INDICE

 




IV
 

 

"Veamos ahora cuál fue la embriaguez de Obando en su triunfo, cuáles las esperanzas que concibió, y cuál era el desprecio con que nos miraba. La siguiente comunicación, que se le interceptó en Viajes y que remití original al general en jefe, dejando copia de ella, lo manifestará:

 

Cali, 16 de marzo de 1841.

 

"Señor general Salvador Córdoba.

 

"Mi querido Salvador:

 

"El 12 del corriente he dado un golpe mortal para los tiranos: él va a ser de inmensos resultados, y te juro que la Nueva Granada será libre.

"El golpe ha sido en la hacienda de García, a las siete de la mañana: sólo había escapado el pobre Ba­rrero, y acabo de tener parte de haberlo hecho prisio­nero. Su fuerza era de 400 hombres, con la base de los excelentes soldados que dejaste venir de Itagüí. La resistencia que hicieron fue digna de una causa mejor. Murieron 116¹, entre ellos el coronel Pacheco, el ma­yor Apolinar Torres y otros tantos oficiales. Hasta aho­ra se han hecho 236 prisioneros; artillería y municio­nes de ambas armas, lodo, todo quedó en nuestro poder.

"Antenoche ocupé esta capital, dejada acéfala por las autoridades. La provincia del Cauca está también a mi disposición; ayer recibí una manifestación de los ciudadanos de Buga, que también quedó acéfala. Desde aquí aseguraré la goleta |Tequendama, que está en el puerto ya acarenada, y aprovecharé todas las ventajas que me da el triunfo más espléndido para libertar a la Nueva Granada. La división, fuerte ya de un modo invencible, está en marcha para Popayán a rendir a esos cuatro verdugos implacables que dejé a la espalda, en estado de no poderme hacer ofensa ninguna. Acaban de decirme que han evacuado a Popayán emigran­do para la Plata. Si así fuere, se ha llenado ya mi plan

1 "El número de muertos, contados los que fusilaron después, fue de 150 |, más que menos".  

 

y cumplídose mis deseos de que repleguen todos a Bo­gotá.

"Mándame precisamente mil o dos mil fusiles de tántos que me aseguran tienes, pues aunque podré te­ner cerca de 700, debemos organizar en este Cauca un ejército capaz de batir independientemente todas sus fuerzas reunidas en un punto.

"Remíteles volando esta carta original a los ge­nerales Carmona y González, para que, sabiendo es­tos acontecimientos, arreglen sus operaciones, sin com­prometer de ningún modo un lance que no sea entera­mente seguro. Probablemente replegarán ahora a Bo­gotá sus fuerzas del norte y Carmona debe solamente ir ocupando el terreno que dejen, tomando posicio­nes, sin aventurar un suceso que, como digo, no sea del todo seguro. Es decir, que Carmona debe solamente estrechar para rehacerse las provincias del norte aban­donadas.

"Acuérdate que no tengo armamento para la infan­tería, tanto cuanto necesito para organizar un ejército de tres a cuatro mil hombres, y que tú puedes facili­tármelo.

"Enérgicamente protesto contra cualquier avenimien­to que cualquier jefe de las divisiones que obran hicie­re con la facción capitaneada por Márquez: todo arre­glo debe estipularse a discreción; nosotros les otorga­remos la vida por generosidad, más no por la obliga­ción de un tratado, cualquiera que sea.

"Herrán ha venido a Ibagué con un poco de reclu­tas, |1 recomendándole al gobernador del Cauca le avise por postas diarios el estado en que se halle esto, para dirigir sus operaciones: muy buena será la noticia que le mande Murgueítio. Por la Plata también andan unas partiditas que dizque venían a auxiliar a Popayán. Es­tas son las operaciones profundas de nuestros contendores, que no dejan ni gloria en batirlos.

"Quisiera escribirte cuanto pudiera decirte en siglo de conversación continua, pero me ahogo en el gozo de saludarte desde el campo del triunfo, que está unido al

1 "Hablaba de mi 3º división".  

 

 

de tus glorias. Saludo también a todos los heroicos compañeros, desde el jefe hasta el soldado, y saludo a Carmona, González, Vesga, Gaitán, Durán, Piñeres y todos, todos, cuyos nombres simbolizan la Libertad. Pónme a los pies de tu señora, tu mamita, hermanas, hermanos, Manuel Antonio, Arango, Isaza, Robledo y todos los que respiran libertad y gloria para nuestra patria.

