XI
El día 27 de mayo había llegado a Pasto el comandante Manuel
Guerrero, natural de dicha ciudad, al servicio del Ecuador,
llevando una carta del general Flórez para el general Obando;
Guerrero debía seguir hasta Popayán, a donde se suponía a Obando;
mas sabiendo que éste llegaría a Pasto al siguiente día,
suspendió su marcha y le esperó allí. Llegó en efecto Obando, y
el 29 le vio Guerrero; estuvieron en conferencias privadas que no
se han traslucido, sino por lo que uno y otro han dicho. El 30
regresó Guerrero a Quito, y a su llegada fue a
|alojarse a casa
del general
|
|Isidoro Barriga. Mas como el general
Flórez, al despachar a Guerrero a Pasto, se fue para Guayaquil, se
puso Guerrero en marcha para dicha ciudad a darle cuenta de su
comisión. En Guayaquil (el 12 de junio de 1830), antes de saberse
allí el crimen cometido, se tomó a Guerrero la siguiente
declaración en forma, la que juró por su palabra de honor.
"Preguntado: qué objeto llevó en la marcha que acaba de hacer a
Pasto, si fue en comisión del servicio, o en asuntos particulares,
dijo: que el motivo de haber ido a Pasto fue para entregar una
carta de su excelencia el jefe del Estado (el general Flórez) en
manos propias del señor comandante general del departamento del
Cauca, general de brigada José María Obando, y
|
decirle de
palabra, de parte de su excelencia, que las miras del Gobierno del
Sur eran enteramente' pacíficas, tanto por el pronunciamiento que
acababa de hacer este distrito, cuanto con respecto a la
manifestación espontánea de la provincia de Pasto por su
incorporación al Ecuador; que su excelencia la había elevado
legalmente al Gobierno de Bogotá, y que tomada esta medida,
consideraba su excelencia que debía dejarse a la provincia de
Pasto en absoluta franqueza de opinión; que tanto a Quito como a
Popayán les importaba la unión de Pasto; pero que su excelencia
tendría por un gravamen el empleo que debería hacerse de una
numerosa guarnición en aquella provincia, cuando la libre
expresión de sus sentimientos no fuera apoyada por ambos
gobiernos.
"Preguntado si tuvo efecto su comisión, y cuál fue el resultado
de ella, dijo: que llegó a Pasto el 27 de mayo último; que al día
siguiente llegó a aquella ciudad el señor general Obando, a quien
entregó la comunicación de su excelencia (el general Flórez), y
después de haberle transmitido fielmente lo que de palabra le había
encargado su excelencia, contestó el señor general Obando las
siguientes palabras: "Eso no es cierto; yo se que se prepara una
grande expedición sobre Pasto, y es por esto que he precipitado mi
venida a esta ciudad, hasta el caso de caminar de noche; el general
Flórez procede de mala fe conmigo; él no ha contestado ninguna de
mis cartas, siendo así que en una de ellas le pregunto qué era lo
que debiera hacerse con el general Sucre, porque creí que le
pudiera ser perjudicial en el Gobierno del Sur". Entonces el que
declara le contestó que la venida de su excelencia el general Sucre
al Sur, en nada podría perjudicar al jefe del Estado, porque había
sido llamado a este puesto por los sufragios generales de todos
los pueblos; y que, además, el que declara no sabía de qué medios
legales podía valerse su excelencia para impedir la vuelta del gran
Mariscal, a lo que contestó el señor Obando, que él sabía bien los
cubiletes de que se habían valido para que el general Flórez fuese
proclamado jefe del Sur; que lo demás era muy sencillo, pues había
mil modos de impedir que el general Sucre llegase a su casa.
"Preguntado sí en la conversación que tuvo con el general Obando
pudo conocer su opinión con respecto a los sucesos actuales de
Colombia, dijo: que no pudo comprender la opinión del señor Obando;
que su relato era una verdadera miscelánea, porque tan pronto hacía
la apología del Libertador, como le prodigaba los títulos de
tirano, déspota y sanguinario; que lo mismo decía con referencia
al general Flórez, ya lo presentaba como un buen amigo, y de cuyas
manos había recibido grandes beneficios, y en fin, como un
verdadero liberal; y al momento lo hacía aparecer como un
ambicioso, un intrigante y un agente ciego del tirano Bolívar; que
la revolución del Sur era de esperase porque Bolívar había dejado
aquí un dictadorcito; pero que no había que temer porque la acción
de La Ladera había salvado a todos los enemigos de Bolívar de su
cuchilla sangrienta, y que su venida a Pasto los salvaba de la de
Flórez; que no tiene más que decir porque al siguiente día se puso
en marcha para el cuartel general".
Según esta declaración, sospechosa a todas luces, no llevó
Guerrero contestación escrita de Obando. ¡Otra carta sin
respuesta!
Sin embargo, el general Obando dijo al Gobierno en su nota de 31
de mayo, en la que dio parte de haber ocupado a Pasto y de haber
encontrado allí a Guerrero, que la contestó, y envió copia de la
respuesta. ¿Cuál de las dos cosas será la verdad?
XII
La averiguación sobre quién o quiénes fueran los perpetradores
de este crimen se hizo imposible por la parcialidad de los
partidos, pretendiendo el uno que lo fuera el general Flórez,
declarando al general Obando víctima inocente de una persecución
interesada; y sosteniendo el otro que lo fuera el general Obando y
que se calumniaba al general Flórez. De este modo, imposible era
que la verdad se probase legalmente, que la justicia obrase, que
la vindicta pública fuese satisfecha.
