INDICE

 




CAPITULO QUINCUAGESIMOPRIMERO
 

 

  I
 

 

En enero de 1843 escribí en Santa Marta unos |Apuntamientos sobre la campaña del Sur en 1841, para defenderme de ataques violentos que me hizo el coronel Manuel María Franco, en varias hojas sueltas, acusán­dome de errores y faltas en las operaciones militares de la 3ª división del ejército de que era yo comandante en jefe. Tengo que hacer uso de aquellos |Apuntamientos en lo concerniente a hechos históricos, prescindiendo de lo que sea puramente personal respecto de mi gratuito adversario, lo que en aquella época fue necesario para el triunfo que obtuve completo, pero que hoy sería in­conducente. Vuelvo a Honda, donde quedamos al fin del capítulo anterior el general Herrán y yo.

Digo en mis citados |Apuntamientos:

"Repitiéndose los avisos de que el general Obando se hacía cada día más fuerte, y que obraba seriamente sobre Popayán, el general en jefe me llamó a Honda y me dijo;

"He resuelto definitivamente que usted marche a Cartago: allí pondré a órdenes de usted una división de 1.200 hombres, en cuya instrucción y disciplina se es­merará usted para que obre a su tiempo sobre Antioquia, la cual tomará el número de 3º del ejército.

1 Lector, quienquiera que seas, tén presente que estos li­bros son memorias mías, escritas para someter mi conducta po­lítica y mis hechos como militar al juicio de mis conciudadanos, porque quiero vivir después de muerto en la estimación de los hombres, probando que he servido a la patria como bueno, y que es honorable el nombre que dejo a mis hijos. Así, no ex­trañes que hable con más extensión de mis propios actos que de otros, porque esto es natural y justo.

 

 

"Prevengo al general Borrero que reorganice la 2ª división y con ella proteja a Popayán; pero usted, po­niéndose a sus órdenes, deberá auxiliarlo hasta con toda la fuerza que tenga si fuere necesario: en este caso, las dos divisiones reunidas se denominarán "división del Sur", y usted, conservando el mando de la 3ª, será se­gundo jefe de aquélla, hasta que cese el motivo y pueda usted llevar a cabo la expedición sobre Antioquia.

"Destino a la división de usted el batallón número 6º, que, aunque de reciente creación, tiene una base veterana de regular calidad y un buen jefe.¹

"En Bogotá he dispuesto que con los reclutas que han llegado de las provincias del Norte se forme un batallón que tomará el número 10 y que marche en el acto, junto con el escuadrón dc húsares número 1º, y sucesivamente iré mandando a usted cuantos reclutas vayan llegando del Socorro.

"He prevenido la construcción de municiones y ves­tuarios, que también se irán remitiendo a usted confor­me se vayan proporcionando, y oportunamente le daré las órdenes convenientes, según ocurran las circunstan­cias.

"Sobre el Guanacas se está organizando una columna que haré elevar a 600 hombres, con guardias nacionales de las provincias de Mariquita y Neiva, la de Popayán, que está allí detenida, el medio batallón de línea núme­ro 9º y el 4º escuadrón de húsares, la cual ha de obrar sobre Obando por aquella vía, como parte de dicha 2ª división, a las órdenes del general Borrero".

(La guardia nacional de Popayán concurrió a la toma de Ronda con el general París, y a su regreso para Popayán no pudo pasar el Guanacas, porque ya el ge­neral Obando ocupaba el tránsito).

"Recibidas estas instrucciones verbales, ordenóme su excelencia que regresas e a Bogotá a prepararme a lle­narlas inmediatamente por mi palto, lo que verifiqué.

1 | El teniente coronel Emigdio Briceño, digno por muchos títulos de aquella calificación. Debo advertir aquí a todos los jefes y oficiales de quienes he tenido y tengo que hablar los he nombrado y nombraré por el empleo que tenían en aquella época en que me ocupo, aunque después hayan obtenido grados superiores en la jerarquía militar.  

 

 

"Con tal actividad se obraba, que el día que llegué había marchado el comandante Joaquín Acosta con el batallón número 10, custodiado dicho cuerpo por una compañía de guardia nacional, y en la misma tarde se movió el escuadrón número 1º, al mando del mayor Ramón Arjona. Pocos días después partí yo.

"Cuando llegué a Ibagué encontré allí al general en jefe, que había hecho marchar al comandante Acosta con una columna, y al comandante Briceño |que se pre­paraba a hacerlo con el batallón número 6º.