"Desespero por darte un abrazo y morir de gusto en tus brazos, y entretanto recibe el corazón de tu eterno compañero y amigo,

 

JOSE MARTA. OBANDO"

 

Apenas salido momentáneamente de su crítica si­tuación, ya manifiesta el general Obando en esta carta su decisión a dominar como jefe supremo sobre todos los |supremos, y si se recuerda que el general Carmona me dijo que su principal mira al pronunciarse con­tra el Gobierno era sustraer las provincias de la Costa del poder que la revolución fundase en las del interior, puede calcularse lo que habría sufrido el país si ésta hubiera triunfado. Hecha esta observación, continúo el extracto de mi cuaderno.

"Otras notas oficiales y cartas particulares de uno a otro, Córdoba y Obando, de grande interés, se inter­ceptaron en Ansermaviejo por el cura, doctor Rafael Soto, y el señor Felipe Ortiz, y en el cantón de Rolda­nillo por el alcalde de Vijes, todas las cuales envié al general en jefe. Ya en ellas combinaban ambos sus movimientos, y Obando desenvolvía un plan de opera­ciones sobre Bogotá, que era marchar él, con el grueso de su ejército, por la provincia de Neiva, y Córdoba por el Quindío, a reunirse sobre el Saldaña; y como sus cálculos se fundaban en que el Gobierno concen­traría sus fuerzas en la capital, que Carmona, Vesga y demás irían avanzando poco a poco, y que nosotros íbamos a caer en sus manos en Cartago, se ve que no eran tan erróneas, pues todo pudo haber sucedido ...

"Que no se nos vayan los que están en Cartago", decía Obando a Córdoba en aquellas comunicaciones; ésta es nuestra principal atención. Y ciertamente le decía la verdad, y así debiera haberlo procurado con un poco de audacia, marchando rápidamente de Cali con los 300 ¿ 400 hombres montados que tenía, y de­jándose ver en las inmediaciones de Cartago desde el principio, para entretenerme mientras reunía sus fuer­zas, ocultándome lo que pasaba en Popayán, en lugar de hacérmelo saber...

"La casualidad de tener en mi poder el diario his­tórico de la división, escrito de puño y letra del co­mandante Joaquín Acosta, me facilita el medio de ins­truir a mis lectores de mi principal y más arriesgada operación en aquellos momentos... Pido, pues, atención para los siguientes trozos de aquel documento oficial:

"Día 29 de marzo. Se tuvieron avisos ciertos de la parroquia de Vijes de que Obando había pasado el Cauca con toda su gente y con dirección a Buga, el día 25 a las doce; llegó también por la tarde, el señor Fe­lipe Ortiz, nuestro agente en Ansermaviejo, que escapó después de haber entrado allí la descubierta de Cór­doba, logrando coger la correspondencia que éste di­rigía al comandante del destacamento, Eusebio Isaza, y un paquete de proclamas impresas. Por esta corres­pondencia se infiere que para el 1º o 2 del entrante llegará la columna de Córdoba a Ansermanuevo.

"Día 30. A las seis de la mañana salieron el coman­dante en jefe y el estado mayor a hacer un reconoci­miento del otro lado del Cauca a Ansermanuevo, para disponer el sitio en donde debía esperar a Córdoba la división. A las ocho atravesó la comitiva el Cauca. A las once, de regreso de la boca de la montaña, se aprehendió un posta enviado a Córdoba con pliegos, por el presbítero cura de incluyendo otra co­municación de Cartago con revelaciones curiosas res­pecto al número de gentes comprometidas en favor de los facciosos, en ambos lugares; una noticia exacta de nuestra fuerza, contando con traición de parte de algu­nos oficiales nuestros. Regresó el comandante en jefe a las cuatro, y a las cinco entró en Cartago el coman­dante Mutis con los 167 reclutas que venían de Ibagué y el piquete de 32 hombres de guardia que los custo­diaba.

1 Domingo Mutis.    

 

"Día 31. No hubo nada de particular que deba de­cirse aquí.

