INDICE

 




CAPÍTULO VIGÉSIMOSEGUNDO.
 

 

I.
 

 

Casi a un tiempo supo el Libertador en su marcha de Guayaquil para Bogotá, la revolución y la muerte de su antiguo y querido favorito, y las | manifestaciones de sentimiento que hizo públicamente no dejaban duda de su sinceridad.

Llegado a Popayán, ciudad donde tenia tantos amigos en quienes confiaba, habiendo sabido por ellos que su nombre estaba comprometido en los pasos dados por el Consejo en el delicado e importante negocio del establecimiento de una monarquía constitucional en cambio de la república, se resolvió a emitir su opinión decidida y contraria en la si­guiente nota:

 

|República de Colombia-Secretaria jeneral |del Libertador |- |Cuartel jeneral en Popayán,                  

|a 22 |de noviembre |de 1829.

Al Honorable señor Ministro de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores.

Señor-En marcha de Guayaquil a Ambato, tuve el gusto de recibir la importante comunicación reservada del ministerio de Usía que condujo el comandante Austria, y en Patía el fragmento de la nota oficial dirigida por el conde de ,Aberdeen, Secretario jeneral de Relaciones Exteriores de Su Majestad Británica al señor Campbell, Encarga­do de Negocios, con fecha 8 de agosto Oportunamente he dado cuenta a su Excelencia el Libertador Presidente del contenido de todas ellas; y | no habría diferido su contestación a no ser por la dificultad de encontrar un conducto seguro. Mas restablecida felizmente la tranquilidad de estos departamentos, y después de una seria meditación, su Excelencia me manda contestar a Usía que juzga ya demasiado avanzados los pasos que el Consejo de gobierno ha dado en el asunto mas arduo y delicado de loa sociedades humanas, y de cuyo éxito dependen todas las prosperidades o todas las desgracias de la patria: que por mi órgano se ha comunicado al pueblo colombiano y al Consejo de ministros la resolución de su Excelencia de invitar a la Nación a que emitía libremente su sentir acerca del régimen político que deba establecerse, con la mira de que el con­greso cumpliese los deseos del pueblo comitente; y que siendo la naturaleza de este negocio enteramente opuesta a esta resolución, y pudiendo parecer además una usurpación de las augustas funciones del congreso convocado para deliberar sobre la organización de un gobierno nacional, es por tanto el dictamen de su Excelencia: Que se deje a aquel cuerpo representativo de la soberanía, toda la libertad necesaria al cum­plimiento de sus altos deberes, y que la administración actual suspenda todo procedi­miento que tienda a adelantar la negociación pendiente con los gobiernos de Francia e Inglaterra.

Piensa el Libertador que sur propia obligación la del Consejo y la | del pueblo colombiano, se reduce a ilustrar simplemente al congreso sobre los verdaderos intere­ses de la Nación, y hecho esto, someterse ciegamente a sus decisiones, como la única medida que pueda convenir universalmente a todos los individuos y clases de la socie­dad. Por estas y otras consideraciones, su Excelencia me manda protestar, como protes­to a su nombre ante el Consejo, que no reconocerá por acto propio de su Excelencia otro que el de someterse como ciudadano al gobierno que dé el congreso constituyente, y | de ninguna manera aprobará la menor influencia en aquel cuerpo de parte de la administración actual.

Su Excelencia, sin embargo, no deja de conocer al mismo tiempo, y aun de admirar cuán grande ha sido el esfuerzo patriótico í el heroico valor con que el Consejo ha acometido, por el bien de la República, una empresa tan arriesgada, y se ha empeñado en la negociación mas prodigiosa que puede ocurrir en los anales de un gobierno. Por lo mismo me ordena su Excelencia dar las gracias al Consejo de ministros por este sacrifi­cio que si no obtiene un fin satisfactorio, puede ser la causa de los mas crueles com­promisos para los miembros que lo componen.

Con sentimientos de perfecto respeto, me suscribo de Usía muy obediente servidor.

