general Obando esperaba mucho del Libertador si venía a Bogotá,
todos veíamos con disgusto que se les forzaba a no aguardar. Ellos
obraban ciertamente, sin hacer caso de las decisiones del Gobierno
y de la asamblea, pero hasta el 22 de noviembre no tomaron una
actitud hostil, decidida e irrevocable. Una junta general de los
jefes y oficiales que les estaban subordinados desconoció en forma
todas las actas que llamaron al Libertador y al general Urdaneta al
mando, y las decisiones de la asamblea del Departamento; nombró al
general Obando director de la guerra con facultades
extraordinarias; esto es, le confirió la más amplia dictadura, y
designó al general López por su segundo. Esta dictadura debía
durar hasta que se destruyera la dictadura del general Urdaneta y
se restableciera el Gobierno caído. Se erigió, pues, una dictadura
contra otra dictadura. Juego de voces siempre, a costa de la ruina
y de la sangre de los pueblos.
XI
La convención de los departamentos granadinos del Ecuador, Azuay
y Guayaquil, que los constituyó independientes, manifestó más
deseos que la de Venezuela conservar el nombre y la unidad de
Colombia, bajo una forma federativa; así fue que se les llamó: "El
Ecuador en Colombia". También se diferenció de la de Venezuela
dictando un expresivo decreto de honores en favor del Libertador,
semejante al de nuestro Congreso constituyente. Quedó, pues, aquel
nuevo estado completamente independiente del Gobierno de Colombia,
fuese legítimo o ilegítimo, hasta que una asamblea de
plenipotenciarios de las diferentes partes en que se dividía la
gran República, estatuyese lo conveniente para organizar su
confederación. El general Flórez fue nombrado Presidente de dicho
"Estado del Ecuador". Enemigo el más pronunciado de los generales
Obando y López, quien primero que todos los acusó en forma, que fue
el que remitió a Bogotá los documentos que creó para hacer recaer
sobre ellos, y principalmente sobre el primero, la responsabilidad
del asesinato del general Sucre; escritor público que los atacaba
de una manera terrible por la prensa ecuatoriana, ofendido a su vez
por el: general Obando con igual acusación; parecía imposible que
nunca pudieran semejantes hombres hacer causa común, bajo ningún
motivo ni pretexto; pero no siempre es imposible lo que lo
parece.
La provincia de Pasto, la de Buenaventura y el cantón de
Iscuandé, habían hecho pronunciamientos para agregarse al "estado
del Ecuador en Colombia". Quedaba, pues, la autoridad dictatorial
del general Obando reducida al circuito de Popayán. Y nótese que la
junta de militares que le confirió, tan omnímoda autoridad, por
alguna acta popular de las de uso y costumbre.
La posición, pues, de los dos generales acusados era crítica.
Tenían que escoger entre Urdaneta y Flórez, o hacerles frente a
ambos; esto último les era imposible; debía por tanto esperarse que
hicieran más bien una transacción con el general Urdaneta, a pesar
de los antecedentes que ya conocemos, porque habiéndolos
agraviado el general Flórez infinitamente más, no estaba en el
orden de las cosas que se echasen en sus brazos, ni que él los
acogiera y les diera el ósculo de paz. Sin embargo, con asombro de
toda Colombia, esto sucedió.
Aunque una resolución semejante no admita explicación
satisfactoria, el hecho es que el circuito de Popayán se declaró
parte integrante del Estado ecuatoriano, por una reunión popular
promovida y presidida por el jefe político del circuito, señor
Francisco José Quijano, partidario entusiasta del general Obando.
El acta acordada en aquella junta es demasiado larga para
insertaría aquí: pero debo hacerlo del 7º de sus
|considerandos y de su parte dispositiva:
"7º Que la Constitución del Ecuador reserva a la grande asamblea
de plenipotenciarios el
|señalamiento de límites de los tres
estados, lo que hace justa esta agregación sujeta a lo que sobre
este punto determine la misma grande asamblea".
La parte dispositiva contiene los seis artículos
siguientes:
"1º El circuito de Popayán se agrega libre y espontáneamente al
estado del Ecuador, bajo su sistema constitucional y leyes que lo
rigen,
|sometiéndose al jefe del estado".
Obando y López sometiéndose a su acusador.
"2º El circuito de Popayán reconoce con placer y de acuerdo con
el estado del Ecuador, al Libertador Simón Bolívar, como protector
y padre de la patria, en los mismos términos que lo ha reconocido
el Estado del Ecuador".
Desde que el acta fue conocida se vio que en este artículo se
dejó abierta una retirada. Sin embargo, en los escritos posteriores
de estos generales, principalmente en los del general Obando, se
trata al Libertador de la manera más injuriosa que pueda
imaginarse.
"3º Las autoridades que actualmente nos gobiernan continuarán en
el ejercicio de sus funciones, hasta que el supremo Gobierno del
Ecuador resuelva otra cosa, conforme a la Constitución y leyes del
Estado".
