guardia, compuesta de las guardias de prevención de
los cuerpos...
"La infantería marchaba en columna, por compañías, aumentando o
disminuyendo el frente..., o desfilando, según lo exigía el
terreno...
"La caballería marchaba a dos de fondo: otra cosa no sabía.
"Como a cosa de las tres de la tarde, la descubierta me envió
aviso de que había visto al enemigo, e inmediatamente partí a
escape hasta llegar a ella...
"En efecto, estaba puntualmente llegando (el enemigo) y
ocupando una hacienda, como a tres leguas de Neiva, cuyo sitio
tengo precisión de describir. La casa, aunque pajiza, estaba
rodeada de fuertes cercas de piedra, de tres a cuatro pies de
alto, y algunas de madera, con divisiones y subdivisiones para los
ganados; a su izquierda, al oeste, había un bosque angosto y
prolongado, a orillas del río Magdalena, en el que un puerto
cómodo y barquetas facilitaban el paso al lado opuesto; al frente
corría Riofrío, que no es en verano sino un arroyuelo
insignificante, que se desliza de la cordillera oriental; pero que
en tiempo de lluvias se hace un torrente que impone al pasajero y
lo detiene por muchas horas a su orilla; su cauce no es sino una
ancha y honda zanja llena en toda su extensión de grandes piedras,
entre las que se forman pozos que es preciso evitar; sus márgenes,
más o menos elevadas, son, de uno y otro lado, como barrancas,
entre las que las lluvias forman senderos pedregosos; a la derecha
y a la espalda se prolonga la sabana hasta la cordillera oriental
y basta el río Neiva, vestida de sotos y bosquecillos más o menos
ásperos y enmarañados, más o menos claros y accesibles, unos
aislados, otros que se prolongan hasta el Magdalena y se extienden
por sus orillas, otros que buscan la cordillera hasta rendir
homenaje a los bosques primitivos, que testigos fueron del
diluvio, y donde la planta del hombre no ha penetrado todavía. La
extensión de esta sabana aparente, poblada de las chozas de los
pacíficos labradores y ganaderos, está cortada hasta el río Neiva
por otras zanjas, secas en el verano, de rápida corriente en el
invierno, entre las que algunas veces el terreno es llano y otras
forma pequeñas quiebras. Más adelante, hasta el río Neiva, llanuras
más unidas y de mayor extensión varían el aspecto del terreno, bien
que cortado siempre por quebradas, boscajes y sotos. Tal era aquel
paraje en que, como en la mayor parte de las provincias de Neiva y
Mariquita, parece que agotó el Criador su omnipotencia. ¡Y allí era
donde 2.000 granadinos, el 4 de mayo de 1811, estaban en presencia
unos de otros, tanteándose y viendo el modo de degollarse mejor y
en mayor número; los unos llenando los más sagrados deberes del
ciudadano; los otros extraviados, hollando sus juramentos!
"A primera vista era fácil conocer que en aquella posición,
verdadero castillo, con sus fosos y antepechos naturales y rurales,
no teníamos la menor probabilidad de vencer, sino que, por el
contrario, era casi seguro que seríamos rechazados; por otra parte,
si el combate no se terminaba con la claridad del día, hallándolo
nosotros en campo raso y el enemigo en posiciones, las pocas
probabilidades que pudiéramos tener en nuestro favor, disminuían.
Propúseme, pues, no atacarlo en ellas esa tarde, sino estrecharlo y
maniobrar para sacarlo fuera.
"Tenía yo a mi frente al teniente coronel Pedro Antonio
Sánchez, titulado coronel entre los rebeldes, soldado viejo de la
escuela del general Sucre, el mejor jefe de infantería de la
revolución, sin exceptuar a Córdoba, y valiente como Mutis o
Pacheco: más de 700 soldados superiores de infantería, compuesta de
nuestros soldados prisioneros en García y capitulados en Popayán,
con una columna de guerrilleros caucanos de los de Quindío y del
Tambo; y otra de caballería, formada de los dos afamados
escuadrones de húsares de La Ladera, los hijos mimados de Obando, y
sus compañeros en García... Una división, en fin
|que se reputaba
bastante fuerte para ocupar la capital de la República... ¹
"Indicando al coronel Franco mis ideas, le dije que con algunos
oficiales bien montados recorriese la zanja
|
1 Así dijo el señor Secretario de lo
interior en su luminosa y elocuente Memoria al Congreso de este año
(1843).
|
río arriba, para buscar el paso más fácil y accesible hacia el
camino de Campoalegre, lo que ejecutó dando muestras de buena
voluntad y de convicción. En el acto, del lado opuesto cinco o seis
personas siguieron su movimiento, acercándose tanto, que si
hubiera sido más llano el terreno habría podido tener lugar un
choque parcial entre ellos, sin que de una y otra parte hubiera
podido socorrérseles: los enemigos fueron los primeros que
volvieron a paso corto a sus reales, y los nuestros pasaron el río,
reconocieron el terreno y regresaron.