"Otro pelotón como de 240 hombres traspillados, medio desnudos, sin cobijas, sin piedras en los fusiles ni un cartucho en las cartucheras, llegó después, con una custodia de un piquete de guardia nacional de Bo­gotá, y habiéndole entresacado 40 hombres medio úti­les para el batallón número 6º, fue preciso dar al resto algunos días de descanso para meterlo en la montaña.

"Puesto en camino el batallón número 6º, repitióme el general en jefe sus instrucciones verbales, rectificán­domelas por escrito, con la diferencia de que era ya mi primer objeto auxiliar al general Borrero, si lo ne­cesitase, no debiendo obrar sobre Antioquia sino después de destruida la nueva facción de Obando...

"Y lleno mi corazón de esperanza y exaltado mi patriotismo con la idea de ser útil, y satisfecho con la confianza que merecía del Gobierno y del general en jefe, marché sólo con mi ayudante de campo, teniente Tomás Vallarino, en alcance del comandante Acosta. Pero el hombre propone y Dios dispone, dice el proverbio castellano, y en mí vino a cumpliese en todo su alcance.

"En medio de la lóbrega montaña, cuando más tran­quilo caminaba, a pie, encontré un posta con un papel de aquel jefe (Acosta) para el general Herrán, escrito en La Balsa, en que le daba parte de que el día 12 de dicho mes (marzo) había sido completamente destruida la 2ª división en el llano de García, por el ex-general José María Obando, con fuerzas considerables; que nadie había escapado, perdiéndose la artillería y otros muchos elementos de guerra; que no se sabía del gene­ral Borrero; que Obando ocupaba ya casi todo el valle del Cauca, cuyos pueblos estaban sobrecogidos de terror, y otros pormenores de aquel trágico y lamentable suceso... Y añadiendo que era cosa cierta la venida de Córdoba a Cartago con una columna de 400 a 500 hom­bres, participaba que seguía sin embargo para dicha ciu­dad. Pocas horas después me encontré con el señor Joa­quín Mosquera, que me repitió cuanto acabo de referir, con más interesantes pormenores. La dolorosa catás­trofe no dejaba duda, y en el instante mismo preví todas sus consecuencias, toda la gravedad de sus resultados. ¡Horrible situación la mía en aquellos momentos!...

"Yo cometí entonces un grave error... Sin vacilar debí dar orden al comandante Acosta de volverse, al co­mandante Briceño, a quien ya había pasado y venía detrás de mí, de contramarchar, y al comandante Domingo Mutis, que había llegado a Ibagué y tomado el mando de los reclutas que quedaron allí, de no moverse; porque la pérdida de Popayán era inevitable, y en se­mejante caso una retirada costosa o la destrucción com­pleta de sus fuerzas era cosa que ningún poder humano alcanzaría a impedir. Así lo dije al señor Mosquera, así lo pensé, que nada se me escondió desde el instante mis­mo; pero no hice aquello, y vuelvo a acusarme de esta falta. Por la esperanza remotísima de que Popayán se sostuviera y poder favorecerla; por ideas vagas de que las tropas ecuatorianas acantonadas en Pasto estarían obrando con tal objeto; por deseos laudables, aunque temerarios, de aprovechar cualquier acontecimiento que inesperadamente viniera a cambiar el aspecto difícil de las cosas, o más bien, confesándolo claro, por un error de entendimiento, creyendo mi honor comprometido con un regreso que pudiera tenerse por intempestivo y co­barde, falté a mi deber saliendo al Valle del Cauca con­tra todos los principios del arte, contra la simple razón natural, y exponiendo la suerte del país a una desgracia irremediable; sí, irremediable, porque perdida en Carta­go mi división, como pudo suceder si Obando hubiera sido otro hombre o yo me hubiera descuidado en lo mas mínimo, se pierde la República a pesar de los triunfos de otras partes. Y soy yo quien lo dice.

"De todo di cuenta al general en jefe desde el mismo sitio, pidiéndole órdenes e instrucciones terminantes, e indicándole que si mi posición en el Valle se hacía difí­cil, acaso me decidiría a ejecutar un movimiento rápido

 

 

sobre Antioquia, si merecía su aprobación. Y cerré los ojos, y seguí....