Este artículo significa que los mencionados generales debían
quedar en el ejercicio de la autoridad
|absoluta que les
había conferido una junta de militares que se hallaba bajo sus
órdenes, hasta que el general Flórez resolviese otra cosa. Llamó la
atención desde entonces tanta y tan repentina confianza en el
general Flórez.
"4º Comuníquese copia de esta acta a la municipalidad de
Almaguer para que uniforme sus sentimientos, y a las del Valle y
sus jefes políticos, a fin de que, instruidos de la imperiosa
necesidad en que se halla Popayán de agregarse al estado del
Ecuador, resuelvan para beneficio común lo que estimen conveniente
a sus intereses, y sobre todo lo que evite la guerra civil. La
misma comunicación se hará a los señores gobernadores de Pasto, la
de Buenaventura y la del Chocó, cuya provincia se halla sumamente
interesada en la agregación del departamento al Ecuador, para hacer
su dicha y contribuir a la común, con la apertura del puerto del
Atrato".
Por este artículo se procuraba aumentar la desmembración de la
Nueva Granada. No hay necesidad de que yo califique este acto.
"5º Que se oficie al señor prefecto (el señor Arroyo, que aún
estaba en el Valle) con copia de esta acta,
para que instruido de ella se restituya con la posible brevedad
a esta capital, a fin de promover la tranquilidad que tanto desean
nuestros pueblos.
"6º Que sin dilación se remita testimonio de este acuerdo, por
medio de los señores doctores Fidel Quijano y José Diago, y del
señor Francisco A. Rebolledo, residentes en Quito, para que lo
presenten al excelentísimo señor Presidente del Ecuador, a fin de
que aceptando nuestros votos y resolución se sirva sostenerlos,
entendiéndose con el Gobierno provisional de Bogotá, para que
secunde con su influjo la opinión y deseos de los pueblos, y evite
la guerra civil entre hermanos y conciudadanos. Remítase también,
este acuerdo al jefe del expresado Gobierno de Bogotá,
manifestándole los deseos pacíficos de este, pueblo y la buena
correspondencia que espera de aquel Gobierno, para conservar los
vínculos de amistad y confraternidad que deben unir a los pueblos
de Colombia, para que en la grande asamblea de plenipotenciarios
pueda aparecer ante ambos mundos siempre grande, siempre heroica,
siempre digna de su nombre".
La aceptación del general Flórez no se hizo esperar: llegó y el
hecho quedó consumado.
Ejerciendo en Popayán los generales Obando y López el poder
absoluto en toda su plenitud, es imposible admitir que un acto de
tanta importancia y trascendencia se efectuase sin ser promovido y
autorizado por ellos. Siendo esto incontrovertible, ¿con qué
garantías contaron de que el general Flórez no los llamase a Quito
a sufrir allí el juicio que pidieron al Gobierno del señor Mosquera
antes de su caída, y que el general Urdaneta cometió el error de
decretar? Sometidos ya dichos generales al Gobierno del Ecuador,
su acusador más terminante y tenaz, ¿no estaba el jefe de este
Gobierno, por su propio decoro, obligado a dictar una resolución
análoga a la del general Urdaneta? ¿Convendrían previamente los
tres generales en que esto no se haría, para celebrar el acto que
bacía Obando y López súbditos de aquel Gobierno, y por consiguiente
los ponía a su disposición? Si no hubo convenio previo, ¿con qué
seguridades contaron para ponerse bajo el amparo de su mayor
enemigo? Tantas cosas se ocurre preguntar sobre este hecho singular
e inexplicable, que yo dejo que el lector presuma cuanto de él se
deduce. Yo procuro descubrir la verdad, pero no quiero aparecer
apasionado, tanto más cuanto que si en alguna otra cosa pudiera
estarlo sin querer y sin saberlo, en este asunto, que analizo con
la mayor frialdad, me siento completamente imparcial.
Doce años después, cuando los acontecimientos posteriores habían
vuelto a hacer al general Obando enemigo del general Flórez,
pretendió aclarar este asunto en sus
|Apuntamientos para la
historia, diciendo: "Habiendo salido de Popayán a resistir a
Posada, que nos hacía por el camino de La Plata amagos falsos, para
entorpecer nuestra organización, de regreso recibí oficio del
prefecto interino de Popayán, acompañándome el acta de agregación
temporal al Ecuador. Yo callé, absteniéndome de aprobar o de
improbar, y para hacer más seguro el adormecimiento de Flórez, abrí
comunicaciones con él como autoridad de quien ya dependía:
aparentaba revelarle nuestra situación y le pedí una turquesa para
hacer balas, y unos clarines del parque mismo que nos acababa de
robar en Pasto. Todo me fue negado; yo disimulé, lo apunté en mi
memorándum y no le pedí mas".