Examinando imparcialmente las acusaciones, los cargos
recíprocos que se han hecho el uno y el otro, las pruebas en que
los apoyan, que hacían vacilar a los más, pensaron algunos que
admitiendo la mancomunidad del uno con el otro en el hecho que el
uno y el otro se atribuían, quedaba todo aclarado, siendo el único
modo de concertar las pruebas que presentaban cada uno contra el
otro.
¿Contestó el general Flórez las tres cartas de las que publico
los extractos que hemos visto? ¿qué contestó? Esas cartas tan
significativas, tan alarmantes, ¿no le causaron ninguna impresión?
Es imposible, me parece a mi, que semejantes cartas quedaran sin
respuesta. En ellas se manifestaba de una manera positiva que el
general Sucre corría un riesgo inminente en su tránsito por el
territorio en que dominaba el general Obando. La amistad, el
patriotismo, ¿no exigían que Flórez en el acto, por cuantas vías
fuese posible, lo avisara a Sucre? ¿Lo hizo? No, ¿Qué se deduce de
esto?
El general Obando en su primer manifiesto de Popayán dice: "El
primer artículo de mi carta de mayo¹ es falso, falsísimo: todas mis
cartas escritas a Flórez son de mi puño y letra; que la exhiba, que
se reconozca, que la publique íntegra. Los demás artículos son
ciertos". ¿Qué contestó el general Flórez a este terrible reto?
Nada.
Que el general Obando negara el primer artículo de su carta, no
es extraño. Su sistema fue siempre negarlo todo, cartas autógrafas,
escritos, documentos, su firma; suponiendo que todos eran
falsificaciones.
Que esas cartas cuyos extractos se publicaron, fueron escritas
por el general Obando, no puede dudarse; pero que el general Flórez
no las contestase, es imposible admitirlo; y no diciendo Flórez lo
que contestó, creo yo que no hay temeridad en suponer que Obando,
al retarlo a que las publicara íntegras, sabía que Flórez no
podía hacerlo sin declararse cómplice, así como él tampoco podía
decir: "aquí están las respuestas", sin confesarse culpable.
En su segundo libro publicado en Lima, volvió el general Obando
a retar más terminantemente al general Flórez a que publicase
integras sus cartas, y dice:
"¿Y, no habrá habido algún lector de esas cartas publicadas por
Flórez, a quien le haya picado la curiosidad deseando saber qué me
contestó Flórez, a una sola, por lo menos, de esas tres cartas
sobre el general Sucre? ¿y no habrá habido quien caiga en cuenta de
que siempre se ha guardado bien de decir si me contestó o no me
contestó ?"
Prescindiendo de las negaciones del general Obando, él hizo de
sus cartas explicaciones tan incongruentes, que son inadmisibles y
dejan vigente su terrible importancia. Lo que no debo dejar pasar
sin llamar la atención es la socarronería con que se expresa
Obando en su anterior interrogatorio que dice mucho si se
comprende. A mí me parece menos agravante para el general Flórez
el cargo que le hace Obando, de haberle su-
33
puesto en sus cartas algunas frases, que el que le resulta de
haberlas recibido tales como las publicó, y no haberlas contestado
o no decir lo que contestó, y no haberlas hecho conocer de Sucre,
tan clara, tan terminantemente amenazado en ellas.
XIlI
Los comentarios de este trágico suceso se fundaron en la
contradicción evidente del general Obando al comunicarlo al
prefecto del Cauca y al general Flórez; en el artículo profético de
|El Demócrata que ya se comprendió en toda su claridad; en
los postas mandados de aquí a Neiva, y de Neiva a Popayán; en el
que de Popayán se envió al general Obando, en las manifestaciones
de contento y aprobación hechas públicamente por el general López
al recibir la noticia; en los incidentes de
|
La Venta el día
de la llegada de Sucre, encontrando a Eraso allí habiéndolo dejado
atrás, coincidiendo con la aparición de Sarria; en la detención de
éste unas veinticuatro horas en casa de Eraso, cuando había
pretextado urgencia en su viaje para no aceptar la invitación que
Sucre le hizo de aguardarse a comer y a pasar la noche con él. Todo
esto fijó las ideas del mayor número, y
|
un grito de
indignación denunció a la América y al mundo el odioso crimen
diciendo: "los generales Obando y López son los perpetradores".
El partido liberal contradecía y acusaba al general Flórez
"porque el hecho no podía ser imputable sino a aquel a quien
inmediatamente aprovechaba"; lo que ciertamente hacía verosímil la
acusación, y para darle fuerza decían que una partida de cuatro
soldados de caballería había venido expresamente del Ecuador a
ejecutar el asesinato, Esta creencia fue bastante general al
principio. Yo me preocupé con ella: ¿qué motivo podían tener
Obando y López para cometer sin interés propio aquel crimen? me
preguntaba a mí mismo. No fue sino en 1832 cuando fui a Pasto, que
viendo, preguntando, oyendo, examinando el terreno, y conociendo
personalmente a los hombres siniestros acusados por la opinión
pública, que formé mi juicio, en el que después me he afirmado por
el examen de los hechos y de los documentos contradictorios de
Obando contra FIórez y de éste contra aquel.
XIV
El general Obando publicó en Popayán una contestación al
manifiesto del general Flórez, o sea del Gobierno del Ecuador.