                                                           |José de Espinar.

 

 

"Al terminar la lectura de esta nota (dice el señor Restrepo) fue uniforme el sentimiento del consejo de ministros: la indignación. Creyéronse sacrificados a la popularidad de Bolívar, y que sin consideración a sus largos y fieles servicios al gobierno de Colombia y a la inde­pendencia de su patria, se les había dejado deslizarse por un cambio pe­ligroso. El Libertador pudo y debió hacerles evitar los riesgos y multi­tud de sinsabores, hablándoles desde el principio con franqueza a fin de que no contaran con su apoyo en aquella difícil empresa. Esta conducta habría sido noble, leal y generosa, propia de Bolívar con sus antiguos amigos."

Es justa esta queja de los miembros del consejo. Desde el mes de mayo de 1829 comunicaron los ministros de Bolívar el plan que habían concebido sobre monarquía constitucional. había pues sobrado tiempo para que Bolívar les manifestase su opinión antes del acuerdo de 3 de septiembre, por el que entraron en relaciones con el señor de Bresson y el ministro británico. Si lo hubiera hecho así se habría en tiempo de­sistido de semejante idea, se habría quitado ese pretexto tan plausible para la revolución de Córdova, y también para la que a fines del año estalló en Venezuela, tanto más que desde el principio manifestó su opinión contraria en sus conversaciones con los generales | que lo ro­deaban. La única excusa que hay para esta falta, es que Bolívar estaba enfermo, agobiado de pesares, lleno de cuidados punzantes, y dudaba de todo, y se desalentaba con el porvenir del país temiendo que los males | sociales que lo aquejaban no tenían remedio: en tal estado de postración moral no sabia qué resolver a nada: había ya dejado de ser el hombre que era.

Con tal desaliento y desesperación, llegó al extremo de escribir a los ministros, que ejercieran el gobierno en todos sus ramos, porque él se separaba enteramente del mando, por cuyo motivo había dispuesto cerrar su secretaría jeneral y que todo lo pendiente se les mandase. El consejo unánimente resolvió contestarle que no aceptaba semejante delegación, porque a él (a Bolívar) y no a sus ministros era a quien los pueblos habían concedido facultades extraordinarias, y que habiéndolas aceptado, no podía desprenderse de ellas sino dimitiéndolas en el congreso que debía reunirse el 1.º de enero; que por tanto viniera a la capital a constituirlo.

 


II.
 

 

Se ve por le expuesto que el gobierno se hallaba en un conflicto verdadero, y esto sucederá siempre que se interrumpa el régimen legal establecido y aceptado por la nación.

El Libertador se perdió y la República se perdió con él, desde que no sostuvo la Constitución del año de 1821, y no sofocó con mano fuerte la revolución de Venezuela del año de 1826. Yo insisto en esto y lo re­pito, que aunque fue un grave error, no justifica tantas calumnias con que después se acriminaban sus mas sanas intenciones, o hechos en que no tuvo | la menor parte. El Libertador purgó amargamente aquel error, mas el país está sufriendo todavía sus consecuencias. El tormento que siempre le oprimió de que el espíritu demagógico produciría en Co­lombia los desastres que ha producido, lo extravió sin ver que lo que él creía un remedio no haría sino agarrar el mal: pecó por patriotismo, y con la más pura intención excavó por su propia mano su tumba sepul­tándose con la nación gloriosa que se proponía salvar. Los errores de los supremos magistrados de una nación, producen frecuentemente una fatal catástrofe.