En primer lugar no pudo salir el general a resistir "amagos
falsos" míos, no habiendo tales amagos, pues yo estaba en el lindo
pueblecito del Pital, con toda mi infantería, en conformidad con
las órdenes del Gobierno. Se me había prevenido que por ningún
motivo comprometiese la columna, y que en caso de que de Popayán
se moviesen tropas sobre La Plata, replegase de este lado del
Magdalena, hasta que recibiera refuerzos. Tenía el escuadrón de
|Húsares, fuerte ya de unos, 150 hombres, de observación en
La Plata, con orden de retirarse a la primera noticia de invasión
de tropas de Popayán; de modo que la salida del general Obando
debió tener otro motivo; quizá el de prepararse una disculpa
sobre un hecho que no podía escondérsele causaría indignación en
la Nueva Granada. Si no aprobó ni improbó el acta ¿bajo qué
carácter abrió comunicaciones con el general Flórez "como
autoridad de quien ya dependía?" ¿Este solo hecho no era un
aprobación del acto, que sin su aprobación nada significaba? En
Popayán no hubo prefecto interino, sino un jefe político, su
parcial y hechura, y aunque me repita, ¿podía aquel sumiso
magistrado aventurarse a dar semejante paso, no sólo sin la
aquiescencia sino sin la orden del dictador?
Pero veamos lo que dice el general López en sus
|Memorias,
escritas veinte años después del suceso, tiempo más que
suficiente. para que hubiera pensado bien lo que iba a escribir,
sin contradecir a su compañero y jefe:
"En tan críticas y apuradas circunstancias -dice López- tuve la
inspiración, bien fecunda a la verdad en favorables, consecuencias,
de proponer a muchas personas notables de Popayán agregarnos al
Ecuador condicionalmente, puesto que el Gobierno de Colombia no
existía. Aceptada mi proposición, se puso en obra el proyecto, y
reunido el pueblo deliberó de acuerdo, etc"
Luego la agregación al Ecuador del extenso, rico y poblado
territorio que por el acta de Popayán se hacia, y se excitaba a
otros pueblos a imitar, fue promovida por el general López. Siendo
este general compañero, amigo intimo del general Obando, su
segundo en el mando dictatorial, mancomunado con él en la
acusación que el general Flórez les hizo, lanzados juntos y
corriendo la misma suerte en la causa que los tenía con las armas
en la mano, es de toda imposibilidad suponer que procediera en
negocio tan grave sin haberlo consultado con su compañero Obando y
obtenido su consentimiento. Es claro, pues, que ambos acordaron y
mandaron ejecutar el acto. No pudo ser de otra manera, porque ni
uno solo de los que lo firmaron lo habría hecho sin esta garantía,
por no decir sin un mandato formal de los dos generales.
No fue condicional la anexión de aquel inapreciable territorio
al Ecuador, como dice el general López y lo dice también el general
Obando: fue absoluta, permanente, y para probarlo basta leer los
artículos del acta, que he transcrito.
La reserva que se hacía en el 7º de los
|considerandos,
era limitada a que la asamblea de plenipotenciarios
señalase
|los límites de los tres estados; y un arreglo de
límites entre naciones contiguas, no significa que se cedan
grandes, pobladas y valiosas provincias. Venezuela también sometió
a la asamblea de plenipotenciarios el arreglo de los límites entre
ambas Repúblicas, ¿y podría pretenderse por esto que pudiéramos
exigirle a las provincias de Maracaibo, Mérida y Trujillo; o que
ella nos exigiese las de Pamplona y Casanare? Además, los
|considerandos en una ley, decreto o acuerdo, no son la ley,
el decreto o el acuerdo mismo, ni obligan a nada; lo que obliga es
la parte resolutiva. Yo veía con profundo disgusto que las
circunstancias me iban llevando a yerme en el campo de batalla con
dos hombres que me parecían perseguidos con injusticia, y que
decían que luchaban por restablecer el Gobierno legitimo. Pero el
acta de Popayán me reanimó destruyendo mis escrúpulos. Ya no
tendría yo que combatir sino a unos granadinos que se declaraban
ecuatorianos, y arrebataban a la Nueva Granada una gran parte de
su territorio para anexarlo a otro estado, pérdida demasiado
gravosa para la Nueva Granada, si sucumbía Colombia, y el general
Flórez era bastante fuerte para sostener, contra el Gobierno que se
estableciera en Nueva Granada, aquella anexión. Lejos, pues, de
sentirme oprimido por lo primero, deseaba que llegase el caso de
verificar lo segundo.