"Día 19 de abril. Llegaron comunicaciones de Rol­danillo y Toro con copias de la capitulación de Popayán y noticia de los regocijos y fiestas que por orden de Obando se habían celebrado en Buga ... Salió el es­cuadrón montado a hacer un reconocimiento hasta El Naranjo por haberse recibido noticias de que alguna caballería de Obando había venido a La Paila, a pocas leguas del Naranjo ... A las seis de la tarde escribió el comandante del destacamento de Catalino que las tropas de Córdoba habían comenzado a llegar a Palogor­do, tres horas distantes de la boca de la montaña al mediodía, y por consiguiente podían llegar al anochecer al punto donde quedaba situado el destacamento ... En este momento regresó el escuadrón avisando que las partidas de caballería de Obando se habían retirado a Tuluá o Bugalagrande. El comandante en jefe dispuso que inmediatamente marchase la división sobre Córdoba a fin de ejecutar en la noche el paso del río y amanecer en las posiciones fijadas de antemano ... Lle­garon los cuerpos a las diez de la noche... A las doce acabó de pasar la infantería en cinco barqueticas, y siguió su marcha hacia Anserma, donde fue preciso es­perar la caballería, que por el embarazo de los caballos y monturas no acabó de pasar hasta las cinco de la mañana, quedando las barquetas en la orilla, izquierda del Cauca custodiadas por una guardia de veinticinco hom­bres.

"Día 2. A las seis de la mañana siguió la división a colocarse a poca distancia del campo fijado en la boca de la montaña, en donde se hizo alto: se dio car­ne a la tropa. El comandante en jefe se adelantó hasta Cañaveral, poco más de una legua de Palogordo, y ni él ni los espías supieron nada de los enemigos hasta las once del día, que regresaron, de donde era fácil colegir qué habiendo tenido noticias de nuestro movimiento por uno de los muchos partidarios que tienen en Anserma o en Cartago, se habían atrincherado en la montaña, esperando el auxilio de Obando, o que habían descen­dido al río por Sopinga para atravesarlo y marchando hacia Cartago reunirse con las tropas de Obando, tomar la boca del Quindío y apoderarse de nuestros equipajes y pertrechos que están llegando

"En este estado dio el comandante en jefe, a las 12, la orden de la contramarcha, esperando llegar al río a tiempo de poderlo pasar toda la división antes de que llegase cualquiera de los dos enemigos.

"A las dos de la tarde llegamos al río y nos encon­tramos con que los peones (los bogas) habían deser­tado, aunque afortunadamente un buen patriota suplió la falta enviando los negros de su hacienda, que se le habían pedido previendo cualquier acontecimiento. Al anochecer acabó de pasar la tropa, y llegaron a Cartago los últimos cuerpos, a las ocho de la noche ... Se qui­taron las canoas del paso echando unas río abajo y rompiendo otras"... Hasta aquí el diario.

 

V
 

 

"No es necesario ser militar para conocer cuán arriesgada fue la operación que acabo de referir y lo que habría sucedido si mis cálculos hubieran sido erra­dos sólo en algunas horas... Era operación de minutos fijos, que tenía que ejecutarse el mismo día: al siguiente habría sido tarde, ya estaría cortado.

"Al llegar a Cartago fueron más positivas las noti­cias de la rendición de Popayán: el titulado Goberna­dor del Cauca la comunicaba de oficio al jefe político, y varias personas la escribieron. Sin embargo no fal­taron algunos que creyesen ser todo una falsedad in­ventada por el mismo Obando, porque se hallaba en mala situación, y pretendieron que me lanzase en nue­vas aventuras; pero volví los ojos a la República, re­cordé mi deber, calculé las cosas como eran en sí mis­mas y di las órdenes para regresar a Ibagué al día si­guiente, tomando las medidas necesarias para vencer o dejar bien puesto el honor de las armas, si en aquella noche, lo que habría sido muy fácil, se hubiera el ene­migo interpuesto entre Cartago y la montaña.

"En efecto, a las ocho de la mañana empezó a moverse la división, saliendo los cuerpos formados a tam­bor batiente y banderas desplegadas, guardando tanto la tropa como el pueblo el más profundo silencio. Dos

grandes guardias de a 40 hombres de los batallones nú­meros 6º y 10, a mis inmediatas órdenes, permanecie­ron en la ciudad una hora más, y no partí hasta que to­dos los emigrados, que seguían mi movimiento, hubieron salido. 716 hombres sacó la división, formados. No hu­bo ningún desertor, y sólo quedaron los enfermos gra­ves, que no podían moverse, los que dejé recomendados al Reverendo Padre fray Mariano Bernal, con letra abierta para proveer a todos sus gastos, encargo que aceptó.