Llegado a Cartago, tocando de cerca los aconteci­mientos y las dificultades, me acabé de persuadir de cuán terrible era la situación en que me había coloca­do, y temblé por mi honor y temblé por la patria; que jamás me acuerdo de mi vida cuando la patria o el ho­nor exige que la olvide. Pero ya era preciso trabajar en el sentido de las ideas y esperanzas que temeraria­mente me llevaron a la cima del volcán, poniendo los medios de aprovechar cualquiera casualidad, para que aquella operación inconsulta fuera provechosa; y tam­bién para tomar las medidas conducentes a remediarla, sin lesión de la República, en el caso de absoluta urgen­cia. El comandante Acosta, como jefe del estado mayor de la división, había adelantado muchos pasos con el primer objeto desde el día 18, en que llegó, y me ayudó después eficacísimamente a continuarlos y multiplicar­los. En los once días que duró aquella cruel expectativa no descansábamos sino tres o cuatro horas en la noche, alternando, y ni aun así podíamos dar evasión a cuanto Ocurría.

"Temiendo ser cansado, principalmente para los lec­tores no militares, omitiré hacer una relación minuciosa de mis trabajos, ya para reunir munición gruesa, balines y cortados con que se hicieron unos malos cartuchos y se municionaron los pocos veteranos a tres paquetes y los reclutas a uno; ya para proveer no sin violencia a veces a la subsistencia del soldado; ya para establecer y sostener un activo espionaje que nos pusiera a cubier­to de una sorpresa, o de ser envueltos o de que fuera cortada nuestra comunicación con la montaña; y ya para atender al servicio militar en todos sus ramos, al de partidas exploradoras en todas direcciones y a largas distancias, y reconocimientos personales por mi mismo, con inminente riesgo... Basta que se sepa que cuanto debió hacerse se hizo".

Esto sabido, pasemos a ver el horrible desastre de García.

 
 

II
 

 

"Regresaba el general Borrero, como antes dije, de la campaña de Antioquia con los restos de la 2ª división que llegaron a Cartago, y supo en el camino la reapari­ción de Obando en su antiguo teatro de desolación y el riesgo en que estaba Popayán. Aquella novedad inespe­rada le alarmó, como era natural, obligándole a detenerse en Palmira para reorganizar la división, aumen­tarla con guardias nacionales y marchar en auxilio de aquella ciudad tan infortunada como heroica; en esto y en proporcionarse recursos pecunarios trabajaba, es­perando también algunas guardias nacionales de Cali, que debían reunírsele, cuando llegó a su cuartel general el doctor Ramón Rebolledo, comisionado por las auto­ridades de Popayán para informarle del estado de las cosas y requerirle a socorrer prontamente la ciudad, ar­guyéndole que el mal incipiente podía remediarse con cualquier esfuerzo, no teniendo Obando sino unos pocos indios y negros mineros que huirían a su presencia; que si se le dejaba tomar cuerpo, sería difícil la destrucción de aquel hombre temible, mucho más si Popayán sucum­bía, como debía sucumbir, no teniendo víveres sino como para unos quince días; y que con las fuerzas que había en Palmira bastaba para llenar el objeto.

"El general Borrero, animado con estos informes, se decidió a tomar la ofensiva para salvar a Popayán, y el 10 (marzo) se movió de Palmira con toda su fuerza (400 hombres), y al día siguiente llegó a la hacienda de García, sin haber podido adquirir la menor noticia de lo que pasaba más allá de su vista.

"Sabía ya el general Borrero la existencia de Obando por aquellas inmediaciones, pero él y los demás creían, como lo aseguraba el comisionado de Popayán, que las fuerzas que aquél tenía no eran de consideración y que su venida al Valle tenía el exclusivo objeto de engrosar­las sublevando los negros: en tal concepto marchaba, cuando a lo lejos se descubrió el humo de un pequeño campamento, que por su poca apariencia acabó de afir­mar la creencia en que estaban todos. Sin embargo, per­noctó en la hacienda de García y se hizo el servicio con regularidad durante la noche, que pasó el general escribiendo en contestación a las comunicaciones que había recibido el día antes del general en jefe, en que le avisaba la marcha por el Quindío de las fuerzas que se me confiaban y su objeto.