XII
El general de brigada Luis Urdaneta había salido de esta capital
para Guayaquil a fines de mayo. Llegado a Popayán lo detuvo el
general López, le tomó una declaración sobre una carta que aquel
general escribió a Quito respecto del general Sucre, la que en
sustancia nada decía que indicase complicidad en la muerte del
mariscal, y lo hizo regresar. Apenas llegado aquí Urdaneta
(Luis), publicó un artículo acusando terminantemente de aquel
asesinato a Obando y López, con los datos que había recogido en
Popayán, e inmediatamente se fue para Cartagena. Yo estaba todavía
en Honda cuando pasó: le vi, hablé con él y me dijo cosas que sin
la persuasión que yo tenía de que el general Flórez y no otro era
el autor de un delito que tan provechoso le era, me habrían hecho,
por lo menos, sospechar de Obando y López. A mi pregunta de cómo
estaban las cosas en Bogotá, me contestó en términos generales que
la exaltación de los partidos era extrema; que el Gobierno era un
ente nulo, sin fuerza ni acción; que los
|septembristas y los
santanderistas eran los verdaderos gobernantes, y que él no
extrañaría que el día menos pensado, sin saberse cómo ni de que
manera, se vinieran los partidos a las manos en las mismas calles
de la ciudad. Se iba, pues, dicho general sin llevar la menor idea
de lo que sucedió poco después de su salida. El mismo día en que yo
partí para Guaduas lo hizo él para Cartagena. En dicha ciudad supo
los movimientos de las milicias de la Sabana y del batallón
|Callao, y resolvió permanecer allí hasta que llegasen
noticias del resultado que tuvieran. Allí acordó con el general
MontilIa y demás jefes residentes en la plaza, promover una
reacción en las tropas existentes en el Ecuador, en favor dé la
integridad nacional bajo la Constitución acordada por el Congreso
y el sometimiento de aquellos pueblos al orden de cosas existente
en Bogotá; y animado con esta grande idea siguió para Panamá. El
general Espinar entró en su plan y puso a su disposición la goleta
de guerra
|Istmeña para que le condujese a Guayaquil. Apenas
llegado a esta última ciudad, puso en juego sus proyectos, que
tuvieron el éxito más completo. La guarnición de Guayaquil fue la
primera que se pronunció, y como movidas por un resorte lo hicieron
las estacionadas en las demás provincias, secundadas con entusiasmo
por todos los pueblos. El general Flórez estaba a la sazón en
Pasto con el batallón
|Quito, cuatro compañías del batallón
|Vargas y dos escuadrones de caballería, cuerpos todos muy
reducidos en su fuerza; y a la primera noticia que tuvo marchó a
Quito, donde también había habido movimiento en el mismo sentido
que, en las provincias. No bien llegado a dicha ciudad y mientras
se ocupaba en armar y preparar los dos batallones de su milicia
para resistir a Urdaneta (Luis), que se dirigía a Quito, se
pronunció la villa de Ibarra con el 29 escuadrón de
|Húsares de
Junín, y cortó la comunicación entre Pasto y Quito. Con este
último golpe, el mismo general Flórez se creyó perdido.
Dice el general Obando en sus,
|Apuntamientos para la
historia:
"Para desconcertar un poco a Urdaneta y a Flórez, e impedir que
se pusiesen de acuerdo, emprendimos una intriga por la cual se
consiguió introducir entre ellos recíprocas desconfianzas.
Urdaneta, en consecuencia, mandó a su primo Luis a revolucionar
las tropas de Flórez en Guayaquil, y lo consiguió; ya tuvo, pues,
Flórez que ocuparse de Luis Urdaneta, y quedó convertido en
enemigo de Rafael, que era lo que buscábamos".
La inexactitud de este relato queda probada con los hechos
notorios, auténticos, que acabo de referir, y bastará una sola
observación para convencer al más apasionado: habiendo salido de
Bogotá el general Luis Urdaneta, antes de los movimientos de la
Sabana y del batallón
|Callao, ¿cómo pudo mandarlo su primo
Rafael "a revolucionar las tropas de Flórez en Guayaquil?" El
señor Restrepo, en su
|Historia de Colombia, comete el mismo
error, porque estos errores son frecuentes cuando se dicen las
cosas por presunciones fundadas en los hechos posteriores.
El general López dice en sus
|Memorias que, entre otros
motivos, tuvo para promover el acta de Popayán los siguientes:
"Dar fuerza moral al Ecuador para ayudarle a resistir los
embates del general Luis Urdaneta, que ya casi ocupaba aquel
territorio, con un cuerpo de ejército muy respetable; en términos
de que hasta el general Flórez había desesperado ya de conservarse
en el puesto.
"Recibir del mismo modo el apoyo moral del Ecuador, ya que no
nos era posible auxiliamos recíprocamente, con fuerzas
materiales".
Esto prueba lo que antes he dicho sobre el modo como aquella
acta debió acordarse. Pero el general López comete una
equivocación mayor que todas, la guarnición de Guayaquil se
pronunció en la tarde de 28 de noviembre; la ciudad el 14 de
diciembre, y la marina de guerra que estaba en la ría, el 19 de
dicho mes. El
general Flórez no se vio realmente en una situación aflictiva
sino a principios de enero. El acta de Popayán se celebró el 10
|
de diciembre, y día y medio después que el acta de la
guarnición de Guayaquil, cuya noticia, que interesaba al Gobierno
del Ecuador ocultar, no pudo llegar a Popayán sino unos quince días
después de haberse echado los generales Obando y López en brazos
del general Flórez, cuando suponían a éste fuerte; y lo estaba
realmente, pues disponía de unos 3.000 soldados, con los que pudo
venirse a Popayán a asegurar la donación que se le había hecho y
salvar a sus protegidos. Los pronunciamientos de las tropas
promovidos por el general Luis Urdaneta, lo que hicieron fue
impedir que esto sucediera.