"Al oscurecer estuve pensando ejecutar durante la noche el
movimiento a retaguardia del enemigo, que me había propuesto; pero
no conociendo el terreno por mi mismo; no siendo mi. gente a
propósito para maniobrar en lo oscuro; teniendo el embarazo de una
caballería bisoña y de un crecido parque en acémilas cansadas, no
quise exponerme a un desorden y a las consecuencias de un terror
pánico que tan fácilmente pudiera producirse entre los reclutas y
milicianos por cualquier incidente, y me decidí a aguardar el día.
En consecuencia, a las ocho de la noche, atizando las hogueras,
mudé mi campamento a un paraje que parecía hecho exprofeso para el
caso: mi espalda se apoyaba en el río Magdalena; a la derecha una
quiebra pedregosa y a la izquierda un soto espeso, que ponían a
cubierto mis flancos, y al frente una espaciosa llanura que se
extendía basta la cordillera, me dejaba en completa movilidad para
obrar por ella en caso necesario. El batallón número en batalla
con una guerrilla a su frente, cubría el costado derecho; el
izquierdo la caballería y la guardia nacional de infantería; el
medio batallón número 9º y el batallón número 10, en dos líneas,
con un cordón de centinelas a cien pasos de distancia cubrían el
frente; el parque y los jefes en el centro. Todo situado, mandé
quitar frenos a los caballos, que se acostase la tropa y durmiesen
cuantos no estuviesen de facción... Dos jefes siempre de pie
relevándose de dos en dos horas, hacían funciones de jefes de día,
porque después de tres noches de expectativa en Neiva, de la marcha
y del trabajo del día, el cansancio nos rendía a todos, y un jefe
en constante vigilia hubiera sido un hombre inútil al día
siguiente.
"Cuatro horas hacía que, reclinado en una piedra, un sueño
vivificador fortificaba mis miembros adoloridos, cuando una
descarga por el costado derecho me despertó: la tropa se puso en
pie, los jefes y oficiales se colocaron en sus puestos; la
caballería se preparó. Sucedió luego el silencio, y todo volvió a
quedarse quieto. A poco rato otros tiros por el mismo lado,
secundados por otros del lado izquierdo, repitieron el alarma;
pero ya se conoció que no éramos atacados por un tropel de
caballería por el frente, que era lo que podía suceder, sino que
algunas partidas nos buscaban y hacían fuego para provocar la
respuesta y descubrir nuestro campo, o que guerrillas de
carabineros montados venían a inquietarnos para impedirnos el
descanso. En el resto de la madrugada se oyeron de vez en cuando
algunos tiros, sin que la tropa que dormía se moviese.
"Amaneció la aurora del 5 de mayo, día de dos victorias, día en
que pudo perderse la República; di mis órdenes a los jefes, volví a
explicarles mis ideas, y antes de que el sol se elevase sobre el
horizonte, estábamos en movimiento acelerado en dirección a la
cordillera oriental... Al llegar al sitio que en la tarde anterior
habíamos ocupado, creyó sin duda Sánchez que era la hora del
combate, pues su caballería maniobró abriéndose al "ano, y se notó
grande movimiento en su campo: nosotros continuamos nuestra marcha
a paso redoblado, con mas orden del que yo esperaba; pero apenas
observó Sánchez la dirección que tomábamos, hizo a su caballería
seguir nuestro movimiento, en la línea paralela, y sucesivamente a
sus cuerpos de infantería conforme salían al llano, separándonos
aquel riachuelo, cuyo nombre había de adquirir bien pronto el
derecho de que se inscribiera en un renglón de los fastos
granadinos. La caballería enemiga, por su naturaleza y porque pudo
moverse inmediatamente, marchaba a nuestro costado sin dificultad,
fuera de tiro de fusil; pero su infantería, que abandonaba los
puestos que a distancias ocupaba, y que tenía que formar en la
llanura antes de marchar, tardaba en verificarlo, y por
consiguiente venia atrasada y por escalones. Evidente fue, pues, a
todos el desconcierto del enemigo, conocióse hasta por el soldado
el mérito del movimiento que yo ejecutaba, y palabras lisonjeras se
me dirigieron.