Explicaba la contradicción de sus dos notas del 5 de junio,
diciendo que la del general Flórez la escribió por la mañana en el
acto de recibir la noticia, y la del prefecto, por la tarde, cuando
ya se hablaba en Pasto de haberse visto pasar por aquella ciudad
pocos días antes
|unos desertores del ejército del Sur.
Pero esta excusa era inadmisible. En la nota del prefecto dice:
"Ahora que son las ocho de la mañana
|acaba de recibir la
noticia..." En la carta a Flórez dice:
|"Acabo de recibir
parte que el general Sucre ha sido asesinado..." Luego ambas
notas fueron escritas
|acabando de recibir la noticia, y
ellas mismas desmienten la disculpa.
Arguye el general Obando que habiendo los asesinos llamado a
Caicedo por su nombre, debían ser soldados de las tropas del
Ecuador, que lo conocían, pues siendo ellos del país no podían
saber cómo se llamaba.
Tampoco esta interpretación de aquel incidente notable es
satisfactoria. Si Eraso fue el ejecutor de la orden de asesinar a
Sucre, no pudo hacerlo sino con los malhechores que tenía a su
lado, que vivían y dormían en su casa. El general Sucre pasó una
tarde y una noche en ella, y sus criados debieron tener
precisamente roce inmediato con las gentes que allí había, y éstas
saber muy pronto sus nombres, lo que más bien da fuerza a las
sospechas que se tuvieron, que ser una razón que las destruya.
El partido liberal defendía la inocencia de Obando y López, e
insistía en hacer exclusivamente responsable al general Flórez,
sosteniendo la inadmisible aseveración de que del Ecuador habían
venido los cuatro soldados que ejecutaron el hecho.
Esta ha sidola más desacertada de todas las
suposiciones que para oscurecer el nefario atentado se hicieron,
y por mucho tiempo fue el caballo de batalla del general Obando
para defenderse, empeñándose en obtener declaraciones para
probarlo; declaraciones que nunca faltan cuando un partido entero
se interesa en la cuestión, y cuando un magnate poderoso y temible
las pide. Todas las que el general Flórez hacía tomar por su parte
en el Ecuador, sobre el asunto, las tacha el general Obando por
este principio, que es común a ambos, de manera que según él, debe
hacer poco caso de estas pruebas un crítico concienzudo. La lógica
ha de ser su guía, escudriñando sin pasión ni espíritu de partido,
cuanto se escribiera, se dijera y se hiciera en pro o en contra,
para descubrir lo verosímil, lo probable, lo Verdadero, y esto es
lo que por primera vez se hace; esto es lo que estoy haciendo
yo.
XV
La montaña de Berruecos es un sendero angosto y difícil, de
subidas y bajadas, entre un bosque espeso que de un lado y otro se
prolonga, sin que se pueda entrar ni salir de ella sino por sus dos
bocas. Del lado de Pasto un caserío considerable llamado Berruecos,
que da su nombre a la montaña, se encuentra a su salida; del lado
de Popayán otro menor, que es La Venta, se encuentra a corta
distancia de su entrada. Desde Berruecos a Pasto al pasar el
Juanambú hay dos caminos, en los que abundan casitas aisladas, y
son traficados continuamente por gentes de las haciendas y de los
caseríos, que están en el uno, y del pueblo de Buesaco, que está en
el otro, y por pasajeros de Pasto a Popayán, o viceversa. En La
Venta había un piquete de tropa, y Eraso, llamado por Beltrán,
vino del Salto a dicho punto con ocho hombres; de Pasto mandó el
general Obando al comandante Mariano Alvarez con dos compañías de
|Vargas, con el objeto, dijo, de perseguir los asesinos, y en
ninguna parte, ni antes ni después, ni nunca se encontraron los
tales soldados ecuatorianos, ¿qué se hicieron pues? ¿se los tragó
la tierra? De sólo la frontera del Ecuador al lugar donde se
ejecutó el asesinato hay cuarenta leguas, pasando por pueblos
considerables, haciendas y caseríos, y el río Juanambú por pasos
precisos, los más de
|tarabita, en los que hay casas
habitadas. ¿Cómo podían, pues, venir cuatro soldados a caballo, sin
llamar la atención en tan larga distancia, a dar semejante golpe de
mano, a hora fija en el paraje más a propósito para darlo,
desapareciendo en el acto de ejecutarlo sin dejar el menor rastro?
Los que conozcan este terreno, saben a qué atenerse en el
particular. Es físicamente imposible, es de toda imposibilidad que
tal cosa pudiera suceder, y nunca me he acertado a explicar cómo
pudo inventarse y sostenerse semejante absurda suposición, por un
hombre tan avisado como el general Obando.
Puede ser que el general Flórez fuera cómplice de aquel delito,
pero en este caso no podía serlo sino en mancomunidad con el
general Obando, único que en aquellas circunstancias y en aquel
paraje podía ejecutarlo a golpe seguro, no siendo ladrones los
asesinos; pero del modo, o mejor dicho de los diferentes modos, con
que el general Obando ha pretendido demostrar que Flórez y no él lo
perpetró, repito que es imposible, absolutamente imposible.