XIII
La demora del Libertador y el mal estado de su salud, que
alejaba las esperanzas de que pudiera venir; la persuasión en que
estaban los anticolombianos de que aunque pudiera no vendría, pues
que había rehusado el mando, y no contestaba las notas en que el
general Urdaneta le llamaba con instancia; la actitud que habían
tomado los generales Obando y López en Popayán, donde habían
reunido una fuerza de más de mil hombres; el descontento que
causan siempre las medidas que todo gobierno amenazado de una
guerra, tiene que tomar para defenderse; todo esto hacía que los
anticolombianos empezasen a agitarse y a amenazar en los
departamentos sometidos al Gobierno. El general Urdaneta, acusado
de demasiado indulgente por el partido que le sostenía, y que con
razón se creía en peligro, se vio en la necesidad de declararse en
uso de facultades extraordinarias y tomar providencias represivas,
principalmente contra algunos de los jefes y oficiales del ejército
del antiguo Gobierno, a quienes había tratado con la mayor
consideración: a unos expidió licencia absoluta a su solicitud, a
otros concedió pasaportes para salir del país, a otros los envió a
Cartagena. Esto, como siempre sucede aumentó el descontento,
porque siempre se ve el procedimiento y no el motivo que lo
causa.
Se habla mucho del despotismo de los militares cuando ejercen
destinos de mando político, y la experiencia ha probado que son más
tolerantes, en lo general, que los mandatarios civiles. Era el
doctor Ramón Ponce, abogado, gobernador de la provincia de Vélez, y
exasperó tanto a sus habitantes, quienes son belicosos y poco
sufridos, que al fin estalló allí una contrarrevolución. El
general Briceño acudió pronto, y el movimiento fue sofocado en
diferentes combates. Briceño, que no se detenía para nada en el
camino, hizo juzgar a tres oficiales y un sargento que cayeron
prisioneros, y condenados por el consejo de guerra fueron pasados
por las armas. Dicen que los muertos no dañan, y yo digo que dañan
más que cuando vivos, porque por cada hombre que muere de aquella
manera, quedan ciento que obran por ellos. El terror puede sofocar
por un poco de tiempo el encono; pero el terror pasa y el odio no,
y tras el odio viene el deseo de la venganza. En Cúcuta también un
trastorno que pudo producir un conflicto con el Gobierno venezolano
tuvo lugar. El general Fortoul y el coronel Concha, ambos
parientes cercanos del general Santander y antiguos servidores en
la guerra de la Independencia, intentaron un golpe de mano sobre
Cúcuta pasando del territorio venezolano donde se hallaban; fueron
batidos y murieron en el combate el coronel Concha con un hijo
suyo, apenas adolescente. El general Cruz Carrillo, quien los
batió, pasó a su vez la línea, ocupó a San Antonio, primer pueblo
de Venezuela, a tiro de ballesta de la frontera, y reclamó la
violación de nuestro territorio. Tal incidente hizo temer un
rompimiento serio entre los dos Gobiernos; pero el de Venezuela
que no se encontraba bien afianzado, se entendió con el de Bogotá
diplomáticamente, y con explicaciones mutuas se dieron por
satisfechos.
Las noticias que me llegaban de todos estos sucesos me
consternaban. Yo veía que ya era inevitable un desenlace por las
armas con los caudillos del Cauca, que llamándose ecuatorianos,
rompían con su patria, no ya como colombianos sino como granadinos,
lo que daba más fuerza a la justicia de la guerra contra ellos. El
general Urdaneta se resolvió por fin a emprenderla eficazmente;
mandó a Cali al nuevo general Mugüerza a organizar una división, y
se me puso a sus órdenes. De los cuerpos que constituían la fuerza
del Gobierno caído, conservó el general Urdaneta el batallón
|Cazadores de Bogotá, incorporando en él toda la tropa
vencida en El Santuario; confió su mando al capitán Vicente
Bustamante, de los vencidos, a quien ascendió a teniente coronel,
y casi todos los oficiales eran también de los del Gobierno
anterior, a los que dispensó consideraciones, dio ascensos y honró
con su confianza. El general Murgueítio había levantado fuerzas en
el bajo Cauca, y Obando y López se mantenían en expectativa.
Un trueno sordo, semejante al que en el Chimborazo anuncia un
inmediato terremoto, corrió de un extremo a otro de la República:
"¡Murió el Libertador en Santa Marta!" y todos quedamos aterrados.
La confirmación oficial de la infausta noticia nos anonadó.