"Nunca me olvidaré de aquel momento cruel, y aho­ra | mismo mis ojos se humedecen al recordarlo, en que acompañado de dicho religioso, pasé al hospital a des­pedirme de aquellos infelices y a consolarlos. A todos tendí mis brazos, y sobre mi pecho se reclinaron y de­rramaron lágrimas muchos rostros desfigurados por la fiebre, la disentería y la viruela: todos llorábamos: yo estaba fuertemente conmovido, cuando el religioso, di­rigiendo la palabra a los enfermos, les rogó que se cal­masen y confiasen en su celo, asegurándoles que llenaría mi encargo y sus deberes como patriota y como sacer­dote cristiano; que les garantizaba su seguridad y que no se separaría de su lado un solo instante hasta que llegase Córdoba, de cuyo generoso carácter debían es­perarlo todo. ¡Cuán dulce es en las grandes aflicciones del ánimo la voz de un anciano ilustrado vestido con el traje sagrado de la Religión y hablando su lenguaje! No hay consuelo mayor sobre la tierra para un desdi­chado: es la voz del cielo mismo que fortifica su alma y derrama la confianza en su corazón! ¹

"Y no quedando ya nada que hacer, salí el último de todos con la gran guardia del batallón 6º, habiendo antes mandado situar el número 10 a una milla de dis­tancia. La mayor parte de la población se hallaba en las calles en el más pavoroso silencio; pero a pesar de las impresiones que causa el abandono de una ciudad

1 Los degüellos de los hospitales de retaguardia en Pasto, la matanza de García y la ferocidad de los negros de Obando, tenían a los enfermos en su estado de consternación inexplicable: yo mismo temí mucho por su suerte, si alguna partida de Obando entraba a Cartago antes de Córdoba, principalmente por los oficiales y sargentos.

 

 

al enemigo, ni una mala mirada recibí de nadie, y, por el contrario, todos me saludaban y me tendían la mano. A las doce del día llegó el comandante Acosta con la cabeza de la división al río de Piedra de Moler, dos le­guas distante de Cartago; a las cuatro de la tarde llegué yo, y allí pernoctamos. Córdoba entró a Cartago, |después que supo que yo la había evacuado, a las once de la no­che.

"Al día siguiente dormí en La Balsa, dos leguas distante de Piedra de Moler, habiendo adelantado los otros cuerpos por escalones a las órdenes del coman­dante Acosta, y allí recibí una carta de Córdoba, que contesté en el acto".

Estas cartas son las siguientes:

 

CARTA DE CORDOBA

 

"Cartago, abril 4 de 1841.

"Señor coronel Joaquín Posada Gutiérrez.

 

"Querido compañero y amigo:

"Anoche he llegado a ésta, después que supe que usted había evacuado la plaza, y verdaderamente be sen­tido que usted no procurase antes entenderse conmigo, puesto que esto era muy natural entre dos amigos y compañeros de armas, y más cuando de nuestra inteli­gencia podría resultar grande provecho a nuestra pobre patria, que se encuentra destrozada por la guerra civil. Tal vez marcho hoy detrás de usted, y bien pudiéramos todavía evitar un lance que confieso a usted sería muy desagradable para mí y siempre costoso a la Nación; usted sabe que yo soy franco, y por esta razón no debe usted extrañar esta carta. No debe ocultarse a la pene­tración de usted que es imposible contener ya el to­rrente de la opinión nacional, contra la cual lucha el expirante Gobierno de Bogotá. La caída de éste es ine­vitable, y los que tantos sacrificios hemos hecho por crear esta patria, debemos acordarnos poniéndonos siem­pre de parte del pueblo, |cuyos principios han sido siem­pre los de usted. Usted sabe que tengo por usted defe­rencia, que no desconozco sus servicios, y por lo tanto no quiero que la reputación de usted naufrague en la presente borrasca política. En fin, si quiere usted que nos veamos, podremos hacerlo, pues ya le he dicho que seguiré detrás.

"Sean cuales fueren las circunstancias, cuente usted siempre con su afectísimo amigo,

SALVADOR CORDOBA"

 

CONTESTACION

 

"Señor Salvador Córdoba. ¹

"La Balsa, 4 de abril de 1841.

"Querido compañero y amigo:

"Ahora, que son las ocho de la noche, recibo su car­ta de usted fecha de hoy, en que me anuncia su entrada a Cartago anoche. Yo, en cumplimiento de las órdenes que tenía, he debido regresar a Ibagué, y afortunada­mente he pernoctado aquí con la gran guardia, para poder recibir su carta y tener lugar de acusarle recibo, no siéndome posible contestarle tan extensamente como quisiera, por la premura del tiempo e incomodidad del lugar.