XVI
Excesivamente prolijo sería examinar aquí todo lo que sobre este
particular se ha escrito, y si yo pretendiera hacerlo me perdería
en el laberinto de pruebas y contrapruebas, de cargos y descargos
recíprocos, de argumentaciones y comentarios que de una y otra
parte se han hecho. Además del manifiesto del Gobierno del Sur; de
la respuesta del general Obando; de representaciones a nuestro
Gobierno y resoluciones de la Corte Suprema; de declaraciones,
juradas por supuesto, en favor o en contra de los generales
sospechados, favorables o adversas según quién, cuándo y dónde se
tomaban; de causas criminales y sentencias judiciales ejecutadas
en cómplices después descubiertos, de las que hablaré en su lugar;
del grueso libro publicado por el general Obando en Lima, que
llamó
|Apuntamientos para
| la historia; de los dos
volúmenes escritos por el general Mosquera en réplica al anterior;
de una "Historia crítica del asesinato, etc.", por el señor
Antonio José Irisarri; de un segundo libro del general Obando
publicado en Lima contra el de Irisarri y contra los de Mosquera,
tendría que examinar también muchos cuadernos y millares de
artículos de los periódicos de Nueva Granada, Venezuela y Ecuador,
todos en el sentido del color político de sus redactores, y por
consiguiente rebatiéndose, y necesitaría vivir treinta años más y
escribir cien volúmenes en folio para desembrollar semejante
fárrago, si es que lograba desembrollarlo. Por tanto me limitaré a
comentar suscintamente lo que me parezca necesario para fijar las
ideas de la juventud sobre este trágico suceso, que afilando la
cuchilla de los partidos, atrajo sobre la patria nuevos dolores,
tiñó de sangre todos nuestros ríos y blanqueó de osamentas humanas
nuestros campos; porque la historia de todos los tiempos y
naciones prueba que ciertas cabezas no caen solas, y que al caer
estremecen la tierra. Mis coetáneos tienen, o deben tener su
juicio formado sobre este suceso, mas si no fuere así, y dudasen de
mi imparcialidad, pueden consultar los escritos que he citado.
XVII
El general Obando, en su segundo libro combate la declaración de
Guerrero con todas las ventajas que le da tan intempestiva e
inconsiderada diligencia.
Sienta por principio que sólo dos hombres han podido cometer
aquel asesinato: el general Flórez o él; y esto lo repite en
términos, positivos diciendo que si prueba que no fue él, quedará
probado que fue Flórez, así como no probando que fue Flórez quedará
probado que fue él. Sobre este dilema desmenuza la declaración de
Guerrero de tal modo, que si fuera un hecho aislado, y no estando
al corriente de los antecedentes, las presunciones refluirían
todas exclusivamente contra el general Flórez.
"¿Con qué objeto -pregunta Obando- hacía tomar Flórez una
declaración semejante antes de que se
supiese la muerte de Sucre? Una declaración no se te
|ma
sino para hacer constar un hecho ante algún superior, o para que
ella vaya a surtir efecto en algún juicio, o para saber lo que se
ignora y se necesita saber, o para responder a un cargo ya hecho.
¿Ignoraba Flórez, que era el que había mandado a Guerrero,
ignoraba, digo, a qué iba Guerrero a Pasto? El ya soberano del
Ecuador, ¿tenía a quién darle cuenta del viaje de Guerrero? ¿El
viaje de Guerrero era en sí mismo una acción pecaminosa para que se
le reconviniera antes de saberse el asesinato? ¿Se estaba siguiendo
algún juicio sobre el asunto antes de suceder? ¿Alguno le había
formado cargo por el viajé de Guerrero antes de saberse la muerte
de Sucre? Flórez, que acababa de hablar a su satisfacción con
Guerrero, ¿qué era lo que podía haber quedado ignorando y lo que
todavía esperaba saber leyendo la declaración? Y si nada de esto
sucedía ni podía suceder, ¿con qué fin, con qué objeto, para
satisfacer a quién, mandó tomar esta declaración?"...
Concluyente es este interrogatorio: el general Flórez no lo
puede contestar; pero la crítica imparcial puede hacerlo
analizándolo. El viaje de Guerrero no tenía a Pasto por límite: era
hasta Popayán, adonde se suponía en Quito, cuando Guerrero salió,
que estaba el general Obando ¿Cuál era su objeto? El ostensible no
era de tanta importancia que requiriese enviar a su coronel para
verificarlo; y si el general Flórez se la daba, ¿cómo se
explicaría que al despachar a Guerrero se fuese inmediatamente para
Guayaquil, sin esperar el resultado de su comisión? Una carta puede
ir por el correo, la puede llevar un posta, un oficial subalterno;
¿qué más podía decir de palabra Guerrero a Obando que lo que se
dijera en la carta?
La comisión de Guerrero, pues, no podía ser simplemente llevar
una carta y dar un recado, repitiendo lo mismo que se decía en la
carta y que asegura Obando se le había dicho en tres o cuatro
anteriores del mismo Flórez. Por tanto, es rigurosamente lógico
deducir que Guerrero llevaba cerca de Obando una comisión verbal de
mucha más importancia, sobre un asunto que no se podía confiar a la
pluma. ¿Cuál sería ésta? Presúmala el lector por los antecedentes
que va conociendo.