XIV
El 19 de diciembre había llegado Bolívar a Santa Marta en un
estado lamentable de postración. Agravándose por momentos, lo
condujeron a los seis días a la hacienda de San Pedro Alejandrino,
propiedad del señor Joaquín Mier, español de nacimiento, situada a
la orilla del río Manzanares, a una legua de Santa Marta, cerca de
Mamatoco, pueblo de indios, que, como todos, fueron tenaces
defensores de la causa real de España. Y el día 17 a la una de la
tarde expiró como quería: "en los brazos de sus antiguos compañeros
y amigos, rodeado de sacerdotes católicos de su país y con el
crucifijo en las manos". El obispo de Santa Marta recogió el
postrer aliento de aquel hombre que se despedía del mundo como un
santo, después de haber ilustrado a su patria como un héroe.
Poco antes de morir
|firmó una proclama, en la que decía a
los colombianos: "Unión, unión, o la anarquía os devorará";
palabras que se perdieron en el espacio.
XV
Todos los hombres tenemos algo de supersticiosos. La
coincidencia de haber muerto Bolívar el mismo día y a la misma hora
en que firmó en 1819 la sanción de la ley que fundó la REPUBLICA DE
COLOMBIA, me
|
causó tal impresión, que en el acto resonaron
en mi oído aquellas palabras del señor Caicedo: "coronel Posada, la
causa de Colombia es una causa perdida, y somos granadinos".
El general Urdaneta me escribió acongojado, sin hacerse
ilusiones sobre nuestra situación. Yo le conteste suplicándole que
se salvase y nos salvase; que puesto que él no había sido nombrado
por los pueblos sino para ejercer el Poder Ejecutivo durante la
ausencia del Libertador, habiendo Dios resuelto que éste pasara a
mejor morada, llamase al general Caicedo y depusiese en sus manos,
como Vicepresidente, la autoridad provisoria que ejercía; que la
bondad del señor Caicedo, su patriotismo y su recto criterio, nos
prometían un decreto de olvido de lo pasado, siendo este el único
medio que yo alcanzaba, de salir de nuestra difícil posición, y me
atreví a decirle:
"Mi general, la causa de Colombia en una causa perdida, y yo
soy granadino".
El general Urdaneta, estuvo inclinado a acoger mi ruego pero en
una junta que había reunido el 10 de enero para consultar la
opinión de sus amigos, se había resuelto que convocara una
convención de diputados de los departamentos que le obedecían; que
se observara en lo posible la Constitución, y que se negociara con
los jefes de Venezuela y el Ecuador para restablecer la concordia.
Esta junta fue puramente privada, compuesta de los hombres más
distinguidos de la capital, entre los que figuraban algunos
liberales moderados. No sólo yo manifesté al general Urdaneta que
le convenía dejar el mando, muerto el Libertador: otros de posición
más elevada que la mía le aconsejaron lo mismo: él consulto la
medida a otra junta que unánimemente la rechazó. Los ministros del
despacho, a quienes les previno le dirigiesen una consulta sobre
medidas que fuese conveniente adoptar, lo hicieron, y conformándose
con ella expidió los decretos siguientes: uno (enero 13)
declarando vigente la Constitución, quedando por consiguiente
derogado aquel en que se declaró en uso de facultades
extraordinarias; otro de la misma fecha convocando una convención
de diputados de los departamentos de Antioquia, Cauca,
Cundinamarca, Istmo y Magdalena, la que debía reunirse en la Villa
de Leiva (provincia de Tunja) el 15 de junio próximo. El reglamento
de elecciones para dicha convención fue en extremo liberal.
En cumplimiento de lo prescrito por la Constitución, instaló el
Consejo de Estado y nombró el procurador general de la Nación.
Quedó, pues, restablecido el orden constitucional hasta donde era
posible.
Yo me aluciné al principio con estas medidas. Me pareció que,
convocada una convención soberana, que revisaría la Constitución y
nombraría los altos magistrados
|granadinos quedaban
satisfechas las necesidades de la situación. Pero esta alucinación
halagüeña pasó bien pronto: la muerte del Libertador precipitaba
los acontecimientos de una manera que hacía ver que la convención
no se reuniría, o que sería desconocida por el partido adversario,
que sediento de venganza y no admitiendo nada que no fuese su
predominio absoluto, amenazaba y levantaba la cabeza por todas
partes. En la provincia de Cartagena estalló un movimiento que se
extendió con rapidez en los populosos cantones de Barranquilla,
Soledad y Sabanalarga. Salieron tropas de Cartagena al mando del
general Ignacio Luque, y los revolucionarios fueron completamente
batidos por el batallón
|Pichincha, comandado por el
teniente coronel José María Vega, quien por este hecho de armas fue
ascendido a coronel.
La revolución de las tropas y provincias del Ecuador se deshacía
por contrapronunciamientos y convenios, con la misma facilidad con
que se hizo: faltaba el nombre mágico que las movió, y fue, fácil
al general Flórez írselas atrayendo. El general Luis Urdaneta tuvo
que irse a Panamá, donde le esperaba el banquillo liberal, con
violación de la Constitución y de todo derecho.