El Consejo de ministros abundando en los mismos patrióticos sentimientos, espantado con el cuadro desolante que presentaba la América española por todas partes, y más con el cataclismo que amenazaba re­ducir a cenizas a Colombia, fue más lejos que el Libertador, y cometien­do un desacierto mayor, aceleró el mal que pensó evitar. Lanzado ya, y resintiendo con Bolívar, se mantuvo firme, y con respetuosa energía le contestó a la nota que arriba he trascrito, en otra oficial de 5 de di­ciembre, al secretario jeneral diciendo "Que el Libertador había pre­venido al Consejo que entrara en negociaciones con los ministros extranjeros para obtener la protección, influencia, mediación o salvaguardia de alguna gran potencia europea para libertar a Colombia y a la América española entera de la monarquía que la devoraba y de la colonización extranjera que la amenazaba: que el Consejo había juzgado insoluble el problema, y que ninguna potencia querría encargarse de protegernos si no veía que se trataba de establecer un orden de cosas duradero, fijo permanente, capaz de refrenar la anarquía, y de burlar las esperanzas de sujetarnos que pudiera haber concebido la España aprovechándose de nuestros desórdenes; que por tan poderosos motivos, había creído el consejo que no podía obtener resultado alguno favorable en la negociación prevenida, si no se excitaba el interés de la Francia o de la Gran Bretaña con el proyecto de fundar una monarquía, único arbitrio practicable, aunque erizado de muy graves dificultades, que halló el consejo para obtener el éxito que se proponía el Libertador; que el consejo hi­zo aun menos de lo que se le previno, pues debía solicitar para la |Amé­rica entera la mediación, protección, influencia custodia o salvaguar­dia de uno o más estados poderosos que la preservasen de la anarquía erejida en sistema, y del régimen colonial que la amenazaba; que a pe­sar de esta orden terminante, el consejo se abstuvo de tratar nada res­pecto a las demás repúblicas americanas, porque vio claramente que tal negociación comprometería sobre manera al gobierno de Colombia, si llegaba a traslucirse aquella petición, la cual hecha según los deseos del Libertador, podría vulnerar la independencia nacional. El consejo mo­dificó (añadía) la disposición de S. E. reduciéndola a los términos en que lo creyó asequible. Tal vez erró en esto pero sus intenciones fueron puras, y su ánimo, cumplir la orden de S. E. conservando intactas y sin mengua las prerrogativas nacionales.

"Indicaba después que la pregunta hecha a los gobiernos de Fran­cia y de la Gran Bretaña en nada comprometía al de Colombia: porque era condicional: 'si el Congreso constituyente adoptaba el proyecto del régimen monárquico.' Tampoco había comprometido el nombre del Libertador, pues se había dicho a los enviados extranjeros 'que no contaba el Consejo con la opinión explícita de S. E.' En seguida ofreció el Consejo no adelantar la negociación pendiente; pero sus miembros se denegaron a suspenderla; primero, porque la propuesta debía estar ya decidida; y segundo porque

era vergonzoso y desacreditaba al gobierno de Colombia el retractar las proposiciones que antes había hecho. En este caso, Señor, debe variarse el ministerio para que los que entren, que no han tenido parte en el proyecto, puedan también sin rebozo y sin empacho manifestar que se ha mudado el pensamiento." |¹

He debido transcribir este extracto de la respuesta dada por el Consejo al Libertador, porque habiendo sido el proyecto de que se trata el pretexto o el origen de una segunda revolución en Venezuela, que consumó la disolución de la Gran República, me era preciso considerarlo con alguna mas detención, cuando sin examinarlo, ha servido de caballo de batalla a los calumniadores para herir con la nota de traidores y ab­solutistas a distinguidos y honorables ciudadanos, vivos y muertos, y perseguir la memoria del excelso fundador de la República, cuya gloria es la que hiciera la gloria nacional, solo porque | pensaron, quizá lo mejor, aunque fuera irrealizable, teniendo el derecho de |proponer al Congreso lo que creyeran útil. Yo temo que se me critique que en algunos puntos abundo de repeticiones. Esto, quizá, es verdad; pero no importa, si con las repeticiones aclaro más la verdad y acallo a los calumniadores.

 


III.
 

 

La insistencia del Consejo, a que lo obligaba su propia dignidad, y la sentida queja que tan moderadamente le daban sus mejores amigos, hicieron a Bolívar para salvar su responsabilidad y tranquilizar a aque­llos, dirigirles inmediatamente de oficio la siguiente respuesta.