"Pero amaneció el día 12, y no observándose nada con la claridad, se aumentó la confianza; desmontadas las dos piezas de artillería, se habían colocado ya sobre las acémilas; los oficiales hacían otro tanto con sus equi­pajes y ensillaban sus caballos para marchar; el general estaba en la casa de la hacienda, y lo más distante que ca­da uno tenía en su imaginación era hallarse tan cerca de la lanza enemiga que a tantos de ellos debía destruir dentro de pocos minutos. Antes de que la tropa estuvie­ra formada, mientras que los fusiles aún estaban en pa­bellones, y toda la gente ocupada en los preparativos de la marcha, momentos que nunca son de orden y regula­ridad en los campos militares, de repente, sin saberse por dónde ni cómo, fue asaltada la hacienda por más de mil hombres. ¡Sorpresa espantosa que costó la vida a 150 defensores del Gobierno! Algunos artilleros que, ha­llándose en la puerta, vieron una columna de caballería que a rienda suelta se les acercaba, pudieron armar una pieza y hacer un tiro, pero antes de correr el segundo cartucho, todos habían muerto gloriosamente en sus puestos. El valeroso mayor Apolinar Torres, con unos pocos soldados de infantería, se hizo fuerte en el trapiche y combatió hasta que una bala enemiga le atravesó el pecho, después que la mayor parte de sus compañeros habían perecido; el hierro de un bárbaro africano lo acabó de matar, cuando aún hacía esfuerzos por defen­derse; el coronel Santos Pacheco, valiente entre los valientes, con su lanza en la mano trató de abrirse cam­po esparciendo la muerte a su alrededor, pero cubierto de heridas cedió al número y expiró combatiendo y ma­tando. De sargento para arriba NO SE DIO CUARTEL A NADIE, y casi todos los que escaparon de la matanza fueron allí mismo o después hechos prisioneros. El ge­neral Borrero, el doctor Rebolledo y unos ocho oficial-

1 Este oficial fue comisionado para recibir de la mujer de Eraso en el Alto de Mayo las cartas que ésta declaró ser relativas al asesinato del mariscal de Ayacucho. Herido del balazo pudo haber sido hecho prisionero, y rematarlo fue un asesinato.  


les se salvaron por el momento como por milagro, pero al día siguiente se presentó Rebolledo a Sarria en Gar­cía, por hallarse Obando en |Quebradaseca, hacienda de su hermano, el señor Pedro José Iragorri, distante medía legua, y el monstruo abominable lo hizo inmediata­mente fusilar, y lo avisó a Obando, que parece había mostrado deseos de salvarlo si se le aprehendía: Rebo­lledo era un joven ilustrado de apacible condición, lleno de virtudes y padre de familia; murió víctima de la ilusión con que se persuadió a sí mismo y persuadió a los demás lo que no era. El general Borrero debió la vida a la casualidad de haber sido aprehendido el 15 y conducido el 16 a Cali, en donde tuvo Obando que respetar fuertes consideraciones de familia. ¹

"El capitán Guillermo Gaitán, los tenientes Cajiao, Rojas y Centeno, y los alféreces Nieto e Iguarán, que también fueron aprehendidos, fueron muertos a lanzadas por el negro Indabur en los pajonales de Japio, por orden de Sarria; pidieron la gracia de ser fusilados, y se les negó.

"¿Cómo pudo el general Borrero ser sorprendido de una manera tan absoluta y tan terrible? Esto nos pre­guntábamos todos unos a otros en aquellos días de amar­gura y de dolores. Y sin embargo la respuesta era muy sencilla: había un traidor en sus filas en quien deposi­taba su confianza y que lo vendía inicuamente: el co­mandante de la guardia nacional de Palmira, Manuel Palacios, era este hombre. Como práctico de aquellos pa­rajes, y conocedor de todos, hacía el general gran caso de él para la dirección del espionaje y elección de los campamentos; y sosteniendo al mismo tiempo una activa correspondencia con Obando, pudo conducir a entram­os, como los condujo, hasta el trance fatal para el jefe a cuyas órdenes servía y a quien había merecido tanta

1 "Un hermano del general Borrero está casado con una hermana paterna del general Obando, en cuya casa vivió éste en Cali: aquella señora es afamada por su buen corazón y generoso carácter, y emplea el ascendiente que tiene sobre su her­mano en hacer el bien que puede. Muchos debieron a sus empeños la seguridad que aquel le dejó".Téngase presente que marco con |comillas todo lo que co­pio de mi cuaderno citado al principio de este capítulo, inclu­sas las notas


distinción. Recompensado por Obando con el empleo de coronel, fue después aprehendido y fusilado por or­den del general Mosquera, con aplauso de todo el mun­do                                           ................................................................................................

"El 14 se movió Sarria con la mayor parte de la fuerza para Popayán, y Obando lo hizo para Cali con una columna de caballería, y asustado de encontrarse en un desierto en el recinto de una ciudad grande y po­pulosa, guardó una conducta moderada, publicó amnis­tías y expidió salvoconductos que espontáneamente man­dó a las familias para que los dirigiesen a los defensores dcl Gobierno

"Y cuando tamañas desgracias caían sobre la patria, ¿qué sucedía en Popayán? Sensible me es decirlo: dos­cientos hombres al mando del ecuatoriano Rodríguez fueron bastantes a mantener la ilusión del sitio cortan­do la comunicación, de modo que sus defensores, que guardaban el cuartel y las manzanas contiguas, no supie­ron el movimiento de Obando y Sarria al Valle sino cuando por el mismo enemigo se les comunicó la catás­trofe con insolentes intimaciones. La artillería enemiga, situada en una colina inmediata, acabó de persuadirles de la verdad de los hechos. ¡Y Popayán, la heroica, la tierra de los sacrificios, que tantas veces había visto sus calles regadas con la sangre de sus hijos vencedores, su­cumbió capitulando con Sarria y un esclavo de Obando!