XVIII
La noticia del asesinato, que Obando comunicó a Flórez en su
carta de 5 de junio, no llegó a Guayaquil hasta el 14. Flórez
contestó a Obando: "Tu carta me ha sido arrebatada por todo el
mundo, y se imprimirá en fuerza de mi deber y de los clamores
generales. Es pre
|ciso confesar que aquí no te se
|
ha
culpado, pues que nadie ha podido figurarse que un hombre de
sentimientos sea capaz de semejante iniquidad". Y en efecto, la
carta de Obando se publicó inmediatamente en Guayaquil, en Cuenca,
en Quito, con las deducciones que de ella naturalmente se
desprendían. La declaración de Guerrero se tomó el 12; las amenazas
de Obando, según esta declaración y sus cartas anteriores, eran
claras y se cumplieron con la muerte del hombre amenazado: ¿cómo,
pues, pudo decir Flórez a Obando: "aquí no te se ha culpado",
cuando sin más antecedentes bastaban los conocidos, y lo que
Guerrero había declarado para que se le culpara? Y esa carta de
Flórez a Obando ¿no decía otras cosas?, ¿no parece el párrafo de
ella publicado por Obando, consiguiente a algún otro?, ¿y ese otro
no podía decir: "quedo enterado, tranquilízate, no tengas cuidado,
|aquí no se te ha culpado?" Si esto se lo decía, es claro que
el general Obando no podía publicar la carta íntegra.
Si Guerrero no iba comisionado cerca de Obando para tratar
definitivamente lo que debía hacerse con el general Sucre, si no
hablaban sobre ello, es imposible admitir que Obando le dijera: "el
general Flórez procede de mala fe conmigo; él no ha contestado
ninguna de mis cartas, siendo así que en una de ellas le
preguntaba qué era lo que debía hacerse con el general Sucre,
porque creí que le podía ser perjudicial en el gobierno del Sur".
Obando, que no era un hombre vulgar, sino, por el contrarío,
previsor, astuto, cauteloso, no pudo decir semejante cosa a un
extraño, a un hombre que debía serle sospechoso, sino respondiendo
a insinuaciones terminantes sobre el particular.
Respecto de este pasaje de la declaración, hace Obando
declaraciones verdaderamente graves, y como la supone sugerida
letra por letra por Flórez, dice que con ella quiso éste tres
cosas: 1ª,
|
prepararse para alejar las sospechas de sí,
cuando llegase la noticia del asesinato; 2ª, que se le atribuyese
a él (a Obando), y 3ª, anticiparse a probar con el testimonio del
mismo Obando que no le había contestado las significativas cartas
que se proponían publicar cuando la noticia llegase. Todas tres
cosas pueden ser ciertas y lo parecen; pero de ello no se deduce lo
que pretende Obando: "que Flórez y no el fue el asesino". Por el
contrario, esta declaración es uno de los motivos más fuertes que
hay para conjeturar que lo fueron ambos, y que Flórez, ya seguro
de lo que iba a suceder, se parapetaba detrás de una declaración,
para agobiar a su cómplice con
|toda la responsabilidad y
salvarse él, así como Obando habló de desertores del ejército del
Sur, luego de soldados de caballería disfrazados, que dizque
pasaron por Pasto de noche, y después otros cuatro soldados a
caballo separados de la escolta que supone llevó a Guerrero a
Pasto, para hacer recaer las sospechas sobre Flórez solo.
Las respuestas que dice Guerrero dio a Obando en el altercado
que asegura tuvo con él, parecen claramente estudiadas para
justificar a Flórez. Pero lo que pone en boca de Obando: "que había
mil modos de impedir que el general Sucre llegase a su casa" es de
todo punto inadmisible, a menos de suponer que Obando hubiera
perdido completamente el uso de la razón. ¿No era eso lo mismo que
decir: yo haré matar a Sucre?... Imposible! El general Obando no
pudo decir semejante cosa, sino tratando con su interlocutor de
algún proyecto sobre el particular.
El general Obando pretende que Guerrero fue a Pasto a disponer
el asesinato, y que lo hizo ejecutar por cuatro soldados de
caballería que destacó de su escolta al efecto. De manera que ya no
fueron desertores del ejército del Sur, ni los soldados disfrazados
que dijo Obando se vieron pasar a caballo. Guerrero asegura que no
llevó a Pasto, sino dos ordenanzas y que con ellos regresó, y en
Pasto nadie lo vio llegar con otra escolta. ¿En dónde dejaría,
pues, ocultos los cuatro soldados destinados para el asesinato,
según Obando? Esta suposición es tan inadmisible como lo es el
relato de la declaración de Guerrero en Guayaquil.