"Celebro que haya usted entrado a Cartago antes que las tropas que obran en el Valle, porque estoy se­guro que mis enfermos, que quedaron en el hospital, serán atendidos y considerados como merece su situa­ción. |²

"En cuanto a las indicaciones que usted me hace, voy a hablarle con franqueza. En 1830 fui arrebatado por el torrente revolucionario, bien que sin mancharme con la sangre de mis conciudadanos. Mientras estuve ex­traviado de la senda del honor, mi vida fue un tormen­to; y aun después que en 1831 pude reconciliarme con mi patria, no me ha dejado de mortificar aquel re­cuerdo. Por esto, desde entonces me propuse irrevocablemente no separarme jamás, cualquiera que fuese la suerte que corriese, del camino estrictamente legal, sin pertenecer a partido alguno sino al Gobierno legítimo, aunque las personas y conducta de los Magistrados no

1 El Coronel Córdoba había sido borrado de la lista militar.  
2 "Mi esperanza no fue burlada: después supe que en el acto mismo que Córdoba recibió esta carta, pasó en persona al hospital, consoló a los enfermos y proveyó a su completa asistencia, sin permitir que mí recomen dado hiciera gasto alguno en ellos".

 

 

me gustasen; y esto es tan cierto, que si la oposición hubiera triunfado en las elecciones, yo habría sostenido al nuevo Presidente, como lo he hecho con el que ha cesado: así pues, mi suerte será la del Gobierno legí­timo de mi patria, de quien no somos jueces ni usted ni yo.¹ Si hubiera usted estado en Antioquia le habría escrito: así lo pensé desde mi salida de Ibagué; pero a mi llegada a Cartago supe que usted venía, y no quise hacerlo porque no se atribuyera a mala parte un paso de pura amistad.

"Yo veo que usted ha cometido graves faltas, pero también veo que no ha cometido usted los grandes crí­menes que deshonran la humanidad: no ha manchado usted sus manos en la sangre inocente de los infelices prisioneros; no fusila usted los hombres indefensos: en fin, veo que con un solo paso estarían abiertas para usted las puertas de la reconciliación con su patria. ¿Por qué no lo da usted, mi querido amigo Córdoba?

"Efectivamente que conozco cuál es la verdadera opinión nacional, y usted también, sí me dijera lo que pasa en su interior, convendría conmigo en que la opi­nión de todos, todos los buenos ciudadanos, es en favor de la ley escrita, del orden constitucional y del Gobierno legítimo. El Congreso que está reunido convocará infa­liblemente la Convención deseada, y puesto que los pueblos pueden conseguir lo que. quieren por las fuen­tes legales, es una opresión tiránica la de los pocos que, habiéndose sobrepuesto, quieren forzarlos a recibir la ley de sus lanzas. En el propio país de usted ¿cuál es la opinión de la gente que vale algo? Dígamelo usted francamente.

"Yo sé que usted ha manifestado estar arrepentido, yo sé que hasta lágrimas ha derramado usted, confe­sando ser víctima de un arrebato: siendo esto cierto, como lo es, teniendo usted, como tiene, buen corazón, ¿por qué no vuelve usted sobre sus pasos y desiste de un plan tan terrible como el de derrocar al mismo Go­bierno legitimo, que tanto contribuyó usted a estable­-

1 | La Nación sabe que he cumplido lealmente mi propósi­to. Por ello estoy sufriendo desde 1861 la humilde condición de vencido, pero la prefiero a la de traidor y rebelde vencedor.

 

 

cer? No reciba usted mal estas indicaciones mías; ellas nacen de un buen deseo, porque soy su amigo de cora­zón, tengo por usted simpatías y me duele ver perdido a un hermano del ilustre general Córdoba. Sí, Salvador, aun triunfando, suponiendo que tal cosa pudiera suce­der será usted perdido, porque la sanción moral del pueblo siempre condenará lo que está pasando.

"Pero desengáñese usted: grandes conflictos sufrirá todavía la patria; mas el principio conservador del Go­bierno legítimo triunfará infaliblemente.

Celebro la noticia que usted me da de que seguía mi movimiento, para marchar a alcanzar el grueso de mi división, que siguió su camino esta tarde, y aguardar a usted a su frente. En fin, sean cuales fueren las cir­cunstancias, cuente usted con que soy su afectísimo amigo.