"Estos son los datos que pude recoger de los emigra­dos en Cartago, entonces; después de algunos soldados prisioneros en García, rescatados en Riofrío; y posterior­mente en Popayán de varios ciudadanos, sobre aquellos acontecimientos".

 

III
 

 

"Debe suponerse que de cuanto pasaba daría yo cuenta al general en jefe, y que recibiría órdenes suyas: así era en efecto, y se había establecido en los últimos días un posta diario con aquel fin. Voy a hacer un extracto sucinto de aquella interesantísima corres­pondencia, porque su lectura es indispensable para que se forme un juicio exacto de cómo se presentaban las cosas en aquellas circunstancias, y de cómo las consideraba el general en jefe, tan perfectamente de acuerdo con mis ideas:

 

|"El General en jefe. - |Ibagué, 15 de |marzo de 1841. |(Comunicación oficial).

 

"En este momento, que son las doce del día, he recibido una comunicación oficial del jefe militar de Honda, en que me avisa que por el Magdalena subían quinientos hombres de la fuerza de Córdoba y que en Nare se unieron con las fuerzas sutiles y alguna tropa de la de Carmona para atacar a Honda en combinación con una columna que Vesga conducirá por Sonsón. El mismo posta me trajo otro oficio del general Mosquera en que me comunica que Carmona se movía sobre él y que se preparaba a atacarlo. Sin desatender el auxi­lio que de preferencia debe darse a la guarnición de Popayán, amenace vuestra señoría con estratagemas la fuerza que Córdoba tenga en Antioquia, y redoble vues­tra señoría su actividad para organizar la división con que efectivamente debe atacarlo. Yo marcho ahora mis­mo a Honda para ponerme a la cabeza de la fuerza que allí ha quedado".¹

"Oficio fecha 19 en Honda. - "Por un parte que he recibido del jefe político de Cartago sé que las tro­pas de Córdoba se movían con dirección a Cartago. Calculando sobre las marchas que ha podido hacer el comandante Acosta con su columna y las que hayan podido hacer las tropas de Córdoba aceleradamente, me parece que las nuestras han podido llegar antes a Cartago; pero si no fuera así, confío en la pericia mi­litar de vuestra señoría, en su patriotismo y valor, que hará movimientos bien calculados para dar un golpe resuelto y decisivo a Córdoba; y en caso de tener en contra todas las probabilidades, se unirá vuestra seño­-

1 | "He dado publicidad a esta comunicación para que se vea lo que es la guerra: Córdoba estaba en marcha para Cartago, y en Honda se le aguardaba. Todo resultó inexacto después; pero por el momento, puede calcularse cuánto influiría en mi Animo y en el del general en jefe en aquellas circunstancias. Yo recibí este oficio en la montaña al tiempo de saber el desastre de García".    

 

ría con su división a las fuerzas que manda el general Borrero, y obrará del modo que mejor convenga, debiendo informarme con frecuentes postas de cuanto sepa del enemigo y de las operaciones que vuestra señoría emprenda. En el Sur está ahora mi principal atención. Si vuestra señoría rechaza. las tropas de Córdoba, in­tentan internarse en el Valle del Cauca y auxilia pronto al general Borrero, queda todo preparado para empren­der la última campaña que nos resta con todas las ventajas apetecibles".

"Oficio fecha 20 en Honda. - "He recibido el posta que me dirigió el gobernador del Cauca dándome noticia del revés que sufrió la columna mandada por el gene­ral Borrero. Después de esta circunstancia, y estando vuestra señoría facultado para obrar en tales casos co­mo mejor convenga al servicio público, como estoy se­guro lo hará por la confianza que tengo en su patrio­tismo y capacidades militares, sólo añadiré a vuestra señoría algunas advertencias, de acuerdo con las pre­venciones que antes he hecho a vuestra señoría; si vues­tra señoría hubiere llegado al Valle del Cauca y las circunstancias se presentaren de modo que pueda obrar con provecho, despliegue cuanta energía sea posible en sus operaciones y medidas; pero si vuestra señoría ha determinado regresar a Ibagué con la división de su mando, por creerla comprometida, dirija anticipada­mente avisos al coronel Carrasquilla, que permanece en Ibagué, para que le envíe a la montaña todos los recursos que necesite".

