CAPITULO
III
CONTINUACION DE
LOS ANTERIORES
|Adoratorios y sacerdotes. - Los templos de esta nación no
eran por lo general suntuosos, porque preferían hacer sus ofrendas
al aire libre y en lugares señalados, como en lagunas, cascadas,
rocas elevadas. En los templos, que eran casas grandes cerca de las
cuales vivían los jeques o sacerdotes, o, como los llamaron los
españoles, xeques, había vasos de diferentes formas para recibir
las ofrendas, o figuras de barro con un agujero en la parte
superior (vid. lám. IV)
o simples tinajas que se enterraban, excepto la boca, que quedaba
abierta hasta que se llenaba de cuentas, tejuelos de oro y
figuritas del mismo metal representando muchas especies de animales
y de cuanto tenían en más aprecio, las que ofrecían en sus
necesidades, preparándose antes con un severo ayuno y abstinencia
de muchos días, así los devotos como el jeque. Tenían estos una
especie de seminarios llamados
|Cuca, en donde entraban muy
niños los que se dedicaban al ministerio sacerdotal, y eran
sometidos por diez o doce años a una dieta rigurosa, sin
permitirles comer sino una vez al día, y eso una reducida porción
de harina de maíz mezclada con agua y rara vez un pececillo
(guapucha). Durante este tiempo se les enseñaban las ceremonias, el
cómputo del tiempo, cuya tradición como todas las demás se
conservaba entre jeques, que eran los depositarios de todo el saber
abstracto de los chibchas, el cual se extinguió con ellos
inmediatamente después de la conquista, pues esta clase fue
necesariamente la más perseguida por falta de hombres bastante
instruídos entre los españoles, para hacer la distinción entre lo
que tocaba a la idolatría que convenía extirpar, y lo que decía en
relación con materias útiles al conocimiento de su historia y
antigüedades. Después veremos, sin embargo, que no carecían de
templos de celebridad y riqueza; tal era el de Suamos, que
incendiaron los españoles la noche que tomaron el pueblo.
|Culto del sol. - Esta era la única divinidad a que se
ofrecían bárbaros sacrificios de sangre humana, matando los
prisioneros jóvenes y salpicando con su sangre las piedras en que
daban los primeros rayos del sol naciente. Estos sacrificios, las
procesiones y danzas solemnes que hacían por las sunas o calzadas
que desde las puertas de las casas de los caciques se dirigían
hacia un lugar notable, generalmente una altura o colina vecina, y
últimamente el cuidado con que se educaba el
|Guesa
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|
,
|
víctima a la cual se arrancaba el corazón con la mayor pompa cada
quince años, todo tenía una relación directa y simbólica con la
división del tiempo, el calendario y las ingeniosas intercalaciones
necesarias para hacer coincidir exactamente el curso de los dos
astros que dirigían las operaciones de sus sementeras y cosechas.
Lo sangriento y dramático de los sacrificios estaba calculado por
el legislador de los chibchas para llamar la atención de los
pueblos, de modo que nunca perdieran la memoria de lo que tanto les
interesaba conocer, y eran un sustituto de los quipos peruanos y de
las pinturas de los aztecas.
Los principales adoratorios de los chibchas eran, como llevamos
referido, las lagunas, en donde podían hacer las ofrendas de cosas
preciosas, sin temor de que otros se aprovechasen de ellas, pues
que, aunque tenían confianza en sus sacerdotes y sabían que estos
las sepultaban cuidadosamente en las vasijas destinadas al efecto,
naturalmente quedaban más seguros arrojándolas en lagos y ríos
profundos. La laguna de Guatavita era el más célebre de todos estos
santuarios y por eso he puesto el apéndice a donde latamente se
refiere todo lo que tiene conexión con esta laguna. En las puertas
de los cercados de los caciques, que siempre presidían a las
fiestas como a todas las funciones públicas, se mantenían, mientras
que ellas duraban, dos indios viejos desnudos, uno de cada lado,
tocando chirimía, que es un instrumento de viento, a la manera de
un
|flageolet, de sonido triste y desapacible, y cubiertos
solamente con una red de pescar o atarraya que entre estos indios
era el símbolo de la muerte, porque decían que no debía perderse
esta de vista, sobre todo en tiempos de fiestas y regocijos. Había
además carreras y apuestas entre los jóvenes, premiando el cacique
a los más ágiles y ligeros.
|División del tiempo. - Los chibchas dividían el día
|Sua, y la noche
|Za, en cuatro partes, a saber:
|Sua
mena desde el nacimiento del sol hasta medio día;
|Sua
meca desde el medio día hasta entrarse el sol;
|Zasca
desde que se entraba el sol hasta media noche y
|Cagui desde
medía noche hasta salir el sol.