 

JOAQUÍN POSADA GUTIERREZ" ¹

 

"Cuando afirmé a Córdoba que el Congreso convo­caría la Convención, fue porque tal era mi persuasión entonces, o a lo menos mis deseos. Siempre he opinado que la defectuosa Constitución que tenemos (la de 1832) no puede reformarse completamente sino en una con­vención, lo que más tarde o más temprano sucederá. El argumento que he visto escrito de que tal convoca­toria habría sido el triunfo moral de la revolución, por­que aquel fue el grito de los facciosos, no me ha con­vencido: la revolución no tuvo principios políticos en ninguna parte; todos los proclamados por los diferentes cabecillas fueron siempre pretextos para justificarla, porque los hombres no se confiesan delincuentes con facilidad cuando encuentran algún modo de no parecerlo. Hubo un partido que quiso ser exclusivo en el país y mandar siempre; para ello empleó varios medios: 1º, empezó por difamar de la manera más inicua al an­terior Presidente de la República, que no le pertenecía, sin embargo de que los únicos cargos que pueden ha­cérsele son su escrupulosidad y respeto por la Constí-

1 | Considérese que yo escribí esta carta en La Balsa, punto horrible de la montaña, teniendo por toesa una tarima, y por luz la de un candil,

 

 

tución y las leyes, aun en los días más críticos, y las consideraciones que tuvo por aquel partido implacable, empleando en altos puestos a muchos de sus miembros, los que le faltaron todos, con muy rara excepción; 2º, explotó toda especie de descontentos para engrosarse; 3º, intrigó en las elecciones; y por último, se lanzó en rebelión abierta. ¿Qué tiene esto que ver con las pa­labras religión, libertad, federación y convención gri­tadas sin orden ni concierto? Y una convención con­vocada constitucionalmente ¿puede acaso confundirse con la convención revolucionaria, proclamada de hecho por los facciosos armados con el único fin de adueñarse del poder? He creído deber manifestar mis ideas sobre el particular para aclarar los motivos por qué opinaba como lo indiqué en mi carta anterior".

Fuera de la "Religión del Crucificado", de que se declaró protector el general Obando, ¿no parece que en lo que acabo de expresar trato de los revolucionarios de épocas posteriores? ¡Siempre lo mismo!

 

VI
 

 

"Como yo había previsto todos los casos posibles, la división no careció de nada en los diez días de tránsito por la montaña; la marcha se hizo en cortas jornadas, con descanso del soldado y abundancia de subsistencias, llenándose así los deseos y órdenes del general en jefe, en momentos angustiados, como si la hubiera verificado en otros más tranquilos, sin embargo de las terribles contrariedades que para todo tuve que vencer.

"En medio del Guadual, que es un paraje de desfi­lada en que sin exageración da el barro a la cintura, en­contré trece cargas do vestuarios que se me remitían, y allí mismo tuve que distribuirlos al batallón número 6. Al siguiente día, en la cuchilla, encontré las primeras cargas de municiones que me iban, abandonadas en el camino por haber desertado todos los peones que las conducían, y también tuve que distribuirlas al mismo batallón: hasta los oficiales tomaron cuatro paquetes cada uno para no dejar ni un cartucho, de modo que todo aquello, lejos de ser un auxilio oportuno, vino a servir de grave embarazo en la peor circunstancia posíble. Los pobres soldados de aquel cuerpo, tan benemé­rito como el que más, llevaban con su fusil y maleta cuatro arrobas de peso cada uno, sin murmurar, sin pro­ferir una queja: persuadiéronse que por necesidad se les agobiaba, y marchaban contentos.

"Debo insertar el siguiente trozo del diario histórico:

"En El Moral hizo alto la vanguardia por orden del comandante en jefe, que había dispuesto reunir allí toda la división por si efectivamente venia Córdoba, por ser el único punto en que se podía desplegar".

"Y en efecto, allí nos reunimos, pero como supe que Córdoba sólo había venido con una pequeña par­tida hasta San José, pensando que recogería muchas cosas que iríamos dejando, y que burlaba su esperanza regresó de allí, continué mi marcha. No perdí en ella sino dos enfermos, que quedaron en La Balsa, otros dos que, postrados de viruela confluente, fue forzoso dejar­los a poca distancia de El Moral, de donde mandé unos peones a traerlos, y ya los encontraron muertos, y cua­tro desertores el día que llegamos a Ibagué".

"Dice el coronel Franco hablando de mí:

"La campaña del Cauca y la retirada por la monta­ña de Quindío han dado peores resultados que perdién­dose tres batallas, y todo por su elevada inteligencia".

"Luego los enemigos, a su manera y usanza, publica­ron todo aquello como una gran victoria que obtuvie­ron, y hubo salvas de artillería y repiques de campa­nas, y proclamas, y arengas: necesario me era, por tanto, esclarecer los hechos que habían servido de pretexto para semejante alboroto.