"Llegados al paraje por donde habíamos de pasar, reconocido en
la tarde anterior por el coronel Franco, y que él me indicó, vimos
que era imposible que la Columna siguiera por compañías y que
habíamos dé hacerlo a dos o cuatro de fondo: mandé, pues, al
comandante Briceño que al trote y desfilando entrase la
infantería al río para pasar antes que la división enemiga se
reuniese y Opusiese una resistencia peligrosa, lo que empezó a
ejecutarse tan rápidamente cuanto se podía en una tropa de aquella
calidad. La caballería enemiga del lado opuesto hizo alto
aguardando su infantería? principalmente una columna que ya estaba
cerca. No sé lo que pensaría el coronel Franco de aquel movimiento,
porque en lugar de hacer alto no debiendo tomar la cabeza de la
división en ningún caso, picó al trote, de su propia orden, y entró
al río produciendo en la infantería, que empezaba a hacerlo, el
trastorno que era consiguiente...
"Como era natural, nuestra caballería tomó el cangilón más
accesible del camino, y la infantería, empujada a su costado
derecho, tenía que ir entrando con suma dificultad, y trepando la
barranca del otro lado, sin orden ni formación, resbalando y
cayendo.
Arriba a la salida del río había una choza pajiza con un lienzo
al costado derecho formado de una endeble cerca en forma de
talanquera; al costado izquierdo un pequeño llano rodeado de
malezas y arbustos, y al frente un bosquecillo claro y angosto de
bastante extensión, que se prolongaba hacia el camino real con
sabana transitable por uno y otro lado. El mayor Cantero iba a la
cabeza de su cuerpo por estar el comandante Briceño a la cabeza de
la columna de infantería, y por consiguiente entró al río con la
columna de infantería, y por consiguiente entró al río con la 1ª
compañía de dicho batallón ... Y el resto de la infantería se quedó
detenida, porque la prolongación de la columna de caballería,
desfilando en el callejón, le obstruía el paso. Viendo yo aquella
confusión, ordené al comandante Briceño que hiciese entrar la tropa
al río como se pudiera y que por ningún motivo se moviera hacia el
otro lado, hasta que hubiesen pasado los últimos restos de los
bataliones número 6º y número 10; con un ayudante mandé orden de
que se mantuviese la reserva formada sin pasar hasta que yo
dispusiese otra cosa, y al parque, que, se detuviese con ella, y
seguí en persona a retaguardia de la 1ª compañía del número 6º,
viniendo detrás de mí un cordón de tropa en confusa desfilada.
"A un tiempo llegaron la cabeza de la caballería y la de la 1ª
compañía número 6º al otro lado; aquélla se dirigía al llano de la
izquierda de la casa, y ésta a la endeble cerca de la derecha,
cuando la caballería enemiga, que se había venido acercando, al
ver nuestro desorden, aflojó bridas y cargó vigorosamente a la
nuestra, que prolongada en un cangilón, sin poder subir y
desplegar, ni casi moverse, volvió cara atropellando los de
adelante a los de atrás y derrotándose completamente, arremolinada
en el cauce del río, corriendo unos para arriba, otros a la reserva
y unos pocos hasta su casa.
"El coronel Franco, con algunos pocos, hicieron frente y
prodigios de valor personal que honrarían a los más valientes del
Apure.
"El mayor Cantera, con la 1ª compañía del número 6º, a quienes
Franco y sus compañeros deben la vida, rompió al mismo tiempo un
fuego nutrido sobre la caballería enemiga que desmontó una
compañía, la cual, pie a tierra y lanza en mano, cargó
valerosamente sobre la nuestra de infantería, que la aguardó
deteniéndola... a tiempo que llegaba Mutis con la del número 10; y
los valientes negros fueron rechazados.
"Cuando aquello pasaba y subía yo al lado donde se combatía...
rompía el fuego sobre nosotros la 1ª columna de infantería enemiga,
de timbianos, que llegaba, y quién sabe lo que hubiera sucedido si
el comandante Briceño, desde el otro lado, con la tropa que no
había podido todavía entrar al río, no hubiese hecho una descarga
cerrada sobre ellos deteniéndola, y atravesándose de uno a otro
lado un fuego activo que contestaban los tímbianos marchando a
apoyar su caballería y dando un rodeo para caer de frente sobre
Cantera y Mutis.
|
1 Por esto se esparció la voz de que
habíamos sido vencidos
|
"Inmediatamente que se desviaron los timubianos, pasaron el
comandante Briceño y el mayor Arboleda con los que quedaban del
otro lado del río ... entrando la tropa más bien en una prolongada
guerrilla por grupos y pelotones, que en batalla, precisamente a
tiempo que la segunda columna de infantería enemiga llegaba y
rompía el fuego... Yo tenía que atender a todas partes, como era de
mi deber...