Tres días constituían una semana y al fin de cada una había un
gran mercado en Turmequé. Este ciclo de tres días no tiene
semejante en la historia, no habiéndose conocido hasta hoy pueblo
alguno, excepto el chibcha, que lo conozca o use. Generalmente
úsanse los períodos de cinco, o sus multíplices, o de siete.
Diez semanas de a tres días, constituían una luna, equivalente a
nuestro mes, llamado
|Suna, que significa gran camino. Cada
luna iban de todos los pueblos a una plaza pública a donde se
ofrecían algunos sacrificios y cada uno tenía que andar un gran
camino, que principiando en el pueblo en la casa del jefe
|(Tithua) de cada tribu, conducía a la plaza pública, y a lo
cual se refiere el nombre.
Los chibchas representaban los treinta días de una lunación por
medio de sus números
|ata, bosa... etc. repetidos tres veces;
de modo que
|ata venía a ser no solo el primero del mes sino
también el once y el veintiuno. Los griegos usaban exactamente el
mismo modo de contar, solamente que al número que denotaba el día
del mes, le añadían un expletivo que les hacía notar a cual de las
3 divisiones pertenecía, v.g., el primero del mes comenzando, del
medio del mes o del mes expirando.
El año vulgar o civil constaba de veinte lunas y el siglo de
veinte años. Había sin embargo tres de estos períodos o años, el
civil, religioso y rural, respectivamente de veinte, doce y treinta
y siete lunas. El año;
|zocam, no era sino un ciclo lunar y
no un verdadero año (annulus) que supone la vuelta de un astro al
mismo lugar de donde partió. La palabra
|zocam no se usaba
nunca sola y así siempre añadían el numeral,
|zocam ata, zocam
bosa etc., y lo mismo con respecto a
|suna. El ciclo de
veinte años de a treinta y siete lunas, que corresponde a sesenta
años nuestros, era dividido en cuatro pequeños ciclos de los cuales
el primero se cerraba en
|hisca, el segundo en
|ubchihica, el tercero en
|quihicha hisca y el cuarto
en
|gueta. Estos pequeños ciclos representaban las cuatro
estaciones del grande año. Cada una de ellas consistía de ciento
ochenta lunas que corresponden a quince años nuestros casi, y al
fin de cada una se hacía el gran sacrificio del Guesa.
La intercalación y varias otras peculiaridades del calendario
chibcha las dejamos de notar por no ser de un interés tan general y
ser además demasiado conocidas. Los jeques, sacerdotes chibchas,
tenían a su cargo el calendario y la división del tiempo. Se
servían de calendarios grabados en piedra y de signos jeroglíficos
que designaban los períodos del tiempo y cuyos nombres tenían
siempre relación con las faenas y trabajos que en dichos períodos
debían ejecutarse por el pueblo. Estas piedras pertenecen a los
restos chibchas del mayor interés y su investigación se la debemos
al señor Duquesne, compatriota nuestro. Como los calendarios que se
conocen han sido ya dibujados, no teniendo otro nuevo, no he
querido hacer grabar de nuevo una copia, a pesar del muchísimo
interés que estos calendarios tienen, pues considero a mis
lectores, buenos conocedores de las obras de Acosta y de Humboldt,
a donde se encuentran los grabados de los que se conocen, y de
donde he tomado este artículo.
|I
Los chibchas contaban hasta diez:
|ata, bosa, mica, muihica,
hisca, ta, cuhupcua, suhuza, aca, ubchihica; para decir once...
etc. añadían la palabra
|quihicha, así
|quihicha ata,
once,
|quihicha bosa... doce, etc. Quihicha quiere decir pie
y así quihicha ata, pie uno, lo cual bien demuestra que una vez que
habían contado con todos los dedos de las manos, pasaban a los de
los pies. Para veinte,
|quihicha ubchihica, tenían una
palabra,
|gueta, derivada de
|gue, casa. Este era el
fin de su sistema radical de numeración: su casa también el fin o
cima de toda dicha terrenal. Veintiuno decían
|gueta asique
ata, veintidós,
|gueta asaqui bosa, treinta,
|gueta
asaqui ubchihica, etc. hasta otras veinte y luego
|gue
bosa cuarenta y
|gue mica sesenta etc., pues ellos, como
los mejicanos y otros indios, contaban por veintes; así ciento era
|gue hisca o cinco veintes.