Los generales Obando y López conocieron que la ocasión era
llegada, y se resolvieron a obrar con más de 1000 hombres sobre el
bajo valle del Cauca. El general Murgueítio, comandante general del
departamento, había organizado 400 hombres de milicia en los
cantones de Buga y Cartago. El nuevo general Mugüerza se hallaba
en el cantón de Palmira con el batallón
|Cazadores de Bogotá,
cuya fuerza no pasaba de 400 hombres, el segundo escuadrón del
regimiento de
|Húsares de Junín, que tenía 130, como 200
hombres de la milicia de Cali, y una compañía de
|Vargas de
50 hombres. Mugüerza, que no conocía el país en que tenía que
vérselas con dos hombres que lo conocían a palmos, no tuvo el
cuidado de establecer un buen espionaje que le avisara siquiera
los movimientos del enemigo. Tan confiado estaba, que pudieron
Obando y López ocupar la villa de Palmira, casi rozándose con su
campamento, dejándolo a su retaguardia, sin que él tuviese el menor
aviso, hasta que el enemigo ocupó dicha villa. El general
Murgueítio, que venía a unírsele, no pudiendo ya verificarlo,
interpuesto como estaba el enemigo entre él y Mugüerza, regresó a
Cartago, dispersándosele los milicianos en la marcha. Sabido en
dicha ciudad, su patria nativa, el suceso de que voy a ocuparme,
lo prendieron sus paisanos y
|
lo entregaron a sus
enemigos.
Es indudable que desde antes estaban Obando y López en
comunicación con Bustamante del batallón
|Cazadores de
Bogotá, y con los más de los oficiales de dicho cuerpo, que no
puede concebirse cómo fue mandado por el general Urdaneta al
Cauca, compuesto como estaba de oficiales y soldados del gobierno
caído. Para asegurarse más enviaron dichos generales al comandante
de la milicia de Palmira, señor Rengifo Palacios, para que
aparentando huir de ellos fuese al campo de Mugüerza con el objeto
ostensible de avisarle que estaba el enemigo en Palmira, y con el
real de hablar con Bustamante y los oficiales de
|Cazadores,
y combinar una traición para el momento del combate. Rengifo
cumplió su comisión, y cuando Mugüerza desconfió de él lo mandó
arrestar en la guardia de prevención de
|Cazadores.¹ Dos
destacamentos de la caballería de Mugüerza fueron
|
1 El general López en sus
|Memorias dice que Rengifo fue
arrestado antes de que hablara con Bustamantes. Este es un error,
si no es otra cosa.
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sorprendidos y hechos prisioneros, sin que hubieran tenido la
menor idea de que corrían aquel peligro; así se hacía el
servicio.
Casi a un tiempo supo Mugüerza la retirada de Murgueítio y la
aproximación del enemigo, y resolvió atacarlo, sin conocer su
situación, ni su fuerza, ni nada de lo que un comandante en jefe
tiene que saber antes de exponer la vida de sus soldados y la causa
que sostiene, porque el comandante en jefe tiene obligación no
sólo de saber sino de adivinar lo que el enemigo hace. Quiero dejar
hablar al señor Restrepo sobre lo que sucedió en seguida:
"En efecto -dice- Mugüerza emprende su marcha a las doce de la
noche con mucha confianza de un feliz resultado, y dispuesto a
atacar al enemigo al amanecer. En este movimiento nocturno el
batallón
|Cazadores de Bogotá, que iba a la vanguardia, se
dividió en dos trozos por sugestiones y arbitrios del capitán
Nicolás Madiedo, que obraba en favor de Obando. Luego que éste
supo la crítica situación de las tropas de Mugüerza (febrero 10),
las atacó a las cinco de la mañana en una llanura limpia, de la
hacienda del
|Popayán, colocándose en el centro de las
fuerzas divididas de Mugüerza. Una compañía del
|Vargas
regida por el capitán Luis Quintero y un trozo de poco más de 200
hombres de Cali, cuyo comandante era Manuel José Collazos, pelearon
con mucho valor; mas no pudieron resistir al mayor número. El
escuadrón de
|Húsares, ya muy disminuido por haber perdido el
día anterior dos destacamentos, hizo también esfuerzos para
proteger la reunión del batallón
|Cazadores, aunque en vano,
pues sufrió una dispersión. El mencionado batallón, cuya
oficialidad era contraria al gobierno de Urdaneta, no quiso
combatir. Dirigido por su comandante Vicente Bustamante, se
emboscó, exceptuando una compañía que mandaba el capitán Reyes,
la que peleó valerosamente. Desde allí vio sin rubor (Bustamante)
sacrificar a sus compañeros de armas. Concluida la resistencia, se
unió a los vencedores, a quienes consideraba como defensores de la
libertad. Mataron éstos como 70 hombres en la pelea y se hicieron
dueños de todo lo que llevaba aquella columna. Mugüerza escapó a
Cali con doce húsares y ocho oficiales, de donde siguió a Panamá en
compañía del prefecto González.