 

|República de Colombia. |-Secretaria jeneral. |-Cuartel general en Tapio, a 18 de diciembre de 1829.

 

Al | Señor Ministro de Estado del Despacho de relaciones Exteriores.

 

"Señor:

"Versándome el acta del Consejo ministerial sobre fundar una monarquía cuyo tro­no (cualquier que fuese su dominación)

1 | Restrepo. |Historia de Colombia.  

 

debía ocupar S. E. el Libertador Presidente, y por lo mismo sostener a todo trance sus conocimientos a beneficio del sucesor, S. E. creyó de su deber improbarlo; porque su misma consagración a la causa pública seria infruc­tuosa desde que, mancillada su reputación por un acto contradictorio a su carrera y sus principios, entrase en la trillada senda de los monarcas.

"Convenga o no a Colombia elevar un solio, el Libertador no debe ocuparlo; | aun mas, no debe cooperar a su edificación, sin acreditar por sí mismo la insuficiencia de la actual forma de gobierno. Monarquizar la República, y establecer una pacífica sucesión, es a la verdad una empresa sobrehumana. I ¿quién puede dudar que el Concejo, dan­do | un paso tan gigantesco, se ha recargado de un enorme peso, apenas soportable por el acendrado patriotismo que produjo tal inspiración? Al negar S. E. su aprobación al proyecto, pensó que paralizándolo, exoneraría al Consejo de la tremenda responsa­bilidad que pudiera resultarle, al mismo tiempo que manifestaba S. É. el fondo de su conciencia, rehusando afectar siquiera un consentimiento implícito que pugna abierta­mente contra su propio honor y su intereses individuales. En este estado me previno que dijese abiertamente al Consejo, no diese un paso adelante, y suspendiese la prosecución de un proyecto que probablemente precipitaría al Gobierno en un abismo de males.

"Por otra parte, y se miraría como espontáneo el cambio de formas cuya transición había sido iniciada o preparada con toda la energía del gobierno actual? Estas otras consideraciones abstractas que S. E. ha hecho sobre este importante asunto, son las que han dictado las resoluciones de S. E. sin que ninguna mezcla de popularidad, | ni de sentimientos individuales, haya tenido parte en ellas. Por lo mismo, cuando S. E. está resuelto a separarme indefectiblemente del mando, no debe comprometerme a con­tinuar en él, burlando así las esperanzas de la Nación y del Consejo, a cuyos respetables miembros profesa S. E. el mas profundo reconocimiento.

"En cuanto puedo decir a Ustedes de orden de S. E. | contestación a su distin­guida nota de 8 del que rige.

"Soy de Ustedes con perfecto respeto muy obediente servidor,

|"José de Espinar."

 

El señor Restrepo tan comprometido en aquel proyecto como minis­tro de lo interior, y acalorado promotor de él con sus colegas, dice con una franqueza que le honra, que publicaba íntegra la nota anterior, "pasa vindicar más completamente la memoria del Libertador, manci­llada injustamente por mucho | de sus enemigos. Debemos confesar (añadía) con nuestra imparcialidad histórica, que Bolívar vio claramente en este delicado negocio y  que el consejo de ministros se equivocó al promoverlo." Pero añade: "Sin embargo, por qué no lo improbó des­de que lo supo?"

El general Obando en sus |Apuntamientos para la Historia asegura que el Libertador, cuando recibió las primeras cartas sobre este asunto, le llamo aparte y le dijo señalándole dichas cartas: "No ve usted cómo quieren estos hombres perder la República y a mí con ella? Vea usted estas cartas." "también me hizo ver (continúa Obando) las conceptuo­sas contestaciones que dio a los ministros;" | y habla de la nota improbato­ria que ya se ha visto. Esto era natural que sucediera, pues el Liber­tador no podía dejar de conocer que siendo Obando de la confianza de sus enemigos, convenía que supiese su modo de pensar en un cambio tan delicado e impopular.