"No sucedían estos hechos a intervalos, sino casi
simultáneamente, teniendo cada uno por su lado, y con mucha
prontitud, que cumplir con su deber. El coronel Franco y sus
compañeros allá por el
|
extremo izquierdo defendiendo su
vida y privando de ella a los pertinaces negros que se empeñaban en
envolverlos y lancearlos, no podían ver, ni saber, ni entender nada
de cuanto pasaba fuera de aquel lado; el monte por su izquierda y
las compañías de Cantera y Mutis con su juego sobre la caballería y
sol)re los timbianos los protegían e impedían que fuesen rodeados y
muertos; unas veces cedían sobre la infantería, otras cedían los
enemigos y luego volvían a la carga, hasta que hecho el combate
general en toda la línea, los afamados húsares volvieron cara,
saliendo ¿sí el coronel Franco... del lance crítico en que él
mismo se comprometió, sin orden de nadie, exponiendo a un desastre
el éxito del combate.
"Sobre mi ala derecha el fuego era todavía muy vivo aunque ya
replegaba el batallón que lo sostenía, y al empezar a retirarse se
vinieron a nosotros con grandísimo peligro el alférez Agapito
Montejo, un corneta y siete soldados... Avanzando los nuestros, se
derrotó completamente dicho cuerpo, dispersándose su mayor parte
por todas aquellas quiebras y malezas, y fueron muy pocos los que
se reunieron a su reserva batiéndose en retira da. La mayor parte
de los caucanos se dirigió hacia el río Magdalena, y después supe
que, dispersos por el cantón de Yaguará, tomaron el camino de
Tierra-dentro hasta el Valle; los demás, siendo de las provincias
del norte, se irían para sus casas, porque a las filas enemigas no
volvieron, ni a las nuestras se incorporaron, ocultándose por el
momento; pues si se recuerda la descripción que hice del terreno,
no para pintar paisajes, sino para que todo esto se entendiera, se
verá que era muy fácil que así lo hiciesen, corno lo era que
nuestros soldados se extraviasen y no nos viésemos unos a otros
muchas veces.
"Teníamos ya como 60 prisioneros y rescatados 15 ó 16 húsares de
nuestro escuadrón número 4º, que fue sorprendido en Carnicerías.
Sin embargo, los timbianos, que tomaron el camino de la derecha del
bosque, y algunos de los dispersos del batallón derrotado, iban
sosteniendo el fuego contra un pelotón como de unos 100 hombres
nuestros que los seguían adelantándose de nuestros replegados en
guerrillas, y se veía a lo lejos a los jefes regados reuniendo a
los dispersos, y a su caballería, que había descabezado el bosque y
se juntaba con la última columna de infantería que no había
entrado en acción... continuando su marcha retrógrada
acelerada... Mi infantería estaba muerta de cansancio, regada en
una inmensa extensión de terreno, metida a grupos entre quiebras y
bosques... Sánchez conservaba una columna de infantería que no se
había batido, y como 30 hombres de la mejor caballería que ha
habido en América, y se rehacía cuanto era posible, teniendo por
tanto más de 400 hombres. ¿Qué podría yo hacer en semejante estado?
¿No era ya llegado el caso de restablecer el orden para no
exponerme a perderlo todo después de haber ganado, haciéndome
culpable, y no quedándome nada que responder en un caso
desgraciado? Hice pues lo que debía: mandé tocar llamada y tropa
al trote; el triunfo estaba consumado, y la invasión rechazada si
no se cometían imprudencias, y no quise cometerlas para que no me
sucediese lo que al ejército español en Cojedes, o a los facciosos
en La Culebrera, o al coronel Franco en la Polonia.
"El enemigo dejó como 50 hombres tendidos en el campo, sin
contar con los que acaso habría en los bosques y no se vieron,
pero teniendo muchos caballos,
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1 El batallón enemigo, que no se
batió, lo tenía Sánchez de reserva en la casa de la hacienda, y fue
el último que salió a formar cuando nosotros marchamos en busca del
paso del riachuelo. Sánchez venía a su cabeza a carrera tendida en
dirección al punto donde estaban empeñados sus dos primeros
batallones y su caballería y; cuando vio a éstos y a los timbianos
rechazados y en fuga, tomó el cambio real a detenerlos y
sostenerlos como lo logró en parte.
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