"Obtenida tan fácil ventaja, que duplicó las fuerzas de Obando,
nada hubo que se le pudiera oponer en el Valle del Cauca. El 13 de
febrero, Cali cedió con repugnancia a la fuerza, retirándose
Manuel José Collazos con 60 hombre, de los más comprometidos en
aquella ciudad, a la montaña de Las Hojas, donde se
dispersaron".
Apenas posesionados de Cali Obando y López, fusilaron a los
capitanes Quintero y Reyes, y a los tenientes Saldaña y González.
Este asesinato fue el modelo de otros posteriores de la misma laye.
La prensa denunció que Quintero fue fusilado porque había dado una
declaración en el sumario que se levantó sobre la muerte del
general Sucre. El teniente González era hijo del coronel José María
González, que fue el último jefe que abandonó la plaza de armas de
Bogotá el 28 de agosto después de la capitulación; y era un
muchacho candoroso aun no salido de la adolescencia. El comandante
Bustamante fue premiado en el acto, reconociéndosele el empleo de
teniente coronel que había recibido del general Urdaneta y
ascendiéndosele a coronel; todos los oficiales recibieron
ascensos, y los sargento primeros fueron hechos oficiales. Al
cuerpo se le quitó el nombre de
|Cazadores de Bogotá, con el
que había combatido en defensa del Gobierno legítimo el 27 de
agosto, y se le dio el de
|Palmira; es decir, se le quitó un
timbre y se le puso un
|Inri.
Aquello se llamó "la gloriosa batalla de Palmira", y
|
hubo
coronas, arengas, y hasta versos para los "héroes de Palmira". Es
verdad que los vencedores no tuvieron más que un muerto, y que los
milicianos de Cali, además de la mitad de ellos que quedaron
muertos a lanzadas, los demás, si no murieron, quedaron inútiles
de las heridas que indefensos y fugitivos recibieron. Los soldados
del
|Vargas perecieron casi todos cruelmente sacrificados,
de manera que la tal batalla fue, una carnicería. Estos son hechos
sabidos de cuantos en aquel tiempo vivían; y en un cuadro de la
batalla que vi en pintura al óleo, sólo aparece un muerto del lado
de los vencedores, lo que prueba la verdad de lo que digo.
El general Obando dio al comandante Bustamante un certificado
llamado honrosísimo en aquellos tiempos. Bustamante, agobiado por
los remordimientos, y por el modo con que lo trataban hasta sus
antiguos amigos, sirvió al Gobierno con lealtad acrisolada contra
la revolución obandista de 1840. El general Obando le hizo
insinuaciones por medio de mensajeros, recordándole los tiempos de
antaño, y excitándole a que se le pasara con, su cuerpo: Bustamante
rechazó la proposición. He aquí á Bustamante ya comprendido entre
los hombres que el general Obando debía vulnerar en sus
|Apuntamientos paro la historia. Veamos cómo lo califica
respectó de este suceso:
"El teniente coronel Vicente Bustamante -dice- ascendido a este
puesto por Urdaneta, fue confirmado por mí en dicho ascenso, y
además le di el grado de coronel y el mando del batallón
|Palmira de nueva creación. Yo tuve informes favorables a él:
intentó revolucionar el cuerpo que traía de Bogotá, aunque nunca se
resolvió a hacerlo, a pesar de las fuertes excitaciones de la
oficialidad. La víspera de la acción por la noche, perdido por
aquellos caminos con su batallón, había venido a resultar cerca de
mi campo; los oficiales le rogaban que no malograse tan bella
ocasión, y sin embargo no pudo resolverse y contramarchó a reunirse
con Mugüerza. Peleó en Palmira contra nosotros; fue hecho
prisionero por el cabo Cruz Rojas, que quiso matarlo con la
bayoneta, y le salvó la vida el generoso y valiente comandante
Pedro Antonio Sánchez. Yo presté a Bustamante una estimación
indiscreta, y por relevarle de la mancha de haber servido a
Urdaneta, tuve la debilidad de certificar falsamente que se había
pasado en la acción. Yo me lleno de rubor al tener que confesarlo,
mas es forzoso decirlo: yo mentí por hacer bien a un hombre sin
que le resultase mal a otro; pero no me he quedado impune; el mismo
Bustamante ha castigado mi compasiva y generosa falsedad, en
prueba de que no debemos obrar mal ni para hacer bien".
Dejo al lector las observaciones que le ocurran sobre este
relato.
La noticia de este suceso causó en Bogotá una indignación que
llegaba al furor. Se hicieron al Gobierno representaciones con
muchas firmas, en las que se le acusaba de demasiado indulgente, y
se reclamaban de él providencias represivas y la separación de los
militares sospechosos, o que por sus compromisos no dieran
garantía de fidelidad; y el Gobierno tuvo que obrar en
consecuencia. Inmediatamente tomó medidas para aumentar el
ejército en todas partes, y uno de 4.000 hombres se preparaba para
invadir al Cauca por Antioquia, el Quindío y La Plata.