"Al llegar a Ibagué di cuenta de todo al Poder Eje­cutivo y al general en jefe, escribiendo a éste una carta en que le rogaba se publicasen en la |Gaceta todos los do­cumentos relativos a dichas operaciones, porque no faltarían quienes las censurasen, principalmente a lo le­jos, en donde podría pensarse que yo había ido al Valle destinado y prevenido a hacer frente a todos los acontecimientos que allí tuvieran lugar.

"Tanto el Gobierno como el general en jefe se rego­cijaron con la noticia de mi feliz regreso. El general Herrán me escribió:

 

"En hora buena, porque me ha salvado usted la divi­sión. ¿Por qué está usted tan afectado? ¿Por qué ese empeño en que se informe al público lo que no debe sa­ber ahora? En cuanto a sus movimientos, a mí no más tiene usted que satisfacer, sólo yo soy juez y responsa­ble de sus resultados".

El Gobierno me dijo aún todavía más: una aproba­ción absoluta, con expresiones de reconocimiento por mi conducta, fue su respuesta (que es la siguiente):

|"República de la Nueva Granada.- Secretaria de estado en el despacho de guerra y marina.- Mesa de mando.- Bogotá, 21 |de abril de 1841.

"Al señor Comandante en jefe de la 3ª División del Ejército de operaciones.

"Tuve la honra de recibir y representar al despa­cho del Vicepresidente de la República el oficio de vues­tra señoría fecha en Ibagué a 13 del corriente, en que da vuestra señoría cuenta de su regreso a esa ciudad con la división de su mando, y acompaña el estado de su fuerza, copia del parte que sobre el mismo asunto dio vuestra señoría al general en jefe del ejército, la carta original que le dirigió el ex-coronel Salvador Córdoba y su contestación; y habiéndose enterado su excelencia de todos estos documentos y aprobado el modo como vuestra señoría contestó aquella carta, me manda volvérsela como lo solicita.

"Mucho temió el Gobierno respecto de la división del mando de vuestra señoría después del suceso de García y marcha de Córdoba al Valle del Cauca; pero el general en jefe contaba con el cumplimiento de sus órdenes y que vuestra señoría en último caso salvaría su fuerza contramarchando a Ibagué, como lo ha veri­ficado sin más pérdida que la de los enfermos que no pudieron seguir su movimiento, vuestra señoría ha lle­nado, pues, sus deberes salvando la división, aunque tenga el sentimiento de no haber batido al enemigo, porque si no era posible hacerlo con probabilidad de vencer o de no ser envuelto, como debió serlo por las fuerzas de Córdoba y Obando, la prudencia y el honor mismo aconsejaban la resolución última que tomó vues­tra señoría de acuerdo con lo que se le había prevenido.

"Sensible fue para el Gobierno la escasez de muni­ciones que tuvo la división; pero esta falta, que se lamenta, quizá ha contribuido a salvarla, porque sin ella vuestra señoría habría comprometido una acción arries­gada. El general en jefe pidió efectivamente cincuenta mil cartuchos, y se mandaron remitir a tiempo que en el parque sólo existían treinta mil cartuchos, y creyó el Gobierno que este número había seguido. Se pidieron luego sesenta mil para la 1ª división y treinta mil para Honda, y el jefe militar dispuso de los primeros para cubrir parte de los dos últimos pedidos. Entonces supo el Gobierno la falta de aquella remesa, y después de re­petidas órdenes y de diligencias que hice personalmente, se consiguió remitir a Ibagué hasta treinta y ocho mil cartuchos, porque ha de saber vuestra señoría que se agotaron las balas y el plomo existentes en el parque y en el comercio, y se dificultó la construcción, y si a esto se agrega la falta de envases para el empaque, escasez y bagajes para las conducciones y demoras en el apresto de las escoltas, verá vuestra señoría cuántos embarazos se presentan para el cumplimiento de las órdenes del Go­bierno, que por otra parte llena su deber al expedirías, sin poder descender a pormenores que tocan a sus agen­tes. Vuestra señoría mismo ha visto confirmados estos hechos al encontrar las municiones abandonadas en la montaña. ¿Podrá el Gobierno impedir este mal?

"Por último, diré a vuestra señoría que el Gobierno celebra el orden y regularidad con que la división veri­ficó su regreso a Ibagué, sin que nada le faltase, porque vuestra señoría lo había previsto todo, como debía es­perarlo de su celo y conocimientos.