"Oficio del 24 en Honda. - "No desapruebo cual­quier movimiento atrevido que vuestra señoría emprenda, con tal que se le presenten probabilidades de buen suceso: sin esto se expondría la suerte de la República, porque si la columna de vuestra señoría sufre un revés, difícil sería remediarlo".

"Carta particular del mismo día. - ... "Lo que si le encargo muy particularmente es que no se aventure sin buenas probabilidades, para conservar en último ca­so su columna, pues con ella en Ibagué, y con las demás fuerzas que estoy reuniendo, podemos salvar la patria".

"Oficio fecha 25, en Honda - ... "No puedo me­nos que encarecer de nuevo a vuestra señoría el que no comprometa sus fuerzas en un combate, mientras no cuente con las mayores probabilidades de buen éxito. Antes que exponerlas regrese si es necesario. Vuestra señoría comprende sobrado bien que en las actuales cir­cunstancias un nuevo descalabro traería los más funes­tos resultados".

"Oficio fecha 28, en Ibagué. - ... "Hace una ho­ra que recibí, en marcha para este lugar, la estimable comunicación de vuestra señoría, fecha 25, en que ma­nifiesta los embarazos que se le presentaban para obrar. No debo dar a vuestra señoría órdenes precisas sin te­ner datos de la fuerza enemiga, de su actual estado y de los movimientos que emprenda; pero diré a vuestra señoría lo siguiente para su gobierno: 1º Si vuestra señoría tiene avisos o datos seguros de oye la guarni­ción de Popayán haya sido tomada por las enemigos, la permanencia de vuestra señoría en Cartago es me­nos útil y más expuesta. En tal caso parece lo más acer­tado que vuestra señoría regrese a Ibagué, tomando anticipadamente sus medidas para no perder armas ni soldados y para que el movimiento se haga con todo orden... Si vuestra señoría al fin ha de tomar esta resolución, vale más que la tome pronto, para que su retirada no sea precipitada, lo cual equivaldría a una derrota. 2º Si vuestra señoría no tiene avisos ni datos seguros de la sueñe que hayan corrido la guarnición de Popayán, y se viese amenazado por fuerzas consi­derables de Obando y Córdoba, o de uno de los dos, de modo que no tenga suficientes probabilidades de buen suceso comprometiendo una acción decisiva, no debe comprometerla ni internarse al Valle, sino retirarse para Ibagué. 3º Si se ofrece a vuestra señoría alguna oportunidad de dar un golpe a alguna de las fuerzas enemigas, contando con buenas probabilidades, debe darlo; pero con tal resolución, que toda la tropa que vuestra señoría manda perezca más bien en el campo, que exponerla a que una parte de ella se entregue o entre en capitulaciones. Como no puedo prever todos los casos posibles, a vuestra señoría dejo cuanta autori­zación necesite para obrar, como que tengo sobrada confianza en su valor y capacidad; y diré a vuestra señoría que no estamos en un caso desesperado para que nos aventuremos a obrar contra probabilidades y principios militares.

"En fin, no omitiré decir a vuestra señoría una co­sa que nunca estará de más: los dos enemigos princi­pales que vuestra señoría tiene al frente se precian de ser los más astutos, y han hecho su maléfica celebridad, Obando principalmente, a fuerza de engaños. Después de esta advertencia y de la experiencia que vuestra señoría mismo tiene, no es posible que se deje envolver o sorprender; y llamo sorpresa no sólo el ataque repentino e inopinado, sino también cuando por falta de previsión se ve uno forzado a hacer lo que no le con­viene, o privado de un momento a otro de los medios que tenía para hacer lo que le conviene.

"Cuente vuestra señoría con el espléndido triunfo que me ha ofrecido el general Mosquera sobre Car­mona: éste se hallaba ya en el caso de no poder desentenderse de una acción de guerra decisiva que estaba próxima, en la cual todas las probabilidades estaban en nuestro favor. Carmona había adelantado incautamente sus marchas sobre la 1ª división de nuestro ejército, y ya no podía seguir adelante ni retroceder sin ser batido. Este es el estado de las cosas en el norte.