En Quito no era posible se supiese el día que el Congreso
|
cerraría sus sesiones,
|
la marcha inmediata del
general Sucre y la vía que llevara de las dos principales que podía
escoger. En Pasto, solo el general Obando podía saber que la
víctima estaba en marcha y muy cerca de aquella ciudad, y tan
cierto es esto, que el mismo Obando pretende que lo ignoraba;
¿cómo, pues, podía combinarse semejante golpe de mano, desde Quito
por Flórez y desde Pasto por Guerrero? Respecto de los soldados de
caballería, que quiere Obando mandara a Guerrero a matar a Sucre,
existen las mismas dificultades que para los supuestos desertores
del ejército del Sur, de que habló primero, o de los soldados
disfrazados de que habló después. ¿Por dónde fueron esos cuatro
soldados montados, desde Pasto al lugar de la catástrofe, sin que
nadie los viera?, ¿por dónde pasaron, el Juananbú? ¿qué se hicieron
después?, ¿quién los dirigía en un terreno que no podían conocer
para extraviar el camino real, evitar los poblados y caseríos e
introducirse en la montaña de Berruecos? ¿Por dónde salieron de
ella cuando los que venían delante de Sucre dieron el alarma en
Berruecos, y el asistente Caicedo lo dio en La Venta, todo
inmediatamente? No hay remedio, si la misión de Guerrero al
departamento del Cauca tenía por objeto preparar el asesinato del
gran Mariscal de Ayacucho, no era ni podía ser sino cerca del
general Obando y entendiéndose secretamente con él en este caso, se
comprenderá que desde que se acordaron se preparaban cada uno a
imputarle al otro el hecho, salvándose de responsabilidad. Para
esto alegaba Obando que él ni por miedo, ni por odio, ni por
venganza, ni por conveniencia propia, tenía motivo para cometer
aquel delito, mientras que siendo Sucre un rival natural y temible
de Flórez en los pueblos en que éste gobernaba, tenía Flórez
interés positivo en deshacerse de él. Contra estos fuertes
argumentos, oponía Flórez otros que no lo son menos fundándose en
la imposibilidad de que a tan larga distancia pudiera él haberlo
dispuesto, necesitándose precisamente para ello de gente del país,
práctica del terreno y que pudiera fácilmente evadirse de la
persecución; y sobre todo, tener noticias oportunas de la marcha de
la víctima, del día y hora precisas de su llegada al punto
escogido para inmolarla, tener allí preparados los sacrificadores,
sin llamar la atención ni despertar sospechas; y todo esto se
hallaba al alcance de Obando y tan lejos de Flórez, que
constituían para él no sólo dificultades insuperables, sino
también imposibilidad física, allanable sólo por medio del general
Obando.
Si por parte de Flórez aparece un interés personal en deshacerse
de un competidor formidable, por parte de Obando puede aparecer
otro interés, quizás de más fuerza que el personal: el interés de
partido, que muchas veces arrastra a los hombres apasionados y de
ambiciones políticas, más lejos de donde los llevara el suyo
propio. El partido en que el general Obando se había afiliado,
contradiciendo sus antecedentes realistas, no se equivocaba al
considerar a Sucre como un apoyo natural del partido llamado
boliviano, como un brazo vigoroso que podía empuñar con mano firme
el noble estandarte de Colombia. ¿No serían estos motivos de parte
de los liberales granadinos, tan poderosos como los que el general
Flórez tuviera para que todos los intereses disolventes, todos los
intereses anticolombianos, todas las malas pasiones, se
mancomunaran para dar muerte al hombre que consideraban enemigo
común?
XIX
Dicen Baralt y Díaz en su
|Historia de Venezuela, hablando
de la defunción de Bolívar:
"La muerte del Libertador había sido precedida por la de otro
insigne americano. No en el lecho del justo ni en el campo de
batalla, que tantas veces ilustró con la victoria y la clemencia,
sino a manos de viles asesinos y por efecto de atroz alevosía:
pereció Sucre en la flor de sus años y cuando la patria estaba más
necesitada de la virtud y los talentos de aquel hijo
esclarecido...
"Difícil es concebir por qué tuvo Sucre enemigos Difícil sido
moderadas sus opiniones, sus servicios a la patria, finas y
agradables sus maneras, bueno su corazón y en extremo generoso.
Tal vez era molesta e importuna tan excelsa virtud, pues
contrariaba la ambición de caudillos poderosos, o los planes
insensatos de algún bando político; y casi confirman estas
sospechas los precedentes y circunstancias de la traición que
logró privarle de la vida. Pruebas hay de que el golpe fue
preparado despacio y a sangre fría; es bien sabido que la misma
víctima tuvo con tiempo avisos del peligro, y que tres días antes
de ejecutarse el atentado, se predijo en un papel público de
Bogotá, hasta con la indicación de que José María Obando lo
mandaría ejecutar..."
Hablando de las notas en que el general Obando comunicó el
suceso al prefecto del Cauca y al general Flórez, continúan:
"Lo que hay más de singular en la conducta de Obando, es que
hubiese dado este paso, y
|aun creído necesario enviar
comisionados al Presidente del Ecuador para justificarse, antes de
tener la certeza de que le acusarían, y que al mismo tiempo
procurase, de acuerdo con otros, complicar el nombre de Flórez en
el horrible asesinato. FUE SIEMPRE PROPENSION DE CULPABLES, PARA
ALEJAR DE SI LAS SOSPECHAS, HACERLAS RECAER SOBRE OTROS CON AFANADO
AHINCO. Y
|
por esto, y acaso porque era verosímil que la
presencia de Sucre inspirara temores a los partidarios del nuevo
Estado ecuatoriano, tomaron tanto empeño en propagar la torpísima
calumnia. La opinión pública, sin embargo, designó al mismo Obando
y al general López, su grande amigo y compañero, como autores
principales del delito..."
Es cierto que la opinión pública se pronunció al principio en
este sentido generalmente, en la América toda; pero no así en la
Nueva Granada, en donde el partido liberal, que era ya numeroso y
fuerte, tomó la cuestión por suya, sosteniendo lo contrario, y la
opinión pública vaciló en todas partes.
Baralt y Díaz escribieron antes de que los incidentes del
suceso fuesen bien conocidos; más tarde los ataques recíprocos,
las defensas, la discusión sobre los hombres y sobre las cosas lo
van aclarando todo, y digo "lo van" porque todavía no puede decirse
con fijeza que "lo han". Quizá este escrito promoverá otros que
descorran el velo que aún cubre el nicho de la estatua de la
verdad.