"Dios guarde a vuestra señoría.

SIMON BURGOS"

 

El general en jefe, pues, y el Gobierno nacional, se encargaron de satisfacer por mí a cuanto se dijo y pu­diera decirse sobre este acto importante de mi vida mi­litar, en el que tuve que vencer dificultades inmensas, que acaso no hubiera superado sin la previsión, ener­gía y constancia con que trabajé hasta agotar mis fuerzas.

Sin embargo de ser estos hechos notorios, de haber pasado a la vista de los habitantes de una ciudad gran­de, y estar comprobados por los documentos oficiales auténticos, que se han visto, que nunca han sido ni podido ser desmentidos, dice el general Obando en su libro |Para la historia:

"El 3 de abril ocupó Córdoba a Cartago con su tuerza de 400 infantes, y emprendió perseguir a Posada en la montaña. Se le tomaron más de 100 hombres y 200 fusiles. El 5 llegué yo con un escuadrón, etc.".

¿Qué se propondría el general Obando al escribir en Lima tántos hechos que la historia había de desmen­tir con pruebas con la notoriedad de su inexactitud y con los documentos mismos del enemigo? Unos trein­ta enfermos fueron los que dejé en el hospital de Car­tago, y ni un hombre más faltó en las filas: los fusi­les de los enfermos, sin las llaves, que traje a Ibagué, quedaron en buenas manos, y fueron devueltos a la reacción popular que tuvo lugar pocos meses después.

Lo que sí merece notarse es lo cerca que estaban los dos enemigos que me rodeaban, y el que yo hubiese podido cumplir las frecuentes y terminantes órdenes que recibía de regresar a Ibagué, sin que me hubieran cor­tado, como pudieron hacerlo, principalmente el general Obando con su numerosa caballería.

 

VII
 

 

En aquellos días, precipitándose los acontecimientos, luchando el Gobierno con la penuria del tesoro público, casi agotado el gran parque de la capital, los batallones 5º y 6º considerablemente disminuidos por las enfer­medades, los hospitales llenos, y con inconvenientes que allanar por todos lados, la situación del país fue más crítica de lo que se piensa.

Bien que sea uso y costumbre no escribir sino para ultrajar a los altos funcionarios y para insultarnos unos a otros, permítaseme a mí que separándome de la regla establecida, diga que el Gobierno y el general en jefe, que con tánta constancia y acierto trabajaron sin des­canso, merecieron algo en la época, siquiera este home­naje de gratitud que yo en mi calidad de ciudadano les tributo.

 

 

VIII
 

 

En Ibagué recibí la noticia de la importante victoria de Tescua obtenida por el general Mosquera sobre los rebeldes de las provincias de la costa del Atlántico el 1º de abril (1841), circunstancia por la cual dice él en su parte oficial:

"No podía ser menos; era 19 de abril, y empuñaba yo en el combate la espada con que el Libertador venció en Junín". ¹

El general Francisco Carmona, jefe de los rebeldes de la Costa, después de haber pasado algunos meses en Ocaña y de haber sido vencidos en Aratoca los de las provincias del norte, transmontó la cordillera con unos 1.500 hombres de tropas selectas, y en el cantón de Cúcuta aumentó su fuerza con unos 500 hombres de los dispersos de Aratoca y los partidarios que, asilados en Venezuela unos y otros ocultos, se le reunieron. Ya era tarde. Si hubiera hecho esto antes de la derrota del coronel González en Aratoca, unidos ambos, era casi indudable que habrían triunfado de los defensores de la Constitución y del Gobierno legitimo.

El general Mosquera, que tenía la inmerecida nota de cobarde por su derrota en La Ladera, la desmintió con este triunfo, que fue de la mayor importancia:

atacó briosamente a Carmona con la 1ª división del ejército que mandaba, fuerte de 2.000 hombres, y en un combate largo, sangriento y bien sostenido, lo de­rrotó completamente: el general Carmona con 100 jefes y oficiales y poco más de 300 hombres, se retiró en desorden y pasó la línea del Táchira: todos volvieron por Maracaibo a las provincias de Santa Marta y Car­tagena a continuar la guerra. |2

1 El 1º de abril se posesioné el Presidente de la República ante el Congreso.
2 En la Gaceta de 18 dc abril (1841), número 501, se encuentra el parte oficial detallado de este combate, y respecto al número de jefes y oficiales vencidos en Tescua, que pasaron la línea, consta por una nota oficial del secretario de guerra de Venezuela, referente a partes recibidas de las autoridades del Táchira.

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