|Gobierno civil. - El gobierno del zipa era despótico como
el del zaque de Hunsa; él daba las leyes, administraba justicia,
mandaba las tropas; y era tan profunda la veneración en que le
tenían sus súbditos que ninguno se atrevía a mirarle la cara. Todo
el que se llegaba al zipa debía traerle alguna ofrenda conforme a
sus proporciones, pero él no aceptaba nada de los que venían a ser
juzgados. Tenía muchos centenares de mujeres llamadas
|thiguyes, pero una sola era reconocida como esposa. Mirábase
como honrosa distinción el que el zipa pidiese la hija o hermana de
cualquier usaque o particular para colocarla en el número de sus
thiguyes. Cualquier trato ilícito con estas era castigado
severamente, y aún se consideraban las multas graves que se
constituían a pagar los culpables, por evitar la pena de muerte,
como un ramo pingüe de las rentas del zipa. El heredéro del zipa
era el hijo mayor de la hermana, al cual se hacía entrar desde la
edad de diez y seis años en una casa situada en Chía, se sometía a
una larga serie de ayunos y se le instruía por algunos años. Así
este como los demás jefes recibían la investidura de sus oficios de
mano del zipa, y desempeñaba las funciones de usaque de Chía hasta
la muerte del zipa. El cercado de este en Muequetá contenía varios
departamentos de habitaciones y almacenes de ropa y de víveres.
Tenía además una casa de recreo en Tabio a donde iba a bañarse en
las aguas termales, y en donde tenía jardines. Otra casa tenía en
Tinansucá en temperamento templado, en el descenso de la
cordillera, para pasar algunos meses, y finalmente en Theusaquillo,
lugar también de recreo en donde después se fundó la capital de la
Nueva Granada.
A este sitio se retiraba luego que pasaban las ceremonias de las
cosechas, y cuando la llanura quedaba seca y asolada por el
verano.
|Delitos y penas. - El homicidio, el rapto y el incesto
eran castigados con pena de muerte, pero al incestuoso encerraban
además en un subterráneo con varias sabandijas venenosas hasta que
moría de hambre y atormentado por los insectos y reptiles. Los
sodomitas eran empalados con estacas agudas de macana. Al que no
pagaba sus contribuciones o deudas le mandaba el usaque un
mensajero con un tigrillo pequeño u otro animal semejante de los
que criaban con este fin, el cual se ataba a la puerta del deudor y
estaba obligado a mantenerlo así como al guarda hasta que pagaba.
El que mostraba cobardía en la guerra era condenado a vestirse de
mujer y emplearse en los ministerios y oficios de tal, por el
tiempo que se le señalaba. Los robos, raterías y otras faltas se
castigaban con azotes y a las mujeres con trasquilarlas, afrenta
que sentían vivamente, pero que por haberse abusado de este castigo
después del descubrimiento cesó de hacerles impresión. Cuando se
sospechaba de adulterio de una mujer se le hacía comer mucho ají o
pimiento; si confesaba le daban agua y luego la mataban. Si
resistía aquel tormento por algunas horas, la desagraviaban y daban
por inocente.
|Leyes suntuarias. - Solo el zipa era llevado en andas por
sus súbditos o algún usaque a quien el zipa por señalados servicios
en la guerra solía conceder este privilegio. También era preciso
licencia superior para poder llevar las narices y orejas horadadas
y colgarse joyas, excepto los jeques y usaques a quienes se
otorgaba el permiso al tiempo de darles posesión de sus
oficios.
Solo por merced del zipa se podía comer carne de venado, excepto
los usaques. Esta disposición consultaba la conservación de estos
animales, que hoy están muy agotados y muy pronto desaparecerán
totalmente de las planicies frías de la cordillera oriental.
|
I
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|Acosta. Colonización y
descubrimiento de la Nueva Granada. Humboldt. Vues des Cordilléres
et Monuments des peuples de l'Amérique.
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