"Esta tarde seguirán quince mil cartuchos embala­dos para la división de vuestra señoría; van a jornadas dobles, para lo cual se ha pagado bien a los peones. Es­tos mismos peones pueden servir a vuestra señoría, si los necesitare, con cuyo objeto puede retenerlos". ¹

 

"Carta particular de la misma fecha:

"Más tranquilo estaría con usted aquí, porque mi pensamiento acompaña siempre a su división, y aunque sé que usted no es de los hombres que se dejan en­volver, temo que Córdoba y Obando, combinados, lo pongan en algún conflicto. No estamos en caso deses­perado, pues con la fuerza de usted, unida a las demás que tenemos, somos superiores a todos los supremos juntos; así es que le encargo que tome su resolución en oportunidad y no se exponga a trotar repentinamente".

1 Estas fueron las primeras municiones que se me manda­ron, las que no llegaron á Cartago.  

 

 

"Carta | | particular fecha en el Guamo a 1º de abril:

"Recibí el oficio de usted de 28 deI próximo pasa­do, y | por él me he confirmado más y más en la convic­ción de que usted no exponga un combate sin las más completas probabilidades de buen éxito. Si su posición empezare a hacerse difícil, retírese usted a Ibagué. En estas circunstancias, dé una retirada bien hecha y sin precipitación nada malo resulta ni puede resultar: nues­tro ejército se queda el mismo que antes, nuestros re­cursos en nada disminuyen, cuando si por el contrario usted recibiere un descalabro, las cosas se pondrían en pésimo estado. Prudencia, amigo mío. Tanto más la necesitamos cuanto que, estando para decidirse las co­sas en el norte, no podemos contar, en caso de desgra­cia, con aquellas tropas, empeñadas como están en una empresa análoga".

"Basta lo transcrito de las cartas del general Herrán para llenar mi objeto".

¿Qué piensa el lector que debí hacer? ¿Qué piensa que contestaría yo al general en jefe? Como no estoy refiriendo sólo hechos históricos, sino también aclaran­do el cómo y el por qué procedí en cada caso de la ma­nera que lo hice en mis operaciones como jefe de un cuerpo de tropas en campaña, tengo que continuar el extracto de mis apuntamientos, que a todos satisficie­ron en su tiempo.

"Al general Herrán contesté:

"Pienso como vuestra señoría, que si la división de mi mando sufre un revés, sería difícil remediarlo, y en todo veo las cosas como vuestra señoría las ve; pero también considero que el abandono del Valle del Cau­ca, sin haber agotado los medios de salvarlo, tendría consecuencias, si no tan fatales como la pérdida de mi división, equivalentes por lo menos a una derrota; por otra parte, el sentimiento del honor militar y mi propia reputación, es tan fuerte en mí, que, hasta aven­turando la existencia de la República, estoy resuelto a no replegar sino cuando no haya un solo hombre que no vea esta medida como absolutamente indispensable".

"Esta resolución imprudente fue otra falta, pero consecuencia forzosa de la primera: cometiéndola tras­pasaba yo las órdenes terminantes que se han leído, desatendía las avisos de mi propio convencimiento y me exponía a una inmensa responsabilidad si me so­brevenía el menor contratiempo; mas |no había remedio, mí honor y también el del Gobierno me parecieron comprometidos si daba un paso retrógrado, antes que la necesidad fuese incontestable.

"Sin embargo, sabiendo que algunos pocos de los emigrados y uno que otro vecino de Cartago no admi­tían el regreso en ningún caso, y pretendían, fijándose sólo en la idea de los males trascendentales del aban­dono del Valle, o acaso sintiendo, como era natural, los perjuicios que sufrirían en sus negocios o en sus ha­ciendas, o confiando en esfuerzos de los pueblos, impo­sibles en aquellos días, que contra las probabilidades me lanzase en nuevas y desesperadas tentativas, reuní en mi casa a los jefes de mi división, a los gobernado­res de las provincias de Buenaventura y Cauca, al jefe político de Cartago y a seis ciudadanos de los más no­tables entre los emigrados, y en sustancia les hablé en los términos siguientes:

"Señores: desde mi llegada a esta ciudad he tra­bajado en el sentido de inspirar confianza y de excitar el espíritu público con las exageraciones estratégicas usadas en semejantes casos, exaltando la excelencia de mí tropa, suponiendo que me vienen grandes refuerzos y elementos de toda clase que han de llegar de un día a otro, y callando los movimientos que ejecutan las facciones sobre Pamplona pasando el Cachirí y sobre Honda por el Magdalena; pero hay en Cartago muchos patriotas comprometidos con quienes la continuación del engaño sería una crueldad y una perfidia, y yo debo, como jefe y como caballero, sacarlos del error para que puedan prepararse a salvar sus personas en todo evento, y para que por medio de sus familias y amigos informen a los ciudadanos que en todo el Valle se hallan ocultos, de la verdad de las cosas, a fin de que bajo un concepto equivocado no vayan a obrar de ma­nera que expongan su vida inútilmente.