Semejante testimonio no deja duda de la no participación del Li­bertador en el proyecto.

Es cierto que Bolívar no improbó de oficio terminantemente hasta el 22 de noviembre como se ha visto; mas el mismo señor Restrepo confiesa que el ministro de relaciones exteriores y el de guerra, recibie­ron cartas particulares escritas en Buijo a 13 de julio, en las que "manifestaba (Bolívar) con toda la fuerza de razonamiento que acostum­braba, lo que él llamó su secreto, que revelaba para conocimiento del gobierno y de sus amigos; que hasta entonces había ­seguido las opinio­nes ajenas sin expresar las suyas que eran antiguas y meditadas profun­damente. En resumen aquel secreto se reducía a decir que las diferen­tes partes de Colombia no tenían conexión, |y que fuertes e invencibles antipatías entre venezolanos y granadinos obraban de continuo para romper la unión central: que él era el lazo de unión y el mediador común; pero que aniquilado física y moralmente, apenas podía durar cuatro o seis años arrastrando una cansada y penosa existencia. Así que no pudiendo él continuar con el mando supremo, debía disponerse todo para que el Congreso constituyente declara legalmente la separación de Venezuela y de la Nueva Granada, a fin de que cada parte se organizara ­según conviniese mejor a sus intereses...

"Confesaba que la separación tenia muy graves inconvenientes, pero decía que nadie podía resistir a la fuerza de las pasiones y de los intere­ses inmediatos que la demandaban imperiosamente; que tampoco había modo de suavizar las antipatías locales, ni de abreviar las distancias enormes, causas poderosas que impedían formar un solo estado de Co­lombia ­y Nueva Granada........En cuanto a la forma de gobierno que debía establecer el futuro Congreso, el Libertador |rechazaba la federación, como absolutamente inadaptable a Colombia y a toda la ­América antes española y juzgaba no ser otra cosa dicho gobierno sino |la anarquía regularizada.

"Tampoco creía posible el establecimiento de una monarquía en nuestra República. La diferencia de castas que exigían la igualdad legal con derechos incontestables; una población pobre y esencialmente de­mocrática; el fuerte alarma que deja | suscitarse en las clases inferiores; el temor de los efectos de la aristocracia y | la desigualdad  que produciría una guerra desoladora; la dificultad de que un príncipe extranjero admitiese un reino anárquico y sin garantías, pobre e incapaz de soste­ner una corte si no era miserablemente; en | la ambición de los generales y de otros hombres prominentes que no podrían soportar la idea de verse privados para siempre del mando supremo y veis aquí decía, algunos de los obstáculos que se presentan para establecer en Colombia una monarquía." |¹

Y en estas cartas insistía en que, en su concepto, los principios de la Constitución que presentó a Bolivia, eran los mas convenientes para dar estabilidad al gobierno, y con ella, la paz al país, afianzando la libertad,

1 Restrepo. |Historia de Colombia.  

 

 

si eran aceptados por el Congreso; y siempre repetía que su opinión en definitiva era que se hiciera lo que el Congreso creyese mas conveniente; que su deber era someterse a la voluntad soberana de la representación nacional, cualquiera que fuese, y que esta era su resolución irrevocable.

Estas cartas disminuyen considerablemente la responsabilidad de Bolívar | por haber retardado su contestación oficial | al consejo, pues que privadamente le había manifestado su pensamiento, y era de supo­nerse su improvisión a un proyecto que la contrariaba.

La constancia y fijeza con que profesó Bolívar desde 1819 los prin­cipios que consignó en la Constitución boliviana, prueban la sinceridad de su convicción. No se puede admitir ambición personal en un hom­bre que conocía que su fin se aceleraba, y que apenas se concedía él mismo, cuando mas, cuatro o seis años de vida.