Sucre no murió a manos de enemigos: murió porque dizque en
política no se mata por odio, ni por castigo,
|
sino para
apartar obstáculos, para allanar inconvenientes, o para sobrecoger
a la muchedumbre con el terror, si el terror es necesario para
hacer una revolución o para afianzarla. En cualquiera de estos
casos, mientras más inocentes o más excelsas sean las víctimas que
se escogen en holocausto mejor se logra el objeto. Para colmo de
males estas iniquidades se cometen sin rubor porque se llaman
"delitos políticos", y según la inteligencia que da la escuela
liberal al principio de utilidad de Bentham, los delitos políticos
en provecho del que los comete no son crímenes, por atroces que
sean. ¿A dónde iremos a parar con estas asoladoras doctrinas?
XX
Después de la batalla de Tarqui, parece que corrió el general
Sucre algún riesgo de ser asesinado en una conspiración que contra
su vida tramó el coronel José Ignacio Luque, hombre de los más
corrompidos e inmorales. De estos proyectos se dio parte al mismo
general Sucre y al general Flórez por el comandante del batallón
|Pichincha, en cuya consecuencia Flórez mandó procesar a
Luque. Sucre tenía en su poder, según lo ha asegurado el general
Mosquera, que era jefe de estado mayor general, los documentos en
que constaba el conato del reo, y no quiso que se hiciese uso de
ellos, porque aquel hombre generoso y magnánimo no parece que tenía
otro placer sino el de perdonar a sus enemigos.
"Luque fue juzgado en consejo de guerra, y sólo escapó de morir
por no haberse presentado las pruebas que el general Sucre impidió
apareciesen en el proceso; pero con todo, no fue declarado
inocente, sino absuelto de la instancia. Así, es del todo falso lo
que dice el general Obando en sus
|Apuntamientos para la
historia tratando de inculpar a los generales Flórez, Luis
Urdaneta y otros enemigos suyos".
|Irisarri.
Que efectivamente hubo en el ejército del Sur, entre unos pocos
jefes, un proyecto mal combinado de asesinar al general Sucre, es
indudable. Que el coronel Luque tuvo cómplices que no se
descubrieron, es indudable también, y que el general Luis Urdaneta
era uno de ellos, es probable y fue opinión general en el ejército.
El general Obando, en sus citados
|Apuntamientos, pretende
que el general Flórez fue el promotor oculto de la trama, y que por
esa razón quiso y pudo, teniendo el mando inmediato de las tropas,
salvar a Luque. Esta imputación contra Flórez carece enteramente de
fundamento el denuncio se dio a Flórez; Flórez hizo prender a
Luque, mandó seguirle un juicio, y obró con actividad i franqueza
en el procedimiento. También es cierto que los datos que obraban
más fuertemente contra Luque los tuvo el general Sucre, que no
quiso presentarlos ni quería que se adelantasen diligencias,
diciendo que eran locuras de Luque de que no se debía hacer
caso.
Luque era uno de aquellos jóvenes ignorantes y desalmados, de
terrible arremetida, que abundaban en el ejército colombiano, y a
esa cualidad, que era la que más se estimaba en tiempo de guerra a
muerte, debió sus ascensos. En la batalla de Ayacucho recibió un
balazo en la frente, tuvo la bala incrustada en el cráneo algunos
días, y cuando se le extrajo, quedó como alocado, y aunque con el
tiempo se mejoró, de vez en cuando se resentía y cometía
atolondradamente disparates, como el del auto de fe de los
impresos en la calle del comercio, y el ataque a la imprenta en
esta ciudad, que atrás queda referido. Sin embargo, pronto veremos
que vino a ser un gran liberal, "protector de los pueblos" en la
provincia de Cartagena, y en 1831, el más digno miembro de la
sociedad de los "Veteranos de la libertad" de aquella, en un tiempo
reina de las ciudades granadinas, y hoy un triste suburbio
indoafricano.
El general Urdaneta era capitán del batallón
|Numancia,
cuerpo todo compuesto de venezolanos en el ejército realista, y que
se pasó a nuestras filas en el Perú, tomando el nombre de
|Voltijeros. Este fue un terrible golpe para la causa real,
y el Libertador, que sabía valorarlo, protegió siempre a los jefes
y oficiales que promovieron el pronunciamiento. Urdaneta fue
acusado de haber instigado el asesinato perpetrado en aquellos
oficiales peruanos, ya rendidos en Tarqui, en represalia del
cometido por los peruanos en las personas de los comandantes
Camacaro y Vallarino, "que habiéndose adelantado demasiado en el
ardor de la persecución, cayeron en manos de un escuadrón de
caballería mandado por el general Necoechea, cuyos subalternos,
después de atarlos, los alancearon sin piedad".¹
|
El general
Sucre, que jamás toleró estos actos de crueldad, ni aun como
represalia, sino una sola vez en Pasto, por una de las terribles
necesidades de la guerra, y de una guerra como la de la
independencia; el general Sucre, digo, se indignó, trató a Urdaneta
y a Luque con dureza, aunque no se pudo descubrir en el desorden
que siempre ocurre al fin de un combate, quiénes fueron los
culpables de la feroz venganza; publicó la orden general de que
hablé antes, imponiendo pena de la vida al que matara a un enemigo
rendido; tomó medidas severas para restablecer la disciplina
militar, y desde entonces quedaron Urdaneta y Luque enemigos
enconados del Gran Mariscal.