"En la columna que yo mando, apenas habrá 200 soldados regulares, no siendo el resto sino un depósito de reclutas todos movidos de Ibagué bajo la confianza de una completa seguridad aquí, en donde debía or­ganizarse la división, recibir sus municiones y demás elementos que aún no han llegado, ni vendrán antes de yerme forzado a tomar una resolución cualquiera.

"Dos son los objetos exclusivos de un general en jefe en campaña: primero, la victoria; segundo la sa­lud del ejército, que es la salud de la Nación. Los pa­decimientos, la destrucción completa de algunas loca­lidades, son cosas secundarias que desaparecen en pre­sencia del bien de la cosa pública en general. Estoy, pues, decidido a buscar el dinero de estos objetos por cuantos medios estén a mi alcance, mientras tenga al­guna esperanza de obtenerlo; pero si todas las proba­bilidades se me alejan, es un deber de que no puedo prescindir proveer al segundo, por sensible que me sea abandonar estos pueblos.

"Si Popayán se sostiene; si, como se dice, las tro­pas ecuatorianas de Pasto se mueven en su apoyo, y la columna que se ha organizado en Guanacas obra por aquella vía, no podrá Obando caer sobre mí con todas sus fuerzas, y me dará tiempo a batir a Córdoba y a recibir mis municiones: en este caso me internaré al Valle y obraré por su espalda vigorosamente; pero si nada de esto sucede, y Popayán se rinde o se ha ren­dido ya, como lo temo, mi regreso a Ibagué es indispensable, aun cuando batiera a Córdoba, porque de un día a otro seré atacado por Obando con 1.500 hombres de infantería, 500 caballos y 6 piezas de ba­talla, por lo menos, y no tengo una probabilidad con­tra ciento de poderle resistir.

"Hasta hoy la venida de Córdoba no es un mal, teniendo, como tengo, la seguridad de destrozarlo, sino en tanto que se tarda demasiado, dando tiempo a Obando de organizar una columna en Cali y de acer­cárseme. Moverme desde ahora sobre Obando, inter­nándome al Valle, sería entregármele yo mismo torpe­mente, porque replegaría sobre el grueso de sus fuer­zas hacia Popayán, y Córdoba, ocupándome la boca de la montaña me cortaría completamente; si entonces replegase sobre Córdoba me seguiría Obando, y es casi seguro que maniobrando de esta manera, no me pre­sentarían una batalla sino cuando hubiesen reunido to­das sus masas, de modo que por cualquier lado quconsidere las cosas, a cada instante se complica mi si­tuación por no saber lo que esté sucediendo en Popa­yán. En este caso ¿cuál es mi deber? ¿Podré desenten­derme de él conociéndolo, olvidarme de lo que se me ordena? Si me pierdo aquí cometiendo imprudencia sobre imprudencia, nada podrá salvarme de la infamia que recaerá sobre mi memoria, pues que siendo evi­dente el mal, no supe remediarlo, ni siquiera obedecer; pero lo peor sería que quitando al Gobierno los medios de reparar el daño, daría al enemigo los de aumentar su fuerza con mis propios soldados, y otros mayores de los que tiene para oprimir estos pueblos y para em­prender operaciones sobre la capital de la República, en circunstancias de hallarse el ejército del Norte con graves atenciones por aquella parte.

 

"Bajo estos conceptos, mi resolución es irrevocable: si tengo tiempo de batir a Córdoba sin que Obando esté tan cerca que me pueda ocupar el paso de Anacaro, lo haré; si no lo consigo, me situaré en la boca de la montaña a esperar las municiones que me vienen, y luego tomaré la ofensiva mientras el grueso de su< tropas se halle obrando sobre Popayán; pero si aquella ciudad ha caído, replegaré inmediatamente a Ibagué".

"Mucho se discutió el pro y el contra de cada una de las operaciones que he indicado: se me propuso marchar sobre Cali por la banda occidental del Cauca, en donde se me aseguraba que me proveería abundan­temente de municiones; o bien dispersar la división en guerrillas en el Valle, o marchar decididamente so­bre Córdoba o sobre Obando, aunque cualquiera de los dos ocupase a Cartago a mi retaguardia; pero para todo esto se contaba con que Popayán se sostenía, con que la columna de Guanacas obraba activamente por aquella vía, y con que el general Flórez en persona lo hacía por el sur de Popayán. ¡Ilusiones todas del pa­triotismo acendrado y de los mejores deseos! Pero a mí no me convencieron y más tarde la realidad de las cosas hizo que yo pudiese felicitarme por mi pre­visión".

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