En cuanto al establecimiento de una monarquía en Colombia, es menos admisible la imputación que se le hizo de miras personales. Los | fundadores de dinastías no tienen esta ambición tanto por sí mismos cuanto por trasmitir su rango y su poder a sus descendientes direc­tos, y Bolívar no tenia hijos, ni mas herederos que unas sobrinas y pa­rientes lejanos. además, nunca se habló de que él fuera el monarca, y en esto cometió error Espinar en su nota; así que, cuanto las pasio­nes dijeren y la ignorancia repite sobre la desmesurada ambición de Bolívar, es además de calumnioso, absurdo.

Lo que es de considerarse en esas notas es la vacilación de Bolívar en mantener la unión colombiana, que fue siempre, antes y después, su idea fija, dando razones de inmensa fuerza contra la unión. Esto lo que indica es que unas cosas se piensan con y corazón y otras con la cabeza, luchando entre si hasta que los decretos de la Previdencia se cumplan.

 


IV.
 

| 

El duque de Monte bello que regresó al seno de su familia antes que se recibieran las respuestas de Bolívar, condujo las notas del señor de Bresson sobre la consulta del consejo de ministros, respecto a saber si la Francia convendría en que un príncipe de la casa de Orleáns; vinie­se a ocupar el trono en Colombia; pero cuando llegó era primer minis­tro de Carlos X |, el ultra-realista, ultra-fanático, ultra-aristócrata, ultra-temerario príncipe de Polígonas que fuera del vetusto derecho divino, no admitía ninguno otro: así fue que no quise ni oír ni saber lo que se proponía, considerándolos insurgentes contra nuestro monarca.

No sucedió lo mismo con el ministro de Inglaterra, quien admitió a conferencias oficiales al señor José Fernández Madrid, nuestro encargado de negocios cerca de su gobierno, y en ellas contestó: que el gobierno ingles nada aconsejaba ni aconsejaría a Colombia sobre alteraciones en la forma | de gobierno, porque este negocio tocaba a ella exclusivamente; pero que lejos de oponerse al establecimiento de una monarquía ­constitucional, celebraría que se verificase esta reforma, por cuanto el gobierno de S. M. B. se hallaba convencido de que contribuiría al orden y por consiguiente a la prosperidad de esta parte de la América: que el gobierno inglés no opondría objeción alguna si el pueblo colombiano propusiera al Libertador para su monarca, declaración que hizo espontáneamente | el Lord Aberdeen, sin que nuestro ministro tocara semejante cuestión, como que ella no entraba en el proyecto: que la Inglaterra no tendría inconveniente alguno que presentar si el príncipe que se eligiera ­fuese de la familia real de España, pero que escogiéndose de cualquiera otra dinastía, seria negocio este de sumo interés para la Gran Bretaña, cuyo gobierno de ningún modo permitiría que un príncipe de la familia reinante en Francia cruzara el Atlántico para venir a coronarse en el Nuevo Mundo; y que el gobierno inglés no se prestaría a que fuese escogido un príncipe de la familia reinante en Inglaterra. Todo esto se comprendo perfectamente; pero lo particular es que el perspicaz inglés cayera en cuenta, al primer golpe, de lo ideal de semejante delirio, dicien­do a nuestro agente: "Me parece que el proyecto como se ha indicado es irrealizable; él es demasiado vago e incierto para que pueda satisfacer a nadie. ¿Cómo es posible que un príncipe de las grandes naciones de Europa acepte un nombramiento que no podría llevarse a efecto sino después de la suerte del Libertador? Si se cree que la monarquía es necesaria en Colombia y que convendría un príncipe europeo, llámese a esto desde luego; de otro modo ustedes no | pueden encontrar un indi­viduo de las primeras dinastías europeas que pueda llevar consigo el lus­tre y consideración que desean; encontrarán a lo más algún príncipe de alguno de los pequeños estados de Alemania con el que poco adelanta­rían ustedes....Pero qué necesidad tienen ustedes de hablar ahora de la sucesión de príncipes europeos? Continuando el Libertador al frente de Colombia, ya sea durante su vida o ya por un cierto número de años, ustedes podrán después resolver lo que sea mas conveniente para lo sucesivo.