El general Obando, acusando al general Flórez de promotor
principal de aquel intento de asesinato del general Sucre, se
propone probar que desde tiempo muy atrás quería Flórez deshacerse
de Sucre. Pero suponiendo esto cierto, ¿qué se deduciría? ¿Se
deducirla que Flórez desde Quito hizo matar al general Sucre entre
Pasto y Popayán, lo que creo haber demostrado era imposible?
Cuando más se deduciría que Flórez estuvo pronto a entrar en un
complot homicida, pues que él no podía hacer otra cosa.
Yo, que he deseado siempre esclarecer estos hechos para formar
un juicio imparcial sobre ellos, sin apasionarme, sin prevención
en favor o en contra de nadie, mientras más los he estudiado, más
me he convencido de que en cuanto dice el general Obando para
defenderse y culpar al general Flórez, no hace sino agravar su
causa; así como las cartas de Obando publicadas por Flórez; el
silencio de Flórez sobre ellas; el viaje de Guerrero a Pasto; su
declaración en Guayaquil a su regreso, dos días antes de que se
supiera allí la muerte de Sucre; la precipitación de Flórez en irse
a Guayaquil
al despachar a Guerrero, sin esperar el resultado de la comisión
que dio a éste cerca de Obando; la respuesta de Flórez, publicada
por Obando, a la carta en que le participaba la muerte de Sucre,
diciéndole que nadie lo culpaba, cuando él mismo y la prensa
ecuatoriana lo hacían con virulencia: todo esto en sana crítica
induce a considerar al general Flórez cómplice del general
Obando.
Por otra parte, el artículo de
|El Demócrata; los postas
que se anticipaban anunciando la marcha, de Sucre, en día y hora
fijos; la acrimonia con que la prensa liberal lo atacaba por su
lealtad al Libertador y su decisión por conservar la integridad de
Colombia; el aplauso dado por este partido al hórrido atentado:
todo esto también me hace presumir que el crimen se discutió
fríamente desde muchos meses antes en la capital de la República;
que acaso desde aquí se inició al general Obando en el proyecto,
excitándole a ejecutarlo, y que el número de comprometidos en él,
es mucho mayor de lo que se piensa. En esta ciudad se designa, en
voz baja, la casa donde dicen se tuvo la reunión preparatoria para
acordarlo, se nombran, al oído las personas que concurrieron a
ella. Mas yo no tengo datos suficientes para asegurarlo.
XXI
El general Obando, en su segundo libro impreso en Lima, hablando
del regreso del coronel Guerrero, de Pasto, dice:
"Algún golpe, sin embargo, me ha dado en el corazón la noticia
de que la primera casa que pisó el comisionado al llegar a Quito
fue la del que por la muerte del desgraciado general y por la de
su tierna prole que muy poco le sobrevivió, esta ha destinado a ser
el heredero universal de su lecho y de su fortuna inmensa. Mucho se
va descubriendo todos los días en este asunto de tan variados
intereses, cálculos y pretensiones".
Este es un violento ataque al general Isidoro Barriga, que fue
el esposo de la viuda del general Sucre, a cuya casa hemos visto
que llegó Guerrero a apearse a su regreso de Pasto, y que de ella
salió para seguir a Guayaquil a verse con el general Flórez. La
intención del general Obando al arrojar esta saeta emponzoñada al
consorte de la viuda, es clara pero el golpe es certero y cruel;
porque efectivamente da un golpe en el corazón. ¿Sería también el
general Isidoro Barriga cómplice en el tenebroso complot?
Todos cuantos hayan oído hablar de este suceso, saben que el
partido liberal en masa acusó al Gobierno de la República y a
centenares de ciudadanos de la más alta respetabilidad, unos ya
muertos, otros que viven, de una persecución fría y criminal contra
el general Obando, a quien calificaron de "víctima inocente"; y no
sólo alzó el grito, sino que tomó las armas en su defensa
ensangrentando la República desde Táchira hasta el Carchi.
Es este, pues, un motivo más para que yo me esfuerce en buscar
la verdad, a fin de que el anatema de la historia caiga sobre los
culpables, ora sean el acusado y sus presuntos cómplices, ora los
que aquel ha presentado al mundo como sus infames calumniadores,
llamándolos falsarios y perjuros.
Los antiguos egipcios juzgaban a sus conciudadanos después de
muertos. La ley permitía a todos acusarlos y defenderlos. Si la
acusación se intentaba y el juicio era adverso al acusado, se le
privaba de sepultura y quedaba manchada su memoria; si le era
favorable, se castigaba a los acusadores, se entregaba el cadáver a
los parientes del muerto, quienes pronunciaban su panegírico, lo
mandaban embalsamar y lo inhumaban honrosamente.
Las formalidades de este juicio se han olvidado hace más de
veinte siglos; pero el juicio ha existido siempre y existe aún en
todo el mundo para los hombres públicos: los jueces son la
historia y la posteridad. Permitido es, pues, y necesario
escudriñar los hechos, analizar los documentos y deducir de ellos
corolarios lógicos para que el fallo se pronuncie con perfecto
conocimiento de causa.
Yo por mi parte nada afirmo ni nada niego; no me constituyo
acusador ni defensor en una causa tan complicada. Cuando lleguemos
a los acontecimientos de 1840 y 1841, acaso se descorrerá la
cortina que cubre este sombrío cuadro. Esperemos.