Yo añadiría a esta especie de regaño, bien merecido: ¿Cómo podría ninguna familia reinante de una gran nación, convenir en lo que se proponía, cuando la condición principal era la de que aquello tendría lugar en el caso de que el Congreso adoptara el proyecto, exponiéndose el gobierno aceptante a caer en ridículo si el proyecto era rechazado?

Otra cosa es de admirar en aquel hombre de Estado, y es que preguntara al señor Madrid si no creía que Venezuela se separaría de la Nueva Granada; que él tenia temores sobre el particular, por los encontrados intereses y la rivalidad que notaba entre los pueblos de las dos secciones, y aun en los departamentos del Sur. Esto prueba que en Europa nos observan mas de lo que pensamos.

 


V.
 

 

Con la improvisión dada por el Libertador al plan en cuestión se desistió enteramente de él, y así no importaba el resultado de los pasos dados con los gobiernos de Francia y de Inglaterra. Pero este proyecto tuvo dos resultados, de diferente naturaleza, a cuál mas pernicioso: fue el primero el ridículo en que cayó el consejo de gobierno a los ojos del mundo, envolviendo en él al Libertador mismo y a sus amigos: fue el segundo la fuerza que dio al partido |liberal que aunque no se alarmó con la idea de semejante imposible combinación, cuyo resultado saltaba a la vista, supo explotarlo con toda la malignidad con que explota todo en su provecho.

Los historiadores venezolanos Baralt y Díaz, se extienden con apasionada acrimonia en la censura de tal proyecto, no solo respecto a sus inconvenientes, a su imposibilidad por las ideas dominantes, y por la naturaleza de las cosas en un país necesariamente republicano, sirio acusan­do las |intenciones de los distinguidos y antiguos patriotas que de buena fe y sin miras personales, buscaban un remedio a los males que nos afligían, que nos afligen y nos afligirán.

Hablando dichos señores de los actos del consejo en este sentido, dicen: "Algún tiempo permanecieron estas artes criminales medio escondidas a los ojos del público, hasta que el aumento de prosélitos y la actividad y descaro de sus maniobras revelaron el plan y dieron el alarma al partido |liberal que le echó por tierra." Es inexacto que hubiera habido manejos ocultos en un asunto en que se consultó la opinión de, casi todos los hombres prominentes de la República, lo que hacia imposible el misterio. I qué fue le que echó por tierra el partido |liberal? Antes de la­ segunda rebelión de Venezuela ya el Libertador había, no echado por tierra, sino evaporado el tal proyecto, porque no se echa por tierra  lo que es aéreo. El gobierne francés y el gobierno inglés lo habían de diferente manera rechazado: ¿qué le quedó pues que hacer al partido |liberal?

Le quedó, cumplir su misión de destrucción: disolver la gran República.

también califican de |absolutistas a los promotores del plan. La monarquía constitucional es acaso monarquía absoluta? Más distancia hay de la monarquía constitucional a la monarquía Absoluta, que la que hay de la monarquía absoluta a nuestras repúblicas tan decantadamente llamadas liberales. Que hiciera el gobierno ingles la centésima parte de lo que hacen nuestros gobiernos por acá, y se vería lo que es un pueblo positivamente libre. La verdad de las cosas no está en los nombres que llevan, sino en lo que son en sí, y en los efectos que producen.

 


VI.
 

| 

Desde Popayán hizo el Libertador regresar al comisionado del jeneral Páez, coronel José Austria, con la respuesta terminante, expresi­vamente razonada, en contra de la idea en cuestión, extendiéndola en instrucciones que llevó el mismo Austria; y además escribió a dicho jene­ral una carta(fecha 15 de diciembre,) afectuosísima y aun puede decirse tierna, excitándolo a sostener las resoluciones del Congreso, al que ni en su mensaje indicaría la menor cosa sobre forma de gobierno; y protestando que estaba resuelto a no admitir la presidencia, si era elegido, aunque se le instara con el mayor empeño.

"Digo a usted bajo mi palabra de honor (le añadía) que serviré con el mayor gusto a sus órdenes si es usted el jefe del Estado, y deseo que usted me haga la misma protesta de su parte en el caso de que sea otro el que nos mande..."

Ah! Cuando el magnánimo Bolívar derramaba con lealtad sus sentimientos en el pecho de su antiguo compañero, que creía su amigo, ya tenia asestada contra su corazón la punta, mojada en veneno, de aquella espada que tan incautamente diera al jeneral Páez en 1827, espada que su bien era rica en valor material, mucho mas lo era en significación moral.

Defendiendo BaraIt y Díaz la inculpabilidad del Libertador en lo que llaman la traición del consejo de ministros, dicen hablando de su improvisión al proyecto: "No por esto ha dejado de hacer la opinión ­pública a Bolívar dos cargos graves sobre este negocio delicado. Uno de elles es el no haber acompañado a la desaprobación de las demasías en el consejo, el juicio y castigo dé sus miembros, tanto mas culpables cuanto mayor era la confianza que burlaban conspirando contra las insti­tuciones patrias. No faltaron ciudadanos ilustrados y amigos verdade­ros del Libertador que le propusieron satisfacer la vindicta pública con el ejemplar escarmiento de aquellos hombres; pero desechando tan justo y cuerdo dictamen, déjalos en sus puestos y dividió con ellos la responsabilidad de una culpa que pude y debió haber castigado."

El señor Restrepo contesta a esa censura tan victoriosamente, que debo limitarme a reproducir sus palabras: "Creemos (dice) que los historiadores BaraIt y Díaz no meditaron bastantemente sus aventuradas aserciones. ¿Cuáles fueron las demasías del consejo para que sus miembros debieran ser juzgados y castigados? haber pretendido, dirán, que se cambiaran las instituciones republicanas por las monárquicas. Em­pero, en las circunstancias de la época, esto no era un delito. Cuando iba a reunirse un Congreso constituyente autorizado para dar a Co­lombia las instituciones mas propias para hacer la felicidad de los pue­blos, los miembros del consejo de ministros tenían como ciudadanos algún derecho para proponer a los representantes del pueblo colombiano, la adopción de la forma de gobierno y de las instituciones que juzgaran mas a propósito para asegurar la felicidad común. Quedaba siempre a la sabiduría de los representantes de la nación, la libre facultad de adoptar o no las reformas que se les propusieran. Hallábase en este caso el proyecto de monarquía. Pensóse por los miembros del consejo pre­sentarlo al Congreso constituyente sí veían que estaba apoyado por la ­opinión pública. ¿Dónde se halla aquí el crimen político, dónde la conspiración contra las instituciones patrias dónde la confianza burlada que debieron castigarse inexorablemente? Existen solo en la intolerancia opiniones exclusivas de Baralt y Díaz. ¿Conque | es un delito proponer a un cuerpo constituyente que adopte instituciones monárquicas en lu­gar de las republicanas? Si lo fuera, lo que negamos decididamente, el crimen estaría de parte del que las adoptara, mas no tal que las proponía dejando al cuerpo deliberante en plena libertad para estatuir lo que juzgara mas conveniente a la felicidad de Colombia.

"Si los miembros del consejo de ministros hubieran  querido variar por sí mismos y por medios tortuosos, secretos e ilegales, las instituciones de su patria, entónces sí habrían conspirado y cometido un delito; pero estuvieron muy lejos de abrigar tales pensamientos."

Yo he podido manifestar mi modo de pensar sobre este gravísimo incidente de la vida del hombre de mi veneración, con la enérgica imparcialidad con que lo he hecho, porque fui públicamente hostil a tan inconsulta innovación, no por gazmoñería republicana, sino porque tengo la última persuasión de que estos países, cualquiera que sea su forma de gobierno, tienen que correr su triste suerte, sin remedio posible, hasta que hayan pasado su |EDAD MEDIA.

anterior | índice | siguiente